29 – Hambre y Sed de Justicia

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Vida y Enseñanzas de Jesús

29 – Hambre y Sed de Justicia

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

¿Es la fe en Cristo la única manera de ser salvos?

9Marcas

Por 9Marks 

¿Es la fe en Cristo la única manera de ser salvos?

  • El cambio cultural: las personas de hoy en día aman ser inclusivos. Queremos que todo el mundo tenga la razón. De hecho, pensamos que la única manera de estar equivocados es pensando que cualquiera podría alguna vez estar equivocado sobre cualquier cosa. Así que en lo que se refiere a religión decimos, «todos los caminos conducen a Dios. No hay un camino correcto. Lo correcto es creer en cualquier cosa que funcione para ti». Pero, ¿Es eso lo que la Biblia dice?
  •  La respuesta corta: En Hechos 4:12 Pedro dice, «y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos».
  •  Una respuesta un poco más larga: la fe en Cristo es la única manera de ser salvos porque es sólo por la fe en Cristo que podemos ser considerados justos a la vista de Dios (Gálatas 2:16). Es sólo por la fe en Cristo que podemos ser reconciliados con Dios (Romanos 5:9-11). Es sólo por la fe en Cristo que podemos recibir vida eterna (Juan 3:16). Jesús es el único mediador entre Dios y el hombre (1 Timoteo 2:5).
  •  Verdaderamente inclusivo: a pesar de que muchas personas hoy en día encuentran este mensaje intolerablemente exclusivo, deberíamos apuntarles hacia la inclusividad radical del evangelio. El evangelio confronta a todas las personas como pecadores y ofrece perdón y vida eterna a todos aquellos que se vuelven de su pecado y confían en Cristo. No importa lo bueno o malo que hayas sido. No importa de dónde eres o cuáles son tus antecedentes religiosos. Si te arrepientes de tu pecado y confías en Cristo serás salvo.
Mark Dever

La historia de la Iglesia es importante

The Master’s Seminary

La historia de la Iglesia es importante

Josué Pineda Dale 

«¿Para qué me va a servir esto?», dijo en algún momento de su vida todo estudiante, refiriéndose a una materia o algún tema en particular. Tanto el creyente como el estudiante de teología no están exentos de este sentimiento. No todos los temas son igual de atractivos para todos y no todos disfrutan memorizar fechas, eventos importantes y personajes principales. Sin embargo, estudiar la historia de la Iglesia sí es importante para el creyente en general y el estudiante de teología en particular.

¿Por qué estudiar la historia de la Iglesia?[1]

  1. Muchas veces se desconoce la historia de la Iglesia. Conocerla hará que se entienda mejor muchas cosas de práxis y doctrina, entre otras.
  2. Dios ha estado obrando a través de la historia. La historia es un testimonio de la providencia soberana de Dios. Sin embargo, hay que tener claro que la autoridad no la tiene la historia ni la tradición. La autoridad suprema es la palabra de Dios. La historia es un testimonio latente de lo que Él ha hecho a través de ella.
  3. Cristo dijo que Él edificaría su Iglesia (Mt. 16:18). Estudiar la historia es ver cómo la promesa se desarrolla.
  4. La historia de la Iglesia es la historia del creyente como miembro de su cuerpo. Cada creyente es parte. Por eso se debe estudiar.
  5. La verdad se ha conservado y transmitido a través de la historia (Jn. 15:26). Jesucristo encargó a los apóstoles de ese testimonio, ellos a sus discípulos, y ellos a todos los que no fueron testigos oculares (1 P. 1:8).
  6. Así como el creyente es alentado por la historia de la verdad, es también advertido por la historia del error. En el primer concilio (Hch. 10) se hizo defensa en contra del legalismo. A pesar de esto, hay grupos que siguen manteniendo esto (por ejemplo, los Adventistas). Siguen la ley a pesar que eso ya había sido descartado y condenado. La nueva era, los mormones o el gnosticismo fueron confrontados en su momento. Si no se estudia estas cosas, se corre el riesgo de volver a caer en el mismo error.
  7. Hay mucho que aprender de aquellos que caminaron con Dios (cf. He. 11).
  8. Hay mucho que aprender de aquellos que fallaron en varios puntos (2 Co. 10:6). Incluso Calvino en su momento defendió tanto el bautismo de infantes que estuvo de acuerdo en que alguien muriera por practicar lo contrario.
  9. Ser un apologista fiel incluye a menudo ser un buen historiador. Es importante poder defender las enseñanzas bíblicas del error.
  10. La historia ayuda a los pastores de este siglo a tener una perspectiva correcta sobre su lugar en estos tiempos de la Iglesia.

Una breve advertencia

La historia de la Iglesia son eventos que sucedieron en un momento específico. Por eso se cuenta con documentos de donde se obtiene la información de esos sucesos. Es importante que se investigue a profundidad y no apresurarse a hacer conclusiones apuradas y sin suficiente fundamento. Se debe tener cuidado porque puede haber algún tipo de sesgo en el autor al describir el evento histórico. Por eso es importante darle peso a los documentos que se consultan. Eso es hacer historia. Se debe hacer un estudio cuidadoso de los documentos disponibles e interpretarlos objetivamente. A diferencia de la Escritura, no podemos confiar plenamente en libros meramente históricos y tomar como dogma todo lo que se detalla. Hay que leer cada uno de ellos con sobriedad y tratar de entender lo que pasó porque cada autor relata según su perspectiva, su fuente o sus presuposiciones. También, hay un elemento filosófico a menudo, ya que algunos son pesimistas y otros optimistas. Finalmente, en ocasiones hay enfoques o elementos artísticos ya que se trata de presentar la historia de manera que no sea aburrida. Es vital tener presente todo esto a la hora de recopilar datos históricos.

Algunos usos prácticos

Las ilustraciones de personajes, temas o situaciones de la historia pueden ser de gran ayuda para el predicador. Son una herramienta valiosa porque no pasan de moda. Probablemente tendrán más utilidad y relación con el tema expuesto que otro tipo de ilustración. Los comentarios hechos por hombres históricos también son útiles a la hora de predicar por la misma razón que las ilustraciones. Se puede usar alguna cita en el sermón que servirá para ampliar o aclarar el punto que se está haciendo. La historia de la doctrina, por su parte, es útil para verificar que lo que se dice es verdad —entendiendo que la historia no tiene autoridad en sí misma sino sólo la palabra de Dios—. Esto salvaguardará al predicador de que sus descubrimientos exegéticos se mantienen dentro de la ortodoxia.

La apologética por su lado, se sirve también de la historia porque brinda herramientas para defender fácilmente en contra de ataques, cultos y demás que ya han surgido con anterioridad muy probablemente. Sin embargo, no se debe olvidar que la única fuente inerrante, infalible, suficiente y poderosa de verdad es la palabra de Dios. No hay otra fuente o norma suprema por encima de ella. Su palabra debe ser nuestro estándar de medición.

Reflexiones finales

Al estudiar la historia de la Iglesia el creyente aprenderá de lo que los padres de la Iglesia hicieron y podrá valorarlos más. Son hombres que lucharon y evitaron muchas veces que el nombre del Señor fuera vituperado. Es sorprendente constatar cómo defendían la verdad a costa de sus propias vidas. Muchas veces el creyente se encuentra muy cómodo y no está dispuesto a dar la milla extra, mucho menos sacrificar su vida.

Es invaluable leer los escritos de estos hombres y aprender acerca de sus vidas por medio de biografías y distintos relatos. Es reconfortante saber que el creyente no está solo y que antes vivieron cientos de hombres valientes. Poco a poco los errores entraban en la iglesia, fracturando el cuerpo de Cristo; sin embargo, Dios siempre se guarda un remanente fiel y cumple sus propósitos. Es de mucho ánimo contemplar la providencia de Dios en la vida y hechos de cada uno de estos personajes.

El reto es seguir aprendiendo y disfrutarlo en el proceso. Es importante «tomar nota» a fin de no cometer los errores que otros cometieron. Si el creyente hace esto, aprenderá a ser más sabio.


[1] Este listado está adaptado del material de clase de Teología Histórica I de The Master’s Seminary.


Josué Pineda Dale

Josué Pineda Dale

Josué Pineda Dale (M.Div., Th.M. Candidate) es coordinador administrativo de educación en español e instructor de sección en The Master’s Seminary, así como administrador de la Sociedad Teológica Cristiana. También es editor del blog de TMS en español y del ministerio «A tiempo y fuera de tiempo». Además, sirve en la enseñanza y como coordinador del ministerio de matrimonios en Grace en Español en Los Angeles, California. Está casado con Mabe y tienen dos hijos: Daniel y Valentina. Josué es el editor general y contribuidor de «En ti confiaré» (2 volúmenes), editor de contenido de «La hermenéutica de Cristo», autor en «Estudios bíblicos para la vida» de LifeWay y contribuidor en los siguientes libros: «Declaring His Glory among the Nations» y «Siervo Fiel».

El temor a no ser cristiano

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: El Temor

El temor a no ser cristiano

Por John P. Sartelle

Nota del editor: Este es el quinto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El temor.

Cuando era niño caminaba con mi padre por el campo que había detrás de nuestra casa. El terreno era irregular y a veces la maleza era alta. Inevitablemente, me caía. Cuando me ponía de pie, papá me ofrecía su mano. La lucha por la autonomía comienza temprano en nuestras vidas, así que yo ya estaba luchando por mi independencia. Debido a esto, avanzaba obstinadamente en mis propias fuerzas. Después de varias caídas que resultaron en múltiples cicatrices, papá empezó a tomarme de la mano con fuerza. Entonces algo maravilloso ocurrió: ya no me caía al suelo. Bueno, seguía tropezándome, pero ahora mis pies colgaban en el aire mientras su brazo fuerte me sujetaba.

En Juan 10:28-29, Jesús afirma plenamente que Sus manos y las manos del Padre nos sostienen. Él dice:

… y Yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrebatará de Mi mano. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano del Padre.

Como nuevos creyentes tenemos la tendencia a desarrollar doctrinas de salvación que son antropocéntricas. Así como yo quería caminar por el campo en mis propias fuerzas, preferiríamos jugar roles autosuficientes en nuestra salvación y en nuestro andar con Dios. Durante las diferentes tormentas que sacuden nuestras vidas —tanto física como espiritualmente— y nos llenan de temor y desaliento, nos imaginamos aferrándonos desesperadamente a Dios, a Su Palabra y a Su cruz. Esa percepción es errónea. Lo que nos mantiene a salvo no es nuestra capacidad de aferrarnos a Dios. Nuestro agarre no es omnipotente. El pecado todavía habita en nuestras mentes y en nuestros corazones. En nuestros mejores días, cuando nuestra confianza en Dios está llena de fuerza, esa fe sigue estando manchada por el pecado y la traición. Querido lector, las manos del Padre son omnipotentes. Son las que sostienen el universo. No hay nada en la tierra ni en el cielo que pueda arrebatarle a Sus hijos de las manos. 

Jesús también dijo que Sus manos nos sostienen. Mira esas manos. Tienen las cicatrices de los clavos de la crucifixión. Esas cicatrices probaron Su fidelidad y amor. Cuando Sus manos fueron clavadas, cuando el juicio y el castigo por nuestros pecados cayeron sobre Él, incluso mientras los escupitajos burlones de los incrédulos se mezclaban con Su sangre, no abandonó Su misión. Él no bajó de esa cruz, algo que seguramente tenía el poder de hacer. No desistió con ira para dejarnos perecer. Pablo debe haber tenido eso en mente cuando escribió:

¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?… Pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó. Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro (Rom. 8:35-39).

¿Está tu fe menguando hoy? ¿Sientes que ya no tienes fuerzas para aferrarte a las increíbles promesas de Su Palabra? ¿Piensas que debes estar perdido porque has vuelto a caer en pecado? Entonces aprende una vez más a renunciar a tu orgulloso deseo de ser el que salva y preserva.

Las manos del Padre son omnipotentes. Son las que sostienen el universo. No hay nada en la tierra ni en el cielo que pueda arrebatarle a Sus hijos de las manos. 

En Mateo 14, Jesús les dice a Sus discípulos que se pongan en marcha y crucen el mar de Galilea mientras Él se queda a solas en tierra para orar. Más tarde, en las primeras horas de la mañana, Jesús viene andando sobre el agua hacia su barca. Están asombrados. Estos discípulos, algunos de los cuales son pescadores experimentados, están luchando contra las olas y el viento. Pedro, con su típica audacia, pregunta si puede acercarse a Jesús en el agua. Jesús le dice a Pedro que vaya hacia Él. Ahí va Pedro con fe, caminando hacia Jesús. Sin embargo, mientras camina sobre las olas su fe empieza a debilitarse y él comienza a hundirse. Pero entonces, es la mano de Jesús la que se apodera de él. Pedro no se salva por su aferramiento a Jesús; se salva por el aferramiento de Jesús a él.

Durante una época en la que estaban siendo castigados por sus pecados, el pueblo de Israel pensaba que Dios los había abandonado. Pero Dios envió a Isaías con un mensaje maravilloso:

¿Puede una mujer olvidar a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Aunque ellas se olvidaran, Yo no te olvidaré. He aquí, en las palmas de Mis manos, te he grabado (Is 49:15-16a).

Siglos más tarde, de esas manos a las que Isaías se refiere brotaría la sangre del pacto. Esas manos omnipotentes que aún llevan las cicatrices de los clavos son las que nos sostienen.

Este artículo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
John P. Sartelle Sr.
John P. Sartelle Sr.

El Rev. John P. Sartelle Sr. es el ministro principal de Christ Presbyterian Church (PCA) en Oakland, Tennessee. Es el autor de What Christian Parents Should Know about Infant Baptism [Lo que los padres cristianos deben saber sobre el bautismo infantil].

Solid Joys en Español – Junio 11

Soldados de Jesucristo

Mayo 21/2021

Solid Joys en Español

Solid Joys en Español – Junio 11

John Piper

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Y si haces alguna locura?

Viernes 11 Junio

Somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre… porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.Hebreos 10:10, 14

¿Y si haces alguna locura?

Álvaro y Jorge son cristianos, pero a Álvaro le preocupa la idea de perder su fe y, como consecuencia, su salvación. Jorge, por su parte, está totalmente seguro de su salvación. Vive tranquilo. Un día trató de explicar esto a su amigo, quien le preguntó sorprendido:

– ¿Cómo puedes estar tan seguro? ¿Y si mañana haces una locura?

– Eres hijo de tu padre -respondió Jorge-. Si mañana haces una locura, él se entristecerá, pero tú nunca dejarás de ser su hijo. Cuando somos hijos de Dios, lo somos para siempre. Recibiste la vida de Dios “por gracia… por medio de la fe… es don de Dios” (Efesios 2:8). Eres su hijo. ¿Negaría Dios a sus hijos? Si eres salvo por la fe en Jesús, Dios no te pide conservar tu salvación mediante tu conducta, sino mostrar por tu conducta que eres su hijo. Si tu salvación dependiera de tu actitud y de tus obras, aunque fuera en lo más mínimo, ya no sería la salvación por gracia. ¡Y si pudieses perder la vida eterna, ya no sería la vida eterna!

Jorge tiene razón; la salvación del creyente, incluso del más débil, está sólidamente establecida por la obra de Jesús en la cruz. Nada puede destruirla. ¡Es perfecta! ¡Jesús la llevó a cabo una vez para siempre! Obtuvo una redención eterna. Dio su vida por sus ovejas. Ellas le pertenecen, están seguras en las manos del Padre y en las Suyas (Juan 10:28-29). Nadie puede arrebatarlas de su mano; ninguna oveja está fuera de la protección de su buen pastor. ¡Y si se extravía y “hace una locura”, Su mano poderosa la encontrará y la traerá al redil!

2 Reyes 12 – Romanos 16 – Salmo 69:19-28 – Proverbios 17:3-4

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

El problema del mal 

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: Apologética

El problema del mal 

Jairo Chaur

Jairo Chaur

Jairo nació en Bogotá (Colombia). A finales del año 2000 vino a Barcelona con su esposa Ruth y sus tres hijos Daniel, Juan y Laura, con el propósito de adelantar estudios de doctorado en ingeniería.
Luego de concluir sus estudios, continuó en Barcelona y a finales de 2005 conoció el punto de misión en Sant Andreu, que para entonces comenzaba sus reuniones en la casa de David y Elisabet Barceló.
Convencido que tanto la doctrina como la visión de la IEG son fieles a la Palabra de Dios, Jairo y su familia se unen en diciembre de 2005 al que para entonces era un punto de misión. Fue en febrero de 2010 cuando es ordenado en el ministerio pastoral. Los primeros años combinó su ministerio con su trabajo secular como ingeniero y como profesor, y a partir del 2017 a plena dedicación, como misionero de HeartCry Missionary Society.

Pornografía, Masturbación y Otras Prácticas Perniciosas: Perversión de la Intimidad

Alimentemos El Alma

Dinero y posesiones en Proverbios

Pornografía, Masturbación y Otras Prácticas Perniciosas: Perversión de la Intimidad

Por Jeffrey S. Black sobre Sexualidad
Una parte de la serie Journal of Biblical Counseling
Traducción por Ana Villoslada

Una vez, un abogado me mandó a una persona que había estado implicada en una serie de delitos sexuales. Para cuando lo conocí, ya había sido arrestado y acusado. Se trataba de un creyente de más de 50 años, viudo con varios hijos que vivían en otro estado. Cuando cometió los delitos sexuales su esposa hacía unos 10 años que había fallecido.

El matrimonio había sido muy problemático; había peleas y a él lo habían echado de casa. Su esposa había sido hospitalizada en numerosas ocasiones. Desde un punto de vista clínico, había sufrido depresión. Durante esas épocas, la pareja no había mantenido relaciones sexuales y el esposo me reveló que se había involucrado en varias relaciones extramatrimoniales cuando su mujer había estado hospitalizada y sexualmente indispuesta. A su parecer, eso lo hacía menos censurable.

Este hombre también me contó que desde la adolescencia hasta los veinte, había tenido varias citas homosexuales preliminares antes de su matrimonio. Durante su matrimonio y después de la muerte de su esposa, había tenido una relación muy estrecha con su hija, tanto que pensé que quizás había habido algo incestuoso pero me dijo que no. No obstante, estaba claro que su hija había actuado de otro modo como sustituta de su esposa. Cuando cumplió treinta decidió irse de casa. Un año después aproximadamente, el hombre comenzó a tener relaciones sexuales con dos jóvenes adolescentes.

Este caso ejemplifica dos aspectos del pecado sexual que los consejeros tienen que tener en mente: la inmoralidad es una forma de “engaño” y expresa un modelo de “deriva”.

La inmoralidad sexual es un “engaño”.

¿Qué queremos decir describiendo la inmoralidad sexual como un «engaño”? Normalmente, solemos pensar en un engaño en términos de tener una aventura con alguien que no es su cónyuge. Mi intención aquí es un poco distinta. Efesios 5:31-32 dice:

“Por esto el hombre dejara a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio, pero hablo con referencia a cristo y a la iglesia. En todo caso, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete a su marido”.

Las Escrituras son muy claras cuando dicen que el matrimonio tiene la intención de “tipificar” la relación del creyente con Cristo. Ya que Dios es el que crea la relación matrimonial y el que revela las verdades sobre la redención y nuestra relación con Cristo, el significado de la metáfora es de autoridad. Dios mismo crea la semejanza en vez de articular una semejanza que ya existe. Los principales temas de la metáfora (la naturaleza del vínculo matrimonial y la unión del creyente con Cristo) interaccionan de un modo que cambia o enriquece nuestra comprensión de los mismos. Mi experiencia con Cristo en mí me ayuda a comprender que clase de esposo tengo que ser. En cambio, mi experiencia de estar en un mismo sentir en el matrimonio me ayuda a captar algo de la unión espiritual (Gálatas 2:20). Como resultado de la experiencia de mi unión con Cristo (Efesios 4:1-20,21; 5:1), estoy obligado a hablar verdad (Efesios 4:25), a edificar (Efesios 4:29), a morir a mí mismo (Efesios 5:1) y a no ser controlado por el egoísmo, las pasiones o la ira (Efesios 4:31) en las relaciones, especialmente en el matrimonio.

¿Dónde encaja el sexo en este ejemplo? Creo que está destinado a estar al final de la cadena de la intimidad. Pablo señala que el sexo es el producto o expresión (1 Corintios 7:3-4) de la unión. El sexo nunca crea la unión. Como es lógico, el mundo nos dice exactamente lo contrario. La sexualidad tal y como se la retrata en los medios de comunicación conduce o crea intimidad o está totalmente separada del «problema» de la intimidad. De hecho, a menudo se insinúa que el mejor sexo es el sexo anónimo.

Si el matrimonio está destinado a retratar la relación sexual como una expresión de compañerismo e intimidad intensos, entonces cualquier expresión sexual, incluso en el contexto del matrimonio que no expresa dicha unión no alcanza el diseño de Dios. Las Escrituras dicen que dos se vuelven uno y Dios dice que la sexualidad en el matrimonio debe ser la expresión de ese compañerismo, la expresión y consecuencia de esa intimidad. Si ese es el caso, entonces hay decenas de esposos y esposas en la iglesia que son ateos funcionales.

¿Qué suele caracterizar un matrimonio en el que hay problemas sexuales? La esposa se queja: «mi esposo llega a casa, no he tenido ningún tipo de relación con él, no hay comunicación”. “Me dice: cariño… Lo miro y dice ¿Quién eres? ¡Déjame solo!”. “Pero quiere arreglarlo acostándonos; piensa que eso hará que me sienta más cerca de él”. Aunque aquí no hay implicada ninguna inmoralidad flagrante, hay “engaño”, sexo sin intimidad.

Al comportamiento de mi delincuente sexual lo denominé “engaño” porque toda su vida sexual (su matrimonio, sus aventuras extramatrimoniales e incluso el comportamiento sexual desviado que mostró) era una expresión de su deseo por tener sexo sin intimidad. Era un perezoso. No quería esforzarse en su relación con su esposa, de ahí el adulterio. Después encontró la intimidad en una oportuna relación con su hija para la que Dios dijo que no había lugar. Este hombre era un tramposo. Dios había diseñado un plan y él se lo había saltado para hacer las cosas a su modo.

Mientras lo aconsejaba, le pregunté sobre la posibilidad de volverse a casar y me contestó: «Bueno, es que no quiero otro matrimonio para que acabe como el primero”. Eso era comprensible, ¿pero qué estaba diciendo en realidad? Me estaba diciendo: “no quiero entrenar la intimidad. Quiero el resultado de la sexualidad pero no quiero alcanzarlo como Dios lo ha diseñado». Después de que su hija se marchase, este hombre se agarró a dos chicos que vivían cerca que comenzaron a servirle para el propósito de engaño de su vida.

Cada vez que vea a una persona envuelta en un comportamiento sexual ilícito, puede estar seguro de que esa persona es una tramposa, quiere gratificación sexual sin intimidad. Lo que quiere decir que cuando se aconseja a alguien que tiene problemas con la pornografía, un problema sexual en el matrimonio o incluso esté metido en formas extrañas y pervertidas de sexualidad, en la raíz esta persona no quiere experimentar el sexo en el contexto para el que Dios lo ha creado. Esta persona tiene que enfrentarse al plan de Dios, y ese plan es intimidad.

Engaño y egocentrismo.

Cuando aconseje a personas que tengan problemas con la pornografía, hay que entender que la pornografía tiene un fin muy sencillo: la masturbación. Cuando alguien produce una película o una revista pornográfica (en una industria claramente dirigida al hombre), el objetivo de la pornografía es la masturbación. Aparte de esto, el objetivo de la pornografía y la masturbación es crear un sustituto de la intimidad.

Masturbarse es tener sexo con uno mismo. Si estoy teniendo sexo conmigo mismo, no quiero invertirme en otra persona. Las personas que son “adictas” a la pornografía, no son tan adictas a cosas morbosas como lo son al egocentrismo. Están comprometidas a servirse a ellas mismas para hacer cualquier cosa con el fin de encontrar una manera apropiada de no morir a ellos mismos, que es la naturaleza de la compañía en una relación.

El egocentrismo se pone de manifiesto de muchas formas. Cuando hable con personas que son pedófilos (pederastas), una de las cosas más interesantes de las que se dará cuenta es su tendencia a mirar a los niños como una pareja sexual adulta. Ellos no piensan: “estoy teniendo sexo con un niño”; intentan ver al niño como un igual físico, emocional y sexual. Lo contrario sería desplazarse del centro, ver las cosas a través de otra lente distinta a sus propios deseos y experiencias. Eso es morir a uno mismo, intimidad, compañía, eso es amar a otra persona, que es precisamente lo que no están dispuestos a hacer.

Las Escrituras ofrecen el mejor modelo para comprender este tipo de pecado sexual. Los libros de psicología ofrecen un sin fin de explicaciones para estos comportamientos con la intención de dejarlo preocupado por su caso, su experiencia y su madre, pero no tendrá que enfrentarse consigo mismo ni con sus decisiones.

En oposición, las Escrituras siempre se centran en el corazón. Ya que Dios diseñó la sexualidad para ser una expresión de un mismo sentir, cualquier forma de perversión sexual también lo es de perversión del plan de intimidad de Dios. Ya sea que esté aconsejando a alguien cuyo comportamiento sexual le da asco o a alguien con problemas sexuales comunes en el matrimonio, el problema siempre vuelve a la intimidad y al origen de la intención de Dios de la sexualidad. Génesis 2:18 («no es bueno que el hombre esté solo”) significa que su intervención más esencial como consejero es enseñar a esta persona a morir a sí misma y a amar a los demás más que a sí misma.

Una interesante separata en este estudio de caso muestra la divergencia entre las explicaciones teológicas de la Biblia y las ideas seculares comunes sobre perversión sexual. Mientras aconsejaba a este hombre, recibí una llamada de su abogado. Quería que su cliente acudiese a una clínica de rehabilitación para adictos sexuales creyendo que esto sería favorable ante la sentencia del juez. Accedí a mi pesar ya que no pensaba que esta persona continuase siendo una amenaza; parecía estar bien centrado en ese momento y yo no quería que fuese a la cárcel. Creía que se había arrepentido y que estaba haciendo un buen progreso en las charlas. Pero accedí.

¡Qué gran error! Mi paciente no está en la cárcel pero para poder obtener una sentencia favorable, tenía que denominarse a sí mismo adicto sexual y aceptar apartarse de cualquier relación hasta que estuviese curado. Lo irónico, por supuesto, era que yo lo estaba retando a buscar la intimida legítima en el contexto del matrimonio por primera vez en su vida, pero a cause de la denominación de adicto sexual, el objetivo del tribunal fue mantenerlo apartado de cualquier relación significativa, la misma raíz del problema.

La inmoralidad sexual como “deriva”.

El segundo aspecto de la inmoralidad sexual es la «deriva», que es lo que yo llamo los antecedentes del corazón. Le voy a dar un ejemplo.

Cuando tenía 17 años, decidí comprarme mi primera revista pornográfica. Esto fue algo temible para mí. Recuerdo cómo fui a la tienda del barrio que tenía una sección de revistas. Esperé y me aseguré de que nadie me veía, tomé una revista y la enrollé para que nadie pudiese ver qué era. Entonces me quedé ahí y me paseé de arriba abajo hasta que reuní todo el valor suficiente para pagarla. Justo cuando caminaba hacia la caja, el hombre se fue y una mujer lo reemplazó. Me giré rápidamente. Debí pasar cuarenta y cinco minutos en esa tienda intentando comprar esa revista, hasta que conseguí comprarla. Conforme pasó el tiempo, compré algunas más.

Entonces me di cuenta de algo. Ya no enrollaba la revista. Ya la tomaba, caminaba hacia la caja y ¡la compraba! De hecho, comencé a comprar dos. Todavía las compraba sólo cuando el hombre estaba allí pero después de un tiempo, no me importaba quién estuviera detrás de la caja. Al final era capaz hasta de charlar con la mujer cuando compraba las revistas.

Las personas empiezan con lo que yo llamo «el área cómoda de la línea de fondo” por la manera con la que tratan con su pecado. Dios dice que así es la naturaleza del pecado mientras continuamos pecando y apagamos el Espíritu, mientras quemamos nuestra consciencia; lo que antes era algo muy desagradable ahora se vuelve agradable. Comenzamos a ir a la deriva conforme nos comprometemos. Con frecuencia, el pecado sexual comienza como una experiencia terrible y que provoca ansiedad, pero esta reacción se desvanece después de un tiempo a causa de nuestra lujuria, nuestro deseo, nuestro corazón opuesto a Dios. Nos encontramos en una nueva área de comodidad y cuando pasa un tiempo, si no nos arrepentimos nos vamos aún más a la deriva.

Cada vez que aconsejo a alguien con un problema sexual, en concreto algo considerado extraño o desviado, presupongo que voy a encontrar una pauta o historia que predispone al problema actual. Nadie se levanta por la mañana y dice: «como no tengo nada que hacer hoy, ¡creo que voy a exponerme!». Las personas nunca saltan de cabeza a formas extremas de pecado, se “derivan” a ellas. Cuando aconseje a alguien con un patrón de desviación sexual, asuma que él o ella tiene un largo y pesado historial de inmoralidad que es poco probable que se revele sin que usted lo investigue constantemente. Normalmente, cuando le pregunte a esas personas lo que hicieron, se lo dirán, pero cuando pregunte “qué más hicieron, qué los condujo a eso», responderán que no hicieron nada más. Persista en la búsqueda. Siempre que pase tiempo con esas personas, comenzará a ver un caso de compromiso que lleva al final con un pasito y no con un salto. En términos de pecado sexual, la persona ya se ha alejado muy a la deriva de los criterios de Dios.

La “deriva” del pecado es como ir a la playa y quedarse dormido en una balsa en el mar. De repente, el silbato de un socorrista interrumpe su sueño. Mientras se despierta ante el continuo y molesto sonido agudo del silbato, se pregunta: «¿A qué está silbando ese idiota?» Levanta la mirada y ¡es a usted! No lo había planeado pero de repente todas las personas de la playa parecen puntitos porque usted se ha ido a la deriva en el mar. El pecado funciona así, el pecado siempre tiene unos antecedentes. Pero recuerde que Dios también tiene antecedentes con nuestros corazones.

La solución de Dios contra la «deriva”.

Este antecedente se llama santificación. La santificación es completa llegada a un punto y progresiva de manera dinámica. El salmo 119:9-11 dice: “¿Cómo puede el joven guardar puro su camino? Guardando tu palabra. Con todo mi corazón te he buscado; no dejes que me desvíe de tus mandamientos. En mi corazón he atesorado tu palabra, para no pecar contra ti”. En Juan 17:14-19, Jesús ora al Padre “Yo les he dado tu palabra y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos yo me santifico, para que ellos también sean santificados en la verdad”.

La persona que va a la deriva vive con un corazón lleno de compromiso e inmoralidad. Siempre está pensando en sus propios pensamientos, intrigando sus intrigas. Pero el creyente está llamado a santificarse a sí mismo meditando en la Palabra de Dios. Esta es la solución de Dios a los pecados sexuales que dan problemas y atormentan a muchos.

La Biblia no tiene que decir nada específico para la masturbación porque no es necesario. El problema de la masturbación no es la masturbación sino la condición del corazón de la persona. Las Escrituras no son insuficientes, como dirían muchos, porque no articule un mecanismo de comportamiento para tratarlo. Dios dice que si mi corazón se mantiene puro meditando continuamente en su Palabra en el contexto de la obra santificadora de Dios, tendré el poder de vencer las tentaciones que conducen a la satisfacción, pornografía y masturbación.

Muchas personas piden consejo porque tienen un problema de centrismo. Piden una técnica para no involucrarse en cierto comportamiento. Están deseando recibir un curso intensivo que les permita utilizar a Dios para vencer un pecado concreto. Su deseo por una solución rápida es comprensible pero no existe técnica o mecanismo (psicológico, espiritual, etc) que les impida satisfacerse en la pornografía o la masturbación.

Los pacientes no han puesto a trabajar sin cesar la Palabra santificadora de Dios, por lo que en momentos de crisis descubren que no están equipados para tratar con el pecado. Esperan encontrar rápidamente una solución que eluda el trabajo constante de la Palabra mediante el Espíritu. Lo que dicen básicamente es: “¡deprisa! ¡Necesito un poco de Dios! ¡Estoy en un gran problema aquí!”

Como consejero no puede darles algo que Dios perfecciona lentamente un día tras otro. Lo único que puede ofrecerles es información de la Biblia. Lo que realmente necesitan es sabiduría, pero la sabiduría es lo que llega cuando Dios aplica Su Palabra en sus vidas. En medio de una crisis, lo único que el consejero puede hacer es promover el comienzo de este proceso.

“Diferenciarse” de Dios o del mundo.

Mientras tratamos con el problema del pecado sexual, es importante que reconozcamos otro factor que está obrando. Lo que la Biblia llama “el mundo” es un sistema de valores y creencias que con agresividad buscan tomar el control de nuestros corazones. El mundo también tiene (si se me permite usar esta expresión) un influencia “santificadora” con la que el mundo buscar diferenciarnos para sí mismo en contraposición al deseo de Dios de diferenciarnos para Él mismo. Una persona que pide consejo sobre pecados sexuales es una persona a la que el mundo ha «diferenciado», a la que constantemente le ha permitido satisfacerse en las cosas que el mundo le presentaba.

Debemos volver a la realidad bíblica de que la sexualidad es un acto espiritual, no fundamentalmente físico. Siempre implica al espíritu del hombre, ya sea con la voluntad de Dios conjuntamente en comunión con el Espíritu Santo o en rebelión contra esa voluntad, intentando echar al Espíritu Santo del camino. El mundo quiere ignorar esa dimensión y presenta el sexo como un acto biológico caracterizado por el acumulamiento y necesaria liberación de la tensión sexual. Cuando se acumula la presión, el mundo implica que no tenemos poder para resistir. Incluso hombres cristianos piensan así cuando citan erróneamente 1 Corintios 7:1-9 para reafirmar el argumento de que el matrimonio es una provisión para la pasión: “Pablo dice que es mejor casarse que quemarse”.

Sin embargo, como muchos hombres casados han descubierto, la carne es insaciable. No opera bajo el principio de reducción de la tensión; el corazón del hombre busca insaciablemente lo malo. Como resume Jeremías 17:9: “Más engañoso que todo, es el corazón, y sin remedio”. Este es el problema que revela el pecado sexual y al que se dirige la Palabra de Dios.

En ese sentido, en cada parte que leo de las Escrituras, veo cómo tratar el tema de la pornografía, la masturbación, la perversión sexual, la pederastia, pedofilia y otras cosas en las que se involucran las personas. La Biblia tiene mucho que decir al respecto pero no desde un punto de vista técnico, no se trata de técnicas psicológicas. El tema es que Dios concibió el sexo para ser una expresión de comunión e intimidad. Es una metáfora de nuestra relación con Cristo. Parece que nosotros buscamos todas las maneras posibles de eludir esta realidad.

El sexo es un acto espiritual, no biológico. No se trata de un problema para tratar con nuestros impulsos sino de santificar nuestros corazones. Cuando aconseje, mantenga eso al frente de sus pensamientos. A menudo, cuando las personas piden consejo se decepcionan muchísimo porque quieren una solución que no los obligue a sujeta su voluntad al Espíritu Santo. Dicho de una manera sencilla, su aproximación al problema es el problema. Cuando trabaje con ellos, tendrá éxito si consigue ayudarlos a reconocer que la única solución es lo que dice el salmista, que si guardo la Palabra de Dios en mi corazón, no pecaré contra Él.

Jeff Black es miembro de la facultad en CCEF, Glenside, Pennsylvania.

Esta traducción ha sido publicada por Traducciones Evangelio, un ministerio que existe en internet para poner a disponibilidad de todas las naciones, sin costo alguno, libros y artículos centrados en el evangelio traducidos a diferentes idiomas.

¿Por qué es una cuestión tan grave el pecado sexual?

Got Questions

¿Por qué es una cuestión tan grave el pecado sexual?

La cultura moderna ha intentado redefinir la sexualidad como un derecho personal que se puede ejercer de la manera que el individuo desee. El comportamiento sexual se considera una elección personal, al igual que la decisión de comprar una casa o alquilar un apartamento. Al mismo tiempo, la opinión popular prácticamente ha eliminado la palabra pecado del vocabulario de nuestra cultura. La única expresión sexual que se considera «mala» es la que la persona que la define considera desagradable. Sin embargo, la aceptación social varía tanto que incluso el más vil de los actos sería considerado legítimo por muchos. Por lo tanto, antes de poder determinar por qué el pecado sexual es tan importante, tenemos que definir el pecado sexual.

Afortunadamente, el hombre nunca ha tenido el privilegio de definir el pecado. Aquel que creó la sexualidad también tiene el derecho de establecer los límites de la misma, y la Biblia es clara en cuanto a las directrices. Cuando Dios creó al primer hombre, Adán, y le trajo a la primera mujer, Eva, los unió en matrimonio y lo declaró «muy bueno» (Génesis 1:31; 2:18, 24). En ese momento, Dios introdujo la sexualidad y estableció los límites para su expresión. Dios creó una unión entre marido y mujer que llamó «una sola carne» (Génesis 2:24; Mateo 19:6; Marcos 10:8; Efesios 5:31). Luego definió cualquier actividad sexual fuera de la relación marido-esposa como una violación de Su don. La fornicación, la homosexualidad, la pornografía y la lujuria son todas violaciones de la intención de Dios cuando creó el acto sexual (1 Corintios 6:9,18; Gálatas 5:19-20; Judas 1:7; Mateo 5:28; Hebreos 13:4).

Entonces, ¿por qué es tan importante la violación de esos límites? La primera pista está en Génesis 2:24 con las palabras «una sola carne». Hay un gran poder unificador en la unión sexual. Dios la diseñó para involucrar no sólo a los cuerpos, sino también a los corazones y a las vidas. El sexo fue diseñado para consumar la unión de por vida entre un hombre y una mujer. Jesús dijo: «lo que Dios juntó, no lo separe el hombre» (Mateo 19:6; Marcos 10:9). Él diseñó los cuerpos del hombre y de la mujer de manera diferente para que pudieran unirse en un acto de intimidad física que los une de por vida. «Así que no son ya más dos, sino uno» (Marcos 10:8). El acto de convertirse en uno crea una nueva entidad: una familia. Esta poderosa fuerza también da lugar a una nueva vida (Génesis 4:25). La raza humana sólo se puede propagar mediante la unión de un hombre y una mujer. Y, dentro del matrimonio, Dios lo bendice (Génesis 1:28; 9:27; Salmo 17:3). El sexo es un regalo para el marido y la mujer que hace que su relación sea única entre todas las demás relaciones.

Sin embargo, lo que Dios crea como bueno, Satanás lo pervierte. Satanás comenzó su insidiosa profanación en el Jardín del Edén con las palabras «¿Conque Dios os ha dicho?» (Génesis 3:1). Y ese desafío a la autoridad de Dios continúa todavía. Cuando usamos la sexualidad como entretenimiento o para satisfacer la lujuria, rebajamos la belleza de este poderoso don y desafiamos a Aquel que lo diseñó. También cosechamos las consecuencias de nuestro pecado. Nuestra desobediencia sexual ha producido un mundo que se tambalea bajo el peso de la enfermedad, el aborto, la perversión, el abuso de menores, la adicción y la explotación sexual. Dios creó los límites para nuestro bien, para que pudiéramos disfrutar de Su regalo como fue diseñado para ser disfrutado.

La electricidad es algo poderoso y útil si se usa correctamente. Sin embargo, si se usa mal o se abusa de ella, la electricidad puede ser mortal. Lo mismo ocurre con la sexualidad. Si se usa mal, el sexo también es mortal. Abusar del don de Dios produce problemas como el aborto, la pobreza, la violación, el adulterio, el divorcio y la pornografía. El pecado sexual comienza con la tentación, como todo pecado. Cuando nos negamos a reconocer los límites de Dios, permitimos que la lujuria determine nuestras decisiones. Y la lujuria nunca conduce en la dirección correcta. Santiago 1:13-15 dice: «Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte».

Otra razón por la que el pecado sexual es tan importante es que destruye la imagen del pacto inquebrantable que Dios tiene con Su pueblo. La Biblia utiliza el matrimonio como una metáfora para describir la relación de pacto que Jesús tiene con Su «novia», aquellos que ha comprado con Su propia sangre (Apocalipsis 19:7; 2 Corintios 11:2). En el Antiguo Testamento, Dios frecuentemente comparaba al rebelde Israel con una esposa rebelde, utilizando el adulterio como imagen del más atroz de los pecados (Jeremías 3:6). Dios creó el acto sexual para que fuera la consumación de una relación de alianza, una alianza en la que Dios ha participado (Malaquías 2:14; Mateo 19:6; Marcos 10:9). El pacto matrimonial ilustra el pacto inquebrantable de Dios con nosotros. Mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio viola la intención de Dios y acarrea graves consecuencias.

El pecado sexual contamina mucho más que nuestros cuerpos físicos (1 Corintios 6:18). Tiene un significado espiritual. Casi todos los libros de la Biblia rechazan la inmoralidad sexual, indicando que Dios la considera un pecado grave. Cometer un pecado sexual se opone directamente a la voluntad de Dios de santificarnos (1 Tesalonicenses 4:3).

Romanos 13:13-14 esboza la vida que Dios desea que vivamos: «Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne». El pecado sexual es una forma más de gratificar la carne en lugar de caminar en el Espíritu (Gálatas 5:16). Jesús dijo que los «puros de corazón» «verán a Dios» (Mateo 5:8). El pecado sexual sin arrepentimiento contamina el corazón, haciendo imposible experimentar el poder del Espíritu Santo en nuestras vidas. Si deseamos ser puros de corazón, no podemos involucrarnos en el pecado sexual.

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La parábola del crecimiento de la semilla

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Las parábolas de Jesús

La parábola del crecimiento de la semilla

Matthias Lohmann

Nota del editor: Este es el séptimo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Las parábolas de Jesús.

Mientras escribo esto, estoy sentado frente al escritorio de mi oficina en Munich, Alemania, pensando en las estadísticas más recientes sobre el cristianismo en Alemania. Según los números que veo frente a mí, el cristianismo está decayendo rápidamente. El país donde quinientos años atrás comenzó la Reforma, pronto tendrá la mayor parte de su población identificándose como no cristianos. Hace apenas setenta años, en la Alemania posterior a la Segunda Guerra Mundial, el noventa y cinco por ciento de la población eran miembros de la Iglesia católica romana o de alguna Iglesia protestante. Sin embargo, tan solo en el 2018, las Iglesias estatales protestantes perdieron un dos por ciento de sus miembros. Pero aún más alarmante es el hecho de que solo alrededor del 3,4 por ciento de los miembros de las Iglesias estatales protestantes asisten a un servicio algún domingo, lo cual resulta ser menos de un uno por ciento de la población de Alemania. La cantidad de cristianos que asisten a Iglesias libres (no estatales) también es insignificante. Pero eso no es todo, la inclinación hacia el liberalismo en casi todas las denominaciones es aún más alarmante. A veces pareciera como si predicar el evangelio en Alemania fuera una pérdida de tiempo. ¿Debería simplemente rendirme e ir a un lugar donde las buenas nuevas sean recibidas con mayor entusiasmo?

Puede ser que vivas en un lugar donde el evangelio se predica más, pero de seguro ya has notado que el Reino de Dios no parece estar avanzando como esperabas. Tal vez te armaste de valor para defender la causa de Cristo, sin embargo, te encontraste con miradas confundidas y con personas que se alejaban de ti. Probablemente así se sintieron los discípulos de Jesús en varias ocasiones durante el ministerio terrenal de nuestro Señor.

Sigamos esparciendo la semilla del evangelio y maravillándonos de lo que Dios hará por medio de Su Palabra.

En Marcos 4:26-29, vemos cómo Jesús instruyó y animó a Sus discípulos a continuar predicando el evangelio y a confiar que el Señor usaría sus esfuerzos para mostrar en Su tiempo una cosecha abundante. Estas palabras deberían ser de ánimo para nosotros y, a la vez, un recordatorio de nuestra encomienda y sus limitaciones.

El versículo veintiséis introduce la parábola y nos ayuda a ver nuestra encomienda: «El Reino de Dios es como un hombre que echa semilla en la tierra». Al igual que en la muy conocida parábola del sembrador al principio de este capítulo,Jesús aquí habla del Reino de Dios como viniendo por medio de la semilla esparcida. Él acaba de explicar que la semilla es la Palabra de Dios (v. 14), por lo tanto, es evidente que la encomienda para cada uno de nosotros es sembrar la semilla por medio de la predicación de la Palabra.

Sin embargo, a menudo nos sentimos decepcionados cuando todos nuestros esfuerzos parecen ser en vano. Esto puede motivarnos a seguir tratando, incluso a poner en práctica cualquier truco nuevo con la esperanza de producir los resultados deseados. Pero Jesús tiene un consejo más efectivo para aquellos que fielmente han echado la semilla: « [El sembrador] se acuesta y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece; cómo, él no lo sabe. La tierra produce fruto por sí misma; primero la hoja, luego la espiga, y después el grano maduro en la espiga» (vv. 27-28). Nota, primeramente, que el crecimiento ocurre «automáticamente». Cuando una buena semilla cae sobre una tierra preparada, esa semilla brotará y crecerá. El poder de ese crecimiento descansa en la misma semilla. Es la misma Palabra poderosa que cumplirá el propósito por el cual ha sido enviada. En segundo lugar, toma tiempo para que la semilla esparcida crezca. En la previa parábola del sembrador, Jesús había señalado que la semilla que aparentemente creció con rapidez, terminó sin producir fruto alguno (vv. 5 ss.).

En la conclusión del pasaje, finalmente leemos que no necesitamos temer pensando que el Reino de Dios no prosperará: «Y cuando el fruto lo permite, él enseguida mete la hoz, porque ha llegado el tiempo de la siega» (v. 29). ¡Esto es liberador! Somos llamados a ser simplemente embajadores de Cristo. Solo tenemos que esparcir la semilla. El resto es obra de Dios y Él llevará a cabo Su obra. Su Reino vendrá exactamente como Él lo ha decretado.

No podemos estar seguros de que todos nuestros amigos se entregarán a Cristo, pero podemos estar seguros de que Dios no demanda de nosotros lo que solamente Él puede hacer. Él reunirá a los escogidos, tanto los de tu círculo de amigos como los de Alemania. Cuando Cristo regrese para recoger Su cosecha, habrá una multitud de toda tribu, lengua, pueblo y nación. Él lo hará a Su tiempo cuando la misión esté completa. Así que, sigamos esparciendo la semilla del evangelio y maravillándonos de lo que Dios hará por medio de Su Palabra.

Este artículo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Matthias Lohmann
Matthias Lohmann

El Rev. Matthias Lohmann es pastor en la Free Evangelical Church en Munich, Alemania, y presidente y fundador de la asociación evangelística alemana Evangelium21.