Conferencias Expositores 2019 – Justicia Social

Conferencia Expositores

2019

Sesión 7

“Preguntas Y Respuestas”

La conferencia Expositores existe para fortalecer a la iglesia local a través de la capacitación de sus líderes. Hemos diseñado una conferencia anual que se realiza en Los Angeles, California en el campus de Grace Community Church. Esta conferencia está dirigida a hombres, pero las mujeres también están bienvenidas.

http://www.conferenciaexpositores.org

¿QUÉ HAY EN SU CORAZÓN?

Octubre 4

¿QUÉ HAY EN SU CORAZÓN?

Dios lo dejó [al rey Ezequías], para probarle, para hacer conocer todo lo que estaba en su corazón.

2 Crónicas 32:31

Dios no necesitaba probar a Ezequías para saber lo que había en su corazón. Dios ya lo sabía por su omnisciencia. Pero Él nos prueba para que podamos averiguarlo. Nos ayuda a hacer un recuento espiritual acerca de nosotros mismos al traer pruebas a nuestra vida a fin de demostrar la fortaleza o la debilidad de nuestra fe. Si en la actualidad está pasando por una prueba y se enoja con Dios preguntándose por qué le sucede eso, esa es una buena señal de que tiene una fe débil. Si, por otra parte, está descansando y regocijándose en el Señor, habiendo puesto la prueba en sus manos, entonces tiene una fe fuerte.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

2/9 – La fuerza por medio de la autoridad

El Amor que Vale

Serie: El increíble poder de la autoridad de Dios

2/9 – La fuerza por medio de la autoridad

Adrian Rogers

El Dr. Adrián Rogers es un predicador, evangelista y maestro de Biblia. Presenta las Buenas Nuevas de Jesucristo con firme convicción a través de su ministerio de radio y televisión, EL AMOR QUE VALE.

Más acerca del Dr. Adrián Rogers:

http://www.lwf.org/eaqv

Episodio 4 – Qué debe pensar un cristiano sobre el socialismo?

Soldados de Jesucristo

John Piper Responde

¿Qué debe pensar un cristiano sobre el socialismo?

Episodio 4

SOBRE NOSOTROS

Es el podcast Ask Pastor John en Español, en la voz de Nathan Díaz. Disponible también en videos.

Nuestra misión es predicar el Evangelio de la gracia de Dios en Jesucristo por todos los medios online, a todo el mundo.

La creación: El acto de apertura

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

La creación: El acto de apertura

R.C.Sproul

Mientras venía de camino en mi auto encendí la radio y empecé a escuchar uno de esos programas de noticias muy conocidos y que uno reconoce porque más o menos todos tienen el mismo formato. El narrador empieza su reporte diciendo, “Estos son los titulares” y después de leer los más importantes, viene una breve pausa para luego decir, “Ahora el desarrollo de las noticias”. Esa es la estructura de cómo se dan las noticias.

Bueno, cuando miramos un drama, tal como lo haremos hoy mientras estudiamos el drama de la redención, y pensamos en las producciones dramáticas del teatro, sabemos que están usualmente estructuradas de acuerdo a actos y conforme a escenas. Habrá un Acto Uno, Escena Uno, Escena dos y así sucesivamente. Muchas obras tienen tres actos. Y si miramos el Drama de la Redención, veremos que hay ciertas etapas que toman lugar, y podría decirse que, en la elaboración de esta redención, el Acto Uno sería la narración bíblica de la creación.

Vemos que el Acto Uno establece la escena para todo lo que se desarrollará en el drama; y una de las cosas extraordinarias es, creo yo, la total magnitud del tamaño de la Escritura—¡66 libros compilados en un solo libro!

De hecho, la Biblia no es solo un libro, es una biblioteca. Son 66 libros puestos juntos, y cuando empezamos con la página uno del Acto Uno, la primera declaración del Antiguo Testamento es, ¿qué?: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. De tal forma que en la primera página oímos acerca de la creación del universo. Y luego oímos de la creación de los seres humanos, y todas esas obras de creación son relatadas para nosotros en los primeros dos capítulos de la Biblia.

El capítulo tres del Génesis nos entrega el Acto Dos, el registro de la caída de la humanidad y la caída de toda la creación. Y todo lo que aparece desde Génesis tres hasta el final del Apocalipsis es acerca de la redención.

¿No es esto increíble? ¿Que solo dos capítulos son para la creación, uno a la caída, y el resto de la Escritura está dedicado al Señor revelándonos el Drama de la Redención?

Bueno, cuando observamos la creación de Adán y Eva, su situación en el paraíso, lo observamos en términos del pacto.

El de ahora no es el pacto que existe entre los miembros de la Divinidad, el que ya hemos examinado—el pacto de la redención—sino que ahora hay una relación de pacto entre el creador y la criatura—entre Dios y Adán y Eva.

Es importante que entendamos que, en este pacto particular, las partes del acuerdo no son iguales. Estamos familiarizados con los pactos en la sociedad. Quizás el más familiar sea el pacto matrimonial en donde dos personas van juntas delante de Dios para hacer promesas solemnes, hacer un juramento sagrado en los votos y ponerse de acuerdo en los términos de su relación.

Ellos prometen que van a hacer cosas por y para ellos juntos que serán de beneficio mutuo. Esa es la estructura de pacto matrimonial. Entonces se presume que tenemos dos partes iguales compartiendo en ese pacto o en ese contrato.

Ahora, cuando uno tiene delante contratos industriales entre una compañía y sus empleados, hay una persona que es el superintendente y hay otra persona que es el empleado. Ahora, este contrato involucra obligaciones y promesas de ambos lados, pero no se trata de partes iguales.

El empleado no puede despedir a la compañía, pero la compañía puede despedir al empleado. Entonces no todo es igual en este tipo de relación de pacto. Y digo esto por la siguiente razón: Cuando Dios hace un pacto con sus criaturas, este no es un pacto entre partes iguales.

Hay un soberano en esta relación, y hay un subordinado en esta relación, y obviamente es Dios quién es soberano. Y el Señor no está requerido a entrar en ninguna clase de acuerdo con nosotros. Cuando crea a sus criaturas, Él no le debe a esas criaturas nada. Sin embargo, sí se involucra en la creación de pactos, y esa es la relación que nosotros llamamos en teología una Relación de Pacto—una relación basada en un acuerdo de pacto con promesas y bendiciones que surgen del mismo pacto.

Entonces, cuando Dios crea a Adán y Eva los pone en el Jardín del Edén, les da bendiciones producto de su gracia. Ellos no merecen nada. En primer lugar, ellos no se han ganado el derecho a existir. No se han ganado el derecho a la vida, o aun la continuidad de su existencia.

Dios pudo haberlos creado, los hubiera disfrutado por cinco minutos y luego destruirlos si así lo hubiera querido. Pero, en vez de eso, producto de su benevolencia, de su bondad, Él se inclinó o condescendió para hacer un pacto con sus criaturas.

Ahora, la pregunta es, ¿Cómo es que llamaremos a ese pacto? Bueno, ha sido llamado de diferentes maneras, y quisiera tomar unos pocos minutos hoy para ver las diferentes formas en las que este arreglo, o esta relación que Dios estableció con sus criaturas, fue estructurado.

Algunos se refieren al pacto que Dios hizo con Adán y Eva como el “Pacto de la Creación” y éste se refiere a las reglas, las promesas y todas aquellas cosas que Dios le dio a la humanidad antes de que hubiera una caída. Antes de que el pecado entrase en el mundo, ya hubo una ley. Ya hubo un mandamiento. Cuando Dios creó a Adán y Eva, les dio mandamientos. Les dijo a ellos, “Fructificad y multiplicaos”. Él los puso en el Jardín del Edén, pero no simplemente para que lo disfruten.

Él les dio una tarea para que participen en el mantenimiento de lo que Dios ha hecho. Él les ordena a Adán y Eva que disfruten del Jardín y de los frutos del huerto. “De todo árbol del huerto podrás comer”, les dijo. Él les dio las bendiciones de la vida, de la nutrición y del sustento, pero también les dio responsabilidad—no solo la responsabilidad de ser fructíferos, procrear, multiplicarse—les dio la responsabilidad de nombrar los animales, lo cual, en términos sencillos, es el nacimiento de la ciencia. Es el nacimiento de la clasificación de los objetos en el mundo físico, que es justamente de lo que trata la ciencia.

Pero no es solo esto. Les da la responsabilidad del cuidado del Huerto. Les dice que ellos deben guardar el jardín y reponer el huerto. Por eso es que entendemos que, en la creación, Dios le da a la humanidad una tarea por realizar.
Algunos de nosotros tendemos a pensar que el trabajo es la maldición de la Caída.

Veremos más adelante la maldición de la Caída, pero el trabajo no es parte de esa maldición. Cómo es que nuestro trabajo se desarrolla después de la Caída sí es parte de la maldición. Se hará con fatiga, la tierra opondrá cierta resistencia y tendremos que lidiar con las espinas y los abrojos y todo lo demás,

pero la misma realidad del trabajo mismo no es una maldición. Esta desarrollado en la creación. Dios creó a esas personas y les dio un trabajo por hacer porque Dios mismo es un Dios trabajador. Seis días trabajó Dios para crear todas las cosas que existen y luego santificó el séptimo—lo santificó, lo bendijo.

Y por inferencia, nuestra tarea es reproducir y reflejar el carácter laboral de Dios. Somos seres creados para trabajar. También fuimos creados para descansar. Fuimos creados para reanimarnos y también fuimos creados para la santidad—para reproducir y reflejar a ese Dios que es santo, quién trabaja y quién descansa.

Pero en estas tareas que Dios nos entrega, hay promesas de vida. Él establece en su Jardín un árbol que no debía ser tocado, que es llamado el árbol de la ciencia del bien y del mal y también hay un árbol de la vida, del que oímos de forma esporádica en las Escrituras.

Ahora, con el fin de que el ser humano alcance la vida eterna—él no la tiene en el jardín. Él es creado con la capacidad de morir. No somos por naturaleza o de forma intrínseca inmortales. Ahora, la Escritura deja en claro que Adán y Eva no morirían a menos que pecaran, pero para que ellos alcancen la bendición de la eterna comunión con Dios, primero deberían manifestar obediencia antes que ellos siquiera puedan saborear al árbol de la vida.

Y así, muchos de los eruditos bíblicos ven el drama de lo que está pasando en el paraíso como el drama del período de prueba, que fuimos creados a la imagen de Dios, pero que fuimos puestos a prueba. Hubo una examinación. Teníamos obligaciones que estábamos llamados a obedecer y promesas de bendiciones si en realidad las obedecíamos.

Ahora, a eso le llamamos, como dije, el “pacto de la creación”, y es importante que entendamos que el pacto de la creación es el pacto que no solo fue hecho entre Dios y dos personas—Adán y Eva—sino que con este pacto que Dios hizo con Adán y Eva, Él está haciendo un pacto con todos los seres humanos.

El pacto es con Adán y Eva y con todos sus descendientes. Entonces, cuando hablamos de este pacto, decimos que no es solo un pacto que Dios simplemente hizo con los judíos o que Dios hace con los cristianos. Es un pacto que Dios hace con man qua man—con todos los seres humanos.

Ahora, ¿Por qué es importante para nosotros recordar esto? Bueno, ten en mente que, si cada persona humana está en una relación de pacto con Dios, esto significa que no hay salida para nosotros. Si una persona no cree en Dios, eso no lo libera de la obligación de obedecer los términos del pacto de la creación.

Estamos en el pacto de la creación en virtud de ser descendientes de Adán y Eva. Todos los seres humanos están en una relación de pacto con Dios. La única diferencia es que algunos somos guardadores del pacto y otros somos quebrantadores del pacto, y todos nosotros hemos quebrantado el pacto.

Lo que estoy diciendo es que estamos siempre en una relación de pacto con Dios—todos nosotros—y que estamos allí ya sea en una relación positiva o negativa, porque si rompemos y violamos los términos del contrato que tenemos con nuestro creador, esto no anula el contrato.

He dicho todo esto para decir que esto simplemente significa que cada ser humano es responsable delante de Dios por su vida. Podrías decir, “Yo escogí el salirme de esa relación”. No puedes. Serás contado como responsable. Estás en una relación con Dios.

La única pregunta es la siguiente, ¿Es una relación de distanciamiento o es una relación de redención? Allí radica el conflicto en el drama. Ahora, hay un gran argumento en teología acerca de cómo es que también llamaremos al pacto de la creación.

Algunas veces nos referimos al pacto de creación como el pacto de obras y distinguimos la idea de un pacto de obras de un pacto de gracia. Ahora, tal distinción es significativa y tiene sentido, pero tenemos que ser muy, muy cuidadosos con eso, y algunos protestan diciendo: “No deberíamos hablar de un pacto de obras en absoluto”.

Lo que se trata de decir con un pacto de obras es que los términos de las promesas y las bendiciones de este pacto están directamente basados en nuestro comportamiento—ya sea que obedezcamos o no a Dios.

Y cuando observas la historia del Génesis y ves el ambiente y la relación entre Dios y Adán, Él dice, cuando Dios lo dice negativamente, que no están autorizados a tocar el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal—Él dice, “… porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”.

Entonces Dios está diciendo, ya sea que vivas o que mueras, ya sea que seas maldito o que seas bendecido, todo depende de ¿qué? De tu comportamiento—de tu obediencia o de tu desobediencia. Esto es que el ser humano será juzgado por sus obras de acuerdo al pacto de obras.

Pero aquellos que objetan esa designación dicen, “Pero RC, aun el pacto tiene gracia” y ellos tienen razón porque, como he dicho antes, Dios no está bajo ninguna obligación de entrar en un pacto o en un acuerdo con sus criaturas. La misma prueba que ofrece una promesa de bendición viene de la misericordia y asentimiento de Dios.

Parte del problema que tenemos es que queremos hacer una absoluta distinción entre la ley de Dios y la gracia de Dios, y nos olvidamos que aun la ley de Dios es una expresión de su gracia porque el contexto en el cual Dios da su ley a la humanidad es en el contexto de ese pacto, compromiso o acuerdo.

Pero simplemente lo que se quiere establecer con la distinción entre pacto de obras y pacto de gracia es esto:
Que Dios en su gracia hizo un acuerdo con una promesa de bendiciones si las obras fueran realizadas, pero todavía se requieren obras. Todavía se requiere una obediencia que Adán y Eva fallaron en cumplir, y por eso fracasaron en su prueba. Ellos no pasaron el examen.

Hoy no hay manera en que ellos pudieran, de algún modo, por sus obras, ganarse las bendiciones prometidas. Que Dios no destruyó sus criaturas después de la caída en el paraíso, y el hecho que Dios continúa trabajando por la redención de personas, manifiesta de forma dramática su gracia, y así la distinción entre el pacto de obras y el pacto de gracia es este: el pacto de obras se refiere al nivel inicial de acuerdo entre Dios y Adán y Eva. Este se basa en obras.

Cuando el ser humano fracasó en tal pacto, todo el resto de la historia redentiva es una redención que es prometida por Dios a su pueblo, pero no sobre la base de su desempeño, sino sobre la base de su pacto de gracia—esto es, después que pecamos, cuando Dios nos manda ser perfectos, ¿qué podemos hacer para compensar tal imperfección?

Somos como Lady Macbeth. Nos lavamos las manos para quitarles las manchas de sangre y gritamos, “¡Fuera, fuera mancha maldita!” Pero no hemos sido capaces de encontrar un detergente que sea lo suficientemente fuerte para limpiar tal pecado.

Esto es fácil, ¿no es cierto? Si se nos ha mandado ser perfectos y pecamos una vez, de allí en adelante es imposible ser perfecto porque una criatura perfecta no tiene pecados. Podríamos tener esos pecados perdonados, olvidados y no castigados, pero eso no significa que no sucedieron. Algunos de nosotros estamos seducidos por la idea de que Dios clasifica sobre una curva, y después de todo, nadie es perfecto.

¿Cuántas veces has oído la expresión, “Todos tienen derecho a equivocarse”? Bueno, Dios no le da derecho a nadie, y eso incluye a todos, a cometer algún error. Pero, por el bien de la discusión le diré a los que dicen, “Todos tienen derecho a equivocarse” que, “Dios no te da derecho a un error, pero está bien, si ya tuviste uno, ¿hace cuánto que ya usaste el tuyo?”

Y hace mucho que pasamos el primer error, por lo que no hay manera de que podamos tener una relación con un Dios santo que es absolutamente justo y que requiere perfección de sus criaturas. La única manera en la que es factible tener relación con Dios como esa es por gracia.

Esa es la razón por la que la historia de la redención y el drama de la redención es un drama cuyo tema recurrente es la gracia. Gracia, gracia. El concepto de gracia es fácil de articular. Es fácil de definir, es fácil de entender, pero es el concepto más difícil de incorporar en el torrente sanguíneo para un ser humano caído.

El entender que no podemos, en y para nosotros mismos, cumplir el pacto de obras. El pacto de obras fue cumplido, sí, pero no por Adán y no por mí y no por ti, sino por el nuevo Adán, el segundo Adán, quién para nosotros, seres humanos, y por nuestra salvación se sujetó a sí mismo a los términos de tal pacto y lo cumplió perfectamente en nuestro nombre.
Hoy, mientras consideramos este concepto del pacto de creación, quisiera que entendamos que toda la creación en la que vivimos es gobernada por Dios.

Algunas veces hablamos de las leyes de la naturaleza como si esas leyes fueran algún tipo de fuerza abstracta—fuerzas o una legislación que existe completamente fuera de Dios. Todas las leyes de la naturaleza no son creadas por la madre naturaleza porque no hay una madre naturaleza. Esas son simplemente las reglas o los métodos con los cuáles Dios sostiene su universo.

Las leyes de la naturaleza son las leyes de Dios, pero no solo Dios implanta leyes físicas por las cuales la naturaleza debe comportarse—las leyes de la gravedad que hace que la piedra caiga cuando uno la suelta—sino que también da leyes morales a su creación—a ti y a mí—y nadie es autónomo, como si no hubiera leyes sobre ellos.

Podemos rebelarnos contra el dador de la ley, podemos rebelarnos contra el creador, podemos despreciar al creador, podemos negar al creador, pero no podremos escapar del creador. Y tú estás ahora mismo, donde quiera que estés o quién sea que fueres, en relación con Dios. Y en tal relación, esa relación está definida por Sus leyes, no por tus preferencias o por tus deseos o por tu voluntad; y una vez más, el único tema es la naturaleza de tu relación.

¿Es de distanciamiento, o es de reconciliación? El drama de la redención es el drama de Dios reconciliando personas que han roto su ley y que están alejados de Él debido a eso.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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1/3 -Dios te ama como a un hijo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Abrazando a Dios como Padre

1/3 -Dios te ama como a un hijo

Nancy Leigh DeMoss

Leslie Basham:  Mary Kassian dice que tú puedes aceptar a Dios como tu Padre sin importar cuánto daño te haya causado tu padre terrenal.

Mary Kassian: Padre no es una palabra abstracta. Y qué trágico, tonto y arrogante de nuestra parte es alejarse de este nombre debido a que algunos hombres han sido un mal ejemplo de lo que es la paternidad.

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: Parece que en todas las lenguas y en todas las culturas la primera palabra que cada pequeño  aprende a decir es la palabra “papá” o “papi”. Lo mismo ocurre en la familia de Dios “papá”.  De hecho, Jesús nos enseña que cuando oremos debemos decir: “Padre nuestro”. Ahora, sé que para algunas mujeres este concepto de dirigirse a Dios como Padre es más fácil que para otras.

Hay algunas mujeres a quienes les resulta muy difícil pensar en Dios como su Padre, tal vez a causa del desafío o el resquebrajamiento que han tenido en su relación con su padre terrenal. Esta semana quiero que escuches un mensaje de Mary Kassian, quien es una muy querida amiga mía y no es ajena a Aviva Nuestros Corazones. Dios le ha dado a Mary conocimientos importantes  de las Escrituras acerca de la forma en que las mujeres podemos relacionarnos con Dios como Padre.

Cuando escuché por primera vez este mensaje, yo sabía que iba a tocar las fibras sensibles y  tiernas de los corazones de muchas mujeres, porque todas queremos saber cómo podemos tener una relación íntima con nuestro Padre Celestial, sin importar qué clase de padre terrenal  pudiéramos haber tenido.

Mary y yo hemos escrito un libro titulado “Mujer Verdadera 101: Diseño Divino”. Mary también nos acompañó en la Conferencia de La Mujer Verdadera en el pasado mes de septiembre  los días del 20-22 en Indianápolis. Al final del programa de hoy, vamos a darte más información sobre cómo puedes ser parte de este movimiento tan especial. Ahora vamos a escuchar como Mary Kassian nos ayuda a aceptar a Dios como un asombroso Padre Celestial.

Mary: Esta noche el cuarenta por ciento de los niños en Estados Unidos y América del Norte se van a ir a dormir en  hogares en los que sus padres no viven. Cuarenta por ciento. Ahora bien, ¿todos los niños necesitan un padre? Cada vez más, la respuesta de nuestra sociedad a esa pregunta es “no” o “no necesariamente”. Pero la respuesta bíblica a esta pregunta es un rotundo “sí”. Todo  niño necesita un padre. Todo niño en crecimiento necesita un padre. Lo más asombroso de todo, es que la Biblia nos dice que a través de Jesús toda persona tiene un Padre. Tienes el Padre perfecto, el padre de tus sueños cuando llegaste a la familia de Dios.

Así que el reto hoy en día—de lo que vamos a estar hablando hoy—son las mujeres relacionándose con Dios como Padre. El desafío para nosotras y el desafío para las mujeres que ministran, sobre todo en esta sociedad, es entender la paternidad de Dios y entender quiénes somos al relacionarnos con  Dios de esa manera.

Nuestra charla de hoy estará basada en: 1 Juan 3:1 “¡Mirad cuán gran amor nos ha otorgado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios!” Y eso somos. Eso es lo que somos.

Hay cuatro verdades que toda mujer necesita entender—cuatro verdades que tiene que entender, cuatro verdades que necesitas enseñar a las mujeres que estás ministrando, cuatro verdades que tenemos que enseñarle a nuestras hijas a medida que crecen. La primera verdad es esta: Dios quiere relacionarse con las mujeres como Padre. Dios quiere relacionarse con cada una de nosotras como Padre.

Dios es nuestro Padre. Ahora, eso no significa que Dios es masculino. De hecho, en la Biblia hay muchas analogías hermosas sobre aspectos de Dios como Su bondad, Su amabilidad y Su cuidado. Llevó a la nación de Israel en su vientre. Grita como una mujer en labor de parto. Él dio a luz la nación judía. Tiene misericordia de nosotros como una madre que tiene compasión por el niño en su pecho. Él nos cuida y nos alimenta. Él nos consuela como una madre consuela.

¿Por qué no llamamos a Dios “madre”, entonces? ¿Por qué llamamos a Dios “Padre”? Ese es un debate que se está librando en muchas iglesias. Es un debate que está empezando a emerger. Y muchas, muchas denominaciones dicen que hay estas hermosas analogías en las Escrituras acerca de la maternidad de Dios. Entonces, ¿por qué llamamos a Dios “Padre”? ¿Por qué es importante para nosotros entender la paternidad de Dios?

La primera verdad es que Dios quiere relacionarse con nosotros como Padre. La primera razón por la cual llamamos a Dios “Padre” es una razón muy obvia. Es demasiado simple para ser explicada. Es porque así es que Él quiere que lo llamemos. A lo largo de las Escrituras, Él se revela como Padre.

La primera persona de la Trinidad tiene muchos nombres. Santo, Santo, Santo. Dios Todopoderoso. El Santísimo. Pero cuando Jesús vino a rasgar el velo y aclaró el misterio para nosotros de quién era Dios, Él reveló a Dios como Padre. De hecho, Él se refirió a Dios como Padre más que con cualquier otro nombre. La palabra que Él uso para Dios fue “Padre”. Hay muchas  otras palabras,  muchos otros nombres para Dios, pero “Padre” es una palabra muy, muy concreta.

Todos nosotros tenemos una idea clara de lo que “padre” significa o debería significar. Yo no sé tú, pero es un poquito diferente de los otros nombres de Dios: El Santo, Santo, Santo o  El Todopoderoso o Roca. Esos son  nombres más conceptuales. Son nombres muy importantes porque nos enseñan acerca del carácter de Dios. Pero son mucho más conceptuales. No son tan concretos y personales.

“Padre” es un nombre muy, muy, muy personal. Indica un ser personal. Esa es la razón número dos. El término “padre” indica un ser personalEsto es asombroso. Las implicaciones de esto son increíbles. Realmente, cuando se piensa en ello, las implicaciones son asombrosas. Dios dice: “Yo soy tu padre”. Lo que esto significa es que Dios es alguien a quien podemos llegar a conocer. Esto significa que Él es un ser personal—alguien de carne y sangre contra quien podemos tropezar, alguien con quien podemos interactuar y tal vez incluso alguien con quien podemos llegar tener una relación estrecha,  íntima y personal.

La tercera razón es que es el término que mejor describe Su relación. 2 Corintios 6:16-18 nos dice, “Dios ha dicho de ti: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo…  Y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.”

Padre es el nombre que Dios ha elegido para describir mejor la relación de un ser supremamente personal a Su Hijo y a Sus hijos. “Padre” es un nombre cristiano para Dios. Es el nombre que aparta el cristianismo de todas las otras religiones. Otras religiones tienen un dios grande y todopoderoso, un espíritu intangible, o una gran aura metafísica, ese gran ente místico que une el universo. Algunas religiones tienen un dios omnipotente pero lejano. Pero el cristianismo es la única religión que tiene un Padre que dio a Su Hijo para que podamos ser  Sus hijos. Es muy, muy personal. Muy, muy íntimo.

Él se relaciona con nosotros como padre. Él no se relaciona con nosotros como padre/madre. Sería difícil para mí también conceptualmente, porque yo no tengo un padre/madre. Tengo un padre y una madre. La forma en que mi padre es un padre para mí es diferente de la forma en que mi madre es una madre para mí. Así que Dios en Su sabiduría—Él no es un hombre. Él sobrepasa y trasciende la sexualidad, la masculinidad y la feminidad. Pero en Su sabiduría ha escogido el mejor término para describir lo que Él es. Él nos ha dado el ejemplo terrenal de familia, matrimonio, esposo, esposa, padre—para hablarnos de Él.

Ahora, ¿qué viene a tu mente cuando  piensas en la palabra “padre”? Yo sé lo que pienso. Yo crecí en una familia. Tengo cinco hermanos. Soy hija de un carpintero. Mi padre trabajó con sus manos. Así que cuando pienso en la palabra “padre”, pienso en él trepado en la mesa de trabajo, el olor de la madera y veo las grandes manos de mi papá construyendo cosas.

Pienso en la cunita blanca para muñecas, con las asas en forma de corazón y la clavija blanca que él me hizo por mi sexto cumpleaños. Pienso cuando era una adolescente y salía a hurtadillas de la casa cuando  no debía  hacerlo, regresar a la 1:00 de la mañana tratando de meterme a escondidas y quedarme atorada mitad dentro y mitad fuera de la ventana, pensando “¿Qué debo hacer?” y finalmente elegir el camino menos doloroso  que sería llamar a mi papá para que me ayudara. Había algún dolor  envuelto allí, pero. . .

Pienso en el olor también a Lysol ya que mi madre nunca fue buena cuidándonos cuando nos enfermábamos. Ella corría en otra dirección. Mi papá limpiaba. Pienso en una niñera. Pienso en que me ponen curitas en las rodillas. Pienso en todas esas cosas cuando pienso en la palabra “padre”.

Pienso en un hombre con lágrimas en los ojos, diciendo: “Mary, en Europa no siguen la tradición de entregar a la novia. Por favor, no me pidas que te entregue porque me romperías el corazón.” Pienso en esas cosas.

Ahora, sé que muchas de ustedes no tienen buenos recuerdos cuando  piensan en la palabra “padre”. Para muchas de ustedes y para muchas, muchas, mujeres en nuestra sociedad, cuando  piensan en la palabra “padre”  piensan en  ira, o abandono, o vergüenza, o desilusión.  Algo imprevisible. Conflicto. Dolor.

Ves, “padre” no es una palabra abstracta. Qué trágico, que tan tonto y arrogante de nuestra parte intimidarnos de este nombre debido a que algunos hombres han sido un mal ejemplo de lo que es la paternidad.

Todo el mensaje de Jesús cuando estuvo en la tierra fue: “Vengan y conozcan a Mi Padre. Vengan y conozcan a Mi Padre. ¿Ven estas señales que estoy haciendo? Mi Padre las hace. ¿Escuchan las palabras que estoy hablando? Solo estoy diciendo lo que Mi Padre Me dijo. ¿Ven la compasión que tengo? Esa es la compasión del Padre. ¿El amor que siento por ustedes? Ese es el amor que el Padre tiene por Mí. Vengan y mírenme. Pasen algún tiempo conmigo. Es como si  estuvieran pasando tiempo con Mi Padre. Lo están  conociendo.”  Todo Su mensaje fue: “Vengan a conocer a  Papá. Vengan a conocer a Mi Padre. Si crees en Mí, Él puede ser también tu padre.”  Dios envió a Jesús para mostrarles el corazón de padre de Dios”.

Echemos un vistazo a algunos versículos conocidos. Tú sabes todos estos versículos. Juan 17:25 y 26. Voy a leerlos para ti. “Padre justo, el mundo no Te ha conocido, pero yo Te he conocido, y estos discípulos saben que Tú me has enviado en esta misión. He hecho que Tú seas conocido por ellos—lo que eres y lo que haces. Y les he dado a conocer Tu nombre y lo daré a conocer para que el amor con que Me has amado esté en ellos y Yo en ellos” (parafraseado).

¿Notas como Jesús da a conocer quién es el Padre y lo que Él  hace? Eso es lo que Jesús vino a revelarnos—quién es el Padre y lo que el Padre hace.

Juan 14:6: “Jesús les dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida.” Oh, hay otra parte de ese versículo. ¿Qué es lo que dice? “Nadie viene al Padre, sino es por mí.”  Entonces, cuando vienes a Jesús, cuando  introduces a Jesús, ¿dónde estás llevando a las personas?  Al Padre. Nos perdemos esto a menudo debido a la “sociedad patriarcal” que manifiesta aversión hacia las mujeres, ¿cierto? Tenemos miedo de decir: “Te voy a llevar al Padre. Te vas a encontrar con el Padre y vas a entender el amor de un Padre.”

Juan 17:3 dice, “Esta es la vida eterna: que Te conozcan a Ti.” Ahora, ¿no es esto interesante? Este es Jesús orando. Y en la declaración de Juan 17:3 Él encapsuló todo lo que significa ser un cristiano, lo que significa tener vida eterna. Jesús está orando y dice: “Esta es la vida eterna.” En pocas palabras, la definición #1 en cristianismo básico 101 es: “Esta es la vida eterna: Padre, que Te conozcan a Ti y al Hijo que Tú has enviado.”

Esa es la vida eterna. Así que si no estamos amando la verdad, conociendo de la verdad y la predicando la verdad acerca de la paternidad de Dios, nos estamos perdiendo del cristianismo nivel 101. No lo estamos aprobando, y no lo estamos transmitiendo a nuestras hijas e hijos.

Primera de Juan 1:3: “Y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo.” (RV). Nuestra comunión. ¿Qué significa comunión? Significa cercanía. Es decir, familiaridad.  Significa llegar a conocer a alguien. Nuestra comunión. Ya ves, somos llevados a una relación familiar. Muchas de nosotras pensamos que el cristianismo es un estilo de vida y una manera de vivir—y ciertamente implica esto—pero en el fondo, el cristianismo es una relación. Es una relación.

¿Qué significa estar en una relación con el Padre? De acuerdo con la oración de Jesús, significa en primer lugar que nosotros le conozcamos, y en segundo lugar, que experimentemos su amor. Basta con pensar en la persona que te inspira lo mejor de la vida. Yo pienso en mi marido, Brent. Hemos estado casados ​​durante dieciocho años. Yo he llegado a conocerle, y él es mi mejor amigo.

Yo sé que él no usaría una camisa verde. Si le pongo pimientos verdes a algo, lo va a oler a kilómetros de distancia y caminará en otra dirección. Sé cuando él está preocupado, lo oigo en su voz. Lo veo en su cara. Veo la forma en que camina. Yo lo conozco, y lo estoy  conociendo aún más. Él me sorprende. Voy y digo, “¡Uy! ¿Te conozco en realidad?” Es un proceso continuo, una cosa cada vez más profunda. Sé lo que lo hace feliz.  Sé lo que lo hace entristecerse.

¿Eres así con el Padre? ¿Conoces a tu padre? ¿Realmente conoces a tu Padre Celestial? ¿Experimentas Su amor? Juan 17:23. Este es Jesús orando nuevamente. Él está derramando Su corazón al Padre. Él está orando: “Oh, Padre, te pido que esta gente sepa que tú me amas” (parafraseado)

En el versículo 26, Jesús ora y dice: “He dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún.” Entonces les da la razón. ¿Por qué? “Para que el amor con que me has amado esté en ellos y yo en él” (parafraseado).

Así que este es un concepto increíble. Cuando te conviertes en cristiano, toda la fuerza del amor del Padre por Su Hijo Jesús, toda la fuerza del corazón del Padre se dirige hacia ti. Toda esa fuerza. ¿No te deja esto pasmada? Eso me maravillada. Que el amor que el Padre tiene por Su Hijo Jesús, ese mismo amor lo tiene por Mary. Él tiene ese mismo amor por mí.

Dios ha puesto el anhelo en el corazón de cada una de nosotras de tener un padre. Cuando nos convertimos en cristianas somos adoptadas e iniciamos  una relación de familia. Ahora bien, el proceso de adopción judía es muy, muy interesante porque una familia judía buscaba el niño que quería adoptar y luego pagaba las deudas de ese niño. Después tomaban ese niño y rompían todas las relaciones que el niño había tenido y lo reciben en una nueva familia, inician una nueva relación, y le dan un nuevo nombre.

Esta es una imagen de lo que nos  ocurrió cuando entramos a formar parte de  la familia de Dios. Dios paga todas nuestras deudas, rompe los lazos del pecado, nos lleva a Su familia y nos da Su nombre. Él nos da el Espíritu Santo, que es la prueba de la adopción. En la sociedad judía tenía que haber múltiples testigos para que una adopción fuera legal. Y se nos dice en la Biblia que el Espíritu Santo es el testigo.

¿Qué tipo de testigo es el Espíritu Santo? Esto es realmente interesante. El Espíritu Santo es también llamado el espíritu de adopción—el Espíritu de  filiación. El Espíritu Santo es llamado el Espíritu de adopción. También llamado el Espíritu de tu Padre, en Mateo 10:20.

Es este Espíritu—el Espíritu de adopción,  el Espíritu de filiación, el Espíritu de tu Padre—que vive justo en nuestros corazones cuando nos convertimos en cristianos. Es este Espíritu que nos llama y nos lleva a la intimidad con el Padre. Es este Espíritu en nuestros corazones que clama “¡Abba, Padre! ¡Abba, Padre!”

Romanos 8:15-16: “Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos ¡Abba Padre!  El espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (RV).

Gálatas 4:6: “Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama ¡Abba Padre!”

¿Entendiste la primera frase de Romanos 8:15? “Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor”. ¿No es asombroso? Algunas de nosotras (muchas, muchas mujeres y muchas de ustedes en esta sala) tienen tanto miedo de Dios el Padre. Eso es lo que  encuentro en la mayoría de  ministerios de mujeres, solo  temor.

“Tengo tanto miedo de que Él me vaya a desestimar,  igual que hizo mi padre. Tengo tanto miedo de que Él me vaya a rechazar,  igual que hizo mi padre. Tengo tanto miedo de que vaya a gritarme, al igual que mi padre. Tengo tanto miedo de que Su amor por mí este condicionado, que yo tenga que  saltar a través de un aro,  igual que  tenía que hacer para mi padre”.

Ese no es el Espíritu Santo  hablándote. Dios no nos ha dado un espíritu de temor. El Espíritu Santo en tu corazón clama: “¡Abba, Padre!” El verbo llorar es realmente interesante. Es un verbo. Está ocurriendo. Es el espíritu en tu corazón el que ahora está clamando: “¡Abba, Padre!” Está deseando esa conexión. Está deseando  la intimidad. Está deseando llegar a ser uno con Dios. Está deseando cercanía.

Algunas de ustedes se preguntarán por qué sienten tanta frustración. Están viviendo la vida cristiana y pasando por todos los movimientos, pero no hay gozo. Ciertamente pasamos por tiempos de sequía. Los tenemos. Pero podría ser que el Espíritu dentro de ti esté pidiendo a gritos: “¡Papá! ¡Papá! ¡Papá!” porque eso es lo que el Espíritu hace. Y tú estás demasiado ocupada para escuchar.

Nancy: Mary Kassian nos ha estado mostrando lo que significa que Dios sea nuestro Padre. No dejes de acompañarnos durante el próximo programa para continuar escuchando sobre estas verdades que nos recuerdan Quién es nuestro Padre y el gran amor que ha derramado sobre nosotros.

Estamos muy agradecidas a Dios por lo que ha hecho al permitirnos comenzar transmitiendo estos programas de Aviva Nuestros Corazones. Si entiendes que este programa puede ser de beneficio para otras personas, te invitamos a compartir con ellas esta enseñanza y te pedimos que ores por nuestro ministerio. Te pedimos que nos acompañes en oración para que Dios nos permita alcanzar muchos corazones con el mensaje de libertad, plenitud  y abundancia en Cristo.

En las últimas décadas, las mujeres han sido motivadas a hacer las cosas a su manera. Y muchas se han dejado engañar por las promesas vacías del feminismo. El movimiento de la mujer verdadera busca recapturar el diseño original de la mujer tal y como fue ideado por su creador. Y estamos agradecidas a Dios porque recientemente estamos siendo testigos de un gran anhelo por parte de muchas mujeres alrededor del mundo de ser parte de este movimiento. De volver a las sendas antiguas y abrazar este hermoso diseño.

Muchas mujeres han vuelto a sus hogares con la convicción y el deseo de hacer las cosas a la manera de Dios para buscar la definición de lo que significa ser una mujer verdadera en la Palabra de Dios. Estas mujeres, por la gracia de Dios, anhelan vivir vidas centradas en Dios, anhelan confiar en Él y decirle: “Sí Señor.” ¿Quieres tú ser parte de este movimiento? Deja que tu mente y tu corazón se empapen de la Palabra de Dios y descubre Su voluntad para tu vida.

Te invitamos a visitar nuestra página web AvivaNuestrosCorazones.com. Allí podrás encontrar  recursos y artículos que te pueden ayudar en este proceso de convertirte en una mujer verdadera.

Leslie: Gracias, Nancy. Tú tienes la oportunidad de interactuar con otras oyentes sobre el contenido de este programa. Solo tienes que visitar www.AvivaNuestrosCorazones.com, haz clic en el programa de hoy. Puedes escribir comentarios, hacer preguntas e intercambiar con otras mujeres alrededor del mundo.

Queremos expresar nuestro agradecimiento a Dios por los hermosos testimonios que recibimos diariamente y que nos animan al ver cómo Dios está usando este programa para animar a tantas mujeres alrededor del mundo.

Cuán agradecidas nos sentimos por la forma como Dios usa las verdades de Su Palabra para traer aliento, esperanza y gracia a las vidas de personas que lo necesitan. Cada oyente tiene una historia particular y los programas contribuyen a fortalecerles y ministrarles en las diversas situaciones.

Este ministerio se hace una realidad debido a la fidelidad de muchos oyentes que contribuyen mensualmente para ayudarnos a distribuir los mensajes internacionalmente.

Te animamos a contribuir financieramente con nuestro ministerio. Puedes hacerlo por internet visitando www.AvivaNuestrosCorazones.com  o llamando al 1-800-569-5959, desde EE.UU. y Canadá. Tu participación con este ministerio es muy valiosa para nosotros. Puedes ser una de nuestras colaboradoras regulares, cooperando con una cantidad fija cada mes o puedes simplemente dar una ofrenda.

Pero más que nada necesitamos de tus oraciones. ¿Te comprometerías a orar por nuestro ministerio? Si estos mensajes han sido de bendición para tu vida, ¿por qué no los compartes con otras de tus amigas? Ayúdanos a contribuir a discipular a otras mujeres con este mensaje, ayudándoles a formar la imagen de Cristo, y conviértete en una de nuestras embajadoras. ¡Contamos contigo!

Mañana  escucharemos  más de Mary Kassian. Ella explicará por qué todo el mundo anhela un Padre amoroso. Por favor, regresa mañana a  Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tenemos algunos artículos en Español disponibles en esta página de www.AvivaNuestrosCorazones.com. Usted puede imprimirlos y usarlos. Visite este enlace para que vea los temas disponibles: PDF Downloads.

Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

En la Intimidad

DÍA 43

Salmo 26

Dosis: Consagración

En la Intimidad

“Hazme justicia, SEÑOR, pues he llevado una vida intachable; ¡en el SEÑOR confío sin titubear! Examíname, SEÑOR; ¡ponme a prueba! purifica mis entrañas y mi corazón.” (Salmo 26:1–2) (NVI)

¿Cuántas de nosotras nos atreveríamos a decir estas palabras? El salmista declara su integridad e inocencia apelando a la justicia de Dios, tal vez como muy pocas de nosotras podríamos hacerlo. Aunque a simple vista las palabras del Salmo podrían sonar arrogantes, la verdadera actitud del poeta es la humildad y su meta es suplicar la misericordia divina.

Sólo Dios nos conoce íntimamente. Sólo él lee nuestros pensamientos y escudriña nuestros corazones.

El salmista no tiene temor de solicitarle a Dios el reconocimiento de su integridad, testimonio y buenas acciones. Se trata de un adorador que no teme porque ha vivido confiado en el Señor: “Tu gran amor lo tengo presente y siempre ando en tu verdad.” Parece ser que no tiene de qué avergonzarse y que su anhelo es la adoración: “Con manos limpias e inocentes camino, SEÑOR, en torno a tu altar, proclamando en voz alta tu alabanza y contando todas tus maravillas. SEÑOR, yo amo la casa donde vives, el lugar donde reside tu gloria.96 ¿Amas con la misma intensidad la casa de Dios? ¿Eres consciente de la santidad que se requiere para adorarle?

En este poema el salmista nos traza la ruta de la verdadera adoración. Nos dice que ésta debe hacerse con integridad y verdad, con un corazón limpio que se cultiva a lo largo de la vida. Recordemos las palabras que Jesús le dijo a una mujer samaritana: “Pero se acerca la hora, y ha llegado ya, en que los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.

Esta mañana estuve en el Templo, entoné las alabanzas, participé de la Santa Cena y fui ¡tan consciente de mi indignidad! Examiné mis pensamientos, revisé mis motivaciones, y sencillamente no podría repetir las palabras del salmista. Aunque mi estilo de vida intenta honrarlo, aunque mi corazón está en su casa, aunque lo amo con todo mi corazón, reconozco que debo limpiar aún más mi vida y que sólo por su misericordia aprenderé a caminar en integridad. Para finalmente confesar como el salmista: “Tengo los pies en terreno firme, y en la gran asamblea bendeciré al SEÑOR.

Oración: Señor confío en tu misericordia, en que harás de mí una mujer conforme a tu corazón. Amén

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 58). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.