Deuteronomio 24 | Salmos 114–115 | Isaías 51 | Apocalipsis 21

19 JUNIO

Deuteronomio 24 | Salmos 114–115 | Isaías 51 | Apocalipsis 21

A la luz de las alternativas absolutas presentadas al final de Isaías 50, temer al Señor, obedecer a su Siervo y conocer su bendición, o vivir lejos de Dios y sufrir tormentos, Isaías 51:1–11 comienza con palabras de aliento para el remanente fiel. El pasaje culmina con una grandiosa visión del retorno hacia el Señor, de la entrada en Sion cantando (51:11). Las palabras evocan los peregrinajes que los piadosos acometían cuando estaban en la tierra. Eran ocasiones alegres, llenas de cánticos, de recuerdos personales y familiares, de una expectativa gozosa cuando el pueblo de Dios se ponía en marcha hacia Sion, hacia el templo del Dios viviente. Sin embargo, el peregrinaje que el profeta tiene en mente eclipsa a cualquier otro. Los antiguos tenían lugar tres veces al año, para las fiestas prescritas. Aquí, se conserva el lenguaje de estos, pero podemos atisbar cómo será el final: “Volverán los rescatados del Señor, y entrarán en Sion con cánticos de júbilo; su corona será el gozo eterno. Se llenarán de regocijo y alegría, y se apartarán de ellos el dolor y los gemidos” (51:11). Hemos regresado a la esperanza definitiva expresada en 2:1–5 y 11:1–16.

Sin embargo, el pueblo aún no ha llegado allí. Si están desanimados por ser pocos y por sus circunstancias difíciles, deberían recordar sus orígenes, la roca de la cual han sido cortados: Abraham fue sólo un hombre, pero Dios lo bendijo y lo multiplicó (51:2). Aquí también: “El Señor consolará a Sion; consolará todas sus ruinas” (51:3). De hecho, la salvación de Dios durará eternamente, y su justicia nunca fallará (51:6). Entretanto, el pueblo de Dios debe escucharlo. Tiene la “ley” del Señor en su corazón (51:7): la palabra significa realmente “instrucción”, y aquí puede incluir no solo a la ley de Moisés, sino todas las instrucciones dadas por Dios mediante profetas y sacerdotes. Si esta palabra es la que nos sostiene, el siguiente mandato es razonable: “No temáis el reproche de los hombres, ni os desalentéis por sus insultos” (51:7). A largo plazo, estos desaparecerán como una prenda apolillada, mientras la justicia y salvación de Dios “permanecerán para siempre… por todas las generaciones” (51:8).

Algunos manuscritos conservan (quizás con razón) una lectura diferente en el versículo 4. En lugar de “pueblo mío” y “nación mía”, dicen “pueblos” y “naciones”. Eso significa que 51:4–6 se dirige a otro grupo de peregrinos además de los israelitas, los venidos de alrededor del mundo. Todos ellos, junto con el remanente de israelitas, constituyen el grupo de “los rescatados del Señor” (51:11; cf. Apocalipsis 5:9–10).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 170). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El silencio de Dios me dice: espera

Martes 19 Junio

Bueno es esperar en silencio la salvación del Señor.

Lamentaciones 3:26

Oh Señor, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti, y esperaré.

Salmo 5:3

El silencio de Dios me dice: espera

Dios es un Dios que habla, un Dios muy cercano. “La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). ¡Si Dios no hablase, no habría creyentes! Al leer la Biblia, que es viva y eficaz (Hebreos 4:12), escuchamos lo que Dios nos dice y lo recibimos para vivirlo.

Dios también nos habla en lo íntimo de nuestra conciencia y de nuestro corazón. A menudo no es una voz audible, pero nos da la seguridad de que Dios escuchó nuestra oración y conoce nuestra situación. Esto nos da la paz, una visión nueva, una mejor comprensión de su voluntad…

Sin embargo, a veces Dios calla. La Biblia habla de esos silencios de Dios en la vida de varios creyentes. No nos sorprendamos, pues, si pasamos por momentos en los que Dios parece callar. Cuando este es el caso, ese silencio me dice: ¡Espera!

Corremos el riesgo de construir nosotros mismos respuestas para sustituir ese silencio por palabras que no vienen de Dios, y que en consecuencia nos confunden. Pedir consejo a otros para anticiparse a la respuesta divina, a menudo tendrá el mismo efecto. Y si un amigo me pide mi opinión cuando Dios calla, es mejor decirle: «Espera. Puedo orar contigo, pero no tengo respuesta».

Los tiempos de silencio en nuestras vidas son periodos en los que la fe se vuelve más fuerte si permanecemos confiados, atentos a la respuesta de Dios. Experimentaremos que sus respuestas siempre son más bellas y más grandes de lo que habíamos pensado.

Números 1 – 1 Timoteo 1 – Salmo 72:12-20 – Proverbios 17:19-20
Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Una perspectiva del perdón

Una perspectiva del perdón

6/18/2018

Sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. (Efesios 4:32)

Dios fue bondadoso y compasivo con usted, perdonándolo aun cuando no lo merecía. Si basa su actitud hacia los demás en lo que ellos merecen, no ha entendido bien. No grite a los demás, ni los desacredite ni se enoje con ellos, aun cuando lo merezcan. Quienes ejemplifican el carácter de Dios son amorosos, bondadosos, considerados y clementes. Esa es la actitud que Dios espera de los que son sus nuevas criaturas en Cristo.

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Cómo interceder por los no creyentes

JUNIO, 18

Cómo interceder por los no creyentes

Devocional por John Piper

Hermanos, el deseo de mi corazón y mi oración a Dios por ellos es para su salvación.(Romanos 10:1)

Pablo ora pidiendo que Dios convierta a Israel. ¡Él ora por su salvación! No ora por tener sobre ellos una influencia infructuosa, sino eficaz. Así es como deberíamos orar también nosotros.

Debemos tomar las promesas de Dios del nuevo pacto e interceder a Dios para que las cumpla en nuestros hijos y vecinos, y en todos los campos misioneros del mundo.

Dios, quita de su carne el corazón de piedra y otórgales un nuevo corazón de carne (Ezequiel 11:19). ¡Circuncida su corazón para que te amen! (Deuteronomio 30:6). Padre, pon tu Espí?ritu dentro de ellos y hazlos caminar en tus estatutos (Ezequiel 36:27). Concédeles el arrepentimiento y el conocimiento de la verdad para que escapen del lazo del diablo (2 Timoteo 2:25-26). ¡Abre su corazón para que crean el evangelio! (Hechos 16:14).

Cuando creemos en la soberanía de Dios —es decir, en el derecho y poder de Dios para elegir y después traer a los pecadores endurecidos a la fe y la salvación— entonces seremos capaces de orar sin contradicciones y con grandes promesas bí?blicas por la conversión de los que están perdidos.

Dios se deleita en este tipo de oración porque le atribuye a él el derecho y el honor de ser el Dios libre y soberano que él es en la elección y la salvación.

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Deuteronomio 23 | Salmos 112–113 | Isaías 50 | Apocalipsis 20

18 JUNIO

Deuteronomio 23 | Salmos 112–113 | Isaías 50 | Apocalipsis 20

Isaías 50 tiene una importancia transitoria que contradice su brevedad. En 50:1–3, Dios se dirige a los hijos de Israel en el exilio, especialmente aquellos que creen que él los ha abandonado totalmente. No lo ha hecho. No se ha divorciado de su madre, Sion, ni los ha vendido como esclavos para saldar alguna deuda, de forma que el camino de vuelta a él sigue abierto. A la luz de esta reflexión, las dos últimas líneas de 50:1 deben leerse como una ironía: si los hijos fuesen “vendidos” o la madre “repudiada” en cualquier sentido, sería debido a su pecado, no por una acción legal final por parte de Dios. Además, el Creador soberano es ciertamente capaz de traerlos de vuelta (50:2b–3). La verdadera pregunta es: ¿Por qué no fue ninguno de ellos a él cuando los llamó? (50:2a).

Después, habla el Siervo (50:4–9), más para sí mismo que para los demás, pero de forma que estos lo oigan (50:10–11. ¿Quién es él? Se han hecho muchas sugerencias: Isaías, o uno de sus discípulos del siglo VI a.C.; Jeremías; Israel, personificado como una persona maltratada y que sufre (cp. Salmos 129:1–3). Conforme se va desarrollando el libro, Isaías dejará clara la identidad del Siervo. Incluso ahora, observemos sus características: este Siervo es un buen consejero. Sus palabras sostienen al cansado, porque él mismo oye todo lo que el Señor soberano dice y no se ha rebelado (50:4–5, a diferencia de Israel). Así pues, es un discípulo perfecto, pero del Señor, no de Isaías (compárese con Juan. 5:18ss.). No se aparta de la obediencia (50:5), ni siquiera frente al implacable abuso (50:6; cp. Mateo 27:30; Marcos 14:65; 15:19). El Señor soberano lo sostiene en su misión, por lo que se dispone a completar la tarea asignada a él (50:7; cp. Lucas 9:51), confiando en que Dios lo vindicará (50:7–9; cf. Filipenses 2:9–11).

¿Cómo se relaciona entonces la segunda parte de este capítulo con la primera? Seguramente, de esta forma: aquellos a los que se dirige 50:1–3 siguen pareciendo ajenos, distantes, insensibles, cínicos, mientras aquí, en 50:10–11, se traza una línea en la arena, que concierne al Siervo. A un lado de la misma, se encuentra la persona que “teme al Señor y obedece la voz de su siervo”, que, a pesar de la terrible oscuridad que lo envuelve, “confía en el nombre del Señor” (50:10, cursivas añadidas). Al otro lado, está la persona que trata de proveer su propia luz, que enciende fuegos de rebelión; Dios dice a tal persona: “Esto es lo que vosotros recibiréis de mi mano: en medio de tormentos quedaréis tendidos” (50:11). Así pues, la identidad del “pueblo de Dios” se somete a una sutil redefinición. En 49:8–12, engloba tanto a israelitas como a gentiles; aquí, un elemento que lo define es que obedece la palabra del Siervo del Señor.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 169). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Encomienda al Señor tu camino, y confía en él.

Lunes 18 Junio

Fíate del Señor de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.

Proverbios 3:5-6

Encomienda al Señor tu camino, y confía en él.

Salmo 37:5

Si fracaso…

Delante de las puertas de un instituto, los estudiantes se iban amontonando. Después de haber trabajado duro, venían a presentarse al examen de admisión, objetivo de sus esfuerzos. Los candidatos eran numerosos, pero muy pocos serían seleccionados.

Mientras esperaban que los llamasen, algunos decían: –Cuando pienso que todo mi futuro se va a decidir en las próximas horas, siento escalofríos.

–Me lo juego todo en este examen. Si pierdo… No, ¡no me atrevo ni a pensar en eso!

–Yo, si fracaso, no tengo futuro…

Marcos escuchaba a sus compañeros en silencio. Él también había trabajado duro, estaba estresado como el resto de sus compañeros esa mañana, y quería pasar el examen. Pero Marcos era cristiano; su forma de pensar era diferente. Se había preparado bien, pero había dejado en las manos de Dios, su Padre, el resultado de sus esfuerzos. –¿Y si repruebo? Marcos sabía que a los que aman a Dios, todas las cosas, incluso un eventual fracaso, les ayudan a bien (Romanos 8:28).

Jóvenes creyentes, consideren como una experiencia especialmente útil atravesar con Dios esos momentos de incertidumbre. Tampoco olviden el verdadero objetivo de sus vidas, su futuro celestial, que ya tienen asegurado. ¡Qué contraste con los que no tienen esperanza! Ustedes aprendieron a prepararse para aprobar una etapa de su vida en la tierra. ¡Que esto les ayude a consagrarse a Cristo, a amarle más, a conocerle, a seguirle y a servirle!

Levítico 27 – Efesios 6 – Salmo 72:1-11 – Proverbios 17:17-18
Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

4 recomendaciones de John Newton sobre la oración pública

4 recomendaciones de John Newton sobre la oración pública

John Newton (1725–1807), el famoso escritor del himno Sublime gracia, escribió más de mil cartas en su vida, y muchas de ellas tratan el tema de la oración. Newton creía y enseñaba que la oración es una disciplina tanto personal como congregacional. En correspondencia con un amigo, Newton expresó su opinión sobre las oraciones públicas, o las “oraciones sociales”, como las llamaba. Se refirió a estas oraciones como “los ejercicios más provechosos (además de la predicación pública) en los que los cristianos pueden participar”.[1] En otra carta, Newton instruyó a un lector sobre cómo realizar dichas oraciones públicas: que sean cortas, metodológicas, distinta del sermón, y reverentes.[2]

1. Las oraciones públicas deben ser cortas

En primer lugar, Newton argumentó que “las oraciones largas deberían evitarse en general”, porque podrían distraer incluso a las personas más espiritualmente maduras. Para él, el problema de algunas oraciones públicas era su larga duración. Entonces, Newton dijo que es mejor que los oyentes “deseen que la oración haya sido más larga, que pasar la mitad del tiempo deseando que haya terminado”.[3]

2. Las oraciones públicas deben ser simples

A Newton no le gustaban las oraciones elaboradas, argumentando que sonaban más bien “artificiales”. No quiso decir que las oraciones deberían ser desorganizadas. De hecho, dijo que “cierta atención a una metodología puede ser adecuada, para prevenir repeticiones”.[4] Recomendó la Guía de oración de Isaac Watts, pero comentó: “Poner demasiada atención al método que allí se recomienda da un aire de estudio y formalidad, y ofende esa simplicidad que es esencialmente necesaria para una buena oración”.[5]

3. Las oraciones públicas deben ser distintas de los sermones

Las oraciones deben basarse en las Escrituras y el evangelio, deben reflejar la experiencia, las expresiones, y los sentimientos del alma.

Las oraciones públicas son, de hecho, una oportunidad de aprendizaje para aquellos que escuchan, pero Newton lamentó que “las oraciones de algunos buenos hombres parecen más una predicación que una oración”. Newton creía que la predicación es hablar “la mente del Señor a la gente”, mientras que orar es hablar “los deseos de la gente al Señor”. Cuando se confunde una cosa con otra, “difícilmente puede llamarse una oración”. Lejos de beneficiar a la congregación, lamentó Newton, oraciones así difícilmente ayudarán a quienes desean orar de todo corazón. En contraste, Newton elogió las oraciones que son como un “respirar hacia el Señor en confesión, petición, o alabanza”. Y aunque las oraciones deben basarse en las Escrituras y el evangelio, deben reflejar la experiencia, las expresiones, y los sentimientos del alma. Al hacerlo, las oraciones resultarán en “la edificación de otros”.[6]

4. Las oraciones públicas deben ser reverentes

Por último, Newton desaprobó la “costumbre que algunos tienen de hablar [casualmente] con el Señor en oración”. Se refería al tono informal, como si la oración fuera “una ocasión familiar y trivial”. Exhortó a los que oran públicamente a recordar que le hablaban al Rey de reyes. Orar de esta manera “evitará que hablemos con [Dios] como si fuera un hombre igual a nosotros”.[7]


[1] John Newton, Letters of John Newton (Edimburgo: Banner of Truth Trust, 2007), 78.

[2] Aunque la carta no está dividida como tal, el patrón parece obvio a medida que se lee.

[3] John Newton, The Works of the Reverend John Newton (Edimburgo: Banner of Truth Trust, 1985), 1:77.

[4] Newton, Works, 1:77.

[5] Newton, Works, 1:77.

[6] Newton, Works, 1:77.

[7] Newton, Works, 1:77.

Giancarlo Montemayor es el Director Editorial de B&H Español. Es instructor de 9Marcas y Simeon Trust en Español. Al mismo tiempo, Giancarlo estudia un PhD en Historia, en el Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Marcela, y tienen dos hijos.

Nuestro misericordioso Espíritu

Nuestro misericordioso Espíritu

6/17/2018

No contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. (Efesios 4:30)

El Espíritu Santo se entristece cuando los creyentes no cambian su antigua manera de vivir y adoptan la nueva. Siente dolor cuando los creyentes mienten y ocultan la verdad, cuando se enojan y son implacables, cuando roban y se niegan a compartir, y cuando dicen palabras obscenas y no tienen un espíritu misericordioso.

Cuando usted fue salvo, el Espíritu de Dios puso en usted un sello, que declara que usted es de Dios para siempre. Como Él ha sido tan misericordioso que le dio salvación eterna, lo selló para siempre, y ha guardado su salvación hasta el día de la redención, ¿cómo es posible que lo contriste? Él ha hecho tanto por usted que, como muestra de gratitud, no debe contristarlo.

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El tipo de oración que le agrada a Dios

JUNIO, 17

El tipo de oración que le agrada a Dios

Devocional por John Piper

Pero a éste miraré: al que es humilde y contrito de espíritu, y que tiembla ante mi palabra. (Isaí?as 66:2)

La primera marca de un corazón recto es que tiembla ante la Palabra del Señor.

Isaí?as 66 lidia con el problema de que algunas personas adoran a Dios de una manera que a él le agrada y que otras lo adoran de una manera que no le agrada. El versículo siguiente describe al malo que le presenta sacrificios: «El que mata un buey escomo el que mata a un hombre, el que sacrifica un cordero como el que desnuca un perro». Sus sacrificios son abominación a Dios: van a la par con un asesinato. ¿Por qué?

En el versículo 4 Dios explica: «Porque llamé, mas nadie respondió, hablé, mas no escucharon». Sus sacrificios eran abominación a Dios porque el pueblo no prestaba oídos a su voz. Pero ¿qué hay de aquellos cuyas oraciones Dios escuchaba? Dios dice en el versículo 2: «Pero a éste miraré: al que es humilde y contrito de espíritu, y que tiembla ante mi palabra».

Por consiguiente, concluyo que la primera marca de los justos, cuyas oraciones son una delicia para Dios, es que tiemblan ante la Palabra de Dios. Esas son las personas a quienes el Señor mirará.

Por lo tanto, la oración del recto que agrada a Dios viene de un corazón que en un principio se siente frágil en la presencia de Dios. Tiembla al oír la Palabra de Dios, porque se siente tan lejos del ideal de Dios, tan vulnerable a su juicio, tan indefenso y arrepentido por sus fallas.

Eso es justamente lo que dijo David en Salmos 51:17: «Los sacrificios de Dios son el espíritu contrito;
al corazón contrito y humillado, oh Dios, no despreciarás». Lo primero en la oración aceptable delante de Dios es el quebranto y la humillación de la persona que ora.

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Deuteronomio 22 | Salmos 110–111 | Isaías 49 | Apocalipsis 19

17 JUNIO

Deuteronomio 22 | Salmos 110–111 | Isaías 49 | Apocalipsis 19

En los primeros seis versículos de Isaías 49, habla el Siervo del Señor. ¿Quién es él? No se le nombra, pero podemos extraer algunas conclusiones de la descripción provista por el texto. Como al profeta Jeremías, Dios lo llama antes de que naciese (49:1; cp. Jeremías 1:5); como él, encuentra una oposición que lo lleva a la desesperación, aunque persevera fielmente (49:4; cp. Jeremías 4:19–22, etc.). Dios ha hecho su boca como “una espada afilada” (49:2), lo cual sugiere un ministerio profético.

No obstante, lo más asombroso de este Siervo es algo que parece ser una sorprendente confusión a primera vista. Dios se dirige a él en estos términos: “Israel, tú eres mi siervo; en ti seré glorificado” (49:3, cursivas añadidas). Por tanto, el Siervo es Israel, pero el Señor lo llama “para hacer que Jacob se vuelva a él, que Israel se reúna a su alrededor” (49:5, cursivas añadidas), lo cual distingue a este Siervo de Israel y lo representa como su salvador. ¿Por qué?

Como en Isaías 42, este Siervo encarna todo lo que Israel debió haber sido. Es un Israel ideal, el Siervo perfecto de Dios, y por tanto una figura diferente del Israel empírico, capaz de salvar a este. En parte, su identidad sigue siendo secreta en este punto del libro: “Me convirtió en una flecha pulida, y me escondió en su aljaba”, dice él. Sin embargo, Dios declara: “No es gran cosa que seas mi siervo, ni que restaures a las tribus de Jacob, ni que hagas volver a los de Israel, a quienes he preservado. Yo te pongo ahora como luz para las naciones, a fin de que lleves mi salvación hasta los confines de la tierra” (49:6). De hecho, incluso cuando el Señor utiliza a este Siervo “para hacer que Jacob se vuelva a él, que Israel se reúna a su alrededor” (49:5), seguramente se está vislumbrando algo más que un retorno a la tierra o a Jerusalén. Después de todo, el siervo Ciro cumple eso para Israel. Este Siervo, sin embargo, lleva a Israel a Dios; la restauración tiene menos que ver con un lugar que con el Dios viviente.

Isaías 49 es demasiado complejo para que podamos resumirlo adecuadamente aquí. Sin embargo, quiero llamar la atención sobre dos temas. Primero, en 49:8–12, el pueblo “retornado” no se compone sólo de israelitas, sino de gentiles, y el regreso es principalmente hacia Dios. Los israelitas volverían desde el norte, pero aquellos vendrían de todas partes. Segundo, aunque el Señor ha prometido algunas cosas buenas, Sion (que representa al pueblo de Dios) se queja de que el Señor la ha abandonado y olvidado. No obstante, el Señor responde con un compromiso conmovedor: “¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho…? Aun cuando ella lo olvidara, ¡yo no te olvidaré!” (49:15). En tiempos de inactividad y desánimo, recordemos los compromisos a largo plazo de Dios y reflexionemos sobre Romanos 8:31–39.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 168). Barcelona: Publicaciones Andamio.