Menú 18. La primera igleburger: Corinto

Menú 18. La primera igleburger: Corinto

a1“¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol”. Eclesiastés 1:9.

Yo pensaba que la igleburger era hija de este tiempo, pero cuál ha sido mi sorpresa al descubrir que en el Nuevo Testamento Pablo ya tenía problemas con el concepto de comida rápida.

La iglesia de Corinto era particular. Como nosotros, tenían problemas de muchos tipos. Algunos vivían con problemas de faldas (1 Co. 5), otros querían tener lugares prominentes dentro de la congregación; muchos iban a la iglesia para comer su hamburguesa, pero no para compartir con el que tenía hambre; había problemas de divisiones y litigios entre hermanos (1 Co 6). También había algún exceso espiritual que Pabio quiso poner en su lugar dando instrucciones sobre cómo usarlo (1 Co 14), aunque 2000 años después seguimos sin hacerle caso. No se congregaban para lo mejor sino para lo peor (1 Co 11:17) Se estaba perdiendo la esencia de lo que era una comunidad cristiana. ¡Qué pronto nos desviamos de lo que Dios quiere!

Corinto nos habla de una realidad que es constante en el ser humano. Gracias a Dios en la Biblia ya aparecen advertencias para nosotros hoy que debemos tener en cuenta.

Pablo viendo el panorama de la iglesia en Corinto explica lo que es realmente tomar la cena del Señor: Comunión con Dios y con los demás.

Cuando se toma la “santa cena” a veces nos animan a tener en cuenta a todos los hermanos del mundo mundial. Pabio de Tarso era más práctico, quería que se tuvieran en cuenta unos a otros.

Nos recuerda las palabras del Maestro: “ama a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:39).

El prójimo no es un señor X teórico, es el próximo, el que tienes al lado, el que se sienta cerca y te molesta, los vecinos. Es fácil amar teóricamente a las personas que tienes lejos, pero ¿qué me dices de amar a los que ves todas las semanas, todos los días?

“Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?” 1 Juan 4:20.

Uno de mis mejores amigos dice que durante la comida se puede ver muy bien el egoísmo de la gente. ¿Has estado en una comida donde alguien se adelantaba a comer? ¿Que cogía la carne antes que nadie para que no se la robaran? ¿Qué no sabía compartir? Comer, una de las necesidades primarias del ser humano, revela lo que hay en nuestro corazón, algo que grita desde nuestro interior que, aunque lo intentemos, no podemos disimular: Yo soy lo primero en mi vida. Lo primero son mis necesidades. Y ahí, en el corazón de nuestra existencia, en el centro de nuestras deseos, Jesús nos enseñó a compartir, a tomar juntos pan y vino, a no ser codiciosos, a tomar conciencia de que somos un cuerpo, los demás y yo, y empezando por lo básico, la comida, compartir también todo lo demás: recursos, tiempo, amor, cariño, respeto, dinero, hogar, abrazos y palabras, enseñanza, lágrimas, dolor y cansancio, verdad, servicio, paciencia, comprensión, iglesia, Dios.

La Cena del Señor nos recuerda lo que Él hizo por nosotros, cómo negó sus derechos de Hijo de Dios por amor.

Seguir a Jesús es todo lo contrario a ser egoísta, todo lo contrario a una igleburger. Eso y mucho más es lo que nos enseña la Cena del Señor. Decidamos tomar ejemplo y corregir, para celebrar en la mesa del Señor dignamente, sabiendo que no estamos solos en esto, que formamos parte de comunidades, con problemas sí, con cosas que mejorar, pero que se aman y comparten algo más que patatas fritas. El llamado de la Cena del Señor es a tener en cuenta a los demás. Esperarnos los unos a los otros, compartir una mesa como iguales, y dar de nuestra vida a los otros por amor.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 95–97). Álex Sampedro.

¿TENÍAN PERMITIDO LOS PROFETAS CAMBIAR LAS PALABRAS QUE RECIBÍAN DE DIOS?

Autor: Norman Geisler

¿TENÍAN PERMITIDO LOS PROFETAS CAMBIAR LAS PALABRAS QUE RECIBÍAN DE DIOS?

a1Los profetas bíblicos tenían prohibido alterar el texto de las Escrituras Sagradas. Dios era implacable con cualquiera que intentara cambiarlas. Después de que el rey Joacim cortó y quemó columna tras columna de las palabras del Señor, Dios le dijo a Jeremías: «Toma otro rollo, y escribe exactamente lo mismo que estaba escrito en el primer rollo» (Jeremías 36:28). Nadie debía agregar ni quitar nada de lo que Dios había dicho. Agur escribió: «Toda palabra de Dios es digna de crédito … No añadas nada a sus palabras, no sea que te reprenda y te exponga como a un mentiroso»

(Proverbios 30:5~6). Es más, Juan escribió esto acerca de las palabras de su profecía: «Si alguno le añade algo, Dios le añadirá a él las plagas descritas en este libro. Y si alguno quita palabras de este libro de profecía, Dios le quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa, descritos en este libro» (Apocalipsis 22:18~19). Esto no significaba que no pudieran recibir nuevas revelaciones sino que no podían alterar nada de lo que estaba escrito.

 © 2003 por Ravi Zacharias y Norman Geisler

¿Quién me está tapando la luz?

Noviembre 7

¿Quién me está tapando la luz?

Lectura bíblica: 1 Tesalonicenses 5:5, 6

Todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día. 1 Tesalonicenses 5:5

a1Mauricio, el hermano mayor de Mara, estaba orgulloso de su Mustang convertible clásico, modelo 1967. Pero no lo mantenía limpio, así que un amigo escribió en la tapa del motor: “Límpiame”, y al hacerlo, rayó la pintura con la uña. Mauricio le pegó unos buenos gritos a su amigo por haberle rayado el auto.Un día, camino a casa volviendo del trabajo, un camión que lo pasó le salpicó el parabrisas que quedó cubierto de barro. No tendría que haber sido un problema, pero a Mauricio se le había acabado el fluido limpiaparabrisas. Aunque trataba de ver por dónde iba, no podía ver el camino a través del parabrisas lleno de barro. Accidentalmente giró a la izquierda y se encontró con que iba de contramano. Por suerte no venía ningún auto que hubiera causado un choque de frente.

A veces hay gente que es como el camión que salpica barro. Estás andando por la vida y de pronto un enemigo te ensucia. Tus amigos son como el muchacho que rayó el auto. Pueden rayarte con sus palabras hasta que realmente duele. A veces el dolor es causado por alguien cerca tuyo.

• Un familiar te trata como si no valieras nada.
• Un amigo te evita, te ignora, te hostiga o se burla de ti.
• Un compañero de escuela te llama cosas como “perdedor”, “retardado” o “torpe”.

Ese tipo de barro bloquea de tu vida la luz de Dios. Dios te ve digno de ser amado, valioso y capaz, pero cuanto más barro te salpique la gente, más difícil te resulta ver la verdad de Dios acerca de quien eres. Cuando te sientes lastimado, es posible que ataques tirando barro a todos los que te rodean, o que te desvíes del camino.
Si te resulta difícil verte digno de ser amado, valioso y capaz, puede que sea porque la verdad de Dios ha sido bloqueada de tu vista por personas que tapan la verdad de tu verdadera identidad. ¿Puede estar pasándote esto? Pregúntate:

• Las personas con las que paso más tiempo, ¿me ven como me ve Dios?
• Mis amigos, ¿refuerzan lo que la Biblia dice de mí?
• Estas personas, ¿reflejan el amor de Cristo por mí?

Si las personas que tienes más cerca siguen tirándote barro, te resultará difícil ver más allá del fango para poder captar el concepto que tiene Dios de ti. En ese caso, ocuparte de tener las personas apropiadas a tu alrededor es como llenarte del fluido limpiaparabrisas de Dios. Es lo que necesitas para quitarte las obstrucciones que te impiden ver.

PARA DIALOGAR
¿Te ven tus amigos como te ve Dios? ¿Ha llegado el momento de cambiar de amigos?

PARA ORAR
Señor, ayúdanos a elegir los amigos apropiados para que tu luz inunde nuestra vida.

PARA HACER
Si le tiras barro a los demás —si dices o haces algo que expresa que no son dignos de ser amados, valiosos y capaces— deja de hacerlo hoy.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.