3/7 – La Iglesia: Ayuda Idónea del Segundo Adán

Iglesia Biblica del Señor jesucristo

3/7 – La Iglesia: Ayuda Idónea del Segundo Adán

Serie: La Iglesia, el cuerpo de Cristo

Ps. Sugel Michelén

 

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano  Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI)  para América Latina.

El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

http://www.ibsj.org

LA FE DE ABRAHAM

Octubre 2

LA FE DE ABRAHAM

Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos. Hebreos 11:17-19

La obediencia de Abraham requirió una gran fe. Estuvo dispuesto a obedecer a Dios porque creía que Dios podía resucitar a los muertos, aunque nunca había visto que los muertos resucitaran. Creía que Dios era tan fiel a su Palabra y a su carácter que, si hacía una promesa, resucitaría aun a los muertos para cumplirla. ¿Es acaso asombroso que sea el ejemplo humano más grande de fe?

El apóstol Pablo también comentó sobre la fe de Abraham: “Los que son de fe, éstos son hijos de Abraham… Los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham” (Gál. 3:7, 9). Cualquiera que vive por la fe en Dios es en un sentido espiritual hijo de Abraham. Él es el padre de los fieles. La historia de Abraham nos dice que un hombre puede pasar por la más severa prueba de la vida imaginable si confía en Dios, creyendo que cumplirá su promesa y logrará sus propósitos sin cometer un error.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

Perseverancia de los santos

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

Perseverancia de los santos

R.C.Sproul

https://www.ivoox.com/28267675

Llegamos a la última sesión de esta serie acerca de la naturaleza de la Teología Reformada, y estuvimos viendo el acróstico TULIP, en los últimos días, y realizamos unos ajustes a los términos que se encuentran en él. En la última sesión vimos el concepto de la gracia irresistible, y les mencioné que prefería el término gracia eficaz, y antes de pasar a otro tema sólo quiero agregar un pequeño postulado final, no científico, mediante la lectura de un breve texto de la «Confesión de Fe de Westminster», la cual es una norma doctrinal histórica de la Teología Reformada que data del siglo XVII en Inglaterra, donde tenemos esta referencia a la doctrina del llamamiento eficaz.
Dice así: «Todos aquellos a quienes Dios ha predestinado a la vida, y a ellos solamente, tiene Él a bien a su tiempo señalado y aceptado, llamar eficazmente por su Palabra y Espíritu, de ese estado de pecado y muerte, en el que están por naturaleza,

a la gracia y la salvación por Jesucristo; iluminando espiritual y salvíficamente su entendimiento, a fin de que comprendan las cosas de Dios; quitándoles su corazón de piedra y dándoles un corazón de carne; renovando sus voluntades y por su omnipotente poder predisponiéndolos a lo que es bueno, y trayéndolos eficazmente a Jesucristo; de manera que ellos vienen muy libremente, habiendo sido dispuestos por su gracia.”

Hago referencia una vez más acerca de la eficacia de la gracia de la regeneración, no para continuar donde nos quedamos la última sesión, sino como puente, como transición a la última letra del TULIP, la cual es la P en TULIP, y estoy seguro de que estarán encantados de saber que no voy a cambiar esta letra.

Y la P viene por Perseverancia de los santos. Sin embargo, a pesar de que no voy a cambiar la letra, sí voy va a hacer un cambio en la palabra. También creo que esta frase de perseverancia de los santos es peligrosamente confusa porque, una vez más, sugiere que la perseverancia es algo que hacemos, tal vez en y por nosotros mismos. Ahora, yo creo, que los santos perseveran en la fe y que los que han sido llamados eficazmente por Dios y han sido regenerados por el poder del Espíritu Santo perduran hasta el fin, así que ellos perseveran. Pero ellos perseveran no solo porque son tan diligentes en hacer uso de las misericordias de Dios, sino que la única razón por la cual cualquiera de nosotros continúa en la fe, aun hasta el último día no se debe tanto a que hemos perseverado sino porque nosotros hemos sido preservados.

Por lo tanto, prefiero el término la preservación – la conservación – de los santos, porque este proceso por el cual somos guardados en un estado de gracia es algo que es llevado a cabo por Dios. Ahora leemos esta declaración de la Confesión sobre Dios llamándonos con eficacia a la fe que regeneración la llamamos: la iniciativa divina, y se refiere a la primera etapa en nuestra transformación.

Así como entramos a este mundo a través del proceso de nacimiento biológico, el nuevo nacimiento no se refiere a la totalidad de la nueva vida cristiana, sino se refiere al principio de ella, al primer paso, el paso que se lleva a cabo por iniciativa de Dios cuando Él vivifica nuestras almas de la muerte espiritual a la vida espiritual. Y por eso llamamos a esta iniciativa divina el punto de inicio.

Y es el principio que es ejecutado, como digo, una vez más, por Dios. Ahora, ¿Qué escribió Pablo a los Filipenses? Él dice que «El que comenzó la buena obra en vosotros, la perfeccionará hasta el fin”. Ahí está la promesa de Dios de que lo que Él empieza en nosotros tiene la intención de terminarlo.

Entonces, el viejo axioma de la Teología Reformada sobre la perseverancia de los santos es este: Si tú la tienes, es decir, si tú tienes una fe genuina y estás en un estado de gracia salvadora, si la tienes, nunca la pierdes. Y si la pierdes, nunca la tuviste.

Sabemos que hay muchas, muchas personas que hacen profesión de fe y que luego se apartan y repudian o se retractan de su profesión de fe. Tal como Juan afirma en el Nuevo Testamento, estaban los que dejaron el grupo de los discípulos, y Juan dice de ellos, “Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros».

Estaban con los discípulos en términos de apariencias externas antes de apartarse, antes de dejar al grupo de los discípulos de Jesús. Habían hecho una profesión de fe externa, y Jesús deja claro que eso es posible hacer, aun cuando uno no tenga lo que dice estar profesando.

Recuerde que Jesús dice: «Este pueblo con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí». Y aunque advierte al final del Sermón del Monte que en el último día del juicio muchos vendrán a Él diciendo: Señor, Señor, ¿No hicimos esto en tu nombre? ¿No hicimos aquello en tu nombre? Y él les declarará diciendo: «Apartaos de mí, hacedores de maldad. Yo Nunca os conocí;». No que los conocí por una temporada y luego se perdieron y me traicionaron. No, no, ustedes nunca fueron parte del cuerpo invisible de mi iglesia invisible.

El mismo tipo de comentario es hecho por Cristo con respecto a Judas, a quien llama «El hijo de perdición desde un principio». Y en su oración sacerdotal, Jesús ora para que aquellos que el Padre le había dado nunca se pierdan, y que nadie jamás se los arrebate de su mano. Y Él da gracias al Padre porque todos los que el Padre le dio vinieron a Él, y ninguno de ellos se ha perdido.

Y así podríamos enumerar en los próximos minutos una serie de pasajes similares en el Nuevo Testamento donde tal seguridad es dada por los apóstoles, que las personas que moran en Cristo tienen un futuro, una herencia futura que ha sido establecida desde la fundación del mundo y que algún día vamos a escuchar al Padre decir: «Venid, amados míos.

Heredad el reino que ha sido preparado para vosotros desde la fundación del mundo». Pero, una vez, más el punto que quiero resaltar es que esta perseverancia en la fe no es algo que depende de nuestra fuerza. Aun después de que somos regenerados todavía caemos en pecado, y no sólo en el pecado, sino en pecado grave.

Y decimos que es posible que un cristiano se vea envuelto en una caída muy grave. Y hablamos sobre reincidencia; sobre faltas morales, y cosas así. No puedo pensar en algún pecado, que no sea el de la blasfemia contra el Espíritu Santo, que un verdadero cristiano no sea capaz de cometer.

Vemos, por ejemplo, el modelo de David en el Antiguo Testamento, donde David fue, sin duda, un hombre conforme al corazón de Dios fue sin duda un hombre regenerado.

Tenía el Espíritu de Dios en él. Tenía un profundo amor apasionado por las cosas de Dios, y sin embargo este hombre no sólo cometió adulterio, sino que se involucró en una1 conspiración para que el marido de su amante muriera en la guerra, lo que era en sí una conspiración para matar.

Y eso es un asunto serio, muy serio. Y observamos el serio nivel de arrepentimiento al que David fue conducido como resultado de las palabras del profeta Natán. Pero el punto es que David cayó, y cayó muy hondo como el apóstol nos advierte en contra de tener una visión inflada de nuestra propia fuerza espiritual por lo que dice: «Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.»

Y nosotros caemos, y nos alejamos de la gracia, no es que caemos por completo, pero nosotros caemos en acciones muy

graves, nada más grave que la del apóstol Pedro, quien, en público con maldiciones, aun habiendo sido advertido, negó a Jesucristo, jurando que él nunca lo conoció – una traición pública a Cristo. Él cometió traición contra su Señor.

¿Recuerdan que antes de este episodio él había sido advertido sobre este evento? Ya se imaginan, Pedro dijo que esto jamás ocurriría. Él jamás se comportaría de tal manera. ¿Y recuerdan la advertencia de Jesús? «Simón, Simón, Satanás te ha pedido para estremecerte como el trigo, pero yo he rogado por ti, para que cuando vuelvas fortalezcas a los hermanos».

Ahora, él cayó, pero se levantó. Fue restaurado. Y su caída fue por un momento. Y por eso decimos que los cristianos verdaderos pueden tener caídas radicales y serias, pero nunca caídas totales y finales de la gracia. Aun en la iglesia, cuando las personas profesan fe y caen en pecados muy serios y atroces, pecados tan graves que implican la disciplina de la iglesia.

Y aun en procesos de disciplina eclesiástica que pasa por varias etapas, cuya etapa final ¿Cuál es? La excomunión. Y creo que es posible; sabemos que es posible para alguien que es verdaderamente regenerado, un verdadero cristiano, que esté tan atrapado en el pecado al punto de ser llamado por la iglesia, puesto en disciplina; ser suspendido de los sacramentos; y aun así no se arrepienta en todo el camino hasta llegar al final que es la excomunión donde es expulsado de la comunión del cuerpo de Cristo y debe ser tratado como un no creyente, ser declarado como no creyente por la iglesia.

Incluso ese acto de excomunión se hace con la esperanza que la persona es un verdadero creyente atrapado en un estado muy persistente de pecado y que esta disciplina final de ser separado de la comunión en el cuerpo de Cristo será lo que el Espíritu de Dios use para llevarlo al arrepentimiento. Y vemos ese ejemplo que se encuentra en el Nuevo Testamento, en la situación de Corinto con el hombre incestuoso.

¿Recuerdan cómo la iglesia nada hacía para disciplinar a este hombre que estaba viviendo una vida escandalosa hasta que el apóstol tuvo que reprenderlos y amonestarlos y les ordenó excomulgarlo? ¿Qué pasó cuando él fue excomulgado? Se arrepintió. Y solicitó la reincorporación a la iglesia, y ahora la iglesia no lo dejaba regresar.

Entonces Pablo tuvo que volver y decir: miren, todo el propósito de la excomunión fue para llevarlo al arrepentimiento. Ahora que él se ha arrepentido, permítanle regresar, así como Cristo dio la bienvenida a Pedro de vuelta al redil después de su acto reprochable de traición. Así que, de nuevo, el pecado del cristiano puede ser radical y serio, pero nunca total y final. Entonces, ¿Cómo juzgamos a alguien que ha hecho una profesión de fe, quizá en presencia nuestra, y luego vemos como, más tarde, la repudia? Bueno, lo primero que se hace es un juicio compasivo, porque uno no sabe el verdadero estado de su alma.

Esa es una desventaja que tenemos. No podemos leer el corazón de nadie. No pueden leer mi corazón, y yo no puedo leer los suyos. Estamos llamados a ser prudentes y sabios, y mirar las acciones de los demás y evaluar y discernir respectivamente. Pero aún por tu mejor acción no puedo conocer realmente tu alma, y ustedes no saben lo que hay en la mía. Por eso, estamos llamados a ser excepcionalmente tolerantes los unos con los otros y tener esa compasión que cubre una multitud de pecados entre nosotros en la comunión de la iglesia. Pero Dios lee el corazón. Y cuando Dios dice que una determinada persona nunca estuvo en un estado verdadero de fe, podemos estar seguros de que esa persona nunca estuvo en la fe verdadera.

Ahora, pero ¿Qué pasa si nos topamos con alguien que está en medio de una grave y prolongada caída, y que ha repudiado la fe públicamente? Entonces, ¿Podemos saber que no es cristiano? No, porque no conocemos el mañana. No sabemos si están en la posición de David antes que Natán hablara con él. Si alguien hubiera estado en ese momento, cuando Pedro dijo que nunca conoció a Jesús, de seguro no habría aseverado que Pedro era cristiano, porque lo estaban observando justo en medio de esta prolongada caída tan grave.

Pero todavía tenemos esperanza por aquellos que nos han dejado por un tiempo, y que van a regresar. Y tenemos que reconocer que puede tratarse de una de dos cosas. Uno, que su profesión inicial no fue auténtica ni genuina; se trataba de una profesión de fe vacía, y que nunca fue creyente. O, que su profesión de fe era genuina y que va a volver. Pero eso se lo dejamos a Dios en este punto.

Pero lo que nos enseña el Nuevo Testamento es que es el Espíritu Santo, de nuevo, el único que nos levanta de entre los muertos. Y Él nos levanta para vida eterna. Todo el propósito de la elección de Dios es para llevar a su pueblo de manera segura al cielo, de modo que lo que Él empieza Él promete terminar.

Y Él no solo inicia la vida cristiana, sino que el Espíritu Santo es el santificador, el que convence, y el ayudante que está ahí para ayudar en nuestra preservación. Ahora dos importantes términos se dicen con respecto a la obra del Espíritu en la vida del cristiano que están relacionados con esta idea de la preservación.

Uno es que somos sellados por el Espíritu Santo, y el otro es que se nos dan las arras del Espíritu. Vamos a ver este último primero. El término arras del Espíritu se extrae del lenguaje comercial de los tiempos bíblicos, y la única cosa que puedo pensar sobre eso es un paralelo que en nuestros días sería lo que llamamos una cuota inicial de dinero, cuando alguien va a comprar una casa y se hace el contrato inicial, se da una porción de dinero como pago a cuenta o como pago inicial, lo que es una promesa de que usted tiene la intención de obtener un préstamo y cerrar el trato y pagar el resto del saldo.

Y para demostrar que estás interesado en serio, entregas este pago. Ahora sé que hay gente que ha pagado dinero de buena fe pero que no logran cumplir. Tal vez ellos no estaban tan interesados en primer lugar, o tal vez aparecieron circunstancias que hicieron imposible el continuar con el compromiso. Pero amados, cuando Dios el Espíritu Santo les es dado a ustedes por el Padre como prenda, cuando el Espíritu mismo que mora en ustedes es el compromiso del Padre para su futuro, ¿realmente creen que el Padre vaya a fallarles en cumplir con el pago final? No tenemos un fajo de billetes, sino el Espíritu de Dios mismo morando en nosotros como promesa de Dios de finalizar la obra.

Y no sólo nos da las arras del Espíritu, sino que Él nos sella en el Espíritu Santo. Cuando Dios escribe nuestros nombres en el libro de la vida, Él no lo hace con un borrador a mano, sino que lo hace por la eternidad, y Él nos sella en el Amado para siempre.

Ahora finalmente, una de las razones por las que tenemos confianza en nuestro futuro no es solo por el ministerio del Espíritu Santo que acabo de mencionar rápidamente, de paso, sino, por lo más importante, debido a la labor que realiza Jesús. A veces tenemos una tendencia o, a veces, creo, tenemos la tendencia a pensar que cuando Jesús vino y vivió su vida de perfecta obediencia y cumplió todas las exigencias de la ley que hemos incumplido y entonces, por su obediencia pasiva pagó el precio de nuestros pecados con la perfecta expiación.

Él hizo todo lo que necesitamos que Él hiciera por nosotros, pero nos olvidamos de que cuando ascendió al cielo y se sentó a la diestra de Dios y fue entronizado como Rey de reyes y Señor de señores, Él no sólo fue a su reino, sino que también entró al cielo como nuestro gran Sumo Sacerdote.

Y la función principal de nuestro Sumo Sacerdote, como Él nos dice, es la de interceder por nosotros diariamente ante el Padre. Jesús intercede por mí, por mi salvación final. No sólo oró por sus discípulos en Juan 17 para que nunca fueran arrebatados de la mano de Dios, sino que Él ora por nosotros para que seamos preservados. Ahora bien, miren a Judas y a Pedro. Ambos traicionaron a Cristo. Uno de ellos era un creyente; y el otro no lo era.

Ambas acciones fueron indignantes en extremo – la traición total a Cristo. Ambas fueron anticipadas por Cristo. Y cuando Él le dijo a Judas lo que iba a hacer, Él terminó su comentario diciéndole a Judas: «Lo que vas a hacer, hazlo más pronto.» Y lo despidió. Pero cuando hizo el mismo tipo de predicción sobre el comportamiento de Pedro, como ya lo hemos mencionado, «Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo,» ¿recuerdan lo que dijo? Pero Simón, “he rogado por ti, para que una vez vuelto, no para cuando vuelvas, sino que una vez vuelto, confirma a tus hermanos.

Mi confianza en mi preservación no está en mi capacidad de perseverar, sino que mi confianza descansa en el poder de Cristo para sostenerme con su gracia y por el poder de su intercesión por nosotros es que Él nos va a conducir con seguridad.

 

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

2/2 – El poblado agradecido

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Siempre Agradecida

2/2 – El poblado agradecido

Nancy Leigh DeMoss

Leslie Basham: Aquí está Nancy Leigh DeMoss para recordarnos que una de las razones por la que hemos sido puestas en esta tierra es para contarle a los demás acerca de la bondad de Dios.

Nancy Leigh DeMoss: Abre tu boca.  Cuenta lo que Dios a hecho por ti.  Eso no es solo el trabajo de un pastor.  Ese no es solo mi trabajo.  Ese es tu trabajo. Es nuestro trabajo al hablarnos unas a otras para decir, “Déjame decirte lo que Dios ha hecho en mi alma.” 

Leslie: Esta es Nancy Leigh DeMoss en Aviva Nuestros Corazones, en la voz de Patricia de Saladín. ¿Qué le pasaría a una comunidad si todos dejaran de ser agradecidos?  Bueno, piensa en ese escenario por tan solo unos minutos. Pero primero, vamos a regresar al Salmo 66. Ayer Nancy comenzó a caminar a través del pasaje, abriéndonos los ojos al valor de la gratitud.

Nancy: Salmo 66:13-15,

“Entraré en tu casa con holocaustos; a ti cumpliré mis votos, los que pronunciaron mis labios y habló mi boca cuando yo estaba en angustia. Te ofreceré holocaustos de animales engordados, con sahumerio  de carneros; haré una ofrenda de toros y machos cabríos.”

Ahora bien, como creyentes del Nuevo Testamento sabemos que ya no necesitamos hacer sacrificios de animales como lo hacían los judíos del Antiguo Testamento. Esos eran solo una ilustración, un símbolo temporal, del sacrificio de Jesucristo en la cruz.  Cuando Él fue a la  cruz, Él fue el Cordero de Dios que dio su vida.  El sacrificio supremo.  El sacrificio que fue totalmente aceptable a Dios. Ahora no tenemos que continuar ofreciendo sacrificios día tras día tras día.  El sacrificio de la vida de Cristo fue, una vez y para siempre, nos dice la Carta a los Hebreos.

La sangre de los animales que los judíos derramaban en el Antiguo Testamento no podía  eliminar los pecados de las personas.  Solamente cubría sus pecados por un  tiempo hasta el próximo día de expiación, cuando el sacerdote iba una vez más y ofrecía sacrificios.  Pero la sangre de Jesucristo, el Hijo de Dios, nos limpia de todo pecado.

El sacrificio ha sido hecho.  Miramos Su sacrificio.  Mientras venimos ante Su presencia para darle gracias, no le traemos sacrificios de animales.  Venimos en el nombre y por los méritos de la sangre derramada de Jesucristo.  Decimos, “Señor vengo no por mis propios méritos, pero vengo a traerte el sacrificio que ya se ha hecho, el sacrificio de Jesucristo.”

Entonces le ofrecemos a Dios el sacrificio de un corazón contrito y humillado, el sacrificio de alabanza, el fruto de labios que dan gracias a Su nombre. Con tales sacrificios, dicen las Escrituras que Dios es agradado.

Él ha dicho anteriormente en el Salmo, “venid y ved las obras de Dios”.  Después él nos dice lo que Dios a hecho por su alma.   En el versículo 16, nos dice otra vez, “Venid y oíd, todos los que a Dios teméis, y contaré lo que Él ha hecho por mi alma”.

Si no estás compartiendo tu testimonio de lo que Dios ha hecho y está haciendo por tu alma, si no lo estás haciendo de forma regular, necesitas preguntarte por qué no. ¿Será porque no tengo un testimonio que compartir? ¿Será porque Dios no está haciendo nada en mi vida?

Si eres una hija de Dios, Dios está haciendo algo en tu vida.  ¿Lo estás viendo?  ¿Lo estás reconociendo? Dices, “Lo que está pasando en mi vida no es gran cosa”.  Escucha, si Dios está trabajando en tu vida eso es algo muy grande.  Necesitas compartirlo. Hay poder en el mensaje de una vida. Una cosa es que yo te diga que abras la Escrituras en cierto texto, para enseñarlo, y decir “esto es lo que Dios dice”.  Es otra cosa el que yo lo ilustre con mi vida.  Es importante que tú lo ilustres con tu vida, con tus hijos, con tu pareja, con tus amigas… que puedas decir, “Esto es lo que Dios está haciendo por mí”.

Y en cuanto a la alabanza, hemos dicho que debe ser expresada. Abre tus labios.  Abre tu boca.  Cuenta lo que Dios ha hecho por ti.  Este no es el trabajo del pastor solamente.  Ese no es solamente mi trabajo.  Ese es tu trabajo. Es nuestro trabajo hablar a otros para decirles, “Déjame decirte lo que Dios ha hecho por mi alma”.  Mientras lo haces, te convertirás en una mentora, en una discipuladora, en alguien que nutre a otra persona. Estarás ayudando a otras a experimentar la libertad, la plenitud y la abundancia en Cristo.

Ese es el corazón de este ministerio.  No solo para que nosotras experimentemos libertad, plenitud y abundancia en Cristo, sino para que nos reproduzcamos, para que compartamos y nos invirtamos en las vidas de otras. Espero que todo lo que estás escuchando en Aviva Nuestros Corazones… que no solo estés comprometida a vivirlo y a practicarlo en tu propia vida, sino que también estés comprometida a reproducirlo en las vidas de otras, compartiéndolo con otras para que vayas y hagas discípulas y para que puedas reproducir Su corazón en otras.

Continuemos con el Salmo, el versículo 17, el salmista dice,

“Con mi boca clamé a Él, y ensalzado fue con mi lenguaSi observo iniquidad en mi corazón, el Señor no me escuchará. Pero ciertamente Dios me ha oído; Él atendió a la voz de mi oración.”

Ahora, hay algo que no está escrito aquí, pero que está sugerido, y es la razón por la que Dios escuchó. Él escuchó porque vine a Él en Sus términos, con un corazón humilde y un corazón santo.  He estado dispuesta a confesar mis pecados.  No es que David nunca haya pecado.  El salmista no estaba diciendo, “Yo estaba sin pecado”.  Él estaba diciendo, “Por supuesto que he pecado, pero he venido a ofrecer el sacrificio.  He venido a través de los méritos de la sangre derramada.  Así que mis pecados han sido limpiados.  Estoy limpio.  Soy libre.  Ahora Dios puede recibir la alabanza que le traigo.  Dios ha escuchado, Él ha atendido a la voz de mi oración”.

“¡Bendito sea Dios, que no ha desechado mi oración, ni apartado de mí su misericordia!” (v.20)

No importa lo que yo haya hecho, no importa cómo yo haya fallado, no importa qué tan débil haya sido, no importa qué tan inadecuada sea, Dios no ha cambiado, Él no ha fallado.  No importa qué tan poco Lo haya amado— ¿y quién de nosotras podrá amarlo como quisiera, como debiera, como algún día lo haremos?—pero Dios nunca aparta de nosotras Su misericordia.

Quizás me hayas escuchado hablar antes de esta palabra hebrea que se traduce, en esta versión “misericordia”. En algunas de sus Biblias quizás diga la palabra amor. Otras versiones la traducen como amor inagotable. Es una palabra muy difícil de traducir. Es la palabra Hebrea hesed— h-e-s-e-d — que significa “amor de pacto”. Habla del amor de pacto de Dios, de Su amor que no falla.

Nosotros por naturaleza no somos fieles a nuestros pactos, pero Dios sí lo es.  El salmista dice, “Bendito sea Dios, que no ha desechado mi oración”. Tú me has aceptado.  Y como creyentes del Nuevo Testamento diremos, “Tú nos has aceptado a través de Jesucristo, y Tú nunca, nunca, nunca has retirado de nosotros Tu amor de pacto, inagotable y lleno de misericordia, y nunca lo harás. Así que bendice al Señor. Canta al Señor; clama al Señor; dale gracias al Señor”.

Leslie:  Nancy Leigh DeMoss ha estado enseñándote el porqué alabar a Dios es tan valioso aun cuando el dolor amenaza con apoderarse de tus emociones.

Queremos expresar nuestro agradecimiento a Dios por los  hermosos testimonios que recibimos diariamente y que nos animan al ver cómo Dios está usando este programa para animar a tantas mujeres alrededor del mundo.

Muchas radio escuchas nos escriben para dejarnos saber cómo los mensajes les han impactado y les han animado a hacer cambios en sus vidas.

Cada oyente tiene una historia particular y los programas contribuyen a fortalecerles y ministrarles en las diversas situaciones.

Aviva Nuestros Corazones ha sido de bendición para muchos que se han mantenido fieles durante muchos años. Pero este ministerio se hace una realidad debido a la fidelidad de muchos oyentes que contribuyen mensualmente para ayudarnos a distribuir los mensajes internacionalmente.

Te animamos a contribuir financieramente con nuestro ministerio. Puedes hacerlo por internet visitando AvivaNuestrosCorazones.com  o llamando al 1-800-569-5959, desde EE. UU. y Canadá. Tu participación con este ministerio es muy valiosa para nosotros. Puedes ser una de nuestras colaboradoras regulares, cooperando con una cantidad fija cada mes o puedes simplemente dar una ofrenda.

Si te comprometes a colaborar con nosotros con un monto fijo cada mes, te agradeceremos obsequiándote una entrada a una de nuestras conferencias de True Woman (Mujer Verdadera) o de Aviva Nuestros Corazones.

Pero más que nada necesitamos de tus oraciones. ¿Te comprometerías a orar por nuestro ministerio? Si estos mensajes han sido de bendición para tu vida, ¿por qué no los compartes con otras de tus amigas? Ayúdanos a contribuir a discipular a otras mujeres con este mensaje, ayudándoles a formar la imagen de Cristo, y conviértete en una de nuestras embajadoras. ¡Contamos contigo!

Y ahora, en este día después del día de Acción de Gracias vamos a imaginar cómo sería para un pueblo entero dejar de mostrar gratitud.

Nancy, estoy tan contenta que me hayas introducido a esta historia.

Nancy: Es un tipo de parábola, una especia de alegoría.

Esta historia fue escrita por una amiga mía, y ella la escribió como algo para que la familia pudiera leer junta. El cuento es titulado El poblado agradecido, y yo creo que estarás de acuerdo conmigo  en que es una historia muy apropiada para este tiempo del año. Escuchémosla.

Leslie: “A través del Mar de la Imaginación, en un tiempo muy lejano, había un pueblecito muy placentero anidado en las montañas, justo en el corazón del Reino.  Un letrero en las orillas del pueblito notificaba a los viajeros que estaban entrando al Pueblo Agradecido.

“El aire en el Pueblo Agradecido era fresco y limpio.  Los niños jugaban alegremente en el parque—eso era cuando no estaban ocupados aprendiendo los negocios de la familia junto a sus padres.

Era importante para los niños el aprender sus negocios bien.  Pues el Pueblo Agradecido era reconocido por su excelencia en artesanías y su arte exquisito.  Muchos visitantes venían desde lugares cercanos y distantes, y viajaban a través del Reino para comprar artículos del pueblo legendario.  Algunos también venían de las afueras del Reino.

Los comerciantes del Pueblo Agradecido tenían una reputación de poner mucha atención a los detalles.  El Tallador de Madera moldeaba las piezas con gran cuidado y exactitud.  El Tejedor trabajaba diligentemente sobre su telar y sus fábricas estaban tejidas solamente con los hilos más finos.  Y cada mañana el Panadero horneaba pan recién hecho, usando recetas conocidas solamente por su familia.

No se podía negar la calidad extraordinaria de los productos producidos en el Pueblo Agradecido. Pero el distintivo más grande era ese encanto único que distinguía a este pueblo de todos los demás, y era el sello que adornaba cada producto que se vendía—un simple, “Gracias”.  La inscripción estaba grabada en cada pieza de madera trabajada por el tallador, estaba bordada en cada rollo de tela del Tejedor, estaba estampada en cada bolsa de pan del Panadero.

Durante cada reunión de la junta del pueblo, sin fallar, los ancianos de la villa le recordaban a la gente del pueblo.  “Nuestro trabajo no significaría nada sin aquellos que compran nuestros productos y proveen para nuestro mantenimiento.  Debemos siempre recordar el expresar nuestro aprecio a cada cliente.”

Era un gozo ir de compras en el Pueblo Agradecido. En ninguna otra parte del Reino los ciudadanos podían comprar tal mercancía tan fina, y en ninguna otra parte se sentían tan bien recibidos.  Aquellos que visitaban el Pueblo Agradecido siempre estaban ansiosos por volver.

Aunque generalmente estaba lleno de compradores, siempre había algo apacible y atrayente en las calles.  Los artesanos que atendían sus tiendas eran siempre tan amables y nunca estaban muy ocupados para contestar preguntas o ayudar a la gente a encontrar lo que buscaba.

El Tallador de Madera (siempre tan humilde) era pronto para informar a los visitantes de otros productos disponibles en el pueblo, y casi se sonrojaba con gratitud con cada compra de sus obras que se efectuaba. El Tejedor (ocupado y muy diligente en su labor) siempre encontraba tiempo para  charlar con sus clientes y hacerlos sentir apreciados.  Y el Panadero (tan tierno y de espíritu tan cálido) siempre daba esperanza y ánimo a cualquiera que entrara en su tienda.

Y así continuó de una generación a otra, esta rica herencia se continuaba pasando.  Pero en el tiempo, sí, en el correr del tiempo las cosas cambiaron—no todo al mismo tiempo, pero despacio, casi imperceptiblemente.

De acuerdo con un hombre sabio, el cambio empezó cuando se produjo un auge en los negocios, y la gente llegó a estar tan ocupada que se le olvidaba decir “gracias”.  Poco a poco, empezaron a considerar la inscripción como un gasto innecesario.

Antes de que alguien se diera cuenta de lo que estaba pasando, el Pueblo Agradecido había dejado de ser agradecido.  Y cuando la gratitud se fue, otras cosas—cosas feas—tomaron lugar.

Los que atendían las tiendas dejaron de atenderlas; ya no se satisfacían con las personas que entraban a las tiendas. Ahora se asomaban por las ventanas o se paraban en las aceras, esperando por los compradores, procurando los compradores, esperando a los compradores.

Si un comprador llegaba pero compraba menos de lo esperado, el dueño se molestaba.  Y si un comprador potencial iba a una tienda vecina a hacer sus compras, el corazón del dueño enardecía de celos.  Esos fueron días muy tristes en el Pueblo Agradecido. Este pueblo que una vez tuvo tanto, ahora quería más.

En el tiempo, las noticias de este cambio llegaron hasta el Rey del Reino. Él conocía la reputación de este pueblo desde hacía mucho tiempo, y él sabía que lo que se necesitaba era restaurar la gratitud.  Pero ¿podrían las personas ser capaces de ver su necesidad?  Y luego, ¿querrían cambiar?

Un día un anciano que traía puesta ropa deshilachada y desgastada, entró al pueblo cargando consigo una bolsa vacía en sus hombros.  El Tallador de Madera vio al cliente potencial con interés, hasta que alcanzó a ver la bolsa vieja del anciano.

Cuando el anciano entró a su tienda, el Tallador de Madera permaneció afuera, buscando clientes más prometedores. Unos momentos después el Tallador de Madera vio al anciano que estaba examinando una pieza esculpida muy hermosa en la vitrina. “Tenga cuidado con eso, viejo. Mis productos son costosos,” le dijo con arrogancia.

Lentamente, el anciano se soltó la bolsa (ya no estaba vacía, sino abultada con monedas) y la vació en el mostrador delante del Tallador de Madera.  Luego de quedarse mudo por un momento, el Tallador de Madera pronto se encontró así mismo humildemente tomando al anciano de la mano. ‘Gracias, Señor, por comprar mi producto.  No esperaba esto.’  El anciano sonrió, puso la pieza labrada en su bolso y cruzó la calle para ver al Tejedor.

El Tejedor levantó la vista por encima de lo que estaba haciendo para ver al anciano lentamente acercarse y entrar a su tienda.  ‘No tengo tiempo para él,’ el tejedor musitó para sí mismo.  Necesito verdaderos compradores que puedan comprar mi artesanía.  Un momento más tarde el anciano seleccionó un rollo de fina seda tejida del estante y se dirigió al tejedor.  ‘Esa es mi mejor tela, anciano, y no quiero que se ensucie’, dijo el tejedor mordazmente.

Deliberadamente, igual que antes, el anciano extrajo de su saco una pieza de joyería hermosa y la colocó en las manos del tejedor.

En ese momento, el tiempo y las demandas de un día ocupado de trabajo dejaron de ser importantes para el Tejedor.  Era como si el amor por las cosas del mundo palideciera en comparación a lo que vio en aquella hermosa pieza de relojería.  Le agradeció al anciano una y otra vez por comprar su producto.  El anciano simplemente sonrió, puso su compra en su bolsa junto con la madera labrada y caminó a la siguiente puerta para ver al Panadero.

Interesado y preocupado por muchas cosas, el Panadero por poco no nota al anciano cliente.  Cuidadosamente el anciano seleccionó una hogaza de pan y puso el pago en las manos del Panadero.  Sus ojos se encontraron por un momento.  El Panadero sabía que el precio pagado excedía el costo. Él quiso regresarlo, pero luego entendió que así tenía que ser, y recibió el pago con gratitud.  Sus ojos se llenaron de lágrimas y estas comenzaron a correr por sus mejillas—lágrimas de alegría porque la esperanza había regresado a su corazón.  ‘Gracias, anciano, por venir al pueblo hoy, y gracias por comprar mis productos’.

El anciano dejó el pueblo, estaba cansado luego de realizar sus compras.  Las cosas en la bolsa ahora eran suyas, él había pagado por ellas—un labrado exquisito, una pieza de seda fina, y una hogaza de pan recién horneado.

Pero el anciano vio sus compras de manera diferente.

Del Tallador de Madera, él había comprado la escultura del orgullo mientras que él le había entregado el pago de la humildad.

Del Tejedor, él había comprado impaciencia. La cual había florecido fruto del amor por este mundo. En cambio él le había dejado con una visión de vivir por las cosas que tienen valor eterno.

Y del corazón del Panadero él había quitado el desaliento y la desesperación, y dejó en su lugar una esperanza inextinguible.

La bolsa de los productos se sentía cada vez más pesada en los hombros del anciano mientras él se tambaleaba por el camino que lo llevaba al valle. Después de días de viaje, finalmente se acercó a su casa.  El puente levadizo comenzó a bajar para permitirle entrar al castillo. Mientras caminaba por entre los guardias y los ayudantes, cada uno se postraba delante de él en señal de respeto.

La bolsa que cargaba—llena de arrogancia, amor por este mundo, y de desesperación—fue llevada al calabozo, donde nunca volvió a ver la luz del día.

Finalmente, habiendo regresado al palacio y habiendo cumplido Su misión, Él tomó su asiento en el trono.  Mientras se sentaba, sus ojos se posaron en un objeto que estaba en la esquina. Lo había usado solo una vez, pero siempre lo recordaba: se trataba de una vieja cruz con mucha sangre.

“Gracias, Su majestad.  Gracias.”1

Nancy: Gracias sean para Dios por su regalo indescriptible.  Dios nos ha dado tanto, ¿no es así?  Y de todas las cosas que nos ha hado, la mayor de todas es el Señor Jesucristo—la salvación que Él nos ha dado a través de Cristo, representada por esa cruz.

De seguro que te habrás dado cuenta, en la medida que escuchabas la historia, que el Anciano, el que en realidad era el Rey, es una ilustración de Dios mismo, quien vino a visitarnos a esta tierra en la forma de Jesucristo.

Y mientras reflexionamos en lo que Él ha  hecho por nosotros, me pregunto si tú no necesitas, tal y como los personajes de este cuento—el Tallador de Madera, el Tejedor y el Panadero—me pregunto si no necesitas un gran intercambio también.

Pero ellos tenían que estar dispuestos intercambiar a deshacerse de esas cosas negativas que habían cultivado a través del tiempo como resultado de tener un corazón lleno de ingratitud.

¿Cuál es el intercambio que quizás necesitas tú en tu corazón o en tu hogar hoy? ¿Tienes orgullo?  ¿Hay impaciencia?  ¿Hay desánimo?  ¿Hay amargura?

Si así es, ¿estás dispuesta a entregarle esas cosas al Maestro, al Rey?  Tan solo entrégaselas a Él y dile, ‘Señor yo no quiero continuar viviendo con estas cosas.’

En lugar de ellas Él quiere darte Su Espíritu, Su amor, Su perdón, Su ternura.  ¿Estarías dispuesta simplemente a dejar que el Señor haga ese gran intercambio en tu corazón?

Oh Padre, te confieso que mi propio corazón a menudo es muy ingrato. Se me olvida expresar gratitud hacia Ti y hacia otros por las muchas bendiciones que he recibido.  Señor, ahora solo elevamos nuestros corazones hacia Ti y donde haya temor, o ira, orgullo queremos darte todas esas cosas a Ti.

Gracias por enviar a Jesús a morir en la cruz por esos pecados, y en lugar de ellos queremos recibir la justicia de Cristo.  Entonces Señor,  ¿harías ese intercambio en nosotros?  ¿Lo harías una realidad? Oro con acción de gracias, en el nombre de Jesús. Amén.

Leslie: Si acabas de orar con Nancy Leigh DeMoss por primera vez pidiéndole a Cristo que te salve de tus pecados, ¿nos dejarías saber?  Nos gustaría invitarte a visitar nuestra página para que puedas ser nutrida con algunos recursos que te ayudarán a establecerte en la fe, y que te ayudarán a entender lo que significa estar en una relación correcta con Dios.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tenemos algunos artículos en Español disponibles en esta página de www.AvivaNuestrosCorazones.com. Usted puede imprimirlos y usarlos. Visite este enlace para que vea los temas disponibles: PDF Downloads.

Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Libres de la Vergüenza

DÍA 41

Salmo 25

Dosis: Libertad

Libres de la Vergüenza

“A ti, SEÑOR, elevo mi alma, mi Dios, en ti confío; no permitas que sea yo humillado, no dejes que mis enemigos se burlen de mí. Quien en ti pone su esperanza jamás será avergonzado; pero quedarán en vergüenza los que traicionan sin razón.” (Salmo 25:1–3) (NVI)

Este salmo se inicia con una hermosa frase: “A ti, Señor elevo mi alma”, y significa levantar el corazón a Dios, dirigirse a él en oración (literalmente en el hebreo: “arriba los corazones”). El salmista tiene un corazón humilde, y con esta actitud es que ora y pide siempre la intervención divina para toda circunstancia ya sea de su vida o de su pueblo reiterándole su confianza: “Dios mío en ti confío”.

Uno de sus deseos es no ser avergonzado. La vergüenza es un sentimiento penoso que puede arraigarse en el corazón de hombres y mujeres. Y nos sucede a muchas, un acto que rebaja ante la vista propia o ajena que nos hace sentir muy mal con nosotras mismas. De pronto creemos que no somos lo suficientemente buenas, que nos falta algo, que no somos como las otras, o nos sentimos incompletas, inadecuadas e incapaces y nos aislamos o escondemos. Cualquier mujer puede ser presa de la vergüenza. Y cualquier persona podría avergonzarnos. Lo malo es que la vergüenza puede llegar a impregnar nuestra identidad aunque viva escondida dentro de nosotras.

En el antiguo testamento Dios se dirige a la nación del pueblo de Israel como si fuera una mujer, le dice que él es su Hacedor, Su Salvador y su esposo. Esta nación Israel había sido afrentada y avergonzada por su rebelión y desobediencia, sin embargo, Dios no quiere que siga viviendo en esta condición y le dice: “No temas, porque no serás avergonzada. No te turbes, porque no serás humillada. Olvidarás la vergüenza de tu juventud, y no recordarás más el oprobio de tu viudez. Porque el que te hizo es tu esposo; su nombre es el SEÑOR Todopoderoso. Tu Redentor es el Santo de Israel; ¡Dios de toda la tierra es su nombre!

Amada ¿hay algo que te avergüenza de tu pasado? ¿Te avergonzaron tus padres, tu esposo o tus hijos? Eleva tu alma al Señor y pídele que te libere de la vergüenza. Él no quiere que camines por la vida con la cabeza gacha. Él dice que es “tu esposo y tu Hacedor”. Créele. Permite que te libere de la vergüenza y como el salmista confía en su bondad divina.

Oración: Señor enséñame a elevar mi corazón a ti y a liberarme de la vergüenza. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 56). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Un legado eterno

Miércoles 2 Octubre

Oh Dios, me enseñaste desde mi juventud, y hasta ahora he manifestado tus maravillas. Aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares, hasta que anuncie… tu potencia a todos los que han de venir.

Salmo 71:17-18

Ochenta años

2 Samuel 19:31-40

Un golpe de Estado estalló en Jerusalén. El rey David se vio obligado a huir y exiliarse con los que permanecían fieles a él. Barzilai, un hombre anciano, rico y generoso, ayudó al fugitivo dándole provisiones en abundancia (2 Samuel 17:27-29). Algún tiempo después del fracaso del golpe de Estado, el rey volvió para retomar su trono. Y para mostrar su agradecimiento a su amigo Barzilai, lo invitó a vivir en la corte.

Pero este rechazó tal honor: “¿Cuántos años más habré de vivir, para que yo suba con el rey a Jerusalén? De edad de ochenta años soy este día. ¿Podré distinguir entre lo que es agradable y lo que no lo es? ¿Tomará gusto ahora tu siervo en lo que coma o beba?” (2 Samuel 19:34-35). Sabía que el final de su vida se acercaba, y que la compañía de David sería mucho más útil e instructiva para alguien más joven. Desinteresado, obraba con amor y generosidad. Le era suficiente haber servido al rey en tiempo oportuno, no necesitaba nada más. Cedió su lugar a alguien más joven, para que acompañara a David. Barzilai regresó solo a su casa, prefiriendo permanecer fiel a su rey en la sombra, lejos de los honores de la corte.

Muchos cristianos ancianos, que han consagrado su vida al servicio del Maestro, conservan esta prioridad: trasmitir la llama de la fe a los que les siguen, sus hijos, sus nietos, y más ampliamente a todos los jóvenes cristianos. Son felices de pedir al Señor que los guarde junto a él.

Sofonías 1 – Tito 3 – Salmo 109:6-19 – Proverbios 24:15-16

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch