Menú 40. Los críticos igleburger: Yo

Menú 40. Los críticos igleburger: Yo

a1¿Y quién soy yo para decir esto? ¿Acaso tengo derecho a escribir así? ¿Quién soy yo para enseñar a nadie? Yo, que vivo muchas veces una vida de “fast food”, que me mancho demasiadas veces con la grasa del pecado. Con un egoísmo insaciable que busca mi propio bienestar y un orgullo capaz de despreciar a otros con tal de sentirme mejor. Definitivamente no soy el más indicado para enseñar o motivar. Quizás todo lo que he escrito sea para enseñarme en primer lugar a mí mismo. Yo soy el primero que no debo descuidar mi manera de entender el evangelio. Solo soy un músico que, por suerte o por desgracia, ha visto demasiadas ciudades, personas, e iglesias, y su manera de trabajar. Y no puedo quedarme sin hacer nada. No lo sé hacer.

Por eso observo y escribo. Por eso intento servir y cuidar a esta Iglesia de la que soy un miembro más, y de la que dependo. La admiro porque es la novia de mi Señor, y por eso no quiero que nadie la maltrate. Porque quiero ser un buen amigo del esposo, Por eso a veces me inquieto un poco. Sé que dependo de la misericordia de Dios cada mañana para cuidar mi propia vida ¿Estaré haciendo lo correcto con todo lo que he dicho? Solo le pido a mi Señor que esto pueda servir para ayudar a mucha gente.

A mucha Iglesia.

Porque sé que muchos tienen estas inquietudes, las hablamos en la sobremesa.

Y si he cometido algunos errores, perdón, sigo aprendiendo, lo he hecho pensando que era lo mejor. Y quizás el hecho de que aún sea joven te ayude a perdonar mis atrevimientos (joven según el siglo XXI). Le pido al lector lo que Pabio nos aconsejó:

“Examinadlo todo; retened lo bueno”. 1 Tesalonicenses 5:21.

Durante el proceso de escribir la igleburger he aprendido mucho, en primer lugar de mí mismo y mi condición. No me quiero posicionar desde la torre, donde puedo observar a vista de pájaro sin inmutarme. Sé que soy parte del problema, el problema está en mí:

“Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo”. Romanos 7:18.

Pero sé que la solución también está en mí y en ti:

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”. Gálatas 2:20.

Gracias Jesús, a Ti dedico este libro, a Ti dedico mi vida, por Ti quiero tener la comida basura por lo que es: Basura.

Y deshacerme de todo peso que me asedia, para seguir corriendo la carrera que tengo por delante.

Acepta esta ofrenda de un joven imperfecto. Te aseguro que me esfuerzo cada día por agradarte más.

Ayúdame Señor Jesús.

“Señor, Tú lo sabes todo; tú sabes que te amo”. Juan 21:17.

Amén.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 199–201). Álex Sampedro.

Menú 39. ¿Qué puedo hacer yo?

Menú 39. ¿Qué puedo hacer yo?

a1Mucho

Puedes decidir que tu vida no sea así. Puedes decidir seguir a Jesús, en contra de lo que la corriente de este mundo te ha enseñado, incluso el mundo “cristiano”. Puedes decidir escuchar su voz y asumir los riesgos necesarios para que tu vida hable de Dios a todos. Puedes ser un hijo de tu Padre. Puedes ser un inconformista de lo que te han enseñado y estudiar las Escrituras por ti mismo, absorber todo lo que puedas de ellas y compartirlo con una comunidad de cristianos que, como tú, tienen hambre y sed de justicia. Leer mucho y estar a los pies de los mejores maestros de todas las épocas del cristianismo, absorber sus experiencias, escuchar sus historias de fe y sus reflexiones, lo tienes al alcance de tu mano. Usa Internet, usa tu “iPod”, usa incluso libros ¡Sí! Libros. Sobretodo los que han pasado la prueba del tiempo.

Puedes buscar a Dios, hablar con Él y preguntarle directamente.

Involúcrate en tu comunidad de fe, sirve, sirve en tu casa, a tu familia, a tus amigos, puedes hacerlo, sirve, enfoca tu vida en amar a Dios y a la gente, regálales tus oídos, tu tiempo, tus fuerzas, tu amor. Ama y sirve. Ora.

Aprenderás mucho más con una hora de servicio práctico que con muchas horas de pura teoría.

Piensa en tu misión y vive para ella. No olvides a aquellos que aún no le conocen. Tenlos siempre muy presente. Jesús lo hacía.

Involúcrate en tu sociedad

Sé diferente pero entre ellos, no te apartes de ellos, solo apártate del mal, Jesús oró por eso:

“No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal”. Juan 17:15.

Y sobretodo no te apartes de Él. Búscalo en tu intimidad, queda con tus amigos para estar con Él. Queda con tus amigos en el nombre de Jesús.

“Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Mateo 18:20.

No esperes resultados inmediatos, no seas “Fast food”, las cosas importantes llevan tiempo. Desarrolla tu paciencia para disfrutar del camino que te separa de hoy hasta lo que Dios tiene para mañana.

Entrega tu vida al Señor, cada día. Y hazlo todo como para Él.

¿Son muchas cosas? Genial, ¿Así que sí hay cosas que puedes hacer? Empieza entonces. Cambia tu corazón de piedra por uno de carne, de buena carne. Pídele ayuda al Señor. Ahora. No hay tiempo que perder.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 195–196). Álex Sampedro.

Menú 38. Ejemplo de una vida “Fast food” El “King” de las excusas

Menú 38. Ejemplo de una vida “Fast food” El “King” de las excusas

a1Cuando era un niño no podía servir a Dios porque ¿Cómo va servir a Dios un niño? No podía entender muchas cosas de la Biblia, me faltaba léxico, estudios, fuerza y estatura. Además dependía totalmente de mis padres para todo y encima ¡Era un niño! Tenía que disfrutar mi niñez ¿no? Suficiente era ir los domingos a la escuela dominical para pintar a Moisés, que casualmente tenía la misma cara que Jesús, Samuel, Josué y en un despiste de mi maestra, también era la cara de Rut. Pero más allá de eso, ¿qué más podía hacer? No me enseñaron a orar por mis papás, ni por mis amigos del cole, ni memorizar nada de la Biblia, alguna canción como mucho. Lo demás no es necesario, solo era un niño.

Cuando cumplí doce años empecé a adolecer algunos cambios y entré en la adolescencia. Y todo el mundo sabe lo difícil que es esa etapa. En primer lugar entras al instituto, nuevas responsabilidades, empezaba a salir con mis amigos, con un poco de suerte con mis amigas, y se mezclaban los videojuegos, el deporte y mis cambios hormonales con los estudios ¿Quién tiene tiempo para servir a Dios con 13, 14, 15 o 16 años? Definitivamente nadie.

A los 17 y 18 se abre un nuevo abanico de posibilidades, quizás empiezo a desarrollar mi propia economía, mis gastos, mis planes y proyectos, empiezo a trabajar y/o empiezo la universidad.

La universidad, un nuevo universo, horarios de locos, nuevos amigos más locos, profesores muy locos, exámenes de locos. Una locura. Añádele la noche universitaria, la mañana siguiente a la noche universitaria y el famoso concepto del “finde” universitario (Que empieza el jueves y termina el domingo) todo un nuevo mundo donde es imposible incluir a Dios, ¿A qué hora? Dime ¿Entre cuál y cuál asignatura meto esa asignatura pendiente?

Encima, con un poco de suerte (que cada uno valore si buena o mala) empiezas a salir con tu novia/o, y es entonces cuando dices: si ni siquiera tengo el tiempo que tenía para estar con mis amigos (algo prioritario en esa edad) ¿cómo voy a tener tiempo para Dios? Resumiendo, que NO, no se puede.

19, 20, 21, 22, 23 Bueno todos esos años son un poco parecidos, suelen cambiar algunas cosas pero, más o menos, estoy igual de ocupado, eso sí, uno de esos años hago un Erasmus y me voy a otro país a “estudiar” ¡ejem!, inglés, porque el inglés es muy importante, y estoy dispuesto a invertir un año de mi vida para aprender un nuevo idioma. Pero sigo sin tener tiempo, ¿No lo ves?

Quizás ahora es el momento…

Pero empiezo a trabajar en serio. O a buscar trabajo en serio, en cualquier caso, son nuevas preocupaciones añadidas a mi cabeza como para tener que estar pensando encima en los demás. Uno ha de ser sabio y pensar primero en sus cosas, y luego en los demás ¿No?

24, 25, 26, 27, 28, Creo que ahora sí, empiezo a ver algo de luz, tengo estabilidad económica (si ya he pasado la etapa anterior) y voy a empezar a servir pero… Me caso. Sí, me caso. Y como tú comprenderás casarme es mucho. ¿Cómo voy a preparar mi boda y servir a otros a la vez? ¿Pensar en cuál es mi llamado? ¿Sabes que tengo suegros que están peleándose conmigo por el color de las flores? Nadie puede servir al Señor cuando se va a casar.

29, 30. Pues me he casado. Y recién casado tampoco se puede servir al Señor. Hay que hacer ajustes en la relación, y decidir qué hacer con los calcetines sucios que crecen en el suelo de mi nueva casa por generación espontánea, o por no se qué duendes que habitan allí. Ajustes económicos, ajustes en el horario, en fin, casi no recomendaría servir al Señor recién casado, quizás la Biblia diga algo de eso por ahí, lo buscaré.

“Cuando alguno fuere recién casado, no saldrá a la guerra, ni en ninguna cosa se le ocupará; libre estará en su casa por un año, para alegrar a la mujer que tomó”. Deuteronomio 24:5 ¡Bingo!

A los 34 decido que voy a empezar a hacer algo, pero mi mujer se queda embarazada, ¡Nos hemos embarazado! Y no se puede servir al Señor embarazado.

35, nace el bebé, pañales, menos horas de sueño, más gasto, en fin, esta vez ni te explico, cae por su propio peso.

36, 37, 38, 39, vuelvo a pensar en servir pero… mi mujer se queda embarazada, otra vez.

Los cuarenta son complicados porque mi primer hijo va a entrar en la adolescencia, y no lo he discipulado, solo le he dado unas canciones en la escuela dominical y unos dibujitos para pintar que yo había dibujado treinta años antes. Su etapa juvenil es parecida a la mía y si ser adolescente es duro, ser padre de un adolescente puede ser peor.

Los cincuenta, puedo empezar a pensar en servir, no tengo las mismas fuerzas que antes, pero puedo intentarlo. Pero siempre hay trabas, ya sabemos cómo es la vida, los hijos, uno ya es grande pero el otro es adolescente aún y además, tengo que pensar en mi jubilación

Los sesenta son buenos años. Plácidos. Empiezan a venir los nietos, eso es una inversión de tiempo, y estoy a punto de jubilarme, creo que ahora sí.

A los “…taitantos” me jubilo. Ahora definitivamente ha llegado el momento. Pero, ¡espera!, llevo toda la vida trabajando, yo también merezco un descanso. Además, hay que dejar que otros también trabajen para Dios. Hay que pasar el testigo, es lo que me enseñaron.

Y yo contento.

Un día me muero, y todo el mundo sabe que en el Seol no hay trabajo ni obra

“Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría”. Eclesiastés 9:10.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 191–194). Álex Sampedro.

Menú 37. Lo que piensan de los jóvenes ¿Qué hay de cierto?

Menú 37. Lo que piensan de los jóvenes ¿Qué hay de cierto?

a1¿Sabes lo que dicen de nosotros? Que si no hay hamburguesas en la iglesia, no nos comprometemos. Sí, ¿No te da la sensación de que a veces te tratan como si fueras un poco bebé? Nos hablan de sueños que Dios tiene que cumplir en nosotros, como comentaba, nos piden cinco minutos al día para estar con Dios. Creen que si no nos ponen buena música, luces de neón y un ambiente “chill out”, no nos acercaremos a Dios (aunque son buenas ideas para hacer algo creativo, no podemos basar nuestra vida de oración en esas cosas). ¿No sientes que nos tratan así? ¿Será verdad que somos así? Ya no lo sé.

Pero sí te diré que mi Dios es real y que no necesita nada de eso para ser atractivo. Estoy de acuerdo en que usemos todo lo que esté a nuestro alcance para hacer comprensible el evangelio, pero sin olvidar el centro del evangelio y jamás sustituirlo por imitaciones baratas o cosas que “molan más”. Nuestra relación con Dios no puede depender de esas cosas infantiles. ¿Sabes? la Biblia dice que es en los jóvenes donde la Palabra de Dios permanece:

“Os he escrito a vosotros jóvenes porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros y habéis vencido al maligno”. Juan 2:14.

Sí, la Biblia nos enseña que somos fuertes, no débiles, no somos la parte difícil de pastorear de la Iglesia, no somos los conflictivos, los despreocupados, los que no tienen interés, los problemáticos. Somos los fuertes. Muchos que leen esto estarán riendo para sus adentros teniendo en mente a algunos jóvenes de sus comunidades. Con razón. Pero nuestro llamado, a pesar de todo, es ese. Los jóvenes debemos ser impulsores de la misión, no simples espectadores. Y me atrevo a decir que si los jóvenes tomaran la iniciativa en la misión dentro de sus comunidades de fe, en base a esa fuerza que Dios les ha dado, toda la iglesia saldría beneficiada porque

“la palabra de Dios permanece en vosotros”

Párate en esta frase. Se lo está diciendo a los jóvenes. ¿Por qué Juan les dice a los jóvenes, precisamente a los jóvenes, que la Palabra de Dios permanece en ellos?

Cuando vamos creciendo permitimos que los costumbrismos nos vayan modelando, que la tradición pese sobre la interpretación del texto. Pero los jóvenes somos más abiertos y estamos dispuestos a recibir Palabra fresca y viva, porque no tenemos nada que perder, nos gusta ese riesgo. Y aunque todos en cierta medida estamos condicionados, la verdad es que los jóvenes estamos más dispuestos al cambio, a la Reforma, a volver a los principios bíblicos sin adulterar, a reinterpretar el texto vivo de la Palabra y encarnarlo a la sociedad de la que formamos parte.

Porque quizás algunos “mayores” se bajaron del carro de la cultura hace tiempo, y se encerraron en castillos evangélicos de los cuales es difícil salir.

Y también entrar.

Por eso me entristece ver una generación que no ha aceptado su responsabilidad dentro de la Iglesia, no se ha preparado, no se quiere formar, no se ha tomado en serio a la Palabra de Dios, no hemos tenido temor del Señor. Pero como esa llama de cambio arde en todos los jóvenes, estén preparados o no, estamos haciendo cosas que no debemos, queriendo cambiar lo superficial, pensando que formamos parte de la gran revolución. Por eso los adultos no nos toman en serio. Y a veces tienen razón.

“¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo delsol”. Eclesiastés 1:9.

Nuestro papel es volver a las Escrituras y desde allí, reformar y encarnar. No desde nuestros criterios personales, ni por respuesta a los costumbrismos que nos cansan a todos. No como un acto de rebeldía, o para ser diferentes a la generación anterior. Sino por ser fieles a la Palabra, ser fieles a Jesús, el Mesías, ser fieles a la misión.

Como decían antiguamente: “Ecclesia reformata semper reformanda”. La iglesia reformada, siempre reformándose.

“Y habéis vencido al maligno…”

Hay una misión que cumplir y los jóvenes son los llamados a estar en la primera fila en el campo de batalla, no sentados en los últimos bancos de la iglesia. Junto con el resto de la iglesia iremos contra el Hades para derribar sus puertas.

“Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”. Mateo 16:18.

Sí, seremos diferentes, porque volveremos a Dios, y la fuerza que Dios nos dio nos ayudará.

Volveremos a la Palabra, y exprimiremos las verdades que hay en ella y beberemos, volveremos a tener fe sin prejuicios, creyendo como niños a su voz y sabiendo que, por encima de nuestras experiencias está su poder, y entonces venceremos, sabiendo que ya Dios ve que hemos vencido.

Porque somos fuertes, la Palabra de Dios permanece en nosotros y hemos vencido al maligno. Que así sea.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 187–190). Álex Sampedro.

Menú 36. Tómate un respiro: Venid a mí todos los que estáis cargados

Menú 36. Tómate un respiro: Venid a mí todos los que estáis cargados

a1“Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo”. Romanos 14:17.

¿Sabes? Dios nos llama a descansar. No nos llama a tener una vida acomodada y burguesa, pero sí a descansar. Muchos creyentes creen que “haciendo muchas cosas” obtendrán el visto bueno de Dios. Quizás no lo dicen, porque sabemos en teoría que todo es por gracia. Pero sí lo pensamos. Si mi vida cristiana es un continuo desasosiego y no tengo paz, ni gozo, y vivo agobiado constantemente, quizás no estoy viviendo correctamente mi vida cristiana.

Esto lo digo para aquellos hiperactivos, como yo, que quieren hacer y hacer, pero no dejan espacio para descansar, literalmente, físicamente, mentalmente, de todos sus quehaceres, y disfrutar de lo que Dios hizo, hace y hará. Si estás trabajando mucho, pero no disfrutas lo que haces, debes trabajar un poco menos o cambiar tu enfoque de trabajo.

Jesús nos dijo:

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”. Mateo 11:28–30.

Cuando el Maestro nos invita a arrepentirnos y a cambiar nuestra manera de pensar, no nos llama a una vida continuamente ajetreada, a sentirnos agobiados por lo que Él nos demanda. Todo lo contrario. Él quiere darnos confort en el alma.

Dios nos perdona, nos salva, y entonces podemos sentirnos libres para servirle con humildad y alegría de corazón. Nuestra vida cristiana es en agradecimiento y por amor a nuestro Señor, no una pesada carga que debemos llevar. Actualmente, muchos de nosotros vemos las “costumbres espirituales” como una carga que debemos cumplir más que como una bendición. Nos cuesta orar, leer la Palabra, reunimos, hablar entre nosotros, servir a la comunidad, predicar. Es posible que en nuestro día a día lleguemos a desgastar nuestra mente porque tomamos la vida cristiana como una obligación, por intentar devolver el favor a Jesús a toda costa. Y eso a la larga es insoportable. Si nos sentimos solo siervos de Dios y no disfrutamos de Él, si no sentimos ese gozo y esa paz, no podremos servirle. Si no tenemos ese descanso interno que Él nos ofrece no podremos soportar las pruebas que vienen de afuera.

Cuando Dios me salvó, lo hizo para Él. Para disfrutar de Él, para conocerle a Él, para profundizar en Él, para ser libre de mí, para liberarme de la carga que supone vivir mi vida atado al Yo. Cuando Dios me salvó, lo hizo para darme el descanso que mi alma necesitaba, Él es mi sábado, mi reposo, porque mi alma no estará tranquila hasta que no le conozca. (Hebreos 4).

Y esa paz es la que me llevará a vivir para Él. Nunca debemos poner el carro antes que los caballos.

Todo empieza conociendo a Dios, y luego, en respuesta, le servimos, porque nuestro corazón está agradecido por lo que hizo, y porque confiamos en Él para nuestro presente y futuro. Lo que digo es muy diferente a lo que la igleburger llama la comodidad. El llamado de Dios no es un llamado a vivir acomodado según los patrones de este mundo, sentado en un sofá, viendo la tele ocho horas al día mientras comes palomitas; pero sí a reposar en Jesús. Y quizás por ese reposo que Él nos ofrece, que sobrepasa a la paz que este mundo nos puede dar, somos capaces de asumir la gran comisión y vivir para Él.

“Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos”. Colosenses 3:15.

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”. Filipenses 4:6–7.

Su reino sobretodo es Justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Es decir, Jesús muere por nosotros y nos hace justicia delante del Padre, nos convierte en aceptos (aceptados) en el amado. Y eso nos lleva a tener esa paz, ese descanso que todos necesitamos en nuestra alma. Y esa paz con Dios nos trae el gozo, la alegría de vivir, vivir de verdad. Vivir para Dios.

JUSTICIA  –  PAZ  –  GOZO

“Yo he venido para que tengan vida, y vida en abundancia”. Juan 10:10.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 183–186). Álex Sampedro.

Menú 35. no vayas a la iglesia, sé la iglesia

Menú 35. no vayas a la iglesia, sé la iglesia

a1Un día Jesús fue al templo y echó a algunos que querían comerciar con Dios, que habían convertido su Casa en un mercado. Y empezaron a preguntarle.

“Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? Mas él hablaba del templo de su cuerpo”. Juan 2:19–21.

A pesar de lo que Jesús dijo, hoy aún creemos que los lugares sagrados existen. Lugares donde hay que portarse bien, o mejor de lo normal. Fuera de esos lugares puedes ser normal:), pero dentro de ese lugar hay que ser más santo, por que ese lugar es sagrado.

No solo eso, dentro de ese lugar, hay espacios más sagrados que otros. Como en el Antiguo Testamento, que estaba el lugar Santo y el lugar Santísimo.

Algunos los llamamos iglesia o templo. Y dentro de la iglesia está el altar, o la plataforma. Y no todos pueden estar ahí, solo los “levitas”. Los que no están acostumbrados a nuestra jerga y escuchan esa palabra, empiezan a imaginarse personas que vuelan… Y no están lejos de la realidad.

Y por ejemplo, si un músico quiere estar en la plataforma, le exigimos más que a un cristiano de a pie. Y empezamos a estratificar la iglesia otra vez, empezamos a etiquetar a las personas según rangos. Fomentamos una doble vida: Lo que hacemos en el lugar sagrado y lo que hacemos fuera de ese lugar. Nos ponemos de los nervios si alguien hace algo extraño en un templo, como ir vestido como una persona normal, o hablar como una persona normal, sin decir: “Hermano, Dios te bendiga”. O si un predicador no pone esa voz rara que se supone que tienen que poner los buenos predicadores como si fueran del siglo XIX. Pero, en cambio, no pasa nada si la gente vive fuera de la iglesia como le da la gana, sin contar con Dios en sus trabajos, sus estudios, su familia, etc. Mientras vayan religiosamente al templo, y allí se comporten como los demás, el sistema estará bien y perdurará.

Así, la igleburger puede seguir con su trabajo de ofrecer servicio a las personas que quieren incluir en su plan un poco de espiritualidad cristiana. Eso sí, hay que tenerla controlada dentro del templo, no vaya a ser que se vaya a escapar.

Quede claro que no estoy en contra de tener lugares de reunión donde la comunidad exprese su fe, donde se reúna de forma periódica para celebrar a Dios, para partir el pan, orar, adorar, celebrar, hablar, comer, y todas esas buenas costumbres que hacen de nosotros cristianos que forman parte de un cuerpo. También el autor de Hebreos nos lo recuerda:

“Y consider émonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”. Hebreos 10:24–25.

Pero al final, el local debe ser en nuestra mente un recurso, importante sí, pero un recurso al fin y al cabo.

Y su valor está en las personas que lo usan, y no al revés.

Y

¿Cuál es la alternativa que ofrece Jesús? ¿Qué templo quiere construir? ¿Qué es sagrado para Él?

“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es”. 1 Corintios 3:16–17.

Cuando decimos que el local (el templo) no es algo TAN importante como otras cosas, a algunos les salen las uñas. Tienen temor de que se desacralice la iglesia: “Los jóvenes tienen ganas de meter el mundo y sus maneras en la iglesia porque no están conformes” (…) tristemente eso es verdad en parte. Algunas personas quieren poner “la iglesia” a su gusto, porque prefieren hacer lo que siempre hacen, incluso en “la iglesia”, y no practicar en ningún caso las costumbres espirituales que nos definen. Y además, sin tener en cuenta a las otras generaciones. Esto también es fruto de la igleburger.

Pero hay otras personas que tienen una motivación diferente. Yo no quiero que “la iglesia” (el local, el templo) se desacralice. Todo lo contrario:

¡Quiero que toda nuestra vida sea sagrada! Jesús nos lo enseñó así. Tan importante es lo que hago dentro del local como fuera. Tan santo es el momento de reunión del domingo por la mañana como la tarde del martes que estoy en mi casa, solo.

Eso no le resta importancia al domingo por la mañana cuando estoy con mis hermanos de todas las edades. Solo los corazones que NO tienen un compromiso real con su iglesia local pueden usar eso como excusa.

Hago real mi vida espiritual. Ya no está enclaustrada en un lugar, sino que es libre para adorar en cualquier sitio.

“El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas”. Hechos 17:24.

El camino fácil es el de querer tener control sobre el Dios que vive en ese templo, al que podemos ir o no. Encerrado en su jaula de oro, no queremos que se inmiscuya en nuestra vida más allá de ese local al que “vamos”, y que tampoco nos afecte más allá de ese día a la semana, donde nos ponemos la corbata evangélica y la sonrisa forzada que desaparece el “bendito lunes”.

Frente a eso te digo:

Sé la iglesia,

quitémonos de una vez esa mentalidad consumista, y vivamos en comunidad el llamado de Jesús, en el mundo real.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 179–182). Álex Sampedro.

Menú 34. Comida basura

Menú 34. Comida basura

a1“Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo”. Filipenses 3:7–8.

Pablo, el de Tarso, estaba en la misión. En su mente no cabía una igleburger de ningún tipo. Él se dedicaba a fundar iglesias a lo largo y ancho del Imperio Romano, sin aviones, sin Internet, sin CDs de música ¡sin PowerPoint! Dios lo había llamado tirándolo al suelo, con una luz fulgurante que lo dejó ciego temporalmente. La conversación que tuvieron es interesante, hablaron de coces, aguijones y demás. La típica conversación que solemos tener con Dios…

“Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer”. Hechos 9:3–6.

Dios lo llamó para salvarle y para que Él viviera la aventura que jamás soñó. Mira lo que le dijo Dios a un profeta que tenía que curarle la vista a Pablo, después de su conversión.

“El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre”. Hechos 9:15–16.

Sí. Pablo iba a descubrir una vida entregada a Dios, una vida en medio de un huracán. Realmente apasionante.

Antes, Él había logrado muchas cosas. Tenía un curriculum digno de admirar en su época, había tenido los mejores profesores:

“Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible”. Filipenses 3:4–6.

“Yo de cierto soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel, estrictamente conforme a la ley de nuestros padres, celoso de Dios, como hoy lo sois todos vosotros”. Hechos 22:3.

Nosotros hoy también queremos conseguir muchas cosas parecidas. Un nombre, una posición, una buena formación, un buen trabajo, una carrera profesional que ascienda vertiginosamente, una familia acomodada, recursos y caprichos.

Cuando nos convertimos en cristianos y no dejamos atrás esos deseos nos acercamos a Dios pidiéndole que nos dé todas esas cosas que no tienen porque no ser lícitas. Y una y otra vez le pedimos y le rogamos por todas esas cosas.

Pero Pablo, que vivía sólo para Dios dice que estima todo eso como basura.

Estiércol podría ser una buena traducción. Y no es que Pablo crea que todo eso no sirva para nada, sino que en comparación con el conocimiento de Dios, es como basura. Lo tiene como pérdida, como algo que no le aporta en comparación con el amor de Jesús y el poder conocer a su Señor.

Y de una forma muy real, Pablo perdió todo eso y lo tuvopor basura para ganar a Cristo. Es decir, para tenerlo a Él. Antes de ganar un buen trabajo, una buena reputación, serel mejor en los estudios, o antes de ganar un buen sueldo, prefería ganar a Cristo y estar en Él y con Él.

A la comida rápida, también se le llama comida basura, no porque sea algo imposible de comer, sino porque comparado con otros platos la verdad es que dejan mucho que desear. Aparte no es comida muy saludable, solo hay que ver el documental “Super Size Me”. Acabas teniendo problemas de colesterol, sobrepeso, etc. Y, aunque engorda, no es muy nutritiva. ¡Pero cómo nos gusta!

Y a pesar de que lo sabemos, hoy nos acercamos a nuestro Dios y la oración que más le repetimos es:

¡Oh Señor! ¡Dame más de todo esto que quiero! ¡Más comida basura! ¡Aumenta mi contenedor para que pueda albergar más basura! ¡Por favor! Te lo pido, en el nombre de Jesús. Amén.

Nuestra oración es un reflejo de lo que hay en nuestro corazón. Si en nuestro interior nuestras mayores preocupaciones son las que he mencionado más arriba, nuestra oración se parecerá bastante a esta. Y gracias a Dios, estas oraciones no siempre son respondidas. Dios no quiere darnos comida basura, quiere darnos lo que necesitamos.

Y lo que necesitamos es conocerlo, vivir en su Reino, y que se haga su Voluntad en nuestras vidas de una forma real, porque su Voluntad es la única que es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2).

Por eso te recomiendo que no pidamos más comida basura y dediquemos nuestra vida a vivir buscando lo mejor para ganar a Cristo.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 175–178). Álex Sampedro.

Menú 33. El Verbo se hizo carne: Hazte entender

Menú 33. El Verbo se hizo carne: Hazte entender

a1“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habit ó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”. Juan 1:14.

La iglesia habla un idioma que el mundo no entiende. La gente no entiende nuestra jerga: “bendiciones”, “El Espíritu me ha revelado la santa voluntad del Cordero a través de la Palabra”, “tengo una raíz de amargura” ¿Alguien sabe qué significa aleluya? ¿Hosanna? ¿Maranata?

La gente tampoco entiende nuestras formas: ¿Por qué algunos se visten así? ¿Por qué nuestros lugares/iglesias son así? ¿Por qué los bancos son de madera? ¿Por qué son tan incómodos? ¿Cuánto más incómodos, más espirituales? ¿Qué ocurre con el dinero que da la gente? ¿Por qué nuestras Biblias son tan grandes? Y no voy a entrar en el tema de las corbatas, sobretodo en esos días de calor abrasador. En fin, todo esto no es malo. Me encantan los bancos de los parques, me encanta la palabra aleluya y lo que significa, creo que el diezmo es algo genial que debemos practicar y que me mantiene unido y comprometido a mi comunidad, y que cada uno se vista como quiera. Pero la gente que todavía no lo conoce ¿Lo entiende? Te digo más. La gente que acaba de conocerle ¿Lo entiende? ¿Sabemos explicarlo? ¿Sabemos transmitir el mensaje a los que tienen inquietudes espirituales?

Martín Lutero hizo algunas cosas interesantes con su vida. (Más bien Dios hizo cosas interesantes con su vida:)).

Por un lado, redescubrió algo muy importante de la teología propia ¿Te acuerdas de lo que era eso? (lo que creemos y sabemos de Dios, quién es y qué hace).

Volvió a las Escrituras y vio que Dios nos salvaba por gracia, y que quería que creyéramos en Él y en su Hijo como suficientes para salvarnos. No debíamos tener esa carga y culpa para siempre, y esperar toda la vida el juicio de un Dios que estaba ahí para castigar al pecador. Dios es amor y Lutero lo vivió. No hacía falta intermediarios para estar con Dios, Jesús era suficiente. No había que pagar ninguna cantidad de dinero a nadie para salvarse, Jesús lo había pagado todo. No teníamos que vivir en temor ni esclavitud, sino que podíamos clamar Abba, llamar papá a Dios, y confiar, y tener fe en Él para nuestra salvación. Esto supuso una verdadera revolución en su época, una Reforma. Había visto lo que el Verbo era, el verdadero mensaje de Jesús, pero no se quedó ahí. También quiso hacer comprensible un mensaje tan importante. Esta frase condensa lo que él creía:

Sola Fide, Sola Gratia, Sola Scriptura: Solo la Fe, solo la Gracia, solo la Escritura

Martín Lutero tradujo la Biblia del latín al alemán para hacerla comprensible a su gente y relevante para su sociedad. Además, utilizó la última tecnología de la época. Cerca de donde él vivía habían inventado algo que revolucionaría la historia: La imprenta. Y Martín fue de los primeros en utilizarla, no tuvo miedo a lo novedoso de los medios, él quería transmitir el mensaje y sabía que las formas se podían adaptar siempre y cuando el contenido fuera fiel a las Escrituras.

No solo eso, también era un buen músico y se puso a componer canciones que transmitieran el mensaje. Hasta ese momento las canciones que se cantaban en las iglesias solo las cantaban los monjes o las monjas y los sacerdotes. Pero Martín quería componer para el pueblo. Sus melodías eran parecidas a las que cantaban en las tabernas, en las calles, en las plazas. En aquellas tabernas (tabernas alemanas) cantaban canciones mientras chocaban sus jarras de a litro de cerveza unos con otros. Y Martín se inspiró en esas melodías, y en el salmo 46. y empezó a componer:

Castillo fuerte es nuestro Dios.…

Había cambiado el envase, pero fue fiel a las bases

Y así el Evangelio se extendía entre la gente. Tanto así, que le acusaban de que ¡Sus canciones las cantaban por las calles! Ojalá volvieran a acusarnos así.

El primero que se esforzó en hacer comprensible el mensaje fue Dios mismo

¡El verbo se hizo carne! Se atrevió a juntarse con nosotros, unos pecadores profesionales, nos escuchó hablar, sentir, charlar de nuestros temas, se hizo como nosotros. Se hizo carne para llegar a nosotros. Hizo comprensible el mensaje del Evangelio que Dios desde el principio nos quería comunicar. Tenemos el derecho de cambiar las formas, tenemos la obligación de hacerlo, porque es parte de lo que se nos ha encomendado. Pablo lo hizo:

“Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley; a los que están sin ley como si yo estuviera sin ley (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos. Y esto hago por causa del evangelio, para hacerme copartícipe de él”. 1 Corintios 9:20–23.

Es importante que aprendamos a transmitir la verdad de Dios a nuestra sociedad y que estemos dispuestos a adaptar nuestras formas a las nuevas maneras de comunicarnos. Si el ser tan formal a la hora de compartir, usando un púlpito, una liturgia que recuerda a un mitin político, reuniones con una persona hablando y todos los demás diciendo solamente ¡Amén!, ya no alcanza a los perdidos, debemos cambiar nuestra forma de predicar (en el sentido amplio de la palabra) y bajarnos del púlpito, compartir de otras maneras, con otras palabras, traducir la Biblia a un nuevo idioma, siendo fiel a la Escritura y su mensaje, pero siendo sensible a los oídos e inquietudes de nuestra generación y, por ejemplo, tener reuniones que reflejen de otras maneras lo que es la Iglesia hoy.

No debemos tener miedo de las nuevas tecnologías, son herramientas de Dios para su Evangelio. Démonos la oportunidad de cambiar aquellas cosas accesorias e impulsemos la misión de Dios en esta tierra.

Quizás, el único cuidado que hay que tener es saber distinguir siempre entre el fondo y las formas, y no vender el mensaje del evangelio al mejor precio, sino saber adaptarnos a los tiempos y las culturas, manteniéndonos fieles al mensaje que se nos ha encomendado.

Jesús quiere que tengamos la misión en mente y vivamos para ella con todos los recursos que estén a nuestro alcance. ¿A qué estamos esperando?

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 169–172). Álex Sampedro.

Menú 32. Pero si la iglesia no es una hamburguesería, entonces ¿qué es?

Menú 32. Pero si la iglesia no es una hamburguesería, entonces ¿qué es?

a1La iglesia es un cuerpo, pero no un cuerpo cualquiera. Es el cuerpo de Cristo. Puede parecer que la iglesia es un club, o un hospital, una empresa, o cualquier otra cosa, pero es mucho más. Quizás puede ser todo eso en apariencia, pero en el fondo no.

“Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular”. 1 Corintios 12:27.

“Y Él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia”. Colosenses 1:18a.

“Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios”. 2 Corintios 5:20.

Cuando Dios ve su iglesia, ¿Qué ve? Ve sus embajadores en la tierra, los que deben seguir haciendo lo que Jesús hacía cuando estaba aquí. Ve su Espíritu en la iglesia para continuar con el trabajo de anunciar las Buenas Noticias. Ve un cuerpo que debe volver a tocar a los leprosos, sanar a los enfermos, liberar a los cautivos, dar vista a los ciegos. Ve una comunidad que debe ser el cielo en la tierra, lo más parecido a lo que ocurriría si Jesús fuera el Rey, el Presidente de este mundo. Representantes de Dios. Porque la gente cuando ve a la iglesia, quiere ver a Dios, y si no lo representamos como Él se merece, las consecuencias son nuestra situación actual. Ve un cuerpo, que aunque no estamos todos juntos físicamente, de una manera extraña, si estamos trabajando con un objetivo común.

Ve a su novia, su esposa, los que estarán con Él, los que se unirán a Él de una forma que aún somos incapaces de entender en su totalidad. Y ve cómo lo amamos, cómo lo admiramos. (Apocalipsis 21:9).

Ve amigos, sus amigos, personas a las que les encomendó la tarea más importante: decirle al mundo que Dios quiere que nos reconciliemos con Él, y por eso nos ha dado trabajo: El trabajo de la reconciliación.

Ve potencial, un potencial que Él ha sembrado, talentos que ha dejado en nuestras manos, y que no nos es permitido enterrar o esconder.

Ve una comunidad de discípulos a su alrededor que quieren aprender de Él cada día más. Que tienen de Maestro, al Creador (Mateo 28:19–20).

Ve misioneros, que quizás no hacen grandes viajes o quizás sí, pero lo importante es que saben que viven en una misión, que son mucho más que trabajadores, o estudiantes, o evangélicos; son hijos de Dios y la creación los está esperando.

“Porque el anhelo ardiente de la creaci ón es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios”. Romanos 8:19.

Ve un pueblo diferente, con valores diferentes para vivir, relacionarse, pedir perdón, con bases diferentes para acercarse a otros. Ve gente sagrada, personas que saben que todo lo que hacen es en realidad para Dios.

“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres”. Colosenses 3:23.

Que no distinguen entre vida secular y cristiana porque son lo que son, estén donde estén. Ve una nación con objetivos muy diferentes a los de las otras naciones, con estructuras diferentes a las otras, constituida de forma diferente y con reglas diferentes.

“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”. 1 Pedro 2:9.

Jesús ve un cuerpo, su cuerpo, del cual Él es la cabeza, y quiere enviar órdenes a su cuerpo para que éste se mueva, corra y cambie el mundo. Él lo ve. Y para Él es real ¿Lo ves tú?

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (p. 165). Álex Sampedro.

Menú 31. El evangelio de oferta

Menú 31. El evangelio de oferta

a1La mentalidad igleburger se podría resumir en tres frases:

Lo quiero ahora, lo quiero para mí y quiero que me cueste lo más barato posible

No queremos pasar por procesos que nos hagan madurar, ni recorrer desiertos que nos hagan depender de Dios. Queremos que el Salvador nos solucione el problema y que nos sirva un manjar de frutos cuanto antes. Sin embargo, recibimos semillas que debemos sembrar, regar, cuidar y podar. Y eso quizás nos decepciona.

Además, cuando nos acercamos a Dios, tendemos a pensar en nosotros: Es para mí, yo soy el mayor necesitado, dame esto, facilítame aquello y nos convertimos en los grandes protagonistas del cosmos.

Y encima, queremos que no nos cueste nada. Cuanto más económico, mejor. Si puedo ahorrarme algo de mi vida que no tenga que entregar, muchísimo mejor, como si Dios entrará en esos negocios.

“Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna? El le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. Le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio. Honra a tu padre y a tu madre; y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta? Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones”. Mateo 19:16–22.

Dios amó a este joven. Él quería algo: heredar la vida eterna. Como aquel hijo pródigo que le pidió la herencia a su Padre aún vivo. Quería una solución ahora. Jesús le respondió que cumpliera los mandamientos, y este joven afirmó que los cumplía todos y cada uno de ellos. Pero entonces, Jesús le respondió que tenía que cambiar su perspectiva, entregar toda su vida a Él, vivir para los demás y que le siguiera. Le pidió lo que quizás más le costaba, en este caso, sus riquezas, y no quiso pagar el precio, mucho menos para que lo disfrutaran otros. Así que se fue triste.

La oportunidad que se nos ofrece es un regalo, y si Dios realmente trabaja en nuestras vidas podremos cambiar nuestra mentalidad de igleburger y tendremos la capacidad de tomar la decisión correcta y no irnos tristes.

Dios quiere que seamos pacientes, que sepamos esperar y entrar en sus procesos. El tiene su tiempo y debemos aprender a seguir viviendo en la esperanza.

Dios quiere que cambiemos nuestra vida de enfoque y vivamos para los demás, porque Él es suficiente.

Dios quiere que estemos dispuestos a pagar el precio, porque sabe que vale la pena.

Ahora…….Paciencia proceso
Para mí….Para los demás
Barato……Pagando el precio

Además, no puedo evitar pensar que, detrás de lo que Dios quiere que hagamos, siempre hay recompensa, de algún tipo. Quizás no es la que imaginamos, quizás no en el tiempo que la imaginamos, quizás no en esta vida o quizás sí, pero no es lo importante. Sí, hay recompensa, una recompensa que no podemos ni imaginar, y otras que sí. Lo que sé seguro, es que el es galardonador de los que le buscan (busca la palabra galardonador en el diccionario). Hebreos 11:6.

Esto, sí lo vivimos juntos, hará la diferencia entre una comunidad y una comodidad. Se parecen, pero no tienen nada que ver. Hablemos de la iglesia.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 161–163). Álex Sampedro.