Menú 23. ¿Quién soy?

Menú 23. ¿Quién soy?

a1Graba esto en tu mente: Lo que eres determina lo que haces. Jesús constantemente insistía en decirnos lo que somos, antes que decirnos que debemos hacer:

“Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder”. Mateo 5:13, 14.

Y Pedro nos recuerda:

“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”. 1 Pedro 2:9.

Insistimos a la gente diciéndoles lo que tienen que hacer, una y otra vez. Trabajamos la parte externa del ser humano, su conducta. Lo que vemos de ellos. Pero si no cambiamos su identidad, su corazón, acabará haciendo lo que él es en su interior, en su mente.

Por eso Jesús insiste en redefinir nuestra identidad. Por eso el Señor nos dice que al nacer de nuevo somos nuevas criaturas.

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. 2 corintios 5:17

Si de verdad entiendo que:

He nacido de nuevo, soy un hijo de Dios, adoptado por él, soy un rey, un sacerdote

Ese fuego interno de la identidad hará que termine haciendo lo que soy.

Por eso, antes de hacer cualquier cosa, debo parar y meditar acerca de mí mismo y preguntarme ¿quién soy? ¿Qué es lo que hay en lo más profundo de mi ser? ¿Realmente sé que soy un hijo de Dios y quiero agradarlo? ¿Está mi mente ocupada en sus cosas o en las mías? No podemos forzarnos a hacer lo que no somos. Jesús habló sobre este tema a sus oyentes.

“Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es Abraham. Jesús les dijo: Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais”. Juan 8:39.

Las obras no nos salvan, nos salva Jesús haciéndonos nacer de nuevo, pero

las obras demuestran lo que somos

Si la locomotora de la fe está ardiendo con fuego y con pasión por Dios en nuestro corazón, es imposible que los vagones de las obras no se muevan. Jesús lo sabía y por eso nos ayudó a redefinirnos.

Para ser un cristiano “fast food” no es necesario ese profundo cambio.

Puedes estar una y otra vez en la iglesia y seguir haciendo lo que tú consideras de vez en cuando, aunque si no cambias esa identidad profunda te ocurrirá como dicen los ancianos de los pueblos: “La cabra siempre tira pa’l monte”. Por mucho que intentes domarla, si no cambia de naturaleza siempre volverá a hacer lo que estaba acostumbrada a hacer. Los mismos vicios, invertir tu tiempo en lo mismo, sin cambiar de rumbo tu vida.

Por eso

¿Cómo puedo trabajar mi identidad?

En primer lugar, ¿sabes quién eres ahora? Tú no eres lo que eres delante de los demás, no eres lo que los demás piensan de ti, no eres lo que proyectas hacia fuera… Tú eres lo que eres en tu interior, en tu secreto. Cómo dice Alejandro Sanz: “cuando nadie me ve, puedo ser o no ser”.

Ahí es donde tú realmente eres tú. Lo que pasa por tu mente, lo que te obsesiona, donde inviertes tu tiempo, tus deseos, tus sueños, de lo que siempre acabas hablando, lo que mueve todo lo que haces… Todo eso, y más, eres tú. Algo bastante complicado, la verdad.

Porque tú eres complicado

Pero en medio de eso hay algo que puede definirte mejor que nada, hay alguien que te conoce mejor que tú, que conoce mejor que nadie lo que haces “cuando nadie te ve” lo que eres en realidad.

Dios es el único que puede definirte en realidad. ¿Qué dice Dios de ti? ¿Te interesa saber lo que piensa Dios de ti? Eso es lo realmente importante. Si de verdad te interesa pregúntale a Él quien eres. Puedes hacerlo ahora si quieres, y averiguar qué dice la Biblia acerca de lo que piensa Dios de ti. Podrías orar un poco, en serio, podrías.

En segundo lugar, tu identidad también tiene que ver en parte con las personas que te rodean. Eres hijo de… Hermano de… Amigo de… Formas parte del club de… Tienes creencias parecidas a… Pasas tiempo con…

En un sentido, estás definido por la gente de la que te rodeas, por gente que decides que te influyan y te ayuden a definirte. Hay un dicho popular muy cierto:

“Dime con quien andas y te diré quién eres”.

Y también un versículo:

“No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres”. 1 Corintios 15:33.

Por eso, si quieres tener cada vez más claro quién eres, debes pasar tiempo con Jesús. Parece que está más o menos asumido por los cristianos que nuestro llamado es ser como Él. Pero es imposible ser como Él si no estamos con Él, y con hermanos tuyos que quieren ser como Él:

“…Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”. Efesios 4:13.

Si pasamos tiempo con Él, podremos ser como Él. Si lo conocemos, podremos imitarlo.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 122–123). Álex Sampedro.

¿CUÁL ES EL ALCANCE DE ESTA AUTORIDAD DIVINA?

Autor: Norman Geisler & Ravi Zacharias

¿CUÁL ES EL ALCANCE DE ESTA AUTORIDAD DIVINA?

a1La autoridad divina se extiende hasta incluir todo lo que está escrito (cf. 2 Timoteo 3:16), las palabras mismas (cf. Mateo 22:43; 1 Corintios 2:13), los trazos más pequeños de las palabras (cf. Mateo 5:17-18), y los tiempos verbales (cf.Mateo 22:32). Aunque la Biblia no fue dictada verbalmente por Dios a los humanos, el resultado es tan perfecto como si así hubiese sido; porque los autores bíblicos afirman que él es el origen de las palabras mismas de las Escrituras, porque de manera sobrenatural controló el proceso mediante el cual escribían, con su vocabulario y estilo, registrando su mensaje (cf. 2Pedro 1:20-21).

© 2003 por Ravi Zacharias y Norman Geisler

Qué tal, vecino

Noviembre 12

Qué tal, vecino

Lectura bíblica: Lucas 10:25–37

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Lucas 10:27

a1Casi todos los días, Alfredo y Ricardo caminaban juntos a casa después de clase, haciendo una parada en un quiosco para comprarse un refresco. Cuando Alfredo terminaba de tomárselo, por lo general tiraba el envase vacío en el patio de la casa por donde estuvieran pasando, excepto el de la familia Carmona. Ricardo no se podía imaginar por qué Alfredo no lo hacía. Por fin le preguntó:

—¿Por qué nunca tiras ningún envase en el patio de la familia Carmona?
—Porque —contestó Alfredo— tenemos que amar a nuestros prójimos, y ellos son mis vecinos de al lado. Los otros no son mis vecinos, así que no importa si arrojo basura en el patio de ellos.

¡¿Qué?!

Parece que Alfredo está bastante confundido. Al darte el mandato de amar a tu prójimo, Jesús fue muy claro en explicar que no se trata únicamente de tus vecinos de al lado. Dios quiere que ames a todos tus prójimos porque él los ama.

Cuando le preguntaron a Jesús: “¿Quién es mi prójimo?” contó la parábola del Buen Samaritano, quien demostró amor hacia un hombre atacado por ladrones (ver Lucas 10:29–37). El relato demuestra que prójimos no son únicamente los que tienen la misma educación, posición económica, que son de la misma raza o que viven en tu vecindario.

Prójimos son personas necesitadas, quienes sean que fueren y dondequiera que estén. Prójimos son los seres humanos en todas partes, porque todos necesitan ser amados.
El mandato de Jesús de amar a todos no es nuevo. Mucho antes, Moisés incluyó en las leyes en el Antiguo Testamento estas palabras de Dios: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19:18). Dios ordenó al pueblo de Israel que demostraran un interés afectivo no sólo por sus compatriotas, sino también por los pobres y extranjeros (Levítico 19:9, 10). La invitación de Dios continúa a lo largo del Antiguo Testamento: “Ama a las personas —a todas las personas— como las amo yo”.

En el Nuevo Testamento, Dios ofrece su amor a todos los pueblos. Cristo murió por todo el mundo (ver Juan 3:16), y Dios tiene planeado que contemos las buenas nuevas de salvación a “todas las naciones” (Mateo 28:19). Nos manda: “Hagamos el bien a todos” (Gálatas 6:10).

Entonces, si quieres amar como ama Dios, no limites tu cariño a las personas parecidas a ti, o a las personas que te caen simpáticas. Jesús no excluyó a nadie en su mandato de amar. Enseñó: “Amad a vuestros enemigos y haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen y orad por los que os maltratan” (Lucas 6:27, 28).

Puedes amar a todos como los ama Jesús, ¡porque todos son tus prójimos!

PARA DIALOGAR
¿Hasta dónde abarca el amor de Dios? ¿De qué manera puedes aumentar tu amor?

PARA ORAR
Señor, enséñanos a amar a todos, no sólo a los que viven al lado.

PARA HACER
Traza un plan para demostrar hoy amor por alguien que no te resulta simpático.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.