Cuando mi corazón desmayare, a la peña más alta que yo me conduzcas.

22 de septiembre

«Cuando mi corazón desmayare, a la peña más alta que yo me conduzcas».

Salmo 61:2 (RVR 1909)

La mayoría de nosotros sabemos lo que es sentir el corazón desmayado; estar vacío como cuando alguien limpia un plato y le da la vuelta; estar hundido y escorado como un barco vencido por la tempestad. El descubrimiento de los pecados secretos producirá tal efecto, al permitir el Señor que el gran abismo de nuestras maldades entre en erupción y vomite cieno y lodo. Las decepciones y los disgustos lo producirán también, cuando ola tras ola pase sobre nosotros y seamos semejantes a un casco partido que se ve arrojado de acá para allá por la marejada. Gracias a Dios que en esas ocasiones tenemos más que suficiente solaz, pues nuestro Dios es el puerto de las naves sacudidas por el temporal y el refugio de los peregrinos desamparados. Dios está por encima de nosotros; su gracia es más alta que nuestros pecados y su amor más elevado que nuestros pensamientos. Resulta lastimoso que los hombres pongan su confianza en algo más bajo que ellos; en cambio, nuestra confianza está puesta en un Señor muy alto y glorioso. Él es una Peña porque no cambia y una Peña alta porque las tempestades que nos abruman retumban lejos debajo de sus pies. Él no se turba por ellas, sino que las domina a su antojo. Si nos refugiamos bajo esa Peña alta podemos desafiar al huracán. Todo es calma a sotavento de dicha Peña elevada. ¡Ay, es tal la confusión en que a menudo se encuentra nuestra mente que necesitamos dirigirnos a ese divino refugio! De ahí la oración de nuestro texto. ¡Oh Dios nuestro, enséñanos por tu Santo Espíritu la senda de la fe y guíanos a tu reposo! El viento nos arrastra hacia el mar; el timón no responde a nuestra débil mano. Tú, solo tú puedes conducirnos sanos y salvos, entre los escondidos arrecifes, a puerto seguro. ¡Cuán dependientes somos de ti! Necesitamos que nos conduzcas a ti mismo. El ser sabiamente dirigidos y guiados con seguridad y paz es don tuyo y solo tuyo. Complácete en esta noche en tratar bien a tus siervos.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 276). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

¿De qué manera te jactas de tus debilidades?

22 SEPTIEMBRE

2 Samuel 18 | 2 Corintios 11 | Ezequiel 25 | Salmo 73

En medio de la continua presión que sentía Pablo de responder a los que intentaban socavar su autoridad en Corinto, se ve obligado a “jactarse” sin “jactarse” (ver la meditación de ayer). En 2 Corintios 10, Pablo culmina su argumento con la afirmación de que el cristiano sólo debe jactarse Jesucristo: “Más bien, «Si alguien ha de gloriarse, que se gloríe en el Señor” (10:17). En 2 Corintios 11:16–33, adopta un enfoque diferente para llegar a la misma verdad.

Lo que hace es una especie de pausa: dice que se gloriará, no como apóstol, ni siquiera como cristiano, sino como un “loco” (11:16–21). Incluso esto le da muchísima vergüenza (11:21b, 23), pero no ve otra alternativa. Ciertamente, dice, ha estado sumergido en la cultura y lengua hebrea desde su juventud, y no es menos “ministro de Cristo” que los demás, pero hablar de esta manera le resulta tan doloroso, que explota con un paréntesis: “Como si estuviera loco hablo” (11:23). Y luego invierte todas las categorías. Ha “trabajado más arduamente”: se refiere a que ha realizado trabajo físico, con sus manos, cosa que jamás haría ningún maestro helenístico que se respetara a sí mismo. Más aún, dice que tiene un historial de prisiones más largo que ellos. Ha sido azotado más a menudo. Cinco veces recibió la sanción de la sinagoga, los treinta y nueve azotes. Ha naufragado tres veces en sus viajes por el evangelio (11:25) y esto lo escribió antes de que sucediera el evento que se registra en Hechos 27. El peligro le ha acechado constantemente en sus viajes y, a menudo, ha tenido que quedarse en ayunas. Peor aún, ha sido traicionado por “falsos hermanos” (11:26), a la vez que se enfrenta diariamente a su preocupación constante por todas las iglesias (11:27–28).

No debemos considerar esto con ojos de cristianos occidentales, como si fuera una saga emocionante de perseverancia bajo presión. Leemos acerca de los sufrimientos de Pablo y admiramos su fidelidad y resistencia, su conformidad al Cristo que fue hasta la cruz. Sin embargo, sus enemigos habrían visto todas estas “jactancias” como señales de debilidad e incluso de estupidez: como si no tuviera suficiente sensatez como para alejarse de los problemas. Pero Pablo está decidido a invertir la jactancia humana; él se gloría en las cosas que reflejan su debilidad (11:30). Incluso su último ejemplo sigue esta misma línea (11:31–33). Tendemos a ver la huida de Pablo de Damasco a través de los ojos de Lucas (Hechos 9). Pablo mismo, sin embargo, veía esta fuga como una derrota vergonzosa. En una época en la cual el honor militar más alto entre los romanos se le otorgaba al soldado con rango de centurión (o un grado mayor) que fuera el primero en escalar la muralla al sitiar una ciudad, Pablo asegura que fue el primero, pero en descenderla.

¿De qué manera te jactas de tus debilidades?

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 265). Barcelona: Publicaciones Andamio.

HAY QUE DEMOSTRAR AMOR

HAY QUE DEMOSTRAR AMOR

9/22/2017

Andad en amor.

Efesios 5:2

¿Qué es el amor? ¿Cómo se demuestra? A fin de poder practicar el amor, hay que saber lo que es desde el punto de vista bíblico. A lo largo de las Escrituras, se caracteriza el amor como una acción.

Ante todo, el amor enseña la verdad a otros (Ef. 4:15) y los ayuda en sus necesidades (He. 6:10). Da ejemplo al servir a otros y a alentarnos en su crecimiento (Gá. 5:13). Cubre los pecados de otras personas (1 P. 4:8) y perdona (Ef. 4:32). También el amor soporta los problemas y las idiosincrasias de los demás (1 Co. 13:7) y el sacrificio por ellos (Jn. 15:13-14).

El amor abnegado presenta la verdad espiritual, ayuda y se interesa en los necesitados. Les debemos a todos ese amor y no debemos deberle nada más. Ese es el corazón de la vida cristiana; es el imán que atrae al mundo.

DERECHOS DE AUTOR © 2017 Gracia a Vosotros
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Cultive una relación con Dios

22 Septiembre 2017

Cultive una relación con Dios

por Charles R. Swindoll

Salmos 100

El Salmo 100 es un precepto extendido para adorar al Señor con instrucciones específicas. Los primeros tres mandatos que aparecen en los versículos 1 y 2 están relacionados directamente con la idea de cultivar una actitud de gozo. Las siguientes cuatro instrucciones se enfocan en cómo vemos la identidad y el carácter del Señor. Examinemos dos de ellos.

4. Reconozcan que el Señor es Dios (v. 3). A primera vista, éste parece un precepto extraño. Un análisis más cercano de los términos en el idioma hebreo nos ayudará a aclarar la intención de salmista.

La palabra «conocer» viene del hebreo, «yada». Cuando se utiliza en referencia a una persona, denota un conocimiento personal por experiencia, no un conocimiento a la ligera. Es el mismo término que los escritores bíblicos utilizaron como un eufemismo de la relación sexual (Génesis 4: 1; 19: 8; Números 31:17, 35; Jueces, 11:39; 21:11; 1 Reyes 1:4; 1 Samuel 1:19). Nuestro conocimiento de Dios debe ser algo personal y basado en la experiencia, no en algo simplemente teológico.

La palabra, «Señor» es el nombre personal de Dios que se representa en hebreo por las cuatro consonantes «JHVH», y que era considerado muy sagrada para pronunciarlo de manera audible. Quizá recuerde que la palabra se basa en el verbo «ser» que le identifica como la deidad que verdaderamente existe. El finado filósofo cristiano, Francis Schaeffer lo decía de esta manera: «el Dios que existe» (al contrario de todos dioses que no existen).

La estructura de la oración también muestra un detalle importante enfatizando que ningún otro nombre puede tener esa distinción. La oración pudiera bien leerse: «conozcan que Jehová, solamente es Dios». Un compositor contemporáneo agregó una frase muy importante en una canción titulada, Él es Dios. Él escribió: «Él es Dios…y yo no».

La palabra, «Dios» al final de la oración es la palabra hebrea, «elohim», la cual enfatiza la grandeza de Dios, algo así como si utilizamos el título «Su realeza» cuando nos referimos a un rey.

El texto entonces podría parafrasearse de la siguiente forma: «conozcan por experiencia personal que JHVH es el único soberano Dios de todo».

Hay dos implicaciones muy importantes aquí. Primero, la soberanía de Dios está por encima de cada uno de nosotros. Dios no es sencillamente el gobernador del universo que domina las galaxias y las fuerzas de la naturaleza. Él es mi Dios soberano. Él es su rey. Él es el jefe; nosotros nos debemos a él. Cuando aceptamos ese hecho, la vida se vuelve más fácil de entender y el gozo hace un lado la frustración.

Segundo, nuestro conocimiento de Dios como el Señor soberano se debe aprender por experiencia personal. Eso implica una relación personal donde él nos dirige y nosotros le seguimos. Y a través de ese intercambio continuo, la decisión de confiar en él se vuelve un factor inmutable e inconmovible. Las personas seguras de sí mismas son personas gozosas.

5.  Entren por sus puertas con acción de gracias (v. 4). ¿Cuál era el concepto del salmista aquí? ‘¿A qué puertas y atrios se refiere? Existen dos posibilidades. Primero, puede referirse a la fortaleza de un gobernante, donde se decidían los juicios y se concedían los favores. Si es así, la invitación allí tiene que ver con entrar al lugar con alabanzas y agradecimiento en vez de buscar el favor de un gobernante.

La segunda posibilidad puede referirse al templo, el lugar donde el pueblo de Dios se acercaba al Señor. En el antiguo testamento, el resplandor de su gloria, que los hebreos llamaban, «Shekinah» llenaba el lugar santísimo del templo (2 Crónicas 5: 14 y 1 Reyes 8:10-11). El templo tenía puertas y atrios, los cuales daban acceso a la presencia de Dios.

Debido a que Jesús satisfizo todos los  requisitos de los rituales del templo, nosotros no tenemos que buscar un lugar específico para encontrarnos con Dios. En la actualidad, nosotros le adoramos «en espíritu y en verdad» (Juan 4:23). Entonces, ¿cómo entramos a sus puertas y a sus atrios? ¿Cuál es nuestro acceso a su presencia en la actualidad? La respuesta es la oración. Hebreos 4:16 nos invita a «acercarnos» al trono de Dios. A través de la oración llegamos a la misma presencia de Dios. El Salmo nos dice que nos acerquemos al Señor con alabanza y agradecimientos. De vez en cuando es bueno ahorrarnos nuestras peticiones para otro momento e ir a Dios con el único propósito de alabarle.

Afirmando el alma
Uno puede cultivar una relación personal con Dios de la misma forma en que lo hacemos con otra persona: escuchándole, dedicándole tiempo y haciendo cosas que la otra persona considera importantes. ¿Qué está haciendo para escuchar al Señor? ¿Cuánto tiempo usted dedica a estar con personas que aman a Dios? ¿Se une usted a Dios para lograr su obra?

 

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

La seguridad que da la Biblia  

Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.

1 Corintios 2:9-10

La seguridad que da la Biblia 

El conocimiento científico siempre trata de ir más allá de los límites de lo que puede explicar. Al mismo tiempo descubre la inmensidad y la complejidad del universo, trátese de lo infinitamente grande o de lo infinitamente pequeño, pero nunca ha podido resolver, entre otros temas, el del origen de la vida.

Los cristianos no fundan su fe en los resultados de los conocimientos humanos, sino en la Biblia, que está muy por encima de la sabiduría humana. La Biblia entreabre una puerta sobre la aparición de la vida. En varias ocasiones afirma que Dios es el Creador de los cielos y de la tierra. La Palabra de Dios nos invita a aceptar este hecho mediante la fe. Ella es muy sobria sobre el «cómo» de la creación. Solo nos da una síntesis de una simplicidad maravillosa: “Por la palabra del Señor fueron hechos los cielos… Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió” (Salmo 33:6-9).

Nosotros formamos parte de este mundo, somos criaturas, fue Dios quien nos hizo; no podemos conocerlo sin que él se revele.

Dios pide que el hombre lo honre como Creador. Además se dio a conocer al hombre como “Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:3-4). El camino de la fe y del verdadero conocimiento tiene este punto de partida: reconocer que necesito esa salvación. Y a los que creen en él, les revela lo “que Dios ha preparado para los que le aman”, es decir, la felicidad de estar para siempre con el Señor Jesús.

Oseas 1-2 – 2 Corintios 11:1-15 – Salmo 106:32-39 – Proverbios 23:26-28

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Municiones contra la ansiedad

SEPTIEMBRE, 21

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Municiones contra la ansiedad

Devocional por John Piper

Por nada estéis afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios. (Filipenses 4:6)

Cuando siento ansiedad respecto de que mi ministerio pueda resultar inútil o vacío, lucho contra la incredulidad con la promesa de Isaías 55:11: «Así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mi vacía sin haber realizado lo que deseo, y logrado el propósito para el cual la envié».

Cuando me ataca la ansiedad y me siento demasiado débil para hacer mi trabajo, batallo contra la incredulidad con una promesa de Cristo: «Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad» (2 Corintios 12:9).

Cuando estoy ansioso por las decisiones que tengo que tomar acerca del futuro, batallo contra la incredulidad con la promesa: «Yo te haré saber y te enseñaré el camino en que debes andar; te aconsejaré con mis ojos puestos en ti» (Salmos 32:8).

Cuando me siento ansioso por tener que enfrentar opositores, lucho contra la incredulidad con la promesa: «Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?» (Romanos 8:31).

Cuando estoy ansioso por el bienestar de las personas que amo, batallo contra la incredulidad con la promesa de que si yo, siendo malo, sé dar cosas buenas a mis hijos, mucho más el «Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden» (Mateo 7:11).

Y lucho para mantener el equilibrio espiritual recordando que todo el que ha dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos, o tierras, por causa de Cristo recibirá «cien veces más ahora en este tiempo: casas, y hermanos, y hermanas, y madres, e hijos, y tierras junto con persecuciones; y en el siglo venidero, la vida eterna» (Marcos 10:29-30).

Cuando me ataca la ansiedad a causa de la enfermedad, batallo contra la incredulidad con la promesa: «Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas lo libra el Señor» (Salmos 34:19).

Y recibo con temblor la promesa de Romanos 5:3-5: «la tribulación produce paciencia; y la paciencia, carácter probado; y el carácter probado, esperanza; y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado».


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), páginas 60-61

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“Armas del mundo”

21 SEPTIEMBRE

2 Samuel 17 | 2 Corintios 10 | Ezequiel 24 | Salmo 72

Dentro del mundo evangélico occidental, hay una gran cantidad de jactancia. A veces es tan flagrante, que resulta repulsivo para las personas serias. Muchas veces, sin embargo, es muy sutil y potencialmente subversivo. Probablemente, todos somos culpables de ello en algunas ocasiones.

Tras una primera lectura, da la sensación de que Pablo, en 2 Corintios 10, también está jactándose, una palabra que se repite en los últimos cuatro capítulos de este libro. De hecho, los temas que trata este capítulo son extraordinariamente complejos. Aquí sólo puedo mencionar unos cuantos.

(1) El tono de 2 Corintios 10–13 hace que esta sección destaque del resto del libro. Puede que a Pablo le haya llegado más información sobre la situación en Corinto. Sea cual sea el caso, los críticos en Corinto están menospreciando al apóstol por varios motivos. Dicen que es débil y tímido en persona, mientras que en sus cartas asume aires de poder y autoridad cuando está ausente (10:1, 10). En una época en la que la imagen y la retórica eran muy importantes, decían: “Sus cartas son duras y fuertes, pero él en persona no impresiona a nadie, y como orador es un fracaso” (10:10). Se pasaban el tiempo felicitándose unos a otros en un sistema de mutua aprobación y cartas de referencia (10:12). El próximo capítulo refleja aún más elementos de este aluvión de críticas que a Pablo le tocó soportar.

(2) Lo que hay detrás de esto es una postura hacia la jactancia que es la antítesis de todo lo que Pablo valora. Un cierto estilo de autopromoción, de confianza en el conocimiento y la retórica de uno, de pertenecer al grupito exclusivo, conspira para construir una camarilla de egos. Sin duda, algunos de ellos se sentían amenazados por Pablo, pero independientemente de sus motivaciones, tenían la costumbre de desprestigiarlo. Esto lo colocaba en una posición muy complicada. Si no decía nada, se arriesgaba a perder la confianza de toda la iglesia; pero si desplegaba sus credenciales para responder a estos ataques, caería en la misma falta moral que aquejaba a sus enemigos.

(3) En la respuesta inicial a este dilema, Pablo hace tres cosas. (a) Efectúa una distinción cuidadosa entre sus valores y los valores del mundo, entre sus armas y las “armas del mundo” (10:2, 4), y les advierte de que en su próximo viaje a Corinto, a pesar de la caricatura que ellos presentan de su presencia, él está dispuesto a administrar un castigo (10:6). (b) Insiste en que el ejercicio de su autoridad ha sido por el bien de ellos y no para su propia ganancia o promoción (10:7–11). (c) Sutilmente, les recuerda a los corintios que ellos son creyentes debido a su ministerio (10:12–16), a la vez que insiste en que la jactancia correcta para los cristianos es gloriarse en el Señor (10:17–18).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 264). Barcelona: Publicaciones Andamio.

«No juntes mi alma con pecadores».

21 de septiembre

No juntes mi alma con pecadores.

Salmo 26:9 (LBLA)

El temor hizo que David orase de esta manera, pues algo le decía: «Quizá, después de todo, tú seas juntado con los malvados». Ese temor, aunque desfigurado por la incredulidad, brota principalmente de una ansiedad santa y se origina en el recuerdo de los pecados pasados. Posiblemente aun el hombre perdonado se pregunte: «¿Qué pasará si, al final, vienen a la memoria mis pecados y se me elimina de la lista de los redimidos?». El tal recuerda su presente infertilidad: ¡tan poca virtud, tan poco amor, tan poca santidad! Y, al mirar hacia el futuro, piensa en su debilidad y en las muchas tentaciones que lo asedian y teme que pueda caer y se convierta en presa de sus enemigos. Un sentimiento de su pecado y de su persistente maldad lo lleva a orar con temor y temblor: «No juntes mi alma con pecadores». Lector, si has elevado esta oración y tu carácter está correctamente descrito en el Salmo donde se halla la misma, no debes temer que seas juntado con los pecadores. ¿Tienes las virtudes que tenía David: el andar en integridad y el confiar en el Señor? ¿Estás descansando en el sacrificio de Cristo y puedes rodear el altar de Dios con humilde esperanza? Si es así, vive tranquilo, pues nunca serás juntado con los malvados, ya que tal calamidad resulta imposible. En la siega que se haga el Día del Juicio, a cada uno se le pondrá con sus iguales. Dice la Palabra: «Recoged primero la cizaña y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero» (Mt. 13:30). Si, pues, tú eres semejante al pueblo de Dios, estarás con el pueblo de Dios. No puedes estar junto al malvado, porque se te ha comprado por un alto precio. Redimido por la sangre de Cristo, eres suyo para siempre; y donde él esté, ha de estar también su pueblo. Eres demasiado amado para que se te deseche con los réprobos. ¿Puede acaso perecer alguno a quien Cristo ame? ¡Imposible! El Infierno no te puede retener, el Cielo te reclama. ¡Confía en tu Fiador y no temas!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 275). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

ESPERANZA EN LA LUCHA

ESPERANZA EN LA LUCHA

9/20/2017

Con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.

Romanos 7:25

Como a los cristianos se les llama a la obediencia y la nueva naturaleza desea obedecer, ¿qué hace usted cuando se siente tentado a desobedecer? En primer lugar, tiene el poder del Espíritu Santo en usted (Ro. 8:2), que lo capacita para hacer la voluntad de Dios. Pero Pablo también describe la realidad de nuestra lucha constante con la carne en Romanos 7. Él dice: “Veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente” (v. 23). 

El pecado en nuestra naturaleza humana lucha contra nuestro deseo de obedecer. Todo cristiano libra esa lucha. Su aspecto humano lucha contra la nueva criatura que se deleita en la ley de Dios. Lo que nos da esperanza es que, cuanto más luchemos, tanto más victoriosos seremos. Así que dé gracias al Señor por continuar su obra para librarlo y darle cada día la victoria sobre el pecado.

DERECHOS DE AUTOR © 2017 Gracia a Vosotros
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Ni siquiera cerca del verdadero hedonismo

SEPTIEMBRE, 20

Ni siquiera cerca del verdadero hedonismo

Devocional por John Piper

No os acumuléis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre destruyen, y donde ladrones penetran y roban; sino acumulaos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban. (Mateo 6:19-20)

El mensaje que hace falta gritar desde las casas de altas finanzas es: «Hombres seculares, ¡no están siquiera cerca de ser verdaderos hedonistas!».

Dejemos a un lado la satisfacción que nos brinda el escasa ganancia del cinco por ciento de los placeres, que son devorados por las polillas de la inflación y con la herrumbre de la muerte. Invirtamos en el seguro de primera clase, de alta rentabilidad y con aseguración divina, que es el cielo.

Dedicar toda la vida a las comodidades e ilusiones materiales es como tirar el dinero a una ratonera. Por el contrario, invertir toda la vida en la labor del amor produce dividendos de gozo insuperables y sin fin:

«Vended vuestras posesiones y dad limosnas; [y de ese modo] haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro en los cielos que no se agota, donde no se acerca ningún ladrón ni la polilla destruye» (Lucas 12:33).

Ese mensaje es una muy buena noticia: vengan a Cristo, en cuya presencia hay plenitud de gozo y deleites para siempre. Únanse a nosotros en la labor del hedonismo cristiano. Porque el Señor lo dijo: ¡es más bienaventurado amar que vivir en el lujo!


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, página 129

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