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Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

En estos últimos días, Dios se ha revelado a sí mismo en el Hijo

6 NOVIEMBRE

2 Reyes 19 | Hebreos 1 | Oseas 12 | Salmos 135–136

Los contrastes en los versículos iniciales de Hebreos 1 van todos en una misma dirección.

En otras épocas” contrasta con “en estos días finales”. Dios habló “a nuestros antepasados” y esto se contrapone al hecho de que, en estos últimos días, “nos ha hablado” a nosotros. En el pasado, Dios le habló a los antepasados “por medio de los profetas”, “muchas veces y de varias maneras” pero en estos días, Dios nos ha hablado “por medio de su Hijo” (1:1–2).

De hecho, la forma de esa expresión, “por medio de su Hijo”, en el original sugiere con bastante fuerza que el autor de Hebreos no ve al Hijo como a un profeta más, ni siquiera como el profeta supremo. La idea no es que, en el pasado, la palabra de Dios llegaba a través de los profetas pero en los últimos días lo ha sido por el Hijo, quien por ello se convierte en el último de los profetas. Está en juego algo más fundamental. La expresión en griego, significa “en Hijo”. La ausencia del artículo “el” es significativa. Más aún, “en Hijo” no sólo contrasta con “por medio de los profetas”, sino con “muchas veces y de varias maneras”.

Por tanto, en estos últimos días, Dios se ha revelado a sí mismo en el Hijo. En el pasado, cuando Dios usaba a los profetas, a veces les suministraba palabras de manera directa (en oráculos o visiones), o los dirigía providencialmente por experiencias que ellos registraban, o bien “hablaba” mediante eventos extraordinarios tales como la zarza ardiente; fueron “muchas veces” y “varias maneras” (1:1). Pero ahora, Dios ha hablado “en Hijo”; podríamos parafrasearlo como “en la revelación del Hijo”. No es sencillamente que Jesús media en la revelación: él es la revelación. No es que Jesús sencillamente trae la palabra; él mismo es, por así decirlo, la Palabra de Dios, la Suma Palabra. La idea es muy parecida a lo que leemos en el prólogo del Evangelio de Juan. El Hijo es capaz de esto porque él es “el resplandor de la gloria de Dios, la fiel imagen de lo que él es” (1:3).

En sentido estricto, los cristianos no deben pensar en los libros del Nuevo Testamentos como si fueran iguales que los del Antiguo Testamento, como si nos proporcionaran la siguiente fase del plan redentor de Dios. Los mormones afirman que esto es todo lo que son, y luego dicen que Joseph Smith trajo una revelación aún más reciente, pues era otro profeta acreditado más. Pero el autor de Hebreos entiende que la cúspide de toda la revelación del Antiguo Testamento, mediada a través de profetas y guardada en libros, no es, en verdad, más libros, sino Jesucristo mismo. Los libros del Nuevo Testamento se agrupan alrededor de Jesús y dan testimonio de él, quien es la cima de toda revelación. Los libros más tardíos que no pueden dar testimonio de esta revelación máxima, quedan automáticamente descalificados.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 310). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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