¿Necesita un milagro?

Miércoles 10 Agosto
( Jesús dijo:) Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
Mateo 11:28
No queréis venir a mí para que tengáis vida.
Juan 5:40
¿Necesita un milagro?
Leer Juan 5:1-15
“Toma tu lecho, y anda”, ordenó Jesús a un hombre paralítico desde hacía 38 años, que esperaba la sanación al borde del estanque de Betesda. ¡Qué ironía!, dirá el que no conoce a Dios. Pero esto es desconocer su poder y su amor. El paralítico creyó a Dios, y por la fe obedeció y fue sanado.

Cosa extraña, había una multitud de enfermos alrededor del estanque, pero solo uno fue sanado. El poder de Jesús es plenamente suficiente para todos, pero para beneficiarse de él es necesario creer.

Como este hombre paralítico, el ser humano sin relación con Dios no puede hacer nada. Pero Jesús abre el camino y se acerca. Abrió ese camino hacia cada uno de nosotros cuando murió en la cruz. Levantémonos y sigámosle. Así no formaremos parte de aquellos a quienes Jesús dice: “No queréis venir a mí para que tengáis vida”.

A pesar de ser testigos de una sanación tan maravillosa, los judíos no se alegraron en absoluto. Al contrario, atacaron al hombre sanado: “Es día de reposo; no te es lícito llevar tu lecho”. Quizás alguien le diga a usted también: “No te es permitido comprender por ti mismo la Biblia, ni acercarte directamente a Dios…”. El paralítico hubiera tenido muchas razones para no responder a la invitación de Jesús: sus muchos intentos fallidos, la opinión de los que lo rodeaban, su enfermedad incurable… Pero su fe desbarató todos los razonamientos. Contó con el que estaba ahí, presente, y recibió de él la fuerza para sobrepasar todos los obstáculos.

Jeremías 14 – Lucas 19:1-27 – Salmo 92:5-9 – Proverbios 21:5-6

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Misericordia

Martes 9 Agosto
Dios… es rico en misericordia.
Efesios 2:4
Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia.
Colosenses 3:12
Misericordia
En los dos versículos del encabezamiento hallamos la palabra “misericordia”, aplicada a Dios mismo y a sus hijos. La expresión utilizada en griego para el segundo versículo es muy significativa, literalmente quiere decir “entrañas de misericordia”.

Ser misericordioso significa ser sensible a la miseria y a la aflicción de los demás. La misericordia es uno de los caracteres de Dios, forma parte de su Ser. Desde el cielo él vio la condición miserable del ser humano, y “fue movido a misericordia”, como lo ilustra la parábola del buen samaritano (Lucas 10:33) y la del hijo perdido (Lucas 15:20). Descendió del cielo para visitarnos; intervino especialmente para sacarnos del problema. Dios Hijo vino en persona a la tierra para ocuparse de nosotros; su compasión se manifestó libremente hacia todos los que lo rodeaban y, sobre todo, dio su vida para que nosotros tengamos la vida eterna.

El apóstol Pablo nos invita a imitar a nuestro Dios Salvador, a ser misericordiosos como él. A menudo nuestros sentimientos son superficiales, nuestras emociones demasiado pasajeras. Cuando los medios de comunicación informan sobre una catástrofe o un hecho trágico, nos sensibilizamos espontáneamente, pero esto dura poco. Hijos de Dios, “vistámonos” más decididamente de este carácter, volvámonos a los demás para hacerles bien.

Si se lo pedimos, nuestro Dios obrará para cambiar nuestro corazón, que a menudo es tan duro e insensible, y así hacerlo más parecido al de nuestro Salvador.

Jeremías 13 – Lucas 18:18-43 – Salmo 92:1-4 – Proverbios 21:3-4

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Ser o tener

Lunes 8 Agosto
(Jesús dijo:) ¿Qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo?
Lucas 9:25
La vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.
Lucas 12:15
Ser o tener
¿Conoce a muchas personas satisfechas con su suerte? ¿No estamos más bien rodeados de personas perpetuamente insatisfechas? Quizás usted mismo aspire a algo más de lo que tiene en su vida diaria. Nuestra sociedad de consumo sabe aprovechar esta insatisfacción y explotarla con fines comerciales: propone toda clase de productos que, según dice, saciará a quien los obtenga. Comprar, poseer bienes, es la cultura “del tener”, que nunca ha satisfecho el corazón de nadie.

El filósofo cristiano, Blaise Pascal, decía: “En cada hombre hay un gran vacío en forma de Dios”. Pero antes de Pascal, Jesús declaró: “La vida es más que la comida, y el cuerpo que el vestido” (Lucas 12:23). Nuestra sociedad materialista pretende responder a todas las necesidades, pero olvida que las más importantes son de orden espiritual.

Jesús nunca prometió colmar a nadie en el plano material. La salvación y la vida que él propone no llenarán su carrito de compras ni sus armarios, pero llenarán su corazón de gozo y de paz. Jesús no desea cambiar sus circunstancias ni sus condiciones de vida; él quiere transformarlo a usted mismo. Para ello le ofrece su amor, su perdón. Él quiere hacer de usted uno de sus hijos. Su valor no depende de lo que usted tiene, sino de lo que es ante Dios y para él.

“El que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Juan 4:14).

Jeremías 12 – Lucas 18:1-17 – Salmo 91:11-16 – Proverbios 21:1-2

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¿Por qué grita de ese modo?

Domingo 7 Agosto
Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.
Juan 7:37
Vino el Señor y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye.
1 Samuel 3:10
¿Por qué grita de ese modo?
Nuestra manera de hablar con los demás depende de su disposición a escuchar. En un rincón del salón hablaba en voz baja a Víctor, quien sentado frente a mí, me miraba y me escuchaba. Gustavo estaba al otro lado del salón, inmerso en su lectura. No esperaba que yo le hablase. Si lo hiciese en voz baja, no oiría, por eso le hablé en voz alta. En la habitación contigua, Beatriz estaba escuchando música con un casco en las orejas. Para que me escuchase tendría que gritar.

Ayer, cuando iba a entrar en mi casa, vi a mi vecino que estaba a punto de cruzar la calle. De repente, un automóvil apareció. Como él es un poco sordo, grité con todas mis fuerzas, pues su vida estaba en peligro. Pero mi vecino me miró un tanto contrariado: “¿Por qué grita de ese modo?”.

Dios habla a cada uno de nosotros, y el tono que emplea depende de nuestra actitud hacia él. ¿Se parece mi actitud ante Dios a la de Víctor, Gustavo o Beatriz? ¿Qué tono debe usar para comunicarse conmigo? Como mi vecino, ¿vamos a reprocharle que nos habla demasiado fuerte, para luego tener que sufrir las consecuencias?

Dios también se dirige a todo el mundo. Si a veces tiene que hablar fuerte, ¿no será debido a la actitud hostil del mundo hacia él?

Escuchémosle, pues nuestra vida depende de ello; Dios nos advierte para nuestro bien.

Jeremías 11 – Lucas 17 – Salmo 91:7-10 – Proverbios 20:29-30

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Prisionero de guerra

Sábado 6 Agosto

Nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados… viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó.

Tito 3:3-5

Prisionero de guerra

“Había perdido todo: mi familia, mi país, y hasta mi nombre. Solo era un número: 46466. Lo llevaba en una placa de madera colgada en mi cuello. Cierto día un capataz consideró que mi trabajo no era lo suficientemente bueno. Anotó en su cuaderno el número 46446, profiriendo mil amenazas. En la noche desfilamos en el campo para recibir un cucharón de sopa, mientras un cabo tenía un cartón en la mano con el número 46446, el hombre que debía ser castigado. Los 800 prisioneros pasamos, nadie tenía ese número. Errar es humano…”.

En el cielo, en el día del juicio descrito en la Biblia, no habrá error. El Juez supremo se sentará en un trono. Todos los que hayan rechazado la salvación que Dios ofrece hoy se presentarán ante ese trono. Los libros serán abiertos, el libro de la vida y los libros en los cuales estarán escritas todas sus obras: esos actos los condenarán. Solo los nombres de los creyentes estarán escritos en el primero. “El que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego” (Apocalipsis 20:15).

Es preciso saber hoy dónde está escrito nuestro nombre. ¿Quién tiene el libro de la vida? El Cordero de Dios que fue inmolado (Apocalipsis 13:8): Cristo, víctima expiatoria, muerto en la cruz, y resucitado. ¿Quiénes están inscritos en este libro? Aquellos a quienes el Cordero redimió con su sangre “para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación” (Apocalipsis 5:9), los que creen que “la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7).

Jeremías 10 – Lucas 16 – Salmo 91:1-6 – Proverbios 20:27-28

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Prueba decisiva para el hombre

Viernes 5 Agosto

Pilato les decía: ¿Pues qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aun más: ¡Crucifícale! Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a Barrabás, y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuese crucificado.

Marcos 15:14-15

Prueba decisiva para el hombre

En las escenas del juicio contra Jesús y de su crucifixión, asistimos a la prueba decisiva del hombre, comprometiendo la responsabilidad de cada uno. – Pilato ocupaba la sede de la autoridad civil, pero en lugar de hacer reinar la justicia, cedió a la presión popular y condenó a aquel a quien, no obstante, había reconocido como justo. – Los soldados que servían bajo sus órdenes fueron crueles y cínicos. – Los escribas y los sacerdotes que constituían el clero de entonces buscaron falsos testigos para condenar a Jesús, y la multitud siguió su ejemplo, mostrando la peor ingratitud hacia aquel que incansablemente había sanado, alimentado y hecho bien de tantas maneras. – Los que pasaban por allí, simples curiosos, lo injuriaban, dando libre curso a su odio sin ningún motivo. – Los discípulos también abandonaron a su Señor; fueron incapaces de enfrentar la situación; uno de ellos lo negó públicamente.

En esta escena la humanidad fue puesta a prueba de manera absoluta. En medio de semejante despliegue de crueldad, de desprecio e indiferencia, escuchamos a Jesús crucificado rogar por sus verdugos: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). Con una calma perfecta terminó la obra que el Padre le había encomendado para nuestra salvación (Juan 17:4), e hizo posible el perdón divino para cada uno de los que creen en él.

En la cruz, el ser humano mostró definitivamente la maldad de su corazón. Al mismo tiempo, Dios manifestó su amor y su justicia al mundo.

Jeremías 9 – Lucas 15 – Salmo 90:13-17 – Proverbios 20:25-26

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¿Cansado de vivir y con miedo de morir?

Jueves 4 Agosto

… Terrores de sombra de muerte los toman.

Job 24:17

El Señor es mi pastor… Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo.

Salmo 23:14

¿Cansado de vivir y con miedo de morir?

Un famoso actor declaró a un periodista: “Estoy cansado de vivir y tengo miedo de morir”. A menudo la vida no es fácil. La riqueza, como los honores y la gloria, no pueden dar la paz y el gozo al corazón. La muerte sigue siendo aterradora para el que no se ha reconciliado con Dios.

¡Qué contraste con el apóstol Pablo, siervo e imitador de Jesucristo, su Salvador y Señor! No escatimó esfuerzos para proclamar el Evangelio, su vida no fue nada fácil. A menudo fue perseguido y rechazado. Terminó su vida prisionero en Roma debido a su fe. A pesar de todas esas dificultades, no temía ni a la vida ni a la muerte, porque confiaba plenamente en Dios. “Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. Mas si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio… no sé entonces qué escoger… teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros” (Filipenses 1:21-24). Tenía la convicción de estar en las manos de Dios, a quien conocía personalmente. Dios le bastaba en todo, para vivir o para morir.

El ser humano es frágil física y sicológicamente. Dios lo sabe bien. “Como el padre se compadece de los hijos, se compadece el Señor de los que le temen. Porque él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo” (Salmo 103:13-14). Nuestro recurso es conocerlo como nuestro Padre, y Jesucristo dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).

Jeremías 8 – Lucas 14 – Salmo 90:7-12 – Proverbios 20:23-24

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Socorro en la tempestad

Miércoles 3 Agosto

Cambia la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas. Luego se alegran, porque se apaciguaron; y así los guía al puerto que deseaban.

Salmo 107:29-30

El Señor es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?

Salmo 27:1

Socorro en la tempestad

El Abeille Bourbon es un remolcador de 80 metros de largo, con sede en Brest, Francia, equipado especialmente para el rescate marítimo. Atendido por una tripulación experimentada, opera desde Ouessant, frente a la costa de Bretaña. Ayuda a los barcos que están en peligro de naufragar, cuando las tempestades se desatan, y los remolca hasta los puertos más cercanos.

La Biblia menciona varias tempestades (leer Jonás 1:4Hechos 27Mateo 8:24…). Las tempestades simbolizan un tiempo de prueba. Dios, quien ama a todos los hombres, a menudo se manifiesta a través de ellas. Todo el que necesite ayuda debe pedirla, sin tardar, a Jesús el Salvador. En él descubrirá a Aquel que vive, que puede hacerse cargo no solo de su situación presente, sino de toda su vida. ¡Qué paz me da Jesús cuando comprendo que él tiene el poder de perdonar mis pecados y darme la vida eterna!

Los creyentes también atraviesan tempestades, por lo tanto necesitan ayuda. Como el barco es enganchado al remolcador, el creyente está unido a Cristo por el vínculo de la fe. En él está la fuerza. Él conoce el fin de la prueba y limita su intensidad (Job 1:12). Él tiene el poder, no solo para conducirnos en medio de la tempestad, sino también para detenerla: Él es Dios. Él es poderoso para llevarnos hasta el puerto.

El Señor nos ama eternamente:

Su gracia jamás cesará;

A la meta nos llevará,

Porque es nuestra esperanza,

Nuestro gozo supremo.

Jeremías 7 – Lucas 13:18-35 – Salmo 90:1-6 – Proverbios 20:22

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

“Quizá para esto”

Martes 2 Agosto

Sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien.

Romanos 8:28

Yo también sé que les irá bien a los que a Dios temen, los que temen ante su presencia.

Eclesiastés 8:12

“Quizá para esto”

Desde su prisión en Roma, el apóstol Pablo envió a Onésimo, un esclavo fugitivo, a su amo Filemón. En su huida, Onésimo se había encontrado con el apóstol y se había convertido a Jesucristo. Pablo le pidió que volviera a su amo llevando una carta en la cual invitaba a Filemón a recibir a su esclavo con benevolencia. Pablo escribió: “Quizá para esto se apartó de ti por algún tiempo”. Huir de su amo dio la oportunidad a este esclavo de convertirse al Señor, y también permitió a Filemón hallar en él a un “hermano amado”. Notemos que, a pesar de ser un apóstol, Pablo no dice: “por eso”, sino que añade un sabio “quizá”. Fue prudente y moderado; no pretendía comprender y explicar todo.

En el mismo sentido Mardoqueo, un creyente judío, se dirigió a su prima Ester, quien llegó a ser reina (del imperio persa) en un momento crítico para su pueblo: “¿Quién sabe si para esta hora has llegado al reino?” (Ester 4:14).

Hay hechos cuyo sentido nos parece evidente. Pero seamos prudentes en nuestras afirmaciones. Dios dirige todas las circunstancias, pero sus razones no siempre están a nuestro alcance; algunas se nos escapan. Oremos para comprender lo que Dios quiere decirnos. No juzguemos, especialmente cuando se trata de los demás. Confiemos, sobre todo, en el amor de Dios.

“De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí. Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano” (Romanos 14:12-13).

Jeremías 6 – Lucas 13:1-17 – Salmo 89:46-52 – Proverbios 20:20-21

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

El eco

Lunes 1 Agosto
En cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.
Hebreos 2:18
Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.
Hebreos 4:16
El eco
Dorian, un niño de cuatro años, acababa de descubrir el eco. Llamó tan fuerte como pudo, y una voz le respondió del otro lado del valle. Al principio creyó que había otro niño que se divertía repitiendo lo que él decía, pero rápidamente comprendió que era su propia voz la que se repetía. Luego se cansó de llamar. ¡De nada servía este eco mecánico!

Cuando sufrimos física o moralmente, nos anima que alguien nos comprenda. Es una necesidad sicológica bien conocida. Nos gusta encontrar un eco a nuestro sufrimiento. Pero, ¿basta que una voz nos responda: “He vivido las mismas circunstancias que tú”, para atravesarlas con ánimo? No, si la voz es una réplica de la nuestra, la ayuda es demasiado débil y nos cansamos de llamar. Necesitamos otra voz que diga: “Viví lo mismo, pero salí adelante, ¡triunfé!”.

Esta voz existe, es la de Jesús. Él conoció toda clase de tentaciones y sufrimientos, ¡pero venció! Este es el gran secreto que nos revela. La solución a nuestros problemas no se halla simplemente al nivel humano. El eco de la voz de un hombre a la de otro hombre no es suficiente. Necesitamos salir de nuestros límites y hallar un acceso hasta Dios, un lazo de unión con él. Tenemos que orar. Necesitamos la compasión y la ayuda del Señor Jesús, el Hombre que conoce bien el sufrimiento, y que ahora está en el cielo donde se ocupa de todos los que le pertenecen.

Jeremías 5 – Lucas 12:41-59 – Salmo 89:38-45 – Proverbios 20:18-19

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch