Menú 16. La palabra descuidada

Menú 16. La palabra descuidada

a1“El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa”.

Sin querer, aunque se siembra Palabra de Dios también se siembran en nuestra tierra otras cosas: Los espinos.

Malas hierbas que quién sabe quien las puso ahí, pero crecen sin que nadie los haya invitado a la fiesta, ¿O sí?

Algunos sin querer (espero) siembran junto a la Palabra de Dios otras cosas, a saber:

Preocupaciones, riquezas y placeres de la vida.

Espinos que crecen en nuestra mente a la vez que la semilla de Dios y que, si descuidamos la tierra, ahogarán nuestra vida espiritual. ¿Conoces a gente así? Gente que lleva años en la iglesia que incluso tienen brotes con la intención de servir a Dios pero nunca pueden, siempre están demasiado ocupados, tienen otras responsabilidades, otras preocupaciones.

Ruego a Dios que los que educan a otros no fomenten esto, sembrando semilla de la Palabra y a la vez diciéndole a la gente que se ocupe de sus asuntos, poniendo su vida por encima de los propósitos del reino.

Pero no todo es culpa del que siembra.

La propia tierra tiene estas otras semillas que crecen sin que aparentemente nadie las haya sembrado. Y es que estos tres hierbajos que nos ahogan están en todos nosotros y si no los cortamos conoceremos sus consecuencias. Es muy fácil descuidar la semilla una vez sembrada, casi sin darte cuenta:

Las preocupaciones de la vida van desviando tu mirada de lo importante.

Las riquezas también ocupan espacio mental.

Y qué decir de los placeres de la vida, los que todos sabemos: sexo, en todas sus manifestaciones, bienestar, y todos los demás gustos de la vida que nos damos, y que creemos tener por derecho.

Espinos y cardos que si simplemente dejamos crecer harán sombra al brote que proviene de la semilla.

Estaremos vivos, seremos una planta en el reino de Dios, pero sin la capacidad de dar fruto. Estaremos sobreviviendo, nada más.

Por eso la única solución es:

“Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría”. Colosenses 3:5.

Sin piedad, debemos arrancar de raíz, aquellas cosas que nos estorban para dar fruto. Un proceso que nunca debemos descuidar en nosotros. Dicen que mala hierba nunca muere ¿O sí? (Romanos 7:24, 25).

Si simplemente sembramos pero descuidamos el crecimiento pensaremos que sembramos mucho pero en realidad estamos desperdiciando mucha semilla.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 78-80). Álex Sampedro.

¿PODÍAN LOS PROFETAS AGREGAR IDEAS PERSONALES AL MENSAJE DE DIOS?

Autor: Norman Geisler

¿PODÍAN LOS PROFETAS AGREGAR IDEAS PERSONALES AL MENSAJE DE DIOS?

a1No, les estaba prohibido. Dios dijo: «No añadan ni quiten palabra alguna a esto que yo les ordeno» (Deuteronomio 4:2). Así se le ordenó a Jeremías: «Así dice el Señor: “Párate en el atrio de la casa del Señor, y di todas las palabras que yo te ordene … No omitas ni una sola palabra”» (Jeremías 26:2).

La naturaleza de un profeta bíblico era la garantía que no agregaría sus ideas al mensaje de Dios porque debía hablar «todo lo que el Señor le había dicho» (Exodo 4:30). DIOS le dijo a Moisés, hablando de un profeta: «Pondré mis palabras en su boca, y él les dirá todo lo que yo le mande» (Deuteronomio 18:18). Y Amós escribió: «Habla el Señor omnipotente; ¿quién no profetizará?» (Amós 3:8). O sea que un profeta era alguien que decía lo que Dios le ordenaba, ni más ni menos.

La naturaleza misma de un profeta exigía que la Escritura profética fuera exactamente lo que Dios quería decir a la humanidad. Y dado que la Biblia se presenta como tal de principio a fin (cf. Mateo 5:17,18; 2 Pedro 1:20,21; Apocalipsis 22:19), debe, mas considerar que el registro histórico de los profetas era inspirada por Dios. De hecho, esto es lo que el profeta Zacarías declaró cuando escribió: «Para no oír las instrucciones ni las palabras que por medio de los antiguos profetas el Señor Todopoderoso había enviado con su Espíritu, endurecieron su corazón como el diamante. Por lo tanto, el Señor Todopoderoso se llenó de ira» (Zacarías 7:12).

© 2003 por Ravi Zacharias y Norman Geisler

¿Quién te conoce?

Noviembre 5

¿Quién te conoce?

Lectura bíblica: Salmo 91:1–12

Pues a sus ángeles dará órdenes acerca de ti, para que te guarden en todos tus caminos. Salmo 91:11

a1Néstor no veía la hora de pasar a la secundaria. Le habían dicho que la escuela donde iba a ir ofrecía cursos de carpintería. Soñaba que su primer proyecto sería hacerle un balcón a su cuarto. Su próximo proyecto sería hacer una rampa en el patio para practicar saltos en su patineta. Su obra cumbre sería construir un tobogán olímpico en el terreno baldío detrás de la escuela.

Las ilusiones de Néstor se vinieron abajo cuando se enteró de que la clase era sólo de 45 minutos dos días por semana. Y se desilusionó terriblemente cuando el maestro le dijo que su primera tarea era hacer una cosita para la casa, escogiendo de media docena de diseños para servilleteros, cajas para archivar recetas y separadores para los cajones de la cómoda. Pero Néstor casi se desmaya cuando el profesor le dio de vuelta su proyecto. En la hoja de calificación adjunta había un enorme cero. En la parte superior de la hoja el profe había escrito la pregunta: “¿Qué es esto?”.

Si estás mirando el proyecto estrafalario de alguien en la escuela y no puedes adivinar qué es, hay una sola manera de averiguarlo. Se lo preguntas a su creador.
Por eso, si estás tratando de averiguar quién eres realmente, ¿a quién te conviene preguntar? Al que te hizo, por supuesto. Dios es el que sabe exactamente quién eres.
Entonces, ¿cómo exactamente te ve Dios?

Primero, Dios te ve como alguien digno de ser amado eternamente. Él es tu Padre. Te creó a su imagen (ver Génesis 1:26, 27). Eres la mejor expresión de su genio creativo. En respuesta a tu fe en Cristo, te aceptó como su hijo en su familia (ver Juan 1:12, 13). Dios te ama tanto que ha encargado a sus ángeles que te protejan (ver Salmo 91:11, 12).

Segundo, Dios te ve como alguien infinitamente valioso. En la cruz, Dios declaró a todos los que quieran escuchar que vales el regalo que es Jesucristo, su Hijo muy amado. Si alguna vez te colocaras una etiqueta con tu precio, tendría que decir “¡JESÚS!” porque el precio que Dios pagó para salvarte fue la vida de Jesús (ver 1 Pedro 1:18, 19).

Tercero, Dios te ve como alguien totalmente capaz. Pablo se jactó: “¡Todo lo puedo en Cristo que me fortalece!” (Filipenses 4:13). Dios confía tanto en ti que te dejó sobre la tierra para completar el ministerio comenzado por Jesús. Te ha dado la tarea de guiar a tus prójimos para que acudan a él (ver 2 Corintios 5:20).
Si quieres tener un concepto claro de tu verdadera identidad, necesitas verte como Dios te ve, ni más ni menos. Eres digno de ser amado, valioso y capaz. No lo dudes, ¡eso es lo que eres!

PARA DIALOGAR
¿Te has sentido alguna vez como un proyecto fracasado que intentaste en tu escuela? ¿A quién escuchas cuando quieres saber quién eres realmente?

PARA ORAR
Padre, ayúdanos a vernos a nosotros mismos como tú nos ves, con tu vista perfecta.

PARA HACER
Dile a un amigo lo que significa ser digno de ser amado, valioso y capaz.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.