1/63 – La Llegada del Rey – Marcos 1:1-8 

Iglesia Biblica del Señor jesucristo

Serie: Marcos

1/63 – La Llegada del Rey – Marcos 1:1-8

Ps. Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano  Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI)  para América Latina.

El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

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¿PRUEBA O TENTACIÓN?

Octubre 24

¿PRUEBA O TENTACIÓN?

No nos metas en tentación.

Mateo 6:13

La tentación es una experiencia común de todos los seres humanos, sean cristianos o no. Pablo dice en 1 Corintios 10:13 que toda tentación es “humana”. Cómo enfrentarse a la lucha de la tentación es una característica de la autenticidad de nuestra fe o nuestra falta de ella.

Las pruebas que el Señor permite en nuestra vida para fortalecernos también pueden convertirse en tentaciones. Pudieran ser incitaciones al pecado y no un medio para el crecimiento espiritual. Cada dificultad que se me presenta me fortalece porque obedezco a Dios y me mantengo confiado en su cuidado y poder, o me lleva a dudar de Dios y a desobedecer su Palabra.

Cada prueba tiene muchas características para convertirse en tentación. La diferencia está en cómo reaccionar ante ella.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

4/5 – En un abrir y cerrar de ojos

El Amor que Vale

Serie: Al borde de la eternidad

4/5 – En un abrir y cerrar de ojos

Adrian Rogers

El Dr. Adrián Rogers es un predicador, evangelista y maestro de Biblia. Presenta las Buenas Nuevas de Jesucristo con firme convicción a través de su ministerio de radio y televisión, EL AMOR QUE VALE.

Más acerca del Dr. Adrián Rogers:

http://www.lwf.org/eaqv

Errores del Evangelio de la Prosperidad

Soldados de Jesucristo

Errores del Evangelio de la Prosperidad

David W Jones

Hace más de un siglo Charles Spurgeon, hablándole a la más grande congregación de su tiempo, dijo:

«Creo que es anticristiano y profano para cualquier cristiano vivir con el objetivo de acumular riquezas. Dirás: “¿No debemos esforzarnos por conseguir todo el dinero que podamos?”. Podrías hacerlo. No me cabe duda que, al hacerlo, tú puedas servir la causa de Dios. Pero lo que dije fue que vivir con el objetivo de acumular riqueza es anticristiano».1

Sin embargo, a través de los años, el mensaje que se ha estado predicando en algunas de las iglesias más grandes del mundo ha cambiado; de hecho, un nuevo evangelio se está enseñando a muchas congregaciones hoy. A este evangelio se le han adscrito muchos nombres, tales como «el evangelio del decláralo y recíbelo», «el evangelio del písalo y arrebátalo», «el evangelio de la salud y las riquezas», «el evangelio de la prosperidad» y «la teología de la confesión positiva».

No importa el nombre que se use, la esencia de este nuevo evangelio es la misma. En pocas palabras, este egocéntrico «evangelio de la prosperidad» enseña que Dios quiere que los creyentes estén físicamente sanos, sean materialmente ricos y personalmente felices. Escuche las palabras de Robert Tilton, uno de los portavoces más conocidos del evangelio de la prosperidad: «Creo que es la voluntad de Dios para todos prosperar porque lo veo en la Palabra, no porque haya funcionado poderosamente para otra persona. No pongo mis ojos en los hombres, sino en Dios que me da el poder para obtener riqueza».2

Los maestros del evangelio de la prosperidad animan a sus seguidores a orar e incluso a demandar a Dios un florecimiento material.

Cinco errores teológicos del evangelio de la prosperidad
Russell Woodbridge y yo escribimos un libro titulado Health, Wealth, and Happiness[Salud, riqueza y felicidad]3 para examinar las afirmaciones de los defensores del evangelio de la prosperidad. Si bien nuestro libro es demasiado amplio para ser resumido aquí, en este artículo me gustaría revisar cinco doctrinas que cubrimos en nuestro libro; doctrinas sobre las cuales los defensores del evangelio de la prosperidad se equivocan. Al discernir estos errores con respecto a las doctrinas claves, espero que los lectores de este artículo vean claramente los peligros del evangelio de la prosperidad. Las doctrinas que cubriré son el pacto Abrahámico, la expiación, el dar, la fe y la oración.

El pacto Abrahámico es un medio para el derecho material.
El primer error que consideraremos es que el evangelio de la prosperidad ve el pacto Abrahámico como un medio para el derecho material.

El pacto Abrahámico (Gn. 12, 15, 17, 22) es una de las bases teológicas del evangelio de la prosperidad. Es bueno que los teólogos de la prosperidad reconozcan que gran parte de la Escritura es el registro del cumplimiento del pacto Abrahámico, pero es malo que no mantengan una visión ortodoxa de este pacto. Tienen una visión incorrecta del inicio del pacto; más significativamente, tienen una visión errónea de la aplicación del pacto.

Edward Pousson expresó mejor la visión de la prosperidad sobre la aplicación del pacto Abrahámico cuando escribió: «Los cristianos son hijos espirituales de Abraham y herederos de las bendiciones de la fe… Esta herencia abrahámica se desenvuelve principalmente en términos de beneficios materiales».4 En otras palabras, el evangelio de la prosperidad enseña que el propósito primordial del pacto Abrahámico era que Dios bendijera a Abraham materialmente. Ya que los creyentes son ahora los hijos espirituales de Abraham, han heredado estas bendiciones financieras.

El maestro de la prosperidad, Kenneth Copeland, escribió: «Como el pacto de Dios ha sido establecido, y la prosperidad es una provisión de este pacto, ¡tú tienes que tomar conciencia de que la prosperidad ahora te pertenece!».5

Para respaldar esta declaración, los maestros de la prosperidad apelan a Gálatas 3:14, que se refiere a: «las bendiciones de Abraham que vienen sobre los gentiles en Cristo Jesús». Es interesante, sin embargo, que en sus apelaciones a Gálatas 3:14, los maestros de la prosperidad ignoran la segunda mitad del versículo, que dice: «a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu».En este versículo Pablo le recordaba claramente a los Gálatas la bendición espiritual de la salvación, no la bendición material de la riqueza.

La expiación de Jesús se extiende hasta el «pecado» de la pobreza material.
Un segundo error teológico del evangelio de prosperidad es una visión defectuosa de la expiación.

El teólogo Ken Sarles escribe: «el evangelio de la prosperidad afirma que tanto la curación física como la prosperidad financiera han sido provistas en la Expiación».6 Esto parece ser una observación precisa a la luz del siguiente comentario de Kenneth Copeland: «el principio básico de la vida cristiana es saber que Dios ha puesto nuestro pecado, malestar, enfermedad, tristeza, angustia y pobreza sobre Jesús en el Calvario».7 Este malentendido del alcance de la expiación proviene de dos errores que cometen los proponentes del evangelio de la prosperidad.

En primer lugar, muchos de los que se aferran a la teología de la prosperidad tienen un concepto erróneo fundamental de la vida de Cristo. Por ejemplo, el maestro John Avanzini proclamó: «Jesús tenía una casa bonita, una casa grande»,8 «Jesús manejaba mucho dinero»9 e incluso «vestía ropas de diseñador».10 Es fácil ver cómo esa visión deformada de la vida de Cristo podría llevar a un concepto igualmente deformado sobre la muerte de Cristo.

Un segundo error que conduce a una visión errónea de la expiación es una interpretación errónea de 2 Corintios 8:9, que dice: «Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos». Si bien una lectura superficial de este versículo puede llevar a creer que Pablo estaba enseñando acerca de un aumento en la riqueza material, una lectura contextual revela que Pablo estaba enseñando el principio opuesto. De hecho, Pablo estaba enseñando a los corintios que, puesto que Cristo realizó tanto por ellos a través de la expiación, ellos debían vaciarse de sus riquezas al servicio del Salvador. Esta es la razón por la cual solo cinco cortos versículos más tarde Pablo instaría a los corintios a dar sus riquezas a sus hermanos necesitados, escribiendo «para que en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos» (2 Co. 8:14).

Los cristianos dan para obtener compensación material de Dios.
Un tercer error del evangelio de la prosperidad es que los cristianos deben dar para obtener compensación material de Dios. Una de las características más llamativas de los teólogos de la prosperidad es su aparente fijación con el acto de dar. Los estudiantes del evangelio de la prosperidad son instados a dar generosamente y se enfrentan a declaraciones tan piadosas como: «La verdadera prosperidad es la habilidad de usar el poder de Dios para satisfacer las necesidades de la humanidad en cualquier esfera de la vida»11 y «hemos sido llamados a financiar el avance del evangelio en el mundo».12

Si bien estas declaraciones parecen ser loables, este énfasis en dar se basa en motivos que son todo menos filantrópicos. La fuerza que impulsa esta enseñanza sobre el dar es a lo que el maestro de la prosperidad Robert Tilton se refirió como la «Ley de la compensación». Según esta ley, supuestamente basada en Marcos 10:30,13 los cristianos necesitan dar generosamente a otros porque cuando lo hacen, Dios devuelve más a cambio. Esto, a su vez, conduce a un ciclo de prosperidad cada vez mayor.

Como dijo Gloria Copeland: «Si das $10 recibirás $1,000, si das $1,000 recibirás $100,000… En resumen, Marcos 10:30 es un muy buen negocio».14 Es evidente, entonces, que la doctrina de dar del evangelio de la prosperidad se fundamenta en motivos defectuosos. Si bien es cierto que Jesús enseñó a sus discípulos a dar, sin esperar nada a cambio (Lc. 10:35), los teólogos de la prosperidad enseñan a sus discípulos a dar porque conseguirán un gran retorno de su inversión.

La fe es una fuerza espiritual auto-generada que conduce a la prosperidad.
Un cuarto error de la teología de la prosperidad es su enseñanza de que la fe es una fuerza espiritual auto-generada que conduce a la prosperidad. Mientras que el cristianismo ortodoxo entiende la fe como la confianza en la persona de Jesucristo, los maestros de la prosperidad adoptan una doctrina muy diferente. En su libro TheLaws of Prosperity, Kenneth Copeland escribe: «La fe es una fuerza espiritual, una energía espiritual, un poder espiritual. Es esta fuerza de fe la que hace funcionar las leyes del mundo espiritual… Hay ciertas leyes que gobiernan la prosperidad revelada en la Palabra de Dios. La fe hace que esas leyes funcionen».15 Obviamente, esto es un entendimiento defectuoso, quizás incluso herético, de la fe.

Según la teología de la prosperidad, la fe no es un acto de la voluntad otorgado por Dios y centrado en Dios. Más bien es una fuerza espiritual humanamente forjada, dirigida a Dios. De hecho, cualquier teología que considere la fe únicamente como un medio para el logro material antes que para la justificación ante Dios debe ser juzgada como defectuosa e inadecuada.

La oración es una herramienta para forzar a Dios a conceder prosperidad.
Finalmente, el evangelio de la prosperidad trata la oración como una herramienta para forzar a Dios a conceder prosperidad. Los predicadores del evangelio de la prosperidad a menudo notan que «no tenéis lo que deseáis, porque no pedís» (Stg. 4:2). Los defensores del evangelio de la prosperidad animan a los creyentes a orar por el éxito personal en todas las áreas de la vida. CrefloDollar escribe: «Cuando oramos, creyendo que ya hemos recibido lo que estamos pidiendo, Dios no tiene otra opción que hacer lo que le pedimos… Es una clave para obtener resultados como cristiano».16

Ciertamente las oraciones para la bendición personal no son intrínsecamente erróneas, pero el énfasis excesivo del evangelio de la prosperidad en el hombre convierte la oración en una herramienta que los creyentes pueden usar para obligar a Dios a conceder sus deseos.

Dentro de la teología de la prosperidad, el hombre—no Dios—se convierte en el enfoque de la oración. Curiosamente, los predicadores de la prosperidad a menudo ignoran la segunda mitad de la enseñanza de Santiago sobre la oración que dice: «Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites» (Stg. 4:3). Dios no responde a peticiones egoístas que no honran su nombre.

Ciertamente, todas nuestras peticiones deben ser presentadas a Dios (Fil. 4:6), pero el evangelio de la prosperidad se centra tanto en los deseos del hombre que puede llevar a la gente a hacer oraciones egoístas y superficiales que no traen gloria a Dios. Además, cuando se combina con la doctrina de la fe de la prosperidad, esta enseñanza puede llevar a la gente a tratar de manipular a Dios para obtener lo que quieran—una tarea inútil. Esto está muy lejos de orar para que se haga la voluntad de Dios.

Un falso evangelio
A la luz de la Escritura, el evangelio de la prosperidad es fundamentalmente defectuoso. En el fondo, el evangelio de la prosperidad es en realidad un evangelio falso debido a su visión defectuosa de la relación entre Dios y el hombre. En pocas palabras, si el evangelio de la prosperidad es verdadero, la gracia es obsoleta, Dios es irrelevante y el hombre es la medida de todas las cosas. Ya sea que estén hablando del pacto Abrahámico, de la expiación, del dar, de la fe o de la oración, los maestros de la prosperidad convierten la relación entre Dios y el hombre en una transacción de dar para recibir. Como James R. Goff señaló, Dios es «reducido a una especie de “botones cósmicos” atendiendo a las necesidades y deseos de su creación».17 Esta es una visión totalmente inadecuada y no bíblica de la relación entre Dios y el hombre.

Este artículo fue traducido por Raul Caban.

Publicado originalmente en la Revista 9Marcas #5 | Volvamos al Evangelio | Puedes descargarla gratis aquí

http://www.sdejesucristo.org/errores-del-evangelio-de-la-prosperidad/

Renovación del pacto

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

Renovación del pacto

R.C.Sproul

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Hace poco visité a unos amigos en Jackson, Mississippi y cuando llegamos a su puerta, noté en el marco superior, arriba de la puerta había una placa que tenía la siguiente inscripción: “pero yo y mi casa serviremos a Jehová”.  Creo que todos han escuchado esta frase, ¿cierto?

La pregunta es, ¿de dónde viene? ¿cuál fue la razón por la que alguien se paró y dijo: “pero yo y mi casa serviremos a Jehová”? ¿Por qué fue una afirmación significativa en el drama e historia de la redención? Esta afirmación, por supuesto, fue pronunciada por Josué, pero las circunstancias en que Josué las dijo, es de gran importancia para nuestra comprensión del patrón completo de la historia bíblica y del drama de la redención.

Cuando miramos la estructura de los pactos en el Antiguo Cercano Oriente, la estructura del tratado de esos días, recordarán que mencioné que dentro de los elementos del pacto estaba el prólogo: un preámbulo por el cual la persona soberana en el tratado, el gran rey, se identificaba por su nombre y rango

Y que lo que venía después era el prólogo histórico donde se actualizaba la historia de la relación del gran rey con sus vasallos. Mencioné también que, en el Antiguo Testamento, cuando Dios hace un pacto con su pueblo, cuando lo hace con Abraham, Él dice: “Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los caldeos”, y luego en los próximos pactos, Él actualizaría esa historia diciendo: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Israel.”

Más adelante Él dice: “Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto” según vimos cuando Dios instituyó el pacto por medio de Moisés y la entrega de los Diez Mandamientos. Pero no solo tenemos esas instancias donde Dios entra en una nueva dimensión de pactos, según hemos visto, sino que también había una disposición en Israel que era igual al de otras naciones de ese tiempo, donde se celebraban ceremonias en los momentos indicados con el fin expreso de renovar el pacto, y a eso es que llamamos ‘ceremonias de renovación del pacto’.

¿Recuerdas al final de la vida de Moisés, justo antes de morir, que él reunió al pueblo a su alrededor y dijo que iba a partir, que no iba a entrar a la tierra prometida con ellos y comprometió al pueblo a que renovaran su promesa y juramento a los términos del pacto.

Y en esa ceremonia sucedió algo más, algo que se llama: ‘celebraciones dinámicas de sucesión’, donde la responsabilidad pasa de un líder al siguiente, de la generación anterior a la nueva generación. Y, en esa ocasión, Moisés, mientras estaba aún vivo, hizo que el pueblo jurara lealtad a Josué. El bastón se pasa de Moisés a Josué, y este es un momento crucial en la historia judía.

El pueblo ya había experimentado su redención a través del Éxodo, pero ahora pasaron 40 años deambulando por el desierto y finalmente llegaron al momento en que están a punto de entrar a la tierra prometida. Pero la tierra prometida estaba ocupada y tenía que ser conquistada, y esa tarea no le correspondía a Moisés. Esa tarea le es dada a Josué.

Recuerda que el libro de Josué inicia cuando él se prepara para cruzar el Jordán y empezar con la conquista de Canaán y entrar a la tierra prometida. Y todo el libro de Josué interpreta esa historia. Es una historia militar, básicamente, de Josué y sus ejércitos conquistando fortaleza tras fortaleza entre los cananeos.

Luego, cuando llegamos al final del libro de Josué, tenemos otra celebración de sucesión dinástica: otro episodio de renovación del pacto que se lleva a cabo en Siquem. Y eso está registrado en el capítulo 24 del libro de Josué.

Pero me gustaría empezar hoy, viendo un poco antes, al final del capítulo 21 de Josué. El verso 43 dice así: “De esta manera dio Jehová a Israel toda la tierra que había jurado dar a sus padres, y la poseyeron y habitaron en ella. Y Jehová les dio reposo alrededor, conforme a todo lo que había jurado a sus padres; y ninguno de todos sus enemigos pudo hacerles frente, porque Jehová entregó en sus manos a todos sus enemigos. No faltó palabra de todas las buenas promesas que Jehová había hecho a la casa de Israel; todo se cumplió.”

¿Ves lo que dice este resumen casi al final del libro de Josué? ‘La tierra es nuestra, la tierra que Dios prometió a nuestros padres. Ahora poseemos la tierra que Dios prometió a Abraham. La tierra que fluye leche y miel de la que habló Moisés ahora es nuestra. Y Dios cumplió su promesa.

La promesa del pacto que Dios hizo a nuestros padres se ha cumplido y ahora hemos ocupado toda la tierra. Todos los enemigos han huido. Nada nos hace falta y ni una palabra de la que Dios prometió ha fallado.’

Ahora, esa declaración en Josué 21 se repite más tarde en Josué 23. El comienzo de Josué 23 habla de aquellos eventos que condujeron a la ceremonia de renovación del pacto. Dice el capítulo 23, el verso uno: ‘Aconteció, muchos días después que Jehová diera reposo a Israel de todos sus enemigos alrededor, que Josué, siendo ya viejo y avanzado en años, llamó a todo Israel, a sus ancianos, sus príncipes, sus jueces y sus oficiales, y les dijo: Yo ya soy viejo y avanzado en años. Y vosotros habéis visto todo lo que Jehová vuestro Dios ha hecho con todas estas naciones por vuestra causa: porque Jehová vuestro Dios es quien ha peleado por vosotros.”

Y luego él continúa diciendo: “Esforzaos, pues, mucho, en guardar y hacer todo lo que está escrito en el libro de la ley de Moisés, sin apartaros de ellos ni a diestra ni a siniestra; para que no os mezcléis con estas naciones que han quedado con vosotros, ni hagáis mención ni juréis por el nombre de sus dioses, ni los sirváis, ni os inclinéis a ellos. Mas a Jehová vuestro Dios seguiréis, como habéis hecho hasta hoy.”

Y continúa diciendo: “Guardad, pues, con diligencia vuestras almas, para que améis a Jehová vuestro Dios. Porque si os apartareis, y os uniereis a lo que resta de estas naciones que han quedado con vosotros, y si concertareis con ellas matrimonios, mezclándoos con ellas, y ellas con vosotros, sabed que Jehová vuestro Dios no arrojará más a estas naciones delante de vosotros, sino que os serán por lazo, por tropiezo”.

Luego, en el verso 14 dice: “Y he aquí que yo estoy para entrar hoy por el camino de toda la tierra;” Oyes lo que está diciendo? Él está anunciando a su pueblo: ‘Hoy voy a morir. Hemos disfrutado el descanso de nuestros enemigos que Dios nos ha dado, pero ustedes serán tentados a mezclarse y unirse con el remanente pagano que queda; y deben entender que hay una continuidad entre nuestros días y las generaciones anteriores.’

Y les recuerda el pacto que sus padres habían hecho con Dios a través de Moisés.  Nuevamente, en el verso 14: “estoy para entrar hoy por el camino de toda la tierra; reconoced, pues, con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, que no ha faltado una palabra de todas las buenas palabras que Jehová vuestro Dios había dicho de vosotros; todas os han acontecido, no ha faltado ninguna de ellas. Otra vez, vemos que se repite esta declaración.

Dios es el guardador del pacto. Sus promesas son confiables. Puedes confiar en ellas porque ni una palabra dejará de cumplirse. Ahora, una de las cosas que debes entender, es que esas promesas que Dios le hizo a Abraham, a Isaac, a Jacob, y luego a Moisés, tomaron siglos y siglos en cumplirse.

¿Qué pasa cuando alguien nos dice que hará algo bueno por nosotros y nos emocionamos anticipadamente, pero luego llega la espera? Empezamos a ponernos ansiosos. Empezamos a dudar y sabemos que hay gente en este mundo que no cumple sus pactos. Somos quebradores del pacto. Hicimos promesas de las cosas que íbamos a hacer y no las cumplimos. Tendemos a decepcionarnos por promesas incumplidas; pero la lección para nosotros, amados, es que a pesar de que las promesas de Dios tardan y Él se toma su tiempo para llevarlas a cabo, ninguna palabra suya fallará.

Y eso es lo que Josué está tratando de comunicar a ese pueblo, preparándolos para renovar su promesa, para renovar su confianza en las promesas del pacto que Dios les ha hecho. Lo que está diciendo en efecto es: ‘Ya no puedes confiar en mí. Toda carne es hierba. Me sacarán del camino”.

Como Pablo le escribió a Timoteo en el Nuevo Testamento: “Porque yo ya estoy para ser sacrificado”. Déjame decir algo más. Mencioné de paso el concepto de la sucesión dinástica o sucesión dinámica, donde la autoridad pasa de uno a otro. Ahora, esto sucedió en el linaje real cuando se establecieron las dinastías. Así como los patriarcas pasaron la bendición del pacto de padre a hijo, los reyes siempre quisieron transmitir la realeza de padre a hijo, como David se la pasó a Salomón y así sucesivamente.

Pero en el Nuevo Testamento, el nuevo pacto se establece, como veremos más adelante, en el aposento alto, entre Jesús y sus discípulos, y en esa ocasión, Él les da instrucciones. No es por casualidad, amigos, que el discurso más largo que tenemos en la Biblia acerca de la persona y la obra del Espíritu Santo está en el discurso del aposento alto, la noche en que Jesús fue traicionado, la noche en que Él instituye el nuevo pacto.

¿Por qué? Porque Jesús anuncia a sus discípulos: ‘Me voy, pero no los dejaré solos. “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre.”

Ahora, cuando celebramos la Cena del Señor, hay muchas cosas que hacemos en ese momento. Recordamos la muerte del Señor, disfrutamos su presencia entre nosotros en la mesa, y miramos hacia el futuro, a la promesa de la fiesta de las bodas del Cordero.

Entonces, tenemos toda esas dinámicas involucradas cada vez que nos reunimos y celebramos la Cena del Señor. Pero hay algo que a menudo se pasa por alto, y es que cada vez que celebramos la Cena del Señor, asistimos a una ceremonia de renovación del pacto, y estamos recordando cómo Jesús entregó el liderazgo de la iglesia en la tierra al Espíritu Santo.

Y así como el pueblo se comprometió con Josué, a continuar bajo un nuevo liderazgo; así mismo lo hicieron en Moab con Moisés. Ahora Jesús dice: ‘Está bien, me voy. Ha llegado el día, pero ahora estoy enviando a alguien para que te guíe en los pasos a seguir, es el Espíritu Santo. Bueno, volvamos rápidamente a Josué 24.  Allí empieza con este anuncio: “Reunió Josué a todas las tribus de Israel en Siquem, y llamó a los ancianos de Israel, sus príncipes,”… Lo que hace al inicio de este capítulo es dar un prólogo extenso actualizando el ministerio de Dios a Su pueblo.

Luego llega al verso 14 después de terminar este relato de todo lo que Dios había hecho por el pueblo y dice: “Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová.”

Ese es el encargo. Ese es el mandato dado en esta solemne ceremonia de renovación del pacto.  “Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.”

¡Ahí está!  ¿Ves el contexto en que esto fue dicho? Él está confrontando al pueblo, les está ordenando que teman al Señor y que renueven su compromiso con el pacto que Dios había hecho con ellos en el pasado.

Pero Josué entendió que no todos estaban deseosos de hacer eso, y dijo: ‘Hoy es el día decisivo. Es la hora de escoger, que hagas una elección: Pueden regresar y servir a los dioses que servían al otro lado del Jordán, a esas deidades paganas; o puedes empezar a ir tras los dioses de los paganos que aún están acá.

Puedes ser simplemente secular y adorar los ídolos de tu propia cultura y de tu propio tiempo, o puedes servir al Señor. Es tu elección.’ Yo te digo la mía: “pero yo y mi casa serviremos a Jehová.” Ahora, observa cómo las personas responden a esta confrontación:

“Entonces el pueblo respondió y dijo: Nunca tal acontezca, que dejemos a Jehová para servir a otros dioses; porque Jehová nuestro Dios es el que nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre; el que ha hecho estas grandes señales, y nos ha guardado por todo el camino por donde hemos andado, y en todos los pueblos por entre los cuales pasamos.

Y Jehová arrojó de delante de nosotros a todos los pueblos, y al amorreo que habitaba en la tierra; nosotros, pues, también serviremos a Jehová, porque él es nuestro Dios”. ¿Oíste cómo ellos hacen eco del compromiso de Josué? Josué acaba de decir: “pero yo y mi casa serviremos a Jehová” y el pueblo dijo: “pues, también serviremos a Jehová”. “Nunca tal acontezca, que dejemos a Jehová para servir a otros dioses”. El registro bíblico no termina en esa página. Esto no estaba tan lejos de lo que el pueblo decía. La ceremonia del pacto apenas había terminado y el pueblo poco a poco ya estaba empezando a abrazar el paganismo de ese tiempo e ir tras otros dioses.

Dijeron que estaban lejos de eso: “Nunca tal acontezca …”, ‘sería lo último que haríamos’. Eso fue lo primero que hicieron. Pero hicieron el voto solemne de continuar en el pacto. Miren lo que Josué dice después que ellos dieron tremenda respuesta:

“Entonces Josué dijo al pueblo: No podréis servir a Jehová, porque él es Dios santo, y Dios celoso; no sufrirá vuestras rebeliones y vuestros pecados. Si dejareis a Jehová y sirviereis a dioses ajenos, él se volverá y os hará mal, y os consumirá, después que os ha hecho bien. El pueblo entonces dijo a Josué: No, sino que a Jehová serviremos.

Y Josué respondió al pueblo: Vosotros sois testigos contra vosotros mismos, de que habéis elegido a Jehová para servirle. Y ellos respondieron: Testigos somos.”

Ahora Josué dice: “Quitad, pues, ahora los dioses ajenos que están entre vosotros, e inclinad vuestro corazón a Jehová Dios de Israel. Y el pueblo respondió a Josué: A Jehová nuestro Dios serviremos, y a su voz obedeceremos. Entonces Josué hizo pacto con el pueblo el mismo día, y les dio estatutos y leyes en Siquem”.

El pueblo hizo una profesión de fe. Se comprometieron públicamente. Hicieron un juramento y un voto sagrado, y lo rompieron; y Josué les advirtió: “No podréis servir a Jehová”, tu Dios.

Tú piensas que servirás al Señor tu Dios, pero tú no sabes de quién estás hablando. Ni siquiera conoces a este Dios con el cual te has comprometido. ¿No sabes que es un Dios santo? ¿No sabes que es un Dios celoso? No celoso en el sentido humano de envidiar lo que el otro tiene, sino celoso en el sentido de que no permitirá el prostituirse detrás de otros dioses.

Él exige tu lealtad, tu compromiso y tu obediencia. Y todo el pueblo dijo: “serviremos a Jehová”. Una de las cosas que me preocupa profundamente es la facilidad con la que creemos en nuestros días que podemos entrar en el reino de Dios.

Se ha puesto tanto énfasis en un tipo de evangelismo donde las personas son llamadas a leer una oración o levantar la mano o acercarse a un altar y hacer una profesión de fe. No me malentiendan, no hay nada malo en la expresión pública de la fe. Estamos llamados a hacer una profesión de fe pública. Pero lo que es peligroso es que asumamos que, por el solo hecho de realizar ese acto público, ya somos redimidos y entramos a un estado de gracia.

El Nuevo Testamento nos advierte, el Antiguo Testamento nos advierte en cada página, que es fácil para la gente hacer una profesión de fe y apresurarse a prometer lealtad y obediencia a Cristo, y lealtad y obediencia a Dios y que luego no cumplan, porque ellos no han llegado a comprender el significado profundo de lo que es ser hijos de Dios en realidad, ya que no se han topado con el carácter de Dios, con su santidad, con el entendimiento de que Dios nunca pierde; y que cuando juramos lealtad a Cristo, es para siempre.

Mira tu propia vida. Mira tu historial de cumplimiento del pacto. Todos nosotros necesitamos renovar el pacto con Dios regularmente.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

 3/10 – Una doble bendición

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Vivifícame conforme a Tu Palabra (Salmo 119)

 3/10 – Una doble bendición

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/una-doble-bendicion/

Leslie Basham: Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Estudiar y obedecer la Palabra de Dios no es solo lo correcto—aunque sí lo es. Pero quiero que vean, mientras continuamos en estos temas del Salmo 119, que estar en la Palabra de Dios es un medio de obtener gran gozo.

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín, continuando en una serie llamada Vivifícame conforme a Tu Palabra.

Nancy: Estaba visitando  a una amiga en su apartamento no hace mucho tiempo, y vi un libro que me pareció algo intrigante.  El título del libro era, “1001 Libros que debes de leer antes de morir”.

Ahora mi primer pensamiento acerca de este título fue que probablemente uno tenía vivir mucho tiempo para poder  leer 1001 libros—especialmente los clásicos a que hacía referencia este autor.  Fue editado por un profesor de Literatura Inglesa e incluía libros como: “Noches de Arabia”, “Cumbres Borrascosas”, “El Señor de las moscas…”  Asombrosamente para mí, en este popular libro llamado 1001 Libros que debes de leer antes de morir, no se incluía la Biblia.  Y este es el libro que está por sobre todo otro libro de la historia de la humanidad.

Hicimos recientemente una encuesta en línea con nuestras oyentes, y el 36% de nuestras oyentes respondieron en esta encuesta que no habían leído la Biblia completa.  Ahora, fue alentador para mi que el 64% de nuestras oyentes si habían leído la Biblia completa por lo menos  una vez.  Si fuéramos a tomar la población cristiana en general, no creo que el 64% haya leído la Biblia completa.

Hay muchas razones para esto.  Hemos estado encuestando a nuestras oyentes sobre diferentes razones de por qué no habían leído la Biblia completa.  De manera interesante, la razón número uno que dieron, de las opciones que les ofrecimos, fue la pereza. Y tengo que decirles que en mi propia vida, esa es probablemente la razón más frecuente, por la que yo no leo la Biblia más frecuentemente.

Muchas personas piensan — muchos creyentes — que leer y estudiar la Palabra de Dios, escuchar sermones basados en la Palabra de Dios, y cosas así, es como una obligación.  Pero en el Salmo 119 vemos a un hombre, a un salmista, para quien su relación con la Palabra de Dios no es fría ni seca.  Este salmo emana vida, pasión, gozo, llenura y calidez.

Al leer el Salmo 119, mientras lo vamos estudiando en esta serie, quiero alentarte a leer este texto todos los días. Te tomará unos quince minutos aproximadamente.  Tómate el tiempo cada día, especialmente al principio de cada año, para leer el Salmo 119.  Y mientras lo lees, no podrás escapar del hecho de que la persona que escribe esta oración ama la Palabra de Dios.  Para él no es un deber; no es un trabajo penoso.  Da la sensación de que este es “el libro” que debes de leer antes de morir — ¡no solo una vez, sino una y otra, y otra vez!

Y es que, estudiar y obedecer la Palabra de Dios, no es solo algo correcto que debemos hacer, aunque sí lo es. Sino que quiero que mientras continuamos en estos temas del Salmo 119, veas que estar en la Palabra de Dios es un medio de obtener gran gozo.  No es solo un trabajo o una tarea que marcas en tu lista de deberes—leer —“leí mi Biblia hoy”—sino que es una fuente, el origen de grandes e inmensurables bendiciones y beneficios.

Y en esto es que quiero enfocarme hoy, en las bendiciones y los beneficios que llegan a nosotras por estar en la Palabra de Dios.

Ahora vamos a regresar al versículo 1 del Salmo 119.  Verás en los primeros dos versículos de este largo salmo, que hay una doble bendición —una bendición doble.

“¡Cuán bienaventurados son los de camino perfecto, los que andan en la ley del Señor!  ¡Cuán bienaventurados son los que guardan sus testimonios, y con todo el corazón le buscan! ¡No cometen iniquidad, sino que andan en sus caminos!” (vv.1-3)

Esto no suena como una persona que se esté sintiendo miserable, ¿verdad? Ahora, aquí vemos un gran remedio para la tristeza.  Vas al doctor; tienes una enfermedad; él te da una receta; y te dice, “tome esto.” Pues bien,  esto es una prescripción, un remedio para la tristeza. De hecho, esa palabra bendecido, bienaventurado, realmente se traduce como “feliz”.  Comencé a leer este salmo en la versión Dios Habla Hoy, hace unas semanas atrás y actualmente lo traducía de esta manera.  Decía así:

“Felices los que se conducen sin tacha y siguen la enseñanza del Señor. Felices los que atienden a sus mandatos y lo buscan de todo corazón.”

Ahora bien, el mundo te hace creer que vivir este tipo de vida sin culpa, en santidad, centrada en Dios, guiada por la Palabra es una receta para una vida de miseria.  Una de las cosas que necesitamos reconocer aquí es que el Salmo 119 refleja el corazón de un hijo de Dios hacia la Palabra de Dios.  Una persona que no tiene una relación con Dios no disfrutará realmente leer la Palabra de Dios a menos que Dios esté atrayendo su corazón hacia la fe.

Pero si conoces a Dios, si tienes una relación personal con Él, vas a experimentar bendiciones y beneficios por estar en la Palabra de Dios. Y puedes ver al salmista diciendo que este es el camino a la felicidad.  Como dice Charles Spurgeon en su comentario sobre el Salmo 119: “Afirmen esto en sus corazones … ¡la santidad es felicidad!

Y a propósito, cuando te veas tentada a pecar, recuérdate a ti misma que el pecado no trae felicidad.  En última instancia, te puede dar solo un placer temporal, pero a largo plazo, la santidad es la felicidad.

El Salmo 119 que estamos viendo esta semana y la próxima, tiene un gran parecido a otros dos salmos en la biblia.  ¿Sabes cuáles son? Son salmos mucho más cortos. El Salmo 1 y el Salmo 19.  Estos tres salmos, el Salmo 1, el Salmo 19 y el Salmo 119—muy fácil de recordar de hecho— son acerca de la Palabra de Dios.  El Salmo 119, en un sentido, es una exposición más completa, del corto y pequeño Salmo 1.

Escuchen el Salmo 1 Versículo 1:

“¡Cuán bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la silla de los escarnecedores, sino que en la ley del Señor está su deleite,  en su ley medita de día y de noche!” (versículo 1-2).

La bendición es prometida a aquél que centra su vida en la Palabra de Dios.  Y esta misma promesa la vemos en Apocalipsis capítulo 1 versículo 3:

“Bienaventurado el que lee y los que oyen las palabras de la profecía y guardan las cosas que están escritas en ella.”

Vemos en el Salmo 119 que la Palabra de Dios es de mayor valor que cualquier ganancia material — más valiosa que cualquier cantidad de dinero.  El versículo 14 dice:

“Me he gozado en el camino de tus testimonios, más que en todas las riquezas”.

Versículo 72:

“Mejor es para mí la ley de tu boca que millares de piezas de oro y de plata…”

No sé cuánto cuesta el oro o la plata en estos momentos, pero creo que cualquiera de nosotras estaría feliz de tener miles de piezas de oro y plata.  Sin embargo, el salmista dice, “Mejor es para mí la ley de tu boca [Tu palabra], que millares de piezas de oro y de plata”.  Ahora, no leas un versículo como este por encima y simplemente sigas con el próximo.  Detente y piensa acerca del mismo.  Y eso es, por cierto, lo que se llama meditar. “Mejor es para mí la ley de tu boca que millares de piezas de oro y de plata”.

¿Realmente creo yo esto? Imagínate que tú o tu esposo van al trabajo mañana y se enteran que van a recibir un aumento de un 100% en su salario.  El jefe está de buen humor después de las vacaciones y ha decidido duplicarte el salario.  ¿Te sentirías bendecida? ¿Estarías contenta?  ¿Estarías animada?  ¿Pensarías que eso es realmente increíble? ¿Podrías pensar en algunas cosas que pudieras hacer con ese dinero? ¡Claro que si!

¿Te entusiasmas así cuando se trata de adentrarte en la Palabra de Dios? ¿Te causa entusiasmo que las riquezas de Su Palabra se hagan tuyas? “Mejor es para mí la ley de tu boca que millares de piezas de oro y de plata”.

Versículo 127:

“Amo tus mandamientos más que el oro, sí, más que el oro fino.”

El hecho es que la mayoría de nosotras amamos el dinero y las cosas más de lo que amamos los mandamientos de Dios— más de lo que amamos la Palabra de Dios.  Seamos honestas.  Así que al leer un Salmo como este, quizás quieras confesar, “Señor, quisiera que esto fuera una realidad para mi, pero tengo que admitir, que amo más mis cosas que lo que amo Tu Palabra”.  Te puedes dar cuenta de esto al notar en qué inviertes tu tiempo, al ver hacia dónde van dirigidos tus afectos, cuáles son tus prioridades.  El salmista dice “Yo amo tus mandamientos más que el oro”.

Versículo 162:

“Me regocijo en tu palabra, como quien halla un gran botín.”

¡Me gané la lotería! Así de tanto me regocijo en Tu Palabra.

Hoy y en la próxima sesión, quiero que veamos diez bendiciones que la Palabra de Dios trae a nuestras vidas.  Veremos cinco hoy y cinco en los próximos programas.  Algunas de estas solo las mencionaremos rápidamente y a otras le dedicaremos más tiempo.  Vamos a ver algunas de estas riquezas específicas, esas bendiciones que vienen a nosotras a través de la Palabra de Dios mientras las vamos encontrando  través del Salmo 119.

La primera es libertad.  Y estoy pensando aquí en el versículo 45 del Salmo 119: “Y andaré en libertad, porque busco tus preceptos.”  Otra traducción dice “Solo así seré completamente libre, pues he buscado seguir tus mandamientos”. (Reina Valera Contemporánea).

Ahora, de nuevo te repito, el mundo nos quiere hacer creer que si uno vive la vida de acuerdo a la Palabra de Dios, será una vida encadenada.  Vas a vivir una vida encadenada a los principios de la Palabra de Dios.  Pero el salmista dice, “No, yo caminaré en libertad”.

Recuerda, cuando Dios puso a Adán y Eva en el jardín, dijo, “Tú eres libre de comer de todos los árboles de este jardín, excepto de uno en específico. Y esta restricción es para bendición tuya.  Tú caminarás en libertad si escuchas mis preceptos — si sigues mi Palabra”.  Entonces Satanás vino y dijo, “Dios te ha  esclavizado. Dios dice que no puedes comer del fruto de ese árbol”.  Ellos perdieron de vista la libertad que podían tener al buscar y obedecer los preceptos de Dios— así que el primero de ellos es libertad.

Número dos: La Palabra de Dios nos da esperanza.  Versículo 49:

“Acuérdate de la palabra dada a tu siervo, en la cual me has hecho esperar”.

Versículo 81:

“Mi alma desfallece por tu salvación; en tu palabra espero.”

Quizás haya personas que necesitan algo de esperanza luego de estos días festivos recientes. Tal vez para ti los días de fiesta fueron un tiempo de desesperación.  Tal vez te sientes sola o aislada o estresada debido a situaciones familiares.  ¿Necesitas esperanza? La Palabra de Dios trae esperanza a tu corazón desesperanzado.

Hay un tercer beneficio y es consuelo.

“Este es mi consuelo en la aflicción: que tu palabra me ha vivificado” (v. 50).

Versículo 52:

“Me acuerdo de tus ordenanzas antiguas, oh Señor, y me consuelo.”

Versículo 76:

“Sea ahora tu misericordia para consuelo mío, conforme a tu promesa dada a tu siervo.”

La Palabra de Dios es como un bálsamo para un corazón herido, para una vida herida.  Y algunas de ustedes están ahora mismo con una herida.  El salmista habla sobre cómo la aflicción puede suavizar el corazón; hacerlo más flexible, tierno y listo para responderle a Dios. Contrario al malvado que tiene un corazón duro e insensible.  Puedes leer esto en los versículos 69 y 70.  Las pruebas están hechas para sensibilizarnos hacia Dios.  Cuando nos volvemos hacia Su Palabra en medio de la aflicción, Él trae consuelo a nuestros corazones heridos.

Nadie va y se inscribe para recibir pruebas; nadie dice por favor dame más pruebas.  Pero el hecho es que éstas llegarán. Martín Lutero dijo,

Las pruebas nos enseñan no sólo a conocer y a entender sino también a experimentar cuán justa, cuán verdadera, cuán dulce, cuán amorosa, cuán poderosa, cuán consoladora es la Palabra de Dios.

Y en este salmo podemos ver cómo el salmista entiende que el sufrimiento es inevitable.  Y de manera interesante, él no le pide a Dios que lo libre del sufrimiento, sino que le ministre gracia en medio del sufrimiento.  Él ve las promesas de Dios y la Palabra de Dios como un medio de consuelo y de gracia cuando está herido.

Y un cuarto beneficio es fortaleza o estabilidad. He estado meditando en el versículo 28 por algún tiempo recientemente.  Que dice:

“De tristeza llora mi alma.”

Otra traducción dice : “La ansiedad me corroe el alma,” (Reina Valera Contemporánea), o “De angustia se me derrite el alma,” (Nueva Versión Internacional).  Depende qué traducción estés utilizando.

Esa palabra, “llorar o corroer” —es una palabra que literalmente significa “gotear”.  Puedes ver las lágrimas correr por las mejillas de una persona.  Mi alma llora, mi alma gotea, mi alma se corroe por la tristeza o por la pesadez.  Esta palabra tristeza significa literalmente depresión de espíritu.

No se cuántas personas he escuchado recientemente hablándome acerca de un espíritu deprimido.  Y de nuevo, podrían ser esos sentimientos que vienen después de las fiestas. Tal vez estés experimentando algo de esto ahora mismo porque gastaste más dinero del que tenías; o comiste más comida de la que necesitabas; o fuiste a casa de más personas de las que hubieras querido ir. Ahora estás con espíritu deprimido, decaído.  De tristeza llora mi alma.

Tal vez sea una gran carga la que estés llevando.  Tal vez acabas de celebrar alguna festividad sin el esposo con que estuviste casada por décadas y ahora se ha ido.

Entonces ¿qué es lo que dice el salmista? Fortaléceme conforme a tu palabra.”  Es la Palabra de Dios que hace esto.

Entonces vemos al salmista que está afrontando grandes problemas.  Ves esto a través de todo el salmo.  Y él tiene un corazón apesadumbrado, débil y deprimido por todo eso.  Él busca la Palabra de Dios para que le provea la fortaleza y la estabilidad que lo vuelva a poner sobre sus pies.

Y he aquí un quinto beneficio o bendición que tenemos de la Palabra de Dios.  Y es que esta Palabra nos da vida.  Y ves esto a través de todo este pasaje.  Versículo 25:

“Postrada está mi alma en el polvo ¿Puedes imaginarte esto? No puedes caer más bajo que esto. El salmista dice ¡Vivifícame conforme a tu palabra!

Versículo 93:

“Jamás me olvidaré de tus preceptos, porque por ellos me has vivificado.”

Esta frase, me has vivificado, en la traducción que estoy utilizando aparece varias veces en este salmo.  A veces es traducida como resucitado”.  Otras veces es traducida como “me has avivado” y me encanta esta traducción, devuélveme a la vida.  Es una palabra que significa “disfrutar la vida; vivir de nuevo; animar; refrescar; recuperar; avivar; mantener con vida; salvar una vida”.  Es volver a la vida.

Sabemos como en el libro de Génesis Dios creó la vida por el poder de Su Palabra hablada.  Y somos recordadas a través de toda la Escritura que hemos ganado nuestra propia vida por Su Palabra.  No podemos vivir sin ella.

Y Moisés les dice a los israelitas en Deuteronomio capítulo 8:

[Dios]  te humilló, y te dejó tener hambre, y te alimentó con el maná, …para hacerte entender que el hombre no solo vive de pan, sino que vive de todo lo que procede de la boca del Señor. (Deut. 8:3).

Esa es nuestra vida; así es como vivimos.  1ra de Pedro 1 lo dice de esta manera:

“Pues habéis nacido de nuevo, no de una simiente corruptible, sino de una que es incorruptible, es decir, mediante la palabra de Dios que vive y permanece “(1 Pedro 1:23).

La Palabra de Dios está viva.  Es poderosa.  Y mientras la internalizamos, nos volvemos ágiles, recobramos la vida, somos avivadas.

Conozco de muchos cristianos que dirían, y  muy frecuentemente esta es una verdad para mi también, que no están pasando por su mejor etapa en su vida espiritual— en su vida cristiana.  Pero internamente saben, que si fueran sinceros, la realidad es que están duros, fríos, estériles, vacíos, secos, huecos.

El salmista que escribió el Salmo 119, que creo que probablemente  fue David (no lo sabemos con seguridad) pero él no estaba satisfecho con simplemente existir, satisfecho de ir de una etapa a otra.  Él no estaba satisfecho con solo tener el traje de cristiano.  Él anhelaba tener una auténtica vitalidad espiritual, la vida abundante de la que habló Jesús.

Él reconoce que depende totalmente de Dios para que le de vida a su alma. Por lo que demanda de Dios lo que solo Dios le puede dar.  Dame vida.  Vivifícame, vivifícame de acuerdo a Tu Palabra.  Y por fe él cree que Dios le puede infundir esa vida abundante a través de Su Palabra y Su Espíritu.  Jesús lo dijo de esta manera en Juan capítulo 6:

“El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida”. (Juan 6:63).

Dame vida; vivifícame según Tu Palabra.  Al llegar al final de esta sesión, quiero invitarlas a que se unan a mi en una oración por avivamiento, la cual hago al unir varios versículos del Salmo 119, que en la versión de la Biblia de las Américas dice, “Vivifícame, vivifícame, conforme a Tu Palabra”.

Si así lo desean, vamos a hacer esta oración juntas al repetirla después de mi.  Vamos a orar a Dios para que Él use Su Palabra para avivar nuestros corazones.

Mi alma se hace polvo;

vivifícame conforme a Tu Palabra.

Aparta mis ojos de mirar la vanidad.

Vivifícame en Tus caminos.

Heme aquí, anhelo tener Tus preceptos;

vivifícame según Tu justicia.

Estoy profundamente afligido;

vivifícame, oh Señor, conforme a Tu Palabra.

Oye mi voz de acuerdo a Tu misericordia;

vivifícame, oh Señor, conforme a Tus ordenanzas.

Defiende mi causa y redímeme Señor;

vivifícame conforme a Tu palabra.

Muchas son, oh Señor; tus misericordias,

vivifícame de acuerdo a Tus ordenanzas.

Mira cuánto amo tus preceptos,

vivifícame, oh Señor, conforme a Tu misericordia (v. 25, 37,40, 107,149,154,156,159).

¿Será que tú que nos estás escuchando necesitas que tu corazón sea avivado? Este pudiera ser para ti un tiempo de dolor o de tristeza…  Puede que estés afrontando una aflicción, una adversidad, una oposición.  Tu corazón puede que esté cargado, decaído, lacerado por una relación familiar tensa que has tenido que sobrellevar durante este tiempo.

Yo misma me he encontrado durante este año con algunas de estas cosas que menciona el salmista en el Salmo 119.  Y si hay algo que he aprendido es la futilidad de buscar que las personas o que las cosas  me sostengan, que me fortalezcan o que me den vida. También he aprendido, que la Palabra de Dios infunde vida a mi débil, cansado y lacerado corazón.  ¡Es la vida de Cristo!

Ahora bien, puede que algunas de ustedes estén viviendo un excelente momento de sus vidas. Me gozo con ustedes.  Pero quiero decirles esto.  Aun si todo anda bien ahora mismo, es muy probable que más adelante enfrenten problemas y retos —grandes, pequeños, medianos.  La pregunta es, cuando tengas problemas, ¿dónde acudirás?  ¿Estarás preparada para enfrentar estos problemas?  Y cuando venga la tormenta, ¿estará tú corazón firmemente anclado en la roca sólida de la Palabra de Dios?

Es por esto que estamos retando a nuestros oyentes a leer la Biblia entera en un año.  “Mediante tu palabra me has dado vida.  Vivifícame oh Dios, conforme a tu palabra”.

Escucha, este programa de radio no puede avivar tu corazón.  Solo la Palabra de Dios puede avivar tu corazón, y Él lo hará, pero tienes que adentrarse en Su Palabra.  Es Su Palabra la que te da vida.

Puede que al decidir leer la Palabra faltes uno que otro día, pero no te des por vencida, que  la intención del corazón sea esta, “Yo quiero leer la Biblia entera en un año”.

Y déjenme animarlas a tomar este reto de leer sus Biblias cada día del año,  para que no se queden solo escuchándome a mi hablar sobre el reto o pensar que esto sólo se aplica para otros.  Asuman el reto cada una de manera particular.  Por la gracia de Dios, quiero leer la Biblia cada día durante un año.  Y si el Señor lo permite por el resto de sus vidas.  Mientras así lo hagan, creo que Dios avivará sus corazones y les dará vida y vida abundante.

Leslie: Nancy Leigh DeMoss les ha estado animando a asumir un reto.  ¿Te comprometerías a leer la Biblia cada día durante un año?

Si te mantienes conectada a la Palabra de Dios, esta te llevara a lugares de gran paz, sin importar lo que puede estar sucediendo en el mundo a tu alrededor.

Te invitamos a visitar AvivaNuestrosCorazones.com. Allí encontrarás recursos que pueden ayudarte a abrazar este compromiso.

Te esperamos en el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones, para que juntas continuemos por este recorrido del Salmo 119.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

¡Cuánto Amo Tu Ley!, Danilo Montero.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tenemos algunos artículos en Español disponibles en esta página de www.AvivaNuestrosCorazones.com. Usted puede imprimirlos y usarlos. Visite este enlace para que vea los temas disponibles: PDF Downloads.

Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Deleitándonos en Él

Isha – Salmos

DÍA 60 – Salmo 37

Dosis: Llenura Espiritual

Deleitándonos en Él

“Confía en el SEÑOR y haz el bien; establécete en la tierra y mantente fiel. Deléitate en el SEÑOR, y él te concederá los deseos de tu corazón. Encomienda al SEÑOR tu camino; confía en él, y él actuará. Hará que tu justicia resplandezca como el alba; tu justa causa, como el sol de mediodía.” (Salmo 37:3–6) (NVI)

Este es uno de mis salmos preferidos. Un poema sapiencial. Y la verdad no hallo la forma de resumir tanta riqueza. Este hermoso poema trata un tema controversial, el sufrimiento de la gente justa e inocente frente a la prosperidad de los que no temen a Dios. Nos enseña a no envidiar la prosperidad de otros.

Lo primero que nos dice el salmista es: no te impacientes, no te irrites. Apunta a nuestro carácter que debe contrastar con el carácter de quien se conduce injustamente: “No te irrites a causa de los impíos ni envidies a los que cometen injusticias; porque pronto se marchitan, como la hierba; pronto se secan, como el verdor del pasto.” Estas palabras apelan a un examen personal. ¿Envidias la prosperidad de otros? ¿Tienes contentamiento? Y a la vez nos recuerda que la prosperidad material es efímera y nos insta a mirar con los ojos de la fe confiando, esperando y deleitándonos en el Señor. Él sabe lo que queremos y necesitamos y Él nos concederá las peticiones de nuestro corazón.141

David había aprendido a vivir alimentándose de las promesas de Dios, por eso nos anima a vivir una vida de plena confianza en Él: “Guarda silencio ante el SEÑOR, y espera en él con paciencia; no te irrites ante el éxito de otros, de los que maquinan planes malvados. Refrena tu enojo, abandona la ira; no te irrites, pues esto conduce al mal. Porque los impíos serán exterminados, pero los que esperan en el SEÑOR heredarán la tierra.”

Frente a los placeres humanos, el salmista describe un deleite diferente. Nos insta a “deleitarnos en el Señor” a saborear nuestra comunión con Él, a vivir agradándole y agradándonos en Él, quien finalmente es el único capaz de conceder los deseos más íntimos de nuestro corazón. Amada yo he experimentado esta verdad de una manera maravillosa, a veces no he llegado a pronunciar mi oración, sólo he deseado algo en mi corazón y Dios me lo ha concedido como una evidencia de su amor. Pero antes aprendí que solamente Él puede llenar mi alma, Él satisfizo mi corazón, lo llenó por completo. Experimenté el placer y la satisfacción más grande deleitándome en su presencia, amándolo y aprendiendo a vivir agradándole. ¡Cristo llena!

Permitamos que sea nuestro guía, encomendándole nuestros caminos, sometiendo a su dirección todos nuestros asuntos y deseos. Confiando en la promesa que Él actuará, hará que resplandezca nuestra justicia como el alba y nuestra causa justa como el sol del mediodía. ¡Qué más podemos desear!

Oración: Señor enséñame a deleitarme en tu presencia y a llenarme de ti. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 75). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

¿De qué sirve la vida?

Jueves 24 Octubre

http://labuenasemilla.net/20191024

Mi vida se va gastando de dolor, y mis años de suspirar.

Salmo 31:10

(Jesús dijo:) He venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.

Juan 10:10-11

¿De qué sirve la vida?

Si el dinero no da la felicidad, si uno siempre está tan «mal consigo mismo», a pesar de la liberación de la moralidad, y si el corazón permanece vacío… ¿para qué vivir? ¿Tiene sentido la vida? ¿Vale la pena vivirla?

Pues bien, ¡sí! Vale la pena vivir, si conocemos “la vida que lo es en verdad” (1 Timoteo 6:19, V. M.). No una vida sin Dios, sino la vida con Dios cada día. Quizás usted diga: «Dios creó el cielo y la tierra. Sé que él existe, pero no se ocupa de mí».

¿Cómo puede uno hablar así? Si Dios creó el cielo, la tierra y a todos los que la habitan, ¿podría olvidarse de sus criaturas? La Biblia nos dice que es el hombre quien se ha alejado de Dios. “Cada cual se apartó por su camino” (Isaías 53:6). Hoy cada uno debe decidir si quiere continuar ese camino que lleva a la muerte, o si quiere volverse a Dios. Escuche también: “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).

Dios trae la solución a las preguntas fundamentales de la vida. Con él no tengo que errar sin rumbo fijo, sino que mi vida tiene un sentido. Dios se interesa en todo lo que me concierne, porque me ama.

Si usted está preocupado y busca un sentido para su vida, Jesús le dice: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él” (Apocalipsis 3:20). Ábrale su corazón, él quiere darle “el fin que esperáis” (Jeremías 29:11).

Nehemías 10 – Juan 11:17-37 – Salmo 119:33-40 – Proverbios 26:3-4

Contenido publicado por Alimentemos El Alma con autorización y permiso de:

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