En qué cimentar nuestra vida

SEPTIEMBRE, 04

En qué cimentar nuestra vida

Devocional por John Piper

El dios de este mundo ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios. (2 Corintios 4:4)

Probémonos a nosotros mismos. ¿Cómo pensamos? ¿Empezamos por Dios y su ley y sus objetivos? ¿O empezamos por nosotros mismos y nuestros derechos y nuestros deseos?

Cuando miramos hacia la muerte de Cristo, ¿qué sucede? ¿Será que nuestro gozo en realidad proviene de convertir esta asombrosa obra divina en un incentivo para nuestra autoestima? ¿O será que la cruz nos lleva a mirar afuera de uno mismo y nos llena de asombro y reverencia y alabanza, porque en la muerte de Cristo se halla la declaración más clara y profunda de la infinita estima que Dios tiene por su gloria y por su Hijo?

Aquí encontramos un fundamento, importante y objetivo, para asegurar plenamente nuestra esperanza: el perdón de los pecados se basa, en última instancia, no en mi valor o en mi trabajo finito, sino en el valor infinito de la justicia de Dios —en el férreo compromiso de Dios con la preservación y la vindicación de la gloria de su nombre—.

Les ruego de todo corazón que asienten su posición en esta garantía. Basemos nuestra vida en ella. Cimentemos nuestra esperanza en ella. Así seremos libres del vano modo de pensar del mundo, y nunca caeremos.

Cuando la exaltación de Dios de sí mismo en Cristo se vuelve nuestro gozo, esto no puede fallar.


Devocional tomado del articulo“Did Christ Die for Us or for God?” 

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Balanzas justas, pesas justas y medidas justas tendréis

4 de septiembre

«Balanzas justas, pesas justas y medidas justas tendréis».

Levítico 19:36

Las pesas, las balanzas y las medidas tenían que adaptarse a la ley de justicia. Sin duda, ningún cristiano necesita que se le recuerde esto en su negocio, pues si la justicia se desterrara del mundo que nos rodea, debería hallar asilo en los corazones creyentes. Hay, además, otras balanzas que pesan géneros morales y espirituales las cuales tienen que examinarse con frecuencia. Invitemos al Juez en esta noche.

¿Funcionan bien las balanzas en las cuales pesamos nuestro carácter y el carácter de los otros hombres? ¿No estamos convirtiendo en kilos nuestros gramos de bondad y en litros los decalitros de los demás? Cristiano, mira bien cómo andan esas pesas y medidas. Las balanzas en las cuales pesamos nuestras pruebas y aflicciones ¿funcionan según la ley? Pablo, que sufría más que nosotros, calificó de «leves» sus tribulaciones (cf. 2 Co. 5:17); en cambio, nosotros consideramos «pesadas» las nuestras. Sin duda, algo anda mal en las balanzas. Debemos pensar en este asunto, no sea que se nos denuncie ante el tribunal celestial por proceder injustamente. ¿Y van bien esas balanzas con las cuales pesamos nuestras creencias doctrinales? Las doctrinas de la gracia debieran tener para nosotros el mismo peso que tienen los preceptos de la Palabra, ni más ni menos; pero es de temer que en el concepto de muchos, bien un platillo de la balanza o bien el otro, esté injustamente cargado. Dar medida justa es, en realidad, una gran cosa. El cristiano debe ser cuidadoso en esto. Las medidas con las cuales estimamos nuestras obligaciones y responsabilidades dan la impresión de ser más bien pequeñas: cuando un rico no da a la causa de Cristo más de lo que contribuye un pobre, ¿es eso efa justo e hin justo? Cuando los pastores están medio muertos de hambre, ¿es ese un proceder justo? Cuando los pobres son menospreciados mientras se admira a los ricos impíos, ¿es esa una balanza justa? Lector, podríamos alargar la lista, pero preferimos ponerle punto final para descubrir y destruir ahora todas las balanzas, las pesas y las medidas injustas.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 258). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

El negro corazón de toda idolatría

4 SEPTIEMBRE

1 Samuel 28 | 1 Corintios 9 | Ezequiel 7 | Salmo 45

Hay varias preguntas en cuanto a la adivina de Endor (1 Samuel 28) para las que no tenemos respuestas. ¿Realmente evocó ella, mediante sus actividades de médium, al profeta Samuel, o se trató de una especie de engaño demoniaco? Si hizo que Samuel apareciera, ¿fue esto una excepción a lo que Dios normalmente permite o sanciona? Y si realmente era Samuel, ¿por qué le responde a Saúl, satisfaciendo así la sed que este tenía de conocer el futuro por cualquier medio, aunque fuera un método específicamente condenado en Israel?

Aunque es difícil ofrecer respuestas seguras a algunas de estas preguntas, pueden destacarse ciertos aspectos.

(1) Lo malo del espiritismo no es que nunca funciona (es posible que algunas cosas sean estupideces manipulativas y otras en realidad provean respuestas), sino que es hacerle el juego a los poderes demoníacos. Sobre todo, hace que las personas se alejen de Dios, quien es el único que controla tanto el presente como el futuro. Buscar dirección para la vida a través de estos medios sólo acabará por desviarnos, tarde o temprano y, además, es de por sí una señal de rebelión: una terrible burla a Dios.

(2) Saúl actúa aquí hipócritamente. Por un lado, ha desterrado a todos los médiums y espiritistas del país (28:3); por otro, él mismo busca uno desesperadamente. Si Saúl hubiera vivido más tiempo, no hubiera podido mantener escondido del pueblo su doble juego. Los fundamentos mismos del orden y la justicia de una sociedad se deshacen cuando las autoridades no sólo se permiten las hipocresías personales que aquejan a nuestra humanidad caída, sino que cometen infracciones públicas de la ley que han jurado sostener.

(3) Cuando Dios no responde por ninguno de los medios que él mismo ha designado (28:6, 15), esto no nos da permiso para desafiarle, sino que debe llevarnos al arrepentimiento, a la perseverancia y a la paciencia. Es deprimente y patético ver que alguien busca el consejo de Dios a la vez que tranquilamente da pasos que Dios mismo ha prohibido.

(4) La raíz del pecado de Saúl ha sido la misma durante mucho tiempo. Él quiere un dios domesticado, alguien como el genio de la lámpara de Aladino, uno que jure hacerle cosas maravillosas mientras él aguante la lámpara. De alguna manera, siente que David tiene ahora la lámpara y desea mantenerse en el poder, pero no percibe que el Dios verdadero debe ser adorado, reverenciado, obedecido, temido y amado, incondicionalmente. Aquí tenemos a un hombre que se cree el centro del universo y piensa que los dioses que existan deberían servirle a él. Si el Dios de Israel, el Dios del pacto, no le ayuda como él quiere, Saúl está dispuesto a encontrar otros dioses. Un claro ejemplo del negro corazón de toda idolatría.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 247). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Más precioso que el oro

Me regocijo en tu palabra como el que halla muchos despojos.

Salmo 119:162

(Jesús dijo:) El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Mateo 24:35

Más precioso que el oro

Louise había vivido muy modestamente toda su vida en Lyon (Francia). Ya mayor y viuda, tuvo que mudarse a un miserable desván. Un día notó que en la pared había un lugar rectangular ligeramente abombado. ¿Se trataba de un escondite? Recordó que en otros tiempos mucha gente escondía sus ahorros de esa manera. La anciana dio unos golpecitos en la pared; esta parecía hueca. Quizás había un tesoro escondido… Intrigada, logró abrir el escondite. Para su mayor decepción, solo encontró un viejo libro lleno de polvo, en vez del dinero o el oro esperados. Iba a cerrar el escondite sin sentir el mínimo interés por aquel libro, cuando pensó que entre sus páginas quizás podrían haber guardado documentos de valor. Pero no encontró nada valioso. ¿Por qué habrían escondido este libro tan cuidadosamente? Su curiosidad se despertó. Empezó a leerlo… y continuó hasta bien entrada la noche.

Se trataba de una Biblia del tiempo de las persecuciones contra los hugonotes (creyentes perseguidos del siglo 16 al 18). Si bien Louise asistía a una iglesia, hasta ese momento desconocía las Santas Escrituras. Al día siguiente volvió a abrir el viejo libro, y pronto reconoció que había descubierto un tesoro. Poco a poco su vida fue transformada por la Palabra eterna. Louise estaba feliz y agradecida.

Muchos cristianos han sido y siguen siendo detenidos y encarcelados porque poseen la Biblia. ¿Cómo valoramos hoy este Libro?

“Los juicios del Señor son verdad, todos justos. Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; y dulces más que miel, y que la que destila del panal” (Salmo 19:9-10).

2 Crónicas 20 – 1 Corintios 11:23-34 – Salmo 103:13-18 – Proverbios 22:20-21

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LA SEGURIDAD NO TIENE LÍMITES

LA SEGURIDAD NO TIENE LÍMITES

9/3/2017

Puede también salvar perpetuamente a los que
por él se acercan a Dios.
HEBREOS 7:25


El alcance de su seguridad como creyente es tan ilimitado como su certeza es absoluta. En rea-lidad, la expresión “perpetuamente” en el versículo de hoy literalmente significa “por completo” o “para siempre”. La seguridad de la salvación es absolutamente amplia, sin salvedades ni límites.
El infalible decreto del Padre de seguridad para los cristianos se cumplió misericordiosa y completamente mediante la obra de su Hijo en el Calvario (vea 1 Jn. 2:1). Y esa seguridad es lo bastante firme como para que dure toda su vida en la tierra, hasta que usted llegue a la presencia del Señor. El apóstol Judas presenta esta alentadora bendición, en la que siempre usted puede confiar: “Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría” (Jud. 24).

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El «Yo seré» de Dios

SEPTIEMBRE, 03

El «Yo seré» de Dios

Devocional por John Piper

Sin muros será habitada Jerusalén, a causa de la multitud de hombres y de ganados dentro de ella. Y yo seré para ella —declara el Señor— una muralla de fuego en derredor, y gloria seré en medio de ella. (Zacarías 2:4-5)

Algunas mañanas me despierto sintiéndome frágil, vulnerable. A menudo, esto es un sentimiento vago. No hay amenaza ni debilidad alguna. Solo un sentido indefinido de que algo saldrá mal y de que yo seré responsable por ello.

Suele pasarme luego de recibir muchas críticas, o cuando tengo muchas expectativas con plazos definidos y que parecen demasiado grandes y numerosas.

Cuando miro hacia atrás y traigo a memoria alrededor de cincuenta años de estas mañanas recurrentes, me sorprende ver cómo el Señor Jesús ha guardado mi vida y mi ministerio. La tentación de escapar del estrés nunca ganó, o al menos no hasta ahora. Esto es increíble. Lo alabo por ello.

En lugar de dejar que me hundiera en la parálisis del miedo o que corriera hacia un espejismo de pastos más verdes, él despertó en mí un clamor en pedido de auxilio y luego lo respondió con una promesa concreta.

Permítanme dar un ejemplo reciente. Una mañana me desperté sintiéndome frágil en el sentido emocional. Débil y vulnerable, oré: «Señor, ayúdame. Ni siquiera estoy seguro de cómo orar».

Una hora más tarde estaba leyendo Zacarías, en busca de la ayuda por la que había orado. La ayuda llegó:

Sin muros será habitada Jerusalén, a causa de la multitud de hombres y de ganados dentro de ella. Y yo seré para ella —declara el Señor— una muralla de fuego en derredor, y gloria seré en medio de ella. (Zacarías 2:4-5)

Habrá tanta prosperidad y crecimiento para el pueblo de Dios que Jerusalén no podrá contenerlos dentro de sus muros. La «multitud de hombres y de ganados» será tan numerosa que Jerusalén será como muchos pueblos esparcidos en una tierra sin murallas.

La prosperidad es buena, pero ¿qué hay de la protección?

A esto Dios responde en Zacarías 2:5: «yo seré para ella —declara el Señor— una muralla de fuego en derredor». Sí, así es. Esa es la promesa, el «yo seré» de Dios. Eso es lo que necesito.

Y si eso es cierto para las aldeas vulnerables de Jerusalén, también es cierto para mí como hijo de Dios. Dios será «una muralla de fuego en derredor» mío. Sí, él lo será. Lo ha sido y lo será.

Y se pone aún mejor. Dentro de los límites de esa abrasadora muralla de protección, él dice: «gloria seré en medio de ella». Dios nunca se contenta con darnos la protección de su fuego; él nos dará el deleite de su presencia.


Devocional tomado del articulo“Qué Hacer si Te Sientes Frágil al Despertarte” 

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El SEÑOR prueba al justo

3 de septiembre

 

«El SEÑOR prueba al justo».

Salmo 11:5 (LBLA)

Todos los acontecimientos están bajo el gobierno de la Providencia. Por tanto, cada una de las pruebas de nuestra vida exterior se puede atribuir en el acto a la gran Causa Primera. Desde las puertas de oro del decreto de Dios, los ejércitos de tribulaciones marchan en orden de combate, vestidos con coraza de hierro y equipados de armas de guerra. Todos los actos de la Providencia constituyen una puerta para las pruebas. Aun nuestras misericordias, como las rosas, tienen sus espinas. Los hombres pueden verse sumergidos tanto en mares de prosperidad como en ríos de aflicción. Para las tentaciones, nuestras montañas no son demasiado altas ni nuestros valles demasiado bajos. Las pruebas acechan en todos los caminos. Por todas partes, arriba y abajo, estamos rodeados de peligros. Sin embargo, ninguna lluvia cae desde la amenazadora nube sin permiso; cada gota recibe órdenes antes de precipitarse a tierra. Las pruebas que proceden de Dios se nos envían para fortalecer nuestros dones, y para demostrar, a la vez, el poder de la gracia divina, a fin de probar la autenticidad de nuestras virtudes y acrecentar sus energías. Nuestro Señor, en su infinita sabiduría y superabundante amor, valora tanto la fe de los suyos que no impedirá las pruebas por las cuales esa fe resulta fortalecida. Nunca hubieras poseído la preciosa fe que ahora te sostiene, si la prueba de tu fe no hubiese sido semejante al fuego. Eres un árbol que jamás habrías arraigado tan bien si el viento no te hubiese sacudido de aquí para allá y hubiera hecho que te aferraras a las preciosas verdades del pacto de gracia. La tranquilidad mundana es un gran enemigo para la fe: afloja las articulaciones del valor santo y rompe los músculos del sagrado coraje. El globo no se levanta hasta que se han cortado las cuerdas. La aflicción hace esta obra severa en las almas creyentes. Mientras el trigo duerma confortablemente en la espiga no tendrá ninguna utilidad para el hombre: debe trillarse y entonces se conocerá su valor. Así, también, es bueno que el Señor pruebe al justo, porque la prueba hace a este rico para con Dios.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 257). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

¿A qué derechos debo renunciar por amor a los demás?

3 SEPTIEMBRE

1 Samuel 27 | 1 Corintios 8 | Ezequiel 6 | Salmo 44

Aparentemente, algunos cristianos en Corinto, firmes en su conocimiento de que los ídolos no son nada y de que toda la carne ha sido creada por el único Dios verdadero, por lo cual es buena para comer aunque haya sido ofrecida a un ídolo, sienten la maravillosa libertad de comer lo que se les antoje. Otros, tal vez convertidos tras una vida encadenada a supersticiones paganas, detectan lo demoniaco de los ídolos y creen que es peligroso comer algo que se les ha ofrecido (1 Corintios 8). La conclusión principal del argumento de Pablo es suficientemente clara: Los que tengan una conciencia bien formada sobre estos asuntos deben estar dispuestos a renunciar a sus derechos para no perjudicar a los demás hermanos y hermanas en Cristo.

Ahora bien, podríamos precisar la aplicación si destacamos algunos elementos:

(1) El asunto trata acerca de algo que no está intrínsecamente mal. Uno no puede imaginarse al apóstol enseñando que si unos cristianos piensan que el adulterio está bien, mientras otros no piensan lo mismo sobre dicha práctica, aquellos deberían tal vez renunciar a su libertad para no ofender a estos. En ese caso, nunca hay excusa, pues está prohibido. De manera que los principios que Pablo presenta aquí sólo se aplican a acciones que en símismas son moralmente neutrales.

(2) Pablo supone que está mal ir en contra de la conciencia, porque esta puede quedar herida (8:12). Una conciencia endurecida en un área, sobre algún asunto indiferente, puede también endurecerse en otra, con algo más crucial. Desde luego, lo ideal sería que la conciencia se alinee de manera perfecta con lo que Dios dice en la Escritura, para que, en asuntos triviales, el individuo quede libre. Podemos instruir y moldear la conciencia mediante la verdad, pero, hasta que la conciencia haya sido reformada por la Escritura, es mejor no ir en contra de ella.

(3) El hermano “débil” de este capítulo (8:7–13) es uno cuya conciencia es “débil”; es decir, uno que cree que determinada acción está mal a pesar de que no hay nada intrínsecamente malo en ella. Por tanto, el hermano “débil” está más atado por las reglas que el “fuerte”. Ambos adoptarán las que conciernen a actos verdaderamente malos, pero el hermano débil añade normas en cuanto a cosas que no están mal en realidad, pero que para él, en ese momento, son malas porque él piensa que lo son.

(4) Pablo hace que el mayor peso de responsabilidad recaiga sobre los “fuertes”, indicándoles que restrinjan su propia libertad por amor a los demás. En otras palabras, nunca basta que el cristiano se pregunte: “¿Qué se me permite hacer? ¿Cuáles son mis derechos?” Los cristianos sirven a un Señor que definitivamente no se aferró a sus derechos cuando fue a la cruz. Siguiendo la autonegación de Jesús, ellos también preguntarán: “´¿A qué derechos debo renunciar por amor a los demás?”

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 246). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Juntos en torno a Jesús

domingo 3 septiembre

¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!

Salmo 133:1

Yo me alegré con los que me decían: A la casa del Señor iremos.

Salmo 122:1

No dejando de congregarnos… sino exhortándonos.

Hebreos 10:25

Juntos en torno a Jesús

Un creyente estaba preocupado porque uno de sus hermanos había dejado de asistir a los cultos y demás reuniones. Creía que debía hablar con él, pero no sabía cómo hacerlo sin molestarlo. Al final se decidió y fue a visitarlo a su casa. Ambos se sentaron cerca de la chimenea en la que unos troncos acababan de consumirse. Permanecieron unos instantes sin decirse nada, luego el creyente se agachó y tomó una brasa roja con una pinza y la colocó fuera del hogar. El silencio continuó hasta que el visitante se agachó nuevamente, tomó el tizón apagado y volvió a ponerlo en la chimenea. Al cabo de algunos minutos, el tizón estaba rojo y ardiente.

Entonces el amigo rompió el silencio: «Querido hermano, comprendí qué quiere decirme; en efecto, mi amor y mi celo por mi Salvador se han enfriado durante todo este tiempo en que me quedé solo. Desde ahora volveré a las reuniones».

Esta anécdota es una lección para nosotros. Los cristianos no están hechos para vivir solos. La lectura en común de la Biblia es una fuente de enriquecimiento espiritual, la oración compartida hace más estrechos los vínculos de amor, el culto que rendimos juntos eleva nuestros corazones y nuestras almas por encima de las circunstancias de la vida, que a menudo nos endurecen. No olvidemos que Jesús se alegra al vernos reunidos en torno a él. ¡Este será nuestro lugar en el cielo!

2 Crónicas 19 – 1 Corintios 11:1-22 – Salmo 103:6-12 – Proverbios 22:17-19

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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DIOS ES QUIEN LO GARANTIZA

DIOS ES QUIEN LO GARANTIZA

9/2/2017

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.
JUAN 10:29

Lamentablemente, muchos creyentes a lo largo de la historia de la iglesia, incluso muchos en la actualidad, se han negado a creer que Dios garantiza la seguridad eterna de ellos. Tal negación se deriva de la errónea convicción de que esa salvación es un esfuerzo cooperativo entre las personas y Dios. Tal razonamiento dice que un Dios Todopoderoso no dejará de hacer su parte, pero que un cristiano falible pudiera dejar de hacer la suya.
Pero el creer en lo que dice la Biblia acerca de la salvación, que viene solo de un Dios soberano, lo llevará a la confianza de que su salvación es segura. Si la salvación es toda de Dios, entonces puede saber con certeza que Él no dejará de asegurarla. Cualquiera que sea verdaderamente hijo de Dios no tiene nunca que temer perder su ciudadanía en el cielo. Y si usted lo es, puede confiar en las palabras de Cristo del versículo de hoy de que “nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre”.

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