La posesión más preciada

Isha – Salmos

DÍA 111 – Salmo 74

Dosis: Pertenencia

La posesión más preciada

“Recuerda que somos el pueblo que elegiste hace tanto tiempo, ¡la tribu a la cual redimiste como tu posesión más preciada! Y acuérdate de Jerusalén, tu hogar aquí en la tierra.” (Salmo 74:2) (NVI)

Este salmo, es probablemente de uno de los descendientes de Asaf, se escribió después de la caída de Jerusalén. En él, el salmista ruega a Dios que ayude a su pueblo y recuerde sus promesas. Cuando estamos devastados y nos creemos olvidados, podemos, como el salmista, enumerar lo que Dios ha hecho en el pasado, y así confiar que nos ayudará en el presente.

En el verso 2, el salmista usa una de las ilustraciones más bellas que hay: la redención. A Dios no le bastó comprar a su pueblo, tuvo que rescatarlo. Dios lo liberó y se convirtió en su Redentor. Aún más, lo hace suyo. Lo vuelve su posesión preciada, su más grande tesoro. Para entender este concepto, me gusta usar la siguiente historia que escuché de niña.

Un niño, a quien llamaremos Tomás, construyó un barco de madera. Lo pintó, lo barnizó y le puso una vela. Después salió al río para verlo navegar. Ató a su mástil una cuerda, pero cuando la corriente se puso más violenta, perdió la cuerda y el barquito de madera se fue río abajo. Tomás perdió su bote. Semanas después, pasaba por el centro del pueblo cuando en la vitrina de la juguetería principal vio su barco. Entró corriendo y le dijo al vendedor: “Señor, este es mi barco. Yo lo construí. ¿Me lo devuelve?”

El dueño de la tienda lo miró con curiosidad: “Disculpa, hijo, pero si lo quieres, deberás comprarlo. Cuesta treinta monedas”. Tomás no tenía ni diez, y por más que insistió, el hombre del negocio no rebajó el precio ni le entregó el barco. Finalmente, Tomás juntó el dinero y volvió por el barco. Al tenerlo en brazos, lo abrazó y dijo: “Te amo, barquito, porque eres dos veces mío”.

Del mismo modo, somos preciadas para Dios. Somos dos veces suyas. Por creación le pertenecíamos, pero el pecado nos separó de él y terminamos en la vitrina de la esclavitud al pecado. Pero Jesús pagó el precio y nos recuperó. Hemos sido redimidas. Le pertenecemos a él. ¿No es esto maravilloso? Amada, no importa los problemas que hoy tengas, o cómo te sientas al mirarte en el espejo. Empieza a verte a ti misma con los ojos de Dios. Eres dos veces suya, porque te creó y te compró. ¡Eres su posesión preciada!

Oración: Señor, gracias porque me redimiste y me compraste del pecado. Gracias porque soy preciada para ti.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 127). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

En presencia de Dios estaremos.

Martes 31 Diciembre

(Jesús dijo:) Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Mateo 28:20

Señor, el mañana es tuyo

No es nuestro el mañana,
Señor, el mañana tuyo es.
Esperando en ti que nos amas
Andaremos por la fe.
En la debilidad hallamos tu fuerza,
En el mayor peligro tu ayuda,
Estas son tus promesas,
Tú, siempre fiel, no mudas.
No es nuestro el mañana,
Es Dios quien lo preparó.
Y en su bondad soberana,
Mi camino él abrió.
En su ternura confiando,
Guiado por su voz de amor,
Sí, paso a paso, dando
Hacia el hogar de esplendor.

No es nuestro el mañana,

Todo aquí tan frágil es,

Inmutable Cristo, que nos amas,

Siempre dices: “No te dejaré”.

En la morada paterna,

Bienaventurados seremos,

Por siempre lejos de la tierra,

En presencia de Dios estaremos.

Ha transcurrido un año más de nuestra vida. Un año más de gracia. El Evangelio, la Buena Nueva de la salvación en Cristo, pudo ser anunciado a muchas personas. ¿Y por cuánto tiempo lo será aún? El Señor pronto vendrá por los suyos y resucitará a los muertos que le pertenecen. “La noche viene, cuando nadie puede trabajar” (Juan 9:4).

¿Está usted preparado para recibir a Cristo como Señor y Salvador? Hoy todavía puede aprovechar este día, el último del año, para volverse a Jesús, quien dijo: “Yo soy la luz del mundo” (Juan 8:12).

Malaquías 3-4 – Apocalipsis 22 – Salmo 150 – Proverbios 31:25-31

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

 La iniciativa divina

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

 La iniciativa divina

R.C.Sproul

https://www.ivoox.com/40725166

En esta sesión, quiero ir más allá y ver lo que en teología llamamos: la iniciativa divina, refiriéndonos a ese primer paso de la salvación que se lleva a cabo en nuestras vidas de forma unilateral y exclusiva por el poder de Dios.

Y vemos esto en el pasaje de Efesios 2, del cual he hecho referencias ocasionales y me gustaría dedicarle un poco más de tiempo ahora. Si pueden, veamos el capítulo dos de Efesios donde Pablo dice: “estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo según la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros en otro tiempo vivíamos en las pasiones de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.

Lo que encontramos en este pasaje son términos descriptivos del carácter radical de la caída del ser humano. Hemos hablado ya sobre la incapacidad moral. Hemos evitado el uso del lenguaje calvinista, el cual describe la situación del hombre como la de “depravación total”, un término que ha llegado a ser muy, muy controversial en círculos cristianos y es parte del famoso acróstico que usan los calvinistas para delinear los conocidos: cinco puntos del calvinismo –TULIP.

T-U-L-I-P (siglas en inglés) “T” por “Depravación Total”, “U” por “Elección incondicional”, “L” por Expiación limitada”, “I” por “Gracia irresistible y “P” por perseverancia de los santos”.

Pero generalmente no se llega más allá de la “T” antes de que la controversia estalle.

Esta es una de esas ocasiones donde los acrósticos, que son pequeñas ayuda-memoria que funcionan como asistentes para recordar, a veces causan más daño que ayuda, ya que “depravación total” es un término muy confuso.

La gente confunde “depravación total” con lo que llamaríamos “depravación absoluta”; es decir, que el hombre es tan malo como le es posible ser. No conozco a nadie que crea eso. Sin importar cuán pecadores somos, siempre podemos pensar que nosotros cometeríamos pecados mucho peores de los que cometemos, y pecar más de lo que, de hecho, pecamos.

Entonces, ninguno de nosotros es absolutamente depravado. El término “depravación total” fue acuñado para señalar que el pecado afecta a la persona completa, que toda la esencia de nuestra humanidad está caída. Es decir, nuestras mentes, nuestras voluntades, nuestros cuerpos están caídos, toda la persona está atrapada en esta caída. Yo prefiero hablar de la “Corrupción radical”.

El problema es que las siglas en inglés TULIP serían RULIP y dañarían el acróstico.

Pero me gusta el término “Corrupción radical” porque el significado de ‘radical’ históricamente viene de la palabra latina radix, que significa “raíz”. El punto con la corrupción radical es que nuestra caída no es solo algo tangencial o algo periférico, una imperfección accidental que está meramente en la superficie de nuestra humanidad, sino que el pecado es algo que va al mismo núcleo de nuestra existencia.

Y penetra hasta la raíz del árbol. Ahora, en este texto, Pablo está haciendo algunas declaraciones que indican la seriedad de nuestra caída, dice: “estabais muertos en vuestros delitos y pecados”.

En otra parte habla de estar bajo el poder del pecado, en la esclavitud del pecado, hijos de ira, hijos del diablo, ese tipo de cosas. No es una imagen muy agradable del ser humano caído natural. Pero, otra vez, él dice que este era nuestro estado anterior, que ‘estábamos muertos en delitos y pecados en los cuales anduvimos antes’.

¿Cómo anduvimos? Anduvimos “según la corriente de este mundo”. Anduvimos por el camino que el mundo recorre, el cual no es como Dios quiere que andemos. Anteriormente Pablo había hablado acerca de que todos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios. No hay ningún justo, ni aún uno.

No hay nadie que haga el bien. No hay ninguno que busque a Dios. Todos nosotros somos inútiles y nosotros nos hemos desviado. ¿Recuerdas que los cristianos fueron llamados al principio los del ‘camino’?

Pero nuestro camino natural no es el de Dios. Andamos “según la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire”. Es decir, estábamos siendo obedientes y leales ¿a quién? A Satanás. Él es el príncipe de la potestad del aire.

Y anduvimos conforme al “espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros en otro tiempo vivíamos en las pasiones de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.”

Este es un retrato muy, muy sombrío de la caída del hombre. Ahora, la siguiente palabra, creo que es la palabra más importante en el Nuevo Testamento con respecto a esta doctrina de la gracia soberana de Dios. Creo que es muy importante que haya insistido en este tema tantas veces,  tanto así que en una clase que estaba enseñando, una mujer se tomó el trabajo y la molestia de hacer un letrero para mí con esta palabra.

Esta palabra es “pero”. El Evangelio sólo es buenas noticias cuando entendemos las malas noticias. El único evangelio del Evangelio es cuando comprendemos por primera vez la ley y nuestra situación bajo la ley.

Aquí estamos, muertos en delitos y pecados, andando conforme a la carne, la concupiscencia de la carne y todo lo demás, andando como los que están bajo el espíritu de desobediencia, hijos de ira – PERO Dios.

“Pero Dios”, que es rico en misericordia”, y no “pero nosotros”, que aún teníamos una pizca de justicia, finalmente nos levantamos de los escombros, o nos disponemos para cambiar nuestras formas, pero el ser humano que es poderoso dijo moralmente “¡No!” a esa corriente maligna y se liberó de la muerte’.

Eso no es lo que la Biblia dice. Dice: “Pero Dios, que es rico en misericordia, nos ha vivificado, nos dio vida, aún cuando estábamos muertos en nuestros delitos”.

Cuando oigo hablar a los cristianos evangélicos sobre lo que sucede en la conversión, con frecuencia escucho dos analogías, ilustraciones diseñadas para comunicar a nuestras mentes lo que realmente pasa.

Quizá tú las has oído. La primera dice así: Ese ser humano caído no está sano. Él está muy, muy enfermo. De hecho, está enfermo hasta la muerte y está en la sala de enfermos terminales del hospital.

No hay nada que ese ser humano pueda hacer para sanarse a sí mismo. Está casi en coma. La muerte es segura. A menos que le administren remedios, ese hombre de seguro morirá. Entonces Dios provee la medicina y la enfermera pone el remedio al ponerlo en una cuchara.

Dios tiene – o Dios mismo pone el remedio en la cuchara, y Dios mismo viene donde esa persona con labios resecos y su condición de semi-coma, acostado en su lecho de muerte, y pone la cuchara justo en sus labios.

Pero en ese momento, la persona puede aceptar el remedio o rechazarlo. Pero si abre su boca, Dios pondrá la medicina en su boca y ella lo salvará. Pero si mantiene sus labios cerrados, no recibirá la cura necesaria.

Esta analogía muestra que el ser humano está en una condición muy, muy seria. Pero aún está vivo. Lo que oigo a Dios decir es que Él viene a la habitación después que el doctor declaró al ser humano muerto!

Lo que oigo a Pablo decir es que Dios nos da vida cuando estamos muertos. Una mejor analogía sería que la persona se ha ahogado, está re-ahogado en el fondo del mar y Dios se sumerge en el agua y saca ese hombre muerto, ese cadáver, del fondo del mar y lo trae a tierra firme y Él se inclina, le da respiración boca a boca y respira aliento de vida en él y es resucitado de entre los muertos.

Eso es lo que dice la biblia en cuanto a la iniciativa divina, que ese primer paso de reavivar de la muerte, de la carne al espíritu, la transferencia del reino de las tinieblas al reino de la luz, es logrado por Dios, no por el ser humano.

Y, por supuesto, después que Dios nos da vida, luego elegimos, luego creemos, luego abrazamos a Cristo, nos arrepentimos. Hacemos todas esas cosas porque ahora estamos vivos para las cosas de Dios.

Pero el primer paso, la iniciativa, la resurrección de entre los muertos, es obra de Dios y solo de Dios. “Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios, no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas.”

Bien, una de las preguntas más profundas que se generan cuando pensamos en esta iniciativa divina es: si Dios es el que tiene que rescatar a ese hombre muerto en el fondo del mar, si Dios es quien no solo tiene que dar el remedio, sino que resucitar un cadáver, entonces ¿cuál es el propósito del evangelismo?

¿No es esa una pregunta que todos pensamos y formulamos?  que, a la luz de la soberanía de Dios, y a la luz de todo el concepto de predestinación, si Dios ha decretado desde toda la eternidad que ciertas personas serán salvas, entonces ciertamente esas personas serán salvas con o sin mi testimonio, con o sin mi predicación del Evangelio.

¿Por qué entonces debemos preocuparnos por el evangelismo? Mi historia favorita sobre este tema ocurrió cuando estaba en el seminario, cuando estudiaba con el Dr. John Gerstner, en el Seminario de Pittsburgh, que es el rey de los pre-destinatarios.

Y había cerca de 20 de nosotros en la clase y estábamos sentados en semicírculo y él dijo: “Muy bien, señores, si es verdad que Dios predestina soberanamente a un cierto número fijo de personas para ser salvos, y es a través de un decreto inmutable, entonces ¿por qué deberíamos involucrarnos en el evangelismo?

Lanzó la pregunta y la dejó en el aire y empezó a llamar a los alumnos para que respondieran la pregunta. Nunca voy a olvidar lo aliviado que estaba porque me encontraba en el extremo derecho de ese semicírculo, y él empezó por el izquierdo.

Y pensé: “¡wow!, me alegro que no tengo que responder eso!” Entonces él mira al primer alumno y dice: “bien, señor Fulano de Tal, ¿qué diría usted?” Y él dijo: “Bueno, Dr Gerstner, usted sabe, no lo sé. Siempre me he preguntado eso”

Así que se perdió el penal. Se dirige al siguiente alumno y este le dice: “Ni idea”. Se dirige al siguiente, todo el resto de la línea y se estaba acercando peligrosamente a mí. Había una sensación de expectativa que aumentaba en el salón.

Me sentí como Sócrates en uno de los diálogos de Platón cuando, después que todas esas otras personas, los mortales menores, dieron respuestas a esas preguntas profundas que suenan ok hasta que Sócrates habla, y deja a todos con la boca abierta.

Y pensé, “oh, oh, voy camino al banquillo de los acusados”. Bueno, efectivamente, se recorrió todo el círculo y nadie pudo responder la pregunta del Dr. Gerstner y llegó mi turno. Yo estaba temblando. Así que traté de responder y dije: “Bueno, estoy seguro que esto no es lo que usted espera Dr. Gerstner.

Sé que hay algo mucho más profundo que esto y que debe ser la respuesta a esta pregunta, pero una pequeña razón por la que debemos involucrarnos en el evangelismo es que, usted sabe, Jesús nos manda a hacer evangelismo, ¿no es cierto?

Y Gerstner comenzó a reírse con su estilo siniestro y dijo: “Por supuesto, Sr. Sproul. ¿Cuál podría ser una razón más insignificante para hacer evangelismo, que no sea que Jesús te lo ordena, que el Salvador de tu alma y el Señor Dios Todopoderoso deba pronunciar una orden,

Y tú piensas que esa puede ser quizás una pequeña razón por la que deberíamos…” Y cuanto más continuaba, ya se imaginan, yo me estaba achicando en esa silla. Y dije: “Wow, espere un momento”. Pero nunca olvidé el punto.

Él dijo: “La razón principal por la que hacemos evangelismo, a la luz de la soberanía de Dios es porque Dios es soberano, y Dios no solo ha decretado soberanamente el fin, es decir, la meta de la redención de la gente, sino que él también, soberanamente, decretó los medios para ese fin.

Él ha elegido la necedad de la predicación como el medio por el cual traerá a la gente hacia la salvación, y le ha ordenado a su iglesia que lleve a cabo ese programa de evangelismo. Y dijo: “Mira, yo me encargo de la elección, pero tú de la predicación. Tú testifica. Esa es tu responsabilidad.”

Ahora, ¿Él me necesita? No, Él no me necesita. No, no me necesita. Dios no me necesita para cumplir Su plan. Él podría hacerlo sin mí. Él tiene el poder para hacerlo sin mí, ¿está bien?

Pero, Él ha elegido hacerlo conmigo y por mí y a través de mí, y contigo y por ti y a través de ti.
Entonces, vemos que el evangelismo es ante todo un deber. Pero, en segundo lugar, y debemos entender esto: el evangelismo es un privilegio indescriptible. Qué tal privilegio.Es decir, una vez estaba leyendo un libro sobre recaudación de fondos (debo leer esos libros de vez en cuando, son terriblemente tediosos y aburridos).

Y la persona que escribió el libro, había sido el jefe de campaña de recaudación de fondos para la universidad de Harvard, y decía: “Hay algunos principios fundamentales que deben entender sobre este tema”.

Dijo: “La primera regla es esta: Debes ser consciente del hecho de que cada ser humano desea tener una parte significativa en una empresa importante; por lo tanto, si le das a la gente la visión de lo que estás haciendo y los dejas ser parte de ello, entonces ellos responderán porque quieren ser parte de una causa importante.”

Y él, por supuesto, el autor del libro estaba diciendo: “Explota eso”, ya sabes. “Usa eso, tenlo presente”. Bueno, creo que es verdad, ¿no es cierto que queremos que nuestras vidas cuenten? No queremos ser parte de cifras insignificantes en este mundo. Queremos participar en cosas significativas.

¿No sería como si pudiéramos decir, si pudiera mirar mi cuello y decir: “¿Ves esa medalla? Ese medalla significa que fui parte del equipo ganador del mundial de fútbol de 1974.”? La gente me miraría y diría ¿En serio? ¿No es eso tremendo? ¡Eso es significativo!

Yo no tengo una medalla de esas. Todo lo que hago en mi vida: No juego fútbol, no soy miembro del gabinete presidencial, todo lo que hago a diario es trabajar para el Rey de Reyes. Eso es todo lo que hago.

Ahora, ¿qué podría ser más insignificante que eso? Todo lo que tengo que hacer, y me pagan por hacerlo, es trabajar en la empresa más importante que Dios haya creado, trabajar para la edificación del reino de Dios, para la predicación del Evangelio, puesto que la edificación de los santos es el llamado supremo en el universo.

Es por eso que un día me molesté cuando un alumno me dijo algo. Yo había trabajado en la iglesia por un par de años, y luego estuve pasando más tiempo enseñando en el seminario y recorriendo el país dando conferencias y todo eso; este estudiante me miró con sus ojos iluminados.  Él estaba asombrado.

Él pudo conocerme en carne y hueso, alguien a quien había oído hablar en una conferencia en algún lugar, y había visto mi foto en un libro o algo por el estilo, y eso era como si mi tarjeta de presentación cobrara vida y él estaba atónito y llegó a decirme: “¡Vaya! ¿Cómo era cuando usted era solo un pastor?”

Y yo le dije: “¿Qué quieres decir con SOLO un pastor? ¿Tú sabes por qué no soy un pastor? Porque no tengo lo que se necesita para ser un pastor. Es mucho más fácil ir de ciudad en ciudad, predicar y luego partir, que quedarme allí con las mismas personas año tras año tras año y pasar del primer nivel al segundo nivel, luego al tercer nivel, edificando, tomándoles la mano cuando mueren y todo eso, teniendo que recibir sus críticas cada semana y tener que soportarlo.”

Le dije: “Simplemente no podía sobrellevarlo. No tengo nada más que un profundo respeto y admiración por el pastor porque creo que ese es el llamado supremo que existe en este mundo. Es un privilegio; no es solo un deber. Es un privilegio poder pasar la vida al servicio de Cristo.”

Nota lo que Pablo dice en el capítulo 10 de Romanos. Dice el versículo 11: “Pues la Escritura dice: todo el que cree en Él no será avergonzado” ¡Vaya! ¡Qué declaración!

Cuando llegamos a la fe y ponemos nuestra fe, ponemos nuestra confianza, la estamos poniendo en Cristo como nuestro Salvador, todos saben lo que significa haber depositado su fe o confianza en algo o alguien que los defraudó. Eso es devastador.

Pero, quien deposite su fe o confianza en Cristo, ¡nunca será defraudado! “Porque no hay distinción entre judío y griego, pues el mismo Señor es Señor de todos, abundando en riquezas para todos los que le invocan.”

Verso 13: “porque todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo.” Ahora, hemos estudiado a lo largo de esta serie que nadie, el hecho que nadie invocará al Señor a menos que el Señor mismo primero le de vida, pero ¿para qué Dios nos da vida?

Para clamar a Cristo, invocar al Señor. Y quienquiera que haga eso, quienquiera que llame, y tú no sabes si eres elegido o no. Pero ¿quieres a Cristo? ¿ah? Invócalo. Deja que el tema del misterio de la elección quede a un lado por un minuto.

¿Cuál es el estado de tu corazón en este momento? Si en tu corazón quieres un Salvador, si en tu corazón quieres a Cristo, si lo quieres, invoca al Señor. Y si lo invocas, no hay nada más seguro bajo el sol, que el hecho de que Él oirá tu clamor y que él te responderá y serás salvo.

Pero luego Pablo hace esta pregunta: “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído?” Antes de llamar a alguien para que te redima, primero tienes que tener algún grado de confianza en que esa persona es capaz de realizar la tarea.

No voy a llamar al Chapulín Colorado para que salve mi alma porque no creo que tenga la capacidad de salvar mi alma. Primero tengo que creer que él es capaz. “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído?

Ahora, esta es una lógica bastante simple ¿no? “Y cómo oirán sin haber quien les predique?” Tú no llamas a un salvador para salvarte si es que no crees que él es el Salvador. ¡Y no puedes creer que Él es el Salvador si nunca has oído hablar de Él! Y no vas a escuchar de él a menos que alguien te hable de él. Y luego continúa diciendo: “Y cómo predicarán si no son enviados?”

Y podrías no estar dotado para el evangelismo, pero eres capaz de contribuir para enviar al evangelista. (Solo un paréntesis, únicamente el 4% de los cristianos, cristianos evangélicos en los Estados Unidos de América, diezman).

Y te preguntas ¿por qué la Gran Comisión no se está cumpliendo? No es porque esté bloqueada o frustrada por la predestinación. Está bloqueada y frustrada por la gran desobediencia en el pueblo de Dios con su dinero.

Cuatro por ciento, cuatro de cada 100 evangélicos profesantes, diezman por cumplir. Pero el punto que quiero que vean aquí es la cita que Pablo hace del Antiguo Testamento. Dice: “La fe viene” donde dice: “¿Cómo predicarán si no son enviados? Tal como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian el Evangelio del bien!”

Extraño, algo extraño. He oído de gente escuchando a Billy Graham o escuchando a otros grandes predicadores y diciendo: “Qué voz tan maravillosa tiene”. O la gente es peor que eso. Es decir, recibo más cartas sobre mi peinado que sobre mi teología y la gente dirá: “Por qué estás usando esos lentes?” o “¿Por qué te pones esa corbata?” o “¿Por qué usas los mismos pantalones todos los días en esta serie?

¿Estoy siendo claro con esto? ¿ah? Bien, entonces, ¿por qué la gente nota esas cosas? Pero ¿alguna vez has escuchado a alguien en la congregación mirar al ministro y decir: “Guau, ¿no tiene unos hermosos pies?

¿Alguien ha hablado alguna vez de los pies de Billy Graham? Él es el más grande evangelista de nuestros días y nunca escuché a una sola persona referirse a sus pies.

Pero en el mundo antiguo, la palabra “evangelio” primero significaba “mensaje bueno” o “buenas nuevas” y la comunicación de eventos críticos era un asunto muy, muy serio para los antiguos, donde los ejércitos salían a la batalla y no volvían durante dos años y la gente esperaba dos años sin saber si ganaron o perdieron.

Así que cada vez que había una batalla crucial, si las fuerzas ganaban o perdían, enviaban un mensajero, un corredor de maratón, que volvía corriendo a la ciudad. Y mientras corría hacia la ciudad, iba anunciando el resultado de esta batalla decisiva para el pueblo.

Y la gente del pueblo tendría puestos de vigilancia en los puntos más altos para visualizar el horizonte y ver al mensajero. Y verían que el polvo empezaba a alzarse mucho antes que pudieran ver a la persona.

Esa polvareda llamaría su atención y mirarían a lo lejos y observarían las diferentes formas de las nubes de polvo. Y ellos mirarían y lo primero que verían sería la forma en que los pies subían y bajaban mientras subían corriendo la montaña y bajaban por el otro lado de la montaña.

Y los que eran buenos vigilando podían decir antes que llegase el mensajero si eran buenas o malas noticias, porque el hombre que corría para declarar la victoria corría con el pecho en alto y moviendo sus brazos, con una sonrisa en la cara y sus pies a toda velocidad.

¿Cuántos de ustedes corren? ¿Saben cuál es el “paso del perdedor”? Eso es cuando vas corriendo y los pies ni siquiera se levantan del suelo, ¿cierto? Él dijo: “Sí, estoy corriendo. Todavía sigo corriendo”. Es el paso del perdedor, así se llama, ¿estamos?

Y lo he experimentado más de una vez.  Y así es como los mensajeros que venían con malas noticias se acercarían a las puertas de la ciudad: desinflados, desanimados, abatidos.

Pero entonces, ves a alguien cuyos pies están casi volando y sus calcetines estaban en llamas desde la distancia con buenas noticias, y el vigía arrojaba su sombrero al aire y decía: “¡Ganamos!”

Y así el profeta dice: ‘Cuán hermosos, en la montaña, son los pies de aquel que trae buenas nuevas, que publica paz.’ Sé que fue Dios quien me trajo a Cristo, pero usó a un hombre que me habló del Evangelio y nunca olvidaré a ese hombre.

Y no importa lo que ese hombre haga, siempre lo amaré, porque, humanamente, se preocupó lo suficiente para ser el instrumento que Dios se complació en usar para llevarme a Jesucristo.

¿No te gustaría saber cómo Dios usó tu testimonio, tu acto de caridad, tú ejemplo hacia tu vecino como catalizador para la salvación eterna de esa persona?

¿Por qué evangelizar? Porque es un mandato y es el mayor privilegio que Dios puede darnos.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

26/27 – El gran ministerio sacerdotal de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

26/27 – El gran ministerio sacerdotal de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/el-gran-ministerio-sacerdotal-de-cristo/

Leslie Basham: Nancy Leigh DeMoss te recuerda que Jesús está intercediendo por ti hoy.

Nancy Leigh DeMoss: Quiero que te quede claro — Él no es un Salvador del pasado, y esto no  se trata solo de que Él está vivo, de que  nosotros estamos aquí esperando poder ser rescatadas de este desastre y ser llevadas al cielo. ¡No! ¡Él está trabajando a nuestro favor ahora mismo!

Leslie: Este es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Al inicio de la temporada de Cuaresma, Nancy comenzó una serie llamada El Cristo incomparable. Ella la está concluyendo esta semana, reflexionando en lo que Jesús está haciendo en estos momentos.

Nancy: Estoy muy agradecida por la manera en que el Señor ha estado utilizando la serie El Cristo incomparable en la vida de nuestras oyentes.  Permíteme leerte lo que una oyente escribió,  que fue muy alentador para mí. Ella dice:

Después de 25 años de tratar de cambiarme a mí misma con libros de autoayuda para ser una mejor persona, una mejor esposa, madre, etc. creo que finalmente entendí. ¡Todo lo que realmente necesitaba hacer era enfocarme en Cristo! Siento como si hoy me hubiera quitado de encima una enorme carga.

Así es, Cristo levanta las cargas. Él levanta tu carga. Él levanta las mías. Al mirar a Cristo, nuestras cargas son levantadas.

Hemos visto que Jesús murió, que se levanto de la tumba, que ascendió al cielo, y prometió que un día Él regresaría para llevarnos a estar con Él. Pero hoy quiero hacer esta pregunta: ¿Qué está Él haciendo mientras tanto? Es decir, ahora mismo, ¿Qué está haciendo Jesús?

Nosotras sabemos algunas cosas acerca de lo que Él está haciendo. Sabemos que Él está preparando un lugar para nosotros (ver Juan 14:3).  Que Él vendrá y nos llevará a ese lugar un día no muy lejano. Sabemos que Él está disfrutando de la íntima y gozosa comunión que tenía con el Padre antes de la fundación del mundo. Él está disfrutando esa comunión. Y, maravilla de maravillas, Él nos ha traído a ese círculo eterno, de la comunión y unión de la Trinidad. Esto no nos convierte en parte de la Trinidad, sino que nos han hecho participes de Su comunión.

Colosenses capítulo 3 lo dice de esta manera:

Si habéis, pues, resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.  Porque habéis muerto [con Cristo], y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. (vv. 1, 3).

No puedes estar más cerca de ahí al trono de Dios  —levantado, sentado con Cristo en los lugares celestiales, como leemos en el libro de Efesios. Y ahora Colosenses nos dice que nuestra vida esta “escondida con Cristo en Dios” —disfrutando esa comunión con el Padre, el  Hijo y el Espíritu Santo. Sabemos que Jesús es hoy la cabeza de Su Cuerpo, la iglesia. Apocalipsis capítulos 2 y 3 nos dicen que Él está “caminando entre los siete candelabros de oro” (las iglesias locales). ¿Y qué está haciendo?

  • Él está reinando.
  • Él está observando.
  • Él está guiando.
  • Él está supliendo.
  • Él está protegiendo.
  • Él está proveyendo.

Él tiene hoy este ministerio activo a favor de Sus iglesias. Él no es solo un distante y lejano gobernante que mira las cosas que están sucediendo aquí abajo en la tierra, pero tiene una vida totalmente diferente allá arriba en el cielo. Él está activamente comprometido con nosotros por Su Espíritu aquí en la tierra como Cabeza de Su iglesia.

Acabamos de pasar la Semana Santa y el Viernes Santo. Creo que la mayoría de nosotras estamos conscientes del trabajo realizado en el pasado por Cristo en la cruz a nuestro favor. Pero al ir trabajando en esta serie, he llegado a creer que muchas de nosotras vivimos sin reconocer conscientemente nuestra dependencia de un Salvador que está vivo y activo.

¿Con que frecuencia recordamos la cruz  —como deberíamos probablemente hacer más a menudo? La cruz excelsa  al contemplar…  Pensamos en Él que murió por nuestros pecados  —en tiempo pasado. Pero ¿qué pasaría si empezáramos a pensar en Él, no solo como el Salvador crucificado, sino como aquel que está vivo y actuando a nuestro favor hoy, ahora mismo, el Salvador que nos está sirviendo hoy?

Nos estamos perdiendo un de recurso increíble si no pensamos de esa manera. Necesitamos que se nos recuerde que Él no solo es el Salvador crucificado, sino que ascendió a los cielos. Él está sentado en el cielo, y hoy, por Su Espíritu, Él está presente con nosotros mientras nos reunirnos en Su presencia, para estar solos en comunión con Él.  Él está activamente trabajando a nuestro favor. No solo nos salvó  —en el  pasado  —en la cruz. Sino que también, de una manera gloriosa y maravillosamente nos sostiene y ministra nuestra vida diariamente, como un Sumo Sacerdote vivo.

En eso nos queremos enfocar hoy al acercarnos al final de esta serie El Cristo incomparable. Queremos hablar sobre el gran ministerio sacerdotal de Cristo a nuestro favor en el cielo.

Este es el enfoque de la mayor parte del libro de Hebreos. Quizás algún día, hagamos un estudio completo sobre esto. Fue difícil saber qué incluir y qué no incluir por lo mucho que  hay en el libro de Hebreos, pero en esta sesión, solo quiero que nos adentremos en algunos de estos pasajes que hablan de nuestro Sumo Sacerdote en el cielo  —en como Cristo es nuestro Sumo Sacerdote.

El libro de Hebreos nos recuerda que el sacerdocio de Cristo es superior al sacerdocio del Antiguo Testamento. El sacerdocio del Antiguo Testamento fue solo una sombra, apenas un presagio, solo un vistazo del cual Cristo como nuestro Sumo Sacerdote es el cumplimiento.

También aprendemos en Hebreos que, a diferencia de los sacerdotes del Antiguo Testamento, Jesús no tenía pecados propios que expiar. Cuando los sumos sacerdotes ofrecían sacrificios, ellos tenían que ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados. Pero Jesús no tenía pecados propios que expiar (ver 7:26-28).

Aprendemos también en Hebreos que el sacerdocio de Jesús es permanente  —a diferencia del de los sacerdotes del Antiguo Testamento  —y además el de Jesús  dura para siempre. Los sumos sacerdotes del Antiguo Testamento solo eran sumos sacerdotes mientras vivían. Cuando morían, era necesario un nuevo sumo sacerdote. Sin embargo, aprendemos que el sacerdocio de Jesús es para siempre a causa de Su resurrección y vida eterna. Hebreos capítulo 7 versículo 24 nos dice eso.

Hebreos también nos dice que Jesús tuvo que ser hecho completamente humano en todos los aspectos (excepto en el pecado) para representarnos como nuestro Sumo Sacerdote. Por eso es tan importante que nos aferremos no solo a la deidad de Cristo  —el hecho de que Él es Dios  —sino también a la humanidad de Cristo  —que Él se vistió de nuestra humanidad y se encarnó de manera permanente, un cuerpo humano permanente.  Él es permanentemente un miembro de la raza humana de modo que Él puede ser nuestro Sumo Sacerdote (ver 2:17).

También aprendemos que debido a que Jesús fue tentado como nosotros  —a pesar de que  nunca pecó; Él le dijo “No” todo el tiempo  a la tentación—pero el hecho de que fuera tentado y que tuviera que luchar con la tentación lo hace, para nosotros, un Sumo Sacerdote misericordioso (ver 4:15).

Vimos en la última sesión que Jesús está hoy sentado en el cielo. Permíteme leer un par de versículos en el libro de Hebreos. Ahora el punto de lo que estamos diciendo en este: tenemos tal Sumo Sacerdote, el cual se ha sentado a la diestra del trono de la Majestad en los cielos. Habiendo Cristo ofrecido un solo sacrificio por los pecados para siempre, se sentó a la diestra de Dios. (ver 8:1; 10:12).

Una vez más, tenemos a un Cristo incomparable quien es infinitamente superior a los sacerdotes del Antiguo Testamento, porque los sacerdotes del Antiguo Testamento no tenían tiempo de sentarse. Ellos estaban continuamente ocupados ofreciendo sacrificios, pero el sacrificio de Jesús fue suficiente para siempre. Así que no se requieren sacrificios adicionales  —  ¡nunca más! No hay condenación, ni culpa por el pecado.  Ha sido expiado de una vez y para siempre por el sacrificio de Cristo en la cruz. Es por eso que Él podía sentarse —porque la obra redentora de amor ¡se hizo! ¡Está terminada!

Ayer comentamos que el hecho de que Él esté sentado no significa que sea sedentario. Él está activo. Él está presente. Él está trabajando aun cuando no podamos ver, sentir o percibir Su presencia. En este momento en el cielo y aquí en la tierra a través de Su Santo Espíritu, Él está trabajando realizando un gran ministerio sacerdotal a nuestro favor. Ahora, hablemos sobre ese trabajo. Una vez más, volvamos a los sumos sacerdotes del Antiguo Testamento. Los sumos sacerdotes del Antiguo Testamento usaban un pectoral en el que estaban inscritos los nombres de las tribus de Israel —las  doce tribus.

Un día cada año — el Día de la Expiación — lees esto en Levítico 16  —el sumo sacerdote,  y solo el sumo sacerdote, y solo en ese único día, entraba al Lugar Santísimo — el lugar más santo, el santuario interior del tabernáculo o del templo. Nadie más podía entrar a ese lugar porque en ese lugar estaba Dios.  La gloria de Dios habitaba allí  —la presencia de Dios  —y los pecadores no podían acercarse a la santa presencia de Dios.

Ese santo lugar, ese Lugar Santísimo fue apartado del resto del templo por una gruesa y pesada cortina. La humanidad separada de Dios. Esa era la imagen que se pretendía comunicar. Entonces el sumo sacerdote una vez al año (esta fue una provisión que Dios había hecho en el Antiguo Testamento anticipando el último sacrificio de Cristo por nuestros pecados) ese sumo sacerdote entraría al lugar santísimo, representando al pueblo de Dios.

Cuando él iba al lugar santísimo, llevaba la sangre de un cordero expiatorio, y rociaba la sangre en la cubierta del Arca del Pacto, que era llamada el propiciatorio. De este modo, al poner la sangre derramada de un inocente cordero expiatorio, al esparcir esa sangre delante de Dios, él estaba intercediendo por el pueblo. Estaba confesando sus pecados.  Estaba clamando por la misericordia de Dios, basada en Sus promesas. Así que él representaba al pueblo de Dios, al llevar la ofrenda de sangre.

Cuando el sumo sacerdote salía, él representaba a Dios para el pueblo. Él bendecía al pueblo. Dios aceptaba el sacrificio, en  preparación para ese sacrificio que sería completamente aceptable, que fue el sacrificio del propio Hijo de Dios en la cruz. De modo que él era el representante del pueblo ante Dios cuando llevaba la sangre, y representaba a Dios delante del pueblo cuando salía dando el perdón, la paz y la bendición.

Bueno, en la cruz, Jesús sirvió de las dos maneras, como sacerdote para ofrecer sacrificio, y como el sacrificio mismo, al dar Su vida para la expiación del pecado. En Su ascensión, Jesús llevó Su ofrenda al Lugar Santísimo en el cielo  —el Lugar Santísimo en el templo aquí en la tierra era solo una imagen de ese templo celestial. Jesús ofrendó Su vida, Su sangre derramada, al Lugar Santísimo en el cielo, cuando ascendió a la diestra del Padre, y ofreció Su vida de perfecta obediencia y Su sacrificio por el pecado a nuestro favor.

Ahora, no puedo decirlo tan bien como lo dicen las Escrituras, así que déjame leerlo del Libro de Hebreos, capitulo 9 los versículos 6-7  —solo algunos versículos que nos muestran esta imagen:

Así preparadas estas cosas, los sacerdotes entran continuamente al primer tabernáculo para oficiar en el culto; pero en el segundo [esto es el lugar santísimo], solo entra el sumo sacerdote una vez al año, no sin llevar sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados del pueblo cometidos en ignorancia.

Pero cuando Cristo apareció como sumo sacerdote de los bienes futuros, a través de un mayor y más perfecto tabernáculo, (no hecho con manos, es decir, no de esta creación) y no por medio de la sangre de machos cabríos y de becerros, sino por medio de Su propia sangre, entró al Lugar Santísimo una vez para siempre, habiendo obtenido redención eterna. v.24 Porque Cristo no entró en el lugar santo  hecho por manos, una representación  del verdadero, sino en el cielo mismo, para presentarse ahora en la presencia de Dios por nosotros. (vv. 11, 12, 24).

Así que Él no solo murió en la cruz en nuestro lugar, sino que cuando ascendió al cielo, ofrendó Su vida perfecta, obediente, sin pecado y Su muerte sacrificial en la cruz, Él le llevó esa ofrenda y se la presentó a Dios, en la misma presencia de Dios a nuestro favor, como nuestro Gran Sumo Sacerdote.

Esto significa  varias cosas y  tiene una importancia increíble para nuestras vidas aquí en la tierra.

Primero, Él nos sirve como nuestro mediador en el cielo con el Padre hoy en día —Cristo es nuestro mediador.

Hebreos capítulo 12 dice, “Y a Jesús, el mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la sangre de Abel” (v.24).

Primera a Timoteo capítulo 2: “Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre”. ¿Recuerdas que dijimos que Su humanidad era importante? Esa traducción podría ser: Cristo Jesús, Él mismo como hombre es el mediador entre Dios y el hombre. Ves, el mediador entre Dios y el hombre tenía que ser al mismo tiempo Dios y hombre. Solo Jesús, el Cristo incomparable, llena esa descripción. Él es el mediador entre Dios y el hombre, el hombre Cristo Jesús, “quien se dio a sí mismo en rescate por todos” (vv. 5-6).

Un mediador es aquel que interviene entre dos partes en conflicto. Solo Jesús, el Dios/hombre puede producir la unidad entre un Dios santo y un hombre pecador,  y restaurar la comunión y una buena relación. No hay ningún ser humano en esta tierra  —no importa cuántos títulos de seminario tenga  — no hay un ser humano que pueda hacer eso por nosotros. Solo Jesús, el Dios/hombre es el mediador entre Dios y el hombre.

Eso significa que podemos acercarnos al trono de Dios, a Su santa presencia personalmente. No tenemos que ir a través de ningún ser humano. No tenemos que ir a través de otra persona. Vamos a través de Cristo quien es nuestro mediador. Él nos lleva a la presencia de Dios. Podemos acercarnos con confianza, sin vergüenza,  vestidos únicamente con la justicia de Cristo, confiadamente de pie delante del trono del Dios Santo. Así que Él es nuestro mediador.

Y luego vemos que Él, como nuestro Sumo Sacerdote, nuestro abogado ante el Padre. Él aboga a nuestro favor.

Primera de Juan capítulo 2 lo dice de esta manera: “Hijitos míos, os escribo estas cosas para que no pequéis. Y si alguno peca…” ¿Alguien quiere levantar su mano aquí? Él dice, “Os escribo estas cosas para que no pequéis”.

Y tú dices, “Oh, bueno, ¿y qué de mí?”

“Bueno, si alguno peca…”

“Oh, está bien, esto es para mí. He pecado. Sí, ¿Entonces, qué tengo que hacer?

“Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (v.1).

Ves, Satanás actúa como un fiscal despiadado. Apocalipsis capítulo 12 nos dice “él es el acusador de nuestros hermanos” (v.10). Pero Jesús sirve, en cierto sentido, como nuestro abogado defensor. Él es quien defiende nuestro caso, y garantiza que seremos absueltos debido a Su muerte en la cruz en nuestro lugar.

Como dice Oswald Sanders, “Él aparece como nuestro abogado, no para apelar por clemencia sino para reclamar justicia por nosotros  —para reclamar a lo que tenemos derecho en virtud de Su sacrificio en el Calvario.” Satanás dice, “¡Ella debe morir!” Y eso sería cierto si no fuera por Jesús. Pero Jesús dice, “¡No! Yo ya he muerto”.

Satanás dice, “Ella merece sufrir la culpa, el dolor, las consecuencias y la condenación por ese pecado”. Y mi propia carne dice lo mismo, que yo merezco vivir con esa culpa, estar bajo el yugo, vivir bajo la condenación por un tiempo. “¡Oh, no lo puedo creer, lo hice otra vez!”

Pero Jesús dice, “¡No! Yo pagué el precio. Yo pagué la penalidad. Yo tomé la vergüenza. Yo tomé la culpa. ¡No hay más culpa! ¡Se acabó! Déjala entrar.” Él reclama justicia por nosotros aquí en la tierra. Él reclama lo que tenemos derecho en virtud de Su sacrificio en el Calvario. Y te damos ¡Gracias, gracias, Señor! Porque eres Abogado nuestro ante el Padre.

Y luego Él intercede ante el Padre a nuestro favor. Esto es parte de Su ministerio sacerdotal activo y permanente por nosotros en el cielo hoy. Quiero que te quedes con esto — Él no es un Salvador del pasado, y no se trata solo de que Él está vivo y de que nosotros solo estamos aquí  a la  espera de poder ser rescatados de este desastre y ser llevados al cielo. ¡No,  Él está trabajando a nuestro favor ahora mismo!

Cuando yo peco, Él está ahí ofreciéndole al Padre, Su sangre sacrificada, a Sí mismo y Su vida sin pecado. Cuando yo fallo, cuando tengo dudas, cuando le olvido, Él todavía está ahí fungiendo como mi Sumo Sacerdote, intercediendo ante el Padre en mi nombre.

Romanos 8 dice, “¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió  —sí, más aun, el que resucitó  —el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.” (v.34)

Hebreos capítulo 7 versículo 25 dice, “Por lo cual Él también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de Él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos”.

Eso es lo que Él está haciendo —intercediendo a nuestro favor.

Me encanta lo que Oswald Sanders dice en esta parte de su libro, “El Cristo incomparable”. Él dice:

Nuestro Sumo Sacerdote es capaz de salvarnos completamente. No hay ningún problema personal para el cual Él no tenga solución, ningún enemigo del cual Él no nos pueda rescatar, ningún pecado del cual Él no nos pueda liberar —porque Él vive perpetuamente para interceder por nosotros. . . No podríamos vivir la vida cristiana un solo día, si no fuera porque Él vive para interceder por nosotros.

A lo que yo añadiría esta reflexión: Y porque Él vive para interceder por nosotros, ¡no hay un día en que no podamos resistir y seguir adelante! Jesús está orando por nosotros sobre la base de Su sangre derramada, el sacrificio de Su vida sin pecado  —es un sacrificio aceptable—y porque Él está intercediendo por nosotros, podemos seguir adelante podemos perseverar.

Me encanta esa cita de Robert Murray M’Cheyne donde dice:

Si yo pudiera escuchar a Cristo orando por mí en la habitación de al lado, no temería a un millón de enemigos. Sin embargo, la distancia no hace ninguna diferencia. Él está orando por mí.

Es algo increíble que Él sea nuestro Sumo Sacerdote. He aquí como Hebreos habla acerca de nuestra respuesta a esto:

Teniendo, pues, un gran sumo sacerdote que trascendió los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, retengamos nuestra fe. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado. Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna. (4:14-16).

Porque Él tomó nuestra humanidad y ha sido tentado como nosotros, se compadece de nosotros cuando somos débiles y tentados. Y porque Él nunca pecó, es capaz de ayudarnos cuando somos tentados. Nosotros necesitamos desesperadamente la gracia de Dios.

Mientras piensas en Jesús como nuestro mediador, como nuestro abogado, como nuestro intercesor, como nuestro Sumo Sacerdote celestial, hazte esta pregunta: Cuando me siento tentada, asustada, sola, enojada, luchando, deprimida, ¿Qué diferencia haría si yo estuviera consciente de lo que Él está haciendo de forma activa a mi favor en este preciso momento?

Así como tan hermoso lo dice este himno: 

Ante el trono celestial

Él intercede hoy por mí

Gran Sacerdote es Jesús

Quien por siempre vivirá

Y en Sus manos por Su amor

Mi nombre ya grabado está

Y mientras en el cielo esté

Nadie de Él me apartará

Nadie de Él me apartará  

 

Cuando he caído en tentación

De sentir condenación

Al ver al cielo encontraré

Al inocente quien murió

Y por su muerte el Salvador

Ya mi pecado perdonó

Pues Dios el justo aceptó

Su sacrificio hecho por mí

Su sacrificio hecho por mí

He aquí el Cordero Redentor

Quien al morir resucitó

El inmutable gran Yo Soy

El Rey de gloria y majestad

Unido a Él no moriré

Pues con Su sangre me compró

Mi vida escondida está

En Cristo Dios y Salvador

En Cristo Dios y Salvador

 

Leslie: Luego de ascender al cielo, ¿Qué ha estado haciendo Jesús? ¡Mucho!  Nancy Leigh DeMoss ha abierto nuestros ojos a todo lo que Jesús está haciendo por nosotras hoy en día.

Debido a la obra que hizo Cristo de una vez y para siempre en la cruz, puedes ser libre del legalismo. Puedes ser libre de condenación. No importa lo que estés enfrentando, no hay mayor fuente de esperanza que la próxima venida de Cristo. Mañana Nancy explorará Su promesa de regresar a la tierra. Por favor regresa a Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Ante El Trono Celestial, Letty Guval, His Name Is Jesus / Su Nombre Es Jesús ℗ 2013 Letty Guval

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

 

La recompensa de los justos

Isha – Salmos

DÍA 110 – Salmo 73

Dosis: Contentamiento

La recompensa de los justos

“Entonces me di cuenta de que mi corazón se llenó de amargura, y yo estaba destrozado por dentro… Puede fallarme la salud y debilitarse mi espíritu, pero Dios sigue siendo la fuerza de mi corazón; Él es mío para siempre.” (Salmo 73:21, 26) (NTV)

A partir del salmo 73 comienza el tercer libro de los Salmos, la mayoría escrito o compilado por Asaf, uno de los líderes de los coros levíticos bajo el reinado de David. En este salmo, Asaf habla de dos grandes temas que se van entretejiendo: la prosperidad de los malos versus la aparente pobreza de los justos.

Asaf abre de par en par su corazón dolido y comienza confesando su envidia hacia los malos porque estos prosperan, aparentemente no sufren, triunfan en todo lo que hacen, blasfeman a Dios y se salen con la suya. ¿Te has sentido así? ¿Tu compañera de clases de la escuela elemental ahora tiene una casa grande, un auto nuevo, una familia perfecta, en tu opinión, mientras que tú luchas por el sustento diario? Y ella decidió no confiar en Dios, mientras que tú le sirves. De repente te parece injusto.

Podemos caer en la misma trampa en que tropezó Asaf y pensar tres cosas: que no vale la pena ser fiel a Dios, que desperdiciamos nuestras vidas y que aquellos que se ríen de nuestra fe son los que más se enriquecen. Pero Asaf no se quedó en sus quejas. Eso es lo que hace la oración. Aunque tengamos reclamos, al entrar en la presencia del Señor vamos recuperando la visión. Cuando asistimos a la iglesia y escuchamos la palabra de Dios ordenamos nuestros pensamientos. Así le sucedió a Asaf. Entró al santuario y finalmente comprendió las cosas.

El fin de los malos será inexorable. Los ricos ponen su confianza y su gozo en las riquezas, pero esto solo crea un sueño que pronto se desvanece. Un día, el Señor se reirá de sus sueños y sus ideas pues le negaron a Él. A final de cuentas, los ricos y malos no son dignos de envidia sino de lástima.

Entonces Asaf descubre cómo Dios le ha cuidado y le guiado. Declara que en medio de la enfermedad y la pobreza, cuenta con una riqueza eterna que nadie le arrebatará: Dios mismo. Así que se propone seguir adelante y hablar a otros de su Dios. Como Asaf, habrá días en que envidiemos a los que hacen el mal y prosperan, pero no olvidemos que nuestra herencia es eterna, y es lo mejor que puede existir: Dios mismo. Quizá hoy no lo entendemos del todo, pero un día lloraremos de gratitud por haber sido salvadas por Jesús, pues tendremos lo que jamás perderemos: a Jesús mismo, la verdad y la vida.

Oración: Señor, enséñame a no envidiar. Gracias porque tú eres lo que más deseo en esta tierra. Y te pido por aquellos que aún andan ciegos pensando que la riqueza lo es todo. Dame valor para hablarles de ti. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 126). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

La providencia divina

Lunes 30 Diciembre

Clamaré al Dios Altísimo, al Dios que me favorece.

Salmo 57:2

El corazón del hombre piensa su camino; mas el Señor endereza sus pasos.

Proverbios 16:9

La providencia divina

http://labuenasemilla.net/20191230

Stuart Holden vivía en Londres a principios del siglo veinte. Fue invitado a predicar en un importante encuentro de cristianos en América. Mientras se preparaba para partir, su esposa cayó enferma. Entonces decidió quedarse con ella para cuidarla, renunciando a su viaje la víspera de su partida. Stuart nunca utilizó el boleto que había reservado. El transatlántico que debía llevarle a través del océano naufragó unos días más tarde. Era el célebre Titanic. Impresionado por este trágico acontecimiento que hubiera podido costarle la vida, nunca más se preguntó sobre la manera en que Dios orquestaba cada instante de su vida.

A menudo nos lamentamos cuando nuestros planes cuidadosamente trazados se ven interrumpidos. Un imprevisto nos hace perder ocasiones con las cuales contábamos. Pero nada escapa a nuestro Dios y Padre. Esos retrasos o esos fracasos que aparentemente contrarían nuestros planes, a menudo son un medio utilizado por nuestro Padre para protegernos de un peligro, o simplemente para recordarnos que él está allí para dirigir nuestros pasos.

Hay una «providencia divina» en los acontecimientos que atravesamos. Es la mano de Dios que actúa, secreta e invisible, pero poderosa. Así el Señor acabará la buena obra que comenzó en nosotros (Filipenses 1:6).

“La mano de nuestro Dios es para bien sobre todos los que le buscan” (Esdras 8:22).

“Yo también sé que les irá bien a los que a Dios temen, los que temen ante su presencia” (Eclesiastés 8:12).

Malaquías 2 – Apocalipsis 21:15-27 – Salmo 149 – Proverbios 31:10-24

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

11/17 – ¡José Vive!

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: La Vida de José

11/17 – ¡José Vive!

David Barceló

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

http://www.porgracia.es/

La Elección

El Púlpito de la Capilla New Park Street

La Elección

NO. 41-42

Sermón predicado el Domingo 2 de Septiembre, 1855

por Charles Haddon Spurgeon

En la Capilla New Park Street, Southwark, Londres.

«Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad, a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo.» 2 Tesalonicenses 2: 13, 14.

Si no hubiera ningún otro texto en la sagrada Palabra excepto éste, pienso que todos deberíamos estar obligados a recibir y reconocer la verdad de esta grandiosa y gloriosa doctrina de la eterna elección que Dios ha hecho de Su familia. Pero parece que hay un prejuicio muy arraigado en la mente humana en contra de esta doctrina. Y aunque la mayoría de las otras doctrinas son recibidas por los cristianos profesantes, algunas con cautela, otras con gozo, sin embargo esta doctrina parece ser despreciada y descartada con frecuencia.

En muchos de nuestros púlpitos se consideraría gran pecado y alta traición, predicar un sermón sobre la elección, porque no podrían convertir su sermón en lo que ellos llaman un discurso «práctico.» Creo que ellos se han apartado de la verdad en este asunto. Cualquier cosa que Dios ha revelado, la ha revelado con un propósito. No hay absolutamente nada en la Escritura que no se pueda convertir, bajo la influencia del Espíritu de Dios, en un discurso práctico: pues «Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil» para algún propósito de provecho espiritual.

Es verdad que no se puede convertir en un discurso sobre el libre albedrío (eso lo sabemos muy bien) pero sí se puede convertir en un discurso sobre la gracia inmerecida: y el tema de la gracia inmerecida es de resultados prácticos, cuando las verdaderas doctrinas del amor inmutable de Dios son presentadas para que obren en los corazones de los santos y de los pecadores.

Ahora, yo confío que hoy, algunos de ustedes que se asustan con el simple sonido de esta palabra, dirán: «voy a escucharla con objetividad; voy a hacer a un lado mis prejuicios; voy a oír simplemente lo que este hombre tiene que decir.» No cierren sus oídos ni digan de entrada: «es doctrina muy elevada.» ¿Quién te ha autorizado a que la llames muy alta o muy baja? ¿Por qué te quieres oponer a la doctrina de Dios? Recuerda lo que les ocurrió a los muchachos que se burlaban del profeta de Dios, exclamando: «¡Calvo, sube! ¡Calvo, sube!» No digas nada en contra de las doctrinas de Dios, para evitar que salga del bosque una fiera y te devore a ti también. Hay otras calamidades además del manifiesto juicio del cielo: ten cuidado que no caigan sobre tu cabeza.

Haz a un lado tus prejuicios: escucha con calma, escucha desapasionadamente: oye lo que dice la Escritura. Y cuando recibas la verdad, si a Dios le place revelarla y manifestarla a tu alma, que no te dé vergüenza confesarla. Confesar que ayer estabas equivocado, es solamente reconocer que hoy eres un poco más sabio. Y en vez de que sea algo negativo para ti, da honor a tu juicio, y demuestra que estás mejorando en el conocimiento de la verdad. Que no te dé vergüenza aprender, y hacer a un lado tus viejas doctrinas y puntos de vista, y adoptar eso que puedes ver de manera más clara en la Palabra de Dios. Pero si no ves que esté aquí en la Biblia, sin importar lo que yo diga, o a qué autoridades hago referencia, te suplico, por amor de tu alma, que rechaces lo que digo. Y si desde este púlpito alguna vez oyes cosas contrarias a la Sagrada Palabra, recuerda que la Biblia debe ser lo primero, y el ministro de Dios debe estar sometido a Ella. Nosotros no debemos estar por sobre la Biblia cuando predicamos, sino que debemos predicar con la Biblia sobre nuestras cabezas. Después de todo lo que hemos predicado, estamos muy conscientes que la montaña de la verdad es más alta de lo que nuestros ojos pueden discernir. Nubes y oscuridad rodean su cima, y no podemos distinguir su pico más elevado. Sin embargo, vamos a tratar de predicar lo mejor que podamos.

Pero como somos mortales y sujetos a equivocarnos, ustedes mismos deben juzgarlo todo. «Probad los espíritus si son de Dios;» y si estando de rodillas reflexionando maduramente, ustedes son guiados a rechazar la elección (cosa que yo considero totalmente imposible) entonces deséchenla. No escuchen a quienes predican la elección, sino crean y confiesen aquello que ven que es la Palabra de Dios. No puedo agregar nada más a manera de introducción.

Entonces, en primer lugar, voy a referirme a la veracidad de esta doctrina: «de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación.» En segundo lugar, voy a tratar de demostrar que esta elección es absoluta: «Él os haya escogido desde el principio para salvación,» no para santificación, sino «mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad.» En tercer lugar, esta elección es eterna porque el texto dice: «de que Dios os haya escogido desde el principio.» En cuarto lugar, es personal: «Él os haya escogido.» Y luego vamos a reflexionar sobre los efectos de esta doctrina: ver lo que produce; y finalmente, conforme la capacidad que nos dé Dios, vamos a intentar considerar sus consecuencias, y ver si en efecto es una doctrina terrible que conduce a una vida licenciosa. Tomaremos la flor, y como verdaderas abejas, vamos a comprobar si hay algo de miel allí; si algo bueno está contenido en ella, o si es un mal concentrado y sin mezcla.

I. En primer lugar debo demostrar que la doctrina es VERDADERA. Permítanme comenzar con un argumentum ad hominem (argumento al hombre); voy a hablarles de acuerdo a sus diferentes posiciones y cargos. Algunos de ustedes pertenecen a la Iglesia de Inglaterra, y me da gusto ver que hay muchos presentes hoy aquí. Aunque ciertamente digo de vez en cuando cosas muy duras acerca de la Iglesia y el Estado, sin embargo yo amo a la vieja Iglesia, pues hay en esa denominación muchos ministros piadosos y santos eminentes. Ahora, yo sé que ustedes son grandes creyentes en lo que los Artículos declaran como doctrina correcta. Les voy a dar una muestra de lo que los Artículos afirman en lo relativo a la elección, de tal forma que si creen en los Artículos, no pueden rechazar esta doctrina de la elección. Voy a leer un fragmento del Artículo 17 que se refiere a la Predestinación y a la Elección:

«La predestinación para vida es el propósito eterno de Dios, por medio del cual (antes que los cimientos del mundo fueran puestos) Él ha decretado de manera permanente por Su consejo secreto para nosotros, liberar de la maldición y condenación a aquellas personas que Él ha elegido en Cristo de entre toda la humanidad, y traerlos por medio de Cristo a la salvación eterna, como vasos hechos para honra. De donde quienes han sido dotados con bendición tan excelente de Dios, son llamados de acuerdo al propósito de Dios por Su Espíritu que obra en el momento debido; ellos obedecen el llamado por la gracia; son justificados gratuitamente; son hechos hijos de Dios por adopción; son conformados a la imagen del Unigénito Hijo Jesucristo; ellos caminan religiosamente en buenas obras, y al final, por la misericordia de Dios, alcanzan la dicha eterna.»

Entonces, pienso que cualquier miembro de esa denominación, si en efecto es un creyente sincero y honesto en su Madre Iglesia, debe ser un pleno creyente de la elección. Es verdad que si ve otras partes del Ritual anglicano, encontrará cosas contrarias a las doctrinas de la gracia inmerecida, y totalmente ajenas a la enseñanza de la Escritura. Pero si mira a los Artículos, no puede dejar de ver que Dios ha elegido a Su pueblo para vida eterna. Sin embargo no estoy tan perdidamente enamorado de ese libro como pueden estarlo ustedes; y sólo he utilizado este Artículo para demostrarles que si pertenecen a la iglesia oficial de Inglaterra no deberían objetar de ninguna manera esta doctrina de la predestinación.

Otra autoridad humana por la cual puedo confirmar la doctrina de la elección, es el antiguo credo de los Valdenses. Si leen el credo de los antiguos Valdenses, que elaboraron en medio del ardiente fuego de la persecución, verán que estos renombrados profesantes y confesores de la fe cristiana, recibieron y abrazaron muy firmemente esta doctrina, como parte de la verdad de Dios. He copiado de un viejo libro un de los Artículos de su fe:

«Que Dios salva de la corrupción y de la condenación a aquellos que Él ha elegido desde la fundación del mundo, no a causa de ninguna disposición, fe, o santidad que Él hubiera previsto de antemano en ellos, sino por su pura misericordia en Cristo Jesús Su Hijo, dejando a un lado a todos los demás, según la irreprensible razón de Su soberana voluntad y justicia.»

Entonces no es una novedad lo que yo predico; no es una doctrina nueva. Me encanta proclamar estas viejas doctrinas poderosas, que son llamadas con el sobrenombre de Calvinismo, pero que son segura y ciertamente la verdad revelada de Dios en Cristo Jesús. Por esta verdad yo hago una peregrinación al pasado, y conforme avanzo, veo a un padre tras otro, a un confesor tras otro, a un mártir tras otro, ponerse de pie para darme la mano. Si yo fuera un pelagiano, o un creyente de la doctrina del libre albedrío, tendría que caminar por muchos siglos completamente solo. Aquí y allá algún hereje de carácter no muy honorable podría levantarse y llamarme hermano. Pero tomando estas cosas como la norma de mi fe, yo veo la tierra de los antepasados poblada por mis hermanos; veo multitudes que confiesan lo mismo que yo, y reconocen que esta es la religión de la propia iglesia de Dios.

También les doy un extracto de la antigua Confesión Bautista. Nosotros somos Bautistas en esta congregación (por lo menos la mayoría de nosotros) y nos gusta ver lo que escribieron nuestros propios antecesores. Hace aproximadamente unos doscientos años los Bautistas se reunieron, y publicaron sus artículos de fe, para poner un fin a ciertos reportes en contra de su ortodoxia que se habían difundido por el mundo. Voy a referirme ahora a este viejo libro (que yo acabo de publicar) y puedo leer lo siguiente:

Artículo Tercero: «Por el decreto de Dios, para manifestación de Su gloria, algunos hombres y algunos ángeles son predestinados o preordenados para vida eterna por medio de Jesucristo, para alabanza de Su gracia gloriosa; otros son dejados para actuar en sus pecados para su justa condenación, para alabanza de Su justicia gloriosa. Estos hombres y estos ángeles que son así predestinados y preordenados son particularmente e inmutablemente designados, y su número es tan exacto y definido, que no puede ser ni aumentado ni disminuido. Aquellas personas que están predestinadas para vida, Dios, desde antes de la fundación del mundo, de acuerdo a Su eterno e inmutable propósito, y al secreto consejo y buen agrado de Su voluntad, los ha elegido en Cristo para gloria eterna por Su gracia inmerecida y amor, sin que haya ninguna cosa en la criatura como una condición o causa que haya movido a Dios para esa elección.»

En lo que concierne a estas autoridades humanas, la verdad, no les doy mucha importancia. No me importa lo que digan, ya sea a favor o en contra de esta doctrina. Solamente me he referido a ellas como un tipo de confirmación de la fe de ustedes, para mostrarles que a pesar de que me tachen de hereje y de hipercalvinista, tengo el respaldo de la antigüedad. Todo el pasado está de mi lado. El presente no me importa. Déjenme el pasado y tendré esperanza en el futuro. Si el presente me ataca, no me importa. Aunque un sinnúmero de iglesias aquí en Londres hayan olvidado las grandes y fundamentales doctrinas de Dios, no importa. Si tan sólo un pequeño grupo de nosotros nos quedamos solos manteniendo firmemente la soberanía de nuestro Dios, si nuestros enemigos nos atacan, ¡ay! y aun nuestros propios hermanos, que debieran ser nuestros amigos y colaboradores, no importa. Basta con que podamos contar con el pasado; el noble ejército de mártires, el glorioso escuadrón de los confesores, son nuestros amigos; los testigos de la verdad vienen a defendernos. Si ellos están de nuestro lado, no podremos decir que estamos solos, sino que podemos exclamar: «Y yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal.» Pero lo mejor de todo es que Dios está con nosotros.

La única gran verdad es siempre la Biblia, y únicamente la Biblia. Queridos lectores, ustedes no creen en ningún otro libro que no sea la Biblia ¿no es cierto? Si yo pudiera demostrar esto basándome en todos los libros de la cristiandad; si yo pudiera recurrir a la Biblioteca de Alejandría, para comprobar su verdad, no lo creerían más de lo que ustedes creen porque está en la Palabra de Dios.

He seleccionado unos cuantos textos para leerlos. Me gusta citar abundantemente los textos cuando temo que ustedes pueden desconfiar de una verdad, a fin de que estén lo suficientemente convencidos para que no haya lugar a dudas, si es que en verdad no creen. Permítanme entonces mencionar un catálogo de textos en los que el pueblo de Dios es llamado elegido. Naturalmente, si el pueblo es llamado elegido, debe haber una elección. Si Jesucristo y Sus apóstoles estaban acostumbrados a describir a los creyentes por medio del título de elegidos, ciertamente debemos creer que lo eran, pues de lo contrario el término no significa nada.

Jesucristo dice: «Y si el Señor no hubiese acortado aquellos días, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos que él escogió, acortó aquellos días.» «Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán señales y prodigios, para engañar, si fuese posible, aun a los escogidos.» «Y entonces enviará sus ángeles, y juntará a sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.» (Marcos 13: 20, 22, 27) «¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? (Lucas 18: 7) Podríamos seleccionar muchos otros textos, que contienen la palabra «elegido,» o «escogido,» o «preordenado,» o «designado,» o la frase «mis ovejas,» o alguna descripción similar, mostrando que el pueblo de Cristo es diferente del resto de la humanidad.

Pero ustedes tienen sus concordancias, y no los voy a importunar con más textos. A través de las epístolas, los santos son constantemente llamados «los elegidos.» En su carta a los Colosenses, Pablo dice: «Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia.» Cuando le escribe a Tito, se llama a sí mismo: «Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo, conforme a la fe de los escogidos.» Pedro dice: «Elegidos según la presciencia de Dios Padre.» Y si vamos a Juan, encontraremos que le gusta mucho esa palabra. Dice: «El anciano a la señora elegida;» y habla de: «tu hermana, la elegida.» Y sabemos dónde está escrito: «La iglesia que está en Babilonia, elegida juntamente con vosotros.» Ellos no se avergonzaban de esa palabra en aquellos días; no tenían miedo de hablar de ella.

En nuestros días esa palabra ha sido revestida con una diversidad de significados, y las personas han mutilado y desfigurado la doctrina, de tal forma que la han convertido en una verdadera doctrina de demonios, lo confieso. Y muchos que se llaman a sí mismos creyentes, se han pasado a las filas del antinomianismo. Pero a pesar de esto, ¿por qué he de avergonzarme de eso, si los hombres la pervierten? Nosotros amamos la verdad de Dios aun en medio del tormento, de la misma manera que cuando es ensalzada. Si hubiera un mártir que nosotros amáramos antes de que fuera llevado al suplicio, lo amaríamos todavía más mientras está siendo atormentado.

Cuando la verdad de Dios está siendo atormentada, no por eso la vamos a catalogar como una falsedad. No nos gusta verla en el suplicio, pero la amamos aun cuando es martirizada, pues podemos discernir cuáles deberían haber sido sus justas proporciones si no hubiera sido atormentada y torturada por la crueldad e invenciones de los hombres. Si ustedes leen muchas de las epístolas de los padres de la antigüedad, encontrarán que siempre escriben al pueblo de Dios como «elegido.» Ciertamente, el término conversacional común usado por los primitivos cristianos entre sí, en muchas de las iglesias, era el de «elegido.» A menudo usaban el término para llamarse entre sí, mostrando que era una creencia general que todo el pueblo de Dios era manifiestamente «elegido.»

Ahora vamos a unos textos que prueban positivamente esta doctrina. Abran sus Biblias en el evangelio de Juan 15: 16, y allí verán que Jesucristo ha elegido a Su pueblo, pues Él dice: «No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.» Y luego en versículo 19: «Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece.» Luego en el capítulo 17, versículos 8 y 9: «Porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste. Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son.» Leemos en Hechos 13: 48: «Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna.» Pueden intentar retorcer este versículo, pero dice: «ordenados para vida eterna» tan claramente, que no cabe ninguna duda en su interpretación; y nos tienen sin cuidado los diferentes comentarios que se hacen sobre él. Creo que casi no es necesario que les recuerde el capítulo 8 de Romanos, pues confío que ustedes conocen muy bien ese capítulo y lo entienden. En el versículo 29 y siguientes, dice: «Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó. ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios?» Tampoco sería necesario leer todo el capítulo 9 de Romanos. En tanto que ese capítulo permanezca en la Biblia, ningún hombre será capaz de probar el arminianismo; mientras eso esté escrito allí, ni las más violentas contorsiones de esos textos podrán exterminar de la Escritura, la doctrina de la elección.

Leamos algunos versículos como éstos: «(pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), se le dijo: El mayor servirá al menor.» Luego pasemos al versículo 22: «¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria. Luego pasemos a Romanos 11:7: «¿Qué pues? Lo que buscaba Israel, no lo ha alcanzado; pero los escogidos sí lo han alcanzado, y los demás fueron endurecidos,» y en el versículo 5 del mismo capítulo, leemos: «Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia.» Sin duda todos ustedes recuerdan el pasaje de 1 Corintios 1: 26-29: «Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia.» También recuerden el pasaje en 1 Tesalonicenses 5: 9: «Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo.» Y luego tienen el texto que estamos analizando, el cual, pienso, sería suficiente. Pero, si necesitan más textos, pueden encontrarlos buscándolos con calma, si no hemos logrado eliminar sus sospechas de que esta doctrina no es verdadera.

Me parece, amigos míos, que esta sobrecogedora cantidad de versículos debería hacer temblar a quienes se atreven a burlarse de esta doctrina. ¿Qué diremos de aquéllos que a menudo la han despreciado, y han negado su divinidad, que han atacado su justicia, y se han atrevido a desafiar a Dios y lo llaman un tirano Todopoderoso, cuando han escuchado que Él ha elegido a un número específico para vida eterna? ¿Puedes tú, que rechazas esa doctrina, quitarla de la Biblia? ¿Puedes tú tomar el cuchillo de Jehudí y extirparla de la Palabra de Dios? ¿Quieres ser como la mujer a los pies de Salomón que aceptó que el niño fuera dividido en dos mitades, para que puedas tener tu mitad? ¿Acaso no está aquí en la Escritura? ¿Y no es tu deber inclinarte ante ella, y mansamente reconocer que no la entiendes: recibirla como la verdad aunque no puedas entender su significado?

No voy a intentar demostrar la justicia de Dios al haber elegido a algunos y haber pasado por alto a otros. No me corresponde a mí, vindicar a mi Señor. Él hablará por Sí mismo y en efecto lo hace: «Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?» ¿Quién es aquél que dirá a su padre: «qué has engendrado?» O a su madre: «¿qué has traído al mundo?» «Yo Jehová, y ninguno más que yo, que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad. Yo Jehová soy el que hago todo esto.» ¿Quién eres tú para que alterques con Dios? Tiembla y besa Su vara; inclínate y sométete a Su cetro; no impugnes Su justicia, ni denuncies Sus actos ante tu propio tribunal, ¡oh, hombre!

Pero hay quienes dicen: «Dios es cruel cuando elige a uno y pasa por alto a otro.» Entonces, yo les preguntaría: ¿Hay alguien el día de hoy que desea ser santo, que desea ser regenerado, que desea abandonar el pecado y caminar en santidad? «Sí, hay,» dice alguien, «Yo quiero.» Entonces Dios te ha elegido a ti. Sin embargo otro dice: «No; yo no quiero ser santo; no quiero dejar mis pasiones ni mis vicios.» ¿Por qué te quejas, entonces, de que Dios no te haya elegido a ti? Pues si hubieras sido elegido, no te gustaría, según lo estás confesando. Si Dios te hubiera elegido hoy a la santidad, tú dices que no te importa. ¿Acaso no estás reconociendo que prefieres la borrachera a la sobriedad, la deshonestidad a la honestidad?

Amas los placeres de este mundo más que la religión; ¿entonces, por qué te quejas que Dios no te haya elegido para la religión? Si amas la religión, Él te ha elegido para la religión. Si la deseas, Él te ha elegido para ella. Si no la deseas, ¿qué derecho tienes de decir que Dios debió haberte dado aquello que no deseas? Suponiendo que tuviera en mi mano algo que tú no valoras, y que yo dijera que se lo voy a dar a tal o cual persona, tú no tendrías ningún derecho de quejarte de que no te lo estoy dando a ti. No podrías ser tan necio de quejarte porque alguien más ha obtenido aquello que a ti no te importa para nada.

De acuerdo a la propia confesión de ustedes, hay muchos que no quieren la religión, no quieren un nuevo corazón y un espíritu recto, no quieren el perdón de sus pecados, no quieren la santificación; no quieren ser elegidos a estas cosas: entonces, ¿por qué se quejan? Ustedes consideran todo esto como cosas sin valor, y entonces ¿por qué se quejan de Dios, que ha dado esas cosas a quienes Él ha elegido? Si consideras que esas cosas son buenas y tienes deseos de ellas, entonces están disponibles para ti. Dios da abundantemente a todos aquellos que desean; y antes que nada, Él pone el deseo en ellos, de otra forma nunca lo desearían. Si amas estas cosas, Él te ha elegido para ellas, y puedes obtenerlas; pero si no es así, quién eres tú para criticar a Dios, cuando es tu propia voluntad desesperada la que te impide amar estas cosas. ¿Cuando es tu propio yo el que te hace odiarlas?

Supongan que un hombre que va por la calle dice: «Qué lástima que no haya un asiento disponible para mí en la capilla, para poder oír lo que este hombre tiene que decir.» Y supongan que dice: «Odio a ese predicador; no puedo soportar su doctrina; pero aún así, es una lástima que no haya un asiento disponible para mí.» ¿Esperarían ustedes que alguien diga eso? No: de inmediato dirían: «a ese hombre no le importa. ¿Por qué habría de preocuparle que otros alcancen lo que valoran y que él desprecia?»

No amas la santidad, no amas la justicia; si Dios me ha elegido para estas cosas, ¿te ha ofendido por eso? «¡Ah! Pero,» dice alguien, «yo pensé que eso significa que Dios ha elegido a unos para ir al cielo y a otros para ir al infierno.» Eso es algo totalmente diferente de la doctrina evangélica. Él ha elegido a unos hombres a la santidad y a la justicia y por medio de ellas, al cielo. No debes decir que los ha elegido simplemente para ir al cielo y a los otros para ir al infierno. Él te ha elegido para la santidad, si amas la santidad. Si cualquiera de ustedes quiere ser salvado por Jesucristo, Jesucristo le ha elegido para ser salvado. Si cualquiera de ustedes desea tener la salvación, ese ha sido elegido para la salvación, si la desea sinceramente y ardientemente. Pero si tú no la deseas, ¿por qué habrías de ser tan ridículamente tonto de quejarte porque Dios da eso que no quieres a otras personas?

II. De esta forma he tratado de decir algo en relación a la verdad de la doctrina de la elección. Y ahora, rápidamente, déjenme decirles que la elección es ABSOLUTA: esto es, no depende de lo que nosotros somos. El texto dice: «de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación;» pero nuestros oponentes afirman que Dios elige a unos hombres porque son buenos, que los elige a causa diversas obras que han hecho. Ahora, en respuesta a esto, nosotros preguntamos, ¿qué obras son esas por las que Dios elige a Su pueblo? ¿Acaso es lo que llamamos comúnmente «obras de la ley,» obras de obediencia que la criatura puede llevar a cabo? Si es así, nosotros les respondemos: «si los hombres no pueden ser justificados por las obras de la ley, no parece muy claro que puedan ser elegidos por las obras de la ley; si no pueden ser justificados por sus buenas obras, tampoco pueden ser salvados por esas obras.» Por tanto el decreto de la elección no pudo haber sido formado sobre la base de buenas obras.

«Pero,» dicen otros, «Dios lo eligió porque conocía de antemano su fe.» Ahora, Dios es el que da la fe, por tanto no pudo haberlos elegido a causa de su fe, que Él conocía de antemano. Supongamos que hubiera veinte mendigos en la calle, y yo determinara darle dinero a uno de ellos. ¿Podría alguien decir que yo decidí darle a ese dinero, que yo elegí dárselo, porque conocía de antemano que él aceptaría ese dinero? Eso sería una tontería. De igual manera, decir que Dios eligió a unos hombres porque conocía de antemano que ellos habrían de tener la fe, que es la salvación en germen, sería tan absurdo que no vale la pena ni escucharlo.

La fe es el don de Dios. Toda virtud viene de Él. Por tanto, la fe no pudo haberlo llevado a elegir a los hombres, porque es Su don. La elección, estamos convencidos de ello, es absoluta, y completamente independiente de las virtudes que adornan a los santos posteriormente. Aunque un hombre fuera tan santo y devoto como Pablo; aunque fuera tan valiente como Pedro, o tan amante como Juan, aun así no podría exigirle nada a su Hacedor. Todavía no he conocido a ningún santo de ninguna denominación, que haya pensado que Dios lo salvó porque vio de antemano que tendría estas virtudes y méritos.

Ahora, mis queridos hermanos, las mejores joyas que un santo puede lucir jamás, si son joyas elaboradas por su propio diseño, no son de purísima calidad. Hay siempre un poco de barro mezclado en ellas. La gracia más elevada que pudiéramos poseer, tiene algo de mundano mezclado en ella. Sentimos esto en la medida que nos refinamos más, cuando tenemos mayor santificación, y nuestro lenguaje debe ser siempre:

«Yo soy el primero de los pecadores;
Jesús murió por mí.»

Nuestra única esperanza, nuestro único argumento, pende de la gracia manifestada en la persona de Jesucristo. Y tengo la certeza que debemos rechazar y desechar completamente cualquier pensamiento que nuestras virtudes, que son dones de nuestro Señor, sembradas por su diestra, pudieran ser la causa de Su amor. Y debemos cantar en todo momento:

«¿Qué había en nosotros que mereciera la estima
O que produjera deleite en el Creador?
Fue únicamente, Padre, y siempre debemos cantar,
Porque pareció bueno a Tus ojos.»

«Tendré misericordia del que tendré misericordia:» Él salva porque quiere salvar. Y si me preguntaran por qué me ha salvado a mí, sólo puedo decir, porque Él quiso hacerlo. ¿Acaso había algo en mí que me pudiera recomendar ante Dios? No, hago a un lado todo, no había nada recomendable en mí. Cuando Dios me salvó, yo era el más bajo, perdido y arruinado de la raza. Estaba ante Él como un bebé desnudo bañado en mi propia sangre. Verdaderamente, yo era impotente para ayudarme a mí mismo. ¡Oh, cuán miserable me sentía y me reconocía! Si ustedes tenían algo que los hiciera aceptables a Dios, yo nunca lo tuve. Yo estaré contento de ser salvado por gracia, por pura gracia, sin ninguna otra mezcla. Yo no puedo presumir de ningún mérito. Si tú puedes hacerlo, muy bien, yo no puedo. Yo debo cantar:

«Gracia inmerecida únicamente de principio a fin,
Ha ganado mi afecto y mantenido mi alma muy firme.»

III. En tercer lugar, esta elección es ETERNA. «De que Dios os haya escogido desde el principio para salvación. ¿Puede decirme alguien cuándo fue el principio? Hace años creíamos que el principio de este mundo fue cuando Adán fue creado; pero hemos descubierto que miles de años antes de eso, Dios estaba preparando la materia caótica para hacerla una adecuada morada para el hombre, poniendo razas de criaturas sobre la tierra, que murieron y dejaron tras sí las marcas de Su obra y Su maravillosa habilidad, antes de crear al hombre. Pero eso no fue el principio, pues la revelación apunta a un período cuando este mundo fue formado, a los días cuando las estrellas matutinas fueron engendradas; cuando, como gotas de rocío de los dedos de la mañana, las estrellas y las constelaciones cayeron goteando de la mano de Dios; cuando, de Sus propios labios, salió la Palabra que puso en marcha a las pesadas órbitas; cuando con Su propia mano envió a los cometas, que como rayos, vagaron por el cielo, hasta encontrar un día su propia esfera. Regresaremos a edades remotas, cuando los mundos fueron hechos y los sistemas formados, pero ni siquiera nos hemos acercado al principio todavía. Hasta que no hayamos ido al tiempo cuando todo el universo dormía en la mente de Dios y no había nacido todavía, hasta que entremos en la eternidad donde Dios el Creador vivía solo, y todas las cosas dormían dentro de Él, toda la creación descansaba en Su omnipotente pensamiento gigantesco, no habremos todavía adivinado el principio. Podemos caminar hacia atrás, y atrás, y atrás, a lo largo de todas las edades. Podemos volver, si se nos permite usar esas extrañas palabras, a lo largo de eternidades enteras, y sin embargo nunca llegar al principio. Nuestras alas se podrían cansar, nuestra imaginación se podría extinguir; y aunque pudiera superar al rayo que brilla majestuosamente, con poder y velocidad, pronto se cansaría mucho antes de poder alcanzar el principio.

Pero Dios eligió a Su pueblo desde el principio; cuando el intocado éter no había sido sacudido por el aleteo del primer ángel, cuando el espacio no tenía orillas, o más aún, cuando no existía, cuando reinaba el silencio universal, y ni una sola voz ni ningún susurro turbaba la solemnidad del silencio, cuando no había ningún ser, ni movimiento, ni tiempo, ni nada sino sólo Dios, solo en Su eternidad; cuando no se escuchaba el himno de ningún ángel, y no se tenía la asistencia de los querubines, mucho antes que nacieran los seres vivientes, o que las ruedas de la carroza de Jehová fueran formadas, aún antes, «en el principio era el Verbo,» y en el principio el pueblo de Dios era uno con el Verbo, y «en el principio Él los escogió para vida eterna.» Entonces nuestra elección es eterna. No me voy a detener para demostrar esto, solamente paso por estos pensamientos de manera rápida para beneficio de los jóvenes principiantes, para que puedan entender lo que queremos decir por elección eterna y absoluta.

IV. A continuación, la elección es PERSONAL. Aquí también, nuestros oponentes han intentado derribar la elección diciéndonos que es una elección de naciones y no de personas. Pero aquí el apóstol nos dice: «Dios os ha escogido desde el principio.» Decir que Dios no ha elegido a personas sino a naciones es la tergiversación más miserable que se haya hecho sobre la tierra, pues la mismísima objeción que se presenta en contra de la elección de personas, se puede presentar en contra de la elección de una nación. Si no fuera justo elegir a una persona, sería todavía más injusto elegir a una nación, puesto que las naciones no son sino la unión de multitudes de personas, y elegir a una nación parecería todavía un crimen mayor y gigantesco (si la elección fuera un crimen) que elegir a una persona. Ciertamente elegir a diez mil sería considerado algo peor que elegir a uno; distinguir a toda una nación del resto de la humanidad, parece una mayor extravagancia en los actos de la divina soberanía, que elegir a un pobre mortal y pasar por alto a otro.

Pero ¿qué son las naciones sino hombres? ¿Qué son los pueblos enteros sino combinaciones de diferentes unidades? Una nación está constituida por ese individuo, y por ese otro, y por aquél otro. Y si me dices que Dios eligió a los judíos, yo respondo entonces, que Él eligió a este judío, y a ese judío y a aquel judío. Y si tú dices que Él elige a Inglaterra, entonces yo digo que Él elige a este hombre inglés, y a ese hombre inglés y a aquel hombre inglés. Así que después de todo se trata de la misma cosa. Entonces, la elección es personal: así debe ser. Cualquiera que lea este texto, y otros textos similares, verá que la Escritura continuamente habla del pueblo de Dios, considerando a cada individuo, y habla de todos ellos como siendo los sujetos especiales de la elección.

«Hijos somos de Dios por la elección,
Los que creemos en Jesucristo;
Por un designio eterno
Gracia soberana recibimos aquí.»

Sabemos que es una elección personal.

V. El otro pensamiento es (pues mi tiempo vuela muy rápidamente y me impide detenerme sobre estos puntos) que la elección produce BUENOS RESULTADOS. «De que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad.» ¡Cuántos hombres confunden completamente la doctrina de la elección! ¡Y cómo hierve mi alma cuando recuerdo los terribles males que se han acumulado por la perversión y el rechazo de esa gloriosa porción de la verdad gloriosa de Dios! ¡Cuántos no hay por ahí que se han dicho a sí mismos: «yo soy un elegido,» y se han sentado perezosamente, y peor aún han dicho: «yo soy el elegido de Dios,» y con ambas manos han hecho la maldad! Rápidamente han corrido a todo tipo de inmundicia, porque han dicho: «yo soy el hijo escogido de Dios, y por tanto independientemente de mis obras, puedo vivir como se me dé la gana, y hacer lo que yo quiera.» ¡Oh, amados! Permítanme solemnemente advertir a cada uno de ustedes que no lleven esa muy lejos; o más bien, que no conviertan esa verdad en un error, pues no la podemos estirar mucho. Podemos pasar por sobre los límites de la verdad; podemos convertir eso que tenía la intención de ser dulce para nuestro consuelo, en una terrible mezcolanza para nuestra destrucción.

Les digo que ha habido miles de personas que han ido a la ruina por entender de manera equivocada la elección; que han dicho: «Dios me ha elegido para el cielo y para vida eterna;» pero a ellos se les ha olvidado que está escrito que Dios los ha elegido: «mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad.» Esta es la elección de Dios: una elección para santificación y para fe. Dios elige a Su pueblo para que sea santo, y para que sea un pueblo de creyentes. ¿Cuántos de mis lectores son creyentes? ¿Cuántos miembros de mi congregación pueden poner su mano en el corazón y decir: «Yo confío en Dios que he sido santificado?» ¿Hay alguien entre ustedes que pueda decir: «yo soy un elegido» mientras yo pueda recordarle cómo blasfemó la semana pasada?

Uno de ustedes dice: «yo confío ser uno de los elegidos» pero yo le recuerdo acerca de un acto de depravación cometido dentro de los últimos seis días. Alguien más dice: «yo soy un elegido» pero yo puedo mirarle a la cara y decirle: «¡elegido!» ¡tú no eres mas que un maldito hipócrita! Otros dirán: «yo soy elegido» pero yo puedo recordarles que ellos se olvidan del propiciatorio y no oran. ¡Oh, amados hermanos! Nunca piensen que son elegidos a menos que sean santos. Pueden venir a Cristo como pecadores, pero no pueden venir a Cristo como personas elegidas mientas no puedan ver su santidad. No malinterpreten lo que estoy diciendo; no digan «yo soy un elegido,» pensando que pueden vivir en pecado. Eso es imposible. Los elegidos de Dios son santos. No son puros, no son perfectos, no son sin mancha; pero tomando su vida en su conjunto, son personas santas. Son marcados y son distintos de los demás: y ninguna persona tiene el derecho de considerarse elegido excepto en su santidad. Puede ser elegido, y estar todavía en las tinieblas, pero no tiene derecho de creerse elegido; nadie puede verlo, no hay ninguna evidencia. Puede ser que el hombre viva algún día, pero por lo pronto está muerto. Si ustedes caminan en el temor de Dios, tratando de agradarlo y obedeciendo Sus mandamientos, no tengan la menor duda que el nombre de ustedes está escrito en el libro de la vida del Cordero, desde antes de la fundación del mundo.

Y para que esto no resulte muy elevado para ti, considera la otra señal de la elección, que es la fe, «creer la verdad.» Quienquiera que crea la verdad de Dios, y crea en Jesucristo, es un elegido. Con frecuencia me encuentro con pobres almas, que tiemblan y se preocupan en relación a este pensamiento: «¡Cómo, y si yo no soy un elegido!» «Oh, señor,» dicen ellos, «yo sé que he puesto mi confianza en Jesús; sé que creo en Su nombre y confío en Su sangre; pero ¿y si a pesar de eso no soy un elegido?» ¡Pobre criatura querida! No sabes mucho acerca del Evangelio, pues de lo contrario jamás hablarías así, pues todo aquel que cree es elegido. Quienes son elegidos, son elegidos para santificación y fe; y si tú tienes fe, tú eres uno de los elegidos de Dios; puedes saberlo y debes saberlo, pues es una certeza absoluta. Si tú, como un pecador, miras a Jesucristo el día de hoy, y dices:

«Nada en mis manos traigo,
Simplemente a Tu cruz me aferro,»

tú eres un elegido. No tengo miedo que la elección asuste a los pobres santos o a los pecadores. Hay muchos teólogos que le dicen a la persona que pregunta: «la elección no tiene nada que ver contigo.» Eso es muy malo, porque la pobre alma no debe ser callada de esa manera. Si pudieras silenciar esa alma, podría estar bien, pero va a seguir pensando al respecto, y no lo podrá evitar. Díganle más bien: si tú crees en el Señor Jesucristo, tú eres un elegido. Si te abandonas a Él, tú eres un elegido. Yo te digo hoy, (yo, el primero de los pecadores) yo te digo en Su nombre, si vienes a Dios sin ninguna obra de tus manos, entrégate a la sangre y a la justicia de Jesucristo; si quieres venir ahora y confiar en Él, tú eres un elegido: has sido amado por Dios desde antes de la fundación del mundo, pues no podrías haber hecho eso a menos que Dios no te hubiera dado el poder de hacerlo y no te hubiera elegido para que lo hicieras.

Ahora pues eres salvo y estás seguro si sólo vienes y te entregas a Jesucristo, y deseas ser salvo y ser amado por Él. Pero no pienses de ninguna manera que algún hombre puede ser salvo sin fe y sin santidad. No piensen, queridos oyentes, que algún decreto, promulgado en las oscuras edades de la eternidad, va a salvar sus almas, a menos que crean en Cristo. No se queden ahí tranquilos imaginando que ustedes van a ser salvos, sin fe y sin santidad. Esa es la herejía más abominable y maldita, que ha llevado a la ruina a miles de personas. No utilicen la elección como una almohada sobre la que pueden recostarse y dormir, pues eso los llevará a la ruina. Dios no lo quiera que yo les prepare almohadas muy confortables para que ustedes puedan descansar cómodamente en sus pecados. ¡Pecador! No hay nada en la Biblia que pueda atenuar tus pecados. Pero si estás condenado ¡oh, hombre! Si estás perdida ¡oh, mujer! Tú no vas a encontrar en esta Biblia ni una gota que refresque tu lengua, ni una doctrina que disminuya tu culpa; tu condenación será enteramente por tu culpa, y tu pecado será merecidamente recompensado, porque tú crees que no estás condenado. «Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas.» «Y no queréis venir a mí para que tengáis vida.»

No se imaginen que la elección excusa el pecado (no sueñen con eso) ni se arrullen en la dulce complacencia del pensamiento de su irresponsabilidad. Ustedes son responsables. Debemos proclamar ambas cosas. Debemos aceptar la soberanía divina, y debemos reconocer la responsabilidad humana. Debemos aceptar la elección, pero debemos hablar a sus corazones, debemos proclamar la verdad de Dios ante ustedes; debemos hablarles a ustedes, y recordarles esto, que si bien es cierto que está escrito: «En Mí está tu ayuda;» también está escrito: «Te perdiste, oh Israel.»

VI. Ahora, finalmente, cuáles son las verdaderas y legítimas tendencias de un correcto concepto de la doctrina de la elección. Primero, les diré cómo moverá a los santos la doctrina de la elección bajo la bendición de Dios; y en segundo lugar, qué hará por los pecadores si Dios bendice esa doctrina a favor de ellos.

Primero, yo pienso que para un santo es una de las doctrinas más despojadoras de todo el mundo, para quitar toda la confianza en la carne, y toda seguridad en cualquier otra cosa excepto en Jesucristo. Cuán a menudo nos envolvemos en nuestra justicia propia, y nos adornamos con falsas perlas y las piedras preciosas de nuestras propias obras y logros. Comenzamos a decir: «Ahora voy a ser salvo, porque poseo esta evidencia y la otra.» En vez de eso, solamente la fe desnuda salva. Esa fe, y únicamente ella nos une al Cordero sin tomar en cuenta las obras, aunque la fe produce obras. Cuán a menudo nos recargamos en alguna obra, que no es la de nuestro Amado, o confiamos en algún poder que no es el poder que viene de lo alto. Entonces si queremos despojarnos de este falso poder, debemos considerar la elección.

Haz una pausa, alma mía, y considera esto. Dios te ha amado antes de que tuvieras un ser. Dios te amó cuando estabas muerto en tus delitos y pecados, y envió a Su Hijo para que muriera por ti. Él te compró con Su preciosa sangre antes de que pudieras balbucear Su nombre. ¿Acaso, entonces, puedes estar orgulloso?

Repito, no conozco nada, nada, que sea más humillante para nosotros que esta doctrina de la elección. A veces me he postrado ante ella, mientras trato de comprenderla. He abierto mis alas, y como el águila, me he remontado hacia el sol. Mi ojo ha sido firme, y mi ala vigorosa, durante un tiempo; pero, conforme me acercaba a ella, un pensamiento se adueñaba de mí: «Dios os ha escogido desde el principio para salvación,» y me he perdido en su resplandor, he sentido vértigo ante ese poderoso pensamiento y de esa altura que marea se ha desplomado mi alma, postrada y quebrantada, balbuciendo: «Señor, yo no soy nada, soy menos que nada. ¿Por qué yo? ¿Por qué yo?

Queridos amigos, si quieren ser humillados, estudien la elección, pues los hará humildes bajo la influencia del Espíritu de Dios. Aquel que está orgulloso de su elección no es un elegido; y aquel que es humillado por ella, puede creer que es elegido. Tiene todas las razones para creer que lo es, pues es uno de los efectos más benditos de la elección, que nos ayuda a humillarnos ante Dios.

De nuevo. La elección en el cristiano debe hacerlo muy intrépido y muy osado. Nadie será tan intrépido como aquel que cree que es un elegido de Dios. ¿Qué le importan a él los hombres, si es elegido por su Hacedor? ¿Qué le importan los gorjeos despreciables de algunos gorrioncitos cuando sabe que él es un águila de categoría real? ¿Acaso le importará que el mendigo lo señale, cuando corre por sus venas la sangre real del cielo? Si toda la tierra se levanta en armas, él habita en perfecta paz, pues él está en el lugar secreto del tabernáculo del Todopoderoso. «Yo soy de Dios,» afirma, «yo soy diferente a los demás hombres. Ellos son de una raza inferior. ¿Acaso no soy noble? ¿Acaso no soy uno de los aristócratas del cielo? ¿Acaso no está escrito mi nombre en el libro de Dios?» ¿Le preocupa el mundo? De ninguna manera: como el león que no se preocupa por el ladrido del perro, él sonríe frente a sus enemigos; y cuando estos se le acercan demasiado, se mueve y los hace pedazos. ¿Qué le importan sus enemigos? «Se mueve entre sus adversarios como un gigante; mientras los hombrecillos caminan mirándolo hacia arriba sin entenderlo.»

Su rostro es de hierro, su corazón es de pedernal: ¿qué le importan los hombres? Más aun, si una rechifla universal se levantara desde todo el mundo, él se sonreiría de eso, pues diría:

«El que ha hecho de Dios su refugio,
Encontrará su más segura morada.»

«Soy uno de Sus elegidos. Soy escogido de Dios y estimado; y aunque el mundo me aborrezca, no tengo miedo.» ¡Ah! Ustedes que confiesan la fe pero que están con el mundo, algunos de ustedes son tan flexibles como los sauces. Hay pocos cristianos como robles hoy día, que pueden resistir la tormenta; y les diré por qué. Es porque ustedes mismos no creen que son elegidos. El hombre que sabe que es elegido, será demasiado orgulloso para pecar; no se humillará para cometer los actos que hace la gente común. El creyente de esta verdad dirá: «¿Que yo comprometa mis principios? ¿Que yo cambie mi doctrina? ¿Que haga a un lado mis puntos de vista? ¿Que esconda lo que creo que es cierto? ¡No! Puesto que yo sé que soy uno de los elegidos de Dios, aun ante los ataque de los hombres voy a decir la verdad de Dios, sin importarme lo que digan los hombres.» Nada puede hacer a un hombre más osado que sentir que es un elegido de Dios. Quien sabe que ha sido elegido de Dios, no temblará ni tendrá miedo.

Más aún, la elección nos hace santos. Nada puede hacer a un cristiano más santo, bajo la influencia llena de gracia del Espíritu Santo, que el pensamiento que él es elegido. «¿Pecaré yo, dice, sabiendo que Dios me ha elegido a mí? ¿Acaso voy a transgredir después de tanto amor? ¿Acaso me apartaré después de tanta misericordia y tierna bondad? No, mi Dios; puesto que Tú me has elegido, yo te amaré; yo viviré para Ti:

«Ya que Tú, mi Dios eterno,
Te has convertido en mi Padre.»

Yo me voy a entregar a Ti para ser tuyo para siempre, por la elección y por la redención, entregándome a Ti, y consagrándome solemnemente a tu servicio.»

Y ahora, por último, para los inconverso. ¿Qué les dice la elección a ustedes? Primero, ustedes, impíos, los voy a excusar por un momento. Hay muchos de ustedes a quienes no les gusta la elección, y yo no puedo culparlos por ello, pues he escuchado a muchos predicadores predicar sobre la elección, que han terminado diciendo: «No tengo ni una sola palabra que decir al pecador.» Ahora, yo digo que ustedes deben sentir desagrado por una predicación así, y yo no los culpo por eso. Pero, yo digo, tengan ánimo, tengan esperanza, oh ustedes pecadores, porque hay una elección. Lejos de desanimarse y perder la esperanza, es una cosa muy alentadora y llena de gozo que haya una elección. ¿Qué pasaría si yo les dijera que nadie puede ser salvo, que nadie está ordenado para vida eterna? ¿Acaso no temblarían, torciendo sus manos con desesperación, diciendo: «entonces, cómo seremos salvos, si no somos elegidos?»

Pero, yo les digo, que hay una multitud de elegidos, incontables. Todo un ejército que ningún mortal puede contar. Por lo tanto ¡ten ánimo, tú pobre pecador! Desecha tu abatimiento. ¿Acaso no puedes tú ser elegido como cualquier otro? Pues hay innumerables muchedumbres de elegidos. ¡Hay gozo y consuelo para ti! Por tanto no sólo te pido que tengas ánimo, sino que vayas y pruebes al Señor. Recuerda que si no fueras elegido, no perderías nada al hacerlo. ¿Qué dijeron los cuatro leprosos? «Vamos pues ahora, y pasémonos al ejército de los sirios; si ellos nos dieren la vida, viviremos; y si nos dieren la muerte, moriremos.»

¡Oh, pecador! Ven al trono de la misericordia que elige. Puedes morir en este instante. Ve a Dios; y aun suponiendo que Él te rechazara, suponiendo que con Su mano en alto te ordenara que te vayas (algo imposible) aun así no perderías nada con ir; no estarás más condenado por eso. Además, suponiendo que estás condenado, tendrías por lo menos la satisfacción de alzar tus ojos desde el infierno y decir: «Dios, yo te pedí misericordia y Tú no quisiste dármela; la busqué pero Tú rehusaste otorgarla.» ¡Eso nunca lo dirás, oh pecador! Si tú vinieras a Él y le pidieras, tú vas a recibir lo que pides; ¡porque nunca ha rechazado a nadie! Pero aunque hay un número definido de elegidos, sin embargo es cierto que todos los que buscan, pertenecen a ese número.

Debes ir y buscar; y si sucede que tú resultes ser el primero en ir al infierno, diles a los demonios que pereciste de esa manera; diles a los diablos que tú eres uno rechazado, después de haber venido como un pecador culpable a Jesús. Te digo que eso deshonraría al Eterno (con todo respeto a Su nombre) y Él no permitiría que tal cosa sucediera. Él es muy celoso de Su honor y no podría permitir que un pecador dijera algo como eso.

Pero, ¡ah, pobre alma! No basta con que pienses así, que no vas a perder nada si vienes; hay todavía un pensamiento más: ¿amas la elección el día de hoy? ¿Estás dispuesto a admitir su justicia? Dices: «siento que estoy perdido; lo merezco; si mi hermano es salvo yo no puedo murmurar al respecto. Si Dios me destruye, lo merezco; pero si Él salva a la persona que está sentada junto a mí, Él tiene todo el derecho de hacer lo que le plazca con lo suyo, y yo no he perdido nada por eso.» ¿Puedes decir eso con toda honestidad desde lo profundo de tu corazón? Si es así, entonces la doctrina de la elección ha tenido su efecto correcto en tu espíritu, y tú no estás lejos del reino de Dios. Estás siendo traído donde debes estar, donde el Espíritu quiere que estés; y siendo esto así el día de hoy, puedes irte en paz; Dios ha perdonado tus pecados.

No sentirías así si no hubieras sido perdonado; no sentirías así si el Espíritu de Dios no estuviera haciendo Su obra en ti. Entonces, regocíjate en esto. Deja que tu esperanza descanse en la cruz de Cristo. No pienses en la elección, sino en Jesucristo. Descansa en Jesús: Jesús al inicio, en todo momento, y por toda la eternidad.

2/2 – La gracia de Dios en medio de las debilidades

Iglesia Bautista Ozama

Serie: Nuestras Debilidades

2/2 – La gracia de Dios en medio de las debilidades

Otto Sánchez

Rolando Otoniel (Otto) Sánchez Pérez, nació el 24 de febrero del año 1966 en la ciudad de Santo Domingo.

Viene de un hogar cristiano y conoció la gracia de Jesucristo en su adolescencia.

Es pastor de la Iglesia Bautista Ozama desde el año 1992. Sus primeros estudios universitarios fueron en el área de Publicidad. Realizó estudios ministeriales en el Seminario Teológico Bautista Dominicano.

Tiene una Maestría en Teología del Southern Baptist School for Theological Studies y candidato al Phd, por la misma casa académica.

El pastor Otto está dirigiendo el STBD (Seminario Teológico Bautista Dominicano) desde enero del 2008. Está casado con Susana Almanzar y tienen dos niñas, Elizabeth Marie y Alicia.

http://www.ibozama.org