Rolando Otoniel (Otto) Sánchez Pérez, nació el 24 de febrero del año 1966 en la ciudad de Santo Domingo.
Viene de un hogar cristiano y conoció la gracia de Jesucristo en su adolescencia.
Es pastor de la Iglesia Bautista Ozama desde el año 1992. Sus primeros estudios universitarios fueron en el área de Publicidad. Realizó estudios ministeriales en el Seminario Teológico Bautista Dominicano.
Tiene una Maestría en Teología del Southern Baptist School for Theological Studies y candidato al Phd, por la misma casa académica.
El pastor Otto está dirigiendo el STBD (Seminario Teológico Bautista Dominicano) desde enero del 2008. Está casado con Susana Almanzar y tienen dos niñas, Elizabeth Marie y Alicia.
Habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.
Romanos 8:15-16
El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.
Romanos 5:5
El Espíritu Santo en el creyente
– ¿Por qué los cristianos pueden orar a Dios con confianza y gozo? Porque al creer recibieron “el Espíritu de adopción” en su corazón. Este los conduce a orar a Dios como al Padre que los ama y que los ha adoptado. El Espíritu les da la convicción interior de que son hijos de Dios. ¡Qué felicidad saberlo!
– ¿Por qué el creyente se entristece al ver sufrir la naturaleza? Es el Espíritu que obra en él y le muestra que este mundo está dominado por el mal… pero no para siempre. En el momento determinado por Dios, el Señor reinará sobre la tierra y liberará del pecado a los hombres y a la naturaleza. Mientras tanto, el Espíritu ayuda a los creyentes e intercede por ellos según el pensamiento de Dios (Romanos 8:27).
– ¿Por qué dirigimos nuestros pensamientos hacia el cielo? El Espíritu nos revela las glorias del Señor que está en el cielo. Jesús dijo respecto al Espíritu Santo: “Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Juan 16:14). Qué gozo cuando el Espíritu nos hace comprender la Biblia y nos presenta a Jesús quien, después de su muerte en la cruz, vive y está glorificado en el cielo. Ya, desde la tierra, celebramos su victoria sobre el pecado y la muerte.
– ¿Por qué somos ricos en esperanza? Pertenecemos al Señor y, como prueba, hemos sido “sellados con el Espíritu Santo” (Efesios 1:13-14). Ese sello del Espíritu atestigua que somos del Señor, nada podrá separarnos de su amor, y pronto nos llevará junto a él.
Cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.
(Santiago 1:14)
La tentación no viene de Dios, sino de adentro. El vocablo tentado se empleaba en contextos de cacería para describir animales que se atraen a las trampas, y se emplea seducido para describir pescar con una carnada. Toda persona es tentada cuando la trampa del pecado tiene una carnada que apela a su lujuria. La lujuria de una persona que responde a la seducción de la trampa la atrae engañosamente hasta el punto que es atrapada.
¿Qué nos impulsa tanto hacia la carnada? No es Dios. Y tampoco lo son Satanás, ni sus demonios, ni el sistema malvado del mundo el que nos seduce para que mordamos el anzuelo. Es nuestra naturaleza lujuriosa la que nos impulsa a morderlo. Nuestra carne, nuestra naturaleza caída, tiene un deseo de lo malo.
Desde una perspectiva espiritual, el problema es que, aunque hemos sido redimidos y hemos recibido una nueva naturaleza, tenemos todavía un enemigo dentro. La pasión interior de la carne, no Dios, es la culpable de que seamos tentados a pecar.
“Pensemos con el Dr. Ravi Zacharias” es una producción de RZIM y es un excelente recurso para los cristianos que anhelan entender la fe y testificar con inteligencia.
CASIODORO DE REINA: Pastor, erudito y TRADUCTOR de la Biblia al español
Casiodoro de Reina nació en Montemolín, España en 1520. Siendo muy joven ingresó como monje en el monasterio de San Isidro del Campo en Sevilla, que pertenecía a la Orden de los Jerónimos.
La lectura de la Biblia y de libros luteranos le llevó a él y a otros monjes, entre ellos Cipriano de Valera, a abrazar las ideas de la Reforma Protestante que se estaban propagando por toda Europa.
Pero la Inquisición fue alertada sobre estos monjes rebeldes, así que en 1557, Casiodoro y doce frailes más tuvieron que darse prisa para abandonar España.
No se sabe el medio de transporte ni la ruta, pero lograron llegar a la Ginebra de Calvino, en la que se refugiaban gran parte de los protestante que huían de la persecución. Sin embargo Casiodoro pronto se dió cuenta de que no quería quedarse allí mucho tiempo, debido a sus diferencias con Calvino.
En 1559 decide dejar Ginebra y marcharse a Frankfort, uniéndose allí a una iglesia de habla francesa.
Sin embargo, cuando Elizabeth I asciende al trono de Inglaterra, Casiodoro decide mudarse a Londres. Allí se encontró con otros que huían de la persecución en España. La Corona le permitió el uso de una iglesia. Así Casiodoro dirigió una congregación reformada española en Londres. En esos años, gozando de una relativa tranquilidad, pudo dedicarse a sus labores pastorales y al inicio de su proyecto más importante: la traducción de la Biblia al castellano.
Pero, pese a los años transcurridos desde su salida de España, la Inquisición le seguía los pasos mediante agentes que informaban de cada actividad que realizaba. Por otra parte, sus hermanos protestantes no estaban muy satisfechos con su pensamiento abierto y tolerante.
En 1563 fue acusado del delito de sodomía. Los acusadores hicieron correr la versión de que Reina había mantenido relaciones sexuales con un hombre antes de su matrimonio. Sospechando del complot en su contra, Casiodoro huyó de Inglaterra en 1564.
Así pues, Reina, acechado en todas partes por los seguidores de la Inquisición y sospechoso de herejía o de peores cosas, vagó durante más de tres años entre Frankfurt, Heidelberg, el sur de Francia, Basilea y Estrasburgo buscando un lugar donde establecerse como pastor en alguna iglesia o como simple artesano, y poder dar así término a la traducción de la Biblia.
Pero antes de asumir cualquier cargo como pastor, Reina debía solucionar el escándalo que había provocado su huida de Londres. Confiado en su inocencia marchó a Londres para someterse a un nuevo juicio. Finalmente se demostró su inocencia, además de salir a la luz un plan de las autoridades de la Inquisición para desacreditarlo.
La injusta persecución de la que fue objeto, no lo detuvo para entregarse en cuerpo y alma a la traducción de la Biblia al castellano.
Después de conseguir financiamiento para el proyecto, continuó la traducción.
Casiodoro de Reina no usó la Vulgata Latina como fuente, que era lo más común para estas traducciones. Para el Antiguo Testamento usó como base el texto masorético hebreo y para la traducción del Nuevo Testamento, Reina se basó en el Textus Receptus, el texto griego editado y publicado por Erasmo de Róterdam, el mismo que usó Lutero en la traducción de la Biblia al alemán.
No fue una tarea fácil. Durante el transcurso de doce años, tuvo que afrontar grandes retos. Reina enfermó gravemente al punto de estar en cama durante casi cinco semanas, el impresor original falleció dejando el trabajo inconcluso y la Iglesia Católica Romana le amenazaba constantemente haciendo todo lo posible para que ese temido libro no entrara en España.
Pero a pesar de estos inconvenientes, el 24 de Junio de 1569 la obra culminó con la impresión de 2,600 ejemplares. La llamaron “La Biblia del Oso.” Llamada así por la ilustración en su portada de un oso que intenta alcanzar un panal de miel colgado de un árbol.
En el año 1585, las tropas españolas tomaron la ciudad de Amberes y obligaron a los protestantes a abandonar la ciudad. Ante tal situación, Reina viajó a Frankfurt, pero allí no se le concedió el permiso para ejercer como pastor y, por tanto, se vio obligado a trabajar comerciando con telas y sedas.
En 1593 fue oficialmente nombrado pastor de la iglesia de Frankfurt. Pero su labor pastoral no duraría mucho tiempo puesto que ocho meses más tarde, en marzo de 1594, falleció.
En la historia de la Biblia, Dios es representado como un anfitrión generoso que satisface las necesidades de sus invitados. Sin embargo, los humanos viven con una mentalidad de escasez y, por eso acaparan los abundantes regalos de Dios. En este video exploraremos el plan de Dios para superar nuestro egoísmo, que es dar el sumo regalo de si mismo, en la persona de Jesús.
La oveja perdida – La moneda de plata perdida – El hijo perdido
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Una espléndida obra que no debe faltar, ni dejar de ver.
“SEÑOR, no me reprendas en tu enojo ni me castigues en tu ira. Porque tus flechas me han atravesado, y sobre mí ha caído tu mano. Por causa de tu indignación no hay nada sano en mi cuerpo; por causa de mi pecado mis huesos no hallan descanso. Mis maldades me abruman, son una carga demasiado pesada. Por causa de mi insensatez mis llagas hieden y supuran.” (Salmo 38:1–4) (NVI)
¿Alguna vez te sentiste tan mal que pensaste que las flechas de Dios te atravesaban? ¿Concebiste tu situación como un castigo divino? Quien escribe este Salmo estaba en una situación agobiante. Sufría físicamente una enfermedad muy dolorosa, lo habían abandonado familiares y amigos, y sus enemigos maquinaban contra él. Por eso siente que la mano de Dios ha caído sobre él, y decide presentar su causa en oración como un lamento:
“Estoy agobiado, del todo abatido; todo el día ando acongojado. Estoy ardiendo de fiebre; no hay nada sano en mi cuerpo. Me siento débil, completamente deshecho; mi corazón gime angustiado.” Enfermedad, dolor, soledad, abandono y temor ¡Qué situación más desesperante! ¿Te identificas con él? Si es posible que lo hagas en el dolor, sería hermoso que también lo hicieras en su oración.
Muchas veces el dolor y la enfermedad nos llevan a una evaluación personal. Teológicamente este Salmo plantea la posibilidad que algunas enfermedades además de ser un problema físico y clínico, pueden tener un componente espiritual. En la sociedad israelita las personas hacían este tipo de plegarias para pedir la misericordia divina. Parece ser que el salmista asocia el origen de su enfermedad a su condición espiritual, a un pecado del cual debe arrepentirse y confesar.
Hace poco conversé con una mujer que estaba sufriendo una enfermedad crónica. Un cuadro de hipertensión aparentemente inexplicable la oprimía y estaba cayendo en depresión. Cuando evaluamos su vida, tenía motivos poderosos que causaban grandes preocupaciones, como consecuencias de decisiones erradas. ¡Por eso estaba enferma! Mientras no resolviera sus problemas o aprendiera a confiar en Dios, posiblemente la presión arterial seguiría alterada. Sin embargo, debemos aclarar que no todas las enfermedades son una respuesta divina, ni un juicio por el pecado. La totalidad de la Biblia no enseña esto.
Frente a las crisis de la vida el salmista nos enseña a apelar a la misericordia divina. Está enfermo, solo y angustiado pero clama, espera y confía en que Dios tiene la capacidad de responderle y lo que empieza como un llanto y un clamor termina siendo una afirmación de fe y esperanza: “Ante ti, Señor, están todos mis deseos; no te son un secreto mis anhelos.” “Yo, SEÑOR, espero en ti; tú, Señor y Dios mío, serás quien responda.”151 “SEÑOR, no me abandones; Dios mío, no te alejes de mí. Señor de mi salvación, ¡ven pronto en mi ayuda!”
Oración: Señor gracias porque en medio de cualquier circunstancia oscura puedo apelar a tu misericordia y tú nunca me abandonas. Amén.
De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 77). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.