La confesión positiva es la práctica de decir en voz alta lo que desea que pase con la esperanza de que Dios lo haga realidad. Es popular entre los seguidores del evangelio de la prosperidad, quienes afirman que las palabras tienen poder espiritual y que, si decimos en voz alta las palabras correctas con la fe correcta, podemos obtener riquezas y salud, atar a Satanás, y lograr cualquier cosa que queramos. Confesar positivamente es decir palabras que creemos o queremos creer, haciéndolas realidad. Esto se opone a la confesión negativa, que consiste en reconocer dificultades, pobreza y enfermedad y, por lo tanto, (supuestamente) aceptarlas y rechazar la comodidad, riqueza y salud que Dios ha planeado para nosotros.
Hay varias cosas equivocadas con esta filosofía. Lo más peligroso es la creencia de que las palabras tienen una especie de poder mágico espiritual, que podemos utilizar para conseguir lo que queremos. La práctica no se obtiene de verdades bíblicas, sino de un concepto de la nueva era llamado la «ley de la atracción». Enseña que «los polos iguales se atraen», una declaración o pensamiento positivo atraerá una reacción positiva. Todo está impregnado de la presencia y el poder de Dios, no de «Dios» como el creador omnipresente, sino de un «dios» en una forma hinduista/panteísta. El resultado claro es la idea de que nuestras palabras tienen el poder para obligar a Dios que nos dé lo que queremos (una creencia herética). Adicionalmente, los resultados que se atribuyen a la confesión positiva son empoderados por la fe de la persona. Esto conduce a la antigua creencia de que la enfermedad y la pobreza son un tipo de castigo por el pecado (en este caso, la falta de fe). Juan 9:1-3 y todo el libro de Job refutan esto.
El segundo problema es que el evangelio de la prosperidad malinterpreta las promesas de Dios. «Confesión» es estar de acuerdo con lo que Dios ha dicho; «la confesión positiva» está exigiendo deseos humanos. Las personas que impulsan la confesión positiva, dicen que la práctica es simplemente reafirmar las promesas de Dios como fueron dadas en la biblia. Sin embargo, ellos no diferencian entre las promesas universales que Dios hizo a todos Sus seguidores (por ejemplo, Filipenses 4:19) y las promesas personales hechas a los individuos en un momento determinado para un propósito en particular (por ejemplo, Jeremías 29:11). Ellos también tergiversan las promesas que Dios nos da, negándose a aceptar que el plan que Dios tiene para nuestras vidas, no puede coincidir con el nuestro (Isaías 55:9). Una vida libre de preocupaciones y perfecta, es la antítesis de lo que Jesús dijo que la vida cristiana sería y las vidas que Sus seguidores vivieron. Jesús no prometió prosperidad; Él prometió dificultades (Mateo 8:20). Él no prometió que todas nuestros anhelos serían cumplidos; Él prometió que tendríamos lo que necesitáramos (Filipenses 4:19). Él no promete paz en una familia; prometió que las familias tendrían problemas sabiendo que algunos decidirían seguirlo y otros no (Mateo 10:34-36). Y Él no prometió salud; prometió llevar a cabo Su plan para nosotros y la gracia en las dificultades (2 Corintios 12:7-10).
Otro problema con la confesión positiva es que, a pesar de que se entiende que las «confesiones» se refieren a las cosas en el futuro, muchas de las afirmaciones son simplemente mentiras. Sin duda, el afirmar verbalmente la fe en Dios por parte de alguna persona y la liberación por medio del sacrificio de Jesús, es bueno, el proclamar: «Yo siempre obedezco a Dios», o «Yo soy próspero», es algo engañoso y muy posiblemente está en contra de la voluntad de Dios a la cual estamos llamados a aferrarnos. Las «confesiones» acerca de otras personas son particularmente preocupantes. Dios nos ha dado a cada uno de nosotros la libertad para servirle o para rebelarnos contra Él de manera individual; afirmar lo contrario es una necedad.
Finalmente, la biblia es muy clara en que «la confesión negativa» no niega las bendiciones de Dios. Los Salmos están llenos de clamores a Dios para obtener liberación, y en el Salmo 55:22 y 1 Pedro 5:7 se nos exhorta a seguir ese ejemplo. Incluso Jesús fue ante el Padre celestial con claridad sobre la situación y solicitando una ayuda (Mateo 26:39). El Dios de la biblia no es un Santa Claus cósmico (Santiago 4:1-3). Él es un Padre amoroso que quiere estar involucrado en las vidas de Sus hijos, en lo bueno y en lo malo. Solo cuando nos humillamos a nosotros mismos y le pedimos ayuda, es que Él nos liberará de las circunstancias o nos dará la fortaleza para atravesarlas.
¿Tienen algún valor la confesión positiva? En cierto modo, aquellos que confían en que pueden resolver un problema, generalmente están más relajados y son más creativos. Se ha demostrado que un estado de ánimo optimista mejora la salud. Y las personas felices suelen tener suficiente distancia emocional entre ellos mismos y los demás para darse cuenta de pistas sutiles que podrían conducir al éxito de las operaciones comerciales y personales. Además, cuando alguien expresa constantemente los objetivos, estos se mantienen a la vanguardia; aquellos que constantemente piensan en conseguir más dinero, actuarán como corresponde.
Los peligros de la confesión positiva superan ampliamente los beneficios. Todas las ventajas que hemos enumerado son psicológicas y de alguna manera fisiológicas, no espirituales. El único beneficio espiritual que se tiene, es el hecho de que las personas que esperan que Dios se mueva, son más propensas a ver la mano de Dios en las situaciones. Pero las palabras no son magia. Nuestra función con nuestro Padre Celestial no es exigirle, sino pedirle ayuda, confiar y darnos cuenta de que nuestras bendiciones no dependen de la fortaleza de nuestra fe, sino de Su plan y Su poder.
Usado con permiso del Ministerio Got Questions
Tomado de GotQuestions.org. Todos los Derechos Reservados
Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.
En este estudio llegamos al libro de Salmos, y queremos mirar las doctrinas de la gracia en el libro de Salmos, hasta aquí hemos visto desde Génesis a Job, y ahora llegamos al libro más largo de toda la Biblia, de hecho, solo el salmo 119 es más extenso que 30 de los libros individuales de la Biblia.
Así que es un libro que tardó mil años en ser escrito, el primer Salmo en ser escrito fue el Salmo 90, escrito por Moisés mientras vagaban en el desierto, más de mil cuatrocientos años antes de la venida de Cristo, el último Salmo que se escribió fue el 126 entre cuatrocientos y cuatrocientos cincuenta años ante de la venida de Cristo, así que es un libro que tardó mil años en ser escrito y fue compilado en cinco partes.
En toda la Biblia no hay otro libro como el de los Salmos —y es el libro de alabanza—, fue compilado originalmente para guiar al pueblo de Dios en la adoración al Señor en el templo, y por tanto no nos sorprendería encontrar a alta teología en un libro que pretende producir y promover alta doxología, porque es nuestra teología lo que impulsa nuestra doxología, no es primordialmente la música ambiental lo que debería motivar nuestro corazón, es la verdad de quién es Dios y lo que Él ha hecho por nosotros.
Y eso se manifiesta de manera notoria en el libro de los Salmos, podríamos hacer todas nuestras series solo en el libro de Salmos, así que tendremos que ponernos límites en estos cientos cincuentas Salmos y mirar los pasajes que abordan las doctrinas de la gracia, las cuales se encuentran ciertamente en este libro.
Principalmente vemos a Dios el Padre actuando en su soberanía seleccionando de entre los pecadores y también vemos en gran medida la depravación total en este libro, así que la gran yuxtaposición de la doctrina de la depravación del hombre y la soberanía de Dios se destaca muy claramente, y esa era una razón para el pueblo de Dios cantar.
Ahora las otras doctrinas de la gracia, específicamente la extensión de la expiación y todos los ministerios del Espíritu Santo, no se mencionan tanto aquí y se desarrollarán en libros posteriores del Antiguo Testamento, y ciertamente en el Nuevo Testamento.
Así que estoy listo para lanzarme y quiero que me sigan a medida que cruzamos las páginas del libro de los Salmos, y tendré que seleccionar lugares específicos donde aterrizar y mirar, y luego volver y sobrevolar algunos otros pasajes donde podríamos aterrizar fácilmente, pero comencemos en el Salmo 2 con una clara declaración de la depravación total de toda la raza humana.
El Salmo 2, es un Salmo que comienza con la rebelión del hombre contra Dios, la traición cósmica de todas las naciones y de todos los pueblos contra el Dios todopoderoso en el cielo, es decir, solo esto sellaría esta doctrina en el libro de los Salmos.
Comienza así: ¿Por qué se rebelan los pueblos, por qué conspiran las naciones? Detengámonos aquí mismo, se presenta en forma de pregunta como si el salmista estuviera impactado por la locura de una insurrección contra Dios.
Fíjense que “pueblos” está en plural, no es solo un pueblo, no solo algunos pueblos aislados, sino los pueblos de manera colectiva y luego dice las naciones, una vez más todos los pueblos en todas las naciones están tramando cosas vanas y los siguientes dos versículos continúan describiendo cuál es esa conspiración.
Hay una conspiración mundial contra Dios entre los pueblos en todas las naciones y ellos se sublevan, es caótico, la sociedad y la cultura se están sublevando, y en un estado de consternación y confusión.
¿Por qué se están revelando y tramando cosas vanas?, es muy vano lo que están tramando, es un disparate, es fútil, está destinado al fracaso, es una causa que no puede triunfar, y elabora esto en el versículo dos, se levantan los reyes de la tierra, estos reyes están sobre las naciones que están compuestas por pueblos —¿ven cómo va construyendo el argumento?
Asumen una posición, su posición es contraria a Dios, están empecinados contra Dios, están decididos, no están en una posición neutral, no son pasivos ni están simplemente siguiendo el flujo de un estándar moral, han tomado una posición.
Los gobernantes traman unidos, la ironía con esos reyes es que no pueden concordar en nada, no pueden concordar en lo militar, no pueden concordar en la economía, no pueden concordar en los asuntos políticos, pero aquí es donde se reúnen y se convierten en extraños aliados, aquí es donde se unen, traman juntos, es una consulta deliberada mientras ellos aúnan sus pensamientos contra el Señor, contra el Dios todopoderoso del cielo y contra su Ungido.
Inicialmente, su ungido, se refiere al rey David que supervisaba a la nación de Israel y se refiere a las naciones vecinas que vienen contra el pueblo escogido de Dios, pero en última instancia por el Nuevo Testamento, sabemos que se refiere al Hijo mayor de David, el Señor Jesucristo, quien es el Rey de reyes, y Señor de señores, quien ha sido entronizado a la derecha o diestra de Dios el Padre.
Aquí vemos a la totalidad de la raza humana en una insurrección contra Dios y contra su ungido, quien luego en el versículo doce es identificado como el Hijo de Dios, versículo 12 y esto es lo que dice, este es su pensamiento, esta es su cosmovisión, esta es la brújula en su interior, la dirección en la que apuntan sus pensamientos, “rompamos de manera colectiva sus cadenas y echemos de nosotros sus cuerdas, echemos de nosotros sus cuerdas”.
Es lenguaje metafórico no quieren estar atados por Dios, no quieren vivir como Dios quiere que vivan, no quieren los estándares morales que sienten que Dios les está imponiendo. Es como en el viaje de Gulliver, donde él está ahí tendido, y toda la gente pequeña está tramando de atar con cuerdas al que han capturado —esta es la depravación total de todo el mundo contra Dios y cualquier otra cosmovisión no es otra que imaginación sentimental novelesca.
Así son las cosas, la Biblia dice las cosas como son, y ellos quieren romper las cadenas y deshacerse de las ataduras del Señor, y de su Ungido, y de paso la palabra ungido habla del Mesías quien es el Ungido, quien vendría con el poder del Espíritu Santo.
Y apropósito, ya que estamos aquí, miren el siguiente versículo, ¿cuál es la respuesta de Dios?, ¿hay pánico en el cielo?, ¿estará Dios caminando de un lado a otro?, ¿qué vamos hacer ahora?, miren el siguiente versículo, el que se sienta, —y apropósito— Él está sentado en su trono en el cielo, no está caminando nervioso, no está retorciendo las manos, está sentado en el cielo, sobre todo.
El que se sienta en los cielos se ríe de la completa insensatez de que ustedes diminutas criaturas quieran levantarse contra mí y piensen que pueden destronarme todos ustedes juntos. Todas las naciones y los pueblos, y todos los reyes y gobernadores colectivamente, ¡es un chiste! Ni siquiera es gracioso, el Señor se burla de ellos, luego les hablará en su ira.
En su furor los aterrará, pero yo he consagrado a mi Rey sobre Sión, sobre Sión mi Santo monte. Ahí está la soberanía de Dios, el hombre puede planificar sus caminos, pero la voluntad soberana de Dios es irrevocable, es inmutable es invariable, independientemente de lo que todo el mundo pueda decidir conjuntamente hacer contra Dios, este universo no está gobernado por una democracia, está gobernado por una teocracia, el Gobierno de uno, y ese uno es Dios.
Y si tuviéramos tiempo, pero no lo tenemos, la siguiente estrofa es lo que Cristo tiene que decir y luego en los últimos tres versículos, un llamado a venir y besar al Hijo honrarlo, y creer porque no hay otra esperanza porque ustedes naciones perecerán bajo la ira de Dios.
Bueno, les pido que vayamos ahora al Salmo 5 porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad, el mal no mora contigo —Dios no puede guiñar el ojo al pecado y mirar hacia otro lado ante la total depravación de la raza humana, los que se jactan no estarán delante de tus ojos, aborreces a todos los que hacen iniquidad.
Fíjense bien, el solo no aborrece la iniquidad también aborrece a la persona que comete la iniquidad, versículo 6: destruyes a los que hablan falsedad, el Señor abomina al hombre sanguinario y engañador, pero ahora en el siguiente versículo Mas yo por la abundancia de tu misericordia entraré en tu casa; me postraré en tu Santo templo con reverencia.
Y el versículo 9 Porque no hay sinceridad en lo que dicen destrucción son sus entrañas sepulcro, abierto es sus gargantas con sus lenguas hablan lisonjas, quizá reconozcan estos versículos, el apóstol Pablo los cita en Romanos capítulo 3, versículo 13 cuando elabora la mayor argumentación de la Biblia a cerca de la depravación total de toda la raza humana.
Y cuando Pablo presenta su evidencia vuelve al Salmo 5 para mostrar que todas las bocas de todos los hombres que están fuera del reino de Dios están llenas de mentiras y perversión, es una depravación total de toda la raza humana.
Ahora les pido que vayamos al Salmo 14, Salmo 14 versículos 1 al 3, —hace un par de años me invitaron a exponer en una conferencia de Ligonier en Seattle, una ciudad que es conocida por sus ateos, de hecho, en Seattle hay letreros junto a las rutas interestatales pagadas por los ateos, así que me pidieron que hablara sobre el ateísmo y yo dije: bueno, en toda la Biblia solo hay un versículo sobre el ateísmo es el Salmo 14, versículo 1: el necio ha dicho en su corazón no hay Dios.
Pero sigamos leyendo, Salmo 14, versículo 1 se han corrompido, han cometido hechos abominables, no hay quien haga el bien —y una vez más Pablo citará esto en Romanos 3, versículos 10 al 12 cuando elabora su insuperable defensa de la doctrina de la depravación total de toda la raza humana, este es el texto al que acude, ¡no hay quien haga el bien!
El Señor ha mirado desde los cielos sobre los hijos de los hombres para ver si hay alguno que entienda, alguno que busque a Dios, todos se han desviado a una se han corrompido, todos se han apartado de Dios, no se están acercando a Dios sino alejándose de Dios.
Me encanta cuando R.C. Sproul dice, que, si alguien va a realizar un servicio de adoración para buscadores, la única persona que se presentaría sería Dios porque todos los demás están huyendo de Dios excepto los creyentes que han sido capturado por Dios y su gracia.
Miremos el texto otra vez versículo 3, todos se han desviados, aquí no hay excepciones, a una se han corrompido, la última línea del versículo 3 no hay quien haga el bien —yo traduje esto del original hebreo y esto es lo que dice: no hay quien haga el bien, dice lo que significa y significa lo que dice.
No hay nadie que haga el bien y si eso no resultara lo bastante claro, —luego añade no hay ni siquiera uno, como diciendo: lee mis labios, lo que tenemos aquí es una especie de volcada incontestable de la depravación total de toda la raza humana.
Y cuando decimos depravación total, en realidad eso no significa cada persona, aunque es cierto de cada persona, significa la totalidad del ser de cada persona, desde la coronilla hasta la planta de los pies, su mente, su voluntad, su corazón, cada parte de su ser interior es depravada en la totalidad de todas sus partes.
Vamos al Salmos 33, me mata no poder predicar todo el Salmo mientras miramos estos pasajes, pero veamos el Salmos 33, y quiero que observen solo los versículos 11 y 12 que hablan de la soberanía de Dios, y este es el contraste que va y viene principalmente en el libro de Salmos, la depravación del hombre –la soberanía de Dios, la depravación del hombre– el dominio de Dios, la pecaminosidad del hombre –la soberanía de Dios.
Versículos 10 y 11 el Señor hace nulo el consejo de las naciones, y podríamos detenernos ahí mismo y decir, bueno, cuanto más los planes de un individuo, Él anula los planes de todas las naciones en conjunto, frustra los designios de los pueblos, el consejo del Señor permanece para siempre, no hay plan B, los designios del Señor de generación en generación.
Hay un flujo inevitable en la historia, que en realidad es Su historia, Su plan, Su consejo.
Salmos 36, versículos 1 y siguientes, la transgresión habla al impío, dentro de su corazón no hay temor de Dios, delante de sus ojos, porque en sus propios ojos la transgresión le engaña en cuanto a descubrir su iniquidad y aborrecerla; las palabras de su boca son iniquidad y engaño, han dejado de ser sabios y hacer el bien, planean la iniquidad en su cama, en otras palabras, sencillamente fantasea y sueña acerca de cometer más pecado.
Allí es donde va su mente aun antes de levantarse, su pensamiento matinal ya se lanza hacia el pecado, se obstina en un camino que no es bueno, no aborrece el mal, ama el mal, desprecia cualquier cosa que pudiera apartarlo del pecado, es una extraordinaria declaración acerca de la pecaminosidad del hombre.
Miren el Salmo 37, versículo 28 [repite], pero por otra parte podríamos decir porque el Señor ama la justicia y no abandona a sus santos, ellos son preservados para siempre, ahí está la perseverancia de los santos, allí está la seguridad eterna del creyente.
¿Por cuánto tiempo son protegidos los fieles? Y la respuesta es siempre, escuchen si alguien pudiera ser cristiano diez años y luego perder la salvación, no tendría vida eterna, solo tendría una vida de diez años, si alguien pudiera ser cristiano por cinco años y luego perder la salvación, no tendría vida eterna, solo tendría cinco años de vida, solo para eso le sirvió, pero Él nos ha dado vida eterna lo que está destinado para la eternidad, no se puede deshacer dentro del tiempo.
Y aquí dice: ellos son preservados para siempre, ¿por cuánto tiempo? ¡Para siempre! Por todas las edades, sin final, qué diferencia entre los que perecen y los que son preservados por la gracia de Dios.
Vamos al Salmo 51, quiero que observen los versículos 4 y 5: contra ti, contra ti solo he pecado, David había cometido adulterio con Betsabé, conspiró para lograr el asesinato del esposo de ella, sin embargo él comprendió que su pecado llegó a un nivel mucho más alto que meramente pecar contra la mujer y su esposo, todo su pecado en definitiva es contra Dios, contra ti, contra ti solo he pecado y he hecho lo malo delante de tus ojos de manera que eres justo cuando hablas y sin reproches cuando juzgas.
Ahora bien ¿cuándo comenzó este problema en la vida de David? Y la respuesta está en el versículo 5, he aquí —que significa, presten atención a esto—, yo nací en iniquidad, él nació en un estado de pecado, este pequeño bebé salió del vientre de su madre siendo ya un pecador.
Miren la siguiente línea, esa realidad comenzó incluso mucho antes, y en pecado me concibió mi madre, eso no significa que su concepción fue un acto pecaminoso, como si ella los hubiera concebido fuera del matrimonio, no, más bien significa que la naturaleza del pecado se transmitió en el momento de la concepción, nueve meses antes de que David siquiera entrara al mundo mientras aún estaba en el vientre de su madre ya era un pecador, eso es depravación total.
En consecuencia, uno peca simplemente porque es pecador, es la naturaleza la que produce el resultado.
Salmo 65 versículo 4 [repite], dice cuán bienaventurado es el que tú escoges y acercas a ti, de la contaminación de toda la raza humana, de la depravación de todos los hijos e hijas de Adán, Dios ha hecho una elección selectiva por su gracia y amor, y bondad para salvar algunos, él podría haberlos escogidos a todos, podría no haber escogido a ninguno, pero por su gracia escogió a muchos para poner sobre ellos su corazón de amor redentor y eso es lo que leemos aquí: cuán bienaventurado.
Y lo contrario de bienaventurado es maldito, de la raza humana que estaba bajo maldición ha escogido aquellos sobre quienes pondría su gracia, y aquellos a quienes Él escoge, —observen que dice que los acerca a Él, la idea es a una relación personal, a una comunión íntima y unión con el Dios vivo, Él dice seremos saciados con el bien de tu casa, tu Santo templo.
¡Qué privilegiado somos! ¡qué humilde deberíamos ser porque Dios nos ha escogido para estar cerca de Él!
Creo que podemos ver porque Israel alababa tanto a Dios, porque sabían lo que merecían, sabían que dejados a ellos mismos habrían perecido con el resto del mundo, pero Dios por su gracia escogió dispensarle su favor tal como hizo con nosotros.
¡Seamos entonces las personas más agradecidas del planeta tierra!
R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation
Leslie Basham:¿Sientes que estás en una batalla sin fin? Nancy Leigh DeMoss ofrece un poco de esperanza.
Nancy Leigh DeMoss:La batalla en la que estás no va a durar para siempre. Como dice Isaías capítulo 34: «Ningún arma forjada contra ti prosperará».
Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.
Cada uno de nosotros va a enfrentar tormentas e inundaciones. Algunos van a enfrentar tormentas literales, como nos lo recordaron los tornados, inundaciones y terremotos que ocurrieron más temprano este año. Para otros, las circunstancias en la vida se van a sentir como una inundación abrumadora.
Nancy nos ha estado ayudando a mantener la perspectiva y prepararnos para las inundaciones. Mientras ella grababa esta serie sobre las tormentas nos pareció apropiado que estuviera literalmente tronando afuera. Ahora acompañemos a Nancy en la serie Castillo fuerte es nuestro Dios.
Nancy:Espero que en el transcurso de los últimos días hayas estado estudiando a fondo el Salmo 46 por ti misma…Y no dejes que solamente yo te alimente poco a poco a través de este ministerio. Puedes obtener verdad y entendimiento de la Palabra de Dios en la misma manera que yo lo hago. Incluye la Palabra en tu vida, medita en ella, vive en ella, estúdiala y escudríñala en todos los diversos ángulos posibles.
Te he estado animando en estos últimos días a leer el Salmo 46, tal vez a memorizarlo, meditar en él, aplicarlo, tomar notas de lo que Dios te está mostrando. Es asombroso cuando te empiezas a familiarizar con los pasajes en la Palabra de Dios, tomas tiempo para realmente verlos y meditar en oración, y ves cómo Dios te muestra cosas, que nunca has visto antes aun en pasajes familiares. Y eso ciertamente ha sido el caso conmigo.
He sido impulsada hacia este pasaje por causa de algunas circunstancias confusas en mi vida. Yo no lo habría escrito de esta manera, así no es como me hubiera gustado empezar a estudiar el Salmo 46, pero realmente esa fue la causa. Este pasaje me está ayudando a atravesar algunas aguas profundas y circunstancias difíciles. Te va a llevar a través de las dificultades a ti también, ya sean circunstancias actuales o algunas que tal vez enfrentes más adelante.
Voy a empezar con el versículo 1 y luego, nos vamos a enfocar en los versículos 8 y 9, que vamos a estar viendo en estos últimos días en este Salmo.
“Dios es nuestro refugio y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos…”
¡Eso es ya suficiente para llevarte a través de muchas cosas! «Señor, tú eres mi refugio. Voy a correr a ti. Tú eres mi fortaleza. Yo soy débil, pero Tú eres fuerte. Tú eres nuestro pronto auxilio. Tú estás aquí, ahora, y Tu gracia es suficiente para ayudarme en este problema». Eso es personalizar este Salmo.
“Por tanto, no temeremos aunque la tierra sufra cambios, y aunque los montes se deslicen al fondo de los mares; aunque bramen y se agiten sus aguas, aunque tiemblen los montes con creciente enojo.
“Hay un río cuyas corrientes alegran la ciudad de Dios, las moradas santas del Altísimo. Dios está en medio de ella, no será sacudida; Dios la ayudará al romper el alba.”
Y ahora otro gran versículo—solamente aférrate a él y personalízalo hazlo tuyo durante el día.
Dios está en medio de [mí] no [seré] sacudida; Dios [me] ayudará al romper el alba. Bramaron las naciones, se tambalearon los reinos; dio Él su voz, y la tierra se derritió. [Y escucha el estribillo, versículo 7]. El SEÑOR de los ejércitos está con nosotros; nuestro baluarte es el Dios de Jacob. (vv. 1-7).
Dijimos que algunas personas piensan que este versículo era una frase que debía de ser repetida por la gente mientras leían este Salmo. Entonces, El SEÑOR de los ejércitos está con nosotros; nuestro baluarte es el Dios de Jacob. ¿Por qué no lo dices conmigo, con convicción? El SEÑOR de los ejércitos está con nosotros; nuestro baluarte es el Dios de Jacob. Y luego llegamos a los versículos 8 y 9,
“Venid, contemplad las obras del SEÑOR, que ha hecho asolamientos en la tierra; que hace cesar las guerras hasta los confines de la tierra; quiebra el arco, parte la lanza, y quema los carros en el fuego.”
¿De qué se trata todo esto?
Vamos a tomarlo frase por frase a la vez para poder desmenuzarlo. «Venid», es una invitación—para ti, para mí. «Contemplad…». Hay algo que debemos de ver. Debemos de mirarlo fijamente; es una vista que debemos contemplar. «Contemplad las obras del SEÑOR». Estas son obras poderosas y asombrosas que van a ser descritas aquí.
Esencialmente, lo que vamos a ver descrito es la destrucción total del ejército enemigo. ¿Recuerdas que dijimos que había un enemigo, tal vez el ejército de Asiria, viniendo en contra de Jerusalén? El pueblo de Israel, la gente de Judá, no habrían tenido forma de escapar, ninguna forma para lidiar con esto. Ellos habrían sido aniquilados si Dios no hubiera intervenido sobrenaturalmente.
Entonces ellos van a ver a Dios intervenir a su favor, al destruir al ejército enemigo. Esta es la liberación milagrosa del pueblo de Dios. Es una obra asombrosa. «Venid, contemplad las obras del SEÑOR». Mira Sus juicios. Mira cómo Él destruye, finalmente aquellos que se le oponen a Él y a Sus caminos.
El resultado final en este pasaje no es guerra, sino paz. Él hace que las guerras cesen en los confines del mundo, pero el proceso por el que trae paz es juicio, desolación. Ha traído desolaciones a la tierra. Ves aquí algo que tiene dos caras de la misma moneda, lo que ves muchas veces en las Escrituras. Eso es, que Dios quiere traer salvación a Su pueblo, los que ponen su confianza en Él, los que lo convierten su refugio, pero Dios lo hace al mismo tiempo que trae juicio sobre los que le rechazan.
A través de la Escritura ves la salvación y el juicio en posición uno en contra del otro. No puedes tener salvación sin juicio y donde hay juicio, siempre va a haber salvación. Aquí dentro de estos dos versículos tienes «que ha hecho asolamientos en la tierra», ese es el juicio de Sus enemigo, Sus oponentes, y, «que hace cesar la guerra hasta los confines de la tierra». Ese es el trabajo redentor de Dios, la liberación de Su pueblo.
Entonces el resultado es que va a hacer que las guerras cesen, pero lo va a hacer por un proceso de juicio, y eso no se va a ver bonito. No va a ser agradable, pero es una parte importante de las obras de Dios. Somos desafiadas a contemplar las obras del Señor, y ver cómo Dios ha traído desolaciones a la tierra.
Esa palabra desolación es una palabra hebrea que significa «deshecho, ruina, asombro, consternación, u horror». Alguien más ha descrito desolación de esta manera: «cosas que paran el corazón». Cuando ¡«[respiras profundamente,] casi no puedo respirar»! cuando ves las desolaciones que a veces Dios trae sobre la tierra como parte de Sus grandes propósitos redentores para traer paz final sobre la tierra.
¿Cómo funciona esto? Hemos visto en este pasaje que las naciones están furiosas, están saliendo a destruir al pueblo de Dios, y lo que vemos en estas desolaciones es que los enemigos de Dios experimentan la misma destrucción que trataron de traer sobre el pueblo de Dios. ¿Lo puedes ver?
Ellos trataron de desolar a Jerusalén, y Dios dice: «No, no, no, no. Voy a proteger a Jerusalén, mi pueblo, mi ciudad, y te voy a desolar a ti. Te voy a traer a la destrucción. En este pasaje se nos insta a observar cuidadosamente los efectos del juicio de Dios. Las desolaciones sobre la tierra deben de traer a todo el mundo a quedarse asombrados delante de Dios. Ese es el propósito de las desolaciones.
Todos los que se oponen a Dios deben de estar aterrados cuando vean sus actos increíbles de desolación en este mundo, al darse cuenta de lo que les espera si continúan en su curso y no se arrepienten. Al mismo tiempo que el mundo está siendo aterrado, conforme vean los actos de Dios, los actos desoladores de Dios, los que confían en Dios deben de animarse y no temer a las fuerzas más feroces que están formándose en contra del pueblo de Dios, porque saben que en Su tiempo y a Su manera aquellos que se le oponen no van a permanecer; van a ser destruidos.
El enemigo a la larga no va a ganar. Entonces no hay necesidad de temer, «[¡respiro profundo!] Nos van a atrapar; nos van a destruir van a destruir a todos los cristianos; van a tomar todo el mundo…» No temas. Espera en quietud. Ve la salvación del Señor. Y Él lo hace por medio de juzgar a los que buscan traer desolación a su gente.
Dios libera a Su pueblo de peligro por medio de estos peligros o desolaciones, o de estos juicios, sobre Sus enemigos. Déjame darte un ejemplo: ¿Recuerdas cuando Dios quería liberar a Su pueblo de Egipto? Habían sido esclavos allí por 400 años. ¿Qué usó Dios como parte del proceso de liberación para sacar a los israelitas de Egipto? Él Trajo las plagas—una desolación que devastó la tierra y al pueblo de Egipto.
Luego leemos en Éxodo capítulo 12 acerca de la plaga final; que fue bastante dura. «Venid, contemplad las obras del SEÑOR, que ha hecho asolamientos en la tierra». A nadie le gusta hablar sobre el juicio. A Dios no le gusta hablar sobre el juicio. A mí no me gusta hablar sobre el juicio, pero tenemos que hablar sobre él, porque no hay salvación sin juicio.
Éxodo capítulo 12,
Y sucedió que a la medianoche, el SEÑOR hirió a todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sentaba sobre su trono, hasta el primogénito del cautivo que estaba en la cárcel, y todo primogénito del ganado. Y se levantó Faraón en la noche, él con todos sus siervos y todos los egipcios; y hubo gran clamor en Egipto, porque no había hogar donde no hubiera alguien muerto.
¡Horrible! Pero esa desolación era parte del proceso de Dios mostrándose a Sí mismo siendo justo y santo y el libertador de Su pueblo. Dios habría librado a los egipcios si se hubieran arrepentido y vuelto hacia Él, pero ellos no lo hicieron. Entonces segaron destrucción como resultado de que Dios libró a Su pueblo de Egipto.
Ves algo similar cuando vienes al cruce del Mar Rojo no muchos días después.
«Aquel día salvó el SEÑOR a Israel de mano de los Egipcios [esa es la salvación] e Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar. [Ese es el juicio] (Ex 14:30).
Salvación y juicio. «Cuando Israel vio el gran poder que el SEÑOR había usado contra los egipcios, el pueblo temió al SEÑOR, y creyeron en el SEÑOR y en Moisés, su siervo».
El Salmo 76, el versículo 9 habla sobre Dios «al levantarse Dios para juzgar, para salvar a todos los humildes de la tierra». El juicio es una de las maneras por las cuales Dios trae salvación a Sus elegidos. Desolaciones sobre la tierra…
He estado leyendo recientemente en mi devocional en el libro de Apocalipsis, siguiendo con un libro publicado por nuestros amigos en la casa publicadora Moody, escrito por John Walvoord, sobre el libro de Apocalipsis. Él habla acerca de los juicios y desolaciones de Apocalipsis capítulo 6. Leímos ese pasaje, o parte de este, más temprano en esta serie.
Mientras se habla acerca de esas desolaciones y esos juicios de los últimos días, terremotos y estrellas cayendo del cielo y el sol volviéndose sangre y estas grandes y horribles desolaciones… John Walvoord tiene esto para decir sobre esos juicios:
El Dios que se sienta sobre el trono en el cielo está en control total de lo que pasa en la tierra. Los eventos que están pasando en la tierra—sin importar qué tan aterradores o devastadores—no son ni desordenados ni al azar. Son ordenados por el que está sentado sobre su trono. El cielo gobierna la tierra. El pueblo de Dios debe ver lo que ocurre en la tierra desde la perspectiva de Dios, en lugar desde la perspectiva del hombre.1
Dios va a hacer lo que sea necesario, lo que sea que tome, para traer a sus enemigos a la sumisión, para glorificar Su nombre, y para librar a los que buscan refugio en Él. Él va a hacer lo que sea necesario para cumplir Sus propósitos eternos y para ser exaltado sobre toda la tierra. Él sabe lo que Él está haciendo, entonces aun cuando trae desolaciones sobre la tierra, no dudes de él. No lo resistas. Tal vez no lo entiendas.
Desde nuestro punto de vista en la tierra tal vez no tenga sentido, pero tienes que saber que Él tiene un propósito, hay sentido, y recordar que Dios está trabajando aun en medio de las desolaciones. El versículo 8 nos dice que Dios ha traído desolaciones a la tierra, pero ahora venimos al versículo 9, y nos dice lo que pretende cumplir a través de esto.
«Que hace cesar las guerras hasta los confines de la tierra; quiebra el arco, parte la lanza, y quema los carros en el fuego». Dios establece paz y trae guerras a un fin por medio de destruir todas las armas del enemigo y traer todas las naciones a sumisión en Su Reino soberano.
Leímos acerca de eso en 2da de Reyes 19 un poco más temprano en esta serie, donde vimos que el Señor salió durante la noche y destruyó a 185,000 soldados en el ejército asirio. Cuando los israelitas se despertaron a la siguiente mañana… Todos esos cuerpos muertos esparcidos… Dios trajo desolación sobre la tierra para redimir y para rescatar a Su pueblo.
Él es el Príncipe de Paz. En el tiempo de Dios, a Su manera, Él va a derrotar a la oposición y va a hacer que todas las guerras cesen a través de todo el mundo. No son nada más las guerras que están en el mundo grande, sino también las guerras en tu pequeño mundo, guerras que son tan declaradas en contra de ti, diseñadas para traerte a la ruina. La batalla en la que estás no va a durar para siempre.
Como lo dice Isaías capítulo 34: «Ningún arma forjada contra ti prosperará». Ese versículo, el versículo 9 del salmo 46, que dice «que Él hace cesar las guerras hasta los confines de la tierra; quiebra el arco, parte la lanza, y quema los carros en el fuego», visualiza el día cuando Dios va a vencer a cada enemigo que lo ha resistido. Él va a desarmar al enemigo, y Él va a reinar por siempre y para siempre. ¿Aleluya? ¡Aleluya!
Él hace que las guerras cesen. En esa frase no debemos de imaginar a Dios como algún gran Secretario del Estado que viaja por el mundo tratando de negociar la paz por medio de conversaciones de paz o de tratados. Lo que debes de imaginar aquí es a Dios interviniendo en la situación y tomando el control. La oposición no tiene opción más que rendirse. Él hace la paz; Él hace que las guerras cesen.
Derek Kidner, en su comentario sobre los Salmos, dice:
Aunque el resultado es paz, el proceso es juicio. Las palabras, Él hace que las guerras cesen, están puestas no en el contexto de persuasión amable sino de un mundo devastado y forzosamente desarmado. Él habla de tranquilidad del otro lado del juicio.
Queremos el resultado, pero no confiamos en Dios para hacer todo lo que tenga que hacer para obtener el resultado. Las desolaciones… eso nos confunde. Gente inconversa usa esto en contra de Dios: «¿Cómo puede Dios hacer esto?» Dios lo está haciendo porque es un Dios de misericordia y justicia, un Dios de amor y gracia, pero un Dios que no puede ser burlado. El juicio y la salvación los dos vienen de nuestro Dios.
Podemos ver cómo esto se desarrolla en nuestras propias vidas personales y en nuestras experiencias. Una amiga mía, la semana pasada creo, quien sabía que yo estaba enseñando sobre este pasaje, me envió un correo que dijo que podía compartir. Y creo que ilustra en un nivel muy personal cómo Dios usa las desolaciones, en última instancia, para que las guerras cesen. Déjame leerte lo que ella me escribió.
Muchos de nosotros hemos tenido esos momentos cuando hemos dicho: «¡Oh, no! ¡Soy exactamente como mi mamá». Para mí, fue en mi cumpleaños número 30. Hasta ese momento, aunque era cristiana, luchaba con una raíz de amargura, principalmente en contra de mi mamá—pero también, aunque nunca lo habría admitido aun a mí misma—en contra de Dios.
Dios le dio a mi mamá padres cristianos. No eran padres perfectos porque ningún padre lo es, pero sí le enseñaron sobre Cristo. En su adolescencia, mi mamá escogió rebelarse—y su pecado tuvo consecuencias devastadoras en las vidas de sus hijos. Abuso emocional y físico era nuestra norma, más que nada por medio de los hombres en su vida. Fracasó en protegernos de ellos… y yo pensé que Dios también.
Pero en ese cumpleaños número 30, Dios trajo sanidad a mi alma—al traerme cara a cara al darme cuenta que mientras, en la mayor parte, yo soy callada y despreocupada, muy dentro de mí se acecha la misma actitud rebelde y orgullosa de autonomía que separó a mi mamá del Dios que la amaba… y esa actitud orgullosa finalmente la destruyó.
En permitirme nacer en circunstancias difíciles, Dios me bendijo en formas que solamente entiendo vagamente. Me trajo al fin de mí misma en mi vida temprana—y cuando llegué ahí, mi salvador, que me ama más de lo que comprendo, me estaba esperando.
Dios trajo/permitió desolación en mi vida por medio del pecado de los adultos a los que les dio la responsabilidad de amar y protegerme. Pero usó esa «desolación» para hacer las «guerras cesar» entre Él y yo—por medio de mostrarme gráficamente a dónde me llevaría mi espíritu rebelde si le diera rienda libre.
¿Ves la progresión aquí? Las desolaciones te pueden volver en contra de Dios, pueden hacerte una persona amargada. Pero una vez que ves que puedes ver que las desolaciones son parte de la manera que Dios usa para que las guerras cesen, entonces puedes bendecir al Señor, y puedes llegar a ver aun esas desolaciones como una bendición.
La Escritura dice: «Venid, contemplad las obras del SEÑOR, que ha hecho asolamientos en la tierra; que hace cesar las guerras hasta los confines de la tierra; quiebra el arco, parte la lanza, y quema los carros en el fuego. Armas poderosas de los enemigos de Dios no pueden en contra de él. Son como cerillos.
Él desarma a Sus oponentes; les quita su poder. Hace dos mil años, Dios trajo la mayor desolación sobre la tierra. Ese fue el día que Dios puso a Su Hijo en una cruz romana y derramó sobre Su Hijo amado la ira y el juicio que nosotros merecíamos. Tan grande fue esa desolación que al mediodía, de ese día. El sol rehusó a brillar y el día se volvió oscuridad.
Al final de ese día, un gran terremoto hizo temblar las rocas, abrió las tumbas… Desolaciones sobre la tierra. Pero como resultado de golpear Su propio corazón con tal desolación, Dios ha hecho que las guerras cesen, y lo ves a través de todas las Escrituras.
Romanos capítulo 5: “Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo…porque cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo” (vv. 1, 10).
La desolación hace que las guerras cesen.
Efesios capítulo 2: “Porque Él mismo es nuestra paz, quien de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne la enemistad, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un nuevo hombre, estableciendo así la paz” (vv. 14-15).
Desolaciones en la tierra, paz como resultado.
Hebreos capítulo 2 nos dice que «[Jesús] para anular mediante la muerte el poder de aquél que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablo, y librar a los que por el temor a la muerte, estaban sujetos a esclavitud durante toda la vida».(vv. 14-15).) ¡Terrible desolación que Dios trajo en el Calvario! ¿Pero cuál fue el resultado? El enemigo fue desarmado, le quitaron el poder para que pudiéramos experimentar la paz de Dios.
Por medio de esa desolación en la cruz, Él ahora rompe el poder de ese pecado cancelado y liberta a los prisioneros.
Leslie:Nancy Leigh DeMoss le ha estado dando esperanza a cualquier persona que sienta que la batalla en la que están va a durar para siempre. Va a regresar en un momento para orar. Cuando llenas tu mente con la Palabra de Dios, con la enseñanza de hoy del Salmo 46 por ejemplo, va a hacer una gran diferencia en tu vida. Uno de nuestras radioescuchas escribió para describir el efecto que Aviva Nuestros Corazones ha tenido en su vida.
Dijo «Dios está sanando mi vida de las malas decisiones que he hecho. Él los está usando a ustedes en esta sanidad». Este ministerio no tiene el poder para traer este tipo de sanidad por nosotros mismos, necesitamos la sabiduría y la fuerza de Dios. [También necesitamos que él provea para las necesidades financieras del ministerio.]
Dios usa a nuestros oyentes para ayudar a Aviva Nuestros Corazones para pagar los gastos y permitirnos continuar en el aire. ¿Le ayudarías a Aviva Nuestros Corazones con tu ofrenda para poder seguir en el aire, animando a mujeres a estar arraigadas en la Palabra de Dios?
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«Estad quietos, y sabed que yo soy Dios». Esta frase se repite callada y reverentemente en muchas iglesias, pero Nancy Leigh DeMoss muestra cómo es frase fue originalmente dada en una voz fuerte de comando. Descubre por qué en la siguiente sesión de Aviva Nuestros Corazones. Ahora Nancy está aquí para terminar nuestro programa en oración.
Nancy:Oh, Señor, aunque no habríamos escogido las desolaciones, aunque no habríamos escrito el guión de esa manera, te damos gracias porque Tú estás escribiendo el guión, y que aun en las desolaciones incomprensibles en la tierra, vemos Tu mano, y vemos el resultado final: que Tú haces cesar las guerras, en nuestros corazones, entre nosotros y Tú en esta tierra. Y por eso te damos gracias, amen.
Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.
Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.
1 John F. Walvoord. Revelation. Chicago: Moody, 2011, p. 122.
“¡Cuán hermosas son tus moradas, SEÑOR Todopoderoso! Anhelo con el alma los atrios del SEÑOR; casi agonizo por estar en ellos. Con el corazón, con todo el cuerpo, canto alegre al Dios de la vida. SEÑOR Todopoderoso, rey mío y Dios mío, aun el gorrión halla casa cerca de tus altares; también la golondrina hace allí su nido, para poner sus polluelos.” (Salmo 84:1–3) (NVI)
Este es uno de los salmos más dulces, compuestos por los hijos de Coré, quienes eran los porteros y músicos del Tabernáculo y del Templo. Por tener esta responsabilidad eran partícipes directos de la adoración del pueblo y la valoraban. Aquí expresan lo hermoso que es estar en el templo de Dios. Lo describen como un lugar hermoso y seguro, donde incluso la golondrina puede anidar. Entendemos así cuán importante era para un judío llegar y estar en el lugar de adoración: “Vale más pasar un día en tus atrios que mil fuera de ellos; prefiero cuidar la entrada de la casa de mi Dios que habitar entre los impíos.”
En la vida tenemos preferencias de poca trascendencia que se basan en gustos y afinidades. Pero el salmista aquí nos habla de dos cosas que marcan nuestra vida y definen quiénes somos.
Primero, ¿qué lugar prefieres? El salmista prefiere un día en la casa de Dios a mil en otros lugares. Un día de escuchar la Palabra, de confesar, de creer, de adorar, de comunión, de avivamiento, es mejor que mil días de placer, de hacer dinero, de cosechar, de discutir, de vivir para uno mismo. ¿Por qué son tan preciosos los días en la casa de Dios? Porque son más placenteros, aún cuando nuestra mente a veces nos engañe diciendo lo contrario. Son de más provecho, pues nos fortalecen y nos acercan a Dios. Sobre todo, son preparatorios para el futuro: el cielo. Si un día en el templo de Salomón emocionaba hasta las lágrimas al salmista, ¿cómo nos sentiremos en nuestro primer día en el cielo? Preparémonos hoy para ese día, prefiriendo aquí: un día reunidos con la iglesia del Señor.
En segundo lugar, el salmista compara personas. Él prefiere ser un portero en el templo a ser un líder entre los impíos. Habla de prioridades. Ha comprendido que la mejor dicha consiste en servirle y buscar la bendición de Dios: “Dichoso el que habita en tu templo, pues siempre te está alabando. Dichoso el que tiene en ti su fortaleza, que sólo piensa en recorrer tus sendas. Cuando pasa por el valle de las lágrimas lo convierte en región de manantiales; también las lluvias tempranas cubren de bendiciones el valle. Según avanzan los peregrinos, cobran más fuerzas, y en Sión se presentan ante el Dios de dioses.
Los peregrinos recorrían grandes distancias para llegar al lugar de adoración y dice el salmo que cuanto más se acercaban cobraban fuerzas. ¿Qué de nosotras? ¿Cuántas veces hemos priorizado otras actividades en vez de ir a la casa de Dios a escuchar su palabra y adorarle? Los hijos de Coré eligieron lo mejor, optaron por ser fieles a Dios y buscarle. Amada, ordenemos nuestras prioridades para que nuestra preferencia sea hoy y siempre honrarle a Él.
Oración: Señor, quiero anhelar con todo mi ser el estar en tu presencia, reunida con mis hermanos en la fe. Amén.
De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 137). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.
En 2015 se presentó en algunas ciudades de Francia una de las más importantes reuniones de la historia. Decenas de dirigentes políticos, seguidos por millones de personas, desfilaron juntos en recuerdo a las víctimas del terrorismo. Marchaban juntos los ateos militantes que reivindican el derecho a burlarse de todo, incluso de Dios, y los cristianos, judíos, musulmanes, quienes sostienen ser libres de expresar su creencia. Algunos protestaban contra el antisemitismo, otros contra el terrorismo, otros por la república y sus valores.
No hay duda, los participantes eran sinceros, y su compromiso demostraba una angustia latente y el deseo de vivir en un mundo más fraternal. Pero la exigencia de libertad de expresión a ultranza, ¿no es también un motor de desunión? ¿Qué ha pasado un año después?
Seamos lúcidos. ¡Ya el primer hijo nacido en esta tierra, Caín, mató al segundo, su hermano Abel! Y desde entonces, comenzando por la torre de Babel hasta la Organización de las Naciones Unidas, la humanidad busca en vano la paz y la unidad. Esta aspiración no puede dar un resultado si Dios es dejado fuera del proyecto. La única unidad indestructible es la de la familia de Dios. Los cristianos también están desunidos, dirá usted. Sí, pero todos los que creen en Jesús y en el valor de su sacrificio se convierten en hijos de Dios y son uno en él, para siempre.
Si usted tiene miedo al ver cómo va este mundo, ¿no quiere formar parte de la familia del Dios de paz?
“Pensemos con el Dr. Ravi Zacharias” es una producción de RZIM y es un excelente recurso para los cristianos que anhelan entender la fe y testificar con inteligencia.
El Púlpito de la Capilla New Park Street
Arrepentimiento Para Vida
NO. 44
Un sermón predicado la mañana del Domingo 23 de Septiembre, 1855
por Charles Haddon Spurgeon
En la Capilla New Park Street, Southwark, Londres.
«¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida! Hechos 11: 18.
Uno de los mayores obstáculos que haya tenido que superar jamás la religión cristiana, fue el prejuicio inveterado que se apoderó de las mentes de sus primeros seguidores. Los creyentes judíos, los doce apóstoles y aquellos que Jesucristo había llamado de entre los esparcidos de Israel, estaban tan apegados a la idea de que la salvación era de los judíos, y que nadie sino los discípulos de Abraham, o, por lo menos, los circuncidados, podían ser salvos, que no podían aceptar la idea de que Jesús hubiera venido para ser el Salvador de todas las naciones, y que en Él serían benditos todos los pueblos de la tierra.
Con mucha dificultad podían aceptar esa suposición; era tan opuesta a toda su educación judía, que los vemos convocando a Pedro a un concilio de cristianos, y preguntándole: «¿Por qué has entrado en casa de hombres incircuncisos, y has comido con ellos?» Y Pedro no pudo exonerarse a sí mismo hasta no haber referido plenamente el asunto, y haber declarado que Dios se le apareció en una visión, diciéndole: «Lo que Dios limpió, no lo llames tú común,» y que el Señor le ordenó predicar el Evangelio a Cornelio y a su casa, ya que eran creyentes.
Después de esto el poder de la gracia fue tan enorme, que esos judíos no pudieron resistirle más: y pese a toda su previa educación, de inmediato asumieron el principio comprehensivo del cristianismo: «y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!»
Bendigamos a Dios porque ahora estamos libres de los impedimentos del judaísmo, y porque tampoco estamos bajo los impedimentos de un gentilismo que a su vez ha excluido a los judíos; sino que vivimos muy cerca del bienaventurado tiempo que se aproxima, cuando judío y gentil, esclavo o libre, se sentirán uno en Jesucristo, nuestra Cabeza.
No me propongo abundar sobre este tópico, sino que mi tema el día de hoy será: «el arrepentimiento para vida.» Pido gracia a Dios para hablarles de tal manera que Su palabra sea como una espada cortante «que penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos.»
Por «arrepentimiento para vida» creo que debemos entender aquel arrepentimiento que va acompañado de vida espiritual en el alma, y que asegura la vida eterna a todo aquel que lo posee. «El arrepentimiento para vida,» afirmo, trae consigo vida espiritual, o, más bien, es la primera consecuencia procedente de esa vida.
Hay arrepentimientos que no son signos de vida -excepto de vida natural- porque sólo son efectuados por el poder de la conciencia y la voz de la naturaleza que habla en los hombres; pero el arrepentimiento del que se habla aquí, es producido por el Autor de la vida, y cuando viene, engendra tal vida en el alma que aquellos que estaban «muertos en sus delitos y pecados,» son revividos conjuntamente con Cristo; aquellos que no tenían receptividad espiritual, ahora «reciben con mansedumbre la palabra implantada»; aquellos que dormitaban en el propio centro de la corrupción, reciben el poder de convertirse en hijos de Dios, y de estar cerca de Su trono.
Yo creo que este es el «arrepentimiento para vida»: aquel arrepentimiento que da vida a un espíritu muerto. También he dicho que este arrepentimiento asegura la vida eterna; pues hay arrepentimientos de los cuales oyes hablar a los hombres, que no aseguran la salvación del alma.
Algunos predicadores afirman que aunque los hombres pueden arrepentirse y creer, también pueden apostatar y perecer. No pretendemos consumir nuestro tiempo haciendo un alto para exponer su error ahora; a menudo hemos considerado eso antes, y hemos refutado todo lo pudieran decir en defensa de su dogma. Pensemos en un arrepentimiento infinitamente mejor.
El arrepentimiento de nuestro texto no es ese arrepentimiento, sino que es un «arrepentimiento para vida»; un arrepentimiento que es un verdadero signo de salvación eterna en Cristo; un arrepentimiento que nos preserva en Jesús a través de este estado temporal, y que, cuando hayamos pasado a la eternidad, nos proporciona una bienaventuranza que no puede ser destruida.
«Arrepentimiento para vida» es la salvación real del alma, es el germen que contiene todos los elementos esenciales de la salvación, que los resguarda para nosotros, y que nos prepara para ellos.
En este día hemos de prestar una atención, acompañada de oración, al «arrepentimiento» que es «para vida.» Primero, voy a dedicar unos cuantos minutos a la consideración del arrepentimiento falso; en segundo lugar, voy a considerar los signos que caracterizan al verdadero arrepentimiento; y, posteriormente, enalteceré la caridad divina, de la cual está escrito: «¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!»
I. Primero, entonces, consideraremos ciertos FALSOS ARREPENTIMIENTOS. Voy a comenzar haciendo esta observación: que espantarse bajo el sonido del Evangelio no es «arrepentimiento.» Hay muchas personas que cuando oyen un fiel sermón evangélico, permanecen agitadas y conmovidas. Mediante un cierto poder que acompaña a la Palabra, Dios da testimonio de que se trata de Su propia Palabra, y provoca en aquellos que la oyen un cierto temblor involuntario.
He visto a algunas personas, -cuando las verdades de la Escritura han resonado desde este púlpito- cuyas rodillas han temblado chocando entre sí, cuyos ojos han derramado lágrimas como si hubiesen sido fuentes de agua. He sido testigo de la profunda depresión de su espíritu, cuando -según me han dicho algunos de ellos- fueron sacudidos hasta el punto de no saber cómo soportar el sonido de la voz, pues era semejante a la terrible trompeta del Sinaí, tronando únicamente su destrucción.
Queridos lectores, ustedes podrían estar sumamente turbados bajo la predicación del Evangelio, y, sin embargo, podrían no tener ese «arrepentimiento para vida.» Ustedes podrían saber lo que es estar muy seria y profundamente afectados cuando asisten a la casa de Dios, y sin embargo, podrían ser pecadores endurecidos.
Permítanme confirmar esta observación mediante un ejemplo: Pablo compareció ante Félix con sus manos encadenadas, y cuando disertaba acerca de «la justicia, del dominio propio y del juicio venidero,» está escrito que «Félix se espantó,» y, sin embargo, por buscar dilaciones, Félix se encuentra en la perdición, en medio del resto de personas que han dicho: «prosigue tu camino por esta vez; cuando encuentre un tiempo adecuado te buscaré.»
Hay muchas personas que no pueden asistir a la casa de Dios sin alarmarse; ustedes saben lo que es estar espantados ante el pensamiento de que Dios los castigará; puede ser que con frecuencia hayan sido inducidos a una emoción sincera bajo la influencia del ministro de Dios; pero, permítanme decirles que, a pesar de todo, podrían ser desechados porque no se han arrepentido de sus pecados ni se han vuelto a Dios.
Peor aún. Es muy posible que no solamente se espanten ante la Palabra de Dios, sino que podrían volverse Agripas amigables, y estar «por poco persuadidos» a volverse a Jesucristo, y, sin embargo, no tener ningún «arrepentimiento»; podrían ir más allá y llegar a desear el Evangelio; podrían decir: «¡Oh!, este Evangelio es algo tan bueno, que yo quisiera recibirlo. Asegura tanta felicidad aquí y tanto gozo en el más allá, que quisiera poder llamarlo mío.» ¡Oh, es bueno oír de esta manera esta voz de Dios! Pero podrían quedarse tranquilos, y, mientras algún texto poderoso es predicado adecuadamente, podrían decirse: «creo que es verdad»; pero tiene que entrar en el corazón antes de que puedan arrepentirse. Puedes incluso caer de rodillas en oración y puedes pedir con labios aterrados que esto sea de bendición para tu alma; y, después de todo, podría ser que no fueras un hijo de Dios. Podrías decir como Agripa le dijo a Pablo: «Por poco me persuades a ser cristiano»; sin embargo, igual que Agripa, podrías no pasar más allá del «por poco.» Agripa estaba «casi persuadido a ser cristiano,» pero no «plenamente convencido.»
Ahora, cuántos de ustedes han estado «por poco persuadidos» y, sin embargo, no están realmente en el camino a la vida eterna. Cuán a menudo la convicción los ha conducido a caer de rodillas y «por poco» se han arrepentido, pero han permanecido allí, sin arrepentirse realmente.
¿Ven aquel cadáver? Murió recientemente. Todavía no ha adquirido la lividez mortal, su color se semeja todavía a la vida. Su mano está tibia todavía; podría pensarse que está vivo, y casi pareciera respirar. Todo está íntegro: el gusano escasamente lo ha tocado; la descomposición escasamente se ha presentado; no hay ningún olor fétido. Sin embargo, la vida se ha ido; no hay ninguna vida allí.
Lo mismo sucede con ustedes: por poco están vivos; por poco tienen cada órgano externo de la religión que tiene el cristiano; pero no tienen vida. Podrían tener un arrepentimiento, pero no el arrepentimiento sincero. ¡Oh, hipócrita! Te advierto el día de hoy, que no solamente podrías sentir espanto sino hasta una complacencia por la Palabra de Dios, y, sin embargo, después de todo, no tener «arrepentimiento para vida». Todavía podrían hundirse en el pozo del abismo, y escuchar que se diga: «Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.»
Pero, además, es todavía posible que los hombres progresen inclusive más allá de esto, y que positivamente se humillen bajo la mano de Dios, pero que sean completos extraños al arrepentimiento. Su bondad no es como la nube mañanera y el rocío temprano que se desvanecen, sino que después que escuchan el sermón, regresan a casa y realizan lo que ellos conciben que es la obra del arrepentimiento, es decir, renuncian a ciertos vicios y necedades, se visten de cilicio y sus lágrimas se derraman muy abundantemente por causa de lo que han hecho; se lamentan delante de Dios; y, sin embargo, con todo eso, su arrepentimiento no es sino un arrepentimiento pasajero, y regresan otra vez a sus pecados.
¿Acaso niegan que exista tal penitencia? Permítanme contarles un caso. Un cierto hombre llamado Acab codiciaba la viña de su vecino Nabot, que se rehusaba a venderla a cualquier precio ni hacer un intercambio. Acab consultó con su esposa Jezabel, que urdió el plan de matar a Nabot para que el rey se apropiara de la viña. Después que Nabot murió, y Acab hubo tomado posesión de la viña, el siervo del Señor se reunió con Acab y le dijo: «¿No mataste, y también has despojado?. . .Así ha dicho Jehová: En el mismo lugar donde lamieron los perros la sangre de Nabot, los perros lamerán también tu sangre, tu misma sangre. . . .He aquí yo traigo mal sobre ti, y barreré tu posteridad.» Leemos que Acab se fue y anduvo humillado; y el Señor dijo: «Pues por cuanto se ha humillado delante de mí, no traeré el mal en sus días.»
Él le había concedido una suerte de misericordia; pero leemos a continuación, en el siguiente capítulo, que Acab se rebeló, y en una batalla en Ramot de Galaad, de conformidad al siervo del Señor, fue muerto allí; así que «los perros lamieron su sangre» exactamente en la viña de Nabot.
Ustedes también, les digo, podrían andar humillados delante de Dios por un tiempo, y, sin embargo, podrían seguir siendo los esclavos de sus transgresiones. Ustedes tienen miedo de la condenación, pero no tienen miedo de pecar: tienen miedo del infierno, pero no le temen a sus iniquidades; tienen miedo de ser arrojados al pozo, pero no temen endurecer sus corazones contra Sus mandamientos.
¿No es verdad, oh pecador, que le tienes pavor al infierno? No es el estado de tu alma el que te turba, sino el infierno. Si el infierno fuera extinguido, tu arrepentimiento se extinguiría; si los terrores que te esperan fuesen eliminados, pecarías más pérfidamente que antes, y tu alma se endurecería, y se rebelaría contra su soberano.
No se engañen, hermanos míos, en este punto; examínense para comprobar si andan en fe; pregúntense si tienen el «arrepentimiento para vida»; pues podrían andar humillados por un tiempo, y, sin embargo, no arrepentirse nunca delante de Dios.
Muchos avanzan más allá de esto, y, sin embargo, están destituidos de la gracia. Podría ser posible que confieses tus pecados sin arrepentirte. Podrías acercarte a Dios, y decirle que eres un miserable; podrías enumerar una larga lista de tus transgresiones y de los pecados que has cometido, sin un sentido de la horripilación de tu culpa, sin una sola chispa de odio real a tus acciones.
Podrías confesar y reconocer tus transgresiones, y, sin embargo, no sentir un aborrecimiento del pecado; y si no resistes al pecado, en la fortaleza de Dios, si no lo abandonas, este supuesto arrepentimiento no sería sino el color dorado que luce la pintura decorativa; no se trata de la gracia que realmente transforma en el oro que soporta el fuego. Digo que podrían llegar a confesar sus faltas, y, sin embargo, no tener arrepentimiento.
Además, y entonces habré tocado el más lejano pensamiento que he de dar sobre este punto. Podrían hacer alguna obra digna del arrepentimiento, y sin embargo ser impenitentes. Déjenme darles una prueba de esto en un hecho autenticado por la inspiración.
Judas traicionó a su Señor, y después de haberlo hecho, un sobrecogedor sentido del enorme mal que había cometido se apoderó de él. Su culpa enterró toda esperanza de arrepentimiento, y en el abatimiento de la desesperación, mas no en el dolor de la verdadera compunción, confesó su pecado a los sumos sacerdotes, clamando: «Yo he pecado entregando sangre inocente.» Ellos le dijeron: «¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú!» Entonces arrojó las piezas de plata en el templo, para mostrar que no podía soportar cargar con el precio de la culpa; y las dejó allí. Salió, y, ¿fue salvo? No. «Salió, y fue y se ahorcó.»
Y aun entonces la venganza de Dios le siguió: pues cuando se colgó cayó desde la altura donde estaba suspendido, y quedó destrozado; se perdió y su alma pereció. Pueden ver lo que este hombre hizo. Él pecó, confesó su error, y devolvió el oro; sin embargo, después de eso, fue un réprobo. ¿Acaso no nos pone a temblar esto? Pueden ver cuán posible es ser tan aproximadamente el remedo de un cristiano, que la propia sabiduría, si solamente fuera mortal, sería engañada.
II. Ahora, habiéndoles advertido así que hay muchas falsas clases de arrepentimiento, tengo el propósito de ocupar un corto tiempo haciendo algunas observaciones sobre EL VERDADERO ARREPENTIMIENTO, y los signos mediante los cuales podremos discernir si contamos con ese «arrepentimiento» que es «para vida».
Antes que nada, permítanme corregir uno o dos errores que aquellos que están viniendo a Jesucristo cometen con frecuencia. Uno es que creen a menudo que deberían experimentar profundas, horribles y pavorosas manifestaciones de los terrores de la ley y del infierno antes de que se pueda decir que se arrepintieron.
Con cuántas personas he conversado que me han dicho lo que solamente puedo traducirles en español a ustedes, en esta mañana, más o menos de esta manera: «no me arrepiento lo suficiente, no me siento lo suficientemente pecador. No he sido un transgresor tan indisculpable y perverso como muchos otros: yo casi quisiera haberlo sido; no porque ame al pecado, sino debido a que entonces tendría convicciones más profundas de mi culpa, y me sentiría más seguro de haber venido verdaderamente a Jesucristo.»
Ahora, sería un grave error imaginar que estos pensamientos terribles y horribles de un juicio venidero tengan algo que ver con la validez del «arrepentimiento.» Con frecuencia no son el don de Dios para nada, sino las insinuaciones del diablo; e incluso allí donde la ley obra y produce estos pensamientos, no deberían considerarlos como constituyentes de una parte y una porción del «arrepentimiento.» No entran en la esencia del arrepentimiento.
El «arrepentimiento» es un odio al pecado; consiste en apartarse del pecado y en una determinación, en la fuerza de Dios, de abandonarlo. Es posible que un hombre se arrepienta sin un horripilante despliegue de los terrores de la ley; podría arrepentirse sin haber oído los sonidos de la trompeta del Sinaí, sin haber escuchado algo más que un distante rumor de su trueno.
Un hombre puede arrepentirse enteramente por medio de la voz de la misericordia. Dios abre algunos corazones a la fe, como en el caso de Lidia. A otros acomete con el martillo grueso de la ira venidera; a algunos abre con la ganzúa de la gracia, y a otros con la palanca de hierro de la ley.
Puede haber muchas formas de llegar allí, pero la pregunta es: ¿has llegado allí? ¿Te encuentras allí? Sucede con frecuencia que el Señor no está en la tempestad ni en el terremoto, sino en el «silbo apacible y delicado.»
Hay otro error que muchas pobres personas cometen cuando están pensando en la salvación, y es: que no se pueden arrepentir lo suficiente; se imaginan que si se arrepintiesen hasta un cierto grado, serían salvos. «¡Oh, señor!», -dirán algunos de ustedes- «no tengo suficiente contrición».
Amados, permítanme decirles que no hay ningún grado eminente de «arrepentimiento» que sea necesario para la salvación. Ustedes saben que hay grados de fe, y sin embargo la mínima fe salva; también hay grados de arrepentimiento, y el mínimo arrepentimiento, si es sincero, salvará al alma.
La Biblia dice: «El que creyere será salvo»; y cuando dice eso, incluye el grado más pequeño de fe. También cuando dice: «Arrepentíos y convertíos para que sean borrados vuestros pecados,» incluye al hombre que tiene el grado más bajo de arrepentimiento real. El arrepentimiento, además, no es nunca perfecto en ningún hombre en este estado mortal.
Nunca alcanzaremos la fe perfecta que esté enteramente libre de dudas; y nunca alcanzaremos el arrepentimiento que sea libre de alguna dureza de corazón. El más sincero penitente que conozcan se sentirá parcialmente impenitente.
El arrepentimiento es también un acto continuo durante la vida entera. Crecerá continuamente. Yo creo que un cristiano en su lecho de muerte se arrepentirá más amargamente de lo que lo hizo jamás. Arrepentirse es algo que ha de hacerse durante toda la vida. Pecar y arrepentirse, pecar y arrepentirse, resume la vida de un cristiano. Arrepentirse y creer en Jesús, arrepentirse y creer en Jesús, conforma la consumación de su felicidad.
No deben esperar ser perfectos en «arrepentimiento» antes de ser salvos. Ningún cristiano puede ser perfecto. El «arrepentimiento» es una gracia. Algunas personas lo predican como una condición de salvación. ¡Condición de insensatez! No hay condiciones para la salvación. Dios mismo da la salvación; y Él únicamente la da a los que Él quiere. Dice: «Tendré misericordia del que yo tenga misericordia.»
Si, entonces, Dios te ha dado el mínimo arrepentimiento, y es un arrepentimiento sincero, alábalo por ello, y espera que ese arrepentimiento crezca más y más profundamente conforme sigas adelante.
Entonces esta observación ha de ser aplicada a todos los cristianos. Hombres y mujeres cristianos, ustedes sienten que no tienen un arrepentimiento lo suficientemente profundo. Sienten que no tienen una fe lo suficientemente grande. ¿Qué han de hacer? Pidan un aumento de fe, y crecerá.
Lo mismo sucede con el arrepentimiento. ¿Han tratado alguna vez de alcanzar un profundo arrepentimiento? Amigos míos, si han fracasado en el intento, confíen en Jesús, y traten cada día de obtener un espíritu penitencial. No esperen tener -lo repito- un perfecto arrepentimiento al principio; han de tener contrición sincera, y luego, bajo la gracia divina irán de poder en poder, hasta que al final odiarán y aborrecerán el pecado como a una serpiente o una víbora, y entonces estarán cerca, muy cerca, de la perfección del arrepentimiento.
Les he dado estas consideraciones, entonces, como inicio del tema. Y ahora ustedes preguntarán: ¿cuáles son los signos del verdadero «arrepentimiento» a los ojos de Dios?
Primero, les digo, que hay pena en él. Nadie se arrepiente jamás del pecado sin sentir algún tipo de tristeza a la vez. Puede ser más o menos intensa, de acuerdo a la manera en que Dios les llama, y a su previa manera de vida; pero debe haber alguna tristeza. No nos importa cuándo llega, pero en algún momento o en otro debe llegar, o no sería el arrepentimiento de un cristiano.
Conocí una vez a un hombre que profesaba que se había arrepentido, y en verdad su carácter había cambiado externamente; pero nunca pude ver que tuviera un dolor real por el pecado; tampoco vi jamás algunas señales de contrición en él cuando profesó creer en Jesús. Yo consideré que en ese hombre se trataba de un salto extático a la gracia; y encontré después que tuvo exactamente un salto igualmente extático a la culpa otra vez. Él no era una oveja de Dios, pues no había sido lavado en contrición: pues todo el pueblo de Dios ha de ser lavado en contrición cuando es convertido de sus pecados. Nadie puede venir a Cristo y conocer Su perdón sin sentir que el pecado es una cosa odiosa, pues llevó a la muerte a Cristo. Ustedes que tienen sus ojos secos, sus rodillas sin doblar y sus corazones empedernidos, ¿cómo podrían pensar que son salvos? El Evangelio promete salvación únicamente a aquellos que realmente se arrepienten.
Sin embargo, para no herir a ninguno de ustedes, y hacerles sentir algo que no es mi intención hacerles sentir, permítanme observar que no quiero decir que deban derramar lágrimas reales. Algunos hombres tienen una constitución tan dura que no podrían derramar una sola lágrima. He conocido a algunas personas que han sido capaces de suspirar y de gemir, pero las lágrimas no brotan.
Bien, yo digo que aunque las lágrimas suministran a menudo evidencias de contrición, podrían tener «arrepentimiento para vida» sin ellas. Lo que yo quisiera que entendieran es que debe haber un dolor real. Si la oración no es vocal, debe ser secreta. Para mostrar el arrepentimiento, aunque sea mínimo, debe haber un gemido aunque no haya palabras, debe haber por lo menos un suspiro aunque no haya lágrimas.
En este arrepentimiento ha de haber, pienso, no únicamente dolor, sino que ha de haber algo práctico: debe ser un arrepentimiento práctico.
«No basta con decir que lo sentimos, y arrepentirnos,
Y luego continuar día a día como siempre caminamos.»
Muchas personas están muy apenadas y muy penitentes por sus pecados pasados. Óiganlos hablar. «¡Oh!», -dicen- «lamento profundamente haber sido un borracho un día; y sinceramente deploro haber caído en ese pecado; lamento profundamente haber hecho eso.» Luego se van directo a casa; y cuando llega la una de la tarde del día domingo los encontrarán bebiendo otra vez. Y, sin embargo, esa gente dice que se ha arrepentido.
¿Acaso les creerían ustedes cuando dicen que son pecadores, pero que no aman el pecado? Puede ser que no lo amen durante un tiempo; pero ¿podrían ser sinceros penitentes, y luego ir y transgredir otra vez inmediatamente, en la misma forma en que lo hicieron antes? ¿Cómo podríamos creerles si transgreden una y otra vez, y no abandonan su pecado? Conocemos a un árbol por sus frutos; y ustedes que son penitentes producirán obras de arrepentimiento.
A menudo he considerado como un muy hermoso ejemplo que refleja el poder de la contrición, una anécdota aportada por un piadoso ministro. Él había estado predicando sobre el arrepentimiento, y en el curso de su sermón habló del pecado del robo. Cuando iba camino a su casa, un trabajador se le acercó, y el ministro observó que tenía algo bajo su uniforme de obrero. El ministro le dijo que no tenía que acompañarle más lejos; pero el hombre persistió. Por fin le dijo: «traigo un azadón bajo mi brazo que robé en aquella finca; lo escuché predicar acerca del pecado de robo, y debo ir y ponerlo en su lugar otra vez.» Eso fue un sincero arrepentimiento, pues lo motivó a regresar y devolver el artículo robado.
Sucedía lo mismo con los isleños de los Mares del Sur, de quienes leemos que robaban la ropa y los muebles de los misioneros, y todo lo que se podían llevar de sus casas; pero cuando eran convertidos salvadoramente, les llevaban todo de regreso.
Pero muchos de ustedes dicen que se arrepienten, y sin embargo no producen fruto; eso no sirve para nada. La gente se arrepiente sinceramente, dicen, de haber cometido un robo, o de haber mantenido una casa de juegos; pero se cuidan de que todas las ganancias sean empleadas en el mejor bienestar de su corazón. El verdadero «arrepentimiento» producirá obras dignas de «arrepentimiento»; será un arrepentimiento práctico.
Pero vamos más lejos. Ustedes pueden saber si su arrepentimiento es práctico mediante esta prueba. ¿Tiene alguna duración o no? Muchos de sus arrepentimientos se asemejan al rubor hético de la persona tísica, que no es ninguna señal de salud. Muchas veces he visto a algún joven en un trance de piedad recién adquirida pero poco firme; y él ha creído que ha estado a punto de arrepentirse de sus pecados. Durante algunas horas, tal persona está profundamente contrita delante de Dios, y por semanas renuncia a sus necedades. Asiste a la casa de oración, y conversa a la manera de un hijo de Dios. Pero regresa a sus pecados como el perro vuelve a su vómito. El espíritu inmundo «ha vuelto a su casa, y ha tomado consigo otros siete espíritus peores que él,. . .y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero.»
¿Cuánto tiempo ha durado tu contrición? ¿Duró algunos meses, o te sobrevino y se alejó súbitamente? Tú dijiste: «me uniré a la iglesia; haré esto, aquello y lo otro, por amor a Dios.» ¿Son tus obras duraderas? ¿Crees que tu arrepentimiento dure seis meses? ¿Continuará por doce meses? ¿Durará hasta que estés envuelto en tu mortaja?
Pero, además, he de hacerles una pregunta más. ¿Ustedes creen que se arrepentirían de sus pecados si no hubiese un castigo delante ustedes? ¿O se arrepienten porque saben que serán castigados para siempre si permanecieran en sus pecados? Supongan que les dijera que no existe el infierno del todo; que, si quisieran, podrían blasfemar; y, si quisieran, podrían vivir sin Dios. Supongan que no hubiere recompensa para la virtud, y no hubiere castigo para el pecado, ¿cuál elegirían? ¿Podrían decir con toda honestidad esta mañana: «creo que, por la gracia de Dios, sé que elegiría la justicia aunque no hubiere recompensa para ella, aunque no se ganase nada por medio de la justicia, y no se perdiera nada por el pecado?»
Todo pecador odia su pecado cuando se acerca a la boca del infierno; todo asesino odia su crimen cuando se aproxima al patíbulo; nunca he visto que un niño odie tanto su falta como cuando va a ser castigado por ella. Si no tuvieran un motivo para temer al abismo, si supiesen que pudieran entregar su vida al pecado, y que pudieran hacerlo con impunidad, aun así, ¿sentirían que odiaban al pecado, y que no podrían, y no querrían cometer el pecado, excepto por causa de la debilidad de la carne? ¿Todavía desearían la santidad? ¿Todavía desearían vivir como Cristo? Si así fuera, -si pudieran decir eso sinceramente- si de esta manera se volvieran a Dios y odiaran su pecado con un odio eterno, no tienen que temer pues tienen un «arrepentimiento» que es «para vida».
III. Ahora viene el tercer encabezado y el último, y es LA BENDITA BENEFICENCIA DE DIOS en conceder a los hombres «arrepentimiento para vida». El «arrepentimiento,» mis queridos amigos, es el don de Dios. Es uno de esos favores espirituales que aseguran la vida eterna. Es una maravilla de la gracia divina que no solamente provea el camino de salvación, que no solamente invite a los hombres a recibir la gracia, sino que positivamente haga que los hombres estén dispuestos a ser salvos.
Dios castigó a Su Hijo Jesucristo por nuestros pecados, y por ello proveyó la salvación para todos Sus hijos perdidos. Envía a Su ministro; el ministro pide a los hombres que se arrepientan y crean, y se esfuerza por llevarlos a Dios. Ellos no quieren escuchar el llamado, y desprecian al ministro. Pero entonces otro mensajero es enviado, un embajador celestial que no puede fallar. Emplaza a los hombres a que se arrepientan y se vuelvan a Dios. Sus pensamientos están un poco descarriados, pero después que Él, el Espíritu Divino, argumenta con ellos, olvidan el tipo de personas que eran, y se arrepienten y se vuelven.
Ahora, ¿qué haríamos nosotros si hubiésemos sido tratados como lo fue Dios? Si hubiésemos preparado una cena, o una fiesta, y hubiéremos enviado mensajeros para invitar a los convidados a venir, ¿qué haríamos? ¿Ustedes creen que nos tomaríamos el trabajo de ir por todos lados visitándolos a todos y de hacer que vinieran? Y cuando se hubieren sentado y dijeran que no pueden comer, ¿acaso abriríamos sus bocas? Si todavía declararan que no pueden comer, ¿los haríamos comer?
¡Ah!, amados, estoy inclinado a pensar que no harían eso. Si hubieran firmado las invitaciones, y los invitados no vinieran a su fiesta, ¿acaso no dirían: «no habrá fiesta»? Pero, ¿qué hace Dios? Él dice: «Ahora haré una fiesta, e invitaré a la gente, y si no vinieren, mis ministros saldrán y los traerán personalmente. Diré a mis siervos: vayan por los caminos y por los vallados, y fuércenlos a entrar, para que puedan participar de la fiesta que he preparado.»
¿Acaso no es un acto estupendo de la misericordia divina que efectivamente los vuelva dispuestos? No lo hace por medio de la fuerza, sino que usa una dulce persuasión espiritual. Primero están renuentes al máximo a ser salvados; «pero» -dice Dios- «eso no es nada, Yo tengo el poder de hacerlos volverse a Mí, y lo haré». El Espíritu Santo hace penetrar entonces la Palabra de Dios en las conciencias de Sus hijos de una manera tan bendita, que no pueden rehusarse más a amar a Jesús.
Les pido que observen que no lo hace por medio de alguna fuerza en contra de su voluntad, sino mediante una dulce influencia espiritual que cambia la voluntad.
Él coloca no únicamente un festín de cosas buenas delante de los hombres, sino que los induce a venir y participar de ellas, y los constriñe a continuar festejando mientras los lleva a la mansión permanente y eterna. Y al llevarlos arriba, le dice a cada uno: «Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia. Ahora, ¿me amas tú a Mí? «Oh, Señor,» -claman- «Tu gracia al traernos aquí demuestra que nos amas, pues nosotros estábamos renuentes a venir. Tú dijiste: irán, y nosotros dijimos que no iríamos, pero Tú nos hiciste ir. Y ahora, Señor, te bendecimos y te amamos por esa fuerza. Fue un apremio divino.» Yo era un cautivo que forcejeaba, pero fui conducido a estar dispuesto.
«¡Oh, gracia soberana, somete mi corazón!
Quiero ser conducido en triunfo también;
Un cautivo dispuesto para mi Señor,
Para cantar los honores de Su Palabra.»
Bien, ahora, ¿qué dicen ustedes? Algunos dirán: «señor, he estado tratando de arrepentirme durante largo tiempo. En penas y aflicciones he estado orando y tratando de creer, y haciendo todo lo que pueda.» Les diré algo: lo intentarán por tiempo indefinido antes de ser capaces de hacerlo. Esa no es la forma de alcanzarlo.
Oí la historia de dos caballeros que iban de viaje. Uno de ellos le dijo al otro: «no sé cómo haces, pero da la impresión que tú recuerdas siempre a tu esposa y tu familia, y todo lo que están haciendo en casa, y da la impresión que tú conectas todas las cosas que te rodean con ellos; pero yo trato de recordar a mi familia constantemente, y, sin embargo, nunca logro hacerlo.» «No,» -respondió el otro- «esa es precisamente la razón por qué no puedes: porque lo intentas. Si pudieras conectarlos con cada pequeña circunstancia que encontramos, fácilmente los recordarías. En tal y tal momento pienso: ahora se están levantando; y en tal y tal momento: ahora están en oración; en tal y tal hora: ahora están desayunando. De esta manera los tengo siempre delante de mí.»
Creo que lo mismo sucede con relación al «arrepentimiento.» Si un hombre dijera: «quiero creer», y tratara, mediante algún medio mecánico, de inducirse al arrepentimiento, sería un absurdo, y nunca lo lograría. Pero la manera en que puede arrepentirse es, por la gracia de Dios, creyendo, creyendo y pensando en Jesús. Si viera el costado sangrante, la corona de espinas, las lágrimas de angustia; si tuviera una visión de todo lo que Cristo sufrió, no tengo temor de afirmar que se volvería a Él en arrepentimiento.
Apostaría la reputación que yo pudiera tener en las cosas espirituales afirmando que un hombre no puede, bajo la influencia de Espíritu Santo de Dios, contemplar la cruz de Cristo sin un corazón quebrantado. Si no fuera así, mi corazón sería diferente del de todos los demás. No he conocido nunca a nadie que hubiere reflexionado, y mirado la cruz, que no hubiere descubierto que la cruz engendró «arrepentimiento» y engendró fe.
Miramos a Jesús si queremos ser salvos, y luego decimos: «¡Sacrificio admirable!, que Jesús haya muerto así para salvar a los pecadores.» Si quieres la fe, debes recordar que Él la da; si quieres el arrepentimiento, ¡Él lo da!, si quieres vida eterna, Él la da liberalmente. Él puede forzarte a sentir tu gran pecado, y llevarte al arrepentimiento por la mirada de la cruz del Calvario, y el sonido del mayor y más profundo clamor de muerte: «Eloi, Eloi, ¿lama sabactani?» «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» Eso engendrará «arrepentimiento»; eso te hará llorar y decir: «¡Ay!, ¿y mi Salvador sangró; y mi Soberano murió por mí?» Entonces, amado amigo, si quisieras tener «arrepentimiento», este es mi mejor consejo para ti: mira a Jesús. Y que el bendito Dador de todo «arrepentimiento para salvación» te guarde de los falsos arrepentimientos que he descrito, y te dé ese «arrepentimiento» que existe para vida.
«¡Arrepiéntete!, clama la voz celestial,
Y no oses demorarte;
El infeliz que desdeña el mandato, muere,
Y se enfrenta a un fiero día.El ojo soberano de Dios, ya no
Pasa por alto los crímenes de los hombres;
Sus heraldos son despachados por doquier
Para advertir al mundo de pecado.
Los emplazamientos abarcan toda la tierra;
Que la tierra concurra y tema;
¡Escuchen, hombres de cuna real,
Y que sus vasallos oigan también!
Juntos ante Su presencia dóblense,
Y confiesen toda su culpa;
Abracen al bendito Salvador ahora,
No minimicen Su gracia.
Dobléguense antes de que la terrible trompeta suene,
Y los llame a Su tribunal;
Pues la misericordia conoce el límite establecido,
Y se convierte en venganza allí.»
Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)
David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.
Rolando Otoniel (Otto) Sánchez Pérez, nació el 24 de febrero del año 1966 en la ciudad de Santo Domingo.
Viene de un hogar cristiano y conoció la gracia de Jesucristo en su adolescencia.
Es pastor de la Iglesia Bautista Ozama desde el año 1992. Sus primeros estudios universitarios fueron en el área de Publicidad. Realizó estudios ministeriales en el Seminario Teológico Bautista Dominicano.
Tiene una Maestría en Teología del Southern Baptist School for Theological Studies y candidato al Phd, por la misma casa académica.
El pastor Otto está dirigiendo el STBD (Seminario Teológico Bautista Dominicano) desde enero del 2008. Está casado con Susana Almanzar y tienen dos niñas, Elizabeth Marie y Alicia.