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Génesis 4 | Mateo 4 | Esdras 4 | Hechos 4

4 ENERO

Génesis 4 | Mateo 4 | Esdras 4 | Hechos 4

En este mundo roto, siempre habrá personas que intentan, de una forma u otra, desanimar y derrotar al pueblo de Dios. Si a esto unimos el desaliento y el sentimiento de fracaso que surgen del interior, las circunstancias pueden parecer desesperadamente sombrías y premonitorias.

En Esdras 4, los enemigos de los exiliados retornados tratan de derrotar a esta pequeña comunidad del pueblo de Dios. Lo intentan de tres formas diferentes.

La primera es hacer causa común con ellos. Suena tan bien: “Permitidnos participar en la reconstrucción, pues nosotros, al igual que vosotros, hemos buscado a vuestro Dios y le hemos ofrecido holocaustos desde el día que Esarjadón, rey de Asiria, nos trajo acá” (4:2). Un incauto hubiese caído en la trampa. Siempre hay lugar para una unidad auténtica, pero un ecumenismo desenfrenado acaba inevitablemente redefiniendo el Evangelio en términos del más bajo denominador posible. Una de las mejores formas de distraer a un grupo y desviarlo de sus propósitos es introducirse en él. Con la pretensión de ayudar, se le debilita, utilizando su energía en otra dirección inocua, como un cáncer que va creciendo y usurpando la fuerza del cuerpo para su propio crecimiento. La estrategia no funciona en este caso, porque los líderes del pueblo de Dios, lejos de alegrarse por la nueva ayuda, la rechazan y evitan ser engañados. Declinan la oferta, lo cual precipita una nueva estrategia por parte de los enemigos, una que desenmascara sus verdaderas intenciones.

La segunda es “desanimar e intimidar a los de Judá para que abandonaran la reconstrucción” (4:4). Parte de su plan se revela en el libro de Esdras, pero Nehemías aún desvela más cosas del mismo. Estos enemigos están tan decididos a provocar el fracaso del pueblo de Dios que incluso sobornan “a algunos de los consejeros para impedirles llevar a cabo sus planes” (4:5). Rumores, amenazas, recortes en los suministros, distracciones que minan la energía, todo ello fraguado por estrategas mercenarios, personas astutas que se creen sabios, influyentes y poderosos, pero que no tienen en absoluto percepción espiritual o moral de la situación.

La tercera es directamente política. En una carta cuidadosamente elaborada, llena de medias verdades, estos enemigos del pueblo de Dios se las arreglan para convencer al rey Jerjes de que bloquee el proyecto de construcción. La prohibición se mantiene durante décadas. Lo que comienza como una barrera política aparentemente insuperable, se establece como una forma de vida. Los propios judíos aceptaron la situación hasta que la poderosa predicación de Hageo y Zacarías (5:1) los sacó de su letargo.

¿Cómo se han utilizado estos tres instrumentos de desánimo en el siglo XX?

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 4). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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