Menú 37. Lo que piensan de los jóvenes ¿Qué hay de cierto?

Menú 37. Lo que piensan de los jóvenes ¿Qué hay de cierto?

a1¿Sabes lo que dicen de nosotros? Que si no hay hamburguesas en la iglesia, no nos comprometemos. Sí, ¿No te da la sensación de que a veces te tratan como si fueras un poco bebé? Nos hablan de sueños que Dios tiene que cumplir en nosotros, como comentaba, nos piden cinco minutos al día para estar con Dios. Creen que si no nos ponen buena música, luces de neón y un ambiente “chill out”, no nos acercaremos a Dios (aunque son buenas ideas para hacer algo creativo, no podemos basar nuestra vida de oración en esas cosas). ¿No sientes que nos tratan así? ¿Será verdad que somos así? Ya no lo sé.

Pero sí te diré que mi Dios es real y que no necesita nada de eso para ser atractivo. Estoy de acuerdo en que usemos todo lo que esté a nuestro alcance para hacer comprensible el evangelio, pero sin olvidar el centro del evangelio y jamás sustituirlo por imitaciones baratas o cosas que “molan más”. Nuestra relación con Dios no puede depender de esas cosas infantiles. ¿Sabes? la Biblia dice que es en los jóvenes donde la Palabra de Dios permanece:

“Os he escrito a vosotros jóvenes porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros y habéis vencido al maligno”. Juan 2:14.

Sí, la Biblia nos enseña que somos fuertes, no débiles, no somos la parte difícil de pastorear de la Iglesia, no somos los conflictivos, los despreocupados, los que no tienen interés, los problemáticos. Somos los fuertes. Muchos que leen esto estarán riendo para sus adentros teniendo en mente a algunos jóvenes de sus comunidades. Con razón. Pero nuestro llamado, a pesar de todo, es ese. Los jóvenes debemos ser impulsores de la misión, no simples espectadores. Y me atrevo a decir que si los jóvenes tomaran la iniciativa en la misión dentro de sus comunidades de fe, en base a esa fuerza que Dios les ha dado, toda la iglesia saldría beneficiada porque

“la palabra de Dios permanece en vosotros”

Párate en esta frase. Se lo está diciendo a los jóvenes. ¿Por qué Juan les dice a los jóvenes, precisamente a los jóvenes, que la Palabra de Dios permanece en ellos?

Cuando vamos creciendo permitimos que los costumbrismos nos vayan modelando, que la tradición pese sobre la interpretación del texto. Pero los jóvenes somos más abiertos y estamos dispuestos a recibir Palabra fresca y viva, porque no tenemos nada que perder, nos gusta ese riesgo. Y aunque todos en cierta medida estamos condicionados, la verdad es que los jóvenes estamos más dispuestos al cambio, a la Reforma, a volver a los principios bíblicos sin adulterar, a reinterpretar el texto vivo de la Palabra y encarnarlo a la sociedad de la que formamos parte.

Porque quizás algunos “mayores” se bajaron del carro de la cultura hace tiempo, y se encerraron en castillos evangélicos de los cuales es difícil salir.

Y también entrar.

Por eso me entristece ver una generación que no ha aceptado su responsabilidad dentro de la Iglesia, no se ha preparado, no se quiere formar, no se ha tomado en serio a la Palabra de Dios, no hemos tenido temor del Señor. Pero como esa llama de cambio arde en todos los jóvenes, estén preparados o no, estamos haciendo cosas que no debemos, queriendo cambiar lo superficial, pensando que formamos parte de la gran revolución. Por eso los adultos no nos toman en serio. Y a veces tienen razón.

“¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo delsol”. Eclesiastés 1:9.

Nuestro papel es volver a las Escrituras y desde allí, reformar y encarnar. No desde nuestros criterios personales, ni por respuesta a los costumbrismos que nos cansan a todos. No como un acto de rebeldía, o para ser diferentes a la generación anterior. Sino por ser fieles a la Palabra, ser fieles a Jesús, el Mesías, ser fieles a la misión.

Como decían antiguamente: “Ecclesia reformata semper reformanda”. La iglesia reformada, siempre reformándose.

“Y habéis vencido al maligno…”

Hay una misión que cumplir y los jóvenes son los llamados a estar en la primera fila en el campo de batalla, no sentados en los últimos bancos de la iglesia. Junto con el resto de la iglesia iremos contra el Hades para derribar sus puertas.

“Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”. Mateo 16:18.

Sí, seremos diferentes, porque volveremos a Dios, y la fuerza que Dios nos dio nos ayudará.

Volveremos a la Palabra, y exprimiremos las verdades que hay en ella y beberemos, volveremos a tener fe sin prejuicios, creyendo como niños a su voz y sabiendo que, por encima de nuestras experiencias está su poder, y entonces venceremos, sabiendo que ya Dios ve que hemos vencido.

Porque somos fuertes, la Palabra de Dios permanece en nosotros y hemos vencido al maligno. Que así sea.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 187–190). Álex Sampedro.

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