Menú 14. La palabra barata

Menú 14. La palabra barata

a1“Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador: Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino”.

Cuando un hombre que tiene muchas tierras se muere, los hijos se reparten la herencia. Pongamos por caso que son dos hijos y cada uno se queda con la mitad de la propiedad. Normalmente el terreno que queda en el medio, los límites de la propiedad de cada uno, suponen un problema porque no acaba de decidirse ese metro de más o de menos. Y entonces, para dividirlo hacen un camino, que no es de nadie, o es de todos, según se mire, lo que se siembra ahí cerca, nadie sabe de quién es, no se cuida y, o lo roban, se lo comen los pájaros, o lo pisan.

La palabra barata es aquel mensaje que oímos pero que queremos compatibilizar con nuestra vida. No está en el centro de la siembra.

Junto al camino, la tierra más indefinida. Parece que no le pertenece completamente a nadie. Servimos a Dios, vamos al templo, pero no nos consideramos propiedad de Dios, somos nuestros propios dueños. Luego hacemos lo que queremos con nuestro tiempo. Oímos, pero no entendemos, ni creemos lo que escuchamos.

De hecho, si le sirvo será porque considero que es lo mejor para mí, lo que me conviene en ese momento. Pero no estoy seguro de a quién pertenezco. Tengo mis límites para con Dios.

¿Cuántas veces he oído que si sirves a Dios todo te irá bien según nuestros parámetros, si das tanto Dios te dará tanto? Es barata porque cuesta poco de asumir, no tienes que negar ninguno de tus derechos. No te hace falta un único Señor. Tú das algo a cambio de otra cosa, y si no sales ganando no lo haces. Cuando se siembra así la semilla del evangelio pronto desaparece, porque se la llevan los pájaros, y aunque dicen formar parte del terreno del sembrador, no dan fruto. Ni siquiera germinan, no brotan. Porque en realidad no han entendido nada. Las tierras junto al camino no tienen una identidad definida. No se sabe bien de quién son, si del dueño que siembra, o del camino, tierra de nadie, donde son presa fácil de los pájaros, o son pisoteados por los hombres. Están en un lugar del que no se sienten parte.

Cuando un sembrador siembra así, en esos lugares, es probable que no de fruto, quizás se enorgullezca de tener un terreno más grande, como muchos predicadores que por el número de gente a la que alcanzan se enorgullecen, pero quien sabe si son semillas junto al camino, que dicen que forman parte del terreno del reino pero en realidad no son de nadie. Solo atraídos por la cultura, la gente, “el estar”.

Sé que la semilla en la parábola del sembrador es la Palabra de Dios, y que debemos sembrar en todas partes. No estoy diciendo que no haya que predicar a todo el mundo, solo que hay que conocer la tierra. Saber vallarla, protegerla y cuidarla. Debemos “saber sembrar” no nos quejemos si no sabemos hacerlo, si mezclamos la Palabra de Dios con malas técnicas de siembra.

La palabra barata es un peligro que debemos evitar. Los predicadores, los discípulos que no se esfuerzan en estudiar la Palabra de Dios en profundidad y predican un evangelio descuidado, son un peligro para el reino,
porque creen que siembran mucho, pero en realidad lo que están haciendo es desperdiciar mucha semilla

¿Qué clase de tierra seré yo? ¿Una tierra que no sabe a quién pertenece? ¿Me mantengo en los límites entre lo correcto y lo incorrecto? ¿Sé de quién soy? ¿Entiendo el verdadero evangelio y lo que eso supone para mí hoy? Es muy peligroso ser esa tierra, la Biblia dice que Satanás está interesado en robar la semilla, poniendo carroñeros en nuestra cabeza que se comen la semilla.

No lo dudes, estar junto al camino, estar expuesto a esos pájaros, es peligroso para nosotros.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 78–80). Álex Sampedro.

¿FUERON LOS ESCRITORES BÍBLICOS SIMPLES SECRETARIOS DEL ESPÍRITU SANTO?

Autor: Norman Geisler

¿FUERON LOS ESCRITORES BÍBLICOS SIMPLES SECRETARIOS DEL ESPÍRITU SANTO?

a1Los autores bíblicos no se limitaron a transcribir lo que Dios les dictaba. Ellos no fueron meros secretarios o autómatas, sino que, con fidelidad, anunciaron todo el mensaje de Dios sin agregar ni quitar nada (cf. Proverbios 30:6; Apocalipsis 22:18- 19). Dios usó las personalidades individuales, sus vocabularios, los estilos literarios y deseos conscientes de los autores bíblicos para producir su Palabra. Por lo tanto, si bien se originaron completamente de Dios, las palabras de las Escrituras también son humanas y escritas en idiomas particulares (hebreo, griego, arameo), expresadas en formas literarias humanas determinadas que incluyen la narrativa (cf. 1 y 2 Samuel), la poesía (cf. Salmos) y las parábolas (cf. los Evangelios), así como la metáfora (cf. Juan 15:1-8), la alegoría (cf. Gálatas 4:21-5:1), e hipérbole (cf. Salmo 6:6; Lucas 14:26).

No obstante, el producto final es exactamente como Dios lo ordenó y en su providencia lo determinó: la Palabra de Dios con autoridad divina, infalible y exenta de error; porque la Escritura «no puede ser quebrantada» (Juan 10:35), y «ni una letra ni una tilde de la ley desaparecerán» (Mateo 5:18).

Es «la verdad» (Juan 17:17) que viene de aquel que se nos dice que «es imposible que Dios mienta» (Hebreos 6:18). En resumidas cuentas, todo lo que afirma está exento de error, no solo en lo que respecta a asuntos espirituales sino también a cuestiones de ciencia (cf. Mateo 19:12; Juan 3:12) y de historia (cf. Mateo 12:40-42; 24:37).

En suma, los escritores bíblicos fueron seres humanos a quienes Dios eligió para ser sus voceros mediante el uso de lenguas humanas y formas literarias.

© 2003 por Ravi Zacharias y Norman Geisler

Una diferencia que vale

Noviembre 3

Una diferencia que vale

Lectura bíblica: 1 Corintios 6:11

Y esto erais algunos de vosotros, pero ya habéis sido lavados, pero ya sois santificados. 1 Corintios 6:11

a1Supón que estás conversando con un amigo no creyente acerca de Cristo. Te parece que te estás comunicando muy bien con tu tono persuasivo amable y ultrasabio, hasta que te da por la cabeza con este comentario:
—Bueno —dice con sarcasmo tu amigo—, los que se mueren siguen muertos. No resucitan.

No puedes hacer que Jesús resucite en un laboratorio. Pero puedes recurrir a la Biblia para ofrecer la evidencia de la tumba vacía. Además de eso, puedes señalar otro signo de vida: el cambio que les sucede a las personas cuando aceptan a Jesús como su Salvador.

Tema para comentar: ¿Te parece que la vida cambiada de los creyentes prueba algo acerca de la verdad de lo que creemos?

Supón que no eres creyente. Y tienes una amiga que un día te dice:
—¿Sabes? Hace un año acepté a Jesús como mi Salvador. Él cambió totalmente mi vida. Antes les contestaba mal a mis padres. Y siempre rebajaba a mi hermanita. Era completamente egoísta. No soy perfecta, pero tampoco soy ya de esa manera. Tener una relación con Jesús me ha cambiado y ahora soy una persona distinta. Y Jesús me ha dado una paz, un amor y un gozo que antes no conocía.

¿Le creerías?
Sería difícil argumentar con tu amiga si su vida prueba que lo que dice es cierto, si puedes detectar un verdadero cambio en ella. Pero, ¿qué si es una mutante espiritual? ¿O si es la única cuya vida ha sido cambiada por este Jesús?

Pues bien, tu amiga no está sola. Son innumerables los que han experimentado los mismos cambios asombrosos al entregar su vida a Cristo. No afirman que leer un libro los haya cambiado. No dicen que un encuentro aterrador con extraterrestres los haya alterado para siempre. Y ninguno pretende que su nuevo poder proceda de sí mismos. Hablan acerca de la razón de su paz, gozo y victoria sobre el pecado. Es Jesucristo y el poder de su resurrección.

Cuando queremos comprobar que la resurrección de Jesucristo fue un hecho verídico, podemos señalar a la diferencia evidente en la vida de millones de personas de todas las posiciones sociales y de todas las naciones del mundo. Y el cambio puede atribuirse a una razón: su relación con el Jesucristo viviente. Esa es la evidencia de que tu amiga no te está contando un cuento de hadas. Te está comunicando un hecho concreto y digno de creer.

Tu experiencia de que Jesús te salvó es más que una quimera. Te has encontrando con el Salvador resucitado. ¡Y ha tenido un impacto real en tu vida!

PARA DIALOGAR
Cuando algún no creyente te observa, ¿qué puede ver que indique que Dios está obrando en tu vida?

PARA ORAR
Querido Dios, cámbianos de modo que nuestros amigos puedan ver tu poder en acción. Haz que nuestra vida sea una muestra convincente del poder que levantó a Jesús de entre los muertos.

PARA HACER
Explícale a un amigo algunas de las diferencias que Cristo ha obrado en tu vida.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.