10/13 – Las Diez vírgenes

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: Parábolas del Reino

10/13 – Las Diez vírgenes

David Barceló

David Barceló

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

 

NUESTRA CORONA FUTURA

Gracia a Vosotros

John MacArthur

Octubre 11

NUESTRA CORONA FUTURA

Cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de la vida.

Santiago 1:12

La vida eterna es la corona que Dios ha prometido a quienes lo aman. Es el galardón supremo del creyente. Aunque en el presente experimentamos algunos de los beneficios de vida eterna, la tenemos como una promesa. Algún día la recibiremos en su plenitud. Seguimos esperando recibir el galardón futuro. Cuando venga el Señor, nos dará la plenitud de vida eterna.

El apóstol Pablo expresó un pensamiento similar: “Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Ti. 4:8). Cuando Cristo regrese por la iglesia, a los cristianos se les dará una vida de justicia eterna. Todos recibiremos la misma corona de las recompensas de vida eterna, justicia y gloria.

La resistencia no gana la vida eterna. Sin embargo, la resistencia es la prueba de la fe y del amor genuino, y eso es recompensado con la plenitud de vida eterna.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

6/9 – Cómo cultivar un matrimonio

El Amor que Vale

Serie: El increíble poder de la autoridad de Dios

6/9 – Cómo cultivar un matrimonio

Adrian Rogers

El Dr. Adrián Rogers es un predicador, evangelista y maestro de Biblia. Presenta las Buenas Nuevas de Jesucristo con firme convicción a través de su ministerio de radio y televisión, EL AMOR QUE VALE.

Más acerca del Dr. Adrián Rogers:

http://www.lwf.org/eaqv

Episodio 5 – La Biblia Y No Siento Nada, ¿Qué Debo Hacer?

Soldados de Jesucristo

John Piper Responde

Leo La Biblia Y No Siento Nada, ¿Qué Debo Hacer?

Episodio 5

SOBRE NOSOTROS

Es el podcast Ask Pastor John en Español, en la voz de Nathan Díaz. Disponible también en videos.

Nuestra misión es predicar el Evangelio de la gracia de Dios en Jesucristo por todos los medios online, a todo el mundo.

Un diluvio de maldad

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

Un diluvio de maldad

R.C.Sproul

https://www.ivoox.com/29313278

Creo que todos estamos familiarizados con los programas que forman parte de nuestro sistema penal de justicia. Hay personas que cometen crímenes y que son conocidas como “delincuentes primerizos” y algunas veces, en el caso de alguien que comete por primera un delito, los jueces son indulgentes con ellos y les otorgan la suspensión de la pena o los multan en vez de mandarlos a la cárcel.

Y hay una segunda categoría de personas, conocidas como “delincuentes reincidentes”, ellos están fichados y tienen un largo historial. Pero, más allá de esto, tenemos una categoría conocida como “delincuentes profesionales”. No hacen nada más que delinquir. Así es como se gana la vida y esas son las personas que la sociedad busca con ansias sacar de las calles.

Entonces, vemos estos distintos grados de maldad. Podríamos pensar que, en el caso de las personas que cometen una vez un delito y que son puestos aparte y juzgados y que se les da una segunda oportunidad con una suspensión de la sentencia, pensaríamos que la mayoría de ellos aprenderían la lección y tratarían de cambiar y dejar la actividad delictiva.

Tal vez esa es la expectativa que tendríamos después del terrible trauma de la caída en el Edén. Adán y Eva están totalmente desnudos. Están totalmente avergonzados. Se arrepienten cuando Dios los reprende. Han recibido la maldición de Dios sobre ellos y, lo que es peor, son expulsados del jardín del Edén, y un centinela está de guardia a la entrada del paraíso: un ángel con una espada encendida, que he mencionado antes.

Pero volveré a mencionar de pasada que este ángel con la espada encendida representa el primer ejemplo en las Escrituras de que Dios da armas como medio de fuerza coercitiva de gobierno. Este es el primer ejemplo de fuerza gubernamental. La espada se le da al ángel y la espada se da… ¿por qué razón? Para la aplicación de la ley. La espada está allí para detener a la humanidad de apoderarse una vez más del paraíso que habían perdido, de irrumpir y entrar en el Edén.

Entonces, se coloca al guardia en la puerta y se le da un arma para usar, un arma de fuerza, que será usada, de ser necesario, para hacer cumplir la ley. Recuerdo haber tenido una reunión inusual de almuerzos en el comedor del Senado en Washington hace unos años atrás con un Senador que es muy conocido, y si mencionara su nombre todos ustedes lo reconocerían.

Así que no lo mencionaré para proteger a los culpables en este caso. Estábamos teniendo una discusión sobre el gobierno, y fue una discusión general sobre la teoría del gobierno, y este Senador en particular me dijo durante el almuerzo –Nunca lo olvidaré—dijo: “R.C., no creo que cualquier gobierno tiene el derecho moral de coaccionar a su gente.” Casi me atraganté con la sopa que estaba tomando ese día. Y le dije: “Senador, la verdadera esencia del gobierno es el derecho a coaccionar”.

Si le quita al gobierno el derecho a coaccionar, le estaría quitando al gobierno el derecho a gobernar, porque el gobierno no solo se dedica a hacer sugerencias.” Pasan leyes, y cuando pasan esas leyes, tienen instituciones que han sido establecidas y diseñadas para… ¿hacer qué? Para hacer cumplir esas leyes.

Ahora, si todos los ciudadanos cumplieran voluntariamente con las leyes, no habría necesidad de hacer cumplir la ley, y no habría necesidad del uso de la fuerza para que las personas cumplan con la ley. Es por eso que Dios instituyó el gobierno civil, entre otras razones, y lo vemos aquí en el Génesis, donde este ángel con la espada encendida está a la puerta. Ahora, podríamos pensar con todo esto que los hijos de Adán y Eva recibirían el mensaje y que dirían: “Bueno, de seguro no queremos hacer el mismo tipo de cosas que hicieron nuestros padres. Mira la etiqueta del tremendo precio por el pecado de ellos.

Solo podemos oír acerca del paraíso. Solo podemos oír acerca del Edén. No podemos entrar al Edén. Tenemos que vivir en Nod. Tenemos que vivir al este del Edén,” y uno pensaría que esa restricción mantendría bajo control cualquier inclinación de los seres humanos hacia el pecado. Una vez más, esa es una de las propiedades y principios del gobierno en el mundo, ejercer moderación sobre la proclividad de la raza humana hacia el mal.

Tenemos señales de límites de velocidad en las carreteras, por ejemplo, un límite de velocidad es de 90 kms por hora. ¿Por qué el gobierno pone un límite a la velocidad y por qué sanciona si se viola este límite? Porque no están dispuestos a confiar la seguridad de sus ciudadanos a la discreción individual de las preferencias de estilo de conducir de cada persona.

Ellos saben que sin esos límites las personas conducirán de una manera salvaje, ofensiva y hasta destructiva. De hecho, conducen así aún con los límites. ¿Puedes imaginar cómo sería si los límites fueran diferentes? Recuerdo cuando la mayoría de ciudades tenían el límite de 100 kms por hora, y luego, durante la crisis energética, los límites nacionales de velocidad fueron reducidos a 90.

Pero la gente seguía recibiendo multas por exceso de velocidad; y la velocidad a la que iban en promedio cuando eran multados, era más baja que el límite anterior de 100 kms por hora. Si las personas tienen el límite de 90, ellos conducen a 100. Si el límite es 110, ellos van a 120. Si lo ponen en 120, ellos van a 130. No tienes límites allí y ya se pueden imaginar cómo serían las carreteras y la carnicería que las pistas serían.

Pero la idea aquí es que estas restricciones están diseñadas para restringir nuestros impulsos pecaminosos. Pero ¿Qué vemos en Génesis? En los capítulos que siguen el registro de la caída de Adán y Eva, lo que vemos es la proliferación del pecado.

No vemos la disminución del pecado.  En cambio, vemos una expansión radical del mal. Casi de inmediato leemos sobre el primer asesinato, no un homicidio normal, pero es un tipo especial de homicidio llamado “fraticidio”, donde Caín se levanta y mata a su hermano.

Ahora, si pasamos al capítulo seis de Génesis, al principio, nos topamos con un pasaje difícil, uno que suena extraño a nuestros oídos y otro que ha provocado todo tipo de desacuerdo y controversia entre los intérpretes y comentaristas del Génesis. Leemos en el capítulo seis esto –al comienzo del capítulo seis: “Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas. Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; más serán sus días ciento veinte años. Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos. Estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre.”

Ahora, veremos esta terrible descripción del clima moral que ha sucedido en el versículo cinco. “Y el Señor vio que era mucha la maldad de los hombres en la tierra, y que toda intención de los pensamientos de su corazón era solo hacer siempre el mal. Y le pesó al Señor haber hecho al hombre en la tierra, y sintió tristeza en su corazón. Y el Señor dijo: Borraré de la faz de la tierra al hombre que he creado, desde el hombre hasta el ganado, los reptiles y las aves del cielo, porque me pesa haberlos hecho. Mas Noé halló gracia ante los ojos del Señor.” ¿Qué es esto que vemos aquí? ¿Quiénes son estas personas a las que se hace referencia en este texto como: “los hijos de Dios” y “las hijas de los hombres”?

Es un pasaje extraño ya que hace referencia a este brote y expansión radical del mal, y habla de esta raza de gigantes que surge como resultado de la unión entre los hijos de Dios y las hijas de los hombres. Ahora, uno de los enfoques más comunes de este texto es interpretarlo para sugerir que lo que sucedió después de la caída fue que había una mezcla de seres angelicales con seres humanos, casi como algunos de los mitos griegos, de la violación de mujeres por parte de los dioses que viven en el Olimpo, que bajan a la tierra y arrastran a los seres humanos –como la violación de Perséfone, etc.—leemos sobre esas historias en la mitología griega; y esta es una de las razones por las cuales algunas personas piensan que hay mitología en el Antiguo Testamento. Y van al Nuevo Testamento, donde Pablo les dice a las mujeres, por ejemplo, en Corinto, que se cubran la cabeza cuando están orando en la iglesia y cosas así, y todo ese asunto de cubrirse la cabeza.

Y menciona de paso esta declaración un tanto enigmática de que debemos hacer esto, las mujeres deben hacer esto, por el bien de los ángeles. Entonces, ¿qué significa eso? He visto un sinfín de tipos de especulaciones acerca de esto, el más usual es que las mujeres deben cubrirse la cabeza en la iglesia porque los ángeles siempre están observando la comunión de los santos en la iglesia, y los ángeles tienen esa extraña atracción por las mujeres hermosas.

Y por eso se supone que las mujeres deben ser modestas cuando van a la iglesia, no sea que causen algo de tentación a los ángeles, tal como sucedió en Génesis seis. Ahí es donde vemos el enlace. Ellos dicen: Bueno, ¿ven lo que pasó? La razón por la cual Dios trajo un diluvio sobre la tierra, el diluvio del que solo Noé y su familia se salvaron fue porque estos ángeles, los hijos de Dios, porque la Biblia se refiere, a veces, particularmente en poesía hebrea a seres angelicales, llamándolos “los hijos de Dios”—aquellos que cantaron al principio de la creación y así sucesivamente—los hijos de Dios cantaron juntos, es decir, las huestes angélicas.

Y entonces, ¿qué más podría significar este texto? Que los hijos de Dios son ángeles que descienden y tienen relaciones sexuales con mujeres mortales, y eso es lo que produce esta raza de personas extremadamente malvadas que son gigantes en términos de una grotesca distorsión de su humanidad normal. Esa es una teoría muy popular. Creo que tiene muy poca base y apoyo en los datos bíblicos en sí, pero, aun así, el texto es problemático.

Lo que vemos en la estructura del Génesis, desde Génesis tres en Adelante, es que vemos una breve recapitulación de la genealogía de los descendientes de Adán y Eva. Recuerda que después de que Caín se levanta y mata a Abel, Adán y Eva tienen otro hijo, y su nombre es Set.

Y Set tiene muchos descendientes, pero también Caín. Y obtenemos una breve muestra de los descendientes de estos dos hijos de Adán: Caín, el hijo malo y Set, el hijo posterior que viene después de la promesa del Evangelio. Y si miras en los capítulos cuatro y cinco del Génesis, y escuchas a los descendientes de Caín, suena como la galería de los más buscados.

Parece que todos están aquí menos Jack el destripador, tienes a Lamec, quien es el primer polígamo, y lees sobre su “canción de espada” donde celebra la violencia; y ves la depravación creciente de los descendientes de Caín. Pero luego también tenemos un breve resumen de los descendientes de Set, ¿quién proviene de esa línea de Set? Personas como Enoc, quien caminó con Dios y no pasó o sufrió por la muerte; él fue llevado directamente al cielo.

Luego tenemos a Matusalén, quien tenía 969 años, y quien era del linaje de dónde venía Noé. Y tenemos esa referencia críptica “en los días de Matusalén”, y su solo nombre sugiere que algo va a suceder al final de sus días. Hace poco escuché hablar de esto a un predicador, diciendo que el chisme más obvio en la tierra en ese momento era que todos querían saber el día a día –querían reportes diarios—en cuanto a cómo iba el viejo Matusalén ya que tenían el terrible temor de que cuando él muriera, literalmente todo el infierno se iba a desatar.

Y, de hecho, esto sucedió. Inmediatamente después de la muerte de Matusalén, vino el diluvio por el cual Dios destruyó la tierra. Ahora, volvamos al tema de este matrimonio entre los hijos de Dios y las hijas de los hombres. Recuerda que, con frecuencia, en la Escritura, la filiación se explica no tanto en términos de generación biológica, sino en términos de obediencia.

Jesús habló a los fariseos, cuando afirmaron ser hijos de Abraham. Él dijo algo como esto: “No son hijos de Abraham. Son hijos de vuestro padre el diablo. Son hijos de ira. Son hijos de aquel a quien obedecen”, por lo que, era familiar para el pueblo judío definir, con frecuencia, la filiación en términos de obediencia.

Incluso el título “Hijo de Dios” para Jesús, no se refiere solo a su deidad, sino también a su perfecta obediencia en su humanidad. Él es aquel en quien Dios está complacido. Está muy contento porque obedece al Padre en todo sentido.

Ahora, no hay razón alguna para suponer en este texto que los “hijos de Dios” se refiere a los ángeles. De hecho, los mejores estudiosos del Antiguo Testamento, los que yo confío, están de acuerdo en que se trata de una referencia a los hijos obedientes de la línea de Adán, que implica la línea de Set. Tienes dos líneas una al lado de la otra: Set y Caín.

La familia de Caín aumenta radicalmente en el mal, en la violencia y en el pecado.  Como dije, es como una galería de prontuariados. Ésta es la expansión del mal en la familia de Caín. Pero en la línea de Set, tenemos a aquellos que han encontrado una gracia especial delante de Dios y que, por así decirlo, son justos delante de él.

Éstas son las personas que agradan a Dios, está Enoc y otros. Así que ellos son llamados los hijos de Dios. Y lo que sucede es que los descendientes de Set, los descendientes varones empiezan ja casarse con las descendientes de Caín, las hijas de los hombres, así, ahora los justos se unen con los injustos. Y lo que resulta no es solo la destrucción de la línea de rectitud, sino una mezcla grotesca que produce gigantes, o monstruos por así decirlo, que ahora tienen una mayor capacidad para el mal.

Y la contaminación se vuelve mundial, y Dios ve la violencia en toda la tierra y que el corazón de todos está lleno de maldad, y todos están haciendo lo correcto ante sus propios ojos. Entonces ya no existe este sentido de obediencia o compromiso con el Dios del pacto de la creación, y entonces Dios dijo algo como esto: “No más. No voy a luchar más contigo. No voy a tratar de enviar a mi Espíritu para que obre en tu santificación; voy a retirar mi Espíritu y el martillo del juicio caerá sobre ustedes.”

Y así, de nuevo, esto prefigura todo el resto del Antiguo Testamento, donde uno de los mayores problemas en la historia de Israel es el problema del sincretismo, donde Dios separa a su pueblo y lo llama a ser una nación santa, un real sacerdocio y para mantenerse sin mancha del paganismo; e incluso, cuando les da la tierra prometida, les dice que expulsen a todos los paganos que están allí.

Pero, en cambio, Israel hace tratos con ellos.  Ellos entran en convenios con ellos y permiten que los paganos permanezcan allí. Y lo siguiente que sabes es que se están casando con los paganos. Lo siguiente que sabes es que mezclan la religión pagana con la religión de Dios y ese es quizá el desastre más grande que alguna vez haya golpeado a Israel.

Pero está prefigurado aquí en este matrimonio mixto entre los hijos de Dios y las hijas de los hombres, de modo que ahora la maldad se vuelve universal. Esta no es la evolución de la raza humana, amados. Esta es la devolución de la raza humana, de la cual todos somos herederos y socios.

Si usáramos los conceptos de hijos de Dios e hijas de hombres tal como lo acabo de hacer, donde nos referimos a “los hijos de Dios” como personas que son piadosas en su orientación, que tenían un corazón para la obediencia a las cosas de Dios y cuyas vidas reflejaban algo de la belleza de Dios; Y que “las hijas de los hombres” se refiere a personas que no tienen a Dios en su pensamiento.

Si esas categorías se usaran hoy, ¿dónde encajarían ustedes? ¿Te miraría Dios y diría: “tú eres mi hijo, hijo mío, hija mía”? o Dios te miraría y diría: “eres un hijo de hombre, una hija de hombre o un hijo de hombre en el sentido de que estás viviendo una disposición humana que está en conflicto con Dios.

Dicho de otra manera, si Dios decidiera destruir el mundo de nuevo por inundación, lo cual no sucederá, pero si lo hiciera, ¿tú serías rescatado? ¿Te invitarían a entrar en el arca o te dejarían perecer afuera? Solo quedaba una familia en el momento de la inundación; e incluso más tarde en la vida de Noé, vemos la caída de Noé en el pecado.

Pero tenemos que entender que el pecado no es solo algo que está en los aspectos periféricos de nuestras vidas, sino que es algo que se planta profundo, profundo, profundo en el corazón de toda la humanidad. Recuerdo la gran novela de Joseph Conrad titulada “El corazón de las tinieblas”, donde las intenciones de nuestro corazón en la carne solo son perversas de continuo.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

1/2 – Encuentra Aceite Fresco

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Unción Divina

1/2 – Encuentra Aceite Fresco

Nancy Leigh DeMoss

Leslie Basham:  Cuando experimentas la unción de Dios, eso afecta toda tu vida. Nancy Leigh DeMoss comparte un ejemplo con nosotras.

Nancy Leigh DeMoss: ¿Cuántas de ustedes tienen hijos adolescentes? Ustedes como padres necesitan una unción del Espíritu Santo.  

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

¿Cuál es la mayor dificultad que debes enfrentar hoy? ¿Estás apoyada en el poder de Dios o en tus propios talentos? Pues bien, hoy seremos recordadas acerca de por qué necesitamos la fortaleza de Dios para todo.

Nancy compartió este mensaje por primera vez ante un grupo de  líderes ministeriales, pero sea que tengas un ministerio público o que estés tras bastidores, el mensaje de hoy te ayudará a encontrar la fortaleza que necesitas.

Nancy: Las personas frecuentemente me preguntan cómo pueden orar por mi. Les estoy muy agradecida cuando me preguntan o cuando oran por mi, y si le preguntan a mi equipo de trabajo cuál es la respuesta más frecuente que doy a esa pregunta, creo que todos estarían de acuerdo en decir que lo que casi siempre digo es: “Por favor oren para que Dios me conceda aceite fresco, oren para que el Espíritu Santo unja mi vida y mi ministerio.

Este asunto del aceite fresco— la unción del Espíritu Santo—es algo que ha estado en mi corazón por muchos, muchos años. Probablemente le he pedido al Señor en oración por una unción de Su Espíritu Santo más que por cualquier otra cosa. No creo que exista algo por lo que haya rogado más.

Cuando leo  pasajes como 1era a los Tesalonicenses capítulo1, versículo 5 donde el apóstol Pablo habla sobre la naturaleza de su ministerio a los tesalonicenses, casi me quedo sin aliento cuando leo donde dice: “pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre”.

Mientras leo esas palabras, pienso, ¿cómo sería ese ministerio? ¿Cómo sería estar bajo el ministerio de un hombre que habla no solo con palabras sino también con poder con el Espíritu Santo con tanta convicción, con plena certidumbre?

Como Dios me llamó a ministrar Su Palabra a las mujeres, esto es algo que siempre he anhelado. Oro por eso, sueño con eso, pido a Dios por eso.  ¿Cómo sería el ministrar la Palabra de Dios no solo en palabras sino en el poder del Espíritu Santo y con esa convicción?

No pretendo de ninguna manera haber comprendido lo que significa ministrar con la unción del Espíritu Santo; el tener aceite fresco. Siento que solo he tocado el borde de Su manto y de Sus caminos, en lo que se refiere a este asunto. Pero cuando me pidieron que viniera a compartir con ustedes esta semana sentí la carga de comunicar algo que ha estado en mi alma por muchos años, compartir el fruto de mi meditación mientras he venido debatiéndome sobre este tema de la unción del Espíritu.

Yo sé que ustedes saben que existe una conexión a través de las Escrituras entre el tema de la unción, el aceite y el Espíritu Santo. Lo podemos ver en diferentes formas. En el Antiguo Testamento, recordarán cómo los profetas, los sacerdotes y los reyes eran ungidos con aceite significando esto que ellos habían sido apartados para el ministerio,  para servir al Señor. Ellos eran consagrados con aceite, el cual era un símbolo del Espíritu Santo. Ellos eran consagrados debido a su llamado y eran empoderados para servir al Señor.

“Los ungirás y los consagrarás y santificarás, para que sean mis sacerdotes”. Éxodo capítulo 28 versículo 41  Y con la unción venía siempre el poder del Espíritu Santo para el servicio. Piensa en cómo David fue ungido por el profeta Samuel para ser rey.  En 1ra de Samuel capítulo 16 versículo 13 dice: “A partir de aquel día vino sobre David el espíritu de Jehová” .

La unción con aceite—un símbolo físico y visible de la obra interior de Dios por medio del poder de Su Espíritu.  Me encanta la palabra “poderosamente”. El Espíritu de Dios cuando viene, viene con poder, llega con poder sobre Sus siervos. Claro, sabemos que Jesucristo, el más grande de los profetas, sacerdote  y rey, es el Mesías—lo cual en hebreo significa “el ungido”.

Las Escrituras nos dicen en Isaías capítulo 61 versículo 1, esperando el ministerio ungido de Cristo como profeta, sacerdote y rey, “El espíritu de Jehová, el Señor, está sobre mí, porque me ha ungido Jehová. Me ha enviado a predicar buenas noticias a los pobres”.

Y no solo los creyentes del Antiguo Testamento y Cristo mismo, sino que también a nosotros, los creyentes del Nuevo Testamento, hemos sido apartados como reyes y sacerdotes del Señor. En 2da a los Corintios capítulo 1 se nos dice que Dios mismo nos ha ungido, “nos ha sellado y nos ha dado, como garantía, el Espíritu en nuestros corazones.” ¡Qué regalo tan preciado y lleno de gracia! El regalo del Espíritu Santo.

Se nos ha dicho “pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos”. (Hechos 1:8). Ahora bien, ¿quién es que necesita esa unción? Nosotros necesitamos la unción del Espíritu para hacer cualquier cosa que Dios nos llame a hacer para servirle. Claro, aquellos de ustedes que están predicando y proclamando la Palabra de Dios—o enseñando la Palabra—necesitan la unción del Espíritu Santo para proclamarla.

Muchas de ustedes no están  involucradas en la proclamación de la Palabra de forma pública, pero dan consejería, discipulan, evangelizan y comparten el Evangelio. Todos necesitamos unción del Espíritu Santo cada vez que abrimos la boca para servir al Señor, para poder tocar y hablarle a la vida de otros—para todo tipo de ministerio:

Para ser padres. ¿Cuántas de ustedes tienen adolescentes? Ustedes necesitan una unción del Espíritu Santo.

Necesitamos unción para criar a los bebés y a los niños pequeños;

Para criar a los  hijos mayores;

Para cualquier acto de servicio;

Para servir en el ministerio de adoración;

Para liderar en las alabanzas;

Para el don de administración, de ayuda y de misericordia.

En todas esas formas de servicio al Señor nosotras necesitamos unción, el aceite fresco del Espíritu Santo de Dios, pues los resultados espirituales jamás vienen como resultado de medios naturales (¿y por qué otra cosa estaríamos sirviendo al Señor?). Los medios naturales no pueden producir resultados espirituales.

Estoy convencida que este asunto de la unción del Espíritu Santo es uno de los ingredientes esenciales de un ministerio. También estoy convencida que en el mundo evangélico del siglo XXI, es uno de los ingredientes más descuidados y pasados por alto y escasos.

Ahora bien, sabemos que la unción no tiene nada que ver con nuestras habilidades naturales, sino que tiene que ver con una infusión sobrenatural del Espíritu Santo. He visto algunos de los más talentosos comunicadores naturalmente hablando y obreros de Cristo que no parecen tener esta unción. Ahora bien Dios es el Único que sabe  y que mide y cuantifica todo esto.

En el mismo sentido he visto, claramente y sin lugar a dudas, evidencias de la mano sobrenatural y el aliento de Dios sobre algunos  que tienen habilidades y talentos promedios, ¿cómo explican eso? Es la unción y el poder del Espíritu Santo.

Ahora bien, seré la primera en decir que cuando entramos en este ámbito, estamos entrando en algo que es un misterio. No puedes demostrar la unción de Dios en un tubo de ensayo, no lo puedes cuantificar, pero sabemos que es vital, que es real, no es algo fabricado o algo que puedes hacer que suceda, no existe una fórmula… ojalá la hubiera, pero no la hay.

Es la obra de Dios, el regalo de Dios. Pero me he preguntado durante estos años, siendo este el caso, ¿qué parte jugamos nosotros en todo esto? Se me ocurre que hay varios elementos que tienen que ver con este asunto de la unción en nuestras vidas y en nuestros ministerios y creo que se pueden dividir en dos aspectos.

En primer lugar, está una vida ungida—esta consta de mi preparación personal para el ministerio de la Palabra. Y luego, [¡oh que Dios nos lo conceda!] están los labios ungidos, la proclamación poderosa de la Palabra de Dios, ya sea delante de una persona o frente a una multitud.

Entonces, veamos primero la vida ungida—nuestra preparación personal para proclamar el Evangelio, la Palabra de Dios . Creo que  una vida ungida es el fundamento para la preparación de nuestros mensajes y de la proclamación. Claro, la proclamación del mensaje es esencial. Invierto muchas horas a solas en mi estudio. Tengo que preparar 260 programas al año.  y tomo en serio esta responsabilidad de predicar la Palabra de Dios. Me paso muchas horas al día estudiando y leyendo y pensando, bosquejando y haciendo anotaciones y preparando mensajes.

Pero cuando ya está dicho y hecho, si hago todo eso y no tengo una vida ungida, una vida que está preparada para estudiar y para buscar al Señor para ministrar la Palabra, entonces toda proclamación sería en vano. No tendré la unción del Espíritu Santo.

Leemos en las Escrituras que Esdras dispuso su corazón, de manera intencional, a estudiar la ley de Dios y luego a enseñar sus estatutos y reglas en Israel. Él dispuso su corazón. Su vida estaba ungida, él dispuso su corazón a conocer la ley por sí  mismo en primer lugar, para vivirla luego, para tener un mensaje de vida, y luego proclamarlo.

Me encanta el versículo 3 del Salmo 39 …“ Ardía mi corazón dentro de mí;        mientras meditaba, se encendió el fuego;        entonces dije con mi lengua”. ¿Cuántas veces hablamos con nuestra lengua, sea a una persona o a un grupo, sin antes asegurarnos de tener ese ardor en nuestros propios corazones? Para tener una vida ungida, debemos dejar que Dios nos hable primero a nosotros antes de nosotros proclamar Su Palabra a otros.

¿Te das cuenta? Ves esto a través de toda la Escritura. Lees sobre Moisés, quien fue a ese lugar de reunión. Allí estuvo delante del Señor para que le hablara y luego salió para hablarle a los hijos de Israel, para comunicarles lo que Dios le había dicho en el lugar de reunión o en la montaña.

Al final del capítulo 3 de 1ra de Samuel y al inicio del capítulo 4, hay una secuencia que es muy bella y poderosa. Dice.: “El Señor se le revelaba a Samuel “(v. 21). Él se revelaba a Sí mismo, ¿pero cómo? Por la Palabra del Señor. El Señor habló a Samuel y luego “llegaba la palabra de Samuel a todo Israel” (1 Samuel 4:1).

Me encanta ese comentario—ese divino comentario—sobre la predica de Samuel y su ministerio profético. Dice que el Señor  “no dejó sin cumplimiento ninguna de sus palabras” (1 Samuel 3:19). He buscado al Señor para esto, le he pedido esto. Te vuelves más cuidadosa con tus palabras pues quieres asegurar que has escuchado la voz de Dios, que has escuchado Su Palabra antes de pronunciarla. Por fe hemos dicho “No dejes que caiga en tierra ni una de tus palabras”. Bien y, ¿cómo sabes que esto va a suceder? Obtienes tu palabra de la Palabra del Señor primero.

Ezequiel experimentó esto. He leído el llamado de Ezequiel muchas veces a través de los años, y he tenido la sensación de que Dios estaba haciendo la obra en mi propio corazón cuando Él dijo, “Y tú, hijo de hombre, escucha lo que te hablo…  Abre tu boca y come lo que te doy”. (Ezequiel 2:8). Luego Dios le dio un rollo con algo escrito. Eran palabras de lamentaciones, de ayes y de juicio. No eran palabras dulces.

Y Dios le dijo en el capítulo 3, versículo 1: “come lo que tienes delante; come este rollo, y ve, habla a la casa de Israel… recibe en tu corazón todas mis palabras que yo te hablo, y escúchalas atentamente, y luego háblalas a tu gente” (1-11 parafraseado). El comerse el rollo es un símbolo de interiorizar la Palabra de Dios, digerirla hasta que nos queme con una llama de fuego inextinguible. La pasión de Dios debe primero llenarnos a nosotros, antes de nosotros pretender proclamarla con poder.

Jesús dijo “Porque yo no he hablado por mi propia cuenta, sino que el Padre mismo que me ha enviado me ha dado mandamiento sobre lo que he de decir y lo que he de hablar“ (Juan 12:49). El apóstol Juan dijo con relación a la Palabra de Vida dice “lo que hemos visto y oído, os proclamamos también a vosotros”. No podemos darle a otros lo que no hemos recibido de Dios. Debemos proclamar lo que hemos visto, escuchado y experimentado por nosotros mismos.

Y continuando en este mismo sentido, nuestra vida debe encarnar o ilustrar lo que proclamamos a otros. Si la verdad no nos ha cambiado, no es probable que cambie  a nadie cuando la proclamemos.

Volviendo a 1era a Tesalonicenses en el capítulo 1 en los versículos 5-6, el apóstol Pablo dijo: “como sabéis qué clase de personas demostramos ser entre vosotros por amor a vosotros. Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor. Vosotros sois testigos, y también Dios, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes” (2:10).

El apóstol Pablo entendió la importancia de un mensaje de vida, y por eso él podía decir: “Sed imitadores de mí, como también yo lo soy de Cristo”. (1 Corintios 11:1)

Una de las cosas que rompe mi corazón es que muchos en nuestras iglesias evangélicas… es algo que escucho constantemente… recibimos correos electrónicos de la gente que está en buenas iglesias—iglesias bíblicas; iglesias donde se predica la Palabra. Muchas de estas personas no están conectando los puntos entre la ortodoxia y la ortopraxis. No están entendiendo y  no puedo dejar de preguntarme, ¿será que no están viendo encarnadas en nosotros las verdades que estamos proclamando? ¿Será que no las estamos viviendo?

Oswald Chambers habla mucho sobre esto y dice: El mensaje debe ser parte de nosotros mismos. Nuestra vida debe ser el sacramento de nuestro mensaje. Antes de que el mensaje de  Dios pueda liberar otras almas, la liberación debe ser real en ti.

Debo decirles que vivo una vida pública. Y una de las razones por las que no quería ser llamada a este ministerio radial en un principio, era porque humanamente deseaba tener algo: anonimato. Sabía que si decía que sí a este llamado, no volvería a tener una vida privada y esto ha demostrado ser cierto. Tuve que llegar a un punto donde el Señor me recordó que no era mi vida, sino la de Él, y que debía ser partida como pan y derramada como vino por el bien de los demás.

Como la vida está tan expuesta, todo lo que hagas la gente lo observa, estás bajo escrutinio; y siempre te están evaluando y muchas veces eres malentendida.

Yo vivo con temor santo de ese Día, ese Día con D mayúscula, cuando hasta el último vestigio de mi vida privada se presente abierto y desnudo y expuesto ante el que todo lo ve y todo lo sabe, delante del que todo lo escudriña, delante de los ojos de un Dios santo que ve y sabe lo que la multitud no ve.

Delante del Dios que sabe quién soy detrás de la escena, en los lugares privados, en los lugares secretos de mi corazón, en los lugares escondidos de mis pensamientos. El Dios que sabe que si mi vida no encarna (aún en  lugares privados) la verdad que estoy proclamando,  entonces perderé la unción y el poder del Espíritu Santo en mi ministerio público.

Y no solo es importante tener una vida ungida, sino también labios ungidos. Algunas cosas que Dios ha puesto en mi corazón en cuanto a esto: Primero debemos cultivar y comunicar  un temor reverencial por la Palabra de Dios. La Palabra habla acerca de temblar cuando estamos frente a la Palabra de Dios y no ves mucho de eso en estos días. Entre las personas que conoces no se escucha mucho de ese  temblar ante la Palabra de Dios.

Mi corazón se sobrecoge cada vez que pienso en la enorme responsabilidad que es tomar este Libro en mis manos, manejar la Palabra de Dios y hablar la Palabra de Dios a las vidas de otras personas. Yo siento temor de esa responsabilidad y no quiero nunca tomar a la ligera lo que significa proclamar la Palabra de Dios.

Agustín dijo: “Cuando las Escrituras hablan, Dios habla”. Debemos cultivar un sentido de admiración por la Palabra de Dios al compararla con nuestras propias palabras, cuando comunicamos la maravilla de las Escrituras y el hecho de que Dios nos hable.

Eso nos debe cautivar. Y si nos cautiva, cautivará a otros. No podemos esperar que la gente se impacte por la verdad más profundamente de lo que nuestros propios corazones han sido cautivados e impactados.

Así que otra vez, tenemos que confiar en el poder de la Palabra—el Poder de Su Verdad. No son nuestras palabras las que dan vida.

Jesús dijo “ las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (Juan 6:63). Hay una tendencia en la cultura consumista en la  que vivimos, a depender de los dones y talentos naturales y a aplaudir las habilidades y los dones naturales de los demás, y sus habilidades de comunicación.  Todo viene empacado. Vemos mucha creatividad. Mucha innovación. Presentaciones.

Y no me opongo a esas cosas, pero son solo herramientas, son inútiles y vacías, son vanas si no ponemos nuestra confianza en la Palabra de Dios y en el poder de Su Palabra. No subestimen el poder de la Verdad, sin adornos, para producir vida en alguien.

Es la Palabra de Dios que trajo al mundo a  existencia.

Es la Palabra de Dios que sostiene el mundo mientras nos sentamos en este lugar.

Es la Palabra de Dios que sana, convence, convierte y santifica.

Creo que hoy en día, debido a que no conocemos a Dios, no conocemos la Palabra de Dios, somos tan propensos a apoyarnos en un brazo de carne, nos apoyamos en lo externo, en la envoltura, en  las cosas bonitas  en vez de proclamar que la Palabra de Dios es poderosa.

Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón (Hebreos 4:12). Expone el corazón de los hombres y las mujeres y los hace poner su confianza en el poder de la Palabra de Dios y en Su verdad.

Martin Lutero dijo: “La Biblia está viva, me habla, tiene manos, se apodera de mi, tiene pies y me persigue”. Cuando me levanto a ministrar la Palabra de Dios a las mujeres, siempre voy con una sobrecogedora sensación de mi ineptitud y de mi debilidad y digo: “Oh Señor, yo soy arcilla. Unos pocos panes y peces es lo mejor que puedo ofrecerte. Pero toma Tu palabra y deposítala en los corazones de Tu pueblo”.

Creo firmemente en el poder de la Palabra de Dios para cambiar vidas. Si ustedes pudieran leer los correos que recibo día tras día de quienes escuchan el programa, que derraman su corazón y comparten cosas que muchas veces ni siquiera le dirían a su mejor amiga; cosas que no le han dicho a sus pastores; cosas que no le han dicho a los miembros de su familia. Y nos escriben y comparten los problemas y las necesidades de sus vidas.

Si no creyera en el poder de la verdad para hacer todas las cosas nuevas y para enderezar lo que antes estaba torcido, saldría a buscar otra vocación. Es la Palabra de Dios la que tiene el poder de cambiar vidas. La Palabra de Dios es como un fuego, como un martillo que rompe las rocas en pedazos.

Leslie: Nancy Leigh DeMoss nos ha traído el mensaje Unción divina. Como ella explicó, todo el que quiera llevar gloria a Dios, necesita un vida ungida. Ella comenzó su segundo punto sobre “labios ungidos”, ella retomará el tema otra vez mañana. Hoy nos dijo  que si estamos dependiendo de nuestras habilidades naturales no estamos dependiendo de algo lo suficientemente fuerte.

Queremos expresar nuestro agradecimiento a Dios por los  hermosos testimonios que recibimos diariamente y que nos animan al ver cómo Dios está usando este programa para animar a tantas mujeres alrededor del mundo.

Cuán agradecidas nos sentimos por la forma como Dios usa las verdades de Su Palabra para traer aliento, esperanza y gracia a la vida de las personas que la necesitan. Cada oyente tiene una historia particular y los programas contribuyen a fortalecerles y ministrarles en las diversas situaciones.

Aviva Nuestros Corazones ha sido de bendición para muchos que se han mantenido fieles durante años. Pero este ministerio se hace una realidad debido a la fidelidad de muchos oyentes que contribuyen mensualmente para ayudarnos a distribuir los mensajes internacionalmente.

Te animamos a contribuir financieramente con nuestro ministerio. Puedes hacerlo por internet visitando AvivaNuestrosCorazones.com  o llamando al 1-800-569-5959, desde los EE. UU. y Canadá. Tu participación con este ministerio es muy valiosa para nosotros. Puedes ser una de nuestras colaboradoras regulares, cooperando con una cantidad fija cada mes o  simplemente dar una ofrenda.

Pero más que nada necesitamos tus oraciones. ¿Te animarías a orar para que Dios nos provea de los recursos necesarios para continuar esta obra?

Nancy: El mundo y la iglesia no necesitan ver lo que nosotros podemos hacer. Ellos ya han visto lo que nosotros podemos hacer. Ellos necesitan ver lo que solo Dios puede hacer.

Leslie: Esa es Nancy en el mensaje de mañana. Por favor regresa a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tenemos algunos artículos en Español disponibles en esta página de www.AvivaNuestrosCorazones.com. Usted puede imprimirlos y usarlos. Visite este enlace para que vea los temas disponibles: PDF Downloads.

Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Boca y Refugio

DÍA 49

Salmo 31

Dosis: Seguridad

Boca y Refugio

“En ti, SEÑOR, busco refugio; jamás permitas que me avergüencen; en tu justicia, líbrame. Inclina a mí tu oído, y acude pronto a socorrerme. Sé tú mi roca protectora, la fortaleza de mi salvación. Guíame, pues eres mi roca y mi fortaleza, dirígeme por amor a tu nombre.” (Salmo 31:1–3) (NVI)

Este Salmo es una conmovedora declaración de confianza, en el cual el poeta declara la seguridad que tiene en Dios como su roca y su refugio. En tiempos de persecución y angustia, su estabilidad y confianza está en Dios. Una vez más la fe y la oración van de la mano en tiempos de crisis.

Se cree que David escribió este Salmo cuando era perseguido por Saúl por eso dice: “Líbrame de la trampa que me han tendido, porque tú eres mi refugio. En tus manos encomiendo mi espíritu; líbrame, SEÑOR, Dios de la verdad.”

Con total sinceridad David describe sus apuros y la condición en que se encuentra: “Tenme compasión, SEÑOR, que estoy angustiado; el dolor está acabando con mis ojos, con mi alma, ¡con mi cuerpo! La vida se me va en angustias, y los años en lamentos; la tristeza está acabando con mis fuerzas, y mis huesos se van debilitando. Por causa de todos mis enemigos, soy el hazmerreír de mis vecinos; soy un espanto para mis amigos; de mí huyen los que me encuentran en la calle. Me han olvidado, como si hubiera muerto; soy como una vasija hecha pedazos. Son muchos a los que oigo cuchichear: «Hay terror por todas partes.» Se han confabulado contra mí, y traman quitarme la vida.”

¡Terrible descripción! ¿Alguna vez te sentiste como una vasija hecha pedazos? Sin embargo, David declara que Dios es su única esperanza y está seguro que Dios conoce las angustias de su alma. Por eso compone un salmo que es a la vez oración y clamor, acción de gracias y alabanza: “Me alegro y me regocijo en tu amor, porque tú has visto mi aflicción y conoces las angustias de mi alma. No me entregaste al enemigo, sino que me pusiste en lugar espacioso.”

¿Cuántas de nosotras podríamos decir palabras semejantes en tiempos de crisis? En medio de la aflicción, cuando todo parece oscuro y deprimente. Aunque como ser humano David tenía los mismos temores que nosotras en tiempos de debilidad, él se aferra a la fidelidad y a la misericordia de un Dios que conoce y lo tiene por hijo; por eso puede decirle: líbrame, sálvame, en ti espero y confío: “Pero yo, SEÑOR, en ti confío, y digo: «Tú eres mi Dios.» Mi vida entera está en tus manos; líbrame de mis enemigos y perseguidores.

Que irradie tu faz sobre tu siervo; por tu gran amor, sálvame.”

Oración: Señor enséñame a confiar en ti como mi roca y mi justicia cuando la angustia y el dolor me atormenten. Amén

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 64). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

Todos iguales

Viernes 11 Octubre

No hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios. Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

Romanos 3:22-23; 10:13

Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados.

Isaías 44:22

Todos iguales

En muchos países todos los hombres son iguales ante la ley. Sin embargo, en el seno de la sociedad hay diferencias flagrantes entre ellos. Unos viven en el lujo, otros en la escasez, y algunos incluso en la pobreza extrema; unos acumulan varios trabajos, otros están desempleados; unos tienen una excelente salud, otros están enfermos… ¡La lista de todas estas diferencias es bastante larga!

Y a los ojos de Dios, ¿qué sucede? Todos somos pecadores, porque todos le hemos desobedecido. Por supuesto, no todos somos criminales, ladrones o blasfemos, pero todos somos pecadores. Ningún hombre ni mujer, a pesar de todos sus esfuerzos, puede cambiar nada a su condición de pecador: “Aunque te laves con lejía, y amontones jabón sobre ti, la mancha de tu pecado permanecerá aún delante de mí, dijo el Señor” (Jeremías 2:22).

¿Todo está, pues, perdido para nosotros? No, como todos somos iguales ante él, ¡todos podemos ser perdonados gratuitamente! Dios ama a todos los seres humanos con un mismo amor, y dio para todos un Salvador, Jesucristo: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). La oferta del amor divino es tan amplia como la humanidad entera. Para tener la vida eterna es necesario aceptar este don: ¡creer en el Hijo de Dios! Dicho criterio hará la diferencia entre los hombres.

Todos iguales: todos han pecado, pero la misma gracia está a disposición de cada uno.

Esdras 7 – Juan 4:31-54 – Salmo 115:9-18 – Proverbios 25:4-5

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