9/13 – El banquete de Bodas

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: Parábolas del Reino

9/13 – El banquete de Bodas

David Barceló

 

David Barceló

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

EL GOZO QUE NOS AGUARDA

Octubre 7

EL GOZO QUE NOS AGUARDA

Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas.

Santiago 1:2

El gozo que sentimos en nuestras pruebas puede ser uno de los mayores gozos que experimentemos. Como una de las principales razones de que Dios envíe pruebas a nuestra vida es para probar la autenticidad de nuestra fe, ¿qué mejor ocasión para tener gozo que en una experiencia de sufrimiento que ha probado la realidad de nuestra salvación? Una seguridad fortalecida de nuestra salvación y de la confianza de que Dios cuida de nosotros, como se manifiesta en la realidad de que nuestro sufrimiento no pudo quebrantar nuestra fe ni separarnos de su amor, es causa de la mayor felicidad.

El verdadero gozo no es una emoción efímera y superficial. El gozo genuino resulta de factores mucho más profundos que de las circunstancias que brindan felicidad superficial. Si está atravesando las circunstancias negativas de la vida, andando a duras penas en la duda y el desaliento, ha olvidado que el verdadero gozo radica en la confianza de que su vida está escondida con Cristo en Dios. En la providencia de Dios, ese gozo y esa seguridad pueden ser más fuertes durante una prueba.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

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3/9 – Cómo comportarse en una cueva

El Amor que Vale

Serie: El increíble poder de la autoridad de Dios

3/9 – Cómo comportarse en una cueva

Adrian Rogers

 

El Dr. Adrián Rogers es un predicador, evangelista y maestro de Biblia. Presenta las Buenas Nuevas de Jesucristo con firme convicción a través de su ministerio de radio y televisión, EL AMOR QUE VALE.

Más acerca del Dr. Adrián Rogers:

http://www.lwf.org/eaqv

27 – Cuando las Emociones Gobiernan “La Ira”

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

27 – Cuando las Emociones Gobiernan “La Ira”

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan  hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

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La intromisión del pecado

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

La intromisión del pecado

R.C.Sproul

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Cuando estaba terminando el siglo IV, al inicio del siglo V, una tremenda controversia teológica estalló y amenazó el alma misma de la iglesia, aunque empezó como algo inocuo.

El gran teólogo Agustín había creado una famosa oración que decía esto: “Oh Dios, manda lo que quieras, y concede aquello que has mandado”.

Es decir que el espíritu detrás de la oración de Agustín era esto: “Oh Dios, reconozco que, como criatura hecha a tu imagen, y que Tú como el Soberano Creador y Gobernante del universo, tienes el derecho de ordenarme lo que tú quieres que yo haga”.
Agustín estaba reconociendo eso en tal oración, pero luego él continúa y dice, “y concédeme lo que tú has ordenado”. ¿Qué quiere decir Agustín con eso? Él estaba diciendo: “Oh Dios, cuando me das órdenes, cuando ejercitas tu voluntad y manifiestas tu ley, no tengo el poder dentro de mi propia alma para obedecer tus mandamientos sin tu ayuda”.

Ahora, ¿Por qué Agustín dijo eso? Él lo dijo porque estaba absolutamente convencido de una doctrina que es sostenida por todo el mundo cristiano, y esa doctrina es la del pecado original. La doctrina del pecado original.

Existe mucha confusión acerca de lo que se quiere decir con este término “pecado original” porque la palabra “original” sugiere que eso fue lo primero en vez de algo futuro o una copia posterior. La idea que muchos tienen en sus mentes es que el pecado original fue el primer pecado cometido por los seres humanos—el pecado cometido por Adán y Eva. Pero esa no es la idea a la que el pecado original se refiere.

El pecado original ser refiere al resultado del pecado de Adán y Eva. Se refiere a lo que llamamos “La Caída”. Cuando Adán y Eva pecaron, toda la creación cayó, y tal caída fue una caída a la corrupción, de tal forma que todos los que nacieron desde Adán y Eva han nacido con una naturaleza que estaba corrompida.

Esa es la razón por la que el Nuevo Testamento dice, “somos por naturaleza hijos de ira”; y David diría, “En pecado me concibió mi madre”. Algunas personas tienen la idea de que somos pecadores porque pecamos, pero lo que la Biblia enseña es que pecamos porque somos pecadores.

Es decir que tenemos una naturaleza humana caída, corrupta, que nos hace propensos a pecar, y el fruto corrupto es producto de la naturaleza del árbol. Cuando la esencia del árbol está corrupta, entonces el fruto es también corrupto. Y esa es la idea que las Escrituras expresan en términos de la naturaleza humana caída.

Jonathan Edwards, el gran teólogo puritano, alguna vez escribió un largo tratado acerca del pecado original, y mucho de ese trabajo estuvo diseñado para explicar a través de las Escrituras la enseñanza bíblica del pecado original; pero también tiene una sección donde argumenta que aun si la Biblia nunca dijera que hay tal cosa como el pecado original, o tal cosa como una naturaleza humana caída, solo la razón demandaría que saquemos esa conclusión.

¿Por qué? Porque él dijo, “todos reconocen que nadie es perfecto y que todos tenemos algo de corrupción”. Y así, Edwards hace esta simple pregunta, “¿Cómo puede ser esto?” Si todos nacemos inocentes, neutrales o buenos, y luego nos enfrentamos a diversas decisiones durante la vida—elecciones morales entre el bien y el mal—uno esperaría que al menos 50% de las personas permanecerían inocentes.

¿Por qué es que el 100% no lo son? Y algunos tratarían de explicarlo simplemente al decir, “Bueno, es la civilización la que nos corrompe. Es la sociedad la que nos corrompe”. Esa es una idea bastante popular hoy en día, y así una persona no tiene la posibilidad de permanecer en su estado de inocencia puro y prístino en la cual nació, porque hay tanta corrupción alrededor y hay tantas tentaciones que asaltan su sentido moral todos los días.

Pero aun con esto debes preguntarte, “¿Cómo se corrompió esa sociedad en primer lugar?” Todavía esperarías que el 50% de esa sociedad sea justa y la otra mitad, quizás sea mala, si es que naciéramos en un estado de neutralidad moral.
La Biblia no enseña que hayamos nacido en un estado de neutralidad, pero les mencioné al inicio que esa oración de Agustín provoca una enorme controversia que es avivada cuando un monje en los días de Agustín llamado Pelagio alza su voz para protestar en contra de la oración de Agustín diciendo, “Agustín, tu oración sugiere que Dios nos da mandamientos a la gente que ellos no pueden obedecer”.

Y el argumento que Pelagio nos da es el siguiente: que es injusto para Dios, o cualquiera, el imponer obligaciones sobre la gente si es que ellos no tienen el poder de cumplir esas obligaciones. En otras palabras, decirle a una persona corrupta que debe obedecer la ley de Dios sería tan absurdo como decirle a la gente que debe volar de México a Brasil sin ayuda de ninguna clase de máquina—aviones, helicópteros o cohetes—No somos capaces de volar así. Necesitamos algún tipo de asistencia con el fin de transportarnos a través del aire.

Las aves pueden volar, nosotros no. Por naturaleza carecemos del equipamiento necesario para volar, y sería absurdo que Dios dijera, “Voy a tenerte como responsable moral para que vueles por ti mismo desde Colombia a México, y luego te condeno si al batir tus brazos no puedes elevarte en el aire”. De la misma manera está diciendo, “Agustín, si estás diciendo que Dios da leyes hoy a personas que son moralmente incapaces de cumplirlas, eso sería tan ridículo, tan absurdo y solamente injusto”.

Por lo tanto, Pelagio llegó a la siguiente conclusión: Si Dios requiere algo de una persona en términos morales, debe tener el poder moral para hacerlo sin ninguna asistencia de gracia divina. Y así la controversia pelagiana de ese día fue una de las controversias teológicas más serias en la historia de la iglesia. Ahora, en ese tiempo Agustín ganó, y Pelagio fue condenado como hereje porque Pelagio enseñó esto: que el pecado de Adán afectó a Adán y solo a él.

No hubo transferencia o imputación de culpa o del pecado desde Adán a sus descendientes. Cada uno ha nacido en un estado de inocencia. No hay proclividad hacia el pecado que sea heredado de Adán y que se encuentre en el corazón de cada ser humano.

Pelagio, por lo tanto, negó el pecado original por completo. Él dijo, “Hay algo parecido a la gracia y la asistencia divina, y la gracia facilita nuestra obediencia; pero podemos ser obedientes sin ellas”. En otras palabras, lo que Pelagio estaba diciendo, y lo dijo claramente, que los seres humanos tienen el poder moral para vivir una vida perfecta; Y esto no es solo de forma teórica, sino que Pelagio argumenta que algunas personas, de hecho, viven vidas perfectas.

Y que cada uno tiene el poder dentro de ellos desde el día que nacen para resistir cualquier tentación que lo lleve a pecar. La gracia podría ayudar, pero no es necesaria. Ahora, como dije, Pelagio fue condenado como hereje en aquel momento.

La condenación fue repetida de forma subsiguiente en la historia de la iglesia en el Concilio de Florencia y, una vez más, en el Concilio de Trento por la iglesia Católica Romana en el siglo XVI. Podríamos decir, entonces, que Agustín ganó la batalla.

Pero si miramos a lo largo de la historia desde entonces, Agustín podría haber ganado la batalla, pero perdió la guerra porque el pensamiento de Pelagio está todavía generalizado, no solo en el mundo secular, sino en el mundo cristiano, no solo en toda la comunidad cristiana, sino que, de forma especial en la comunidad evangélica.

Si fuéramos a hacer una encuesta a los evangélicos contemporáneos y les preguntaras: “¿Quién fue el más grande evangelista del siglo XIX en Norteamérica?” de seguro te darían dos nombres que serían mencionados.

Uno de ellos sería Dwight L. Moody, quien vivió a fines de la última parte del siglo XIX, pero es casi seguro que aquellos que están familiarizados con la historia de la iglesia en el siglo XIX dirían que la persona que se llevaría el premio por ser el más grande evangelista del siglo XIX, ese sería nada más y nada menos que el famoso Charles Finney.

Finney es uno de los que fueron usados por Dios para llevar a cabo lo que se llama el Segundo Gran Avivamiento en la primera mitad del siglo XIX. Finney negó de forma sistemática el pecado original. Él era pelagiano hasta la médula. Él enseñó que los hombres están realmente en pecado, pero no pecan porque son pecadores, sino que son pecadores porque pecan y todo lo que importa para ser redimido es una decisión del libre albedrío de arrepentirse, abrazar a Cristo y cambiar.

Esta visión influenció la forma que tomó el evangelismo en Norteamérica desde entonces. Y la idea que persiste es que hay tal cosa como una incapacidad moral heredada, que es virtualmente insignificante que la gente todavía tenga la habilidad de pecar porque la objeción fundamental es esta: Que no sería justo para Dios traer juicio a la gente que no participó en el Jardín del Edén. Pero aún Pablo nos dice en el capítulo cinco de Romanos que todos caímos con Adán.

¿Cómo es que entendemos esto? ¿Cómo puede Dios traer castigo sobre los descendientes de alguien? ¿Recuerdan que en Ezequiel el pueblo se quejó? Ellos dijeron, “Los padres comieron las uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen dentera”.

Y la idea es que Dios estaba castigando a esos hijos por las acciones de sus padres; Y Ezequiel, hablando por Dios dijo, “No, no, no. Dios te castiga por tus propios pecados”. Y esa es la idea que mantenemos en la mente: “¿Cómo puedo haber nacido caído cuando no tengo nada que ver con lo que pasó en el Jardín del Edén?”

Esa es una de las más grandes objeciones que se tiene con respecto al cristianismo porque el cristianismo enseña que la humanidad está en un estado caído y, con todo, Dios aún les demanda perfección. ¿Cómo puede ser esto? Bueno, al tratar de responder esta pregunta tan difícil, se han presentado dos teorías—de hecho, más de dos—pero las dos teorías principales que han sido ofrecidas en la historia de la iglesia son las que quisiera bosquejarles brevemente.

La primera teoría es llamada, “La Teoría del Realismo” que expresa lo siguiente: La única manera en que sería apropiado o justo que Dios traiga castigo sobre nosotros por lo que Adán y Eva hicieron, sería si de alguna manera hubiéramos estado allí con Adán y Eva, y que en efecto hubiéramos pecado originalmente con ellos.

Entonces, la culpa del pecado de Adán y Eva es realmente nuestra. Es decir que significa que, de alguna manera, antes de nacer, éramos entidades reales, que ya existíamos. Esto demanda algún tipo de idea que sostenga la preexistencia humana. Ahora, una vez más, hay diferentes clases de realismo, pero el enfoque bíblico, o la defensa bíblica del realismo enseña esto: Que nosotros, de forma misteriosa, ya existíamos antes de nacer.

Y el argumento es traído desde el libro de los Hebreos, tomado de la sección de Hebreos donde el autor de la carta está trabajando las credenciales de Jesús para ser nuestro Sumo Sacerdote porque, ¿cuál era el problema que tenían los cristianos en el primer siglo?

Por un lado, ellos estaban diciendo, “Jesús es nuestro rey. Él es el Hijo de David” y todos los judíos entendían que, para ser Hijo de David, tenías que ser de la tribu de Judá porque las promesas del reinado davídico en el Antiguo Testamento fueron prometidos a esa tribu; y Jesús era de la tribu de Judá.

Pero al mismo tiempo, entonces, el Nuevo Testamento declara que Cristo es nuestro Sumo Sacerdote y los judíos decían, “Espera un momento. ¿Cómo puede Jesús ser nuestro Sumo Sacerdote?” porque el Sumo Sacerdote tiene que venir de la tribu…, ¿de cuál tribu? Sí, de Leví. Tiene que venir de Leví, y Jesús no era Levita. Bueno, el autor de Hebreos trabaja diligentemente el punto de que el sacerdocio levítico—o así llamado sacerdocio aarónico, denominado por Aarón, quien fue el jefe levita quien llegó a ser el primer Sumo Sacerdote—no es el único sacerdocio que encontramos en el Antiguo Testamento.

Junto al sacerdocio de Leví, hubo otro sacerdocio, y éste fue el sacerdocio que la Escritura habla como el que era de la Orden de Melquisedec. Bueno, ¿quién era Melquisedec? Melquisedec ese personaje extraño y enigmático del que se nos habla en el Génesis que se encuentra con Abraham.

Y en ese encuentro entre Melquisedec, quien es llamado Rey De Salem y su nombre significa “Rey de Justicia”. Aquí tenemos a alguien que es descrito como el Rey de Justicia y el Rey de Paz, quien se encuentra con Abraham y en tal encuentro le paga el diezmo, y Melquisedec bendice a Abraham.

Ahora, en el pensamiento judío, la pregunta es, “¿El más grande bendice al menor, o el menor bendice al más grande? ¿El más pequeño le da el diezmo al más grande, o el más grande le da el diezmo al más pequeño? Y la respuesta es clara. Es el más grande el que bendice al más pequeño y es el menor el que da el diezmo al más grande.

Bueno, si Abraham es bendecido por Melquisedec y él le da el diezmo a Melquisedec—es muy simple para el pensamiento judío—Melquisedec es más grande que Abraham. Y luego el autor de Hebreos sigue la misma línea de pensamiento señalando que el padre es más grande que el hijo y el nieto.

Si Abraham es el padre de Isaac, entonces Abraham es más grande que Isaac; Si Isaac es el padre de Jacob, Isaac es más grande que Jacob. Y si Jacob es el nieto de Abraham, Abraham es aún más grande que Jacob, y de los lomos de Jacob vienen las doce tribus, incluyendo la de Leví. Entonces Abraham es más grande que Leví, y si Melquisedec es más grande que Abraham, y Abraham es más grande que Leví, por simple deducción—Melquisedec es más grande que Leví.

Es entonces que el sacerdocio de Melquisedec es un sacerdocio superior al sacerdocio de Leví. Pero en medio de tal argumento, el autor de Hebreos hace la declaración de que Leví, mientras todavía estaba en los lomos de su Padre Abraham, le dio el diezmo a Melquisedec, aunque esto califica solo como una forma de decir las cosas, en cierto sentido.

Bueno, el realista dice que él realmente hizo eso, él estaba realmente en los lomos de Abraham; y nosotros estuvimos en los lomos de Adán cuando Adán pecó, aun cuando no habíamos nacido todavía. Vayamos un paso más adelante. Otro punto del realismo es éste: Que la idea de que RC Sproul existió en la mente de Dios por toda la eternidad, y cuando Adán estaba siendo probado en el campo de juego, Dios miró y no solo vio a Adán, Él vio a Adán y a RC Sproul—la idea de RC Sproul—en la mente de Dios, así que en la mente de Dios yo estaba allí, aun cuando no estaba encarnado.

Y en este caso, no tengo que tener un alma eterna que haya existido en el Jardín del Edén. Todo lo que tenía que tener era estar en la mente de Dios en el Edén. Estoy realmente allí porque las ideas de Dios no son imaginarias. Ellas tienen una cierta realidad, si eres un filósofo realista. Pero, de cualquier modo, todo el tema del realismo era un intento de responder a la difícil pregunta, “¿Cómo puede Dios sujetar generaciones futuras como responsables por el pecado de alguien más?

Pero ésta es solo una respuesta que nos fue dada—realismo. En nuestra próxima sesión estaremos viendo otra forma de acercarnos a esta pregunta porque es terriblemente difícil. Pero quisiera dejarlos con este pensamiento hoy. Una cosa es clara en la Escritura y esta es que cuando Adán cayó, como sea que haya sido, nosotros caímos con él, y no hemos nacido en un estado de neutralidad moral. Hemos nacido en un estado de corrupción.

Hace varios años atrás, hubo un comediante que disfrutó un breve periodo de fama y popularidad en Estados Unidos, su nombre era Flip Wilson. Una de las parodias regulares que Flip Wilson hizo era la de ser una persona que vería al juez venir hacia él para golpear el martillo sobre él. Y cuando el juez apareciera, Flip Wilson diría de forma particular, “Aquí viene el Juez”. Todos se reirían porque él se veía tan incómodo con la presencia del Juez.

Y entonces cuando el juez viene, la otra expresión que Flip Wilson hacía cuando la persona estaba tratando de excusarse a sí mismo de su culpabilidad era, “El diablo me hizo hacerlo”. Ahora, no tengo idea de dónde sacó esa línea, pero quizás fue de Génesis 3 donde esa fue la excusa que Adán trató de presentar.

Él dijo, “La mujer que me diste me hizo caer” y luego Eva dijo, “Bueno, si lo hice, pero el Diablo me engañó” y así sucesivamente. Básicamente, detrás de tal excusa está la suposición de que, finalmente, es culpa de Dios. Ahora, tú eres un pecador, y sabes que eres un pecador, y sabes que naciste de esa manera.

¿Alguna vez te pasa por la mente que Dios es culpable de que tú peques? No caigas en eso. Esa es la blasfemia más grande.

 

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

2/3 – Cómo puedes estar segura de que Dios te ama

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Abrazando a Dios como Padre

2/3 – Cómo puedes estar segura de que Dios te ama

Nancy Leigh DeMoss

 

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/como-puedes-estar-segura-de-que-dios-te-ama

Leslie Basham: Mary Kassian dice que cuando conoces a Dios como tu Padre, desearás pasar tiempo con Él.

Mary Kassian: No es que porque tenga un tiempo devocional cuatro veces a la semana todo va a cambiar. Toda la idea de la cristiandad es una relación.

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: Ayer empezamos a escuchar un mensaje de Mary Kassian. Si te perdiste la primera parte del mensaje, espero que vayas a AvivaNuestrosCorazones.com donde lo puedes escuchar  en línea.

Ahora, Mary está a punto de mostrarnos por qué todas suspiramos por el amor de un padre. Así  que ya sea que hayas tenido o no el ejemplo de un padre piadoso y amoroso en tu casa, tus más profundos anhelos  pueden ser cumplidos por tu Padre Celestial. Aquí está Mary para explicar más.

Mary: Hay un pequeño pueblo en España y un niño llamado Juan. Juan era un hijo rebelde, entró en  conflicto con su padre y robó algo de dinero. Iniciaron un conflicto. Luego se marchó a una ciudad vecina, una gran ciudad. Se escapó de casa. El padre lo buscó, no pudo encontrarlo,  preguntó a su alrededor por  él, y  finalmente oyó de un amigo suyo que Juan estaba en la ciudad vecina.

Así que el padre se fue a la ciudad y caminó hacia arriba y hacia abajo por las calles, pero no lo pudo encontrar. Era como tratar de encontrar una aguja en un pajar. Debido a que tenía que volver a casa, decidió que lo único que podía hacer era poner un anuncio en el periódico local. El anuncio decía lo siguiente: “Juan, todo está perdonado. Qué deseos de verte de nuevo tengo. Por favor, ven a mi encuentro el sábado al mediodía en las escalinatas del Ayuntamiento. Con amor, papá.”

Cuando llegó el sábado, él fue al lugar indicado. ¡Había casi un centenar de chicos llamados Juan sentado en los escalones del Ayuntamiento! ¡¿No es eso asombroso?!

Anhelamos tener un padre. Todo lo que ellos querían oír era: “Todo está perdonado. Ven a mi encuentro. Te ama, papá”. Eso era lo que los chicos querían oír.

Estoy segura de que todas hemos oído la canción (en inglés) de Bob Carlisle, “Besos de mariposa”. Esa canción solo fue un gran éxito. Estaba leyendo los comentarios de Bob sobre la canción, y lo interesante fue lo  que él dijo  cuando estaba reflexionando sobre el éxito de la canción:

“Tengo un montón de correos de chicas jóvenes que tratan de conseguir que me case con sus madres. Eso solía hacerme gracia porque es muy lindo, pero luego me di cuenta. Ellas no quieren un romance para la mamá. Quieren al padre que está en esa canción. Y eso me mata.”

(Cantando: ¡Ven camina junto al poni, papá, es mi primer paseo!)  Ellas quieren ese padre. Ellas quieren un padre que esté orgulloso de ellas, que las ame, que sea su admirador número uno, que las apoye, que les diga: “¡Adelante!” Desean tanto a ese padre y les duele tan profundamente, que le escriben a un perfecto desconocido, pidiéndole que se case con sus madres para poder  tener el padre de sus sueños.

Bueno, podemos tener al padre de nuestros sueños, y tenemos al Padre de nuestros sueños. Ese es el mensaje de esperanza que tenemos para una sociedad lastimada, para las mujeres heridas y los niños que han crecido sin padres.

Y esta es la tercera verdad: Dios ha puesto en nuestros corazones el anhelo por un padre. Dios ha puesto el anhelo de un padre en cada uno de nuestros corazones. Cuando nos convertimos en cristianas somos adoptadas e iniciamos una relación de familia. Ahora bien, el proceso de adopción judía es muy, muy interesante porque una familia judía buscaba el niño que quería adoptar y luego, entonces, pagaba las deudas de ese niño. Después tomaban ese niño y rompían todas las relaciones que el niño había tenido y lo recibían en una nueva familia, iniciando una nueva relación y dándole un nuevo nombre.

Esta es una imagen de lo que nos  ocurrió cuando entramos a formar parte de  la familia de Dios. Dios paga todas nuestras deudas, rompe los lazos del pecado, nos lleva a Su familia y nos da Su nombre. Él nos da el Espíritu Santo, que es la prueba de la adopción. En la sociedad judía tenía que haber múltiples testigos para que una adopción fuera legal. Y se nos dice en la Biblia que el Espíritu Santo es el testigo.

¿Qué tipo de testigo es el Espíritu Santo? Esto es realmente interesante. El Espíritu Santo es también llamado el Espíritu de adopción—el Espíritu de filiación, el Espíritu de tu Padre—que vive justo en nuestros corazones cuando nos convertimos en cristianos. Es este Espíritu que nos llama y nos lleva a la intimidad con el Padre. Es este Espíritu en nuestros corazones que clama “¡Abba, Padre! ¡Abba, Padre!”

Romanos 8:15-16: “Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos ¡Abba Padre!  El espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (RV).

Gálatas 4:6: “Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama ¡Abba Padre!”

¿Entendiste la primera frase de Romanos 8:15? “Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor.” ¿No es asombroso? Algunas de nosotras (muchas, muchas mujeres y muchas de ustedes en esta sala) tienen tanto miedo a Dios el Padre. Eso es lo que  encuentro en la mayoría de  ministerios de mujeres, solo  temor.

  • Tengo tanto miedo de que Él me vaya a desestimar,  igual que hizo mi padre.
  • Tengo tanto miedo de que Él me vaya a rechazar,  igual que hizo mi padre.
  • Tengo tanto miedo de que vaya a gritarme, al igual que mi padre.
  • Tengo tanto miedo de que Su amor por mí este condicionado, que yo tenga que  saltar a través de un aro,  igual que  tenía que hacer para mi padre”.

Ese no es el Espíritu Santo  hablándote. Dios no nos ha dado un espíritu de temor. El Espíritu Santo en tu corazón clama: “¡Abba, Padre!” El verbo clamar es realmente interesante. Es un verbo. Está ocurriendo. Es el espíritu en tu corazón el que ahora está clamando: “¡Abba, Padre!” Está deseando esa conexión. Está deseando la intimidad. Está deseando llegar a ser uno con Dios. Está deseando cercanía.

Algunas de ustedes se preguntarán por qué sienten tanta frustración mientras están viviendo la vida cristiana y pasando por todos los momentos, pero no hay gozo. Ciertamente pasamos por tiempos de sequía. Los tenemos. Pero podría ser que el Espíritu dentro de ti este pidiendo a gritos: “¡Papá! ¡Papá! ¡Papá!” porque eso es lo que el Espíritu hace. Y tú estás demasiado ocupada para escuchar, o tienes tanto miedo de mirar  los ojos del padre y tener esa cercanía, esa relación de amor con Él.

Así que  a muchas mujeres les resulta muy difícil aceptar que Dios realmente las ama. “Me resulta muy difícil creer que Dios realmente me ama tal como soy. Yo soy su chica. Soy la niña de papi. Soy la niña de Sus ojos”.

El anhelo de nuestro corazón solo es satisfecho en una relación con Él. Tú ves, el cristianismo es una relación de amor. Es Dios amándome, y yo amándole a Él. Es así de simple. Es posible para nosotras saber y creer.

Primera de Juan 4:16 dice (y este es el testimonio de un pueblo que está caminando con Dios), 1 Juan 4:16: “Nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros.” ¿No es este un hermoso testimonio? ¿Puedes tú decir eso? Yo sé, y creo que Dios me ama.

¿Sabes que el Padre sabe tu nombre? Isaías 45:2-3: “Yo iré delante de ti, y enderezaré los lugares torcidos… Y te daré… los tesoros escondidos y los secretos muy guardados… Yo te he llamado por tu nombre.”  Hasta sabe como deletrearlo.

Yo estaba hablando en una conferencia  una vez, y una señora se me acercó después y dijo: “Eso significó mucho para mí. He estado casada treinta años, y mi papá todavía no puede escribir bien mi apellido de casada. Pensar solo que el Padre sabe cómo se escribe mi nombre, y que a mi padre no le importó lo suficiente como para aprender.”

¿Sabes que Él  le da seguimiento a los detalles más insignificantes de tu vida?  Igual que el número de células de tu cuerpo. El número de cabellos de tu cabeza. El color verdadero  de tu pelo debajo de todos esos tintes. Él mantiene un registro de eso.

Mateo 10:30: “Y hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados”.

¿Sabes que el Padre recoge tus lágrimas en Su botella? Salmo 56:8, “Cuentas mis lágrimas, pones mis lagrimas en tu botella. ¿No están allí en tu libro?” No hay ni una lágrima que alguna vez hayas derramado  que tu Padre no lo haya sabido, ni siquiera una.

¿Sabes que te tiene inscrita en la palma de Su mano? Isaías 49:16: “He aquí, en las palmas de mis manos, te he grabado; tus muros están constantemente delante de mí.”

Yo solía hacer eso. Cuando  realmente me importaba  alguien en la escuela—ya sabes, te  escribes un número de teléfono en la palma de tu mano. El problema era cuando inevitablemente alguien lo veía, porque estaba ahí en la palma de tu mano. No importa lo que hagas, está siempre ahí. Siempre está ahí. Siempre está ahí, y tu nombre está escrito en la palma de la  mano de Dios. ¿No es asombroso? Tu Padre te tiene allí.

¿Sabes qué lo mueve, qué lo incita y le despierta con compasión cuando piensa en ti? Salmo 103:14-15, “Como un padre que tiene compasión de sus hijos, así el Señor tiene compasión de aquellos que le temen.”

¿Sabes que Él tiene una cuerda de amor atada a tu corazón, y  te está atrayendo cada vez más cerca de Él? Oseas 11:

Cuando [tú] eras aún pequeña yo [te] amé. De Egipto llamé a mi hijo… Yo [te] enseñé a caminar, tomando [te] de [tus] brazos, pero [tú] no supiste que yo te sané y [te] guié con cordones de gentileza con bandas de amor y fui para [ti] como esos que toman el yugo de [tu] cuello, me pare y [te] alimenté. (Versículos 1-4).

¡Qué imagen tan impresionante del corazón paternal de Dios! Es un amor muy, muy, poderoso, y no es de extrañar que el apóstol Juan dijera, “Oh, que gran amor es este el que el Padre ha derramado en nosotros.”

Tengo un hijo de trece años de edad, de seis pies, dos pulgadas, tiene 180 libras. Le pone mayonesa a todo—a todo literalmente. Él hace un sándwich,  saca el frasco de mayonesa y lo cubre todo—es demasiado. Se desliza por los bordes, se cae en el suelo. Hay mayonesa en todas partes. Así lo hace Dios, te colma de amor—lo derrama profusamente, en abundancia, mucho más de lo que un bocadillo debería tener. Su amor por ti es tan profundo.  ¿Sabes y puedes creer lo mucho que el Padre te ama?

Patty,  Él te ha llamado por tu nombre. Él dice, “Patty es Mi chica y la amo.”

Sandy, Él dice: “Yo sé cuántos cabellos hay en esa hermosa cabeza. Yo puedo enumerarlos, y podría decirte  el número ahora mismo.” Eso es lo que Dios te dice.

Él le dice a Susana, “Susana, tú me conmueves.  Despiertas  compasión cuando pienso en ti. Simplemente conmueves mi corazón, porque tú eres Mi chica.” Eso es lo que te dice.

Tina, Él dice: “Me complazco en Tina. Su nombre está escrito en la palma de mi mano. Tus barreras están siempre ante mí. Tina, te amo”  El Padre dice eso.

Él le dice a Jody, “Jody, yo tengo mi lazo de amor atado a tu corazón, y estoy atrayéndote cerca, cerca y más cerca  todo el tiempo.”

¡Qué asombroso y poderoso amor! El Padre quiere tu corazón. Él quiere mi corazón.

Quiero que se hagan una imagen de la palma de la mano,  que escribas tu nombre. Escribe tu nombre en el medio de la mano.  Ves, el Padre quiere una relación de amor contigo. Él dice en Jeremías 3:19, “Con qué gusto los trataría como a mis hijos y les daría tierra deseable, la más hermosa heredad de cualquier nación. Eso es lo que te quiero dar. Yo un soy padre.  Quiero dártelo todo.  Quiero darte buenas cosas”  (parafraseando).

Y luego dice, decepcionado, “Pensé que Me llamarías Padre y no te apartarías de mí. Eso era lo que yo quería. Eso fue lo que pensé.”

¡Qué angustia! Y algunas de ustedes—las madres saben lo que es un corazón roto cuando sus hijos se alejan. Sabes lo que traspasa hasta la profundidad de tu espíritu, y el Padre es igual. Cuando no estás en una relación íntima con Él, Él es traspasado. Él sufre por Sus hijos.

Esta es la clave, creo yo, para correr firme hasta el final de la carrera. He hecho muchas, muchas  cosas cristianas en mi vida. Dios ha tenido su dedo en mí desde que era una niña. Cuando tenía trece años, yo  enseñaba cursos a mujeres y todo tipo de cosas—organizaba  grupos en mi escuela, llevando a las personas al Señor. He hecho todo eso. He estado en la portada de la revista “Cristianismo Hoy”. He estado con James Dobson. Lo he hecho todo.

Pero, ¿sabes qué? Eso no significa nada. Nada, si el Padre no tiene mi corazón. No significa absolutamente nada. Creo que esta es la clave. Muchas de ustedes están en el ministerio. Y muchas de ustedes están cansadas. Yo sé lo que es eso, porque están tan ocupadas haciendo cosas, haciendo cosas, haciendo cosas, haciendo cosas por el Padre, por el Señor, y no están alimentando esa relación con el Señor. No  están siendo Sus hijas, la pequeña niña sentada en Su regazo, mirándolo a los ojos, y solo amando estar cerca de Él solo por ser quien es.

Y esa es la clave para correr bien hasta el final. Si no tienes eso, no correrás bien hasta el final. No lo harás. También es la clave para entender todo lo que la cristiandad es. Esto es lo que necesitamos enseñar a nuestras mujeres y a nuestras hijas y a las personas que ministramos.

El cristianismo es una relación de amor, y eso lo cambia todo. Cambia cómo veo el  arrepentimiento. Solo quiero que pienses en esto por un momento. Si mi marido, Brent, se levantara por la mañana, nos fuéramos de palabras, me hiciera daño diciéndome algo cruel, se fuera al trabajo y entonces sentado en su escritorio, tal vez la conciencia repentinamente le empieza a remorder, y herido, dice, “Oh, no debí haber hecho eso. He pecado.”  Y luego me llama y me dice: “Mary, mi conciencia me está molestando. Lo siento. ¿Me perdonas?”

Yo estaría muy contenta de que me haya llamado y se disculpara. Pero, ¿sabes lo que realmente quisiera de Brent? Yo quisiera que supiera lo mucho que me lastimó. Porque  él  rompió las reglas y solo se sentía mal porque rompió las reglas. Él va a  romper las reglas de nuevo, porque lo único que lo mantenía obedeciendo las reglas era un sentido de responsabilidad a las reglas.

Es por eso que muchas de nosotras luchamos con el pecado. Pecamos. Nos arrepentimos. “Oh, lo siento mucho. Rompí las reglas.” Y luego nos levantamos y  pecamos de nuevo. Lo mismo, una y otra vez. Caemos en las mismas trampas, una y otra vez, una y otra vez. ¿Sabes lo que falta? No nos damos cuenta de que quebrantamos una relación y que hacemos sufrir a  la persona que amamos.

Si Brent se da cuenta de que él me está haciendo daño, que sus palabras me hirieron, y que fue como si él tomara un cuchillo y atravesara mi espíritu, tendría mucho cuidado de no hacerlo de nuevo si es que realmente se dio cuenta de lo mucho que me dolió, en lugar de solo decir: “¡Uy,  rompí las reglas!”

Así que cuando estamos en una relación de amor con el Padre, toda nuestra visión del  arrepentimiento cambia. No es como decir: “Oh, Padre, he roto las reglas, ¡ups!” Es, “Te lastimé. Te he contristado. Yo no quiero lastimarte. Te amo.” Y recibimos la motivación para cambiar.

Lo mismo cuando estás compartiendo el Evangelio. Aquí están las Cuatro Leyes Espirituales. Me encantan las Cuatro Leyes Espirituales, pero muchas veces es: “Aquí están las Cuatro Leyes Espirituales”, o traemos personas a la iglesia, o podemos llevar a las personas a Jesús. No las ponemos en relación con el Dios Todopoderoso, porque si estuviéramos en una relación con Dios, nuestro enfoque total, nuestro mensaje completo sería: “Ven a conocer a mi amigo. Ven a conocer a mi Padre. Ven a conocer a alguien que significa todo para mí.” Esto cambiaría nuestro enfoque.

Esto cambia nuestro enfoque en nuestras disciplinas. Yo estaría muy decepcionada si mi marido hiciera una cita conmigo dos semanas antes de nuestro aniversario y dijera: “Está bien, Mary, te necesito a estas horas de—oh, vamos a hacerlo de 4:00 a 6:00 el 11 de diciembre. ¿Quieres reunirte conmigo?”

Yo digo, “Sí, claro”.

Y entonces llega, nos encontramos en el restaurante, y él está constantemente mirando el reloj, y luego, de repente, dice, “Bueno, he hecho mi parte, ya me voy.”

Yo no quiero eso. Eso no es lo que quiero. No quiero que venga a pasar tiempo conmigo porque tiene que hacerlo. Quiero que me quiera. Y ustedes saben lo que es eso, señoras, porque nos afligimos cuando nuestros esposos no nos quieren.

Es lo mismo con el Padre. Es lo mismo con esta relación. Por lo tanto, se haya  gozo en  la Palabra, en la oración, en el ayuno y en la meditación. Es porque quiero a Dios. No es porque tengo que tener un tiempo devocional cuatro veces a la semana. Esto lo cambia todo,  esta idea del cristianismo como una relación.

Nancy: Y esa relación lo cambia todo. Mary Kassian nos ha estado mostrando por qué.  Todo el mundo necesita una relación genuina con Dios como nuestro Padre. Y sabemos que la relación solo puede encontrarse a través de la fe en Hijo de Dios, Cristo Jesús.

Leslie: Gracias, Nancy.

¿Qué te vino a la mente cuando escuchaste a Mary Kassian el día de hoy?  ¿Deseas  compartir esos pensamientos con otras oyentes de Aviva Nuestros Corazones? Participa en el blog  de oyentes de Aviva Nuestros Corazones. Simplemente haz clic en el programa de hoy en AvivaNuestrosCorazones.com y añade tus pensamientos. Una vez más, esto es en AvivaNuestrosCorazones.com.

Bueno, cuando tú aceptas a Dios como tu Padre, se lo quieres presentar a otras personas. Mary Kassian estará de vuelta mañana para hablar de ello. Por favor, acompáñanos en el siguiente programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tenemos algunos artículos en Español disponibles en esta página de www.AvivaNuestrosCorazones.com. Usted puede imprimirlos y usarlos. Visite este enlace para que vea los temas disponibles: PDF Downloads.

Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Una Verdadera Adoradora

DÍA 45

Salmo 27

Dosis: Confianza

Una Verdadera Adoradora

“Una sola cosa le pido al SEÑOR, y es lo único que persigo: habitar en la casa del SEÑOR todos los días de mi vida; para contemplar la hermosura del SEÑOR y recrearme en su templo.” (Salmo 27:4) (NVI)

¡Qué ternura encierran estas palabras! Brotan de un alma que reconoce que su protección y fortaleza provienen de su Salvador! Entonces sólo espera llegar al templo para adorarle, presentarle sus ofrendas y expresarle su gratitud. ¡Y quiere hacerlo todos los días de su vida! Porque ama estar en su presencia. ¿Amas de esta forma a Dios? ¿Anhelas estar en su presencia?

El salmista busca a Dios con todo su corazón y en él encuentra la seguridad: “Porque en el día de la aflicción él me resguardará en su morada; al amparo de su tabernáculo me protegerá, y me pondrá en alto, sobre una roca.” Expresiones de confianza y seguridad en medio de la crisis. Él está seguro que Dios lo hará prevalecer frente a sus enemigos, que escuchará su voz y le responderá y no lo desamparará.100

Hace una declaración que nos deja atónitas: “Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el SEÑOR me recibirá en sus brazos.” Porque está seguro que no hay amor más grande que el de su Dios. Los seres humanos pueden fallarnos, pero jamás nuestro Padre celestial.

Él nos deja una guía clara de cómo orar cuando estamos en dificultades, si lees todo el salmo encontrarás los siguientes verbos: “oye, ten misericordia, respóndeme, no escondas, no apartes, no me dejes, no me desampares, enséñame, guíame, y no me entregues.” Luego vuelve a reiterar su seguridad en la bondad de su Señor y nos anima a poner nuestra confianza nuevamente en él: “Pero de una cosa estoy seguro: he de ver la bondad del SEÑOR en esta tierra de los vivientes. Pon tu esperanza en el SEÑOR; ten valor, cobra ánimo; ¡pon tu esperanza en el SEÑOR!

Sea lo que sea que estemos viviendo, ¿cómo no superar el temor si confiamos en un Dios así? Pero esa seguridad debe llevarnos a la adoración y la alabanza. En una época que el temor, el afán y la ansiedad nos domina, que corremos de un lado a otro, ¡qué paz nos infunden estas palabras! Él quiere ponernos en alto, sobre una roca, Él es nuestro refugio, seamos agradecidas y aprendamos a adorarle.

Oración: Señor enséñame a confiar plenamente en tu amor y a contemplar tu hermosura adorándote. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 60). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.