Menú 15. La palabra rápida

Menú 15. La palabra rápida

a1“Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza”.

Las piedras, ¡Qué emocionante es recibir el evangelio! He visto mucha gente escuchar un mensaje puramente emocional que han saltado de alegría al recibir el regalo de la vida eterna, han crecido aparentemente más rápido que los demás, pero tan rápido como crecen se queman.

Los responsables, líderes y pastores no deben buscar estas reacciones en primer lugar, sino que la semilla ahonde bien en la tierra y eche raíces. Muchos de nosotros sembramos descuidadamente, queriendo ver el fruto ¡YA! Sistemas de crecimiento rápido típico de la igleburger. Pero el precio espiritual de esto es muy alto, un afluente de personas que tan rápido entran en nuestros locales como salen mientras los líderes se regodean de nuevo en sus números.

El verdadero evangelio es sencillo sí, pero también profundo. Si las emociones vienen ¡Gloria a Dios! Sé que es hermoso llorar o reír cuando Dios te habla de verdad. O saltar, cantar e intentar expresar lo que Dios está haciendo en nuestras vidas. Pero debemos procurar, en medio de todo eso, enraizar nuestra vida en la Palabra. Porque cuando lleguen los problemas (que te aseguro llegarán) no serán las emociones las que te sostengan, sino la Palabra de Dios y sus raíces en tu corazón.

En la igleburger, donde el placer del cliente es prioridad, y cuanto antes mejor, descuidamos estas raíces porque “no se ven” y creemos equivocadamente que lo que “no se ve” no sirve, no es importante.

Una vez oí que la Palabra de Dios actúa fundamentalmente en lo secreto. Pero nosotros queremos hacerla espectacular. Quizás en el fondo hay un afán de reconocimiento: “Mirad que bien y que rápido lo hago” “Mirad cómo crecen” “crecemos más rápido que…”. Pero luego no les contamos a los demás la segunda parte. Esa semilla se quema y de nuevo algunos

creen que siembran mucho pero en realidad están desperdiciando mucha semilla

Al tener poco enraizamiento es la que más pronto brota, pero acaba por desaparecer. Se quema por el sol, porque no tienen la humedad suficiente, el agua suficiente para soportarlo.

¿Cuán profunda ha sido sembrada la semilla del evangelio en mí? ¿Está en las emociones a flor de piel o en mis deseos y anhelos más hondos? ¿Me ha transformado por completo o simplemente me ha afectado como lo podría hacer una buena película?

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 78-80). Álex Sampedro.

¿QUÉ ERA UN PROFETA EN LOS TIEMPOS BÍBLICOS?

Autor: Norman Geisler

¿QUÉ ERA UN PROFETA EN LOS TIEMPOS BÍBLICOS?

a1Los autores bíblicos fueron profetas y apóstoles de Dios.

Hay muchas referencias a los profetas que nos revelan cuál era su papel en la producción de las Escrituras. Entre otras cosas, se nos dice que fueron:

• Hombres de Dios (cf. 1 Reyes 12:22), lo que significa que los había elegido.

• Siervos del Señor (cf. 1 Reyes 14:18), para indicar que eran fieles a él.

• Mensajeros del Señor (d. Isaías 42:19), para mostrar que los había enviado.

• Videntes o visionarios (d. Isaías 30:10), para revelar que sus visiones eran de él.

• Llenos del Espíritu del Señor (d. Oseas 9:7; Miqueas 3:8), para que se supiera que hablaban por él Espíritu de Dios.

• Centinelas (d. Ezequiel 3:17), para reflejar que estaban atentos a Dios.

• Profetas (que es como comúnmente se llamaban), una indicación de que eran los voceros de Dios.

En suma, un profeta habla en nombre de Dios; es una persana elegida y preparada por él, un instrumento en sus manos para transmitir su palabra a su pueblo.

© 2003 por Ravi Zacharias y Norman Geisler

Pobre Tomás: tenía que ver para creer

Noviembre 4

Pobre Tomás: tenía que ver para creer

Lectura bíblica: Juan 20:24–29

Y no seas incrédulo sino creyente. Juan 20:27

No hay muchos que tengan nada bueno que decir del discípulo Tomás.

a1Después de que Jesús resucitó y se apareció a sus discípulos a puertas cerradas, Tomás no se encontraba con ellos. Luego, cuando los discípulos le contaron que Jesús vivía, no les creyó. Tomás dijo: “Si yo no veo en sus manos la marca de los clavos, y si no meto mi dedo en la marca de los clavos y si no meto mi mano en su costado, no creeré jamás” (Juan 20:25). Cuando Cristo apareció a Tomás, le aceptó el desafío. Le dijo: “Pon tu dedo aquí y mira mis manos; pon acá tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo sino creyente” (versículo 27).

Tema para comentar: ¿Qué opinas de Tomás? ¿Es un ejemplo para tu fe, o hubiera sido mejor no incluir este relato en la Biblia?

Está bien, así que Tomás no era tan malo como Judas, el que traicionó a Jesús. Quizá ni haya sido tan malo como Pedro, quien negó tres veces al Señor. Pero de los doce discípulos más cercanos a Jesús durante sus tres años de enseñar y predicar, a Tomás por lo general se lo incluye entre los malos.

Muchos desprecian a Tomás porque dudó. Pero olvidan algo: Tampoco ninguno de los demás discípulos creyó hasta que cada uno había visto por sí mismo la evidencia de la resurrección. Todos los demás ya habían visto las manos y el costado de Jesús. Y lo que es más, Jesús no le dijo a Tomás: “Eres un discípulo malo por dudar de mí”. En cambio, le mostró la evidencia y entonces le dijo que no dudara más. Y, en último lugar, cuando Tomás vio la evidencia, dio una de las confesiones de fe más poderosas de la historia, llamando a Jesús: “¡Señor mío, y Dios mío!” (versículo 28).

Por alguna razón, nos parece que dudar es muy malo. “Los cristianos auténticos no dudan”, decimos. Eso es un mito.

En realidad dudar es el punto de partida de la fe. En el griego, idioma original del Nuevo Testamento, el significado de “dudar” es “inquirir”. Se refiere a alguien que inquiere, pregunta o busca respuestas. Indudablemente hay dudas maliciosas que la gente usa para impedir que otros confíen en Jesús. Pero hay interrogantes sinceros acerca de la fe.

Puedes aprender estas lecciones de alguien llamado Tomás que fue sincero con respecto a sus dudas: la duda es natural. Está bien ser honesto con tus dudas. Y si de veras buscas respuestas, tus dudas serán remplazadas por la fe cuando Jesús te muestre la verdad.

Jesús no quiere que escondas de él tus dudas. Él te ama y comprende tus preguntas.

PARA DIALOGAR
¿Qué dudas te impiden seguir a Jesús completamente?

PARA ORAR
Señor, cuando resulta difícil confiar en ti, muéstranos más de ti mismo y ayúdanos a creer.

PARA HACER
¿Tienes amigos que dudan de Dios? ¿Qué puedes contarles acerca de las dudas?

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.