Un poco de consejo práctico para los cristianos

10 OCTUBRE

1 Reyes 13 | Filipenses 4 | Ezequiel 43 | Salmos 95–96

Un poco de consejo práctico para los cristianos (Filipenses 4:4–9):

(1) “Regocijaos en el Señor siempre” (4:4). Este mandamiento es tan importante que Pablo lo repite. Nuestra responsabilidad de obedecerlo es independiente de las circunstancias, pues no importa cuán miserable sea nuestra situación, el cristiano siempre tiene las razones más profundas para regocijarse en Cristo Jesús: el perdón de pecados y la esperanza de una vida de resurrección en el nuevo cielo y la nueva tierra, por no hablar de la consolación del Espíritu en el presente y mucho más. Hablando en términos prácticos, Pablo sabe bien que el creyente que verdaderamente se regocija en el Señor no puede ser un traidor, ni tramposo, ni quejoso, ni ladrón, ni perezoso, ni amargado ni lleno de odio.

(2) “Vuestra amabilidad sea conocida” (4:5). Es casi una paradoja deliciosa. Nuestra cultura quiere que seamos conocidos por la agresividad o por cierta superioridad o fuerza intrínseca. La persona amable no suele pensar en ser conocida. Pero Pablo quiere que nos esforcemos de tal manera por la amabilidad, que se nos conozca por nuestra gentileza. El fundamento que ofrece Pablo es que “el Señor está cerca”. En este contexto, probablemente no se refiere a la cercanía de la venida del Señor, sino a que el Señor mismo nunca está lejos de su pueblo: está cerca y vela por nosotros, como lo hace todo el tiempo. Esto se convierte en nuestra motivación para actuar como él quisiera que actuáramos.

(3) “No estéis afanosos” (4:6–7). Pablo no es partidario de un escapismo irresponsable, y menos todavía de un optimismo iluso. Más aún, en términos estrictos, no nos está pidiendo sencillamente que dejemos de preocuparnos y ya está; más bien, nos dice cómo dejar de preocuparnos. Debemos reemplazar esta ansiedad constante por otra cosa: “más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presentad vuestras peticiones a Dios y dadle gracias [vuelve el tema de la alabanza]” (4:6). Pablo no niega la agonía y el dolor de muchas de las experiencias humanas. ¿Cómo iba a hacer tal cosa? Sus cartas demuestran que sufrió lo peor. No obstante, conoce la solución. O la preocupación espanta a la oración, o la oración espanta a la preocupación. Más aún, afirma Pablo, esta oración disciplinada, agradecida e intercesora, trae consigo “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento” (4:7).

(4) Tened pensamientos santos (4:8–9). Lo que entra es lo mismo que sale. Somos renovados mediante la transformación de nuestra mente (Romanos 12:1–2). Así que vigila lo que le das a tu mente como alimento; cuida lo que piensas; decídete a dirigir tus pensamientos por canales buenos y saludables, no aquellos caracterizados por la amargura, el resentimiento, la lujuria, el odio o la envidia. Medita sobre todas las cosas que Pablo incluye en su variada lista del versículo 8. Más aún, aquí también Pablo mismo nos sirve de gran ejemplo (4:9: no nos pide que hagamos algo que él mismo no practica).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 283). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La división del reino

9 OCTUBRE

1 Reyes 12 | Filipenses 3 | Ezequiel 42 | Salmo 94

La división del reino en dos partes dispares—el reino de Israel con sus diez tribus al norte y el reino de Judá con dos tribus al sur (1 Reyes 12)—nos presenta una dinámica asombrosa entre la soberanía de Dios y la responsabilidad humana.

Dios ya había anunciado, a través del profeta Ahías, que Jeroboam le arrancaría al sucesor de Salomón las diez tribus del norte (11:26–40). A Jeroboam se le dijo de manera explícita que, si permanecía fiel al Señor, este establecería para él una dinastía. No obstante, una vez Jeroboam asegura las tribus del norte, lo primero que hace es construir becerros de oro en Betel y en Dan, y consagrar sacerdotes no levíticos porque no quiere que su pueblo viaje hasta el templo en Jerusalén (12:25–33). ¿Acaso no se da cuenta de que si Dios tiene el poder para darle las diez tribus y la preocupación de advertirle sobre la infidelidad, ciertamente también lo tiene para preservar la integridad del reino del norte aunque el pueblo suba a Jerusalén para las fiestas principales? No obstante, Jeroboam ejecuta sus juicios políticos, rehúsa obedecer a Dios y se muestra desagradecido ante lo que se le ha concedido. Su único legado duradero es que, en todo el resto del Antiguo Testamento, se le nombra como “Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel” (2 Reyes 14:24, por ejemplo).

Más inexplicable aún es Roboam, el hijo de Salomón. Puede que Salomón haya sido un diestro administrador de la justicia, pero, al final de su vida, sus proyectos enormemente costosos estaban desgastando a su pueblo. Sus representantes le garantizan a Roboam que le serán fieles únicamente si les alivia un poco la carga. Los ancianos le aseguran a Roboam que su petición es razonable: debe tomar la actitud de siervo ante este pueblo y servirle, pues así descubrirá que ellos le servirán para siempre (12:7). Con una enorme insensibilidad y crasa estupidez, Roboam escucha el consejo de “jóvenes” ensimismados que no tenían la menor noción sobre la gente en general y sobre esta nación en particular (12:8), de manera que Roboam responde con dureza, no sólo rechazando la petición del pueblo, sino prometiendo más exigencias y mayor brutalidad. Y, de repente, la rebelión ha comenzado.

Aun así, el escritor comenta: “De modo que el rey no le hizo caso al pueblo. Las cosas tomaron este rumbo por voluntad del Señor, para que se cumpliera lo que ya él le había dicho a Jeroboam hijo de Nabat por medio de Ahías el silonita” (12:15). La soberanía de Dios (ver, por ejemplo, la meditación del 3 de junio) no excusa ni mitiga la insensatez de Roboam ni la rebelión de Jeroboam; su estupidez y pecado no significa que Dios haya perdido el control. Estos misterios de la providencia hacen difícil “leer” la historia; también se vuelven un enorme consuelo y nos permiten descansar en Romanos 8:28.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 282). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¡Cuánto necesitamos a un Salvador, un rey celestial!

8 OCTUBRE

1 Reyes 11 | Filipenses 2 | Ezequiel 41 | Salmos 92–93

En pocas ocasiones encontramos la potencia que tiene la palabra pero en 1 Reyes 11:1: “Pero el Rey Salomón amó… a muchas mujeres extranjeras”. En aquellos días, el tamaño del harén del rey se consideraba un reflejo de su riqueza y poder. Salomón se casó con princesas de todas partes y, en particular, el escritor nos explica con dolor que “procedían de naciones de las cuales el Señor había dicho a los israelitas: «No os unáis a ellas, ni ellas a vosotros, porque de seguro que os desviarán el corazón para que sigáis a otros dioses»” (11:2).

Esto es justamente lo que sucedió, sobre todo cuando Salomón envejeció (11:3–4). No se opuso a la adoración de dioses ajenos. Para complacer a sus esposas, erigió lugares altos, altares y templos para sus deidades. Sin duda, muchos israelitas comenzaron a participar de esta adoración pagana. Como mínimo, a muchos se les debió adormecer su sentido de indignación, ya que Salomón tenía fama de ser un rey sabio, emprendedor y victorioso. Su idolatría pagana se extendió a los dioses detestables a quienes se les ofrecía niños como sacrificio. “Así que Salomón hizo lo que ofende al Señor y no permaneció fiel a él como su padre David” (11:6). Por supuesto que David también falló en ocasiones. No obstante, cuando sufría un desliz en su vida de principios dedicada a Dios, se arrepentía y regresaba al Señor; no vivió en una corriente de descuido religioso progresivo como su hijo y heredero al trono.

Se emitió la sentencia (11:9–13): después de su muerte, el reino de Salomón se dividirá y diez de las tribus se retirarán, dejando sólo dos para la dinastía davídica, y aun este mísero remanente se concede sólo por amor a David. Si Salomón hubiera sido otra clase de hombre, se hubiera arrepentido, buscado el favor del Señor, destruido todos los lugares altos y promovido la fidelidad al pacto. Pero la triste realidad es que Salomón prefirió a sus mujeres y las opiniones de estas antes que al Señor del pacto y la opinión de este. Durante los últimos años de su reino, Salomón recibió bastantes señales de que el favor protector de Dios se estaba retirando (11:14–40). No hay nada más triste que el esfuerzo inútil de Salomón por matar a Jeroboam, evento que nos recuerda el intento de Saúl de matar a David. Pero no vemos movimiento ni arrepentimiento, no hay hambre de Dios.

Aquí tenemos muchas lecciones. Ten cuidado con lo que amas y a quiénes amas. Los buenos comienzos no garantizan finales felices. Atiende a las advertencias de Dios mientras todavía hay tiempo; si no, te endurecerás tanto que ni las más serias amenazas te moverán. La dinastía más bendecida, protegida y dotada, elegida de entre el pueblo escogido de Dios, anuncia su fin: quedará deshecha. ¡Cuánto necesitamos a un Salvador, un rey celestial!

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 281). Barcelona: Publicaciones Andamio.

No te apresures a suponer

7 OCTUBRE

1 Reyes 10 | Filipenses 1 | Ezequiel 40 | Salmo 91

La visita de la reina de Sabá (1 Reyes 10) se ha adornado a menudo en libros y películas hasta convertirse en una historia de amor en la realeza. En el texto bíblico no se aprecia ni una pizca de romance ni de escándalo sexual. La función de la reina de Sabá es demostrar, mediante un ejemplo concreto, que la reputación de Salomón se había extendido a lo largo y lo ancho, y que esa reputación estaba fundamentada en la realidad. Veamos algunas observaciones sobre este encuentro:

Primero, a un nivel un tanto superficial, este relato ofrece la oportunidad de decir algo acerca de la naturaleza de la verdad en el Antiguo Testamento. Algunos han argumentado que ‘emet, la palabra hebrea que se traduce como “verdad”, en realidad significa “fidelidad” o “fiabilidad”, y que se refiere a relaciones y no a aseveraciones. De hecho, algunos afirman que los escritores del Antiguo Testamento sencillamente no tenían una categoría para afirmaciones certeras. Como la mayoría de los errores, este tiene un atisbo de verdad (si se puede usar esta palabra). Ciertamente, ‘emet tiene un abanico más amplio de significados que la palabra verdad y se puede referir a la fidelidad. Pero las palabras también pueden reflejar fidelidad. La reina de Sabá le dice a Salomón que el informe que ella escuchó en su propio país sobre sus logros y sabiduría era ‘emet: verdadero (10:6); más literalmente, dado que el informe fue fiel, es decir, sus aseveraciones eran conformes a la realidad, el informe era la verdad. Basta ya de análisis reduccionista de lo que los hebreos antiguos podían o no saber.

Segundo, gran parte del capítulo presenta descripciones sucintas de la riqueza de Salomón, de su fuerza militar, sus lucrativas expediciones comerciales marítimas, sus instrumentos musicales y mucho más. No obstante, se separa un espacio para varios temas explícitamente teológicos. Alguien de la realeza visitó a Salomón para escuchar su sabiduría, la cual Dios mismo había puesto en su corazón (10:24). En efecto, Salomón gozaba de una extraordinaria reputación por mantener el derecho y la justicia en su reino, de tal manera que la reina de Sabá entendió que sus logros en este sentido demostraban “el eterno amor del Señor por Israel” (10:9).

Tercero, no obstante, todo esto sirve como preámbulo del próximo capítulo. A pesar de la bendición, sabiduría, poder, riqueza, prestigio y honor que Salomón disfrutó y recibió de la mano de Dios, la triste realidad es que su propia conducta preparó el camino para el juicio y la destrucción de la dinastía davídica. Estos desarrollos enrevesados nos esperan en la meditación de mañana. Aquí, nos basta con reflexionar sobre el hecho de que las bendiciones extraordinarias no son necesariamente evidencia de fidelidad. Dado que Dios es tan lento para la ira (¡algo ciertamente bueno!), el juicio que nuestra corrupción merece se suele retrasar bastante. No te apresures a suponer que las bendiciones presentes son señales de fidelidad: el terrible fruto de la infidelidad puede tardar mucho en llegar.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 280). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¡Orad también por mí!

6 OCTUBRE

Por Amor a Dios

1 Reyes 9 | Efesios 6 | Ezequiel 39 | Salmo 90

Justo antes de la despedida de Pablo en su carta a los efesios, invita a sus lectores a orar por él (Efesios 6:19–20): “Orad también por mí para que, cuando hable, Dios me dé las palabras para dar a conocer con valor el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas. Orad para que lo proclame valerosamente, como debo hacerlo”.

(1) En otros lugares, cuando Pablo presenta modelos de oración a sus conversos (Efesios 3:14–21 y Filipenses 1:9–11, por ejemplo), el tema de la misión no aparece tan contundentemente como aquí. Es cierto que, en otras ocasiones, Pablo pide oración (1 Tesalonicenses 5:25), pero aquí especifica lo que él quiere que ellos pidan (comparad con Colosenses 4:4 y 2 Tesalonicenses 3:1). Quiere poder hablar sin temor sobre el “misterio” del evangelio.

(2) Ciertamente, es alentador pensar que Pablo sintió la necesidad de este tipo de oración. A veces, ponemos al apóstol en un pedestal tan alto, que olvidamos que era un mortal ordinario que se enfrentaba a las mismas tentaciones que nos atacan a nosotros. Era muy consciente de lo fácil que es distorsionar el evangelio, recortarlo un poco o esquivar las partes que creemos incomodarán u ofenderán a nuestros oyentes. De manera que sabía que para predicar el evangelio con fidelidad, tendría que hacerlo con valor. Esto no refleja un estilo agresivo. Más bien, significa que Pablo quería hablar sin temor de lo que sus oyentes pensaran o dijeran de él, o de lo que pudieran hacerle, para no distorsionar el evangelio que vino a anunciar.

No requiere mucha imaginación para detectar las maneras como los predicadores del mundo occidental hoy día necesitan desesperadamente esta oración. Supón que le estás predicando a un grupo de estudiantes en una universidad pagana, o a jóvenes empresarios brillantes de una ciudad como Nueva York. Al realizar una exposición sobre Romanos, ¿cómo vas a manejar el tema de la homosexualidad en el capítulo 1 y la elección en el capítulo 9? ¿Cómo hablarás del infierno en los múltiples pasajes en los que Jesús mismo presenta las imágenes más horrendas? ¿Cómo podrías verte tentado a acobardarte al explicar la absoluta exclusividad del evangelio o al hablarles a los ricos sobre el dinero?

(3) No debemos obviar el hecho de que Pablo está dispuesto a pedir oración. Algunos líderes piensan que jamás deben admitir debilidad, temor o necesidad. Actúan como si vivieran por encima de toda lucha. Pablo no es así. Su petición de oración no es pro forma: pide oración para predicar el evangelio sin temor porque lleva tanto tiempo predicando y se conoce a sí mismo tan bien, que reconoce el poder y el peligro de predicar sólo por el aplauso del público. Al pedir oración, confiesa sus temores y asegura el remedio divino.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 279). Barcelona: Publicaciones Andamio.

«Todos los pueblos de la tierra sabrán que el Señor es Dios, y que no hay otro.”

5 OCTUBRE

1 Reyes 8 | Efesios 5 | Ezequiel 38 | Salmo 89

La dedicación del templo en Jerusalén y la oración de Salomón en esa ocasión (1 Reyes 8) sobreabundan en vínculos que se extienden hacia el futuro y el pasado en la historia de la redención.

(1) La estructura del templo es una reproducción proporcional del tabernáculo. De ahí que, continúen los rituales establecidos en el pacto mosaico y el valor simbólico de todo lo que Dios ordenó a través de Moisés: el altar, la mesa para el pan de la consagración, el Lugar Santísimo, los dos querubines sobre el arca del pacto, entre otros.

(2) Lo más espectacular es que, una vez el arca del pacto fue transportada a su nueva morada y los sacerdotes se retiraron, la gloria de Dios—manifestada en el mismo tipo de nube que señalaba la presencia del Señor en el tabernáculo—llenó el templo. Dios no sólo dio su aprobación al templo, sino que un nuevo paso en el propósito progresivo de Dios se había cumplido. Si bien el templo preserva el simbolismo del tabernáculo, este edificio ya no es portátil. Se acabaron los años de deambular errantes, así como la época incierta de los jueces. Ahora, la presencia de Dios, manifestada en este edificio sólido, está vinculada a una localidad: Jerusalén. Una nueva serie de experiencias simbólicas en la historia añade nuevas dimensiones a las riquezas acumuladas que apuntan a la venida de Jesús. Aquí tenemos un reino estable y el reino de Dios; Jerusalén y la nueva Jerusalén; el templo glorioso y la ciudad que no necesita templo porque “el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero son su templo” (Apocalipsis 21:22). Aquí se produce la matanza de decenas de miles de animales y al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

(3) Salomón, en su mejor momento, es perfectamente consciente de que ninguna estructura—ni siquiera esta—puede contener o domesticar a Dios. “Si los cielos, por altos que sean, no pueden contenerte, ¡mucho menos este templo que he construido!” (8:27).

(4) Pero esto no le impide pedirle a Dios que se manifieste en este lugar. Sobre todo, Salomón sabe que lo que más necesitará el pueblo es perdón. De manera que, en abarcadoras y proféticas descripciones de las experiencias que el pueblo pasará, Salomón repite variaciones del estribillo: “Oye desde el cielo, donde habitas; ¡escucha y perdona!” (8:30ss.). Esto da en el clavo: escucha desde el cielo, aunque los ojos del pueblo estén fijados en este templo, y perdona.

(5) La mirada hacia el futuro de Salomón incluye la terrible posibilidad del exilio (8:46–51), seguido por el rescate y la liberación. Más aún, a la vez que Salomón anima al pueblo a la fidelidad (8:56–61), también hace eco de un aspecto prominente del pacto abrahámico (Génesis 12:3): Israel debe ser fiel “así todos los pueblos de la tierra sabrán que el Señor es Dios, y que no hay otro.” (8:60).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 278). Barcelona: Publicaciones Andamio.

“Porque todos somos miembros de un mismo cuerpo”

4 OCTUBRE

D. A. Carson

1 Reyes 7 | Efesios 4 | Ezequiel 37 | Salmos 87–88

Uno de los elementos más notables de las cartas de Pablo es que se le dedica mucho espacio a instruir a la gente sobre cómo vivir. De hecho, toda la Biblia tiene el propósito de enseñarnos qué creer (porque estas cosas son ciertas), pero, a la vez nos señala cómo tener una conducta fiel. Este equilibrio se ve más claramente en las cartas de Pablo.

La razón para que sea tan abarcador se encuentra en la naturaleza de Dios. El Dios de la Biblia, el Dios que está ahí (como nos enseñó a decirlo Francis Schaeffer), es Dios de todo. No es únicamente el Dios de nuestros pensamientos, ni exclusivamente de un ámbito espiritual o religioso. Él es Dios. Como nuestro Hacedor y Gobernante providencial, sus intereses y mandatos abarcan cada aspecto de nuestro ser, creencias, palabras y conducta. De ahí que, mantener una tensión horrible entre nuestro sistema de creencias y nuestra conducta, además de ser una invitación a la esquizofrenia, también es un insulto a Dios, una horrenda rebelión que no deja de ser fea sólo por ser selectiva.

Esto quiere decir que nuestra enseñanza y predicación deben incluir, no únicamente verdades para creer sino también instrucciones sobre cómo vivir. Lo que Pablo escribió en Efesios 4:17–32 es absolutamente ejemplar en este sentido. Nadie puede poner en duda seriamente que esta epístola es rica en doctrina. Aquí, no obstante, vemos a Pablo en insistir que sus lectores ya no anden “más con pensamientos frívolos como los paganos” (4:17). Conecta esta “vanidad”, por un lado con su ignorancia de Dios y, por otro, con su conducta repugnante. “No fue esta la enseñanza que vosotros recibisteis acerca de Cristo” (4:20). Fuisteis creados “a imagen de Dios, en verdadera justicia y santidad” (4:24). Esto implica despojarse “del viejo ropaje” y ser renovados “en el espíritu de vuestra mente” y vestirse “de la nueva naturaleza” (4:22–24).

Todo eso todavía podría parecer un poco abstracto, pero Pablo no da pie a ello. El resto del capítulo es franco y práctico. La conducta que Pablo espera incluye hablar la verdad “porque todos somos miembros de un mismo cuerpo” (4:25), y un compromiso práctico de no permitir que un día termine en enojo, para no darle lugar al diablo (4:26–27). Los ladrones convertidos ya no deben robar. Deben trabajar, hacer algo útil y aprender a ser generosos con lo que ganen (4:28). Al hablar, no sólo debemos eliminar toda blasfemia, vulgaridad o “palabra corrompida”, sino que hemos de aprender a pronunciar palabra “que sea buena para la necesaria edificación” de los demás (4:29). En fin, “Abandonad toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia. Más bien, sed bondadosos y compasivos unos con otros, y perdonandoos mutuamente, así como Dios os perdonó en Cristo.” (4:31–32).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 277). Barcelona: Publicaciones Andamio.

“Apóstoles y Profetas”

3 OCTUBRE

1 Reyes 6 | Efesios 3 | Ezequiel 36 | Salmo 86

Un “misterio” en los escritos de Pablo no suele ser algo “misterioso” y mucho menos un enigma al estilo de las novelas policíacas. Es una verdad o doctrina que, en cierta medida, estaba escondida durante las generaciones anteriores y que ahora, con la llegada del evangelio, se ha descubierto y publicado. A veces el evangelio mismo se trata como un misterio, pero lo más común es que se denomine así algún elemento del evangelio.

En Efesios 3:2–13, Pablo afirma que, junto con otros “apóstoles y profetas” (3:5), disfruta de un conocimiento profundo del “misterio de Cristo… que en otras generaciones no se dio a conocer a los seres humanos, ahora se les ha revelado por el Espíritu” (3:4–5). Luego nos expone el contenido de este misterio: “que los gentiles son, junto con Israel, beneficiarios de la misma herencia, miembros de un mismo cuerpo y participantes igualmente de la promesa en Cristo Jesús mediante el evangelio” (3:6).

Debemos reflexionar sobre las maneras es que estaba escondido este misterio. Las Escrituras del Antiguo Testamento ciertamente en ocasiones adelantaban que la gracia de Dios se extendería a los hombres y las mujeres de todas las razas. El pacto abrahámico anticipó que en la descendencia de Abraham serían benditas todas las familias de la tierra (Génesis 12:3; ver meditación del 11 de enero). ¿Qué hay de escondido en eso? No obstante, el hecho es que el espacio que la Biblia le dedica a la ley de Moisés, sobre todo unido al creciente cuerpo de interpretación que hacía de la ley mosaica el marco interpretativo que controlaba la lectura de gran parte del Antiguo Testamento, causaba que este énfasis más amplio se perdiera de vista. Así que, por un lado, este ocultar se puede ver como un plan cuidadoso de Dios para esconder la gloria de su “propósito eterno” (3:11) hasta que llegara el tiempo adecuado para revelarla. Por otro, el ocultar se debe a la perversidad humana, que lee las Escrituras del Antiguo Testamento de tal manera que domestica y disminuye las verdaderas dimensiones de sus promesas.

Con la llegada de Jesucristo, las formas con las cuales los libros del Antiguo Testamento apuntaban hacia el futuro se hicieron incalculablemente más claras. La gran comisión de Jesús selló la misión de sus discípulos con una dimensión internacional que avergüenza todo parroquialismo. Sobre todo, la comprensión que Jesús tenía del Antiguo Testamento estableció unos nuevos paradigmas. Si se lee correctamente, en su secuencia histórica lineal, el relato del Antiguo Testamento no enfatiza tanto la ley de Moisés como algunos pensaban. De hecho, el pacto mosaico resulta ser un fracaso, en términos de su efectividad para cambiar a la gente. Su mayor éxito radica en suministrar los modelos que predicen cómo sería el máximo salvador, el máximo sacerdote, el máximo templo y el máximo sacrificio. Y Pablo es el apóstol que no sólo predica este misterio, sino que lo hace a los gentiles, los más afectados por su contenido.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 276). Barcelona: Publicaciones Andamio.

“Dios, que es rico en misericordia, nos dio vida con Cristo”

2 OCTUBRE

1 Reyes 4–5 | Efesios 2 | Ezequiel 35 | Salmo 85

A muchos cristianos se les enseña a memorizar Efesios 2:8–9: “Porque por gracia habéis sido salvados mediante la fe; esto no procede de vosotros, sino que es el regalo de Dios, 9 no por obras, para que nadie se jacte”. Ciertamente, estas líneas expresan unas verdades maravillosas. Pero quiero centrarme en algunas de las cosas que dice Pablo en los versículos cercanos.

(1) Antes de nuestra conversión, estábamos, como los efesios, muertos en nuestros “transgresiones y pecados” (2:1), debido a nuestra adicción a la transgresión y al pecado, por nuestra costumbre de seguir los caminos del mundo (2:2), porque hemos sido engañados por el diablo (2:2) a la vez que estamos comprometidos con satisfacer los deseos y pensamientos de nuestra naturaleza pecaminosa (2:3), sencillamente no teníamos manera de responder de manera positiva al evangelio. Peor aún, nuestra trágica incapacidad era moral: “Como los demás, éramos por naturaleza objeto de la ira de Dios” (2:3). No había esperanza alguna para nosotros a menos que Dios mismo interviniera y produjera vida donde sólo había muerte, mostrara misericordia donde su propia justicia exigía la ira.

(2) Esto es lo que hizo Dios mientras aún estábamos muertos, por su gran amor hacia nosotros: “Dios, que es rico en misericordia, nos dio vida con Cristo” (2:4–5). Esto fue por pura gracia: ciertamente, no podíamos ayudarnos a nosotros mismos, pues estábamos “muertos” (2:5).

(3) De hecho, Dios nos une de tal manera a Cristo que, ante sus ojos, ya hemos sido levantados con él y estamos sentados “en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (2:6). Dios ha efectuado estos pasos “para mostrar en los tiempos venideros la incomparable riqueza de su gracia, que por su bondad derramó sobre nosotros en Cristo Jesús” (2:7). De manera que nuestra máxima esperanza y expectativa es lo que todavía nos espera. Ningún cristiano puede ser estable sin ver y valorar esta perspectiva del futuro.

(4) En este momento, Pablo acentúa la absoluta gracia del don de la salvación, un regalo recibido por fe que, en sí mismo, es don de Dios y que es independiente de cualquier obra que podamos ejecutar; porque, si pudiéramos, nos jactaríamos de ellas.

(5) Ahora bien, nada de esto significa que continuamos viviendo como lo hacíamos antes: muertos en delitos, siguiendo nuestros propios deseos y pensamientos. Todo lo contrario: los que hemos recibido la gracia de Dios y la fe para aceptarla, somos “hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica” (2:10). Nadie puede disfrutar de la gracia salvadora sin que luego lleve a cabo buenas obras, de la misma manera que nadie puede experimentar la gracia salvadora sin conocer las incomparables riquezas que nos esperan en la era por venir. ¡Esta gran salvación es un compendio estupendo!

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 275). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Por qué Salomón, se casó con tantas mujeres?

1 OCTUBRE

1 Reyes 3 | Efesios 1 | Ezequiel 34 | Salmos 83–84

Algunos cristianos se preguntan por qué Salomón, si era tan sabio, se casó con tantas mujeres, acabó su reinado bastante mal y no fue leal a Dios.

La respuesta en parte tiene que ver con la diferencia entre lo que para nosotros significa sabiduría y las varias definiciones bíblicas de la misma palabra. Lo que entendemos, suele ser algo bastante genérico como “saber vivir bien y tomar decisiones sabias”. Pero, aunque la sabiduría en la Biblia puede aludir a algo amplio—como, por ejemplo saber vivir en el temor de Dios—muy a menudo se refiere a una destreza particular. Podría ser la habilidad para vivir en un mundo peligroso (Proverbios 30:24) o alguna capacidad técnica (Éxodo 28:3). Pero una de las aptitudes a las que se puede referir la sabiduría es la administración, en especial la administración de la justicia. Y de manera concluyente, eso es lo que Salomón pide en 1 Reyes 3.

Cuando responde a la generosa oferta de Dios de darle lo que pidiera, Salomón reconoce que es un mero niño y que no sabe cómo llevar a cabo sus tareas (3:7). Lo que quiere, entonces, es un corazón que discierna cómo gobernar bien al pueblo, en particular distinguir entre el bien y el mal (3:9). Dios felicita a Salomón por no pedir algo para sí mismo, ni siquiera algo vengativo (la muerte de sus enemigos, por ejemplo), sino “por discernimiento en la administración de la justicia” (3:11). Dios promete darle a Salomón exactamente lo que pidió, junto con riquezas y honor (3:12–13). El relato de las dos prostitutas que reclamaban el mismo bebé vivo y negaban que el muerto fuera suyo, y la resolución de Salomón de su caso (3:16–27), demuestran que Dios contestó la petición del rey. La nación entera percibe que Salomón tiene “sabiduría de Dios para administrar la justicia” (3:28). Ciertamente, a la mayoría de las naciones occidentales hoy día les vendría bien tener gente con dones parecidos.

Si bien Dios aplaude su decisión, esto no implica que tener esta sabiduría es todo lo que necesita Salomón para caminar siendo fiel al pacto. De hecho, aparte de la sabiduría, riqueza y honor que le concederá, Dios le dice que “Si andas por mis sendas y obedeces mis decretos y mandamientos, como lo hizo tu padre David, te daré una larga vida” (3:14). Pero cuando huele amenaza: para asegurar su frontera del sur, Salomón se casó con una princesa egipcia (3:1). Además, dado que los “lugares altos” eran populares, no los abolió, sino que participó de la adoración en ellos (3:2–4).

Dios a veces otorga dones maravillosos de sabiduría— destrezas técnicas, sociales, administrativas y judiciales, pero, a menos que también recibamos de él un corazón dispuesto a amarle verdaderamente y a obedecerle por completo, nuestro camino podría acabar de manera desastrosa.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 274). Barcelona: Publicaciones Andamio.