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Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

En la Intimidad

DÍA 43

Salmo 26

Dosis: Consagración

En la Intimidad

“Hazme justicia, SEÑOR, pues he llevado una vida intachable; ¡en el SEÑOR confío sin titubear! Examíname, SEÑOR; ¡ponme a prueba! purifica mis entrañas y mi corazón.” (Salmo 26:1–2) (NVI)

¿Cuántas de nosotras nos atreveríamos a decir estas palabras? El salmista declara su integridad e inocencia apelando a la justicia de Dios, tal vez como muy pocas de nosotras podríamos hacerlo. Aunque a simple vista las palabras del Salmo podrían sonar arrogantes, la verdadera actitud del poeta es la humildad y su meta es suplicar la misericordia divina.

Sólo Dios nos conoce íntimamente. Sólo él lee nuestros pensamientos y escudriña nuestros corazones.

El salmista no tiene temor de solicitarle a Dios el reconocimiento de su integridad, testimonio y buenas acciones. Se trata de un adorador que no teme porque ha vivido confiado en el Señor: “Tu gran amor lo tengo presente y siempre ando en tu verdad.” Parece ser que no tiene de qué avergonzarse y que su anhelo es la adoración: “Con manos limpias e inocentes camino, SEÑOR, en torno a tu altar, proclamando en voz alta tu alabanza y contando todas tus maravillas. SEÑOR, yo amo la casa donde vives, el lugar donde reside tu gloria.96 ¿Amas con la misma intensidad la casa de Dios? ¿Eres consciente de la santidad que se requiere para adorarle?

En este poema el salmista nos traza la ruta de la verdadera adoración. Nos dice que ésta debe hacerse con integridad y verdad, con un corazón limpio que se cultiva a lo largo de la vida. Recordemos las palabras que Jesús le dijo a una mujer samaritana: “Pero se acerca la hora, y ha llegado ya, en que los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.

Esta mañana estuve en el Templo, entoné las alabanzas, participé de la Santa Cena y fui ¡tan consciente de mi indignidad! Examiné mis pensamientos, revisé mis motivaciones, y sencillamente no podría repetir las palabras del salmista. Aunque mi estilo de vida intenta honrarlo, aunque mi corazón está en su casa, aunque lo amo con todo mi corazón, reconozco que debo limpiar aún más mi vida y que sólo por su misericordia aprenderé a caminar en integridad. Para finalmente confesar como el salmista: “Tengo los pies en terreno firme, y en la gran asamblea bendeciré al SEÑOR.

Oración: Señor confío en tu misericordia, en que harás de mí una mujer conforme a tu corazón. Amén

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 58). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

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