La verdadera gracia de Dios nos da el poder para vencer el pecado

CONSULTORIO BÍBLICO

La verdadera gracia de Dios nos da el poder para vencer el pecado

DAVID LOGACHO

Reciba cordiales saludos amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Gracias por su apoyo en oración y mediante sus ofrendas para este ministerio. Su ayuda es indispensable para la continuidad de esta obra del Señor. Proseguimos estudiando la primera epístola de Pedro. En ella tenemos lo que es la verdadera gracia de Dios. En esta ocasión, veremos que la verdadera gracia de Dios nos da el poder para vencer el pecado.

En nuestro estudio bíblico último vimos a Jesucristo como el mejor ejemplo de alguien que padeció por causa de la justicia. Este sufrimiento injusto que soportó Jesucristo tiene un enorme beneficio para todo pecador. Una parte de este beneficio es justamente la victoria que el pecador que recibe a Cristo puede tener sobre el pecado. El pasaje bíblico que tenemos para nuestro estudio de hoy se encuentra en 1 Pedro 4:1-6 Lo que primero notamos es el fundamento de la victoria sobre el pecado. 1 Pedro 4:1 dice: Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado.
La victoria sobre el pecado amable oyente, no se consigue por medio de cumplir con ritos religiosos de cualquier índole de cualquier religión. Tampoco se consigue por medio de apartarse de todo lo que está contaminado con el pecado. La victoria sobre el pecado se consigue por medio de identificarnos con Cristo quien padeció por nosotros en la carne y de esa manera terminó con el pecado. Esto es lo que quiere decir Pedro cuando nos exhorta a armarnos del mismo pensamiento. Cuando un creyente reconoce en su corazón que fue su pecado lo que causó todo el sufrimiento injusto que soportó Cristo en la cruz, entonces ese creyente voluntariamente desarrollará una capacidad para cortar cualquier vínculo con el pecado. Alguna vez leí una ilustración que puede arrojar luz sobre este hecho. Supongamos que usted tuviera un único hijo muy amado y supongamos que un aciago día un asesino terminara con la vida de su hijo mediante una certera puñalada. ¿Guardaría el puñal que usó el asesino para matar a su hijo como un tesoro especial en su casa? ¿Pondría ese puñal dentro de una urna de cristal para que no sólo usted sino todos sus amigos lo admiren? Dudo que lo haría, asumiendo que usted es una persona racional. Bueno, igual debería ser con el pecado en nuestra vida. El pecado es como el puñal de nuestro ejemplo hipotético, el pecado fue lo que terminó con la vida de nuestro amado Señor Jesucristo. Cristo murió a causa de mi mentira, mi orgullo, mi desobediencia y todo lo demás de malo que he hecho en mi vida como pecador. ¿Sería lógico de mi parte que guarde, acaricie, practique el mismo pecado que llevó a la cruz a mi amado Salvador? Por supuesto que no. Si tomamos conciencia de lo que causó nuestro pecado a Jesucristo, lo menos que podemos hacer es alejarnos lo más posible del pecado. Por esto es por lo que Pedro está abogando en este versículo. Lo segundo que notamos es el efecto de la victoria sobre el pecado. ¿Qué sacamos teniendo victoria sobre el pecado? 1 Pedro 4:2 dice: para no vivir el tiempo que resta en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de Dios.
La victoria sobre el pecado conseguida para nosotros por Cristo en la cruz del Calvario, tiene un efecto dramático en nuestra vida. Hace que el resto del tiempo que tenemos para vivir en este mundo, pues a eso se refiere Pedro cuando habla del tiempo que resta en la carne, no vivamos para satisfacer nuestros propios deseos egoístas o como dice Pedro, en las concupiscencias de los hombres, sino que vivamos para hacer la voluntad de Dios. La voluntad de Dios, amable oyente, es lo que él ha dejado con nosotros en su palabra. La victoria sobre el pecado nos permite vivir para Dios y no para nosotros mismos mientras permanecemos en este mundo esperando encontrarnos con el Salvador bien sea porque sobreviene la muerte o bien sea porque el Salvador viene a buscarnos en el arrebatamiento. Muchos creyentes desean sinceramente vivir el tiempo que resta en la carne conforme a la voluntad de Dios, pero la triste realidad es que persisten viviendo conforme a las concupiscencias de los hombres. La razón más probable es que no se han identificado con Cristo en su muerte y por tanto no entienden el papel que jugó el pecado en el padecimiento y muerte de Jesucristo en la cruz. Si tan solo pudieran comprender cuan nefasto fue el pecado para Cristo Jesús, estoy seguro que odiarían el pecado con cada fibra de su ser. Lo tercero que notamos es que la victoria sobre el pecado se traduce en un nuevo estilo de vida en el creyente. 1 Pedro 4:3 dice: Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías.
Lo que Pedro está haciendo es como estableciendo un punto de giro en la vida de una persona que llega a ser creyente. Hasta antes de llegar e ese punto de giro, esa persona andaba en lo que agrada a los gentiles o a los incrédulos. Después de atravesar ese punto de giro la persona debe ser totalmente diferente. Por eso Pedro dice: Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles. Esto nos habla de un cambio de vida. Los creyentes debemos tener un estilo de vida diferente al de los incrédulos. Los incrédulos andan en lascivias, esto significa que no se detienen ante nada con tal de satisfacer cualquier apetito del cuerpo. Los incrédulos andan en concupiscencias. Esto significa, que están dispuestos a gratificar los apetitos impropios de diversa índole, quizá con referencia a los pecados de índole sexual. Los incrédulos andan en embriagueces. Esto significa ceder el control de sus mentes a alguna sustancia intoxicante. Los incrédulos andan en orgías, esto significa un abandono total de uno mismo a todo lo que la pasión inmoral sugiera. Los incrédulos andan en disipación. Esto significa que viven para comer y beber. El típico pensamiento de, comamos y bebamos porque mañana moriremos. Los incrédulos andan en abominables idolatrías. Esto significa el culto a las imágenes con todos los desórdenes que esto conlleva. Todo esto era propio de la vida pasada de la gente que había recibido a Cristo como Salvador en al época de Pedro. Pero llegaron al punto de giro. Pedro dice por tanto: Baste ya el tiempo pasado para toda esta inmundicia. De aquí en adelante deben ser personas diferentes. Personas alejadas de todo aquello que practicaban antes de ser creyentes. Qué exhortación tan necesaria amable oyente. Los que somos creyentes debemos dejar atrás todas las prácticas perniciosas de nuestra vieja vida. Qué triste que es ver a personas que se llenan la boca afirmando que son creyentes, pero todavía viven en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías. A lo mejor estas personas nunca han llegado a ese punto de giro que es recibir a Cristo como Salvador personal. Lo cuarto que notamos es que la victoria sobre el pecado no es apreciada por los incrédulos. 1 Pedro 4:4-6 dice: A éstos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan;
1Pe 4:5 pero ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos.
1Pe 4:6 Porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos, para que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en espíritu según Dios.
Cuando un incrédulo observa a un creyente que tiene victoria sobre el pecado, en lugar de alegrarse por ello, se enoja grandemente. Piensa que ese creyente se ha vuelto loco o que le han lavado el cerebro. El enojo del incrédulo nace de que ya no se puede contar con ese creyente para las fechorías que estaban acostumbrados a hacer. Luego el enojo del incrédulo se transforma en un ataque al creyente. Pedro dice que el creyente es ultrajado. Mi madre vivió esta experiencia. Cuando ella recibió a Cristo como su Salvador siendo aún soltera, apenas una jovencita, su familia supo que ella no correría junto con ellos en el desenfreno, la idolatría de la religión en que la familia se había criado. La familia por tanto ultrajó a mi madre. No la ofendieron de palabra ni de obra, sino hicieron algo peor, le desconocieron como parte de la familia y le echaron de la casa. Gracias a Dios que más tarde algunos familiares de mi madre terminaron también recibiendo a Cristo como Salvador. Pedro dice que los que ultrajan a los creyentes que vencen el pecado darán cuenta algún día a Dios, quien está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos. Los vivos incrédulos serán juzgados cuando Jesucristo venga por segunda vez a esta tierra y los muertos incrédulos serán juzgados en el juicio del gran trono blanco. Con Dios no se puede jugar, amable oyente. Él es celoso en cuanto a la manera como es tratado uno de los suyos. Aún si uno de los suyos ha muerto como mártir, Él se encargará de que viva en espíritu. Hemos visto que la verdadera gracia de Dios nos permite tener victoria sobre el pecado. Es otro beneficio de la multiforme gracia de Dios.

Antes de despedirnos queremos agradecerle su sintonía y además le invitamos a que visite nuestra página en Internet y por supuesto conozca la respuesta a la PREGUNTA DEL DÍA que hoy nos dice: ¿Puede el Señor salvar o perdonar a una persona que ha cometido un grave pecado de inmoralidad? Nuestra dirección en Internet es: triple w.labibliadice.org Si este programa radial ha sido de bendición a su vida, ¿qué tal si nos ofrenda? Para ello escríbanos a la siguiente dirección: La Biblia Dice… casilla 1708-8208 Quito, Ecuador. Hasta la próxima y que Dios le bendiga ricamente.

Ingeniero en Electrónica y Telecomunicaciones, trabajó por años para la NASA, decidió abandonar su carrera profesional para prepararse para servir al Señor en un Instituto Bíblico en Argentina. Dirigió el Ministerio La Biblia Dice… durante más de 2 décadas hasta su retiro en 2015.

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¿A quién debo RENDIR CUENTAS?

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¿A quién debo RENDIR CUENTAS?

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Los cinco puntos del calvinismo

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Los cinco puntos del calvinismo

R.C. Sproul

El ya fallecido teólogo Cornelius Van Til una vez observó que el calvinismo no debe ser identificado con los llamados cinco puntos del calvinismo. Más bien, Van Til concluyó que los cinco puntos funcionan como una vía, o un puente, a toda la estructura de la teología reformada. Del mismo modo, Charles Spurgeon argumentó que el calvinismo no es más que un apodo para la teología bíblica. Estos titanes del pasado entendieron que la esencia de la teología reformada no puede reducirse a cinco puntos particulares, los cuales surgieron como puntos de controversia en Holanda hace siglos con los remonstrantes, quienes se opusieron a cinco puntos específicos del sistema de doctrina encontrado en el calvinismo histórico. Esos cinco puntos se han asociado con el acróstico TULIP (por sus siglas en inglés): depravación total, elección incondicional, expiación limitada, gracia irresistible, y la perseverancia de los santos.

El punto central de la teología reformada es Dios, y es la doctrina de Dios que impregna la totalidad de la sustancia del pensamiento reformado.

Este artículo busca abordar la cuestión de la teología reformada desde la perspectiva de lo que en la filosofía se llama: la vía negativa. Este método de acercarse a la verdad define las cosas en términos de lo que no son; por lo tanto, se le llama el “camino de la negación”. Por ejemplo, cuando hablamos de la naturaleza de Dios, decimos que Él es infinito, lo que simplemente significa que Él no es “finito”. Este es un ejemplo de cómo se utiliza la forma de negación. Cuando comprendemos claramente cómo emplear este método, la forma de afirmación, su opuesto, se hace manifiesta. Si nos fijamos en lo que la teología reformada no es, nos ayuda a comprender lo que es.

Comenzamos diciendo que la teología reformada no es un conjunto caótico de ideas inconexas. Por el contrario, la teología reformada es sistemática. Vivimos en una época en que los sistemas de pensamiento son censurados en un mundo posmoderno, no solo en el ámbito secular de las ideas, pero incluso dentro de seminarios cristianos. Históricamente el principio de la teología sistemática ha sido el siguiente: la Biblia, siendo la Palabra de Dios, refleja la coherencia y la unidad del Dios cuya palabra es. Por supuesto, sería una distorsión tomar un sistema externo de pensamiento y forzarlo a la Escritura, obligando a la Escritura a ajustarse a él como si fuera una especie de lecho de Procusto. Ese no es el objetivo de la sana teología sistemática. Por el contrario, la verdadera teología sistemática trata de comprender el sistema de teología que está contenido dentro de todo el ámbito de la sagrada Escritura. No impone ideas sobre la Biblia; sino que escucha las ideas que son enunciadas por la Biblia y las entiende de una manera coherente.

El siguiente punto que hacemos a través de la negación es que la teología Reformada no es antropocéntrica. Es decir, la teología reformada no está centrada en los seres humanos. El punto central de la teología reformada es Dios, y es la doctrina de Dios que impregna la totalidad de la sustancia del pensamiento reformado. Por lo tanto la teología reformada, a modo de afirmación, puede llamarse teocéntrica.

Aunque no suele ser útil hablar de paradojas en nuestra comprensión de la verdad, hay sin embargo una paradoja que me gusta mantener. Por un lado, la doctrina adecuada de Dios, es decir, la doctrina de la naturaleza, atributos, y carácter de Dios, afirmada por diversos credos de pensamiento reformados, tiene poca deferencia con otras teologías y otras expresiones de fe que se encuentran entre los luteranos, católicos, metodistas, y otros. Al mismo tiempo, y en ello radica la paradoja, pues la dimensión más distintiva de la teología reformada es su doctrina de Dios. Aunque suena como que estoy escribiendo “con los dos lados de mi pluma”, permítanme apresurarme a aclarar esta afirmación paradójica. Después de que la teología reformada articula su doctrina de la naturaleza y el carácter de Dios en los primeros principios de su sistema doctrinal, no se olvida de estas afirmaciones cuando pasa a otras doctrinas. Por el contrario, nuestra comprensión de la naturaleza de Dios es principal y determinante con respecto a nuestra comprensión de todas las otras doctrinas. Es decir, nuestra comprensión de la salvación tiene como factor de control, justo en el corazón de sí misma, nuestra comprensión del carácter de Dios.

La teología de la reforma no es anticatólica. Esto puede parecer extraño, ya que la teología reformada surge directamente del movimiento protestante del siglo XVI, movimiento que se llama “protestante” porque se trataba de una “protesta” en contra de la enseñanza y de la actividad del catolicismo romano. Pero el término católico se refiere al cristianismo católico, la esencia de lo cual se puede encontrar en los credos ecuménicos de los primeros mil años de historia de la Iglesia, en particular los primeros credos y concilios de la Iglesia, tales como el Concilio de Nicea en el siglo IV, y el Concilio de Calcedonia en el siglo V. Es decir, esos credos contienen artículos de fe comunes y compartidos por todas las denominaciones que abrazan el cristianismo ortodoxo, doctrinas como la Trinidad y la expiación de Cristo. Las doctrinas afirmadas por todos los cristianos están en el centro y el núcleo del calvinismo. El calvinismo no se aparta en busca de una nueva teología ni rechaza la base común de la teología que toda la Iglesia comparte.

La teología de la reforma no es católica romana en su comprensión de la justificación. Esto es simplemente para decir que la teología reformada es evangélica, en el sentido histórico de la palabra. En este sentido, la teología reformada se sostiene fuerte y firmemente con Martín Lutero y los reformadores magisteriales en su articulación de la doctrina de la justificación por la fe sola. Afirma las solas de la Reforma, que son las causas formales y materiales de la Reforma del siglo XVI. Estos dos principios son las doctrinas de la sola Scriptura y sola fide. Ninguna de estas doctrinas se declaran explícitamente en los cinco puntos del calvinismo; sin embargo, en cierto sentido, se convierten en la base para las demás características de la teología reformada.

Estas declaraciones introductorias acerca de lo que la teología reformada no es son expresadas de una manera mucho más amplia y profunda en mi libro: ¿Qué es la Teología Reformada?, que fue escrito para ayudar a laicos y líderes cristianos a entender la esencia de la teología reformada. En este artículo estoy dando un enfoque escueto de la doctrina, recordando a los lectores que la teología reformada trasciende de los meros cinco puntos del calvinismo, porque es una cosmovisión de la vida y el mundo. Es del pacto. Es sacramental. Está comprometida a transformar la cultura. Está subordinada a la operación de Dios el Espíritu Santo, y tiene un marco rico para comprender la totalidad del consejo de Dios revelado en la Biblia.

 

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.

A16 – Aplicando la sana doctrina

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

A16 – Aplicando la sana doctrina

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/Aplicando-la-sana-doctrina/

Carmen Espaillat: Hay una manera segura de evitar la falsa doctrina, abraza la sana. Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Si no estamos firmes en la sana doctrina, nos hacemos susceptibles a la falsa doctrina. Seremos fácilmente disuadidas, influenciadas y engañadas por cosas que podrían verse bien, podrían parecer buenas o ser muy populares, pero que no son ciertas.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Cuando pienso en doctrina, me es fácil imaginar a los eruditos estudiando minuciosamente los detalles entre uno que otro texto en alguna biblioteca. Pero, como veremos a continuación, la doctrina que nos ocupa no fue diseñada para quedarse en los libros. Fue dada para vivirla.

Nancy se los va a explicar dándole continuación a la serie titulada El hermoso diseño de Dios para la mujer.

Nancy: Manejando hacia el estudio hoy por la mañana, tuve que reducir la velocidad porque había una niebla muy densa dificultando el tránsito.

Hubo momentos en los que casi no veía nada. Encendí las luces —como estaban haciendo las otras personas— y seguí manejando con mucho cuidado esperanzada de que los demás estuviesen haciendo lo mismo.

Mientras trataba de avanzar, pensé, “Así es como estamos viviendo hoy en día, en medio de la niebla”. La iglesia contemporánea se encuentra en una especie de niebla. Una niebla doctrinal que está creando mucha confusión.

Necesitamos ser muy cuidadosas en estos tiempos. No podemos asumir que porque lo hemos comprado en una librería cristiana o lo hemos escuchado o visto en una cadena cristiana de radio y televisión o lo hemos escuchado en una iglesia hoy, no debemos asumir que la enseñanza que estamos recibiendo está basada en una sana doctrina.

Hay mucha confusión y muchas cosas que están siendo enseñadas. Algunas personas me comentaron durante el receso de cómo —en lugares donde se supone imparten una sana doctrina— hay mucha confusión debido a enseñanzas anti-bíblicas.

El momento histórico de la iglesia en el que nos ha tocado vivir nos obliga a que seamos más cuidadosas que nunca. Necesitamos encender las luces, encender la luz de la Palabra de Dios y tenemos que movernos con cuidado para no vernos envueltas en situaciones críticas.

La niebla de esta mañana trajo a mi mente lo que hemos estado hablando mientras revisamos el libro de Tito. Vamos a terminar en un pasaje muy familiar de Tito capítulo 2 en el que se instruye a las mujeres, pero primero vamos a repasar un poco el trasfondo de este texto.

Pablo empieza ese capítulo diciéndole a Tito, su hijo en la fe, “en lo que a ti respecta, enseña de acuerdo a la sana doctrina” (verso 1).

Ahora, lo que preocupa a Pablo y a nosotras es esto: ¿Cómo la iglesia puede impactar, influenciar y evangelizar a una cultura pagana? Con eso era con lo que estaba lidiando Tito en la isla de Creta donde, como hemos dicho, los cretenses “son siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos” (Tito 1:12).

Ellos eran libertinos; ellos eran degradados; ellos eran detestables; ellos eran desobedientes—todas estas frases fueron usadas en la carta a Tito. Ellos vivieron al máximo su incredulidad carnal acerca de Dios.

Y a Pablo le preocupaba cómo la iglesia podía ser luz en una generación rodeada por la niebla. Esa pregunta —acerca de cómo la iglesia podría impactar a una generación difícil y en tinieblas— es la que se hacen muchos líderes cristianos hoy en día.

Una gran pregunta sería, ¿cómo puede ser la Palabra de Dios relevante? Espero que lo que quieren decir con esa pregunta sea “¿cómo podríamos comunicar de forma efectiva el Evangelio y la doctrina de Jesucristo a una generación que no valora estas cosas?”

Pero lo interesante, al leer estas discusiones, parece ser que muchos autores, oradores y líderes están poniendo en práctica programas, campañas—modernizando las infraestructuras, cambiando sus nombres, cambiando sus programas para adolescentes, cambiando su música, cambiando sus horarios, o sus estilos o los días de la semana; cambiando su predicación; y un sinnúmero de cambios más, destinados a hacer la Palabra más atractiva, para hacer la iglesia más atractiva a los incrédulos.

Esa es la misma preocupación que tenía Pablo en su corazón cuando hablaba con un líder cristiano, con un líder de la iglesia llamado Tito. Él estaba preocupado por cómo él podía proveer liderazgo a esa primera generación de la Iglesia. La respuesta de Pablo, ante semejante situación, de cómo comunicar el Evangelio de una forma eficaz en aquel mundo, podría sorprenderte.

Su respuesta difiere de lo que se está escribiendo y diciendo hoy en día a ese respecto. Pablo le dice a Tito “Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo a la sana doctrina” Tito (2:1).

Apégate a lo básico. Sigue haciendo lo que se supone has estado haciendo durante todo este tiempo. No te distraigas con la novedad, con todas esas formas de hacer las cosas.

Con eso no queremos decir que el cambio es inherentemente erróneo, que no podemos cambiar los estilos. No estamos diciendo que estas cosas nunca están bien, sino que esa no es la esencia del asunto de como se debe predicar el Evangelio en nuestro mundo actual.

Pablo dice que lo que tienes que hacer es predicar a los creyentes la sana doctrina. Esa que va a impactar y a cambiar sus vidas en sus casas, en sus lugares de trabajo, y en sus comunidades. Ellos van a vivir de acuerdo a una doctrina sana. Y eso es lo que va a hacer el Evangelio creíble ante los incrédulos que les rodean.

Quiero continuar con este tema de la sana doctrina por un momento más y preguntarte “¿Por qué es importante una sana doctrina? ¿Qué hace la diferencia?”

Parte de la respuesta es que, si no nos basamos en una sana doctrina, vamos a ser susceptibles a las falsas doctrina. Seríamos persuadidos, influenciados y engañados fácilmente ante cosas que podrían parecer buenas y que nos hacen sentir bien —que podrían ser muy populares— pero falsas.

Por ejemplo, en Efesios capítulo 4:14, Pablo dice que debemos centrar nuestra vida en Cristo “para que ya no seamos niños, sacudidos por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de doctrina, por la astucia de los hombres, por las artimañas engañosas del error…” ¡Ahí está esa palabra, doctrina!

Hoy en día, hay muchas corrientes doctrinales dentro y fuera de la iglesia. Y Pablo dice que si llevamos la vida cimentada en la verdad, la verdad bíblica, entonces cuando estas corrientes vengan —las corrientes falsas— no nos vamos a ver sacudidas, ni llevadas de aquí para allá por esos vientos doctrinales, por las artimañas de los hombres y su astucia engañosa.

Pero si no estás firme, entonces podrías entrar en una librería cristiana —escoger un libro escrito por un autor popular y de buena reputación— y verte desviada por las enseñanzas y variedad de temas que no concuerdan con las Escrituras. ¡Hay tanto de esto, tanta niebla en el mundo cristiano de hoy!

Es por eso que me urge motivarlas para que entiendan la importancia de una sana doctrina. No solamente es importante para mantenernos alejadas de doctrinas engañosas, sino que la doctrina —es decir, lo que creemos— determina cómo vivimos. ¡Y la forma como vivimos revela lo que realmente creemos!

Podrían argumentar que la doctrina que siguen es la verdadera, la bíblica. En sus cabezas podrían tener una doctrina bíblica sana, pero si viven de forma contraria a la doctrina bíblica, entonces en lo que creen en realidad no es en una sana doctrina. La doctrina y la vida tienen que ser congruentes.

He llegado a creer (y estuve pensando en esto esta mañana) que cada fracaso en la vida cristiana —el fracaso de un matrimonio cristiano; el fracaso de nuestra moral; el fracaso en nuestras relaciones; cuando las cosas no caminan como deberían, cuando hay trastornos y adicciones— todas esas luchas tan comunes entre los cristianos, están conectadas de alguna manera con la doctrina.

Una de dos, o no conocemos o no creemos en una doctrina sana o no estamos poniendo en práctica las cosas que van de acuerdo a la sana doctrina.

Algunas personas no han sido instruidas. Son analfabetas espirituales y bíblicamente. Sencillamente, no conocen la verdad. Hay personas, que han dicho ser cristianas por años y años, que aún permanecen analfabetas y es por eso que sus vidas no son consistentes con las Escrituras.

Pero muchas de nosotras hemos tenido el privilegio de crecer en iglesias con una doctrina sana basadas en la verdad bíblica, pero no la estamos poniendo en práctica, no estamos viviendo de acuerdo a la sana doctrina.

Por lo que es muy importante que conozcamos la sana doctrina para que nuestra forma de pensar sea la correcta y, por consiguiente, nuestra manera de vivir sea sana y seamos espiritualmente saludables.

Ahora bien, hemos comentado en el programa pasado y en este, que hay mucha gente que tiene un concepto equivocado de doctrina. Piensan que es aburrida e insípida y por ende no les interesaría. Necesitamos recordar que la doctrina bíblica no se circunscribe a unos cuantos conceptos teológicos abstractos.

La doctrina siempre se relaciona —en las Escrituras— con el deber. Está relacionada con la vida. No se limita a un cúmulo de teorías abstractas. Las aplicaciones que se corresponden con la doctrina son las de la vida real.

• La sana doctrina requiere de nosotras que vivamos vidas agradables al Señor.

• La sana doctrina nos motiva a que vivamos vidas agradables al Señor.

• Y es la sana doctrina que nos capacita para que hagamos lo que queremos hacer y esto es vivir vidas agradables al Señor.

En Tito 1:9, Pablo dice que los ancianos, los líderes de la iglesia deben “exhortar con sana doctrina”. La doctrina es la base bíblica y teológica de la vida cristiana. No puedes construir una casa sin una buena base o fundamento.

La doctrina es el ¿Qué? ¿Qué es verdad? ¿Qué es lo que creemos?

Pero Pablo también dice, empezando el Capítulo 2:1, “Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina”. Ahí tienes el ¿entonces qué? Esa no es únicamente la base; es la aplicación personal y práctica de una doctrina sana.

● En la iglesia tendemos a irnos de un extremo al otro. Es difícil mantener un balance. Algunas iglesias enfatizan la doctrina una y otra vez y tienen la base, pero nunca llegan al “¿entonces qué?”

● Luego tienes a las iglesias que son muy de ¿entonces qué?, pero no hay un ¿Qué? No hay una base. Se centran en la aplicación porque no quieren desencantar a nadie. No quieren aburrir la gente. No quieren ser concretos y prácticos.

Pero si tu aplicación práctica no está arraigada y asida a una doctrina sana, ¿sobre qué base se supone que vivan? No hay base, no hay fundamento. Están a la deriva y en un océano en el que los valores morales son tan cambiantes como las olas, si no tienen un fundamento doctrinal sólido.

Por lo que necesitamos las dos cosas. No hay un “esto o lo otro”. Sin la aplicación —y vengo de un trasfondo con una doctrina sana; he sido muy bien adoctrinada; y lo digo en el mejor sentido posible…

Pero quiero decirles que sin la aplicación, sin las cosas que van de acuerdo a una sana doctrina, sin énfasis en el estilo de vida, la sana doctrina se va a quedar solamente en nuestras cabezas y en nuestros cuadernos, y nunca haría una gran diferencia en la forma en que vivimos, ni haría una gran diferencia en nuestra cultura.

Algunas de nosotras necesitamos sacar los apuntes de los cuadernos y del interior de nuestras cabezas y aplicarlos a nuestra vida. ¡Sabemos tanto! Y si viviéramos una fracción de lo que sabemos, seríamos gigantes espirituales en lugar de pigmeos espirituales.

Algunas no han sido expuestas a ella porque no se han percatado en cuán importante es tener ese fundamento de la sana doctrina. Déjenme darles una ilustración de la importancia de las dos cosas.

Vayamos a Tito 3:4. Ahí hay un párrafo que les señala el ¿Qué? Ese es un párrafo doctrinal y quizás algún día enseñaremos el párrafo completo. Es de una gran riqueza y me gustaría que pudiéramos detenernos aquí.

Esto es sana doctrina: Tito Capítulo 3: 4-7,

“Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor hacia la humanidad Él nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración por el Espíritu Santo que Él derramó sobre nosotros abundantemente por medio de Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia fuésemos hechos herederos según la esperanza de la vida eterna.”

Esta es una de las famosas oraciones largas del apóstol Pablo. Esas son las que dificultan y hacen de la memorización un reto difícil ya que —al no haber puntos— hay que llegar al final del párrafo para detenerse.

Aunque es probable que Pablo no se sentara a escribir estas cosas sino que las comunicara oralmente a un escriba. Pablo estaba derramando su corazón y su doctrina es doxológica. Quiero decir, que él está lleno de entusiasmo y de llenura ante el conocimiento de la gracia y la salvación de Dios, y entonces comienza una larga oración que no se detiene… ¡Cómo estoy haciendo yo ahora mismo y como lo hago muy a menudo!

Pero nos da este párrafo grandioso que describe el “qué” del Evangelio. Ahí tenemos la justificación, la bondad amorosa del Padre, la justicia imputada, la salvación, la misericordia, la regeneración y la renovación del Espíritu Santo y los herederos.

Ahí tenemos plasmados, no sé, alrededor de 15 conceptos teológicos y doctrinales en un solo párrafo. Ese es el “Qué” ¡Es glorioso! Pero no se mantiene por sí solo.

Miren el versículo 8. Ahí tienen el “¿Y entonces qué?” “Palabra fiel es ésta, y en cuanto a estas cosas quiero que hables con firmeza…” Ese es el “Qué” la sana doctrina.

“Por lo que…” Aquí tienen ¿Y entonces qué? ¿Por qué? ¿Cuál es el propósito de todo esto? “Para que los que han creído en Dios, los que tienen sana doctrina, procuren ocuparse en buenas obras”.

Ahí está el flujo. Ahí está el desbordamiento. Esas cosas, dice, son excelentes y de provecho para las personas.

Pablo dice, “si has experimentado la gloriosa doctrina de la salvación, la justificación por la fe en Cristo solamente y toda la enormidad que implica esa declaración…” (que acabamos de ver en los versículos 4 al 7), entonces tienes que llegar al “¿Entonces qué?

Y el “¿Entonces qué?” es que —cuando han experimentado esto— van a estar motivadas a dedicar sus vidas con devoción a las buenas obras por causa de la gracia que tan generosamente Dios ha derramado en sus vidas. Van a querer dársela a otros.

Hay otros “¿Entonces qué?” esparcidos a lo largo de este libro. Por lo que cuando lleguemos a Tito Capítulo 2:3-5, al que ustedes están ansiosas porque lleguemos pronto, veremos más “¿Entonces qué?”

¿Ves la conexión entre la sana doctrina y las cosas que concuerdan con esa sana doctrina? Está el “¿Qué?” y luego el “¿Entonces qué? que evidencian el flujo que debe haber la secuencia y la consecuencia. Si no tienen la base de una sana doctrina, no tienen base para un apropiado y bíblico “¿Entonces qué?”

El domingo pasado, en mi iglesia, fui a la escuela dominical y al culto. Escuché dos mensajes fabulosos salidos de la Palabra de Dios; la enseñanza de una sana doctrina en ambos pasajes. Tanto el pastor como el profesor de escuela dominical están en medio de dos series distintas: una es del Evangelio de Lucas y la otra es del libro de Romanos.

Quiero decirles que, mientras estuve sentada oyendo —y voy a la iglesia pidiéndole a Dios que me hable que las Escrituras tomen vida en mi corazón. No quiero solo llenar mi cuaderno de notas. Quiero una vida rica en las Escrituras… De manera que voy a la iglesia con esa mentalidad.

Así que mientras que estaba sentada allí para escuchar los mensajes el ¿entonces qué? De ambos pasajes, empezó a explotar en mi corazón. Es decir, el Espíritu Santo se movía en mi interior y me hizo preguntarme “¿qué tipo de mujer se supone que debo ser a la luz de estos pasajes y a la luz de lo que dicen, a la luz de lo que yo estaba escuchando?”

Empecé a darme cuenta de que había algunas áreas de mi vida —dos mensajes distintos enfocados en dos áreas distintas— en las que yo no estaba dando la talla. El “¿Y entonces qué?” no estaba siendo congruente con la sana doctrina.

Ahora bien, no es que esté conduciéndome de una forma aberrante, aunque de hecho vamos desviándonos en nuestra conducta poco a poco y grado a grado. Por lo que Dios me estaba mostrando pequeños grados de cosas—relativamente pequeños; no hay pequeños grados de santidad, pero tenía que hacer pequeños ajustes en mi forma de pensar y de vivir.

Me encontré ponderando y luchando con esto. Y luego, en la noche del domingo, me reuní con una pareja y les dije “¿Podríamos hablar de alguna de estas cosas?”

No quería llegar a la casa, comer, dormir una siesta y olvidarme de mi convicción del mediodía. No quería comenzar la semana olvidando lo que escuché. Quiero que la Palabra sea parte de mi forma de pensar, mi forma de vivir.

Por lo que, esa noche del domingo, nos sentamos en mi sala —a discutir esos mensajes— por un par de horas. En un momento dije “Aquí hay algunas cosas que estoy viendo en mi vida que no concuerdan con ese pasaje, ¿podríamos hablar de eso?, ¿podríamos orar por eso?

Durante toda la semana me encontré arrepintiéndome y luchando con las implicaciones de poner en práctica la sana doctrina en esas áreas específicas, cambiando mi forma de pensar; cambiando mi forma de vivir. Eso es lo que se conoce como cristianismo dinámico transformador.

Lo que les acabo de describir no se supone que sea una gran excepción que sucede cada 12 años en nuestras vidas. Esa es la manera en la que se supone debemos estar viviendo.

Mientras escuchas Aviva Nuestros Corazones e independientemente del programa que le precede o del que le sigue, denle gracias al Señor por los David Jeremiahs, por los John Piper por los John MacArthurs y todos esos hombres grandes de Dios que enseñan la Palabra, por tu pastor y por tu profesor de escuela dominical.

Porque sus deseos y los de Dios, mientras escuchamos estos mensajes —mi deseo mientras las mujeres me oyen enseñar— es que el Espíritu de Dios haga en sus corazones lo que Él estaba haciendo en el mío mientras estaba sentada en la iglesia el domingo sintiendo que el Espíritu Santo se movía, que revoloteaba iba a explotar el “¿Entonces qué?” en mi corazón.

Ahora, al llegar a Tito 2, lo que vemos en este capítulo es “¿Cómo luce la doctrina en la vida real?” Hombres, mujeres, ancianos, jóvenes, esclavos, cualquiera que sea la posición en la vida— la doctrina tiene aplicaciones prácticas para cada género, para cada etapa de la vida, para cada posición social.

El mundo va a someter a escrutinio no lo que decimos creer, sino como luce por fuera —en nuestras vidas— lo que decimos creer. Eso es lo que va a impactar su percepción de Cristo y los va a motivar a abrirse al Evangelio.

Por lo que cuando digas, “Vivimos en una cultura malvada, muy parecida a la cultura en la que Tito vivió en Creta. Hay muchas similitudes entre sus días y los nuestros.” Y digas, “¿Qué hacemos? ¿Cómo podemos impactar? Sólo necesitamos métodos más modernos. Solo necesitamos programas más dinámicos. Necesitamos “más de esto, o de aquello, o menos de esto, cambiar lo otro…”

Pablo dice “Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina.”

“Y ¿qué diferencia hace eso? En realidad, lo que necesitamos es mejorar las leyes o crear más leyes; necesitamos nuevas estructuras, nuevos sistemas o necesitamos revisar el sistema judicial, las escuelas o el gobierno. Necesitamos un presidente distinto. Necesitamos un congreso distinto. Necesitamos más programas sociales.”

No hay nada de malo en esas cosas si siguen el patrón de las Escrituras, pero Pablo dice que esa no es la clave. Lo que necesitamos es:

● Cristianos cimentados bíblicamente en una doctrina sana, que saben lo que creen y que viven de acuerdo a sus creencias.

● Cristianos que sean buenos y sabios, bondadosos, que hablen la verdad, que no sean hostiles entre sí, sino amorosos los unos con los otros, que sean afables, gentiles, hospitalarios y llenos de gracia con una familia estable y en orden. Necesitamos

● Matrimonios funcionales.

● Esposos y esposas contentos con sus parejas.

● Esposas sometidas a sus esposos.

● Esposos que provean un liderazgo piadoso, lleno de sabiduría al guiar a sus esposas y a sus familias.

● Hijos que respeten a sus padres.

● Mujeres que reverencien y respeten sus maridos.

Todas estas cosas las vamos a leer en Tito 2. Eso es lo que impacta nuestro mundo. Eso es lo que adorna el Evangelio de Jesucristo. Eso es lo que causa que las personas miren a los cristianos y digan, “Ustedes hacen a Cristo creíble. Háblenme de Él”.

No hay una herramienta más poderosa de evangelismo. No hay una herramienta más poderosa de cambio social y estructural en nuestro mundo que los cristianos crean y vivan la doctrina y el Evangelio de Cristo Jesús.

Por lo que, podrían preguntarse, ¿Cuál es la diferencia de si ustedes o yo vivimos una vida piadosa en un mundo impío? ¿Sabes qué? Tu vida y tu familia quizás sea una isla pequeñita de piedad en un mar de maldad. Pero así es como el Reino de Dios se extiende.

No subestimen el impacto de una vida, basada en una doctrina sana y que vive de acuerdo a las implicaciones del Evangelio , porque llegará el día en que la gloria de Dios cubra la tierra así como las aguas cubren los océanos. (Ver Habacuc 2:14).

Y va a ser el resultado de la providencia y tiempo de Dios en cada una de ustedes; en sus matrimonios y en sus familias, en ti como mujer soltera en tu trabajo, en ti como una mujer retirada y en ti, como una adolescente en la escuela viviendo las implicaciones de la sana doctrina de Jesucristo. Eso es lo que hace que Él sea creíble.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss les ha estado enseñando como luce la doctrina cuando se vive en el mundo real. Es muy importante mantenernos en el camino correcto… Sin embargo es tan fácil desviarse. La mejor forma de conocer y vivir una sana doctrina es estudiando la Palabra de Dios.

Y para esto puedes contar con nosotros. Te invitamos a entrar a nuestra página web donde encontrarás recursos y artículos diseñados para la mujer. Visita www.AvivaNuestrosCorazones.com .

En nuestra próxima entrega escucharemos a esposas de pastores que han aprendido a dar sabios consejos cuando las cosas parecen ser muy complicadas. Acompáñanos en el próximo programa.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Part-Dieu» (la parte de Dios)

Miércoles 22 Julio
Nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido.
Por Dios

Mientras iba en el tren al trabajo, mis ojos se detuvieron en el panel electrónico de anuncios: «Este tren va con destino a Lyon Part-Dieu», seguido por la traducción en inglés: «This train is going to Lyon by God», que puede traducirse como: «Este tren llegará a destino a Lyon por Dios». Los pasajeros a mi alrededor hicieron comentarios divertidos por la mala traducción: la expresión Part-Dieu» (la parte de Dios) fue traducida: «por Dios». Yo también reconocí el error y me uní a la conversación: «Pero en el fondo, la idea no está mal», dije, «solo por la gracia de Dios podemos llegar a nuestro destino». Los demás viajeros me miraron sorprendidos, un poco incómodos, pero atentos. Fue una buena ocasión para hablarles del Dios que nos ama.

Nuestra época se caracteriza, al menos en Europa, por olvidar a Dios, quien a menudo es el gran ausente en nuestras vidas. Algunos niegan su existencia, otros lo ignoran o huyen de él. Pero Dios no nos ignora. Fue él quien nos llamó a la existencia y quiere revelarse a cada uno de nosotros. Su amor siempre está en actividad y es personal, se dirige a cada humano en particular. Él quiere salvarnos del mal y del infortunio. Él tiene un proyecto de amor y libertad para usted.

Amigo lector, si usted se vuelve sinceramente a él y le dice qué es lo que lo aleja de la fe cristiana, Dios le responderá, pues él lo ama.

Aunque olvidemos a Dios, él no se olvida de su criatura, como lo dice esta escritura:

“No quisieron oír… Pero tú eres Dios que perdonas, clemente y piadoso, tardo para la ira, y grande en misericordia, porque no los abandonaste” (Nehemías 9:17).

29/62 – Una nueva visión para una nueva misión

Iglesia Bautista Internacional

Serie: Hasta los confines de la tierra

29/62 – Una nueva visión para una nueva misión

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

Queda prohibida la reproducción total o parcial de este recurso, por cualquier medio o procedimiento, sin para ello contar con nuestra autorización previa, expresa y por escrito. Toda forma de utilización no autorizada será perseguida con lo establecido en las leyes internacionales de Derecho de Autor. Derechos Reservados.

25/41 – Filipenses 25 – Satisfecho con el Segundo Lugar

Sabiduría para el Corazón

Serie: Filipenses

25/41 – Filipenses 25 – Satisfecho con el Segundo Lugar

Stephen Davey

Texto: Filipenses 2:19-22 En este pasaje se nos presenta a un joven que, a los ojos del mundo, siempre vivió a la sombra de Pablo. Él es presentado como un verdadero ejemplo de humildad… un hombre a quien realmente no le importaba quien recibía el crédito mientras que la obra de Dios siguiera avanzando. Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.

Sabiduría para el Corazón

¿Qué es el verdadero Evangelio?

Got Questions

¿Qué es el verdadero Evangelio?

El verdadero Evangelio son las buenas noticias de que Dios salva a los pecadores. El hombre es pecador por naturaleza y está separado de Dios sin esperanza alguna de remediar tal situación. Pero Dios ha provisto los medios para la redención del hombre; en la muerte, sepultura y resurrección del Salvador, Jesucristo.

La palabra “evangelio” significa literalmente “buenas nuevas.” Pero para comprender verdaderamente que tan buenas son estas noticias, debemos entender primeramente las malas noticias. Como resultado de la caída del hombre en el Jardín del Edén (Génesis 3:6), cada parte del hombre – su mente, voluntad, emociones y carne – han sido contaminadas por el pecado. Por la naturaleza pecadora del hombre, él no busca ni puede buscar a Dios. Él no tiene el deseo de venir a Dios y, de hecho, su mente mantiene una hostilidad hacia Dios (Romanos 8:7). Dios ha declarado que el pecado del hombre lo condena a una eternidad en el infierno, separado de Él. Es en el infierno donde el hombre paga el castigo por pecar contra un Dios santo y justo. Ciertamente estas serían malas noticias, si no existiera un remedio.

Pero en el Evangelio, Dios, en Su misericordia, ha provisto ese remedio, un sustituto para nosotros – Jesucristo – quien vino a pagar el castigo por nuestro pecado, mediante Su sacrificio en la cruz. Esta es la esencia del Evangelio que Pablo predicaba a los corintios. En 1 Corintios 15:2-4, él explica los tres elementos del Evangelio – la muerte, sepultura, y resurrección de Cristo a nuestro favor. Nuestra vieja naturaleza murió con Cristo en la cruz y fue sepultada con Él. Entonces nosotros fuimos resucitados con Él a una nueva vida (Romanos 6:4-8). Pablo nos dice que nos “sujetemos firmemente” a este verdadero Evangelio, el único que salva. Creer en cualquier otro evangelio es creer en vano. En Romanos 1:16-17, Pablo también declara que el verdadero Evangelio “Es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree,” con lo cual él nos dice que la salvación no se logra mediante el esfuerzo del hombre, sino por la gracia de Dios a través del don de la fe (Efesios 2:8-9).

Mediante el Evangelio, a través del poder de Dios, aquellos que creen en Cristo (Romanos 10:9) no solo son salvados del infierno. De hecho, nos es dada toda una nueva naturaleza (2 Corintios 5:17) con un corazón cambiado y un nuevo deseo, voluntad, y actitud que son manifestados en buenas obras. Este es el fruto que el Espíritu Santo produce en nosotros por Su poder. Las obras nunca son los medios para la salvación, pero sí son la prueba de ella (Efesios 2:10). Aquellos que son salvados por el poder de Dios, siempre mostrarán la evidencia de la salvación por medio de una vida transformada.

Usado con permiso del Ministerio Got Questions

Tomado de GotQuestions.org. Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en:  https://www.gotquestions.org/Espanol/

A15 – Manteniendo salud espiritual

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

A15 – Manteniendo salud espiritual

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/Manteniendo-salud-espiritual/

Carmen Espaillat: ¿Qué es lo que la mayoría de las personas piensan cuando se encuentran con la palabra “doctrina”?

Mujer 1 : Bueno, yo creo que la mayoría de la gente se imagina que son como un conjunto de normas o de requisitos sobre la forma en que se hace algo. Y me imagino que casi siempre se relaciona con la palabra “religión”.

Mujer 2 : Yo creo que lo primero que llega a la mente es la palabra “división”.

Mujer 3 : Yo creo que piensan en un conjunto de enseñanzas de carácter religioso o de otra índole.

Mujer 4 : Conjunto de teorías aburridas, largas, complicadas… cosas a lo mejor hasta pasadas de moda.

Carmen : Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Recién acabamos de comenzar una serie llamada El hermoso diseño de Dios para la mujer. Hoy, al continuar, Nancy te ayudará a definir una palabra importante y al mismo tiempo también mal entendida.

Nancy Leigh DeMoss: Cuando digo la palabra doctrina, ¿qué viene a tu mente? Cuando la mayoría de la gente escucha la palabra doctrina, ¿Qué crees que viene a sus mentes? ¿Sabes lo que es tu doctrina? ¿Qué tanto te importa?

¿Conoces la doctrina que se les enseña a tus hijos en su grupo de jóvenes? ¿Conoces la doctrina que se les está enseñando a tus hijos en la escuela? Quizás estés pensando, “Oh, mis hijos están en una escuela pública. No se les está enseñando doctrina.” ¡Oh si! Cada día, durante cada clase, y en cualquier tipo de escuela a la que estén yendo… a tus hijos se les está enseñando doctrina.

La palabra doctrina simplemente quiere decir “enseñanza”. La Wikipedia dice que la doctrina es “un código de creencias”. Es lo que tú crees. Es tu sistema de creencias.

Todos tenemos una doctrina . Los ateos tienen una doctrina, y la están promoviendo agresivamente en nuestra cultura. Oprah tiene una doctrina, y ella enseña su doctrina a millones de mujeres todos los días. Yo vi un reportaje en el programa de Oprah que salió al aire el otoño pasado titulado “237 Razones para tener sexo.” El invitado en este programa en particular abogó por una serie de comportamientos sexuales detestables, incluyendo aventuras amorosas de una noche y el uso de pornografía para parejas para mejorar su matrimonio.

Leí una entrevista en la página web de Oprah relacionada a ese programa—una entrevista con una pareja que actualmente estaba promocionando el concepto de los “matrimonios abiertos”. En caso de que no estés familiarizada con esto, eso quiere decir que tienes un esposo y un novio, y ustedes dos saben acerca del uno y del otro, y todos se sienten cómodos con la situación. Simplemente es algo que “refresca” tu matrimonio.

Tú dirás, “bueno, esa no es buena doctrina”. Pero el punto es que la doctrina es crucial. Es crucial para todos.

Al llegar al libro de Tito, el apóstol Pablo está preocupado con el tipo de doctrina que creemos y el tipo de doctrina que enseñamos. Así que, cuando llegamos al capítulo 2 del libro de Tito, al versículo 1, Pablo le escribe a Tito —su hijo en la fe, a este pastor joven— él le dice, “pero en cuanto a ti, Tito, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina”.

Pasamos algunas de las últimas sesiones ofreciéndoles un contexto y un panorama del libro de Tito, y ahora venimos al capítulo 2, que es uno de los pasajes claves para las mujeres en toda la Palabra de Dios. Y comenzamos en el versículo 1, que dice, “pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina.”

Y nuestra tendencia podría ser la de saltar este versículo del todo e ir directamente a los versículos 3 al 5, que nos da la lista de cualidades que deben ser una realidad en las mujeres de Dios. Esas son las “cosas prácticas,” y allí pudiéramos vernos tentadas a comenzar. Pero el versículo 1, “en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina”—es una preparación crucial para esas características y para esas cualidades prácticas sobre las mujeres descritas en los versículos del 3 al 5. No podemos saltar el versículo 1.

Vimos en las primeras dos sesiones del libro de Tito que la cultura en la que estaba viviendo Tito en la isla de Creta donde Tito estaba supervisando las iglesias —la cultura en la que Pablo estaba viviendo también— era una cultura pagana e impía. En el versículo 12 del capítulo 1, Pablo cita uno de los antiguos filósofos cretenses, que al referirse a su propia gente decían: “Los cretenses siempre son mentirosos, malas bestias, y glotones ociosos”.

Y Pablo dice que este testimonio es cierto. El filósofo de ellos decía la verdad; no estaba exagerando. Era una cultura malvada y Pablo sigue diciendo que estas personas eran detestables. Son desobedientes. No son capaces de hacer buenas obras (versículo 16). Esa es una cultura pagana. Y Pablo está preocupado por el hecho de que esta cultura está siendo violentamente atacada por falsas enseñanzas. Se estaba enseñando mucha religión que no es verdadera; no es exacta. Pablo dice en el capítulo 1 versículos 10 y 11:

Porque hay muchos rebeldes, habladores vanos y engañadores, especialmente los de la circuncisión (judíos convertidos), a quienes es preciso tapar la boca, porque están trastornando familias enteras, enseñando por ganancias deshonestas, cosas que no deben.

No están buscando a Dios, y las cosas que esta gente está enseñando —los libros más vendidos y los programas y los presentadores de programas más populares de televisión, para ponerlo en términos contemporáneos— están enseñando cosas que no son verdaderas. Así que Pablo se dirige a Tito y le dice, “En esta cultura, donde todo esto está ocurriendo, esto es lo que debes hacer”.

Y así llegamos al capítulo 2, versículo 1: “En cuanto a ti”— Tito, en esa cultura, donde está ocurriendo todo esto—“enseña lo que está de acuerdo a la sana doctrina”. Esa es la solución de Pablo, la de dirigirse a los líderes espirituales y decir, “Enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina”.

Como hemos dicho, mucha gente hoy en día piensa de la doctrina como que es seca o muerta o irrelevante o que no es interesante. Y eso puede ser debido a que no hemos sido enseñados de acuerdo a la sana doctrina: a las implicaciones prácticas de nuestra doctrina, lo que fluye de la sana doctrina.

Vamos a ver a través de este estudio que la sana doctrina es transformación radical. Si la vivimos, nos cambia totalmente. Y en última instancia, mientras nos cambia, transforma la cultura a nuestro alrededor. No es un asunto sin importancia el que Pablo les instruya a empezar por enseñar lo que está de acuerdo con la sana doctrina.

¿Y qué es la sana doctrina? Bueno, la fe cristiana, como sabes, está basada en las Buenas Nuevas—el Evangelio de salvación por medio de Jesucristo. La doctrina cristiana, la sana doctrina, corresponde al cuerpo de verdades en su totalidad, lo que explica y define la fe. Este explica:

● Quiénes somos.

● Lo que significa ser cristiano.

● Qué es el Evangelio.

● Quién es Jesús.

● Por qué vino.

● Por qué murió.

De todo esto consta la sana doctrina.

Y la palabra sana, en el lenguaje griego original en el que fue escrito el Nuevo Testamento, es hugiaino. Si ves esa palabra escrita en un papel, podrás notar que está muy relacionada con la palabra higiene. Es la palabra de dónde sacamos nuestra palabra higiene, que quiere decir estar sano. Estar sano es estar saludable. La sana doctrina es lo que hace a las personas enfermas, saludables. Es aquello que es saludable. Es aquello que produce buena salud.

Probablemente todos conocemos a personas —y entre esas quizás estén incluidas algunas con las que hablo ahora— que se encuentran bien; que están bien involucradas en todo lo que tiene que ver con su bienestar físico. Con una buena alimentación, el ejercicio físico entre otras cosas. Algunas de ustedes son muy, muy cuidadosas acerca de lo que comen porque sabemos que podemos convertirnos en lo que comemos. De manera que lo que tú entras en tu sistema te importa. Te importa eso —y todas probablemente deberíamos de ser más cuidadosas con esto— pero algunas personas están muy involucradas con todo esto. Leen las etiquetas. Compran su comida en tiendas de alimentos naturales y orgánicos. Pagan más por comidas orgánicas —¡y ahora ya te estoy diciendo más de lo que yo misma conozco acerca de este tema!

Hay personas que verdaderamente están envueltas en esto de la salud física, de la sanidad física, pero me asombra que algunas de esas mismas personas pueden estar absolutamente despreocupadas acerca del tipo de doctrina que ingieren—lo que permiten que entre en sus mentes, lo que meten en sus corazones. Son súper, súper, súper, cuidadosas acerca de la comida física que permiten que entre a sus cuerpos, y son cuidadosas de no tocar microbios o de contaminarse, pero no tienen cuidado en lo absoluto por la doctrina que están entrando en su sistema.

La sana doctrina, la doctrina saludable, es una doctrina que es pura. Es higiénica. Es segura. Está libre de error. No está contaminada. La doctrina saludable, y sana producirá creyentes espiritualmente saludables, y los creyentes espiritualmente saludables producen iglesias saludables.

Así que si las iglesias no son saludables, es porque los creyentes no son saludables. Y si los creyentes no son saludables, es porque no están ingiriendo sana doctrina—o no están ingiriendo lo que va de acuerdo con la sana doctrina, lo que quiere decir que no conocen las implicaciones de la sana doctrina. Y de eso se trata la verdadera doctrina, sana y saludable. Produce creyentes saludables e iglesias saludables.

¿Y qué de la doctrina enfermiza, la doctrina enferma y poco higiénica? Esa es la doctrina falsa; la que no es pura. Quizás no sea totalmente falsa. La realidad es que si fuese totalmente falsa, la mayoría de la gente la rechazaría. Lo que es verdaderamente peligroso es la doctrina que consiste en una mezcla de verdad y de error—quizás es verdadera en su mayor parte, pero tiene un poquito de error mezclado con la verdad.

Solo quiero preguntarte, ¿qué cantidad de arsénico te sientes cómoda de tener dentro de tu bebida o dentro de tu comida? ¿Está bien con solo un poco? No. Solo un poco puede ser muy letal. Pero quizás no reconozcas pequeñas cantidades de alguna toxina o veneno en tu comida. También a veces es muy difícil reconocer pequeñas cantidades de doctrina errónea; pero solo un poquito de mala doctrina en la mezcla puede lograr que toda la doctrina sea insalubre y mala. Una doctrina que no es sólida produce creyentes espiritualmente enfermos, o débiles, y creyentes espiritualmente enfermos o débiles producen iglesias espiritualmente enfermas.

Ahora bien, tristemente, en general, hoy tenemos poca tolerancia en la iglesia—eso no es cierto de todas las iglesias, pero diría que es verdad de muchas, muchas, muchas iglesias y de muchos, muchos creyentes profesantes —que tenemos poca tolerancia por la sana doctrina. Tenemos más bien una mentalidad de consumidor. Queremos ser entretenidos. Queremos estar cómodos. No queremos tener que pensar.

Somos constitucionalmente ociosos, y no queremos ser percibidos exclusivistas o estrechos de mente, y no queremos alejar a las personas que pudieran pensar diferente a nosotros. Así que hemos aceptado esta mentalidad moderna que vive y deja vivir: “Está bien, tú tienes tu mentalidad, y estos tienen la suya. No te molestes tanto cuando la gente no ve las cosas como tú las ves”. Hoy en día no tenemos una tolerancia alta por la sana doctrina dentro de la iglesia.

Aquí veo a mi amiga Kim Wagner sentada allí en el salón. Kim compartió conmigo una historia el otro día que ilustraba esto perfectamente. Kim, tú la puedes contar mejor que yo. Tuviste una experiencia en la que pudiste ver este concepto de personas que no tienen tolerancia por la sana doctrina.

Kim Wagner: Recientemente estaba en la oficina del doctor con mi papá. Permanecí en la sala de espera mientras él estaba con el médico. Estaba leyendo un libro. No recuerdo el título exacto del libro que estaba leyendo, pero un caballero en la sala se interesó en lo que yo estaba leyendo, así que comencé a compartir un poco con él acerca del tópico del libro.

Se dio cuenta de que yo era cristiana y me dijo, “Oh, yo también soy cristiano”, y comenzamos a hablar un poco de nuestras iglesias. Él compartió conmigo acerca de su iglesia, y dijo, “En mi iglesia, no creemos en doctrina. Solo hablamos de Jesús. No queremos hablar de doctrina”.

Nancy : ¿No es esa una imagen de cómo muchas personas piensan hoy? “No estamos interesados en doctrina; solo estamos interesados en Jesús”. Déjame decirte, no puedes hablar del Jesús verdadero sin hablar acerca de doctrina. Hay doctrina verdadera acerca de Jesús, y también hay falsa doctrina acerca de Jesús. Quizás no conozcas los grandes términos teológicos, pero sí tienes doctrina cuando estás hablando de Jesús. Es importante que la doctrina sea sana, y que esté enraizada en las Escrituras.

Yo creo que esta intolerancia por la sana doctrina en la iglesia de hoy es el resultado de algo que hemos escuchado en la generación pasada. Es ese concepto, como diría mucha gente, de que “la doctrina divide; y el amor nos une”. De manera que, según ellos, no deberíamos tener todas estas diferentes doctrinas que nos dividen. Se supone que debemos amarnos los unos a otros.

Y hay algo de cierto en ese concepto. Hay algunas cosas que no son absolutas o claras en la Escritura, y en estas tenemos libertad de interpretar de forma diferente como creyentes. Y no debemos dejar que esas cosas dividan nuestro compañerismo y nuestras relaciones entre los unos y los otros. Debemos amarnos los unos a los otros a pesar de estas diferencias donde la Escritura no es clara o en áreas que la Escritura no toca. Pero ese concepto—que la doctrina divide; y que el amor nos une—también es muy incorrecto.

La doctrina debe estar basada en la verdad. Tiene que ser sana. Pablo al final del capítulo 3 del libro de Tito, “Saluda a los que nos aman en la fe” (versículo 15). Eso es lo que nos une: un común amor por Cristo como Él es representado y visto y enseñado en la Escritura. Lasana doctrina, la doctrina bíblica, es lo que en última instancia nos une y nos da la capacidad para verdaderamente amarnos los unos a los otros como debe ser.

Esta falta de interés por la sana doctrina es algo que encuentro muy desalentador hoy en día. De hecho—y no quiero ser critica aquí; realmente mi corazón no es crítico en este momento, pero me rompe el corazón ver cuántos ministerios de mujeres, cuántas iglesias, y cuántas conferencias de mujeres de hoy están ofreciendo lo que yo llamo “doctrina-light” o doctrina ligera.

No quieren desanimar a nadie. Quieren atraer a los perdidos. Quieren atraer personas espiritualmente inmaduras y no quieren rechazarlas Quieren atraerlas. De manera que piensan: “Ofrezcamos sólo pequeñas cantidades de doctrina. No les des algo que realmente los haga pensar. Quizás no sea una doctrina falsa, necesariamente, pero no damos doctrina seria o profunda. No queremos agobiarlos. No queremos que se desanimen.”

Eso es exactamente lo que el apóstol Pablo dijo que pasaría en nuestra generación. Si buscas en tu Biblia en la 2 Carta Timoteo en el capítulo 4, y miras los versículos 3 y 4. Pablo dice,

Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; [gente que les dirá no lo que necesitan oír, sino lo que quieren oír] y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos.

Estamos viviendo hoy en nuestra generación —aun en la iglesia— con las consecuencias de nuestras generaciones de falsa doctrina o de doctrina liviana, ligera—“Ve despacio con la doctrina; aguanta la doctrina; no queremos la doctrina”.

Alguien me mandó un artículo recientemente, una pieza que rompió mi corazón. Era sobre una serie de fracasos morales en posiciones de alto perfil dentro de las diferentes mega-iglesias y ministerios. Al leerlo me resultó interesante que en esa pieza en particular, todas las iglesias y las denominaciones que estaban representadas eran grupos conocidos por enseñar, de manera consistente, falsa doctrina o muy poca doctrina. Y yo pensé, “Umm ¿No es esto interesante?”

Ahora bien, eso no quiere decir que si enseñas sana doctrina no puedes caer en un fracaso moral y pecado; algunos si caen. Pero resultó interesante ver que en este artículo en particular, los grupos representados eran grupos que, o no estaban enseñando doctrina en lo absoluto, o tienen muy poca doctrina bíblica, o tienen falsa doctrina— están enseñando cosas que no son bíblicas.

Cuando vives en esta cultura que le ha dado la espalda a la sana doctrina, donde la gente no soporta la sana enseñanza, donde se están desviando de la verdad y vagan hacia los mitos, ¿Qué haces? ¿Simplemente levantas tus manos en desesperación? ¿Te levantas en contra de esas personas? Debo admitir que a veces me he visto tentada a hacer las dos cosas—a veces solo me retraigo y me doy por vencida y a veces solo me digo a mi misma: “Voy a hacerle frente a esto y voy a cortarlos como a pasto”.

Bueno, Pablo dice en 2 Timoteo capítulo 4, versículos 1-2, “Esto es lo que debes hacer”. Le está hablando a un pastor, y él le dice,

Te encargo solemnemente, en la presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a los vivos y a los muertos, por su manifestación y por su reino: predica la palabra.

La gente no quiere escuchar eso. ¿Qué hacemos? Predica la Palabra. La gente no está interesada; no aguantan la sana doctrina; no tienen estómago para ella; no tienen apetito para ella. ¿Qué hacemos? Predica la Palabra.

Pablo continúa, “insiste a tiempo y fuera de tiempo”—predica la Palabra esté o no de moda; predica la Palabra, “redarguye, reprende, exhorta con mucha paciencia” —algo que se necesita mucho hoy día— “e instruye”.

Ese es el antídoto de Dios en medio de esta era en la que la gente no tiene apetito para la sana doctrina. Enseña la Palabra. Sigue enseñando la Palabra.

Mientras pienso en las cuestiones que las mujeres en nuestras iglesias están enfrentando hoy, cuestiones de divorcio, nuevo matrimonio, hijos rebeldes, relaciones rotas, desórdenes sexuales, adicciones, amargura, desordenes de alimentación —todos estos problemas— la tentación a veces es de solamente enseñar mensajes de “qué debes hacer, o cómo lidiar con estas cosas”, y meramente tratar con algunas de estas consideraciones prácticas.

Pero la Palabra de Dios me reta y me dice que lo que realmente ayudará a la gente, que es el centro de todo, es enseñar sana doctrina: quién es Dios, quién es Cristo, qué es el Evangelio, qué diferencia hace el Evangelio, y cómo debemos vivirlo. Esa doctrina saludable, y sana se convierte entonces en la base de una vida sana y saludable.

Esa es la responsabilidad número uno y el llamado de tu pastor y de los ancianos en tu iglesia: la de proveer dirección espiritual y protección para los miembros del rebaño. Regresando a Tito, Pablo dice que deben mantenerse firmes a la palabra fiel que es conforme a la enseñanza para que ellos puedan dar instrucción en la sana doctrina y también para reprender a aquellos que la contradicen (1:9). Ese es el llamado a los pastores del rebaño—mantén la sana doctrina, y corrige a aquellos que se desvían de ella.

Mi iglesia acaba de pasar por el proceso de buscar un pastor durante los últimos dos años. El pastor que pastoreó por 39 años se retiró recientemente. Él sabía que se iba a retirar, así que mientras él estaba todavía ahí, la iglesia pasó por un proceso largo de búsqueda, y el nuevo pastor acaba de llegar. Solo hubo un espacio de seis-semanas entre los dos.

Los miembros de la iglesia están realmente emocionados con lo que ellos creen que ha sido la recompensa de Dios por su búsqueda. Pero al principio de esa búsqueda, el comité de búsqueda y la congregación conversaron mucho acerca de, “¿Qué estamos buscando en un pastor?” Ellos sabían los requisitos espirituales para el tipo de persona que debía ser, pero ¿Qué debe hacer él? ¿Qué se supone que él debe poder hacer?

Déjame decirte, por la Palabra de Dios, que ellos no tienen que ser buenos oradores. Ellos no tienen que —en lo que concierne a la Palabra de Dios— entretener. Ellos no tienen que ser fabulosos administradores ni líderes naturales. Ahora bien, algunas de esas cualidades pueden ayudar, y no tiene nada de malo el poseer algunos de esos dones. Pero no tienen que tener un gran carisma. Bíblicamente, no tienen que tener la habilidad de construir una iglesia gigantesca.

Lo que sí deben ser capaces es de hacer dos cosas: Dar instrucción en sana doctrina, y reprender a aquellos que la contradicen—“exhortar y reprender con toda autoridad,” como dice Pablo en Tito capitulo 2, en el versículo 15. Ese es el llamado de los pastores y ancianos que guían nuestras iglesias. Ellos tienen que tener la capacidad de dar instrucción en sana doctrina y de corregir a aquellos que se desvían de ella.

Muchos de nuestros pastores de hoy son criticados por no ser talentosos en todas aquellas otras cosas que es bueno que los pastores puedan hacer. Pero yo te digo, esas otras cosas no son esenciales. Lo que sí es esencial —esto es lo que ha estado tocando mi corazón en la medida en que he permanecido en este libro de Tito— es el llamado dirigido a los hombres de Dios que guían nuestras iglesias hoy: dar instrucción en sana doctrina y corregir a aquellos que se desvían de ella.

Si tenemos doctrina sana, saludable e higiénica tendremos creyentes sanos y saludables, y tendremos iglesias sanas y saludables. Eso es lo que hará la diferencia en nuestra cultura .

Carmen : Nancy regresará para orar.

Ella nos ha estado enseñando la belleza y la importancia de la doctrina. No es un concepto viejo o anticuado, pero es refrescante y da vida cuando realmente lo entiendes. En nuestra serie actual, El hermoso diseño de Dios para la mujer, hemos estado viendo conceptos importantes de Tito 2. Toda mujer necesita entender este pasaje.

Gracias por conectarse con nosotros hoy. Hay una manera segura de evitar la falsa doctrina. Mañana, Nancy te dirá cuál es, y ahora, nos dirige en oración.

Nancy: Oh Padre, te pido que nos perdones por no tener estómago ni apetito por la seriedad de la sana doctrina. Gracias por el regalo de la enseñanza sana y saludable en Tu Palabra, que es tan práctica. Te pido que nos ayudes a amarla y a amarte a Ti más al haber sido plantados en la sana doctrina, y que nos ayudes a saber cómo vivirla y traer gloria a Tu Nombre de esa manera. Lo pido en el nombre de Jesús. Amén.

Gracias por conectarse con nosotros hoy. Si te has perdido alguno de los programas de esta serie, puedes obtenerlo al visitar www.AvivaNuestrosCorazones.com. Allí podrás obtener también las transcripciones y otros recursos.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

El yugo liberador

Martes 21 Julio
(Jesús dijo:) Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.
El yugo liberador

El yugo es esa fuerte pieza de madera que une por la cabeza los dos bueyes de la yunta. Con este yugo se tiran los carros, los arados… Moralmente, describe una carga pesada.

Es interesante ubicar estas palabras de Jesús en su contexto. El pueblo de Israel se hallaba sometido bajo el peso de la ley y de las tradiciones impuestas por los guías religiosos (Éxodo 20-23; Mateo 23:4). Nadie podía encontrar la liberación y el reposo para el alma. Pero Jesús lo ofrecía a todos: “Venid a mí”. Sin él no hay reposo. El hombre se fatiga en vano “debajo del sol” (Eclesiastés 2:22). Jesús vino para dar ese reposo de la conciencia y del corazón a todos los que están atormentados bajo un yugo de servidumbre: el peso de nuestros pecados, de nuestra naturaleza enemiga de Dios, de un mundo que nos esclaviza y cuyo príncipe es Satanás.

Por medio de su muerte en la cruz, Cristo obtuvo para nosotros una completa liberación de todo lo que nos esclavizaba. “La libertad con que Cristo nos hizo libres” (Gálatas 5:1). A todo el que va a Jesús, él le quita esa agobiante carga y le ofrece su yugo liberador. ¿Cuál es ese yugo? El que Jesús, el hombre perfecto, tomaba sobre sí, en una total sumisión a la voluntad de su Padre, en una obediencia paciente a través de las pruebas del camino, con la dulzura y la humildad del siervo perfecto.

Cristo ayuda a aquellos que se inclinan y se sienten cómodos bajo ese yugo. Él lleva con ellos el cansancio y las cargas. ¡Dichosos los que han recibido el descanso del alma, adquirida para siempre por Jesús su Salvador!