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«Alabadle, bendecid su nombre»

5 de noviembre

«Alabadle, bendecid su nombre».

Salmo 100:4

Nuestro Señor quisiera que todos los suyos fuesen ricos en pensamientos elevados y dichosos respecto de su bendita persona. Jesús no se satisface con que sus hermanos piensen pobremente de él: su placer sería que su Esposa se deleitase con su belleza. No tenemos que considerar a Jesús meramente como un artículo necesario —como el pan o el agua—, sino como cosa altamente delicada, como un placer inusual y encantador. Con este fin él se reveló a sí mismo como la «perla de gran precio» en su incomparable belleza; como el «manojito de mirra» en su refrescante fragancia; como la «rosa de Sarón» en su persistente perfume; y como el «lirio» en su inmaculada pureza.

Para ayudarte a albergar elevados pensamientos acerca de Cristo, recuerda la estima en que se le tiene más allá del firmamento, donde las cosas se miden según patrones justos. Considera cómo Dios estima al Unigénito, que es el inefable don que él nos ha concedido. Reflexiona sobre lo que piensan de él los ángeles cuando reputan su más alto honor el cubrir sus rostros y estar a los pies de Jesús. Considera lo que piensan de él los lavados con su sangre, mientras de día y de noche le cantan sus merecidas alabanzas. Los pensamientos elevados acerca de Cristo nos permitirán conducirnos convenientemente para con él. Cuanto más exaltado le veamos en su Trono y más humildes nos postremos delante del mismo, mejor preparados estaremos para conducirnos bien respecto a él. Nuestro Señor quiere que pensemos bien de él, para que nos sometamos alegremente a su autoridad. Los pensamientos sublimes en cuanto a Cristo acrecientan nuestro amor. El amor y la estima van juntos; por tanto, creyente, piensa mucho en las excelencias de tu Señor. ¡Considérale en su primigenia gloria, antes de que tomara tu naturaleza! ¡Piensa en el poderoso amor que le trajo desde el Trono para morir en la cruz! ¡Admíralo mientras vence a todos los poderes del Infierno! ¡Mírale resucitado, coronado y glorificado! Inclínate delante de él como el Admirable, el Consejero, el Dios fuerte, porque solo así tu amor por él será lo que debe ser.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 320). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

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