¿Deberían celebrar la Navidad los cristianos?

¿Deberían celebrar la Navidad los cristianos?

Gracia a Vosotros :: Desatando la Verdad de Dios, Un Versículo a la Vez.

¿Deberían celebrar la Navidad los cristianos?

Escritura: Escrituras Seleccionadas
Código: QA74 

a1La Escritura no manda que los creyentes celebren la Navidad – no hay ciertos “días santos” que la iglesia debe observar. De hecho, la Navidad no fue observada como una fiesta hasta mucho después de la era bíblica. No fue hasta mediados del siglo quinto que la Navidad fue reconocida oficialmente.

Nosotros creemos que celebrar la Navidad no es una cuestión de bien o mal, ya que Romanos 14:5-6 nos provee la libertad de decidir si queremos observar estos días especiales o no:

“Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios” (Rom. 14:5-6).

De acuerdo a estos versículos, el cristiano puede elegir legítimamente cualquier día – incluyendo Navidad – como un día para el Señor. Nosotros creemos que la Navidad da a los creyentes una gran oportunidad de exaltar a Jesucristo.

Primero, la temporada de Navidad nos recuerda de grandes verdades de la encarnación. Recordar verdades importantes sobre Cristo y el Evangelio es un tema relevante en el Nuevo Testamento (1 Cor. 11:25; 2 Ped. 1:12-15; 2 Tes. 2:5). La Verdad necesita ser repetida porque puede ser olvidada fácilmente. Entonces, debemos celebrar la Navidad para conmemorar el nacimiento de Cristo y el maravilloso misterio de la Encarnación.

La Navidad también puede ser un tiempo de alabanza reverente. Los pastores glorificaron y alabaron a Dios por el nacimiento de Jesús, el Mesías. Se regocijaron cuando los ángeles proclamaron que en Belén había nacido el Salvador, Cristo el Señor (Lucas 2:11). El niño puesto en el pesebre ese día es nuestro Salvador, el “Señor de señores y Rey de reyes” (Mateo 1:21; Apoc. 17:14).

Finalmente, la gente tiende a ser más abierta al Evangelio durante la temporada de Navidad. Debemos aprovechar esto para testificarles de la gracia salvadora de Dios por medio de Jesucristo. La Navidad se trata del Mesías prometido, quien vino a salvar a Su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21). Esta fiesta nos provee una maravillosa oportunidad para compartir esta verdad.

Aunque nuestra sociedad ha reemplazado el mensaje de Navidad por lo material y el consumismo, así como tambien por mitos y tradiciones vanas, no debemos dejar que nos distraigan de apreciar el verdadero sentido de la Navidad. Aprovechemos esta oportunidad para acordarnos de Él, alabarle a Él y testificar fielmente de Él.

 

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Satanás y La Palabra

 Satanás y La Palabra

Samuel Pérez Millos

Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar. Y se le juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa. Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno. El que tiene oídos para oír, oiga. Mateo 13: 1-9

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El Matrimonio

Seré Honesto

El Matrimonio

Paul Washer

El Ministerio Principal
Maridos, amen a sus mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio El mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra, – Efesios 5:25-26

Paul David Washer (Estados Unidos, 11 de septiembre de 1961) es un misionero, evangelico, escritor, fundador y director de la Sociedad Misionera Heartcry que apoya el trabajo misionero con los nativos sudamericanos, también es predicador itinerante de la Convención Bautista del Sur.1​ Aparte de sus viajes y predicas, Paul es profesor invitado en varios seminarios, en particular en el Seminario de Master (The Master’s Seminary).

Menú 40. Los críticos igleburger: Yo

Menú 40. Los críticos igleburger: Yo

a1¿Y quién soy yo para decir esto? ¿Acaso tengo derecho a escribir así? ¿Quién soy yo para enseñar a nadie? Yo, que vivo muchas veces una vida de “fast food”, que me mancho demasiadas veces con la grasa del pecado. Con un egoísmo insaciable que busca mi propio bienestar y un orgullo capaz de despreciar a otros con tal de sentirme mejor. Definitivamente no soy el más indicado para enseñar o motivar. Quizás todo lo que he escrito sea para enseñarme en primer lugar a mí mismo. Yo soy el primero que no debo descuidar mi manera de entender el evangelio. Solo soy un músico que, por suerte o por desgracia, ha visto demasiadas ciudades, personas, e iglesias, y su manera de trabajar. Y no puedo quedarme sin hacer nada. No lo sé hacer.

Por eso observo y escribo. Por eso intento servir y cuidar a esta Iglesia de la que soy un miembro más, y de la que dependo. La admiro porque es la novia de mi Señor, y por eso no quiero que nadie la maltrate. Porque quiero ser un buen amigo del esposo, Por eso a veces me inquieto un poco. Sé que dependo de la misericordia de Dios cada mañana para cuidar mi propia vida ¿Estaré haciendo lo correcto con todo lo que he dicho? Solo le pido a mi Señor que esto pueda servir para ayudar a mucha gente.

A mucha Iglesia.

Porque sé que muchos tienen estas inquietudes, las hablamos en la sobremesa.

Y si he cometido algunos errores, perdón, sigo aprendiendo, lo he hecho pensando que era lo mejor. Y quizás el hecho de que aún sea joven te ayude a perdonar mis atrevimientos (joven según el siglo XXI). Le pido al lector lo que Pabio nos aconsejó:

“Examinadlo todo; retened lo bueno”. 1 Tesalonicenses 5:21.

Durante el proceso de escribir la igleburger he aprendido mucho, en primer lugar de mí mismo y mi condición. No me quiero posicionar desde la torre, donde puedo observar a vista de pájaro sin inmutarme. Sé que soy parte del problema, el problema está en mí:

“Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo”. Romanos 7:18.

Pero sé que la solución también está en mí y en ti:

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”. Gálatas 2:20.

Gracias Jesús, a Ti dedico este libro, a Ti dedico mi vida, por Ti quiero tener la comida basura por lo que es: Basura.

Y deshacerme de todo peso que me asedia, para seguir corriendo la carrera que tengo por delante.

Acepta esta ofrenda de un joven imperfecto. Te aseguro que me esfuerzo cada día por agradarte más.

Ayúdame Señor Jesús.

“Señor, Tú lo sabes todo; tú sabes que te amo”. Juan 21:17.

Amén.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 199–201). Álex Sampedro.

Menú 39. ¿Qué puedo hacer yo?

Menú 39. ¿Qué puedo hacer yo?

a1Mucho

Puedes decidir que tu vida no sea así. Puedes decidir seguir a Jesús, en contra de lo que la corriente de este mundo te ha enseñado, incluso el mundo “cristiano”. Puedes decidir escuchar su voz y asumir los riesgos necesarios para que tu vida hable de Dios a todos. Puedes ser un hijo de tu Padre. Puedes ser un inconformista de lo que te han enseñado y estudiar las Escrituras por ti mismo, absorber todo lo que puedas de ellas y compartirlo con una comunidad de cristianos que, como tú, tienen hambre y sed de justicia. Leer mucho y estar a los pies de los mejores maestros de todas las épocas del cristianismo, absorber sus experiencias, escuchar sus historias de fe y sus reflexiones, lo tienes al alcance de tu mano. Usa Internet, usa tu “iPod”, usa incluso libros ¡Sí! Libros. Sobretodo los que han pasado la prueba del tiempo.

Puedes buscar a Dios, hablar con Él y preguntarle directamente.

Involúcrate en tu comunidad de fe, sirve, sirve en tu casa, a tu familia, a tus amigos, puedes hacerlo, sirve, enfoca tu vida en amar a Dios y a la gente, regálales tus oídos, tu tiempo, tus fuerzas, tu amor. Ama y sirve. Ora.

Aprenderás mucho más con una hora de servicio práctico que con muchas horas de pura teoría.

Piensa en tu misión y vive para ella. No olvides a aquellos que aún no le conocen. Tenlos siempre muy presente. Jesús lo hacía.

Involúcrate en tu sociedad

Sé diferente pero entre ellos, no te apartes de ellos, solo apártate del mal, Jesús oró por eso:

“No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal”. Juan 17:15.

Y sobretodo no te apartes de Él. Búscalo en tu intimidad, queda con tus amigos para estar con Él. Queda con tus amigos en el nombre de Jesús.

“Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Mateo 18:20.

No esperes resultados inmediatos, no seas “Fast food”, las cosas importantes llevan tiempo. Desarrolla tu paciencia para disfrutar del camino que te separa de hoy hasta lo que Dios tiene para mañana.

Entrega tu vida al Señor, cada día. Y hazlo todo como para Él.

¿Son muchas cosas? Genial, ¿Así que sí hay cosas que puedes hacer? Empieza entonces. Cambia tu corazón de piedra por uno de carne, de buena carne. Pídele ayuda al Señor. Ahora. No hay tiempo que perder.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 195–196). Álex Sampedro.

Menú 38. Ejemplo de una vida “Fast food” El “King” de las excusas

Menú 38. Ejemplo de una vida “Fast food” El “King” de las excusas

a1Cuando era un niño no podía servir a Dios porque ¿Cómo va servir a Dios un niño? No podía entender muchas cosas de la Biblia, me faltaba léxico, estudios, fuerza y estatura. Además dependía totalmente de mis padres para todo y encima ¡Era un niño! Tenía que disfrutar mi niñez ¿no? Suficiente era ir los domingos a la escuela dominical para pintar a Moisés, que casualmente tenía la misma cara que Jesús, Samuel, Josué y en un despiste de mi maestra, también era la cara de Rut. Pero más allá de eso, ¿qué más podía hacer? No me enseñaron a orar por mis papás, ni por mis amigos del cole, ni memorizar nada de la Biblia, alguna canción como mucho. Lo demás no es necesario, solo era un niño.

Cuando cumplí doce años empecé a adolecer algunos cambios y entré en la adolescencia. Y todo el mundo sabe lo difícil que es esa etapa. En primer lugar entras al instituto, nuevas responsabilidades, empezaba a salir con mis amigos, con un poco de suerte con mis amigas, y se mezclaban los videojuegos, el deporte y mis cambios hormonales con los estudios ¿Quién tiene tiempo para servir a Dios con 13, 14, 15 o 16 años? Definitivamente nadie.

A los 17 y 18 se abre un nuevo abanico de posibilidades, quizás empiezo a desarrollar mi propia economía, mis gastos, mis planes y proyectos, empiezo a trabajar y/o empiezo la universidad.

La universidad, un nuevo universo, horarios de locos, nuevos amigos más locos, profesores muy locos, exámenes de locos. Una locura. Añádele la noche universitaria, la mañana siguiente a la noche universitaria y el famoso concepto del “finde” universitario (Que empieza el jueves y termina el domingo) todo un nuevo mundo donde es imposible incluir a Dios, ¿A qué hora? Dime ¿Entre cuál y cuál asignatura meto esa asignatura pendiente?

Encima, con un poco de suerte (que cada uno valore si buena o mala) empiezas a salir con tu novia/o, y es entonces cuando dices: si ni siquiera tengo el tiempo que tenía para estar con mis amigos (algo prioritario en esa edad) ¿cómo voy a tener tiempo para Dios? Resumiendo, que NO, no se puede.

19, 20, 21, 22, 23 Bueno todos esos años son un poco parecidos, suelen cambiar algunas cosas pero, más o menos, estoy igual de ocupado, eso sí, uno de esos años hago un Erasmus y me voy a otro país a “estudiar” ¡ejem!, inglés, porque el inglés es muy importante, y estoy dispuesto a invertir un año de mi vida para aprender un nuevo idioma. Pero sigo sin tener tiempo, ¿No lo ves?

Quizás ahora es el momento…

Pero empiezo a trabajar en serio. O a buscar trabajo en serio, en cualquier caso, son nuevas preocupaciones añadidas a mi cabeza como para tener que estar pensando encima en los demás. Uno ha de ser sabio y pensar primero en sus cosas, y luego en los demás ¿No?

24, 25, 26, 27, 28, Creo que ahora sí, empiezo a ver algo de luz, tengo estabilidad económica (si ya he pasado la etapa anterior) y voy a empezar a servir pero… Me caso. Sí, me caso. Y como tú comprenderás casarme es mucho. ¿Cómo voy a preparar mi boda y servir a otros a la vez? ¿Pensar en cuál es mi llamado? ¿Sabes que tengo suegros que están peleándose conmigo por el color de las flores? Nadie puede servir al Señor cuando se va a casar.

29, 30. Pues me he casado. Y recién casado tampoco se puede servir al Señor. Hay que hacer ajustes en la relación, y decidir qué hacer con los calcetines sucios que crecen en el suelo de mi nueva casa por generación espontánea, o por no se qué duendes que habitan allí. Ajustes económicos, ajustes en el horario, en fin, casi no recomendaría servir al Señor recién casado, quizás la Biblia diga algo de eso por ahí, lo buscaré.

“Cuando alguno fuere recién casado, no saldrá a la guerra, ni en ninguna cosa se le ocupará; libre estará en su casa por un año, para alegrar a la mujer que tomó”. Deuteronomio 24:5 ¡Bingo!

A los 34 decido que voy a empezar a hacer algo, pero mi mujer se queda embarazada, ¡Nos hemos embarazado! Y no se puede servir al Señor embarazado.

35, nace el bebé, pañales, menos horas de sueño, más gasto, en fin, esta vez ni te explico, cae por su propio peso.

36, 37, 38, 39, vuelvo a pensar en servir pero… mi mujer se queda embarazada, otra vez.

Los cuarenta son complicados porque mi primer hijo va a entrar en la adolescencia, y no lo he discipulado, solo le he dado unas canciones en la escuela dominical y unos dibujitos para pintar que yo había dibujado treinta años antes. Su etapa juvenil es parecida a la mía y si ser adolescente es duro, ser padre de un adolescente puede ser peor.

Los cincuenta, puedo empezar a pensar en servir, no tengo las mismas fuerzas que antes, pero puedo intentarlo. Pero siempre hay trabas, ya sabemos cómo es la vida, los hijos, uno ya es grande pero el otro es adolescente aún y además, tengo que pensar en mi jubilación

Los sesenta son buenos años. Plácidos. Empiezan a venir los nietos, eso es una inversión de tiempo, y estoy a punto de jubilarme, creo que ahora sí.

A los “…taitantos” me jubilo. Ahora definitivamente ha llegado el momento. Pero, ¡espera!, llevo toda la vida trabajando, yo también merezco un descanso. Además, hay que dejar que otros también trabajen para Dios. Hay que pasar el testigo, es lo que me enseñaron.

Y yo contento.

Un día me muero, y todo el mundo sabe que en el Seol no hay trabajo ni obra

“Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría”. Eclesiastés 9:10.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 191–194). Álex Sampedro.

Menú 37. Lo que piensan de los jóvenes ¿Qué hay de cierto?

Menú 37. Lo que piensan de los jóvenes ¿Qué hay de cierto?

a1¿Sabes lo que dicen de nosotros? Que si no hay hamburguesas en la iglesia, no nos comprometemos. Sí, ¿No te da la sensación de que a veces te tratan como si fueras un poco bebé? Nos hablan de sueños que Dios tiene que cumplir en nosotros, como comentaba, nos piden cinco minutos al día para estar con Dios. Creen que si no nos ponen buena música, luces de neón y un ambiente “chill out”, no nos acercaremos a Dios (aunque son buenas ideas para hacer algo creativo, no podemos basar nuestra vida de oración en esas cosas). ¿No sientes que nos tratan así? ¿Será verdad que somos así? Ya no lo sé.

Pero sí te diré que mi Dios es real y que no necesita nada de eso para ser atractivo. Estoy de acuerdo en que usemos todo lo que esté a nuestro alcance para hacer comprensible el evangelio, pero sin olvidar el centro del evangelio y jamás sustituirlo por imitaciones baratas o cosas que “molan más”. Nuestra relación con Dios no puede depender de esas cosas infantiles. ¿Sabes? la Biblia dice que es en los jóvenes donde la Palabra de Dios permanece:

“Os he escrito a vosotros jóvenes porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros y habéis vencido al maligno”. Juan 2:14.

Sí, la Biblia nos enseña que somos fuertes, no débiles, no somos la parte difícil de pastorear de la Iglesia, no somos los conflictivos, los despreocupados, los que no tienen interés, los problemáticos. Somos los fuertes. Muchos que leen esto estarán riendo para sus adentros teniendo en mente a algunos jóvenes de sus comunidades. Con razón. Pero nuestro llamado, a pesar de todo, es ese. Los jóvenes debemos ser impulsores de la misión, no simples espectadores. Y me atrevo a decir que si los jóvenes tomaran la iniciativa en la misión dentro de sus comunidades de fe, en base a esa fuerza que Dios les ha dado, toda la iglesia saldría beneficiada porque

“la palabra de Dios permanece en vosotros”

Párate en esta frase. Se lo está diciendo a los jóvenes. ¿Por qué Juan les dice a los jóvenes, precisamente a los jóvenes, que la Palabra de Dios permanece en ellos?

Cuando vamos creciendo permitimos que los costumbrismos nos vayan modelando, que la tradición pese sobre la interpretación del texto. Pero los jóvenes somos más abiertos y estamos dispuestos a recibir Palabra fresca y viva, porque no tenemos nada que perder, nos gusta ese riesgo. Y aunque todos en cierta medida estamos condicionados, la verdad es que los jóvenes estamos más dispuestos al cambio, a la Reforma, a volver a los principios bíblicos sin adulterar, a reinterpretar el texto vivo de la Palabra y encarnarlo a la sociedad de la que formamos parte.

Porque quizás algunos “mayores” se bajaron del carro de la cultura hace tiempo, y se encerraron en castillos evangélicos de los cuales es difícil salir.

Y también entrar.

Por eso me entristece ver una generación que no ha aceptado su responsabilidad dentro de la Iglesia, no se ha preparado, no se quiere formar, no se ha tomado en serio a la Palabra de Dios, no hemos tenido temor del Señor. Pero como esa llama de cambio arde en todos los jóvenes, estén preparados o no, estamos haciendo cosas que no debemos, queriendo cambiar lo superficial, pensando que formamos parte de la gran revolución. Por eso los adultos no nos toman en serio. Y a veces tienen razón.

“¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo delsol”. Eclesiastés 1:9.

Nuestro papel es volver a las Escrituras y desde allí, reformar y encarnar. No desde nuestros criterios personales, ni por respuesta a los costumbrismos que nos cansan a todos. No como un acto de rebeldía, o para ser diferentes a la generación anterior. Sino por ser fieles a la Palabra, ser fieles a Jesús, el Mesías, ser fieles a la misión.

Como decían antiguamente: “Ecclesia reformata semper reformanda”. La iglesia reformada, siempre reformándose.

“Y habéis vencido al maligno…”

Hay una misión que cumplir y los jóvenes son los llamados a estar en la primera fila en el campo de batalla, no sentados en los últimos bancos de la iglesia. Junto con el resto de la iglesia iremos contra el Hades para derribar sus puertas.

“Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”. Mateo 16:18.

Sí, seremos diferentes, porque volveremos a Dios, y la fuerza que Dios nos dio nos ayudará.

Volveremos a la Palabra, y exprimiremos las verdades que hay en ella y beberemos, volveremos a tener fe sin prejuicios, creyendo como niños a su voz y sabiendo que, por encima de nuestras experiencias está su poder, y entonces venceremos, sabiendo que ya Dios ve que hemos vencido.

Porque somos fuertes, la Palabra de Dios permanece en nosotros y hemos vencido al maligno. Que así sea.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 187–190). Álex Sampedro.