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Génesis 8 | Mateo 8 | Esdras 8 | Hechos 8

8 ENERO

Génesis 8 | Mateo 8 | Esdras 8 | Hechos 8

Nuestra visión es miope y nuestro entendimiento disperso. Es raro que “leamos” bien los acontecimientos que ocurren a nuestro alrededor. Consideremos las consecuencias inmediatas del martirio de Esteban (Hechos 8:1–5). “Aquel día se desató una gran persecución contra la iglesia en Jerusalén” (8:1). Esa situación no fue probablemente demasiado cómoda para los creyentes que pasaron por ella. Sin embargo:

(1) “Todos, excepto los apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaria” (8:1). Sin duda, era más fácil esconder a doce hombres que a los miles de personas que ahora constituían la iglesia. Además, mantenerlos en Jerusalén era dejarlos en primera línea, con lo que podían supervisar en cierto modo los acontecimientos que se desarrollaban tan velozmente.

(2) “Los que se habían dispersado predicaban la palabra por dondequiera que iban” (8:4). Esto indicaba una expansión bastante más rápida del Evangelio que si los apóstoles hubiesen ido de misiones mientras el resto de la iglesia se quedaba en casa. Ahí había una fuerza de miles y miles de personas, la mayoría de las cuales solo “chismorreaban del Evangelio”, mientras otros eran evangelistas altamente preparados, diseminados por la persecución.

(3) “Felipe bajó a una ciudad de Samaria y les anunciaba al Mesías” (8:5). En el libro de Hechos, Lucas frecuentemente hace una afirmación general y después da un ejemplo concreto de la misma. Por ejemplo, en 4:32–36, cuenta cómo los creyentes vendían habitualmente propiedades y ponían los beneficios en la cesta común para ayudar a los pobres. Relata entonces la historia de un hombre en particular, José, apodado Bernabé por los apóstoles, que hace eso mismo. Esto ofrece simultáneamente un ejemplo concreto del hilo general que Lucas acaba de describir, y presenta a Bernabé (que desempeñará un papel más importante más adelante). Este supone a su vez un contraste con Ananías y Safira, que mintieron acerca de los ingresos obtenidos por una venta suya (Hechos 5). De esta forma, el relato sigue adelante. Ocurre lo mismo también en Hechos 8: Lucas describe la dispersión de los creyentes, observando que “predicaban la palabra por dondequiera que iban”, y después menciona una historia particular, la de Felipe. Él fue uno de los siete hombres escogidos para el naciente “diaconado” (Hechos 6); ahora pasa a ser un evangelista estratégico, llevando el Evangelio más allá de una de sus primeras barreras socioculturales: de los judíos a los samaritanos.

(4) “Unos hombres piadosos sepultaron a Esteban e hicieron gran duelo por él. Saulo, por su parte, causaba estragos en la iglesia: entrando de casa en casa, arrastraba a hombres y mujeres y los metía en la cárcel” (8:2–3). El contraste es sorprendente. Saulo cree que está haciendo la obra de Dios; en realidad, los verdaderamente piadosos hacen duelo y entierran al primer mártir cristiano. No obstante, en la peculiar providencia del Señor, este Saulo se convertirá en uno de los misioneros interculturales más importantes de todos los tiempos y autor humano de aproximadamente una cuarta parte del Nuevo Testamento.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 8). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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