Menú 26. Un kebab antes de la aventura

Menú 26. Un kebab antes de la aventura

a1Te gustan los kebabs? A mi sí.

¿El primer kebab de la historia lo encontramos en el libro del Éxodo, para eso volvemos con nuestros viejos conocidos, los israelitas, cuando se encontraban esclavizados:

“Habló Jehová a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto, diciendo: Este mes os será principio de los meses; para vosotros será éste el primero en los meses del año. Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia. Mas si la familia fuere tan pequeña que no baste para comer el cordero, entonces él y su vecino inmediato a su casa tomarán uno según el número de las personas; conforme al comer de cada hombre, haréis la cuenta sobre el cordero. El animal será sin defecto, macho de un año; lo tomaréis de las ovejas o de las cabras. Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes. Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer. Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo comerán. Ninguna cosa comeréis de él cruda, ni cocida en agua, sino asada al fuego; su cabeza con sus pies y sus entrañas. Ninguna cosa dejaréis de él hasta la mañana; y lo que quedare hasta la mañana, lo quemaréis en el fuego. Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová. Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová. Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto. Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis”. Éxodo 12:1–14.

Dios es un Dios que salva. La primera vez que se dio a conocer a todo un pueblo fue a los israelitas en Egipto. Estaban siendo explotados por un sistema totalitario donde el Faraón era el dios. Había abusos de todo tipo, incluso llegaron a querer asesinar a los niños recién nacidos para que el pueblo no creciera. Pero el Dios verdadero escuchó el clamor de su pueblo y envió a Moisés para decirles que “Yo Soy” los iba a salvar.

Y hubo plagas. Diez en total. Dios usó su poder para rescatar a los israelitas. Hizo todo lo que estuvo en su mano. Los israelitas solo observaban cómo Dios les estaba salvando. Ellos no tenían que hacer nada,

Dios los estaba salvando por gracia

Pero el Faraón, en vez de reconocer sus errores, se endurecía cada vez más, sus ojos estaban cegados y su corazón no quería entender. Puedes leer esto en Éxodo 5–11.

La última noche, la última plaga, sería la de los primogénitos.

Aquella noche morirían todos los primogénitos que habitaban Egipto, tanto de personas como de animales. Y aquella destrucción llegaría a tu casa a menos que preparases una cena especial, y que manchases la puerta de entrada. Algo que la señora de la limpieza podría echarte en cara después.

Aquí los israelitas sí tenían que creer y actuar como parte de lo que Dios iba a hacer. Pero no era un gran esfuerzo, simplemente tenían que cenar, cenar juntos, para recibir la salvación de JHVH.

Fijémonos en esa cena.

Ingredientes:

Cordero.

Panácimo. (Sin levadura)

Hierbas amargas.

Un Kebab en toda regla. En familia. Algo sencillo de preparar, algo para todos. Y en el centro de la mesa el cordero que aquel día sufrió para salvarles la vida, salvarles de la tristeza de quedarse sin hijos, salvarles de la opresión de un sistema que los esclavizaba ¿te suena? Algo cantamos en alguna canción.

Y así Dios los salvó

Al día siguiente, salieron hacia un nuevo futuro. Y simplemente habían creído en el Dios Salvador. Así se instituyó la Fiesta de la Pascua, una verdadera celebración recordando que es Dios el que rescata. Aquel pueblo se inauguró con lo que Dios hizo, y luego hicieron un pacto con Él para comportarse como el pueblo que Dios había escogido. Pero no tenían que hacer nada para ganarse el favor de Dios. Ya Dios les había hecho el favor, y ahora ellos iban a vivir en consecuencia. La aventura había comenzado. Y aunque pronto se olvidaron de lo que Dios hizo por ellos, creando dioses de menú, negándole o intentando ganarse una salvación que ya tenían, la realidad era que Dios había tomado la iniciativa con un pueblo, para rescatarlos. Mientras todos cenaban en la casa, afuera la muerte rondaba. Solo aquellos que creían que podían ser libres, solo aquellos que reconocían que el sistema en el que vivían no estaba bien y que debía cambiar, solo aquellos que sabían que no podían cambiarlo por sus propias fuerzas y ponían su confianza en Dios, ellos, se salvaron. Solo aquellos que veían que había una vida más allá de Egipto. Pusieron su fe en Dios y prepararon la cena, una cena con cordero, pan, un kebab, sencilla, sin grandes atractivos, pero una cena DE DIOS. Que, por cierto, ordenó algo un poco raro: La sangre del cordero tenía que ser rociada en los dinteles de la puerta. Y así serían librados de la plaga de la muerte.

Nuestro mundo de hoy no es tan diferente al de entonces. Hoy mucha gente vive como los esclavos en Egipto. Atados a formas de trabajo esclavista, injusticias con los más débiles, vivir sin sentido solo para trabajar, un sistema que nos ata y que está llenando nuestro mundo de plagas, crisis… Pero si clamamos a Dios como aquéllos, quizás podamos salvarnos.

“Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces”. Jeremías 33:3.

Allí en Egipto, familias enteras que, por arrepentirse de su estilo de vida, por querer cambiar su forma de vivir, se sentaron a cenar juntos conforme Dios les dijo, confiando en Él, y se salvaron del mayor temor del ser humano. La muerte.

Mientras tanto, en los postes, el vertical y el horizontal, la Sangre del Cordero

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 135–138). Álex Sampedro.

Comida al igual que salvación

Noviembre 15

Comida al igual que salvación

Lectura bíblica: Santiago 2:14–18

Así también la fe, si no tiene obras, está muerta en sí misma. Santiago 2:17

a1—¿Arreglar casas? —Emilio frunció el ceño cuando vio la propaganda para el viaje misionero de familias que su iglesia estaba organizando—. ¿Cómo puede el hecho de arreglar casas ayudar a que alguien aprenda del amor de Jesús? Si no estoy llamando a las puertas para hablar a la gente acerca de Jesús de la mañana hasta la noche, para mí eso no es un viaje misionero.

Ya sabes que tienes que amar a los demás. Esa es una gran realidad de tu fe cristiana. Pero, ¿de qué manera debes expresar tu amor?

Muchos creyentes opinan que la única parte de la persona que nos debe interesar es su alma, la parte que vivirá para siempre. La única preocupación de ellos es asegurarse de que las personas estén camino al cielo. Pero Dios quiere que hagamos más.

Dios creó a los seres humanos. Y quiere que amemos a los que están en nuestro mundo de todas las maneras que necesitan ser amados. En la parábola del Buen Samaritano que contó Jesús, el que ayudó bondadosamente no le predicó al hombre herido. Le curó las heridas y lo llevó a un mesón para que lo cuidaran. Jesús no sólo habló a los hombres acerca del pan espiritual para satisfacer el hambre espiritual que tenían de Dios (ver Juan 6:35). También les dio pan material para satisfacer su hambre física (ver Juan 6:5–11).

Tema para comentar: Supón que se te presenta la oportunidad de trabajar en un barrio pobre, teniendo un culto y luego sirviendo una comida caliente a los desamparados. ¿Cuál actividad demuestra más amor: dar “un plato de comida” u ofrecer “salvación” (por medio de la música y el mensaje bíblico que tu grupo presenta)?
¿Es esa tu respuesta final? Esta es la respuesta correcta: Son actividades que demuestran amor de igual manera porque cada una muestra amor al satisfacer necesidades auténticas.

Alimento, ropa y un techo sin algo más, no conducen a las personas al reino de Dios. Ellas necesitan también oír de Cristo y confiar en él como su Salvador y Señor. Pero es difícil escuchar una lección bíblica cuando el estómago está vacío y el cuerpo duele por alguna enfermedad.

Satisfacer las necesidades físicas muchas veces abre las puertas de par en par para poder satisfacer las necesidades espirituales. Además, el mundo nos está observando. Los no creyentes no se impresionan con nuestra pasión por presentar a Jesús si descuidamos necesidades físicas dolorosas y evidentes.

Cada creyente tiene el privilegio de demostrar amor a la persona íntegra —alma y cuerpo— ¡porque ambas partes son igualmente valiosas para Dios!

PARA DIALOGAR
¿De qué manera satisfacer las necesidades prácticas de los demás les ayuda a ver en nosotros a Jesús?

PARA ORAR
Padre celestial, ayúdanos a ver a los demás como seres íntegros, y danos poder para satisfacer tanto sus necesidades físicas como espirituales.

PARA HACER
Piensa en una persona conocida que necesita el amor de Dios. ¿Qué cosas cariñosas, de todos los días, puedes hacer por ella para mostrar el amor de Dios?

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.