Menú 40. Los críticos igleburger: Yo

Menú 40. Los críticos igleburger: Yo

a1¿Y quién soy yo para decir esto? ¿Acaso tengo derecho a escribir así? ¿Quién soy yo para enseñar a nadie? Yo, que vivo muchas veces una vida de “fast food”, que me mancho demasiadas veces con la grasa del pecado. Con un egoísmo insaciable que busca mi propio bienestar y un orgullo capaz de despreciar a otros con tal de sentirme mejor. Definitivamente no soy el más indicado para enseñar o motivar. Quizás todo lo que he escrito sea para enseñarme en primer lugar a mí mismo. Yo soy el primero que no debo descuidar mi manera de entender el evangelio. Solo soy un músico que, por suerte o por desgracia, ha visto demasiadas ciudades, personas, e iglesias, y su manera de trabajar. Y no puedo quedarme sin hacer nada. No lo sé hacer.

Por eso observo y escribo. Por eso intento servir y cuidar a esta Iglesia de la que soy un miembro más, y de la que dependo. La admiro porque es la novia de mi Señor, y por eso no quiero que nadie la maltrate. Porque quiero ser un buen amigo del esposo, Por eso a veces me inquieto un poco. Sé que dependo de la misericordia de Dios cada mañana para cuidar mi propia vida ¿Estaré haciendo lo correcto con todo lo que he dicho? Solo le pido a mi Señor que esto pueda servir para ayudar a mucha gente.

A mucha Iglesia.

Porque sé que muchos tienen estas inquietudes, las hablamos en la sobremesa.

Y si he cometido algunos errores, perdón, sigo aprendiendo, lo he hecho pensando que era lo mejor. Y quizás el hecho de que aún sea joven te ayude a perdonar mis atrevimientos (joven según el siglo XXI). Le pido al lector lo que Pabio nos aconsejó:

“Examinadlo todo; retened lo bueno”. 1 Tesalonicenses 5:21.

Durante el proceso de escribir la igleburger he aprendido mucho, en primer lugar de mí mismo y mi condición. No me quiero posicionar desde la torre, donde puedo observar a vista de pájaro sin inmutarme. Sé que soy parte del problema, el problema está en mí:

“Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo”. Romanos 7:18.

Pero sé que la solución también está en mí y en ti:

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”. Gálatas 2:20.

Gracias Jesús, a Ti dedico este libro, a Ti dedico mi vida, por Ti quiero tener la comida basura por lo que es: Basura.

Y deshacerme de todo peso que me asedia, para seguir corriendo la carrera que tengo por delante.

Acepta esta ofrenda de un joven imperfecto. Te aseguro que me esfuerzo cada día por agradarte más.

Ayúdame Señor Jesús.

“Señor, Tú lo sabes todo; tú sabes que te amo”. Juan 21:17.

Amén.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 199–201). Álex Sampedro.

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