Menú 33. El Verbo se hizo carne: Hazte entender

Menú 33. El Verbo se hizo carne: Hazte entender

a1“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habit ó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”. Juan 1:14.

La iglesia habla un idioma que el mundo no entiende. La gente no entiende nuestra jerga: “bendiciones”, “El Espíritu me ha revelado la santa voluntad del Cordero a través de la Palabra”, “tengo una raíz de amargura” ¿Alguien sabe qué significa aleluya? ¿Hosanna? ¿Maranata?

La gente tampoco entiende nuestras formas: ¿Por qué algunos se visten así? ¿Por qué nuestros lugares/iglesias son así? ¿Por qué los bancos son de madera? ¿Por qué son tan incómodos? ¿Cuánto más incómodos, más espirituales? ¿Qué ocurre con el dinero que da la gente? ¿Por qué nuestras Biblias son tan grandes? Y no voy a entrar en el tema de las corbatas, sobretodo en esos días de calor abrasador. En fin, todo esto no es malo. Me encantan los bancos de los parques, me encanta la palabra aleluya y lo que significa, creo que el diezmo es algo genial que debemos practicar y que me mantiene unido y comprometido a mi comunidad, y que cada uno se vista como quiera. Pero la gente que todavía no lo conoce ¿Lo entiende? Te digo más. La gente que acaba de conocerle ¿Lo entiende? ¿Sabemos explicarlo? ¿Sabemos transmitir el mensaje a los que tienen inquietudes espirituales?

Martín Lutero hizo algunas cosas interesantes con su vida. (Más bien Dios hizo cosas interesantes con su vida:)).

Por un lado, redescubrió algo muy importante de la teología propia ¿Te acuerdas de lo que era eso? (lo que creemos y sabemos de Dios, quién es y qué hace).

Volvió a las Escrituras y vio que Dios nos salvaba por gracia, y que quería que creyéramos en Él y en su Hijo como suficientes para salvarnos. No debíamos tener esa carga y culpa para siempre, y esperar toda la vida el juicio de un Dios que estaba ahí para castigar al pecador. Dios es amor y Lutero lo vivió. No hacía falta intermediarios para estar con Dios, Jesús era suficiente. No había que pagar ninguna cantidad de dinero a nadie para salvarse, Jesús lo había pagado todo. No teníamos que vivir en temor ni esclavitud, sino que podíamos clamar Abba, llamar papá a Dios, y confiar, y tener fe en Él para nuestra salvación. Esto supuso una verdadera revolución en su época, una Reforma. Había visto lo que el Verbo era, el verdadero mensaje de Jesús, pero no se quedó ahí. También quiso hacer comprensible un mensaje tan importante. Esta frase condensa lo que él creía:

Sola Fide, Sola Gratia, Sola Scriptura: Solo la Fe, solo la Gracia, solo la Escritura

Martín Lutero tradujo la Biblia del latín al alemán para hacerla comprensible a su gente y relevante para su sociedad. Además, utilizó la última tecnología de la época. Cerca de donde él vivía habían inventado algo que revolucionaría la historia: La imprenta. Y Martín fue de los primeros en utilizarla, no tuvo miedo a lo novedoso de los medios, él quería transmitir el mensaje y sabía que las formas se podían adaptar siempre y cuando el contenido fuera fiel a las Escrituras.

No solo eso, también era un buen músico y se puso a componer canciones que transmitieran el mensaje. Hasta ese momento las canciones que se cantaban en las iglesias solo las cantaban los monjes o las monjas y los sacerdotes. Pero Martín quería componer para el pueblo. Sus melodías eran parecidas a las que cantaban en las tabernas, en las calles, en las plazas. En aquellas tabernas (tabernas alemanas) cantaban canciones mientras chocaban sus jarras de a litro de cerveza unos con otros. Y Martín se inspiró en esas melodías, y en el salmo 46. y empezó a componer:

Castillo fuerte es nuestro Dios.…

Había cambiado el envase, pero fue fiel a las bases

Y así el Evangelio se extendía entre la gente. Tanto así, que le acusaban de que ¡Sus canciones las cantaban por las calles! Ojalá volvieran a acusarnos así.

El primero que se esforzó en hacer comprensible el mensaje fue Dios mismo

¡El verbo se hizo carne! Se atrevió a juntarse con nosotros, unos pecadores profesionales, nos escuchó hablar, sentir, charlar de nuestros temas, se hizo como nosotros. Se hizo carne para llegar a nosotros. Hizo comprensible el mensaje del Evangelio que Dios desde el principio nos quería comunicar. Tenemos el derecho de cambiar las formas, tenemos la obligación de hacerlo, porque es parte de lo que se nos ha encomendado. Pablo lo hizo:

“Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley; a los que están sin ley como si yo estuviera sin ley (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos. Y esto hago por causa del evangelio, para hacerme copartícipe de él”. 1 Corintios 9:20–23.

Es importante que aprendamos a transmitir la verdad de Dios a nuestra sociedad y que estemos dispuestos a adaptar nuestras formas a las nuevas maneras de comunicarnos. Si el ser tan formal a la hora de compartir, usando un púlpito, una liturgia que recuerda a un mitin político, reuniones con una persona hablando y todos los demás diciendo solamente ¡Amén!, ya no alcanza a los perdidos, debemos cambiar nuestra forma de predicar (en el sentido amplio de la palabra) y bajarnos del púlpito, compartir de otras maneras, con otras palabras, traducir la Biblia a un nuevo idioma, siendo fiel a la Escritura y su mensaje, pero siendo sensible a los oídos e inquietudes de nuestra generación y, por ejemplo, tener reuniones que reflejen de otras maneras lo que es la Iglesia hoy.

No debemos tener miedo de las nuevas tecnologías, son herramientas de Dios para su Evangelio. Démonos la oportunidad de cambiar aquellas cosas accesorias e impulsemos la misión de Dios en esta tierra.

Quizás, el único cuidado que hay que tener es saber distinguir siempre entre el fondo y las formas, y no vender el mensaje del evangelio al mejor precio, sino saber adaptarnos a los tiempos y las culturas, manteniéndonos fieles al mensaje que se nos ha encomendado.

Jesús quiere que tengamos la misión en mente y vivamos para ella con todos los recursos que estén a nuestro alcance. ¿A qué estamos esperando?

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 169–172). Álex Sampedro.

Preguntas acerca de la confiabilidad de la Biblia

Autor: Norman Geisler

Preguntas acerca de la confiabilidad de la Biblia

a1Los evangélicos afirman que el texto bíblico que Dios nos dio es digno de confianza. ¿Podemos confiar en la historicidad de la Biblia? ¿Se tratan de historias dignas de confianza? Dado que la confiabilidad histórica de la Biblia es el vínculo crucial para saber si esta es la Palabra de Dios, es importante responder a estas preguntas. El texto de las Escrituras es digno de confianza porque está determinado por dos factores principales: (1) el testimonio fiable de quienes lo escribieron y (2) la confianza en aquellos que copiaron los textos.

¿PODEMOS CONFIAR EN LOS TESTIGOS BÍBLICOS?

Los testigos bíblicos son dignos de confianza por diversas razones. Primero, quienes escribieron las Escrituras fueron, en su mayoría, contemporáneos con !os sucesos. Moisés fue testigo de los sucesos descritos desde Exodo a Deuteronomio (d. Éxodo 24:4; Deuteronomio 31:24). Josué fue testigo de los acontecimientos registrados en su libro (d. Josué 24:26), como también Samuel (d. 1 Samuel 10:25), y los profetas lsaías, Jeremías, Daniel, Esdras y Nehemías, con posterioridad a él. Lo mismo es cierto en el Nuevo Testamento. Mateo fue discípulo de Jesús. Marcos era coetáneo y ayudante del apóstol Pedro (cf. 1 Pedro 5:13). Lucas fue contemporáneo y conocía a los testigos oculares (d. Lucas 1:1-4). Juan era discípulo de Jesús y testigo ocular de los acontecimientos.

(1 Juan 1:1-2)

En segundo lugar, en el caso de los escritores del Nuevo Testamento, los ocho (o los nueve) autores fueron apóstoles, o personas muy cersanas a los apóstoles como testigos oculares o contemporáneos: Mateo, Marcos, Lucas, Juan, Pablo, Santiago, Pedro y Judas. Todos fueron hombres que tenían los más altos principios de ética y estaban dispuestos a pagar con su vida el precio de sus convicciones, como muchos de ellos lo hicieron.

En tercer lugar, la credibilidad de estos escritores radica en: (1) su tendencia a dudar si Jesús había o no resucitado de entre los muertos (cf. Mateo 28:17; Marcos 16:3; Lucas 24:11; Juan 20:24-29); (2) la inclusión de material poco favorable a su persona (d. Mateo 16:23; Marcos 14:47); (3) los diversos relatos (Mateo, Marcos, Lucas, Juan, Pablo, etc.) que confirman sus palabras por dos o tres testigos como requerido en un juicio (cf. Deuteronomio 17:6); (4) las divergencias entre los relatos que revelan que no había colusión (d. véase Mateo 28:5; Juan 20:12); (5) la confirmación de los relatos gracias a cientos de descubrimientos arqueológicos; y (6) las pruebas que datan el material básico acerca de la muerte y resurrección de Jesús en el entorno de los años 55 y 60 d.C. El famoso historiador, Colin Hemer, confirmó que Lucas ya había escrito Hechos en el año 62 d.C. Pero él escribió el Evangelio que lleva su nombre, que dice básicamente las mismas cosas acerca de Jesús que dicen Mateo y Marcos, antes de escribir Hechos (o sea, antes del año 60 d.C). Además, los críticos bíblicos admiten que Pablo escribió 1 Corintios 15:1-6, en que se relata la muerte y la resurrección de Jesús, alrededor del año 55 d.C. No había pasado más de veintidós años desde la muerte de Jesús, y más de 250 testigos de su resurrección vivían aún.

© 2003 por Ravi Zacharias y Norman Geisler

Dar hasta que ayuda

Noviembre 22

Dar hasta que ayuda

Lectura bíblica: Marcos 12:41–44

Porque todos han echado de su abundancia; pero ésta, de su pobreza, echó todo lo que tenía, todo su sustento. Marcos 12:44

a1Ester tenía edad como para haber sido una abuela, pero nunca se había casado ni había tenido hijos. Vivía sola en una casa pequeña. En público, era tan tímida que muchas veces ni se daban cuenta de que estaba presente; no obstante, era una fiel creyente que rara vez faltaba a los cultos de su pequeña iglesia. Cada vez que el pastor, su esposa o sus hijos tenían un cumpleaños, Ester les presentaba silenciosamente una tarjeta de cumpleaños con un regalo de dinero. Los chicos recibían unos pocos pesos, y el pastor y su esposa siempre encontraban una linda suma con sus tarjetas. Cuando el pastor y su familia se iban de vacaciones, Ester siempre les daba otra tarjeta con un poco más de dinero.

Con el correr del tiempo, el pastor se mudó a otra ciudad. Años después se enteró de que Ester había enfermado y fallecido. Luego vino la noticia asombrosa. Ester había estado viviendo con una escasa entrada mensual, ¡casi nada! Una de las personas más generosas de la iglesia apenas tenía dinero para comprar comida y ropa. Pero daba a otros como si fuera rica, igual que la viuda en el relato de Marcos.

Tema para comentar: ¿Puedes recordar ocasiones cuando querías dar pero creías que lo que tenías no te alcanzaba? ¿Qué te enseña el ejemplo de Ester?
El Nuevo Testamento nos muestra un principio importante relacionado con dar. Podrías llamarlo “la política de la mano abierta”, y puedes verlo por todas partes. Lucas lo dice de esta manera: “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, sacudida y rebosante se os dará en vuestro regazo” (Lucas 6:38).

La política de la mano abierta tiene dos puntos principales:

Dale lo que sea que tengas al que lo necesita. Si tu amigo en la iglesia no tiene ni un centavo para ir al campamento bíblico, puedes romper tu alcancía y darle los pesitos que estabas ahorrando. O si alguna familia en tu comunidad pierde todo en un incendio, puedes darle algo de tu ropa al chico de esa familia que es de tu tamaño.

Confía en que Dios te dará cuando das generosamente a otros. “Qué bueno”, puedes estar pensando, “voy a dar más para recibir más”. Eso no es exactamente lo que significa Lucas 6. Cuando das sin pensar en que recibirás por eso algo —y especialmente sin esperar que Dios te va a recompensar— entonces Dios se complacerá en sorprendente derramando sus dones y bendiciones sobre tu vida.

No tienes que ser rico para abrir tu mano y dar con generosidad. Lo que requiere es práctica.

PARA DIALOGAR
¿De qué forma Dios ha sido generoso contigo? ¿Qué estás haciendo para abrir tu mano y dar con generosidad?

PARA ORAR
Señor, ayúdanos a ser tan generosos con los demás como tú lo has sido con nosotros.

PARA HACER
Saca un billete o dos y pídele a Dios que te muestre dónde esa suma puede ser de más provecho que en tu bolsillo. Luego espera y ¡deja que Dios te sorprenda al mostrarte las recompensas de abrir tu mano y dar con generosidad!

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.