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Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

Clamor y Arrepentimiento

Isha – Salmos

DÍA 62 – Salmo 38

Dosis: Fe y Esperanza

Clamor y Arrepentimiento

“SEÑOR, no me reprendas en tu enojo ni me castigues en tu ira. Porque tus flechas me han atravesado, y sobre mí ha caído tu mano. Por causa de tu indignación no hay nada sano en mi cuerpo; por causa de mi pecado mis huesos no hallan descanso. Mis maldades me abruman, son una carga demasiado pesada. Por causa de mi insensatez mis llagas hieden y supuran.” (Salmo 38:1–4) (NVI)

¿Alguna vez te sentiste tan mal que pensaste que las flechas de Dios te atravesaban? ¿Concebiste tu situación como un castigo divino? Quien escribe este Salmo estaba en una situación agobiante. Sufría físicamente una enfermedad muy dolorosa, lo habían abandonado familiares y amigos, y sus enemigos maquinaban contra él. Por eso siente que la mano de Dios ha caído sobre él, y decide presentar su causa en oración como un lamento:

“Estoy agobiado, del todo abatido; todo el día ando acongojado. Estoy ardiendo de fiebre; no hay nada sano en mi cuerpo. Me siento débil, completamente deshecho; mi corazón gime angustiado.” Enfermedad, dolor, soledad, abandono y temor ¡Qué situación más desesperante! ¿Te identificas con él? Si es posible que lo hagas en el dolor, sería hermoso que también lo hicieras en su oración.

Muchas veces el dolor y la enfermedad nos llevan a una evaluación personal. Teológicamente este Salmo plantea la posibilidad que algunas enfermedades además de ser un problema físico y clínico, pueden tener un componente espiritual. En la sociedad israelita las personas hacían este tipo de plegarias para pedir la misericordia divina. Parece ser que el salmista asocia el origen de su enfermedad a su condición espiritual, a un pecado del cual debe arrepentirse y confesar.

Hace poco conversé con una mujer que estaba sufriendo una enfermedad crónica. Un cuadro de hipertensión aparentemente inexplicable la oprimía y estaba cayendo en depresión. Cuando evaluamos su vida, tenía motivos poderosos que causaban grandes preocupaciones, como consecuencias de decisiones erradas. ¡Por eso estaba enferma! Mientras no resolviera sus problemas o aprendiera a confiar en Dios, posiblemente la presión arterial seguiría alterada. Sin embargo, debemos aclarar que no todas las enfermedades son una respuesta divina, ni un juicio por el pecado. La totalidad de la Biblia no enseña esto.

Frente a las crisis de la vida el salmista nos enseña a apelar a la misericordia divina. Está enfermo, solo y angustiado pero clama, espera y confía en que Dios tiene la capacidad de responderle y lo que empieza como un llanto y un clamor termina siendo una afirmación de fe y esperanza: “Ante ti, Señor, están todos mis deseos; no te son un secreto mis anhelos.” “Yo, SEÑOR, espero en ti; tú, Señor y Dios mío, serás quien responda.”151 “SEÑOR, no me abandones; Dios mío, no te alejes de mí. Señor de mi salvación, ¡ven pronto en mi ayuda!”

Oración: Señor gracias porque en medio de cualquier circunstancia oscura puedo apelar a tu misericordia y tú nunca me abandonas. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 77). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

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