Cómo tener verdadero descanso en un mundo de saturación tecnológica

Cómo tener verdadero descanso en un mundo de saturación tecnológica

Desactivé la mayoría de las notificaciones en mi teléfono. Me estaban volviendo loco. También dejé de seguir a un montón de personas y cuentas en las redes sociales para seguirlas mejor usando RSS, como en los viejos tiempos, antes de la web 2.0. ¡Había demasiado ruido en mis redes sociales! Y estoy tratando de luchar con la tentación de revisar mi teléfono a primera hora en la mañana.

No soy el único que busca disminuir el ruido y las distracciones que la tecnología ha traído a nuestras vidas de diversas maneras a medida que invade nuestros espacio. Por ejemplo, hay toda una industria creciente en nuestra cultura que gira alrededor del “mindfulness”, una occidentalización de la meditación oriental tradicional que busca entrenar la mente para vivir con más enfoque y calma en medio del caos de la vida moderna saturada de la tecnología.

Al mismo tiempo, uno de los antídotos más populares que se nos ofrecen hoy es el uso de más tecnología para aliviar nuestra saturación de tecnología y dispositivos. Mira el caso de las apps para meditar, por ejemplo. Son aplicaciones que ofrecen sesiones de audio para relajarse, dormir, y meditar. Calm es una de ellas. Ha sido descargada más de 40 millones de veces y ya vale más de 1000 millones de dólares.[1] Según el Centro para la Tecnología Humana (Center for Humane Technology), 99% de sus usuarios la aman.[2] La ironía es inescapable: queremos que la tecnología solucione los problemas causados por nuestro mal uso de ella.

¿Existe un camino mejor para experimentar descanso en un mundo ruidoso?

La disciplina olvidada del silencio y el retiro

Dios nos llama a vivir en comunidad. Debemos glorificarlo en un mundo manchado por el pecado. Las relaciones entre pecadores pueden ser complicadas. Lo mismo sucede con la vida en un planeta donde hay caos. Esto significa que jamás podremos gozar en este mundo el descanso final que nuestros corazones tanto anhelan. Debemos rechazar la idea de que lo mejor para nosotros es apartarnos por completo del resto del mundo.

Los cristianos tenemos permitido y necesitamos tomar tiempos a solas con Dios.

Sin embargo, los cristianos tenemos permitido y necesitamos retirarnos y estar en silencio para tomar tiempos a solas con Dios. Es algo en lo que tenemos que disciplinarnos si queremos florecer en medio de tanta saturación de ruido, notificaciones, información, y caos. Es algo que necesitamos si hemos de disfrutar la calma que solo Dios puede darnos. Si Cristo necesitó de esos momentos, ¡nosotros seguro también! (Mt. 14:23; Lc. 4:42).

El silencio y la soledad nos ayudan a minimizar las distracciones cuando en oración derramamos nuestro corazón ante Dios y presentamos ante Él nuestra ansiedad (1 Pe. 5:7). También nos ayudan a minimizar las distracciones para meditar en la Palabra que restaura nuestras almas (Ps. 19:7). Esta es una meditación bastante diferente a la que el resto del mundo nos presenta: en vez de vaciar nuestras mentes o centrarnos en cosas de este mundo, somos llamados a ser saturados por la Palabra de Dios (Col. 3:16). La soledad y el silencio son de inmensa ayuda para esto. Así como Elías necesitó estar a solas para escuchar en un susurro la voz de Dios, nosotros también necesitamos esta disciplina espiritual para conocerlo más a Él.[3]

Esta es la clave bíblica para vivir con enfoque y calma mental en medio del ruido y las distracciones que nos rodean. Es algo tan simple como apagar el teléfono e irte a tu habitación, o a un lugar a solas al aire libre, para leer la Biblia y orar al Dios que te rescató.

Entonces, ¿por qué no buscamos cultivar esta disciplina? ¿Por qué a menudo preferimos sustitutos que, aunque puedan ayudarnos, no terminarán de saciar nuestra sed de tranquilidad?

Lo arriesgado del silencio y la soledad

Estar a solas con Dios es demasiado arriesgado para la mayoría de nosotros.

Por ejemplo, al hablar de las redes sociales, muchos creemos que tenemos muchos mensajes por responder y cosas por hacer. Queremos estar al tanto de las notificaciones que recibimos para no perdernos de algo bueno o malo (lo que los psicólogos han llamado FOMO).[4] Y esto a la larga resulta devastador para nosotros, pues forma una mente más distraída y nos hace sentir más cargas de las que podemos llevar. Esto sucede cuando vemos la cantidad de cosas en el mundo que demandan nuestra atención, y sencillamente no podemos (ni deberíamos tratar de) enfocarnos en todas.[5]

Sin embargo, nos sigue gustando la ilusión de omnisciencia que nos brinda la tecnología. Así que perseguir tiempos de soledad y silencio es arriesgado para muchos de nosotros porque atenta contra la fantasía moderna de que podemos y necesitamos saberlo todo para no quedarnos atrás en la carrera contra el resto del mundo.

No nos gusta apartarnos para estar a solas con Dios porque eso significa reconocer que el mundo no nos necesita tanto como pensamos.

No nos gusta apartarnos para estar a solas con Dios porque eso significa reconocer que el mundo no nos necesita tanto como pensamos. Por ejemplo, considera de nuevo nuestro uso de las redes sociales. Mira nuestro afán por likes que aumentan nuestro sentido de autoestima y estimulan la circulación de dopamina en nuestros cuerpos.[6] ¿No es cierto que las redes sociales no serían tan exitosas si no quisiéramos sentirnos importantes, escuchados, y vistos?

Otra razón por la que percibimos como arriesgado estar a solas con Dios es que, aunque anhelamos descanso, en nuestros corazones no lo queremos en Dios. De hecho, yo diría que esta es la razón principal por la que muchos de nosotros solemos evitar el silencio y la soledad. Esto explica por qué la que la televisión es más popular que la oración. Romanos 3:10-13 enseña, con palabras muy duras, que el hombre separado de Dios no busca en realidad a Dios. No queremos ser confrontados con nuestro pecado, nuestra finitud, y nuestras debilidades.

Por eso amamos las distracciones, como lo dijo Pascal siglos atrás:

“La distracción es la única cosa que nos consuela por nuestras miserias. Sin embargo, es la mayor de nuestras miserias. Por encima de todo, es lo que nos impide pensar en nosotros y así nos conduce imperceptiblemente a la destrucción”.[7]

Nos gusta la distracción porque nos ayuda a ignorar nuestra condición de miseria espiritual y separación de Dios. Esto contribuye de manera especial a nuestra ansiedad por consumir cosas y distraernos con lo último que nos presente la tecnología. Por ejemplo, nos hemos vuelto adictos a mucho contenido en Internet, a nuestros teléfonos, y a la televisión. Esto no es de extrañar. La mayoría del contenido que más nos gusta está diseñado para capturar nuestra mente con el fin de ganar dinero.

Estas son solo algunas de las razones, que se complementan a sí mismas, por las que no buscamos más silencio y soledad con Dios. Pudiéramos seguir hablando al respecto, exponiendo más razones, pero ya entiendes el punto: debido a nuestro pecado, el silencio y la soledad con Dios son cosas que percibimos como demasiado arriesgadas en más de una manera. Se requiere mucho valor para salir de las arenas movedizas de las distracciones, el orgullo, el consumismo, y las fantasías contemporáneas que nos envuelven en la actualidad por medio de la tecnología.

El valor para apartarnos del ruido y el desorden

Así que si somos honestos, veremos que se requiere valentía para redescubrir y perseguir la disciplina de estar a solas con Dios. Al igual que Marta, solemos olvidar qué es aquello que en verdad puede saciarnos y es lo más importante en el universo: “Marta, Marta, tú estás preocupada y molesta por tantas cosas; pero una sola cosa es necesaria, y María ha escogido la parte buena, la cual no le será quitada” (Lc. 11:41-21).

Debido al amor de Dios mostrado en la cruz, ya no tenemos por qué temer acercarnos a Él. No hay razón para distraernos de la realidad y llenarnos de ruido y distracciones.

La clave está en entender que Jesús es lo más necesario e importante. Él vino a morir en una cruz para darnos descanso y llevar el castigo por nuestro pecado. Así podemos tener acceso al Padre, quien desea que entremos en su reposo (Heb. 4:1-11). Así hallaremos descanso verdadero (uno que las apps más modernas y la filosofía pagana no pueden darnos). Al apartarnos del caos por un momento para buscar conocerlo más en oración y estudio profundo de su Palabra, experimentaremos un adelanto del descanso final en Dios que nos aguarda por la eternidad.

Debido al amor de Dios mostrado en la cruz, ya no tenemos por qué temer acercarnos a Él. No hay razón para distraernos de la realidad y llenarnos de ruido y distracciones. Dios conoce todo lo peor sobre nosotros, y a pesar de eso nos amó de tal manera que dió a su Hijo para salvarnos (Jn. 3:16). Al mismo tiempo, ya no tenemos por qué vivir esclavos de la idolatría del consumismo o nuestros propios egos. Ya no tenemos qué seguir la fantasía de pretender estar conectados a todo y simular ser como dioses.

¿Estás profundizando en el evangelio de tal manera que puedas ser valiente y buscar a Dios en el retiro y el silencio?

[1] Calm Raises $88M, Becomes First Mental Health Unicorn.

[2] What’s the difference between apps we cherish vs. regret?

[3] Donald Whitney ha escrito más sobre los beneficios del silencio y el retiro en su libro Disciplinas espirituales para la vida cristiana.

[4] Síndrome FOMO.

[5] Help, I’m Exhausted by Social Media.

[6] Dopamine, Smartphones & You: A battle for your time.

[7] Blas Pascal, Una mente encendida (Miami, Florida: Patmos, 2009), p. 90.

¿Quién es un discípulo?

Marzo 1

¿Quién es un discípulo?

El que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. (Mateo 10:38)

Un discípulo es alguien que confiesa a Cristo como Señor y Salvador, cree que Dios lo ha resucitado de los muertos, y declara esa fe públicamente mediante el bautismo. No es un tipo de cristiano de “nivel superior”.

Usted no tiene que esperar para ser discípulo en algún momento del futuro en su vida cristiana cuando haya alcanzado determinado nivel de madurez. Según Mateo 28:19-20, uno se convierte en discípulo en el momento de la salvación.

Algunos afirman que hay muchos cristianos que no son discípulos. Recuerdan el versículo de hoy y dicen que, para ser discípulo, hay que negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguir a Cristo. Si no se llega a ese nivel de entrega, piensan ellos, entonces no se es digno de ser discípulo de Cristo. Pero no se puede separar el discipulado de la conversión.

Cuando alguien es salvo, recibe un espíritu dócil que se manifiesta por una disposición a hacer una confesión pública y a obedecer cualquier cosa que ordene Cristo. ¿Es entonces usted un discípulo?

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

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Buscando la verdadera vida (1)

Viernes 1 Marzo

Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros.

Santiago 4:8

Buscad a Dios, y vivirá vuestro corazón.

Salmo 69:32

Buscando la verdadera vida (1)

Testimonio

«Desde mi juventud me hacía muchas preguntas: ¿Por qué existimos? ¿A dónde vamos después de la muerte?

Entonces me puse a leer libros existencialistas que incitan a hacerse más preguntas, pero no ofrecen ninguna respuesta. Quise conocer otras religiones y llegué a vivir entre monjes budistas.

Finalmente, leyendo el Nuevo Testamento, me impresionó cada vez más la persona de Jesucristo. Primero por sus milagros, luego por su sabiduría, por el amor y la libertad de expresión con la que enfrentaba a los religiosos de su tiempo. Decidí, pues, leer toda la Biblia. Nadie influyó sobre mí. Lo decidí yo solo. De repente comprendí que no había otro camino fuera de Jesús. Dios me mostró que debía elegir, entonces quemé todos los demás libros religiosos que poseía. Pero aún permanecía turbado.

Oré a Dios: Haz algo por mí, Señor. Leí en tu libro que tenías discípulos. Si aún tienes algunos hoy, permite que encuentre aunque sea uno que me pueda ayudar.

No hablé con nadie, pero dos días más tarde, mientras hacía auto stop, un hombre me llevó en su carro y me dijo: Soy cristiano. Creo en el Señor Jesucristo. Él es mi Salvador… Y me anunció el Evangelio.

Feliz de ver que Dios había respondido mi oración, comprendí que él se interesaba por mí».

(mañana continuará)

2 Samuel 21 – Hechos 10:1-24 – Salmo 28:1-5 – Proverbios 10:24-25

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¿Qué aconsejarían los puritanos sobre Netflix?

 

¿Qué aconsejarían los puritanos sobre Netflix?

A pesar de su reputación de aburridos, los puritanos no rechazaban todas las formas de entretenimiento. Simplemente buscaban participar en la recreación y entretenimiento de una manera que honrara a Dios. Y en los siglos XVI y XVII, eso significaba principalmente música, arte, deportes, y libros.

Para ser consciente de lo que leía y ayudar a otros a hacer lo mismo, el pastor puritano Richard Baxter se hacía cuatro preguntas para ayudarlo a guiar su lectura. Con unos cuantos ajustes, estas preguntas pueden ayudarnos a ser más exigentes acerca de las películas y los programas que decidimos ver.

1. ¿Es esta la mejor manera de pasar mi tiempo?

Esta es una excelente primera pregunta. ¿Hay algo más importante y productivo que debería estar haciendo? Si es así, suelta el control remoto y hazlo. El adulto promedio pasa 33 horas mirando el televisor cada semana. Sería difícil argumentar que esto va con Efesios 5:16, donde se nos dice que debemos “redimir el tiempo”.

¿Pero significa eso que nunca podemos sentarnos y relajarnos mientras vemos Netflix? Para nada. Sin embargo, debemos esforzarnos por hacer todo con propósito, incluso ver la televisión.

Puede haber un propósito valioso al relajarse y ver un buen programa o película. Una noche de cine con tu cónyuge o los niños puede ser muy divertido. Como cualquier buena historia, los programas y las películas pueden tener un mensaje profundo que te ayudará a considerar las cuestiones importantes de la vida.

Aun así, la primera pregunta que te debes hacer es si hay algo más importante que exige tu atención. Si has determinado que sentarte y ver algo es un buen uso de tu tiempo, hay tres preguntas más que te ayudarán a decidir qué mirar.

2. ¿Hay [programas y películas] mejores, que me edificarían más?

No dejes que la lista de los programas y películas más populares dicte cómo vas a dedicar tu tiempo. Que algo sea popular no significa que sea bueno.

No es una marca de madurez espiritual poder ver actos de asesinato, desnudez, u otros tipos de inmoralidad sin que te afecte la conciencia

No podemos pretender que aquello a lo que le prestamos atención no nos afecte. De la misma manera que debemos poner atención a lo que comemos para mantenernos en buena forma física, debemos considerar el entretenimiento que consumimos para mantenernos en forma espiritualmente.

No es una marca de madurez espiritual poder ver actos de asesinato, desnudez, situaciones sexuales, violencia gráfica, u otros tipos de inmoralidad sin que te afecte la conciencia. Como Tim Challies observó recientemente:

“No hace mucho tiempo, muchos cristianos pensaban que estaba mal ver cualquier película o programa de televisión. Ese era un fundamentalismo en su forma más legalista, y es bueno que lo hayamos corregido. Sin embargo, me temo que hayamos corregido en exceso, y ahora casi nada está más allá del límite. De hecho, hemos llegado a considerar como una virtud poder ver casi cualquier cosa”.

Esta es una triste —y creo que certera— acusación a las concesiones morales que los cristianos modernos han hecho con el entretenimiento. Pero no debería ser así. Como dijo John MacArthur: “No debemos entretenernos con los pecados por los cuales Cristo murió”.

No tienes que ver programas que glorifican las cosas que no glorifican a Dios.

Ten discernimiento sobre lo que eliges ver. Hay una cantidad casi infinita de programas y películas para elegir. No tienes que ver programas que glorifican las cosas que no glorifican a Dios.

3. ¿Me dirige este programa hacia la Biblia y a una vida santa?

Como cristianos, debemos gravitar hacia expresiones de arte, creatividad, e imaginación que nos dirigen hacia Dios, no lejos de Él.

¿Significa esto que solo deberíamos ver películas cristianas? Afortunadamente, no. Si bien podemos estar agradecidos de que se están produciendo más y más películas cristianas (muchas de las cuales son, de hecho, buenas), no tenemos que limitarnos a las películas que tienen una canción de Casting Crowns en su banda sonora.

Dicho esto, considera la cosmovisión a la que apela el programa que estás viendo. ¿Atrae el contenido la atención de aquellos cuyos corazones están inclinados hacia Dios, o apela principalmente a aquellos cuyos corazones están enfocados en las cosas de este mundo?

Si dudaras en decirle a un amigo cristiano que eres fanático de un determinado programa, o si dudaras en decirle a un amigo fanático que eres cristiano, necesitas pensar de nuevo tus opciones de entretenimiento.

4. ¿Esta [película o programa] aumenta mi amor por la Palabra de Dios, mata mi pecado, y me prepara para la vida venidera?

Recuerda que este mundo no es nuestro hogar. El hecho de que somos pecadores perdonados, comprados por Cristo, y de camino al cielo debería impactar cada aspecto de nuestras vidas.

Además, sabemos por las Escrituras que tenemos un adversario que está decidido a acabar con los soldados de Cristo. ¿Qué soldado pasaría tiempo haciendo cosas que debiliten su armadura?

Sé crítico con lo que eliges cuando decidas qué ver. ¿Te ayuda esta película a apreciar mejor las verdades expresadas en las Escrituras, o carece de elementos redentores? ¿Te anima este programa a apagar el pecado en tu vida, o te incita a ver qué tan cerca puedes llegar a la llama sin quemarte? ¿Te hace esta película desear el reino de Dios, o simplemente aumenta tu deseo por las cosas de la tierra?

Si bien podemos y debemos hacernos estas cuatro preguntas antes de leer un libro, como lo hacía Baxter, también deberíamos hacerlas antes de tomar el control remoto.

No hay nada de malo en disfrutar del entretenimiento. Somos libres en Cristo para participar de ello. Pero recuerda lo que Pablo le dijo a los Corintios: “Ustedes dicen: ‘Se me permite hacer cualquier cosa’, pero no todo les conviene. Dicen: ‘Se me permite hacer cualquier cosa’, pero no todo trae beneficio” (1 Co. 10:23, NTV). Sí, tenemos libertad en Cristo para ver Netflix. Elijamos ver películas que sean útiles y nos levanten en lugar de que obstaculicen nuestro progreso y derriben nuestros esfuerzos por seguir a Cristo.

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN FOR THE CHURCH. TRADUCIDO POR EQUIPO COALICIÓN.

La responsabilidad ante los demás

28 de febrero

La responsabilidad ante los demás

Considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras.

Hebreos 10:24

He descubierto que cuanto más cerca estoy de las personas espirituales que me rodean, tanto más fácil me resulta llevar una vida recta porque ellas me exigen responsabilidad. Si algo no anda bien en mi vida, ellas me lo señalan. Dios me ha dado una esposa y cuatro hijos ya adultos que esperan que yo ande por la senda recta. Si me aparto de ella, una de esas personas o a veces las cinco me dirán que me estoy saliendo de la línea.

Es fácil comenzar a pensar que, si se hace un esfuerzo, se puede llevar una vida espiritual sin estar en una iglesia ni tener amigos cristianos. Eso pudiera ser posible, pero usted tendrá un tiempo difícil creciendo en su fe. La responsabilidad ante los demás ejerce una presión útil hacia la santidad. Que el versículo de hoy lo guíe hacia normas espirituales más firmes.

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¿Quién responderá nuestras preguntas?

Jueves 28 Febrero

¿Quién dio al espíritu inteligencia?

Job 38:36

El Señor es el Dios verdadero; él es Dios vivo y Rey eterno.

Jeremías 10:10

¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!

Romanos 11:33

¿Quién responderá nuestras preguntas?

Un proverbio africano dice que aquel que hace preguntas no se equivocará de camino. Tarde o temprano, todo ser humano se ve confrontado a preguntas sin solución: ¿Cuál es el origen de la vida? ¿Por qué hay tantas catástrofes y sufrimientos en el mundo? ¿Qué hay después de la muerte?

Unas respuestas a estas preguntas fueron elaboradas por filósofos, hombres de la política, periodistas, científicos, etc. ¿Hemos quedado satisfechos con sus respuestas? ¿Hemos tenido la certeza de que ellas nos dirigen hacia la verdadera luz?

En realidad solo Dios puede respondernos. Él creó todo, dispuso las estrellas en el cielo, instaló a los hombres en la tierra, posee la llave del futuro y del universo. Él conoce todo, pues es el Creador.

La Biblia es su Palabra. En ese libro revela sus pensamientos hacia nosotros. Busquemos en ella la respuesta a nuestras preguntas. No comprenderemos todo, y quizá surjan nuevas preguntas. Pero los interrogantes producidos por la lectura de la Biblia nos llevarán a la luz divina, al conocimiento de Dios y de Jesucristo como nuestro Salvador.

Cuando algo se nos escapa, oremos a Dios, pidámosle que nos aclare, que responda nuestras preguntas. Él quiere hacerlo, pero espera que nuestro corazón esté dispuesto a recibir sus respuestas para llenarlo de luz y paz.

2 Samuel 20 – Hechos 9:23-43 – Salmo 27:9-14 – Proverbios 10:22-23

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El problema de querer una “iglesia atractiva”

 

El problema de querer una “iglesia atractiva”

En una ocasión tuiteé lo siguiente: “En nuestra iglesia queremos que nuestra música sea lo mejor posible sin que las personas vengan a nuestra iglesia por ella”. Algunas de las respuestas fueron muy reveladoras. Algunas personas, como sucede a menudo, aparentemente leyeron algo que no escribí, y me preguntaron por qué quería promover la mala música, y por qué estaba en contra de que la gente encontrara atractiva la música. Para dejarlo claro, no soy fanático de la mala música (ya sea en letra, tonada, o estilo), y no estoy en contra de que la gente sea atraída a la música (y a las artes en general).

Analizándolo bien, sin embargo, encuentro que ese salto a escuchar lo que no dije es una indicación de un problema fundamental. Sucede siempre que hablo en contra del pragmatismo, y me preguntan por qué estoy a favor de las cosas que no son prácticas. Pero el pragmatismo y la cosas prácticas no son lo mismo. Tampoco es ese paradigma del “movimiento de la iglesia atractiva” idéntico a querer una iglesia que atraiga. Solamente piensan así en entornos donde el medio se ha convertido en el mensaje (una disculpa a Marshall McLuhan). Aquellos que han crecido o están involucrados en el movimiento de la iglesia atractiva muchas veces no pueden ver la enfermedad eclesiástica a su alrededor.

Cuando nació, el movimiento de la iglesia atractiva (o “sensible al buscador”, como solía ser llamada) se trataba de tener tanta gente como fuera posible dentro de las puertas para escuchar las buenas nuevas de Jesucristo. En mis días de ministerio juvenil, usábamos todas las formas tradicionales de seducir a adolescentes, como pizza, juegos tontos, y música estridente. Sin embargo, los servicios de la iglesia para adultos en este movimiento usaban versiones de estas mismas seducciones, supuestamente para contextualizar el mensaje. Algunos llamarían esta manera de ministrar una “venta con señuelo”: hazlos entrar con cosas que les llame la atención, y ya que los tengas cautivos, dales el evangelio.

Eventualmente el ‘movimiento de la iglesia atractiva’ se convirtió solo en el señuelo. Esa manera de hacer las cosas se parece a un caballo de Troya… pero sin gente adentro.

Pero algo malo sucedió. Como prueba de ese dicho que lo que usas para ganar a la gente es lo que la gente seguirá esperando, cada vez más el evangelio de la obra terminada de Jesucristo fue relegado al final del servicio, casi un apéndice a las cosas que en realidad eran el enfoque, e inclusive frecuentemente el evangelio se empujó al final de toda una serie de mensajes, eventualmente solo en ocasiones especiales, y al final ha sido reemplazado por completo con un legalismo que tintinea, o con un deísmo moralista y terapéutico.

Eventualmente el movimiento de la iglesia atractiva se convirtió solo en el señuelo. Esa manera de hacer las cosas se parece a un caballo de Troya… pero sin gente adentro.

Como resultado, muchas personas dentro de este sistema, que han sido pastoreadas por este sistema y se suscribieron a él, no pueden hacer diferencia entre la “iglesia atractiva” y una iglesia que atrae, entre lo práctico y lo pragmático. Cuando perdemos la centralidad del evangelio, perdemos la habilidad de pensar bien.

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN THE GOSPEL COALITION. TRADUCIDO POR EMANUEL ELIZONDO.

Aplicación de los principios

Febrero 27

Aplicación de los principios

Crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo. (Efesios 4:15)

El crecimiento espiritual es sencillamente cuestión de aplicar los principios bíblicos, pero hay muchos que creen que solamente los gigantes espirituales experimentan un gran aumento de fe.

He leído acerca de místicos que se arrodillaban y oraban de ocho a diez horas, haciendo huecos en los pisos de madera. He leído acerca de Robert Murray McCheyne, que empapaba las páginas de su Biblia y la madera de su púlpito con sus lágrimas. Y he leído Power Through Prayer [Poder mediante la oración] de E. M. Bounds, quien dedicaba muchas horas a la oración. Cuando supe de esas personas, lo único que pude pensar fue que nunca alcanzaría ese nivel. Pero Dios nos usa a cada uno de nosotros de maneras distintas.

El crecimiento espiritual no es una proeza mística por un grupo selecto que está en un plano espiritual superior. Más bien, es sencillamente cuestión de glorificar a Dios confesando el pecado, confiando en Él, llevando fruto, alabándolo, obedeciendo y proclamando su Palabra, orando y guiando a otros a Cristo. Esas son las características que todo cristiano necesita a fin de crecer en la fe. Cuando se concentre en ellas, el Espíritu de Dios lo transformará a usted a la imagen de Cristo, de un nivel de gloria al siguiente.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

Señor, si quieres, puedes limpiarme

Miércoles 27 Febrero

Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio. Y así que él hubo hablado, al instante la lepra se fue de aquel, y quedó limpio.

Marcos 1:40-42

Señor, si quieres, puedes limpiarme

En la época en que Jesús estaba en la tierra, una persona leprosa era excluida de la sociedad. Debía permanecer aislada y proclamar desde lejos su estado para evitar todo contacto con quienes estaban sanos. Sin embargo, el hombre leproso cuya historia es relatada en los versículos del encabezamiento se acercó a Jesús. ¿Lo hizo debido a su situación desesperada? ¿O porque tenía confianza en el Señor Jesús y creía que podía sanarlo? El texto no lo dice, pero nos muestra su valor que sobrepasó los obstáculos.

“Si quieres, puedes limpiarme”, dijo a Jesús. Estaba seguro de que Jesús tenía el poder de sanarlo, pero lo interpeló con humildad.

Jesús se compadeció. No se alejó ni rechazó al hombre atribulado. Por el contrario, con un gesto de amor lo tocó y lo sanó con una palabra: “Quiero, sé limpio”.

En la Biblia, la lepra es un símbolo del pecado que nos ensucia y degrada. Quizá, como este hombre, sufrimos porque el pecado arruinó nuestra vida. Entonces, como él, vayamos a Jesús y pidámosle con fe y humildad: “Si quieres, puedes limpiarme”. Él solo espera esto, él lo hará.

Amigos cristianos, frente a todas las exclusiones, ¿sabemos decir a quienes nos rodean que Dios no rechaza a nadie? Él da a cada uno de los que creen en él, sin excepción, el perdón de sus pecados y una nueva dignidad: la de hijo de Dios.

2 Samuel 19:24-43 – Hechos 9:1-22 – Salmo 27:5-8 – Proverbios 10:20-21

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Escuela para padres

Escuela para padres

Papá 24/7

Ps. Marcos Peña

 

Fue llamado a salvación en algún momento de su adolescencia pues su madre lo expuso desde pequeño a la Palabra de Dios. Siendo un adolescente le predicó el evangelio a otros jóvenes que posteriormente fundaron Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en 1978. Desde los inicios de nuestra Iglesia fue uno de sus jóvenes líderes, pasando algunos años de estudios teológicos formales entre el 1979 y 1980 en el Instituto Bíblico Quisqueyano. Fue elegido como diácono en febrero de 1987 y en abril del 2001 comenzó a formar parte del cuerpo de pastores de IBSJ. Ha dado clases del Antiguo Testamento en el Instituto Bíblico Logos.

Actualmente es responsable del grupo de jóvenes, imparte clases de Escuela Dominical y predica. El pastor Marcos Peña está casado con Carmen Julia Linares y es padre de tres hijas: Ika Marcel, Jennifer y Susan.

 

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