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Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

Boca y Refugio

DÍA 49

Salmo 31

Dosis: Seguridad

Boca y Refugio

“En ti, SEÑOR, busco refugio; jamás permitas que me avergüencen; en tu justicia, líbrame. Inclina a mí tu oído, y acude pronto a socorrerme. Sé tú mi roca protectora, la fortaleza de mi salvación. Guíame, pues eres mi roca y mi fortaleza, dirígeme por amor a tu nombre.” (Salmo 31:1–3) (NVI)

Este Salmo es una conmovedora declaración de confianza, en el cual el poeta declara la seguridad que tiene en Dios como su roca y su refugio. En tiempos de persecución y angustia, su estabilidad y confianza está en Dios. Una vez más la fe y la oración van de la mano en tiempos de crisis.

Se cree que David escribió este Salmo cuando era perseguido por Saúl por eso dice: “Líbrame de la trampa que me han tendido, porque tú eres mi refugio. En tus manos encomiendo mi espíritu; líbrame, SEÑOR, Dios de la verdad.”

Con total sinceridad David describe sus apuros y la condición en que se encuentra: “Tenme compasión, SEÑOR, que estoy angustiado; el dolor está acabando con mis ojos, con mi alma, ¡con mi cuerpo! La vida se me va en angustias, y los años en lamentos; la tristeza está acabando con mis fuerzas, y mis huesos se van debilitando. Por causa de todos mis enemigos, soy el hazmerreír de mis vecinos; soy un espanto para mis amigos; de mí huyen los que me encuentran en la calle. Me han olvidado, como si hubiera muerto; soy como una vasija hecha pedazos. Son muchos a los que oigo cuchichear: «Hay terror por todas partes.» Se han confabulado contra mí, y traman quitarme la vida.”

¡Terrible descripción! ¿Alguna vez te sentiste como una vasija hecha pedazos? Sin embargo, David declara que Dios es su única esperanza y está seguro que Dios conoce las angustias de su alma. Por eso compone un salmo que es a la vez oración y clamor, acción de gracias y alabanza: “Me alegro y me regocijo en tu amor, porque tú has visto mi aflicción y conoces las angustias de mi alma. No me entregaste al enemigo, sino que me pusiste en lugar espacioso.”

¿Cuántas de nosotras podríamos decir palabras semejantes en tiempos de crisis? En medio de la aflicción, cuando todo parece oscuro y deprimente. Aunque como ser humano David tenía los mismos temores que nosotras en tiempos de debilidad, él se aferra a la fidelidad y a la misericordia de un Dios que conoce y lo tiene por hijo; por eso puede decirle: líbrame, sálvame, en ti espero y confío: “Pero yo, SEÑOR, en ti confío, y digo: «Tú eres mi Dios.» Mi vida entera está en tus manos; líbrame de mis enemigos y perseguidores.

Que irradie tu faz sobre tu siervo; por tu gran amor, sálvame.”

Oración: Señor enséñame a confiar en ti como mi roca y mi justicia cuando la angustia y el dolor me atormenten. Amén

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 64). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

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