¿El matrimonio impide tu relación con Dios?

Got Questions

¿El matrimonio impide tu relación con Dios?

El asunto de que el matrimonio puede interferir con el servicio a Dios era una preocupación de Pablo en 1 Corintios 7. Debido a esto, él afirmó que es mejor para una persona soltera permanecer como él era — soltero. Pero él comprendió que la capacidad de manejar una vida sola sin «quemar» con pasión no fue un don dado a todo el mundo (los versículos 7-9). En los versículos 32-35, Pablo afirma que los solteros son capaces de servir al Señor de una manera «sin congoja», porque no necesitan enfocar una parte de sus vidas en agradar a sus cónyuges. Pero también afirmó que, ya sea casados o no, deberíamos concentrarnos en servir a Cristo (los versículos 28-31).

Pero el hecho de que Jesús no llamó sólo a solteros — y de hecho seleccionó a Pedro, un hombre casado, como uno de los tres discípulos más cercanos (Mateo 8:14) — indica que el matrimonio no tiene por qué ser un obstáculo para la intimidad con Cristo. Asimismo, en el Antiguo Testamento hay dos individuos (entre otros) que eran íntimos con Dios. Uno era Daniel; otro era Moisés. Uno era soltero; uno estaba casado. Por lo tanto, el matrimonio no fue un factor en la determinación de intimidad con Dios.

La clave para que el matrimonio no impida la intimidad con Cristo es estar seguro de casarse «en el Señor» (1 Corintios 7:39) o, para decirlo de otra forma, no entrar en un yugo desigual (2 Corintios 6:14) al casarse con un incrédulo, o un creyente que no tiene la misma base doctrinal o el mismo deseo de servir a Cristo de todo corazón. Si uno se casa «en el Señor», la Escritura promete los beneficios de un buen compañero (Proverbios 27:17; Eclesiastés 4:9-12), y el cónyuge se convierte en una ayuda y estímulo en su caminar con Cristo.

Usado con permiso del Ministerio Got Questions

Tomado de GotQuestions.org. Todos los Derechos Reservados

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La realidad de la decepción

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

La realidad de la decepción

Jeremy Pierre

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie «Esperanza en medio de la decepción», publicada por la Tabletalk Magazine.

La vida es una larga y constante decepción. La mayoría de la gente se da cuenta de esto cuando llega a sus treintas. En la niñez todo se ve posible. Los años de la adolescencia están llenos  de angustia y ansiedad, pero incluso esa ansiedad deja entrever algo de esperanza, ya que es solo una indignación silenciosa ante la idea de que las cosas podrían ser mejores. En sus veintes, una persona puede todavía conservar la ilusión de que el mundo pronto florecerá. No es hasta los treintas que una persona se da cuenta de que mucho de lo que viene no será mejor de lo que ya ha pasado. Los cuarentas, cincuentas y siguientes, con frecuencia reafirman la famosa bienaventuranza de Alexander Pope: “Bienaventurado el hombre que no espera nada, porque nunca será decepcionado”. Vivir es ser decepcionado.

Así que anímate. Por extraño que parezca, la decepción puede ser un indicador de que estás viendo el mundo correctamente. Nadie disfruta sentirse decepcionado. En sí misma, la decepción es similar a la tristeza por una pérdida y, en última instancia, no fuimos diseñados para ella. Pero, como todas las emociones, la decepción es un indicador de cómo una persona percibe su vida: qué es lo que cree y quiere de ella. Cuando estás viviendo en un mundo caído, a veces creer y querer lo correcto significa que serás decepcionado.

La experiencia de la decepción

Los seres humanos pueden decepcionarse porque son capaces de tener expectativas. Estamos hechos para anhelar mejores días. Todo fanático de un equipo perdedor sabe esto. Lo mismo ocurre con cada adolescente con acné, cada padre insomne de un recién nacido, cada joven profesional en búsqueda de una carrera, cada recién divorciado sentado en una casa ahora vacía. Todos en nuestra mente soñamos en pantalla gigante con una mejor vida, libre de las partes más dolorosas del presente. Vivimos en un desierto, pero imaginamos un jardín.

La decepción es lo que experimentamos cuando ese jardín nunca florece. Por supuesto, sabemos que no florecerá de inmediato. Pero, ¿tal vez lo hará incrementalmente? ¿Tal vez en el próximo capítulo  de la vida? ¿Tal vez al doblar la próxima esquina? Todos estos “tal vez” son los proyectores en la pantalla de la mente. Lo que proyectan podríamos llamar expectativas.

Experimentamos decepción como una sensación de pérdida cuando la realidad no cumple con nuestras expectativas. Las palabras clave son realidad y expectativas, y ambos términos están cargados de significado teológico.

La decepción es un indicador de cómo una persona percibe su vida: qué es lo que cree y quiere de ella.

Una teología de la decepción

La realidad es el mundo que nos rodea, un mundo que existía antes de que cualquiera de nosotros tomara su primer respiro. El mundo es un componente dado de nuestra experiencia, el contexto en el que nacemos y en el que nos movemos. Está fuera de nuestro control, está fuera de nuestra determinación y opera de acuerdo a leyes que no legislamos. En pocas palabras,la realidad es realidad. Y esta realidad constantemente falla en parecerse al Edén imaginario en el que tanto amamos habitar.

La realidad es el mundo en el que Dios nos colocó. Es fácil pasar por alto el significado teológico de Génesis 2:8: «Y plantó el Señor Dios un huerto hacia el oriente, en Edén; y puso allí al hombre que había formado». Dios hizo a Adán como una imagen corporal de Él en una ubicación física. Este mundo precedió a Adán. Estaba fuera de su determinación aunque bajo su dominio para ser el contexto de su obediencia (1:28). Adán no podría simplemente haber vivido en su mente; él tenía que moverse en una realidad fuera de su mente.

Las expectativas, por otro lado, son una respuesta humana a la realidad; y como respuestas, tenemos participación en ellas. Las expectativas son en parte esperanza, en parte predicción de lo que será la realidad. Son en parte esperanza en el sentido de que son una expectativa de lo bueno. Nadie se decepciona cuando no sucede algo malo que esperaban; en cambio, experimentan alivio. La esperanza es la anticipación de que la realidad se caracterizará por un mayor gozo, una mayor provisión, mayores logros, mayor paz.

Adán perdió su lugar en una realidad ideal al desobedecer a Dios, quien lo envió a él y a su esposa fuera del Edén y hacia la decepción suprema de un mundo acechado por la muerte y la decadencia (Gé 3:8-24). Un mundo que una vez fue generoso con fruto se volvió hostil con espinas. Esta es la realidad que los nietos de Adán han heredado. Pero también han heredado la memoria de ese jardín. Nuestra misma capacidad para decepcionarnos muestra que tenemos expectativas de un mundo mejor que el que vivimos.

Entonces, en cierto sentido, la decepción es una respuesta correcta a un mundo decepcionante. Vemos expectativas decepcionadas en todas partes en las Escrituras: desde Job maldiciendo el día en que nació, hasta los hijos de Coré comparando este lugar con la tierra de los muertos, hasta Pablo describiendo a la creación misma gimiendo de dolor y desilusión (Job 3:3; Sal 88:12; Ro 8:19-22). Esta decepción colectiva es una señal segura de que sabemos que podemos esperar más.

Entonces, ¿cómo procesamos nuestra decepción personal? Aquí hay algunos principios.

Tus decepciones específicas son solo la manifestación de una decepción más amplia. Como dijimos al principio, la vida es una decepción larga y constante. Esta gran decepción se manifiesta en muchas otras que son pequeñas. Familias rotas, carreras fallidas, salud en declive. Años de planificación y trabajo que resultan solo en más incertidumbre, no menos. Temor de que tus hijos adultos no mantengan los valores de la familia. Las relaciones que deberían haber sido de por vida ni siquiera alcanzan su vida media. O quizás lo peor de todo es que has obtenido las posesiones que deseabas y simplemente no te dan la satisfacción que buscabas.

Estas decepciones ordinarias guardan relación con cosas que van más allá de la situación que te decepciona. El sabio de Eclesiastés, sentado bajo los árboles frutales de su jardín soleado, festejando con funcionarios aduladores de todo el mundo, miraba fijamente al cielo, diciendo: «He visto todas las obras que se han hecho bajo el sol, y he aquí, todo es vanidad y correr tras el viento» (Ecl 1:14).

La decepción del predicador no se debió a los árboles, la comida o los funcionarios. Su decepción fue una comprensión abarcadora y exhaustiva, no de que simplemente este mundo no proporciona la satisfacción final, sino que no puede proporcionar la satisfacción final. Sus decepciones específicas son solo el reconocimiento propio de esta misma realidad.

Si deseas manejar la decepción de una manera piadosa, debes comenzar simplemente reconociendo que tus decepciones específicas no son exclusivas. El mundo no es particularmente injusto contigo. Es injusto con todos. Pensar que tus propias decepciones son una carga mayor para ti que las de los demás, te conducirá rápidamente a la autocompasión y al primo más sutil de la autocompasión, el auto-desprecio.

Tus decepciones pueden mostrar que tus expectativas no se alinean con lo que Dios dice acerca de la realidad. Dios nos dice que el mundo está caído. Tus decepciones pueden deberse a que esperas más de este mundo de lo que Dios dijo que daría. Todos prefieren secretamente un regreso inmediato al jardín anterior que esperar por el nuevo. Pero Dios dice que este mundo está marcado por futilidad y dificultad. La felicidad que experimentamos es genuina, pero es fugaz. La pregunta es: ¿estamos dispuestos a vivir a la manera de Dios en un mundo caído?

Tomemos, por ejemplo, los tipos de decepción que acabo de mencionar: una familias rotas, una carrera fallida o una salud en declive. Dios, de hecho, diseñó la familia para proporcionar intimidad y seguridad, pero en un mundo caído, las relaciones se rompen. El esperar una familia ideal ha impedido que muchas personas disfruten de su familia real. El trabajo y la carrera son una parte esencial de nuestro llamado o vocación, destinados a proporcionar satisfacción y provisión, pero en un mundo caído, las carreras no están garantizadas. Esperar por la carrera ideal no nos permite disfrutar el trabajo que ahora tenemos. Lo mismo sucede con la salud. Dios hizo al cuerpo humano con la facultad de auto sanarse, pero nuestra condición caída es evidente en cada molestia y dolor. Nuestro anhelo de una buena salud puede llevarnos a ser ingratos por cada día de vida.

Esperamos un mundo no afectado por la caída. Cuando hacemos eso, estamos insistiendo en nuestra propia versión de lo que el mundo debería ser, en lugar de confiar en Dios por el mundo que es.

Tus decepciones pueden, por otro lado, mostrar que tus expectativas se alinean con lo que Dios dice acerca de la realidad. Aunque Dios te dice que el mundo está caído, Él también te dice que no debería ser así. Tus desilusiones pueden mostrar que estás de acuerdo con Él. Sientes el dolor de una familia rota porque sabes que fuimos creados para estar en cercanía. Estás desilusionado por la pérdida inesperada de tu trabajo porque Dios diseñó el trabajo para producir una recompensa. Estás frustrado con un cuerpo que no responde cómo quieres porque sabes que Dios hizo los cuerpos para sean perfectos. La diferencia entre las expectativas que se alinean con las de Dios y las que no lo hacen está en tu disposicion de someterte a la manera de Dios de ver la vida: plagada de dificultades por ahora con el fin de agudizar tu anhelo por el mundo venidero. El dolor de darse cuenta de que el mundo está roto puede ser una plataforma para adorar al Dios que, incluso ahora, está preparando un mundo inquebrantable.

Tus decepciones deberían producir dos acciones en ti: lamentación y búsqueda. El predicador de Eclesiastés nos enseña a lamentar nuestra decepción. Lamentar significa quejarse con fe delante de Dios. Expresar nuestras decepciones a Dios es lo opuesto de albergarlas en nuestras almas. El lamento es una manera de entregar nuestras expectativas a Él, confiando en que Él va a solucionar la situación de acuerdo con Su sabiduría y en Su tiempo.

La gente de fe en Hebreos 11 nos enseña a buscar una mejor nación. La fe hace que las personas actúen de forma extraña en su realidad presente: no se conforman con ella. Habitantes de tierra firme construyen botes para salvarse de la destrucción venidera. Hombres ricos dejan todo para deambular. Ancianas deshonradas engendran naciones. Príncipes se identifican con esclavos para obtener un mejor reino. Prostitutas se convierten en las únicas con ojos para ver una vida mejor. Todos estaban insatisfechos con el presente con la esperanza de un futuro mejor, un futuro con Dios.

Así que anímate. La decepción puede ser refinada para un buen uso. Si nuestra realidad actual nos enseña a lamentarnos y a buscar, estamos bien encaminados a través de esta  larga y constante decepción. Y en el mundo inquebrantable que nos espera, llegaremos firmemente al final de la decepción.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.

Jeremy Pierre
Jeremy Pierre
El Dr. Jeremy Pierre es decano de estudiantes y profesor asistente de consejería bíblica en el Southern Baptist Theological Seminary en Louisville, Kentucky y es pastor en Clifton Baptist Church, y coautor de «The Pastor and Counseling».

A28 – Cómo evitar la atadura de la adicción

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

A28 – Cómo evitar la atadura de la adicción

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/Como-evitar-la-atadura-de-la-adiccion/

Carmen Espaillat: Nancy Leigh DeMoss ha estado estudiando la naturaleza cegadora de las adicciones.

Nancy Leigh DeMoss: Curiosamente, a menudo son aquellos que son adictos que no pueden darse cuenta que lo son. He hablado con mujeres así en las últimas semanas, y me han dicho: «Yo nunca te hubiera dicho que era adicta. No hubiera dicho que era alcohólica. Sí, otra gente, pero yo no».

Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Carmen: Hemos estado en un excelente estudio llamado El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5 . Hemos estado viendo cinco versículos que están llenos de aplicaciones prácticas. Aquí está Nancy para continuar.

Nancy : Estamos viendo en nuestro estudio de Tito capítulo 2 que la sana doctrina es muy práctica. Tiene implicaciones para toda la vida. Si eres hombre o mujer, de edad madura, joven o en cualquier temporada de tu vida, hay implicaciones de la sana doctrina que tienen que ser vividas a diario. Pablo le está diciendo a Tito en el capítulo 2: “Así es como luce la sana doctrina cuando se vive en estas diferentes temporadas de la vida”.

Entonces él dice en el versículo 2: “Los ancianos deben ser sobrios —o moderados—, dignos, prudentes, sanos en la fe, en el amor, en la perseverancia. Asimismo, [no solamente deben ser ciertas de los ancianos todas estas cosas sino también las ancianas deben ser reverentes en su conducta: no calumniadoras —de lo que hablamos en las últimas sesiones—, y no esclavas de mucho vino” (versículos 2-3).

Si estás usando la NVI, dice, “Ni adictas al mucho vino”. Cuando primero empecé a estudiar el libro de Tito y llegué a esta frase, empecé a reflexionar el porqué Pablo les dice esto en particular a las mujeres, a las mujeres mayores. Yo sé que muchas personas tienen problemas con el alcohol en nuestra cultura, ¿pero por qué Pablo saca a relucir este asunto con las mujeres ancianas?

Y si tú no tomas alcohol , tal vez tienes la tentación de nada más saltar esta parte y pensar: “Pues, yo no necesito esto porque yo no tomo”. Déjame decir que toda la Escrituras es inspirada. Sabemos que cada palabra es necesaria y es “útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Timoteo 3:16 RV60).

El hecho que las Escrituras dirige esta palabra a las mujeres y a las mujeres mayores quiere decir que si somos mujeres, tenemos que hacerle caso a lo que está diciendo y pensar en cómo se aplica a nosotras.

Primero que todo, creo que queremos ver que la frase “esclavas al mucho vino” representa algo más grande y amplio que simplemente tus hábitos de tomar alcohol . Yo creo que representa un espíritu, una mentalidad, de extravagancia, de indulgencia, la tentación de comer, de beber y estar alegres, de vivir una vida de facilidad, de consentir la carne. Y Pablo está advirtiendo en contra de todo esto.

El envejecer no es una oportunidad para simplemente hacer lo que tú carne quiere hacer. Y yo me doy cuenta de que mientras avanzo en años, a veces es fácil para mi pensar (de forma más o menos subconsciente; porque nunca lo diría): “Ya estoy paga. Merezco un descanso hoy. Voy a hacer algo que me haga sentir bien hoy”.

Y algunas de estas cosas, no son necesariamente malas. ¿Pero cuál es el corazón? ¿Cuál es el motivo? ¿Cuál es la mentalidad?

Y mientras voy ganando años, ¿estoy viviendo una vida que es más indulgente, más descuidada, menos reflexiva? ¿O estoy viviendo una vida que es más enfocada, más intencional, más mesurada, más sabia en cuanto a lo que estoy haciendo con mi tiempo y con mi vida?

Entonces, , yo creo que Pablo está diciendo aquí, sea que tomes vino o no, ese no es el asunto. El punto es, ¿tienes un estilo de vida que es mesurado, que es disciplinado, que está definido por formas de pensar piadosas, que es fructífero y productivo?

¿O estás tomando tu vida a la ligera y siendo alegre en tus años maduros y diciendo: “Ya estoy retirada, de forma que tengo una mentalidad de retirada. Voy a satisfacer mi carne. ¿Me voy a satisfacer a mí misma y sentirme bien por eso?” Y Pablo está diciendo, ¡no! Así no es como debes de pensar al envejecer.

Y entonces Pablo le dice que las mujeres no deben de ser esclavas del mucho vino. La palabra aquí para esclava o esclavitud es la palabra que habla acerca de estar atadas debido a un poder externo, el estar bajo el poder de una fuerza o una influencia.

“Ser una esclava al mucho vino” es una frase que es opuesta a las frases y palabras que estamos viendo a través del resto del libro de Tito. Opuesta a ser de mentes sobrias, ser templadas, tener dominio propio— ves esa palabra muchas veces a través del libro de Tito una y otra vez, dependiendo de tu traducción.

Los ancianos deben de ser así. Los hombres mayores deben de ser sobrios, tener dominio propio, deben ser templados. Los hombres jóvenes deben de ser de esa manera también. El cuerpo de Cristo, todos los creyentes deben de ser templados, tener dominio propio, tener una mente sobria. Esta frase “esclavas al mucho vino” es lo opuesto de eso.

Ahora, en el primer siglo en los días cuando Pablo le hubiera estado escribiendo esta carta a Tito, se ingería mucho alcohol y había mucha embriaguez y abuso del alcohol.

Era un problema en la isla de Creta donde Tito era responsable por pastorear a las iglesias. Era un problema en la cultura. Y es un tema mayor en nuestra cultura, por si no te has dado cuenta.

Leí un artículo que Anna Quindlen escribió en Newsweek llamado “La droga que finge no serlo” (“ The Drug That Pretends It Isn’t”). Y aquí está lo que ella dice:

Un grupo de investigación de políticas llamado Estragegias de Drogas (Drug Strategies) ha sacado un reporte que le llama al alcohol “el problema de drogas más dominante de los Estados Unidos”. Dice que las muertes conectadas con el alcohol sobrepasan las muertes conectadas con las drogas, en una proporción de 1 a 4. El alcohol es un factor en más de la mitad de todos los casos de violencia doméstica y de abuso sexual.

Los investigadores calculan que entre accidentes, problemas de salud, crimen y el sentido de inutilidad, el abuso del alcohol le cuesta a la economía norteamericana 167 mil millones de dólares al año (Newsweek 10/04/2000).

Es un problema muy grande en nuestra cultura. Y hoy y en la siguiente sesión quiero hablar muy abiertamente acerca del uso y abuso del alcohol. No es un tema sobre el cual he hablado antes. No es uno del que estoy muy emocionada de enseñar, excepto que cuando te encuentras con él en las Escrituras, necesitamos todo el consejo de Dios. Si no es un problema con el que estás tratando personalmente, quizás tienes amigos y familiares que sí lo estén enfrentando y tenemos que saber cómo pensar bíblicamente sobre este tema.

Luego quiero tomar otro par de sesiones para ampliar más allá del alcohol y ver las adicciones en general, porque creo que esta frase en Tito 2 que las mujeres no deben ser esclavas del mucho vino no es solamente una prohibición en contra de la adicción al alcohol, sino que es una prohibición, una advertencia, en contra de cualquier comportamiento o práctica o antojo que nos esclaviza.

La mayoría de nosotros batallamos—incluyéndome a mí—con una o más formas de esclavitud y de atadura pecaminosa aún como cristianos, áreas donde batallamos mucho para caminar en libertad. Entonces en esas últimas sesiones en esta miniserie dentro de la serie de Tito 2, queremos hablar acerca de todo este problema más amplio de las adicciones y cómo tratamos con eso.

En primer lugar en esta sesión y en la próxima, vamos a ver ¿cómo debemos nosotras como mujeres cristianas ver el concepto de tomar y el consumir alcohol? Quiero decir algunas cosas que a algunas de ustedes les van a parecer muy obvias, pero pienso que no son tan obvias para mucha gente. Entonces pienso que es importante mencionarlas.

Número 1: No hay duda sobre esto, quien sea que está comprometido con la autoridad puede estar de acuerdo con que la borrachera es clara y frecuentemente condenada en las Escrituras. No hay duda sobre eso. Si estás bajo la autoridad de la Palabra de Dios, tendrás que decir que eso es cierto, las Escrituras prohíben la embriaguez por cualquier persona bajo cualquier circunstancia.

Y ¿qué es la embriaguez? Se ha definido como el estado en que las facultades físicas y mentales de uno son dañadas por un exceso de bebida alcohólica. Estar borracho es estar intoxicado.

En el proceso de investigar y estudiar para esta serie, entrevisté a varias mujeres que tienen trasfondos con el alcohol y adicción a drogas. He aprendido muchas cosas. Fue simplemente interesante el oír algunas de estas mujeres describir como su embriaguez se manifestaba.

También fue interesante oír a muchas decir que pensaban que otros estaban borrachos pero ellas no. En las Escrituras, la borrachera se asocia con la sensualidad, la inmoralidad, la violencia, los hechos de la oscuridad y los comportamientos paganos pecaminosos.

No hay una sola palabra positiva en la Escritura acerca de la borrachera. Siempre está asociada con el diablo, con los actos del ocultismo, con cosas malas que deben de ser evitadas.

De hecho, los comportamientos asociado a la intoxicados a los excesivos o a cualquier esclavitud son característicos de los no creyentes. No vamos a ir allá, pero en Tito capítulo 3, versículo 3, tenemos una descripción de cómo Pablo dice que éramos antes. Él dice que en algún tiempo éramos desobedientes, éramos necios, éramos esclavos de varias pasiones y placeres.

Y Pablo acaba de decir que las mujeres mayores no deben ser esclavas de mucho vino. Pero dice que antes de conocer a Cristo éramos esclavos de muchas pasiones y placeres. Esa palabra placeres es la palabra de donde sacamos nuestra palabra hedonismo, la búsqueda del placer.

Yo creo que podríamos clasificar o categorizar esas pasiones y placeres como deseos y satisfacciones pecaminosas. Hemos encontrado formas de satisfacernos a nosotras mismas y a nuestros deseos que son pecaminosos.

Eso es lo opuesto de lo que las mujeres piadosas deben de ser. No debemos de ser esclavas del mucho vino y de pasiones o placeres pecaminosos. Una característica de nuestra nueva vida en Cristo es que no somos esclavas de esas cosas. Entonces vemos la prohibición en contra de la borrachera en las Escrituras.

En segundo lugar, vemos que a los líderes en particular se les da una precaución en relación a tomar—aquellos que tienen responsabilidades de pastorear o influenciar a otros. En el Antiguo Testamento, los sacerdotes y reyes tenían prohibido tomar. Tenían responsabilidad. Tenían que tener despejadas las cabezas. Tenían que poder pensar claramente. Tenían que tener buen juicio un sano juicio. No querían que su juicio fuera dañado.

Entonces Dios dijo, por ejemplo, en Levítico 10 a Aarón, que fue el primer sacerdote y sus hijos fueron los siguientes sacerdotes. Él dijo: “No beberéis vino ni licor, tú ni tus hijos contigo, cuando entréis en la tienda de reunión, para que no muráis”.

Esta era una ofensa mayor. De manera que tenemos a sacerdotes a quienes se les prohíbe tomar por causa de sus responsabilidades sacerdotales.

Y en Proverbios 31—todas conocemos el pasaje empezando en el versículo 10 que dice cómo deben ser las mujeres virtuosas. Pero si recuerdas bien, el escritor de este proverbio es un rey— el Rey Lemuel, así es llamado en este Proverbio— recordando las cosas que su mamá le enseñó.

Desde que era joven, antes de que fuera rey, ella lo estaba preparando para lo que un día sería su llamado en la vida. Y ahora como un hombre adulto, un rey, el está recordando lo que su mamá le dijo. Ella dijo:

No es para los reyes, oh Lemuel, no es para los reyes beber vino, ni para los gobernantes desear bebida fuerte; no sea que beban y olviden lo que se ha decretado, y perviertan los derechos de todos los afligidos. (Proverbios 31:4-5).

Su mamá entendía y le transmitió a su rey (y tenemos esto como una parte inspirada de las Escrituras) que aquellos que tenían responsabilidades reales no debían tomar alcohol; dañaría su juicio. Perderían su dominio propio. Tendrían menor efectividad y podrían hacer cosas tontas que podrían afectar y potencialmente dañar las vidas de aquellos bajo su jurisdicción.

Al llegar al Nuevo Testamento, estamos en el libro de Tito. Si fueras de regreso al capítulo 1 de Tito, verías en el versículo 7 que los ancianos, los responsables por el liderazgo espiritual de la iglesia local, no debían de ser adictos al vino.

En la Biblia de la Américas, que es la que yo uso, dice que no deben ser “dado[s] a la bebida”. Deben ser templados, tener dominio propio. La palabra que se usa en Tito 1 para borracho es de hecho un compuesto de dos palabras, la palabra “vino” y la palabra “en”—en el vino. No deben estar en el vino. No deben estar al lado de él, ni cerca de él, ni con él.

Y luego llegamos a esta frase en Tito capítulo 2, que nos dice que las mujeres mayores no deben de estar esclavizadas a mucho vino. Toda esta gente—los reyes, los sacerdotes, los ancianos, las mujeres mayores— ¿qué tienen en común?

Lo que tienen en común es que todos deben vivir vidas ejemplares. Todos tienen un círculo de influencia. Entonces todas estas personas deben de ser particularmente cuidadosas, podríamos decir, por lo menos en el uso de cualquier cosa que pueda dañar su juicio, que puede llegar a ser adictiva, que puede hacerlas menos efectivos, específicamente en referencia al uso del alcohol.

Luego al ir por las Escrituras—y no vamos a tomar tiempo para ver todos estos, pero hay muchas advertencias y precauciones a través de las Escrituras en referencia al uso y al abuso del alcohol. No creo que Dios habría puesto todos estos avisos en las Escrituras si no fuera algo de lo que necesitamos estar advertidos.

Dios conoce la naturaleza humana. Conoce nuestra carne. Sabe cómo somos y qué son nuestras tendencias pecaminosas. Entonces hay muchas advertencias, y tenemos que hacerles caso. Por ejemplo, en Proverbios tiene muchos de estas advertencias. Proverbios 20, versículo 1 dice: “El vino es escarnecedor, y la bebida fuerte alborotadora, y cualquiera que con ellos se embriaga no es sabio”.

Al hablar con mujeres que se han descarriado por abuso de drogas, por drogas y alcohol, ellas dirían: “Tomé decisiones muy malas como resultado de entrar en un estilo de vida de borracheras ”.

Es interesante cómo ven el alcohol como una droga de escape y cómo lleva a otras drogas ilegales en muchos casos y otros tipos de comportamiento y decisiones—decisiones sobre el matrimonio, decisiones morales. Muchas otras decisiones tontas están a menudo conectadas con cosas que la gente hace cuando pierden el control completo de sus facultades mentales porque estaban bajo la influencia del alcohol.

Y ni hablar de las muertes de algunos de nuestros familiares que han sido causadas por gente manejando bajo la influencia del alcohol muchos daños colaterales pueden provocarse. Por eso Proverbios dice si el alcohol te descarría, es una cosa tonta.

Hay otro pasaje en Proverbios que tiene mucho para decir acerca del alcohol. Y está Proverbios capítulo 23. Déjenme nada más pasar por varios versículos de ese pasaje, empezando en el versículo 29 donde describe algunos síntomas y efectos. Dice:

● “¿De quién son los ayes? ¿De quién las tristezas?” Esos son algunos síntomas emocionales.

● “¿De quién son las contiendas? ¿De quién las quejas?” Estos son asuntos relacionales, problemas relacionales. ¿Tienes problemas emocionales? ¿Tienes problemas relacionales?

● “¿De quién las heridas sin causa? ¿De quién los ojos enrojecidos?” Estos son síntomas físicos, efectos físicos.

Y pone todas estas preguntas juntas y dice, si tienes estas características y estos problemas, ¿cuál podría ser la causa? Versículo 30:

● “De los que se demoran mucho con el vino, de los que van en busca de vinos mezclados”.

Dice, en muchos casos, todos estos son síntomas que son el resultado de gente que ha estado en el vino demasiado tiempo. Han estado permaneciendo en él. Han estado abusando al alcohol.

¿Entonces qué haces? ¿Cómo evitas esos síntomas? ¿Cómo lidias con esos efectos? ¿Cómo evitas tener esos problemas emocionales y físicos o relacionales?

Bueno, nos da una amonestación, un aviso y una solución en el versículo 31.

● “No mires al vino cuando rojea, cuando resplandece en la copa; entra suavemente”.

Antes que nada, es interesante que diga que el vino tiene una apariencia atractiva. Se ve agradable; se ve bien a los ojos.

¿Te suena conocido? ¿No es eso lo que dice de la fruta en el jardín de Edén, cuando Eva vio esta fruta que Dios había dicho que no probaran? Se veía bien a los ojos.

El escritor aquí está diciendo que el vino tiene una apariencia agradable y es apelante. Se ve como algo que disfrutarías. Se siente bien. Baja suavemente. Pero qué te dice la Escritura “¡No lo mires! ¡Quédate lejos de él!”

Si tienes estos problemas o tal vez tienes estos problemas, estos efectos emocionales, estos efectos relaciones, estos síntomas físicos, solamente hay una forma de evitarlos porque estos síntomas que vienen como resultado de tomar alcohol. Y la forma de evitarlos es no tomar alcohol. No lo veas. Mantente lejos de él.

Y luego piensa acerca del futuro. Piensa sobre las consecuencias. No nada más pienses en cómo se ve en el momento y cómo baja suavemente en este momento. Piensa en lo que los comerciales no te muestran. Piensa en lo que los comerciales no te dicen cuando promueven estas maravillosas sustancias alcohólicas.

El versículo 32 dice , en el final… Por cierto, esa es una buena forma de pensar acerca de toda la vida al tomar decisiones. Evalúa cuál es el efecto y la consecuencia a largo plazo de esta decisión.

“Al final como serpiente muerde”. Sí, baja suavemente ahora, pero al final, “muerde como una serpiente y como víbora pica”. Es mortal, dice: “Tus ojos verán cosas extrañas, y tu corazón proferirá perversidades”. Hay efectos alucinógenos por tomar demasiado.

Versículo 34: “Y serás como el que se acuesta en medio del mar, o como el que se acuesta en lo alto de un mástil”.

Vas a hacer cosas tontas y necias que no harías si tuvieras control de tus sentidos, cuando estás bajo esa influencia y tu sentido está dañado por el uso del alcohol.

Versículo 35: “Y dirás: me hirieron pero no me dolió; me golpearon, pero no lo sentí”.

¿Qué está diciendo? Estás usando el alcohol a tal grado que adormece el dolor. ¿No es esa una de las razones por la que la gente empieza a usar el alcohol en primer lugar, para matar el dolor?

Dice: “Cuando despierte…

Aquí tienes a lo que te lleva finalmente— a la esclavitud, la atadura, la adicción.

…volveré a buscar más”. (Versículo 35).

Ha causado aflicción y dolor , conflicto, quejas, heridas y enrojecimiento de los ojos. Te ha mordido como una serpiente. Te ha picado como una víbora.

Tus ojos han visto cosas extrañas. Tu corazón ha dicho cosas perversas. Estás haciendo cosas tontas. Estás actuando neciamente.

Ni si quiera puedes sentir el dolor cuando alguien te pega porque tus sentidos se han muerto. Y cuando despiertes, ¿qué dirás? “¡Dame más! ¡Tengo que tener otro trago más!”

Esta es la imagen de un adicto completamente borracho.

Curiosamente, a menudo son aquellos que son adictos que no pueden ver que lo son. He hablado con estas mujeres en estas semanas recientes, y han dicho: “Yo nunca te habría dicho que era adicta. No habría dicho que era alcohólica. Sí, otra gente sí, pero no yo. Yo necesito otro trago”.

Al hablar con esta gente que ha vivido esta descripción, lo hermoso ha sido ver el poder de la gracia de Dios para librarlas y liberarlas de la esclavitud al alcohol y las drogas y otras adicciones.

Y mientras escuchas esto, quiero decirte que si hay una adicción en tu vida donde tú dices: “Tengo que tener esto. Tengo que tenerlo; no puedo vivir sin ello. Sin importar las consecuencias, estoy adicta a esto”. Por la gracia de Dios, puedes ser libre.

Sabemos que la borrachera está prohibida en las Escrituras. Y hemos visto eso. Aquí está lo que quiero decirte, lo que quiero preguntarte, porque esto aplica a más de las que estamos aquí hoy escuchando . ¿Qué hay de tomar un trago? ¿Qué tal la bebida social? Te diré algo que seguramente ya sabes. Hay mucho desacuerdo acerca de este tema entre los cristianos que creen en la Biblia.

No vas a encontrar un versículo en la Biblia que manda la abstinencia total. No vas a encontrar un versículo que dice que es malo tomar cualquier cosa bajo cualquier circunstancia. Ese versículo no existe.

Y yo creo que esta es un área donde mucha gente en la iglesia hoy ha dejado que la cultura, los anuncios y sus amigos formen sus pensamientos, en lugar de que la Palabra de Dios y los valores del Reino de Dios lo hagan.

En la siguiente sesión quiero sacar varios principios y preguntas que debes considerar a la hora de determinar si tomas alcohol o no.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss nos ha estado ayudando a reconocer y evitar la atadura de las adicciones. El mensaje de hoy es otro ejemplo de qué tan relevante la Palabra de Dios es sobre los problemas de hoy. Lo hemos visto a través de la serie, El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5.

Si no has oído toda la serie, la puedes escuchar en línea en www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Como dijo Nancy hace un rato, vamos a ver algunos asuntos prácticos acerca del alcohol en nuestro próximo programa. Nancy contestará preguntas como, ¿Es sabio tomar moderadamente?

Vamos a ver algunos asuntos prácticos acerca del alcohol en nuestro próximo programa

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se cite otra fuente.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

¿Qué responderá usted?

Martes 4 Agosto
Mirad que no desechéis al que habla… al que amonesta desde los cielos.
Recibieron la palabra con toda solicitud.
¿Qué responderá usted?

Dios hizo el universo y todas las cosas que en él hay. Él da a todos la vida y el aliento. Creó a los hombres con la riqueza de sus diferencias para poblar la tierra. Dios se interesa en cada uno personalmente, mucho más aún que los padres en sus hijos.

Sin embargo, quizá nosotros no tratamos de conocer verdaderamente los pensamientos de nuestro Creador, ni de pedir su ayuda para un mundo sumergido en sus problemas. Preferimos ignorarlo y vivir sin él…

Pero Dios el Creador también es el Dios Salvador. Éramos incapaces de volver a él después de habernos alejado por nuestra desobediencia. Entonces él envió a su Hijo Jesús a la tierra para restablecer una relación con nosotros. “En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4:9-10). Así, por amor a nosotros, Jesucristo dio su vida por todos los que se reconocen culpables y van a él para ser perdonados. Él dio su vida por todos los que aceptan esta oferta de gracia y de amor.

Escuchemos al Dios de amor que nos habla desde los cielos. Aún hoy nos dice: “Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno” (Isaías 55:3). Amigo lector, es tiempo, aún en este instante, de aceptar la gracia de Dios, de agradecerle con todo el corazón por el don de Jesucristo, y de confiarle su destino desde ahora. ¿Lo hará usted?

20 – La ley, el pecado y la muerte | Romanos 7:7-13 

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Serie: Romanos

20 – La ley, el pecado y la muerte | Romanos 7:7-13

Ps. Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI) para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

http://www.ibsj.org/sobre-nosotros/

Adornando la doctrina

Coalición por el Evangelio

Adornando la doctrina

EDUARDO FERGUSSON

“Para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador”, Tito 2:10b.

Este versículo se encuentra en una serie de enseñanzas que el apóstol Pablo dirige a Tito. Luego de dar instrucciones con respecto a la sujeción y fidelidad, dice que el propósito de esto es que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador.

La palabra que se utiliza para “adornen” es kosmeo, y de seguro la reconoces por palabras como “cosmético”. Significa embellecer, hacer atractivo, decorar, adornar, o poner en orden.

Por el contexto, vemos que Pablo está hablando a siervos que vivían en una cuasi-esclavitud, y le pide a Tito que los aliente a adornar la doctrina del evangelio que habían profesado. Él enseña que la forma en que los siervos se relacionan con sus amos manifestaría la obra de Cristo, y haría que su fe se viera hermosa, atractiva.

Otro texto que muestra un principio similar está en otra de las epístolas pastorales:

“No permitas que nadie menosprecie tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, fe y pureza”, 1 Timoteo 4:12.

Por medio de su vida y su ejemplo en “palabra, conducta, amor, fe y pureza”, Timoteo lograría que no tuvieran en poco su juventud. La manera en la que su posición como heraldo del evangelio sería evidente no tenía que ver con argumentar que vino por el apóstol Pablo, ni toda la educación teológica que tenía Timoteo; mucho menos presentando una serie de argumentos sobre la autoridad de los ancianos. La conducta de Timoteo haría evidente quien él era en y por Cristo Jesús.

Nuestro ejemplo como argumento

¿Puedes ver por qué estos textos son tan importantes para nosotros hoy? La doctrina que amamos y defendemos es afectada por cómo vivimos y cómo la presentamos. Podemos estar convencidos de algo que es bíblico, sólido, e incluso de mucha ayuda para otros, pero nuestra manera de actuar hace todo lo contrario a “embellecer” lo que profesamos. Nos olvidamos de que nuestra vida es una demostración clara de nuestra doctrina.

En este tiempo de redes sociales, muchos comparten lo que creen o no creen de forma tan agresiva que se aleja del adorno y el ejemplo que necesitamos ser. Si aquello que creemos y defendemos es tan útil, ¿por qué no logra producir piedad en nosotros? Y si nuestra actitud es producto de lo que creemos, ¿cómo se interesarán otros en creerlo al vernos defenderlo de manera arrogante? Con nuestras actitudes logramos que algo se vea poco atractivo o convincente.

Verdad y conducta

No digo que nuestro comportamiento valide la verdad. La verdad es verdad no importa de quién o cómo venga. Sin embargo, la verdad debe producir piedad, y se reflejará en nuestro trato a los demás y en la manera en que presentamos o defendemos lo que creemos.

Nuestro ejemplo es un argumento fuerte para nuestra doctrina. Tener convicciones sólidas, amar la verdad, y señalar con firmeza el error no tiene nada que ver con el orgullo, el maltrato, o la arrogancia. Pablo mismo es un gran ejemplo de esto: un fiel contendiente por la verdad, que decía tratar a los de tesalónica como una madre cría con ternura a sus propios hijos (1 Tes. 2:7).

Nuestro trato para con los hermanos en Cristo no debe ser semejante al que tenemos con aquellos que son verdaderos enemigos del evangelio, especialmente a la luz de estar “esforzándose por preservar la unidad del Espíritu” (Ef. 4:3).

Asume el reto

Personalmente, cuando leo algo con un tono evidentemente dañino, quiero distanciarme de lo que sea que esta persona crea. Pero cuando veo a alguien que ama al Señor, que contiende con reverencia y mansedumbre, que a pesar de tener un desacuerdo —no en cosas esenciales pero sí importantes— logra expresarlo con estima, inmediatamente pienso: “Quiero conocer lo que este hermano cree”.

¿Asumes el reto de ser ejemplo y adornar la doctrina? Por la gracia del Señor y su Espíritu Santo transformando nuestros corazones, podremos convencer a otros y hacer atractivo aquello que creemos.

Eduardo Fergusson es pastor en la Iglesia Cristiana Vida en Su Palabra en Riohacha, Colombia. Hizo sus estudios teológicos en el Seminario Reformado Latinoamericano de Medellin. Está felizmente casado con Etna. Puedes encontrarlo en Facebook.

Adornando la doctrina

55 – “La Masculinidad Biblica “ Parte 3

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

55 – “La Masculinidad Biblica “ Parte 3

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan  hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

http://www.entendiendolostiempos.org/

https://play.google.com/store/apps/details?id=net.nowyouseeme.radioeternidad&hl=es_EC

 https://apps.apple.com/us/app/radio-eternidad/id1053755428

¿Qué es el Reino de Dios?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

¿Qué es el Reino de Dios?

R.C. Sproul

Supongamos que alguien te hace la pregunta: “¿Qué es el reino de Dios?” ¿Cómo responderías? La respuesta más fácil sería notar que un reino es un territorio donde gobierna un rey. Y como entendemos que Dios es el Creador de todas las cosas, su reino se extiende por todo el mundo. Esto manifiesta que el reino de Dios está dondequiera que Dios reina, y dado que Él reina en todas partes, el reino de Dios está en todas partes.

Sin embargo, eso no es todo. Ciertamente, el Nuevo Testamento se refiere a algo más. Podemos ver esto en el momento que Juan el Bautista sale del desierto anunciando con urgencia: “Arrepentíos, porque el reino de Dios se ha acercado”. Y volvemos a verlo cuando Jesús aparece en escena con el mismo anuncio. Si el reino de Dios es todo el universo sobre el cual Él reina, ¿por qué alguien tendría que anunciar que el reino de Dios estaba cerca o estaba por suceder? Obviamente, Juan el Bautista y Jesús se referían a algo más profundo.

En el corazón de este tema está la idea del reino mesiánico de Dios. Un reino que será gobernado por el Mesías escogido de Dios, quien no será solo el Redentor de su pueblo, sino también su Rey. Así que cuando Juan habla de la proximidad radical de este avance, la intrusión del reino de Dios, está hablando del reino del Mesías.

La tarea de la iglesia es hacer visible el reino invisible.

Al final de la vida de Jesús, justo cuando estaba a punto de partir de este mundo, sus discípulos tuvieron la oportunidad de hacerle una última pregunta. Ellos le preguntaron: “Señor, ¿restaurarás en este tiempo el reino a Israel?” (Hch. 1:6b).

Fácilmente puedo imaginarme que de alguna manera Jesús se frustró con esa pregunta. Y hubiera esperado que Él dijera: “¿Cuantas veces tengo que decirles que yo no restauraré el reino de Israel?”; pero eso no fue lo que dijo; Él les dio una respuesta paciente y gentil. Él dijo: “No les corresponde a ustedes saber los tiempos ni las épocas que el Padre ha fijado con Su propia autoridad; pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes; y serán Mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra” (Hch. 1:7-8). ¿Qué quiso decir? ¿A dónde quería llegar?

Cuando Jesús le dijo a Pilato: “Mi reino no es de este mundo”, ¿estaba indicando que su reino era algo espiritual que toma lugar en nuestros corazones, o estaba hablando de algo más? Todo el Antiguo Testamento llama la atención no a un reino que simplemente toma lugar en los corazones de las personas, sino a un reino que se abriría paso en este mundo, un reino gobernado por el Mesías escogido por Dios. Por esta razón, durante su ministerio en la tierra, Jesús dijo cosas como: “Pero si Yo por el dedo de Dios echo fuera los demonios, entonces el reino de Dios ha llegado a ustedes” (Lc. 11:20). ¿Cómo podría el reino haber llegado a la gente, o estar cerca de ellos? El reino de Dios estaba cerca de ellos porque el Rey del reino estaba allí. Cuando Él vino, Jesús inauguró el reino de Dios. Él no lo consumó, pero sí lo empezó. Y cuando ascendió al cielo, fue allí para su coronación, para su investidura como Rey de reyes y Señor de señores.

Así que la realeza de Jesús no es algo que permanezca en el futuro. Cristo es Rey en este preciso minuto. Él está en el puesto de la más grande autoridad cósmica. Toda la autoridad en el cielo y en la tierra ha sido dada al ungido Hijo de Dios (Mt. 28:18).

En 1990 me invitaron a Europa del Este a realizar una serie de cátedras en tres países, primero en Checoslovaquia, luego Hungría, y finalmente Rumania. Cuando partíamos de Hungría, nos alertaron que la patrulla fronteriza de Rumania era un poco hostil a los estadounidenses, y que debíamos estar preparados para que nos arrestaran en la frontera.

Efectivamente, cuando nuestro inestable tren llegó a la frontera con Rumania, dos guardias se subieron. No podían hablar inglés, pero señalaron nuestros pasaportes y nuestro equipaje. Ellos querían que bajáramos nuestras maletas del portaequipaje y las abrieramos. Eran bastante bruscos y rudos. Fue entonces, cuando de la nada, su jefe apareció, un oficial corpulento que hablaba un poco de inglés. Él notó que una de las mujeres de nuestro grupo tenía una bolsa de papel en su regazo, y había algo que se asomaba. El oficial dijo: ¿Qué es esto? ¿Qué hay en la bolsa? La abrió, sacó una Biblia, y repasó rápidamente las hojas. Luego se detuvo y me miró. Yo estaba sosteniendo mi pasaporte americano, y él dijo: “Usted no estadounidense”. Miró a Vesta y dijo: “Usted no estadounidense”. Y luego dijo lo mismo al resto del grupo. Fue allí cuando él sonrió y dijo: “Yo no soy rumano”.

Para entonces ya estábamos confundidos, pero él señaló un texto, me lo dio, y me dijo, “Lee lo que dice”. Yo miré y decía: “Nuestra ciudadanía está en los cielos” (Fil. 3:20a). El oficial era un cristiano. Volteó a ver a sus subordinados y dijo: “Dejen a esta gente en paz. No hay problema. Ellos son cristianos”. Como puedes imaginar, dije: “Gracias, Señor”. Este hombre entendía algo acerca del reino de Dios: que nuestra ciudadanía, en primer lugar, es el reino de Dios.

Yo tuve una crisis sobre esto en mi último año de seminario, cuando era un pastor estudiantil de una iglesia de refugiados húngaros en el oeste de Pensilvania. Era un pequeño grupo de unas cien personas, muchas de las cuales no hablaban inglés. Alguien donó una bandera estadounidense a la iglesia, la cual coloqué en la plataforma, frente a la bandera cristiana. Mi crisis llegó la semana siguiente, cuando uno de los ancianos, que era un veterano, vino y me dijo: “Reverendo, usted puso todo mal allí en la plataforma”. Le pregunté: “¿Por qué?”. Dijo: “Bueno, la ley de nuestra tierra requiere que cada vez que se muestra una bandera junto a la bandera estadounidense, debe colocarse en una posición subordinada a la bandera estadounidense. La forma en que usted las puso, la bandera estadounidense está subordinada a la bandera cristiana. Eso tiene que cambiar”. Cualquiera que haya vivido fuera de este país sabe lo maravilloso que es este lugar. Me encanta y lo respeto, junto con sus símbolos, incluida la bandera. Pero mientras escuchaba a este anciano hablar, me pregunté a mí mismo: ¿Cómo puede la bandera cristiana estar subordinada a cualquier bandera nacional?

El reino de Dios triunfa sobre todos los reinos terrenales. Soy primero cristiano, y segundo estadounidense. Le debo lealtad a la bandera estadounidense, pero tengo una mayor lealtad a Cristo, porque Él es mi Rey. Entonces tuve un dilema. No quería violar la ley de los Estados Unidos, y no quería comunicar que el reino de Dios está subordinado a un gobierno humano. Así que resolví el dilema con bastante facilidad: saqué ambas banderas de la iglesia.

Experimentamos este conflicto de reinos cuando Jesús nos dice que oremos: “Venga tu reino”. ¿Qué significa esto? ¿Qué estamos orando cuando hacemos esta petición? Hay una lógica que corre como una cinta a través del Padre nuestro. Cada una de las peticiones está conectada a las demás. La primera petición que Jesús nos enseñó fue: “Santificado sea tu nombre”, lo cual pide que el nombre de Dios sea considerado como santo. Manifiestamente, a menos que y hasta que el nombre de Dios sea considerado como santo, su reino no vendrá ni podrá venir a este mundo. Pero nosotros que consideramos que su nombre es santo, tenemos la responsabilidad de manifestar el reino de Dios.

Juan Calvino dijo que la tarea de la iglesia es hacer visible el reino invisible. Lo hacemos al vivir de tal manera que damos testimonio de la realidad de la monarquía de Cristo en nuestros trabajos, nuestras familias, nuestras escuelas, e incluso nuestros talonarios de cheques, ya que Dios, en Cristo, es Rey sobre cada una de estas esferas de la vida. La única forma en que el reino de Dios se manifestará en este mundo antes de que Cristo venga es si lo manifestamos por la forma en que vivimos como ciudadanos del cielo y súbditos del Rey.

Publicado originalmente en el blog de Ligonier Ministries. Traducido por la Coalición por el Evangelio.

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios

A27 – Cómo controlar tu lengua

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

A27 – Cómo controlar tu lengua

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/Como-controlar-tu-lengua/

Carmen Espaillat: ¿Cómo saber si estás a punto de chismear? Nancy Leigh DeMoss tiene este consejo.

Nancy Leigh DeMoss: Pregúntate esto: ¿Es la persona a quien le estás contando parte del problema o parte de la solución? Si no es parte del problema y tampoco parte de la solución, entonces es probable que sea algo que no debas estar diciendo.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

La difamación o calumnia es un asunto serio. Eso fue lo que descubrimos en nuestro programa anterior a través de Tito 2. El pasaje vincula la calumnia con el diablo. Hoy Nancy continúa la serie El hermoso diseño de Dios para la mujer y explica cómo evitar la difamación.

Nancy: Muchas de ustedes están familiarizadas con el nombre Jonathan Edwards. Saben que fue uno de los hombres que Dios usó de forma significativa en el primer gran avivamiento en los 1700. Él fue pastor, autor, un gran pensador y evangelista.

Su esposa fue Sarah Edwards y quizás has oído hablar o has leído acerca de ella. Ella fue la madre de sus once hijos. Y en la introducción de las “Obras de Jonathan Edwards”—compiladas en dos volúmenes inmensos y maravillosos— encontramos un bosquejo biográfico de Jonathan en él que habla de un poco sobre Sarah Edwards y de su matrimonio con Jonathan.

Una de las cosas que decía de Sarah me impactó mientras pienso en todo esto de cómo usar la lengua. Decía:

“Sarah se hizo una regla de hablar bien de todos, dentro de sus posibilidades, con verdad y justicia para sí y para los demás. No era propensa a deleitarse en las imperfecciones y fracasos de nadie y, cuando oía a otros hablar mal de otros, ella decía lo que consideraba apropiado con verdad y justicia en su defensa o desviaba la difamación mencionando las cosas que eran encomiables de esas personas.”

En otras palabras, si escuchaba a alguien decir algo poco amable acerca de otra persona, ella trataba de cambiar la conversación o de desviarla haciendo comentarios alentadores acerca de la misma persona.

Continúa diciendo: “Ella podía soportar injurias y reproches con gran calma —nunca devolviendo mal por mal— muy por el contrario, siempre estaba dispuesta a extender misericordia y a perdonar a aquellos que parecían ser sus enemigos”.

¡Qué testimonio! ¿Qué tal si dijeran lo mismo de ti? ¡Qué compromiso el de hablar bien de todos! Eso es lo que dicen las Escrituras que debemos hacer.

Estamos en Tito, capítulo 2. Y espero que mientras estudiamos esta larga serie lean Tito ustedes mismas y, en particular, que memoricen y mediten sobre estos versos del capítulo 2. En el versículo uno, Pablo le dice a Tito que debe enseñar lo que está de acuerdo con la sana doctrina. ¿Cómo luce la sana doctrina y el correcto pensamiento bíblico en el contexto de la vida diaria de la vida cotidiana como creyentes y en el contexto de la iglesia local?

Y, en el verso 3, vemos cómo luce para las mujeres de más edad. Primero hablamos de hombres maduros y luego, de mujeres maduras o ancianas—ya llegaremos a las más jóvenes en un corto tiempo. Pero ahora, él está hablando del carácter de las mujeres ancianas, y dice (acerca de la sana doctrina que debe reflejarse en ellas) que deben tener una conducta reverente y no ser calumniadoras.

Esa es la descripción de cómo deben ser las mujeres cristianas de más edad y no solo ellas; esto incluye a las mujeres más jóvenes este texto trata específicamente de la difamación o la calumnia, pero como he venido diciendo, más abiertamente, pienso que él se está refiriendo a los pecados de la lengua en general:

● chismear

● palabras vanas

● mentir

● propagar habladurías (hablar a espaldas de las personas)

● calumniar

● jactarse

● maldecir

● o hablar maliciosamente

Toda esta familia de pecados de la lengua, o la calumnia a la que hicimos referencia en la sesión anterior, están contenidos en el libro “Pecados Respetables” de Jerry Bridges. Éstos son pecados que consideramos respetables, pero Jesús los pone en la misma categoría junto con los pecados de adulterio, asesinato y borracheras. Él los pone todos juntos. Son pecados de la lengua.

Hemos hablado de a qué se parece la difamación, lo que es y los pecados relacionados como divide como destruye pero en esta sesión quiero enfocarme en cómo ser una mujer que no calumnia. Esa verdad se aplica a todas nosotras.

Entonces ¿Cómo convertirnos en mujeres que no pecan con la lengua, cuyas palabras no causen división ni destrucción? Déjenme darles algunas sugerencias, siete para ser exacta, Todo este material lo pueden encontrar en la transcripción; quizás la puedan imprimir o escribirlas en una lista que les ayude luego a recordarlas.

Primero y ante todo, si has sido culpable de difamar, de hablar con maldad o de chismear, humíllate. Reconoce el hecho de que has calumniado; de que has destruido con tus palabras. Hay dos direcciones ante las cuales necesitamos humillarnos—en nuestra relación vertical con Dios y en nuestra relación horizontal con los demás.

Primero y antes que todo, si has difamado o hablado de otros con malas intenciones, dile a Dios la verdad. Él lo sabe, Él lo sabe todo pero reconócelo y confiésalo a Dios.

● Reconoce los pecados de tu lengua—lo que has dicho.

● Reconoce los pecados de tu corazón—lo que causó que dijeras esas cosas. No solamente “Yo difamé, hablé con maldad o chismeé”, pero ¿qué había en mi corazón que causó que lo hiciera?

● Confiésale a Dios la raíz de todo ello—el orgullo, los celos, el deseo de verme mejor, la comparación, el espíritu competitivo, las actitudes pecaminosas que subyacen en el corazón.

Sé honesta con Dios. Dile, “Señor he calumniado; he sembrado discordia entre creyentes.” Eso es, por cierto, una de las siete cosas que Dios aborrece. Es abominación para Dios el que usemos nuestras lenguas para sembrar discordia entre creyentes. ¿Con qué frecuencia hacemos esto en nuestros lugares de trabajo, en nuestras casas, o en nuestras iglesias? Confiésalo humíllate. Reconócelo ante Dios.

Y luego, humíllate frente a otros. Eso está bajo el primer paso de humillarnos. Regresa y confiésalo a la persona con quien hablaste. Te digo algo, si te propones de corazón regresar y reconocer que has difamado o que has hablado mal y chismeado y buscas el perdón, eso acabaría con tu hábito porque te cansarías de tragarte tus palabras, de tener que regresar de nuevo y humillarte ante otros. Proponte ir a esa persona con quien hablaste y humíllate.

Ahora déjame decirte que, quizás también necesitas buscar el perdón de la persona sobre quien has estado hablando. Podrías haber hablado mal y difamado a tu marido ante tus hijos, por ejemplo. Claro está, tendrías que ir a donde tus hijos y confesar lo que hiciste, pero también donde tu marido si es que has causado que los hijos le hayan faltado al respeto. Si has minimizado su autoridad y liderazgo dentro de la familia, tienes que ir y buscar su perdón.

Humíllate. Podrías haberle hecho eso a tu pastor. Podrías haberle restado eficacia a él o al liderazgo de otra persona. Devuélvete, humíllate y busca su perdón.

Hace unas semanas atrás, una mujer solicitó una reunión conmigo y le respondí, “Claro, estoy más que dispuesta para hablar”. Nos sentamos juntas y empezó a sollozar mientras me explicaba una situación (de la que ya yo sabía algunos detalles). A ella la hirieron y ese dolor se tornó en decepción, en amargura y en rabia en su corazón. Había sacado conclusiones, basadas en información parcial, sin tener todos los hechos —raramente los tenemos todos— y ella se sintió ofendida.

Como resultado de esa rabia y de esa amargura en su corazón, había difamado a esas personas y Dios le había dado convicción por esto. El Espíritu Santo estaba trabajando en su corazón y —al momento de venir a mí— estaba quebrantada. Hablamos y oramos juntas. Fue maravilloso ver con cuánta seriedad se tomó el pecado de amargura, de la ira y de la calumnia.

Ahora bien, déjenme decirles que —basada en mi perspectiva de la situación— ella estaba menos mal que algunas de las personas involucradas y ella empezó diciéndome “No estoy aquí para hablar del pecado de otros. Estoy aquí para hablar del mío. Quiero lidiar con mi propio pecado”. Y mientras la escuchaba —mi corazón se rompía porque sentí que ella había quedado atrapada en medio de un fuego cruzado de pecados ajenos— pero fue sabia al no culparlos sino asumir toda la responsabilidad, quebrantándose y humillándose ante Dios y ella me preguntó ¿qué debo hacer?

Antes de que terminara nuestra conversación, le dije “Para empezar, ¿estarías dispuesta a hablar con una de esas personas?” y me respondió con un, “Sí, claro lo estoy”. ¿Te gustaría que llamara a esas personas y ver si se pueden reunir con nosotras ahora mismo? y ella respondió, “Sí, quiero lidiar con esto ahora mismo”.

Hice una llamada. Uno de esos individuos vino y se reunió con nosotras en cuestión de minutos. Esta mujer le derramó su corazón a esta persona y le dijo lo que me había dicho a mí. Le dijo, “He pecado contra ti. Te he difamado. He acumulado amargura en mi corazón. He restado autoridad a tu liderazgo. ¿Podrías por favor perdonarme?” y fue tan hermoso ver a esa persona concederle gracia y perdón a esta mujer. Y observé mientras se llevaba a cabo la reconciliación. La difamación divide, pero hablar la verdad, en humildad, une a las personas.

Esta mujer salió de aquel lugar y fue y habló con las dos o tres personas involucradas que faltaban. Ella fue donde cada individuo y le dijo, “Quiero hacer restitución”.

Hablé con ella recientemente y le pregunté: “¿Cómo estás?”, y me respondió, “La amargura se fue. Se fue toda”. Ella tenía esa ponzoña, ese dolor, esa herida en su corazón, pero al tomar los pasos para enfrentar sus actitudes y pecados de la lengua, Dios —a través de Su Espíritu— removió toda la amargura y la liberó.

Quizás tengas a algunas personas a quienes tengas que dirigirte y decirles “He pecado contra ti con mi espíritu, y con mi lengua. He socavado tu liderazgo”. Ve y habla con las personas a quienes has criticado y haz de la humillación un hábito si has sido culpable de la calumnia, si has sido culpable de hablar maliciosamente o de chismear.

Y luego, número dos: elimina la difamación y el hablar malicioso de tu vocabulario. Creo que necesitamos tener tolerancia cero cuando de difamación, habladurías mal intencionadas y de chismes se trata. Eso se aplica tanto a los cristianos en la iglesia como en todas nuestras relaciones. Pablo dice en Efesios 4:31, «Sea quitada de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, así como toda malicia”. Todo. Elimínalo.

Y nota, por cierto —en ese pasaje, que la amargura es una raíz pecaminosa que frecuentemente conlleva a pecados de la lengua. Por lo que no simplemente elimines los pecados de la lengua, elimina la amargura de tu corazón. Deshazte de la amargura no te aferres a ella. Suéltala.

Ahora, ¿Qué queremos decir con esto que debemos tapar el pecado? ¿Qué haces si te percatas del pecado en la vida de otro? Creo que es una pregunta importante porque la gente sí peca contra nosotras y —en la ilustración que les di de la mujer que vino a verme— hay pecados que otros han cometido.

Aquí están algunas preguntas que debemos contestar a medida en que pensamos en los pecados de otros y en cómo nos afectan:

• ¿Has orado por ellos?

• ¿Cuál es tu motivación al hablar de eso?

• ¿Quieres verlos restaurados?

• ¿Te importa su restauración espiritual o solamente quieres ponerlos en evidencia; solamente quieres herirlos; solamente quieres castigarlos?

• Si eres parte de la vida de esa persona, si tienes una relación y eres parte de su círculo de amistades, ¿qué debes hacer?

De acuerdo a Mateo 18:15 y a Gálatas 6:1, debes ir a esa persona. No vayas a otra persona. Ve donde la persona que haya pecado contra ti y te haya hecho algún mal. Háblale y busca la reconciliación.

Hazte esta pregunta: El decírselo a alguien, ¿contribuye a redimir este pecado? Pudiera ser así, y esa sería otra serie completa, pero en algunos escenarios y situaciones eso podría contribuir a redimir este pecado y quizás sea necesario y bíblico el que hables con otra persona acerca de la ofensa.

Podría ser acertado el hablar con tu pastor o ancianos acerca de ciertas situaciones, o hasta llamar a la policía, o decirle a tu marido algo que esté pasando en la vida de alguno de tus hijos adolescentes. Hay situaciones donde es apropiado —cuando se ha roto la ley, cuando vidas podrían verse amenazadas o cuando hay un mandato bíblico explícito para ese tipo de situaciones—, pero el motivo debe ser, no su daño, sino su restauración. Tú estás tratando de edificarlos; estás tratando de salvarlos. Quieres ver restaurado al que ha hecho mal.

Por lo que pregúntate esto: ¿Es la persona, a quien le estás hablando parte del problema o parte de la solución? Si no es parte del problema y tampoco parte de la solución, entonces es probable que sea algo que no debas estar diciendo.

Leí, en una discusión sobre este tema, que alguien escribió esta regla o política, una guía para todo este asunto de la difamación o del hablar maliciosamente. Esta persona dijo:

“No pases información derogatoria o poco halagadora acerca de alguien a menos que la Palabra de Dios te esté dando la autoridad y la responsabilidad específicas para hacerlo. Así también la persona a quien le estás informando debe tener una responsabilidad en esta situación y por tanto necesidad de saber esta información.” 1

En otras palabras, y dicho de forma elocuente, “si la persona no es parte del problema ni de la solución, no le digas”.

Por cierto, no es solo lo que decimos verbalmente —como les indiqué en la última sesión— tenemos que ser cuidadosas de no difamar, chismear y hablar con malicia cuando se trata del uso del Internet. He visto una y otra vez el daño que se puede hacer cuando se reenvían correos:

“¿Viste esto? ¿Oíste aquello?” Tenemos cantidades masivas de esos correos. Me los envían con frecuencia. ¿Para qué estamos haciendo circular estos mensajes en Internet? Y, tengo que confesar, que yo lo he hecho. Tenemos que buscar en nuestros corazones y decir “¿Es correcto? o ¿Estoy haciendo lo malo y divisivo contra Dios y otros creyentes?”

No solo necesitamos eliminar la calumnia y el hablar con malicia, pero (en tercer lugar) tenemos que mostrar buen corazón y usar palabras bondadosas con amor, con gracia y con perdón. No solo elimina la difamación, sino reemplázala con un corazón bondadoso, lleno de gracia y amor. “Sed más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo”. Sé intencional al hablar de los demás con palabras que edifiquen, construyan y pongan a otras personas bajo una luz positiva.

Y luego, número cuatro: trae tus pensamientos bajo el control del Espíritu. Esos pensamientos críticos, que buscan las faltas en los demás; pensamientos que salen en forma de palabras. Necesitamos crucificar esos pensamientos; traerlos cautivos a la obediencia de Cristo. Tenemos que ser intencionales acerca de ver a otras personas —en especial si son creyentes— y cualquiera que es creado por Dios con ojos de gracia y misericordia. Recuerda lo mucho que necesitas la misericordia de Dios. Recuerda dónde estarías sin la gracia de Dios. Tenemos que ser cuidadosas con esta curiosidad impía, ese deseo de saber cosas sobre otras personas. Trae esos pensamientos cautivos y frénalos. El Salmo 19:14 dice, «Sean gratas las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Señor, roca mía y redentor mío». Coloca tus pensamientos bajo el control del Espíritu.

Luego, número cinco: habla menos. Muy simple. Proverbios 10:19 dice,

En las muchas palabras, la transgresión es inevitable En las muchas palabras, la transgresión es inevitable [¿entendiste eso? La transgresión es inevitable. Vas a pecar si hablas demasiado. Yo voy a pecar, y peco cada vez que hablo demasiado.] Más el que refrena sus labios es prudente.

En Santiago 1:19b, dice “Pero que cada uno sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para la ira.”

Di menos y tienes menos chance de pecar. Mientras más tiempo pases hablando por teléfono, mientras más tiempo pases conversando con otros, tienes que ser cuidadosa, especialmente si eres de las que habla mucho o la persona con la que conversas lo es. Aprende a frenar tus labios, a guardar confidencias, a no repetir cosas que no tienes libertad de repetir, y ¿si no estás segura? no lo digas. No hagas preguntas innecesarias de las que husmean y te llevan a conversaciones que no debes tener.

Número seis: Piensa antes de hablar. Pregúntate este tipo de cosas:

● ¿Es verdad?

¿Me consta que los hechos son verdaderos? Esto es muy importante. Cuando oyes acerca de un conflicto y sólo estás escuchando una de las campanas, recuerda que sólo estás escuchando una campana. «El que responde antes de escuchar, cosecha necedad y vergüenza». No conoces todos los hechos si solo has escuchado a una persona describir la situación.

No puedo decirte cuántas veces he escuchado a un esposo describir las frustraciones acerca de su matrimonio; a una esposa describiendo las frustraciones del suyo y luego pienso “Estos son dos matrimonios distintos, dos perspectivas totalmente diferentes.” Si sólo escuchas un lado, entonces no sabes que lo que estás escuchando es la verdad. No asumas que es todo el cuadro. Pregunta:

● ¿Será verdad?

● ¿Es bondadoso?

● ¿Edificará a la persona de quien hablo?

● ¿Es necesario?

● ¿Debería saber eso la persona con la que hablo?

● Si fuera acerca de mí, ¿querría compartirlo con alguien más?

Esta próxima eliminaría mucho de lo que decimos:

● ¿Me importaría si la persona de quien hablo estuviese aquí presente aquí mismo? ¿Estaría dispuesta a decírselo a la cara?

Por eso es que el salmista oraba diciendo «Señor, pon guarda a mi boca; ¡vigila la puerta de mis labios!” (Salmos 141:3). Piensa antes de hablar.

Número siete: rehúsa escuchar los chismes y las calumnias acerca de otros. Rehúsa escucharlo. No sólo de comentarlo, sino de escucharlo.

En 1ra de Samuel 24:9 David le dijo a Saúl, quién estaba a punto de destruirlo: “¿Por qué escuchas las palabras de los hombres que dicen: ‘Mira que David procura tu mal’?” ¿Por qué les das oído? Saúl escuchaba a quienes se lo decían. Él creía lo que oía y, como resultado se propuso destruir a David. No lo oigas. Dirige la conversación hacia otro tema o dale un giro favorecedor hacia la persona de quien te están hablando.

Ahora lo que necesitamos es que Dios traiga este asunto a casa, a nuestros corazones, y traiga convicción y nos cambie donde sea necesario. Hemos dicho que la palabra para “calumniar” es diábolos. Es un nombre para Satanás—él nos acusa delante del Padre, nos condena, miente acerca de nosotras. Él nos acusa.

Pero, por otro lado, tenemos también quien abogue por nosotras. En 1ra de Juan 2:1 dice: “Hijitos míos, os escribo estas cosas para que no pequéis. Y si alguno peca, Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.” ¿Ves? Jesús, como Satanás, sabe que hemos pecado, sin embargo, nos defiende ante el Trono de Dios. Él ruega ante Dios por nosotras; lo hace basado en su muerte sacrificial en la cruz por nuestros pecados.

Cuando hablas acerca de otros creyentes, ¿les acusas como lo hace el maligno o les defiendes como Jesús hace contigo? ¿Estás siendo como Jesús o como Satanás?

No salga de vuestra boca ninguna palabra mala, sino solo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan.

Ahora la tendencia, cuando se presente algo así, podría ser “Bueno, entonces no voy a decir nada. No voy a poder abrir la boca”. Esa no es la respuesta adecuada tampoco. Es cierto que las palabras pueden ser usadas para destruir, pero las palabras también se pueden usar para dar ánimo, para fortalecer, para edificar a otros, por lo que usa tu lengua para ese propósito. Piensa en toda la gracia que has recibido de Dios y de otros y, luego, usa tu lengua para ministrar la gracia a otras personas así como tú la has recibido.

Carmen Espaillat: Aunque tu lengua haya estado fuera de control, Nancy Leigh DeMoss te ha estado dando esperanza. Las cosas pueden cambiar. No solo puedes aprender a morderte la lengua; puedes aprender a usarla para bendecir a otros. Es una lección importante de nuestra serie titulada El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5.

Nancy va a orar con nosotras en un minuto, pero antes queríamos invitarte a escribirnos al final de la transcripción en la página con cualquier comentario o pregunta ,Tito 2 nos dice que las mujeres sabias no deben ser adictas al mucho vino. ¿Cómo vives esto hoy? Recibe consejo bíblico acerca de ello cuando Nancy regrese en el próximo programa. Ahora está de vuelta para cerrar en oración.

Nancy: Oh, Señor, guarda nuestros corazones; guarda nuestras lenguas y ayúdanos a ser abogados aun para aquellos que nos han fallado, como Jesús lo hace con nosotras, en lugar de ser acusadoras de los hermanos como lo hace Satanás perpetuamente. Oh Señor lávanos. Límpianos. Renuévanos, y cámbianos. Que nuestras lenguas ministren gracia para con quienes hablamos y de quienes hablamos y oro en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

El pecado más grande

Lunes 3 Agosto
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento.
El pecado más grande

–Me gustaría ir como misionero, dijo un joven al evangelista Torrey.

–¿Eres cristiano?, le preguntó Torrey.

–Desde siempre.

–Pero, ¿has nacido de nuevo, como Jesús le preguntó a Nicodemo?

El joven se sorprendió mucho. Sin embargo, esta pregunta es fundamental. Torrey comprendió que debía ir más lejos.

–¿Has pensado que puedes ser culpable del pecado más grande que una persona puede cometer?

–Por supuesto que no; he llevado una vida ejemplar. ¡No soy un asesino!

Entonces Torrey sacó su Biblia y le pidió que leyera los versículos citados en el encabezamiento. Luego le dijo:

–Sí, amar a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente es el primer y el más grande mandamiento. Entonces, ¿cuál será el pecado más grande?

–Transgredir ese mandamiento.

–Así es; pero ¿has cumplido ese mandamiento? ¿Siempre has amado a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu energía? ¿Le has dado el primer lugar en tu vida, en todos los aspectos?

–Estoy bastante lejos de ello. Por lo tanto soy culpable. –Y su conciencia se despertó. El joven añadió pensativamente:

–He cometido el pecado más grande. Y ahora soy consciente de ello por primera vez.

“Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero” (1 Timoteo 1:15).