Génesis 12 | Mateo 11 | Nehemías 1 | Hechos 11

11 ENERO

Génesis 12 | Mateo 11 | Nehemías 1 | Hechos 11

En la compleja historia de la comunidad posexílica en Judá, Nehemías desempeña un papel singular. Él no formó parte del grupo que regresó originalmente a Judá, pero el propio emperador lo había enviado allí mucho antes. Nehemías hizo las veces de gobernador de la comunidad remanente en dos expediciones diferentes, siendo en gran manera responsable de la reconstrucción de los muros de Jerusalén, sin mencionar otras reformas. Su labor y la de Esdras se solaparon.

El libro de Nehemías se considera a menudo un manual de liderazgo religioso. Me pregunto si eso hace justicia al libro. ¿Tuvo Nehemías la intención de escribir un manual de liderazgo? ¿Está incluido en el canon con ese propósito, para que, del mismo modo que recurrimos a Hechos para descubrir la historia de la iglesia primitiva, lo hagamos a Nehemías en busca de los principios del liderazgo?

Esto no quiere decir que no haya nada que aprender de Nehemías sobre ese tema, algo que también podemos decir de Moisés, David, Pedro o Pablo. Es un error leer este libro centrándose en el tema del liderazgo; no es acorde al propósito del autor ni a las prioridades canónicas.

Nehemías es un libro que trata de la fidelidad de Dios y de los agentes que él utilizó para restablecer al pueblo de su pacto en la tierra prometida tras el exilio, dar los primeros pasos que garantizasen su protección e identidad como nación escogida por el Señor y asegurar su fidelidad al pacto. Canónicamente, esta parte de la línea argumental de la Biblia contiene trozos de la historia posterior al exilio que nos llevan hasta el propio Señor Jesús.

Sin embargo, quizás podamos centrarnos provechosamente en uno o dos elementos de Nehemías 1, siguiendo hasta el capítulo 2.

Los primeros informes acerca de la triste situación de la comunidad remanente de retornados en Judá (1:3) surgen del profundo dolor y la ferviente intercesión de Nehemías (1:4). El contenido de su oración ocupa la mayor parte del primer capítulo (1:5–11). Nehemías se dirige al “Señor, Dios del cielo, grande y temible” en términos del pacto. Dios había prometido enviar a su pueblo al exilio si este persistía en su desobediencia, pero también que, si se arrepentían y volvían a él, los reuniría de nuevo en la tierra que había escogido como morada para su nombre (1:8–9; véase Deuteronomio 30:4–5). Nehemías no está orando por otros y evitando cualquier papel para sí mismo. Pide a Dios poder encontrar el favor en los ojos del emperador, al que sirve como copero (1:11), cuando comparta con él esta gran carga. Incluso la “oración relámpago” de Nehemías en el siguiente capítulo (2:4) es el afloramiento de una oración de intercesión continua en secreto.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 11). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Génesis 11 | Mateo 10 | Esdras 10 | Hechos 10

10 ENERO

Génesis 11 | Mateo 10 | Esdras 10 | Hechos 10

En general, Esdras 10 se comprende de dos maneras diferentes:

Según el primer punto de vista, lo que acontece es algo parecido a un avivamiento. Las lágrimas y la oración de Esdras son tan conmovedoras que los líderes de la comunidad, aunque también habían transigido con los matrimonios mixtos, formalizan un acuerdo de divorcio con sus mujeres paganas y las envían a su propio pueblo, junto a todos los niños nacidos de esas uniones. Quienes que no estén de acuerdo con esta decisión serán expulsados de la asamblea de los exiliados (10:8) y en adelante tratados como extranjeros. Se efectúan reuniones y se pone manos a la obra. Es un acto notablemente valiente, una señal segura de la bendición de Dios, evidencia clara de que este pueblo ama al Señor incluso más que a su propia familia. La pureza de la congregación posexílica se mantiene y se evita desatar la ira de Dios. La lección es, entonces, que debemos ocuparnos del pecado de forma radical.

Según la segunda perspectiva, aunque la oración de Esdras (Esdras 9) es correcta, los pasos que se dan a raíz de ella son prácticamente erróneos. El matrimonio, después de todo, es una ordenanza de la creación. En cualquier caso, nadie puede simplemente anularlo; si la ley prohíbe casarse con paganos, también lo hace con el divorcio fácil. ¿Qué ocurre con todos esos niños? ¿Han de ser enviados con sus abuelos paganos, sin ningún acceso a la comunidad del pacto y al Dios único de toda la tierra, además del daño psicológico que sin duda sufrirían? ¿No podían darse otros pasos en su lugar? Por ejemplo, a partir de ese momento, se podrían prohibir y evitar esos matrimonios, bajo sanción de expulsión de la asamblea. Se podría despojar de sus derechos y obligaciones sacerdotales a los sacerdotes casados con paganas. El tipo de arrepentimiento general que se produce podría canalizarse hacia el fiel estudio de la ley, sobre todo el de estas familias mixtas. ¿Qué sanción existe para una acción tan inhumana como la de este capítulo?

Rigurosamente hablando, el propio texto no se decanta entre estas dos interpretaciones, aunque la primera es ligeramente más natural dentro de la postura del libro. Sin embargo, ¿es esta más natural dentro de la postura de todo el canon o del Nuevo Testamento?

Sin argumentos que eviten la cuestión, sospecho que en gran medida ambas perspectivas son correctas. Hay algo noble y valeroso en la acción realizada; también lo hay cruel y reduccionista. Sospechamos que esta es una de esas consecuencias mixtas en que la Biblia abunda sinceramente, como el relato de Gedeón, de Jefté o de Sansón. Algunos pecados tienen tentáculos tan complejos que no resulta

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 10). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Génesis 9–10 | Mateo 9 | Esdras 9 | Hechos 9

9 ENERO

Génesis 9–10 | Mateo 9 | Esdras 9 | Hechos 9

Puede resultar difícil para algunos cristianos inmersos en la herencia del individualismo e influenciados por el relativismo posmoderno, simpatizar con Esdras y su oración (Esdras 9). Un centenar o así de los israelitas retornados, de una población que en esa época sería de al menos cincuenta o sesenta mil personas, se habían casado con mujeres paganas de las tribus vecinas. Esdras considera este asunto un absoluto desastre y llora delante del Señor como si se hubiese hecho realmente un gran daño. ¿Ha caído la religión al nivel en que dice a sus fieles con quién pueden casarse? Además, las consecuencias de esta oración (sobre la cual reflexionaremos mañana) son bastante crueles, ¿no es así?

En realidad, la oración de Esdras revela a un hombre que ha meditado durante mucho tiempo en la historia de Israel.

En primer lugar, comprende cuál fue la causa del exilio, la destrucción formal de la nación, la dispersión del pueblo. No fue otra cosa que los pecados del pueblo, que, con una terrible frecuencia, habían sido fomentados por vínculos, sobre todo matrimoniales, entre el pueblo del pacto y las tribus vecinas. “Debido a nuestras maldades, nosotros, nuestros reyes y nuestros sacerdotes fuimos entregados al poder de los reyes de los países vecinos. Hemos sufrido la espada, el cautiverio, el pillaje y la humillación, como nos sucede hasta hoy” (9:7).

En segundo lugar, entiende que Dios ha permitido a esta comunidad regresar a Judá con un propósito: “Pero ahora tú, SEÑOR y Dios nuestro, por un breve momento nos has mostrado tu bondad al permitir que un remanente quede en libertad y se establezca en tu lugar santo. Has permitido que nuestros ojos vean una nueva luz, y nos has concedido un pequeño alivio en medio de nuestra esclavitud” (9:8).

En tercer lugar, entiende que, a la luz de los dos primeros puntos, y de la prohibición explícita de las Escrituras contra los matrimonios mixtos, lo que ha ocurrido no es solamente ingratitud, sino un desafío concreto al Dios que alivió el dolor de Israel tanto en el éxodo, como también en el exilio.

En cuarto lugar, entiende la naturaleza compleja, corrosiva y colectiva del pecado. Como Isaías antes que él (Isaías 6:5), Esdras se incluye con el pueblo en su pecado (9:6). Comprende la dura realidad de que no se trata de errores individuales y nada más; es un medio por el cual el crudo paganismo y, finalmente, la relativización del Todopoderoso entran furtivamente en la congregación por la puerta de atrás. ¿Cómo podían haberse concertado esos matrimonios, incluso entre los sacerdotes, si otros muchos no hubiesen dado su aprobación, o al menos hecho la vista gorda? Ante todo, Esdras entiende que los pecados del pueblo de Dios son mucho peores que el castigo que han recibido (9:13–15).

¿Cómo deben dar forma actualmente estas líneas de pensamiento a nuestro concepto de los pecados del pueblo de Dios?

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 9). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Génesis 8 | Mateo 8 | Esdras 8 | Hechos 8

8 ENERO

Génesis 8 | Mateo 8 | Esdras 8 | Hechos 8

Nuestra visión es miope y nuestro entendimiento disperso. Es raro que “leamos” bien los acontecimientos que ocurren a nuestro alrededor. Consideremos las consecuencias inmediatas del martirio de Esteban (Hechos 8:1–5). “Aquel día se desató una gran persecución contra la iglesia en Jerusalén” (8:1). Esa situación no fue probablemente demasiado cómoda para los creyentes que pasaron por ella. Sin embargo:

(1) “Todos, excepto los apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaria” (8:1). Sin duda, era más fácil esconder a doce hombres que a los miles de personas que ahora constituían la iglesia. Además, mantenerlos en Jerusalén era dejarlos en primera línea, con lo que podían supervisar en cierto modo los acontecimientos que se desarrollaban tan velozmente.

(2) “Los que se habían dispersado predicaban la palabra por dondequiera que iban” (8:4). Esto indicaba una expansión bastante más rápida del Evangelio que si los apóstoles hubiesen ido de misiones mientras el resto de la iglesia se quedaba en casa. Ahí había una fuerza de miles y miles de personas, la mayoría de las cuales solo “chismorreaban del Evangelio”, mientras otros eran evangelistas altamente preparados, diseminados por la persecución.

(3) “Felipe bajó a una ciudad de Samaria y les anunciaba al Mesías” (8:5). En el libro de Hechos, Lucas frecuentemente hace una afirmación general y después da un ejemplo concreto de la misma. Por ejemplo, en 4:32–36, cuenta cómo los creyentes vendían habitualmente propiedades y ponían los beneficios en la cesta común para ayudar a los pobres. Relata entonces la historia de un hombre en particular, José, apodado Bernabé por los apóstoles, que hace eso mismo. Esto ofrece simultáneamente un ejemplo concreto del hilo general que Lucas acaba de describir, y presenta a Bernabé (que desempeñará un papel más importante más adelante). Este supone a su vez un contraste con Ananías y Safira, que mintieron acerca de los ingresos obtenidos por una venta suya (Hechos 5). De esta forma, el relato sigue adelante. Ocurre lo mismo también en Hechos 8: Lucas describe la dispersión de los creyentes, observando que “predicaban la palabra por dondequiera que iban”, y después menciona una historia particular, la de Felipe. Él fue uno de los siete hombres escogidos para el naciente “diaconado” (Hechos 6); ahora pasa a ser un evangelista estratégico, llevando el Evangelio más allá de una de sus primeras barreras socioculturales: de los judíos a los samaritanos.

(4) “Unos hombres piadosos sepultaron a Esteban e hicieron gran duelo por él. Saulo, por su parte, causaba estragos en la iglesia: entrando de casa en casa, arrastraba a hombres y mujeres y los metía en la cárcel” (8:2–3). El contraste es sorprendente. Saulo cree que está haciendo la obra de Dios; en realidad, los verdaderamente piadosos hacen duelo y entierran al primer mártir cristiano. No obstante, en la peculiar providencia del Señor, este Saulo se convertirá en uno de los misioneros interculturales más importantes de todos los tiempos y autor humano de aproximadamente una cuarta parte del Nuevo Testamento.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 8). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Génesis 7 | Mateo 7 | Esdras 7 | Hechos 7

7 ENERO

Génesis 7 | Mateo 7 | Esdras 7 | Hechos 7

Esdras 7 cuenta la misión de Esdras en la comunidad posexílica de Jerusalén y Judá. Obviamente, era parte de la política imperial que si se permitía a los grupos de exiliados volver a su tierra, sus propios sacerdotes fuesen con ellos. Desde una perspectiva de superstición pagana, los gobernantes no querían que ninguno de los dioses de la región se enojasen con ellos (7:23); desde el punto de vista de la comunidad del pacto, era una formidable evidencia de que la mano de Dios estaba sobre ellos, capaz de gobernar los asuntos de los imperios más poderosos y de proteger a su propio pueblo.

La naturaleza de la tarea de Esdras podría entenderse fácilmente como un ejemplo de los privilegios y las responsabilidades de todos aquellos cuya obligación es enseñar la Palabra de Dios a su pueblo: “Esdras se había dedicado por completo a estudiar la ley del Señor, a ponerla en práctica y a enseñar sus preceptos y normas a los israelitas” (7:10).

(1) Esdras se dedicó al estudio de la ley. No existe una enseñanza de la Biblia efectiva a largo plazo si no va acompañada de largas horas de estudio continuo de la misma, a veces en solitario, con cansancio. Si usted no es un estudiante de la Palabra, no está llamado a ser maestro de la misma.

(2) Esdras se dedicó a la observancia de la ley. Para algunas personas, el estudio es un fin en sí mismo, o quizás un medio para el fin de la enseñanza. Sin embargo, aunque el tema central es la Escritura, estas personas no están comprometidas personalmente a vivir bajo sus preceptos, ordenar su matrimonio, finanzas, lenguaje, prioridades, valores, según la Palabra de Dios. No preguntan constantemente cómo desafían las Escrituras a los supuestos de su época y cultura, que todos nosotros adoptamos de forma inconsciente. Para tales personas, el estudio de la Biblia es una excelente disciplina intelectual, pero no una llamada persistente a la adoración; la Biblia debe dominarse como si de un libro de texto se tratase, pero no llama al pueblo de Dios a temblar; se deben amar sus verdades, pero se realiza en la presencia del Señor. Esdras evitó todas estas trampas y se entregó a observar lo que dicen las Escrituras.

(3) Esdras se dedicó a la enseñanza de la ley. No era un ermitaño, sino un pastor. Aprendió a transmitir lo que aprendió estudiando y obedeciendo. Se comprometió a enseñar la Palabra de Dios a su pueblo, fuese en grandes asambleas solemnes, en escenarios más familiares o en estudios individuales. Esdras se comprometió a enseñar la Palabra de Dios al pueblo de Dios. Es difícil imaginar un llamamiento más elevado.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 7). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Génesis 6 | Mateo 6 | Esdras 6 | Hechos 6

6 ENERO

Génesis 6 | Mateo 6 | Esdras 6 | Hechos 6

Aunque los siete hombres escogidos en Hechos 6:1–7 para desempeñar ciertas responsabilidades no son llamados “diáconos” de forma explícita, pocos dudan de que ese fue el comienzo de lo que se ha definido como diaconado. Varios puntos requieren un comentario:

(1) Lo que precipita que se dé este paso es un problema particular. Los cristianos judíos de habla griega están disgustados por el poco sustento que reciben sus viudas, en comparación con el de las viudas de los de habla aramea. No se puede determinar en este momento si la acusación estaba o no justificada y, si lo estaba, no se sabe si era un desprecio intencionado o accidental, por el hecho de que los de habla aramea estaban en su terreno y ostentaban probablemente la supremacía. En cualquier caso, la división es al menos tan potencialmente peligrosa para esta gran e incipiente iglesia como la supuesta injusticia que la precipitó. Nótese lo siguiente: (a) La iglesia disponía de su propio sistema de bienestar para los indigentes y desamparados. (b) Es ligeramente reconfortante, irónicamente, descubrir que la primera iglesia se enfrentaba a presuntas iniquidades, injusticias y consiguientes divisiones. (c) Dice aún más el hecho de que se ocupase de esos problemas. (d) Además, es obvio que el tamaño de una iglesia, por no decir sus problemas crecientes de igualdad y comunicación, puede exigir mejoras en la organización y elección de nuevos oficiales.

(2) El razonamiento de los doce es asombrosamente atinado: “No está bien que nosotros, los apóstoles, descuidemos el ministerio de la palabra de Dios para servir las mesas” (6:2). De nuevo, establecen algunos criterios e insisten en que ellos mismos se dedicarán “a la oración y al ministerio de la palabra” (6:4). No tenemos a los doce actualmente, pero pastores, ancianos y supervisores han heredado este ministerio de la palabra y la oración. Esto no sólo incluye enseñar a los demás, sino llevar a cabo con seriedad el estudio, la preparación y la intercesión que están detrás de una buena enseñanza y predicación. Siempre habrá cientos de cosas que nos distraerán. No nos desviemos de lo fundamental.

(3) Los criterios presentados por los doce para su utilización por la iglesia en la elección de los siete hombres no son técnicas de gestión o consejos diplomáticos. Estos hombres deben ser conocidos por ser llenos del Espíritu Santo, de sabiduría y de fe (6:4, 5). Por supuesto, estos criterios incluyen capacidad de gestión: si una persona está llena del Espíritu Santo, será cuidadoso en las relaciones; la “sabiduría” puede incluir habilidades prácticas y piadosas en áreas definidas. No obstante, ante todo, se escoge a estos siete hombres porque son cristianos maduros y piadosos, así como preparados para las tareas que les son asignadas.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 6). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Génesis 5 | Mateo 5 | Esdras 5 | Hechos 5

5 ENERO

Génesis 5 | Mateo 5 | Esdras 5 | Hechos 5

Pasan muchos años de retrasos y decepción antes de que Dios levante a los profetas Hageo y Zacarías (Esdras 5), que instan al pueblo a comenzar de nuevo la construcción del templo. Se habían echado los cimientos, pero no se había hecho nada más. Ahora, bajo el ministerio revitalizante de los dos profetas, la edificación comienza de nuevo.

Este hecho precipita una nueva crisis. Tatenay, gobernador del transÉufrates (desde la perspectiva Persa, la parte de su imperio que se encontraba al oeste del Éufrates, incluyendo el territorio que conocemos como Israel), cuestiona la autoridad de los judíos para embarcarse en este proyecto de construcción. Escribe a Darío, el nuevo rey, que responde de forma positiva en el siguiente capítulo: no solo se permite a los judíos reconstruir, sino que el tesoro del imperio les debe ayudar.

Humanamente hablando, podemos ver por qué cambia la política imperial. Para empezar, hay un nuevo emperador. Una lectura detenida de la carta de Tatenay (5:7–17) muestra que se trata de una misiva notablemente imparcial, relatando los hechos sin prejuicios y simplemente queriendo saber cómo actuar de la forma correcta. Qué diferencia con la extremadamente perversa carta de Rejún y Simsay (4:11–16). Tal como comenta la Escritura, esta era realmente “en contra de los habitantes de Jerusalén” (4:8), una obra malvada que sólo el más astuto monarca hubiese interpretado bien, y Artajerjes no lo era. Así pues, en la particular providencia de Dios, la carta de Esdras 4 bloquea el proyecto, mientras que la del capítulo 5, escrita también por paganos, como la primera, no solo consigue la autorización para el mismo, sino también dinero.

Es importante que los creyentes recuerden que Dios controla de forma soberana innumerables elementos sobre los que tenemos poca influencia. Recuerdo un día, hace más de veinte años, en la capilla de la universidad de Cambridge, en que tuve que hablar acerca de la muerte y el juicio. Me asustaba el debate obligatorio que seguiría a mi exposición. Prediqué con toda la sencillez y fidelidad que pude y tras la reunión nos preparamos para el debate. El capellán estaba seguro de que “surgirían preguntas”. Había un interesante, pero diverso, grupo de personas. Yo esperaba con cierto nerviosismo el primer disparo. Entonces, un profesor de matemáticas al que yo nunca había visto dijo con calma: “si escuchásemos más sermones como este, Inglaterra no estaría inmersa en los problemas que tiene”. Este comentario marcó el tono del resto de la reunión. Todos estaban atentos, y pasé el resto del tiempo explicando el Evangelio. Sin embargo, el hecho de que fuese esa pregunta la que influyó en el tono del debate, y no algún comentario burlón o de desprecio, me hizo ver totalmente la mano de Dios allí.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 5). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Génesis 4 | Mateo 4 | Esdras 4 | Hechos 4

4 ENERO

Génesis 4 | Mateo 4 | Esdras 4 | Hechos 4

En este mundo roto, siempre habrá personas que intentan, de una forma u otra, desanimar y derrotar al pueblo de Dios. Si a esto unimos el desaliento y el sentimiento de fracaso que surgen del interior, las circunstancias pueden parecer desesperadamente sombrías y premonitorias.

En Esdras 4, los enemigos de los exiliados retornados tratan de derrotar a esta pequeña comunidad del pueblo de Dios. Lo intentan de tres formas diferentes.

La primera es hacer causa común con ellos. Suena tan bien: “Permitidnos participar en la reconstrucción, pues nosotros, al igual que vosotros, hemos buscado a vuestro Dios y le hemos ofrecido holocaustos desde el día que Esarjadón, rey de Asiria, nos trajo acá” (4:2). Un incauto hubiese caído en la trampa. Siempre hay lugar para una unidad auténtica, pero un ecumenismo desenfrenado acaba inevitablemente redefiniendo el Evangelio en términos del más bajo denominador posible. Una de las mejores formas de distraer a un grupo y desviarlo de sus propósitos es introducirse en él. Con la pretensión de ayudar, se le debilita, utilizando su energía en otra dirección inocua, como un cáncer que va creciendo y usurpando la fuerza del cuerpo para su propio crecimiento. La estrategia no funciona en este caso, porque los líderes del pueblo de Dios, lejos de alegrarse por la nueva ayuda, la rechazan y evitan ser engañados. Declinan la oferta, lo cual precipita una nueva estrategia por parte de los enemigos, una que desenmascara sus verdaderas intenciones.

La segunda es “desanimar e intimidar a los de Judá para que abandonaran la reconstrucción” (4:4). Parte de su plan se revela en el libro de Esdras, pero Nehemías aún desvela más cosas del mismo. Estos enemigos están tan decididos a provocar el fracaso del pueblo de Dios que incluso sobornan “a algunos de los consejeros para impedirles llevar a cabo sus planes” (4:5). Rumores, amenazas, recortes en los suministros, distracciones que minan la energía, todo ello fraguado por estrategas mercenarios, personas astutas que se creen sabios, influyentes y poderosos, pero que no tienen en absoluto percepción espiritual o moral de la situación.

La tercera es directamente política. En una carta cuidadosamente elaborada, llena de medias verdades, estos enemigos del pueblo de Dios se las arreglan para convencer al rey Jerjes de que bloquee el proyecto de construcción. La prohibición se mantiene durante décadas. Lo que comienza como una barrera política aparentemente insuperable, se establece como una forma de vida. Los propios judíos aceptaron la situación hasta que la poderosa predicación de Hageo y Zacarías (5:1) los sacó de su letargo.

¿Cómo se han utilizado estos tres instrumentos de desánimo en el siglo XX?

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 4). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Génesis 3 | Mateo 3 | Esdras 3 | Hechos 3

3 ENERO

Génesis 3 | Mateo 3 | Esdras 3 | Hechos 3

La absoluta intensidad de las experiencias del pueblo de Dios durante los cinco primeros meses de su retorno a la tierra prometida (Esdras 3) brilla entre las líneas de este texto.

(1) Tienen miedo (3:3). Este es el primer indicio de peligro al que se enfrentan, la fuente del cual queda más clara en los siguientes capítulos. Ciro, el rey persa, ha dado permiso a los judíos para que regresen a su tierra, e incluso ha aprobado ciertos pagos para su sustento y la reconstrucción del templo. Pero las fronteras del imperio están muy lejos del centro y, en las duras políticas del mundo real, la posesión es el noventa por ciento de la ley. Estos judíos son, después de todo, una minoría rodeada de enemigos mucho más fuertes que ellos.

(2) Están decididos (3:3). La oposición entiende que la reconstrucción del templo no es únicamente un símbolo religioso, sino también una señal de poder político creciente. Por tanto, los judíos habían tenido algún incentivo para quedarse tranquilos y mantener un perfil bajo. Sin embargo, su resolución en esta coyuntura es admirable: a pesar de su miedo comprensible, construyen el altar del Señor e instituyen de nuevo el sistema de sacrificios prescrito por la “ley de Moisés, hombre de Dios” (3:2–6), y después proceden con los primeros pasos de la construcción de un nuevo templo.

(3) Están llenos de gozo y alabanza (3:10–11). El momento en que echan los cimientos del nuevo templo da lugar a la adoración de Dios, que está bendiciendo claramente los esfuerzos de su castigada comunidad del pacto. Aquí, no solo encontramos esperanza por un templo, sino por la restauración de la dinastía davídica, el cumplimiento de las promesas gloriosas de esperanza entregadas por los profetas durante las horas más oscuras del exilio de Israel.

(4) Muchos lloran (3:12–13), los ancianos que aún recordaban la figura del magnífico templo de Salomón. En comparación los cimientos de la nueva estructura parecen insignificantes. Sin duda, estas personas estaban agradecidas por esos días de pequeñas cosas; después de todo, ellos mismos habían elegido volver. Sin embargo, esos días siguen siendo pequeños y la intensidad de su respuesta emocional viene dada por las memorias de tiempos pasados.

Al menos estas personas están vivas y ocupándose de los asuntos de su Dios. Puede que en ocasiones sus respuestas no sean las adecuadas y estén llenas de altibajos, pero son reales, vitales, humanas, cargadas de vida y compromiso. No hay desánimo ni tristeza, ni cínicas reservas. No se rinden emocionalmente. Vemos las emociones de un grupo de personas comprometidas, en circunstancias difíciles, a llevar a cabo la voluntad de Dios.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 3). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Génesis 2 | Mateo 2 | Esdras 2 | Hechos 2

2 ENERO

Génesis 2 | Mateo 2 | Esdras 2 | Hechos 2

La gran precisión de los relatos del retorno (Esdras 2) es una de las primeras cosas que sorprenden al lector ocasional de este capítulo. No sólo se menciona con precisión la cantidad de personas involucradas, junto al nombre de sus clanes, sino también el número de sus animales, caballos, mulas, camellos y asnos (2:66). Recordamos la respuesta del anciano puritano al que reprendieron por insistir en dar datos precisos al hablar de Dios y de las enseñanzas de la Biblia. “Caballero”, respondió, “yo sirvo a un Dios preciso”.

Por supuesto, esta solo es una cara de la historia. Ese mismo Dios se deleita en la alabanza espontánea de los niños, que no son conocidos por su rigurosidad. La Biblia que él nos ha dado utiliza imágenes evocadoras, así como informaciones detalladas. Sin embargo, nuestra era está tan comprometida con los sentimientos indefinidos que a menudo se desprecia la precisión en asuntos divinos. Queremos seguir nuestras intuiciones, no las instrucciones que se nos dan; elevamos los sentimientos, no los hechos; ingerimos sensiblería, no verdad.

En este caso, existen varias razones para la precisión del relato. Para empezar, esta confiere autoridad al mismo: no se trata de un rumor distante, sino de un informe detallado de alguien que conocía íntimamente todo lo acontecido. Además, nombrar a esos individuos y sus familias les otorga una aprobación implícita. Innumerables decenas de miles de israelitas nunca regresaron a la tierra prometida; estaban bien asentados donde se encontraban, y la restauración de Jerusalén y del templo era demasiado poco importante para ellos como para justificar semejante trastorno. Sus nombres se han perdido; no tienen ninguna influencia en la extensión de la historia redentora. Sin embargo, los nombres de los retornados se recuerdan y se escriben en la sagrada Escritura. Léalos despacio; despiertan nuestro respeto y gratitud.

No obstante, hay otro elemento presente en la precisión. Algunos de los clanes que regresaron no pudieron demostrar ser descendientes de Israel (2:59); algunos de los que reclamaban pertenecer al linaje sacerdotal se encontraban en el mismo aprieto (2:62). El problema se tomó en serio y el gobernador Zorobabel ordenó que se les excluyese del servicio sacerdotal hasta que el antiguo método de obtener dirección divina, Urim y Tumim, pudiese instituirse de nuevo, permitiendo comprobar la verdad (2:63). Aquí tenemos un pueblo serio con la observación de las estipulaciones del pacto mosaico, con la preservación de la pureza, no solo de la comunidad del pacto en general, sino del sacerdocio en particular, con la obediencia de todas las palabras de Dios. La seriedad con la que emprendieron la enorme empresa del retorno queda demostrada con las ofrendas que dieron para reconstruir la casa de Dios (2:68–69).

Que esta incipiente comunidad posexílica tropezase pronto otra vez, dando lugar a una nueva generación de problemas frescos y viejos pecados, no debe disminuir la fuerza de su ejemplo para los creyentes actuales.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 2). Barcelona: Publicaciones Andamio.