Menú 35. no vayas a la iglesia, sé la iglesia

Menú 35. no vayas a la iglesia, sé la iglesia

a1Un día Jesús fue al templo y echó a algunos que querían comerciar con Dios, que habían convertido su Casa en un mercado. Y empezaron a preguntarle.

“Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? Mas él hablaba del templo de su cuerpo”. Juan 2:19–21.

A pesar de lo que Jesús dijo, hoy aún creemos que los lugares sagrados existen. Lugares donde hay que portarse bien, o mejor de lo normal. Fuera de esos lugares puedes ser normal:), pero dentro de ese lugar hay que ser más santo, por que ese lugar es sagrado.

No solo eso, dentro de ese lugar, hay espacios más sagrados que otros. Como en el Antiguo Testamento, que estaba el lugar Santo y el lugar Santísimo.

Algunos los llamamos iglesia o templo. Y dentro de la iglesia está el altar, o la plataforma. Y no todos pueden estar ahí, solo los “levitas”. Los que no están acostumbrados a nuestra jerga y escuchan esa palabra, empiezan a imaginarse personas que vuelan… Y no están lejos de la realidad.

Y por ejemplo, si un músico quiere estar en la plataforma, le exigimos más que a un cristiano de a pie. Y empezamos a estratificar la iglesia otra vez, empezamos a etiquetar a las personas según rangos. Fomentamos una doble vida: Lo que hacemos en el lugar sagrado y lo que hacemos fuera de ese lugar. Nos ponemos de los nervios si alguien hace algo extraño en un templo, como ir vestido como una persona normal, o hablar como una persona normal, sin decir: “Hermano, Dios te bendiga”. O si un predicador no pone esa voz rara que se supone que tienen que poner los buenos predicadores como si fueran del siglo XIX. Pero, en cambio, no pasa nada si la gente vive fuera de la iglesia como le da la gana, sin contar con Dios en sus trabajos, sus estudios, su familia, etc. Mientras vayan religiosamente al templo, y allí se comporten como los demás, el sistema estará bien y perdurará.

Así, la igleburger puede seguir con su trabajo de ofrecer servicio a las personas que quieren incluir en su plan un poco de espiritualidad cristiana. Eso sí, hay que tenerla controlada dentro del templo, no vaya a ser que se vaya a escapar.

Quede claro que no estoy en contra de tener lugares de reunión donde la comunidad exprese su fe, donde se reúna de forma periódica para celebrar a Dios, para partir el pan, orar, adorar, celebrar, hablar, comer, y todas esas buenas costumbres que hacen de nosotros cristianos que forman parte de un cuerpo. También el autor de Hebreos nos lo recuerda:

“Y consider émonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”. Hebreos 10:24–25.

Pero al final, el local debe ser en nuestra mente un recurso, importante sí, pero un recurso al fin y al cabo.

Y su valor está en las personas que lo usan, y no al revés.

Y

¿Cuál es la alternativa que ofrece Jesús? ¿Qué templo quiere construir? ¿Qué es sagrado para Él?

“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es”. 1 Corintios 3:16–17.

Cuando decimos que el local (el templo) no es algo TAN importante como otras cosas, a algunos les salen las uñas. Tienen temor de que se desacralice la iglesia: “Los jóvenes tienen ganas de meter el mundo y sus maneras en la iglesia porque no están conformes” (…) tristemente eso es verdad en parte. Algunas personas quieren poner “la iglesia” a su gusto, porque prefieren hacer lo que siempre hacen, incluso en “la iglesia”, y no practicar en ningún caso las costumbres espirituales que nos definen. Y además, sin tener en cuenta a las otras generaciones. Esto también es fruto de la igleburger.

Pero hay otras personas que tienen una motivación diferente. Yo no quiero que “la iglesia” (el local, el templo) se desacralice. Todo lo contrario:

¡Quiero que toda nuestra vida sea sagrada! Jesús nos lo enseñó así. Tan importante es lo que hago dentro del local como fuera. Tan santo es el momento de reunión del domingo por la mañana como la tarde del martes que estoy en mi casa, solo.

Eso no le resta importancia al domingo por la mañana cuando estoy con mis hermanos de todas las edades. Solo los corazones que NO tienen un compromiso real con su iglesia local pueden usar eso como excusa.

Hago real mi vida espiritual. Ya no está enclaustrada en un lugar, sino que es libre para adorar en cualquier sitio.

“El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas”. Hechos 17:24.

El camino fácil es el de querer tener control sobre el Dios que vive en ese templo, al que podemos ir o no. Encerrado en su jaula de oro, no queremos que se inmiscuya en nuestra vida más allá de ese local al que “vamos”, y que tampoco nos afecte más allá de ese día a la semana, donde nos ponemos la corbata evangélica y la sonrisa forzada que desaparece el “bendito lunes”.

Frente a eso te digo:

Sé la iglesia,

quitémonos de una vez esa mentalidad consumista, y vivamos en comunidad el llamado de Jesús, en el mundo real.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 179–182). Álex Sampedro.

¿SE SOSTENDRÍAN LOS TESTIGOS DEL NUEVO TESTAMENTO EN UN PROCESO LEGAL?

Autor: Norman Geisler

¿SE SOSTENDRÍAN LOS TESTIGOS DEL NUEVO TESTAMENTO EN UN PROCESO LEGAL?

a1Simon Greenleaf, una de las mentes legales más famosas de la historia americana, ex profesor de Derecho de Harvard y autorde un libro sobre pruebas legales, aplicó cuidadosamente las reglas de la evidencia legal a los relatos de los Evangelios en su libro The Testimony of the Evangelists [El timonio de los evangelistas].

Argumentaba que si fueran sometidos al escrutinio de un proceso legal, «sería probable que todo hombre sincero e imparcial actuara en conformidad con ese resultado, aceptando su testimonio en toda su gridad». Agregó: «Que los testigos sean contrastados con su testimonio interno, con el testimonio de otros y con los hechos y circunstancias conexas y que sus testimonios sean sopesados, como si hubiesen comparecido ante una corte de justicia, a favor de la parte adversa, sujeto a un riguroso interrogatorio.

Tengo la más absoluta confianza de que el resultado sería una convicción indudable de su integridad, capacidad y verdad».

© 2003 por Ravi Zacharias y Norman Geisler

¿Mentiroso, demente o Señor?

Noviembre 24

¿Mentiroso, demente o Señor?

Lectura bíblica: Mateo 16:13–19

¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente! Mateo 16:16

a1—Qué tonta eres —se rió Diego—. Mónica, ¿cómo puedes creer todo eso en la Biblia? Jesús habrá sido una gran persona, pero no era Dios.

Mónica se quedó con la boca abierta. Ella y Diego eran compañeros en una escuela cristiana. Mónica quería defenderse, pero no le salían las palabras.

—Ya sé —dijo Diego—, estás pensando cómo es que estudio en esta escuela evangélica. Sé mucho del evangelio. Pero no estoy seguro de que lo creo.

Diego no es el primero que tiene este tipo de dudas. Tampoco es el primero que se haya formado en un hogar cristiano y que vaya a una escuela cristiana pero que cuestiona su fe. Pero hay un problema. Jesús afirmó ser Dios, y punto.

Pero probemos por un segundo el punto de vista de Diego. Si Jesús no era Dios, ¿qué era? Hay sólo tres opciones:
Primera opción: Quizá Jesús era un mentiroso. Jesús dijo ser Dios. Pero supongamos que no lo era. Eso lo convertiría en el peor mentiroso que jamás ha existido. Le decías a los demás que fueran honestos mientras enseñaba y vivía una enorme mentira.

Pero la posibilidad de que Jesús estuviera mintiendo no coincide con lo que sabemos de él y los resultados de su vida. Cada vez que alguien ha descubierto quién es Jesús, su vida ha cambiado para bien. Alguien que vivió como Jesús vivió, enseñó y murió no puede haber sido un farsante.

Segunda opción: Quizá Jesús era un demente. Si alguien te dijera que es Dios, lo tomarías por loco, como alguien que afirma ser Santa Claus. Pero Jesús no mostraba ninguno de los síntomas que acompañan la demencia. Jesús mantuvo la calma cuando sus enemigos lo atacaban. Dijo algunas de las palabras más sabias que jamás se hayan registrado. Jesucristo no era ningún loco.

Tercera opción, Jesús es Señor. Si nuestro Salvador no es un mentiroso ni un demente, es quien afirmó ser: el Hijo de Dios.

Jesús, entonces, es un mentiroso, un demente o el Señor Dios. Tienes que decidir lo que vas a creer. Pero tienes ayuda para poder tomar la decisión acertada: la Biblia.
Ésta provee el registro históricamente fidedigno de que Cristo resucitó de entre los muertos. Darte las razones indiscutibles para creer es una de las grandes razones por la cual Dios te dio la Biblia. Como escribió Juan: “Pero estas cosas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre” (Juan 20:31).

PARA DIALOGAR
Así que, ¿quién crees que es Jesús: un mentiroso, un demente o el Señor? ¿Por qué lo crees?

PARA ORAR
Señor Jesús, tú eres Señor. Queremos honrarte y adorarte con nuestras alabanzas.

PARA HACER
Aprende las tres opciones de quién era Jesús hasta poder explicarlas con tus propias palabras. ¿Cómo es que sabes que Jesús es el Señor —el Hijo de Dios— quien está en control de todo?

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.