Una página de Orígenes

martes 7 noviembre

 

Los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!

Mateo 14:26-27

Una página de Orígenes

Lea Mateo 14:22-36

«Si un día somos sorprendidos por inevitables pruebas, recordemos esto: Jesús nos ordenó embarcarnos y quiere que le precedamos “a la otra ribera”. Es difícil, en efecto, para quien no soportó la prueba de las olas y del viento contrario, poder llegar a esa orilla.

Así, cuando nos veamos rodeados por múltiples y dolorosas dificultades, cansados de navegar en medio de ellas con la pobreza de nuestros medios, imaginamos que nuestra barca está en medio del mar, zarandeada por las olas que quieren hacernos naufragar “en cuanto a la fe” (1 Timoteo 1:19).

Cuando confrontados a estos sufrimientos hayamos combatido durante largas horas de la oscura noche que reina en los momentos de prueba, cuando hayamos luchado tratando de evitar el naufragio de la fe, estemos seguros de que hacia el final de la noche, cuando despunte el día (Romanos 13:12), el Hijo de Dios vendrá a nosotros, caminando sobre las aguas, para hacer que el mar se calme.

Cuando lo veamos aparecer, quizás tendremos miedo, hasta que comprendamos claramente que es el Salvador que está presente. El viento se calmará; y comprendiendo de qué peligros escapamos, adoraremos a Jesús diciendo: Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios».

Orígenes (Alejandría, 183-253)

El Señor “cambia la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas. Luego se alegran, porque se apaciguaron; y así los guía al puerto que deseaban” (Salmo 107:29-30).

Job 4-5 – Juan 20 – Salmo 119:145-152 – Proverbios 27:3-4

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Estáis firmes en un mismo espíritu

RESOLVER LA DISCORDIA

11/6/2017

Estáis firmes en un mismo espíritu,
combatiendo unánimes por la fe del evangelio. (Filipenses 1:27)

La estabilidad espiritual depende del amor mutuo, la armonía y la paz entre los creyentes. Nuestra vida debe estar entretejida para que podamos soportarnos y sustentarnos los unos a los otros.

En el versículo de hoy, leemos que Pablo quería que hubiera esa clase de armonía en la iglesia de Filipos, pero en su lugar había una gran desavenencia entre dos mujeres que amenazaban la vida de la iglesia. Pablo procuraba que no se extendieran por toda la iglesia pecados como la parcialidad, la crítica, la amargura, la falta de perdón y el orgullo.

A fin de evitar tales problemas, es necesario que los creyentes velen y oren los unos por los otros. El amor mutuo produce la armonía que lleva a la estabilidad espiritual y que muestra lo que ha de hacer la iglesia: ayudar a los débiles, levantar a los caídos y restaurar a los quebrantados.

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Ámense unos a otros con alegría

NOVIEMBRE, 06

Ámense unos a otros con alegría

Devocional por John Piper

Él te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno. ¿Y qué es lo que demanda el Señor de ti, sino solo practicar la justicia, amar la misericordia y andar humildemente con tu Dios?(Miqueas 6:8)

Nunca nadie se ha sentido menos amado porque se le dijo que el logro de su felicidad hizo feliz a la otra persona. Jamás se me acusó de ser egoísta por justificar un acto de bondad en base al deleite que me trae el hacerlo. Al contrario, los actos de amor son genuinos en la medida en que no involucran malos sentimientos.

Y una buena alternativa para el resentimiento no es la neutralidad ni las acciones motivadas únicamente por el cumplimiento del deber, sino la alegría. El amor auténtico «ama la misericordia» (Miqueas 6:8), no solo ejerce la bondad. El hedonismo cristiano nos obliga a reflexionar sobre esta verdad.

En esto sabemos que amamos a los hijos de Dios: cuando amamos a Dios y guardamos sus mandamientos. Porque este es el amor de Dios: que guardemos sus mandamientos, y sus mandamientos no son gravosos. Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe. (1 Juan 5:2-4)

Lea estas oraciones en el orden inverso y preste atención a la relación lógica entre ellas. Primero, ser nacido de Dios nos da un poder que vence al mundo. Ese es el fundamento (el «porqué») de la afirmación de que los mandamientos de Dios no son gravosos.

Por lo tanto, ser nacido de Dios nos da un poder que vence nuestra resistencia mundana a hacer la voluntad de Dios. Sus mandamientos ya no son «gravosos», sino que son el deseo y el deleite de nuestro corazón. Este es el amor de Dios: no solo que obedecemos sus mandamientos, sino que además no nos resultan gravosos.

Luego el versículo 2 afirma que la evidencia de la autenticidad de nuestro amor por los hijos de Dios es el amor de Dios. ¿Qué nos enseña esto sobre el amor por los hijos de Dios?

Si el amor a Dios consiste en hacer su voluntad con alegría en lugar de hacerla con pesar, y si el amor a Dios se mide por la autenticidad de nuestro amor por los hijos de Dios, entonces nuestro amor por los hijos de Dios también debe manifestarse con alegría y sin resentimientos.

El hedonismo cristiano se basa completamente en el servicio del amor, porque nos lleva a la feliz obediencia.


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, páginas 304–305  

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«Diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado»

6 de noviembre

«Diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado».

Hebreos 9:20

Hay en la palabra sangre un extraño poder, y su sola presencia siempre nos afecta. Un corazón sensible no puede siquiera ver sangrar a un gorrión y (a menos que esté acostumbrado a ello) se apartará con horror del que mata a un animal. En cuanto a la sangre humana, es cosa muy sagrada. El que la vierte llevado por la ira, comete asesinato; y el que la derrama en las guerras, incurre en un espantoso crimen. ¿Se debe quizá este sentimiento al hecho de que la sangre es la vida y su derramamiento constituye una señal de muerte? Creemos que sí. Cuando nos erguimos para contemplar la sangre del Hijo de Dios, nuestro espanto se acrecienta y sentimos un estremecimiento pensando en el crimen del pecado y en el terrible castigo que tuvo que soportar quien lo expió. La sangre es siempre preciosa; y se vuelve inapreciable cuando procede de las venas de Emanuel. La sangre de Jesús sella el pacto de gracia y lo confirma para siempre. Los pactos de la antigüedad se hacían por medio de sacrificios, y el pacto eterno fue ratificado de la misma manera. ¡Oh, qué placer nos produce el ser salvos sobre ese seguro fundamento de los contratos divinos, que no pueden dejar de cumplirse! La salvación por las obras de la ley es una frágil y astillada embarcación destinada a naufragar; pero la nave del pacto no teme las tormentas, porque la sangre de Jesús la asegura plenamente. La sangre de Cristo hizo válido su Testamento. Los testamentos no valen de nada hasta que mueren los testadores; y, en este sentido, la lanza del soldado constituye una bendita ayuda para la fe, pues demuestra que nuestro Señor murió realmente. Acerca de este asunto no cabe duda alguna, y podemos intrépidamente apropiarnos de los legados que él dejó para los suyos. ¡Dichosos quienes ven garantizados sus derechos a las bendiciones celestiales por un Salvador que muere! Sin embargo, ¿no tiene esta sangre la última palabra para nosotros? ¿No nos está pidiendo que nos santifiquemos para Aquel por quien hemos sido redimidos? ¿No nos llama a una nueva vida y nos mueve a consagrarnos completamente al Señor? ¡Ojalá conozcamos y sintamos el poder de la sangre en nosotros en esta noche!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 321). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

En estos últimos días, Dios se ha revelado a sí mismo en el Hijo

6 NOVIEMBRE

2 Reyes 19 | Hebreos 1 | Oseas 12 | Salmos 135–136

Los contrastes en los versículos iniciales de Hebreos 1 van todos en una misma dirección.

En otras épocas” contrasta con “en estos días finales”. Dios habló “a nuestros antepasados” y esto se contrapone al hecho de que, en estos últimos días, “nos ha hablado” a nosotros. En el pasado, Dios le habló a los antepasados “por medio de los profetas”, “muchas veces y de varias maneras” pero en estos días, Dios nos ha hablado “por medio de su Hijo” (1:1–2).

De hecho, la forma de esa expresión, “por medio de su Hijo”, en el original sugiere con bastante fuerza que el autor de Hebreos no ve al Hijo como a un profeta más, ni siquiera como el profeta supremo. La idea no es que, en el pasado, la palabra de Dios llegaba a través de los profetas pero en los últimos días lo ha sido por el Hijo, quien por ello se convierte en el último de los profetas. Está en juego algo más fundamental. La expresión en griego, significa “en Hijo”. La ausencia del artículo “el” es significativa. Más aún, “en Hijo” no sólo contrasta con “por medio de los profetas”, sino con “muchas veces y de varias maneras”.

Por tanto, en estos últimos días, Dios se ha revelado a sí mismo en el Hijo. En el pasado, cuando Dios usaba a los profetas, a veces les suministraba palabras de manera directa (en oráculos o visiones), o los dirigía providencialmente por experiencias que ellos registraban, o bien “hablaba” mediante eventos extraordinarios tales como la zarza ardiente; fueron “muchas veces” y “varias maneras” (1:1). Pero ahora, Dios ha hablado “en Hijo”; podríamos parafrasearlo como “en la revelación del Hijo”. No es sencillamente que Jesús media en la revelación: él es la revelación. No es que Jesús sencillamente trae la palabra; él mismo es, por así decirlo, la Palabra de Dios, la Suma Palabra. La idea es muy parecida a lo que leemos en el prólogo del Evangelio de Juan. El Hijo es capaz de esto porque él es “el resplandor de la gloria de Dios, la fiel imagen de lo que él es” (1:3).

En sentido estricto, los cristianos no deben pensar en los libros del Nuevo Testamentos como si fueran iguales que los del Antiguo Testamento, como si nos proporcionaran la siguiente fase del plan redentor de Dios. Los mormones afirman que esto es todo lo que son, y luego dicen que Joseph Smith trajo una revelación aún más reciente, pues era otro profeta acreditado más. Pero el autor de Hebreos entiende que la cúspide de toda la revelación del Antiguo Testamento, mediada a través de profetas y guardada en libros, no es, en verdad, más libros, sino Jesucristo mismo. Los libros del Nuevo Testamento se agrupan alrededor de Jesús y dan testimonio de él, quien es la cima de toda revelación. Los libros más tardíos que no pueden dar testimonio de esta revelación máxima, quedan automáticamente descalificados.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 310). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Está usted preparado?

Prepárate para venir al encuentro de tu Dios.

Amós 4:12

Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.

Romanos 10:9

¿Está usted preparado?

Temprano en la mañana, Beatriz recibió una llamada telefónica anunciándole una terrible noticia. Uno de sus amigos, Manuel, un joven con quien había pasado la tarde del día anterior en compañía de otros jóvenes, murió en un accidente al regresar a su casa. Paralizada por la noticia, Beatriz recuerda a Manuel, ayer alegre y lleno de vida… ¡ahora muerto! «¡Es terrible!», murmuró. Conmocionada, pensó: «¿Y si yo hubiese estado con él en el automóvil?». De repente escuchó una voz proveniente del exterior y que la hizo sobresaltar: –Beatriz, ¿estás lista? Era la voz de su compañera de trabajo que, como cada mañana, venía a buscarla.

–¡No, todavía no estoy lista, espera un momento!, respondió.

«Beatriz, ¿estás lista?». Esta sencilla pregunta, hecha por su compañera cada mañana, tomó un sentido totalmente diferente en ese momento. Era como si otra persona le hablase, y de un tema muy diferente: el de su muerte. ¿Estaba preparada para morir, para ir a la presencia de Dios? Ante sus ojos pasaron sus pecados, su frivolidad, el vacío de su vida, la incertidumbre con respecto al más allá…

Ahora Beatriz puede responder a esta pregunta, pues depositó su confianza y su fe en Jesucristo. Con la seguridad de que Jesús salvó su alma al llevar sus pecados en la cruz, puede decir: ¡Sí, estoy lista!

“El reino de los cielos será semejante a diez vírgenes… vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta” (Mateo 25:1, 10).

Job 2-3 – Juan 19:31-42 – Salmo 119:137-144 – Proverbios 27:1-2

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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UN BUEN SOLDADO

UN BUEN SOLDADO

11/5/2017

Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. (2 Timoteo 2:3)

Valor, convicción e integridad son virtudes respetables desde un punto de vista secular, pero es necesario que se manifiesten en la vida de todos los cristianos. Es que el nombre “cristiano” nos identifica con Cristo, que nunca transigió ni se apartó de la verdad. Él es el ejemplo perfecto de integridad valerosa.

Es lógico entonces que se nos llame a ser estables y estar firmes como Cristo y no dudar (Stg. 1:6). Exhortaciones a estar firmes (Ef. 6:11, 13-14) y ser fuertes (1 Co. 16:13; 2 Ti. 2:1) confirman que hemos de ser valerosos al vivir para Jesucristo.

Casi todos deseamos verdaderamente estar firmes y no tropezar en nuestro andar con Cristo. Ninguno de nosotros quiere ser aplastado bajo el peso de las pruebas de la vida ni ser derrotado por el ataque furioso del mundo, de la carne y de Satanás. Pero debemos comprender que permanecer firmes y ser fuertes no es fácil porque libramos una lucha espiritual (2 Ti. 2:3-4). Tenemos que estar preparados para sufrir penalidades a lo largo del camino como buenos soldados de la fe.

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¿Está descuidando su salvación?

NOVIEMBRE, 05

¿Está descuidando su salvación?

Devocional por John Piper

¿Cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande? (Hebreos 2:3)

¿Lo invade una sensación de grandeza cuando piensa en su salvación? ¿O la está descuidando?

¿Cómo responde a la grandeza de su salvación? ¿Se ocupa de ella del mismo modo que se ocupa del título de su auto o de la escritura de su casa? Son papeles que en algún momento firmó y están archivados en algún cajón de su casa, pero no son gran cosa. No afectan su vida diaria, así que básicamente, lo tienen sin cuidado.

¿En qué consiste en realidad el cuidado de esta salvación tan grande? Lo que el pasaje bíblico en verdad quiere decir es:

  • No olvide el amor de Dios hacia usted.
  • No olvide recibir el perdón, la aceptación, la protección, las fuerzas y la guía del Dios Todopoderoso.
  • No olvide el sacrificio de la vida de Cristo en la cruz.
  • No descuide el don gratuito de la justicia conferida por la fe.
  • No olvide que la ira de Dios fue quitada de su vida y que Dios le sonríe gracias a la reconciliación.
  • No olvide al Espíritu Santo que habita en usted, ni la comunión y amistad del Cristo vivo.
  • No olvide el resplandor de la gloria de Dios en el rostro de Jesús.
  • No olvide que tiene libre acceso al trono de gracia.
  • No descuide el tesoro inagotable de las promesas de Dios.

Esta es una salvación en verdad grande, y es muy serio descuidarla. No descuide una salvación tan grande; pues si lo hace, perecerá y no habrá escapatoria.

Ser cristiano es un asunto muy serio; no un asunto amargo, sino serio. Simplemente, anhelamos de todo corazón regocijarnos en nuestra gran salvación.

No dejaremos que el mundo nos desvíe hacia los placeres temporales y suicidas del pecado. No descuidaremos nuestro gozo eterno en Dios, pues en eso consiste la salvación. Nos quitaremos los ojos antes de dejarnos llevar y apartarnos de la vida eterna.

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«Alabadle, bendecid su nombre»

5 de noviembre

«Alabadle, bendecid su nombre».

Salmo 100:4

Nuestro Señor quisiera que todos los suyos fuesen ricos en pensamientos elevados y dichosos respecto de su bendita persona. Jesús no se satisface con que sus hermanos piensen pobremente de él: su placer sería que su Esposa se deleitase con su belleza. No tenemos que considerar a Jesús meramente como un artículo necesario —como el pan o el agua—, sino como cosa altamente delicada, como un placer inusual y encantador. Con este fin él se reveló a sí mismo como la «perla de gran precio» en su incomparable belleza; como el «manojito de mirra» en su refrescante fragancia; como la «rosa de Sarón» en su persistente perfume; y como el «lirio» en su inmaculada pureza.

Para ayudarte a albergar elevados pensamientos acerca de Cristo, recuerda la estima en que se le tiene más allá del firmamento, donde las cosas se miden según patrones justos. Considera cómo Dios estima al Unigénito, que es el inefable don que él nos ha concedido. Reflexiona sobre lo que piensan de él los ángeles cuando reputan su más alto honor el cubrir sus rostros y estar a los pies de Jesús. Considera lo que piensan de él los lavados con su sangre, mientras de día y de noche le cantan sus merecidas alabanzas. Los pensamientos elevados acerca de Cristo nos permitirán conducirnos convenientemente para con él. Cuanto más exaltado le veamos en su Trono y más humildes nos postremos delante del mismo, mejor preparados estaremos para conducirnos bien respecto a él. Nuestro Señor quiere que pensemos bien de él, para que nos sometamos alegremente a su autoridad. Los pensamientos sublimes en cuanto a Cristo acrecientan nuestro amor. El amor y la estima van juntos; por tanto, creyente, piensa mucho en las excelencias de tu Señor. ¡Considérale en su primigenia gloria, antes de que tomara tu naturaleza! ¡Piensa en el poderoso amor que le trajo desde el Trono para morir en la cruz! ¡Admíralo mientras vence a todos los poderes del Infierno! ¡Mírale resucitado, coronado y glorificado! Inclínate delante de él como el Admirable, el Consejero, el Dios fuerte, porque solo así tu amor por él será lo que debe ser.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 320). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

¡Onésimo se convirtió!

5 NOVIEMBRE

2 Reyes 18 | Filemón | Oseas 11 | Salmos 132–134

En el siglo I, se podía ejecutar legalmente a un esclavo que se escapara. Puede que su amo no empleara ese castigo, pero, como mínimo, si se encontraba a un esclavo que había huido, este sufriría un trato muy brutal.

Onésimo era un esclavo que había escapado de Filemón. En algún momento, Onésimo se convirtió. Ya sea que haya buscado a Pablo antes de su conversión, o después, Onésimo ahora está con Pablo, probablemente en Roma. El apóstol se halla en la cárcel esperando un juicio y Onésimo, ahora un creyente, está haciéndole recados y ayudándole.

Pero Pablo sabe que esto no puede continuar. El apóstol mismo podría ser acusado de asistir a un fugitivo. Legalmente, e incluso moralmente, Onésimo tenía que retornar con Filemón y arreglar las cosas. ¿Pero hasta que punto era moral la propia esclavitud romana?

Así que Pablo escribe a Filemón y a Apia, sabiendo que son cristianos, probablemente adinerados, con una casa lo suficientemente grande como para acomodar a la iglesia de su localidad. La carta es una obra maestra de diplomacia firme y piadosa.

Pablo felicita a Filemón por su amor y ánimo (v. 7). Menciona que sencillamente podría ordenarle tomar determinada acción (v. 8), pero prefiere apelar a él como “Pablo ya anciano, y ahora, además, prisionero de Jesucristo” (v. 9) para que Filemón actúe por amor. Entonces es cuando menciona a Onésimo y expone su petición. Pablo quiere que Filemón reciba de vuelta a Onésimo, a quien Pablo describe como su “hijo”, ahora una persona “útil” (eso es lo que significa el nombre Onésimo) y tan amada por el apóstol que es como si fuera el “propio corazón” de Pablo (vv. 10–12). Pablo con gusto se hubiera quedado con él, pero no quiere hacer nada sin el “consentimiento” de Filemón (v. 14). Es cierto que Onésimo se había escapado, pero, a pesar de lo reprensible que fue ese acto, en la perspectiva más amplia, “quizás para esto se apartó de ti por algún tiempo, para que lo recibieses para siempre; no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado” (vv. 15–16). Seguramente, será por ello, amado por Filemón, “como persona y como hermano en el Señor” (v. 16).

De manera que Filemón debe darle la bienvenida a Onésimo como se la daría al propio apóstol Pablo (v. 17), quien espera visitarles pronto para ver cómo van las cosas (v. 22). Parece ser que Onésimo le robó a Filemón cuando se fue: Pablo dice que con gusto pagará la cantidad total, aunque le recuerda gentilmente a Filemón la enorme deuda que este tiene con el hombre que le trajo el evangelio.

Nada destruye la crueldad en las relaciones con mayor rapidez que el evangelio cuando se aplica correctamente.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 309). Barcelona: Publicaciones Andamio.