1 Samuel 23 | 1 Corintios 4 | Ezequiel 2 | Salmo 38

30 AGOSTO

1 Samuel 23 | 1 Corintios 4 | Ezequiel 2 | Salmo 38

En ciertos aspectos, los tres primeros capítulos de Ezequiel describen el llamamiento y la comisión de este profeta: servir en tiempos de decadencia. No todos los llamamientos proféticos son iguales en el Antiguo Testamento. Eliseo sirvió como aprendiz de Elías; Amós recibió el suyo siendo pastor; Samuel oyó por primera vez la voz de Dios cuando aún era un muchacho. Sin embargo, los profetas comisionados a servir en épocas particularmente decadentes tienen rasgos comunes. No podemos detenernos aquí en todas estas características, pero una de ellas surge con gran fuerza en Ezequiel 2.

Dios dice al profeta lo que quiere que este haga. Se le envía a “una nación rebelde que se ha sublevado contra mí” (2:3), a Israel, al menos a esa parte del mismo que se encuentra con él en el exilio. Eran los más dotados, versados, nobles y privilegiados. Desde la perspectiva de Dios, son simplemente “un pueblo obstinado y terco” (2:4). Ezequiel debe decirles: “Así dice el Señor omnipotente” (2:4). Aún no se le ha expuesto el contenido del mensaje del Dios soberano. En su lugar, el resto del capítulo se dedica a garantizar que el profeta entienda que su ministerio gira absolutamente en torno a una cosa: transmitir las palabras de Dios a esta casa rebelde. “Tal vez escuchen, tal vez no, pues son un pueblo rebelde; pero tú les proclamarás mis palabras” (2:7).

Por supuesto, siempre es importante que los profetas y predicadores hablen con fidelidad las palabras de Dios, pero es especialmente urgente en tiempos de decadencia. En periodos de avivamiento y prosperidad, se trata al predicador con respeto y se ensalzan su fidelidad y su conocimiento. Por el contrario, en épocas difíciles, las personas se burlarán y amenazarán a los que comunican la verdad de Dios. Las presiones para borrar lo que el Señor dice son enormes. Se llevan a cabo inteligentes exégesis para hacer que el texto diga lo que no dice realmente, se efectúan silencios selectivos para obviar los aspectos dolorosos, se realiza una hermenéutica interesada para eliminar el mordisco y el aguijón de las Escrituras; todo se hace de rigor, de forma que aún podamos ser aceptados e incluso admirados. No obstante, Dios es consciente del peligro. Desde su perspectiva, el éxito no se mide según la cantidad de personas que Ezequiel gane para él, sino por la fidelidad con la que declare las palabras de Dios. No hacerlo será participar en la rebelión de esta casa “rebelde” (2:8). Es necesaria una valentía piadosa que acabe con el miedo (2:6–7).

¿Dónde se requieren con más urgencia esa fidelidad y esa valentía en el mundo occidental actual?

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 242). Barcelona: Publicaciones Andamio.

1 Samuel 21–22 | 1 Corintios 3 | Ezequiel 1 | Salmo 37

29 AGOSTO

1 Samuel 21–22 | 1 Corintios 3 | Ezequiel 1 | Salmo 37

Ezequiel era coetáneo de Jeremías. Aunque nació en una familia sacerdotal, lo apartaron del templo. En marzo de 597 a.C., lo deportaron a Babilonia, a más de mil cien kilómetros de su tierra, junto al joven rey Jeconías, la reina madre, la aristocracia y muchos de los principales sacerdotes y artesanos. Jeconías estuvo en la cárcel o bajo arresto domiciliario durante treinta y cinco años. La comunidad exiliada, empobrecida y alejada de Jerusalén y del templo, soñaba con nostalgia volver a casa y suplicaba a Dios que los rescatase. No podían concebir que en una década la ciudad fuera totalmente destruida. Trataron de asentarse en los márgenes del río Kebar, probablemente un canal de irrigación procedente del Éufrates. Allí, según Ezequiel 1, a la edad de treinta años y en el quinto de su exilio (es decir, alrededor de 593, seis años antes de la destrucción de Jerusalén), Ezequiel tuvo una visión extraordinaria.

Una explicación detallada de esta visión apocalíptica exige más espacio del que disponemos aquí. No obstante, algunas observaciones son fundamentales:

(1) En términos generales, Ezequiel ve un trono móvil, el de Dios (una vez prediqué sobre este pasaje a algunas personas con deficiencias auditivas, ¡y más de uno creyó que estaba hablando del teléfono móvil de Dios!).

(2) El trono está compuesto por “cuatro seres vivientes”, cada uno de los cuales tenía alas extendidas que se tocaban con las adyacentes, de forma que todas ellas formaban un inmenso cuadrado vacío. Dentro de ese espacio había antorchas, relámpagos y fuego. Cada criatura tenía cuatro rostros, probablemente una forma de indicar que el trono de Dios es inteligente (la cara humana), regio (el león), fuerte (el toro) y compasivo (el águila, cp. Éxodo 19:4; Isaías 40:31). Al lado de cada criatura, había una rueda. Las cuatro parecían estar encajadas entre sí, de forma que no pudiesen caerse. Toda la estructura se mueve en línea recta, como el cursor en un monitor de tres dimensiones, propulsado por las ruedas y las alas adicionales de las criaturas vivientes, dirigida cohesivamente por el Espíritu. Encima de la cabeza de las criaturas, y sustentada por ellas, hay una plataforma como un cuenco gigante, que brilla como el hielo o la escarcha. El trono de Dios se encuentra sobre ella.

(3) La importancia de este trono móvil queda clara más adelante en el libro. En este momento, podemos comprender dos cosas: (a) cuanto más se acerca la visión al propio Dios, se describe a este de forma más distante. La culminación, “tal era el aspecto de la gloria del Señor” (1:28), no da lugar a la concepción de un artista, sino a la adoración; (b) de forma más amplia: las visiones de Dios siempre inducen al quebrantamiento, a la humildad y a la adoración (cp. Isaías 6; Apocalipsis 1; 4–5).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 241). Barcelona: Publicaciones Andamio.

1 Samuel 20 | 1 Corintios 2 | Lamentaciones 5 | Salmo 36

28 AGOSTO

1 Samuel 20 | 1 Corintios 2 | Lamentaciones 5 | Salmo 36

En esta era de la información, muchos de nosotros hemos aprendido a ser lo más breves posible. Mi supervisor en el doctorado me ayudó mucho en este ámbito: aunque mi prosa sigue siendo demasiado dispersa, la concisión y precisión adquiridas deben mucho a su concienzuda corrección de mi trabajo hace un cuarto de siglo. Los directores eficientes aprenden a ser breves; los programadores informáticos son más valorados cuanto más cortos sean los códigos escritos que introducen en las máquinas. Hay muy pocos autores contemporáneos que se atrevan con libros largos y enmarañados, y los editores suelen acortarlos.

No obstante, aquí estamos, leyendo tranquilamente Isaías, Jeremías, Lamentaciones, con Ezequiel por delante, y nos encontramos dando vueltas, una y otra vez, alrededor de los mismos temas: el pecado en la comunidad del pacto; la amenaza del juicio; el mismo llevado a cabo, primero contra las tribus del norte, y después contra Judá. Reconocemos las sutiles diferencias, por supuesto: histórico, apocalíptico, oráculo, lamento, oraciones. Aquí en Lamentaciones 5, la quinta endecha se expresa en forma de larga oración: “Recuerda, Señor, lo que nos ha sucedido; ten en cuenta nuestro oprobio” (5:1). Sin embargo, ¿no nos hemos dicho más de una vez: “Sé que esto es la Palabra de Dios, y sé que es importante, pero creo que ahora comprendo algo de la historia y de la teología del exilio? ¿Por qué no centrarnos en otra cosa?”. Vivimos en una época dominada por la información, queremos brevedad, y en ocasiones la Biblia parece terriblemente discursiva. Así pues, leemos otro capítulo lo más rápidamente posible porque ya “sabemos” todo esto.

Ahí radica parte del problema. Leamos este capítulo de nuevo, despacio, concienzudamente. Está claro que tiene relación con el Israel seis siglos anterior a Cristo, con la destrucción de sus ciudades, su tierra y su templo, con el inicio del exilio. Sin embargo, prestemos atención a la profundidad y la persistencia de las súplicas, al arrepentimiento, al compromiso personal con Dios, a la conciencia cultural, al reconocimiento de la soberanía y la justicia de Dios, al profundo sentimiento de que el pueblo debe volver al Señor si el retorno a la tierra es posible, por no hablar de su significado (5:21). Después, comparemos esto con las ramas del confesionalismo cristiano con las que estemos más familiarizados. En días de decadencia cultural, degradación moral y deterioro eclesiástico a gran escala, ¿son nuestras oraciones como las de Lamentaciones 5? ¿Han ardido en nuestra mente y nuestro corazón los temas de los profetas mayores hasta el punto de que nuestro anhelo es estar junto al Dios viviente? ¿O hemos caído en el espíritu de este siglo, de forma que nos conformamos con ser ricos en información, pero pobres en sabiduría y piedad?

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 240). Barcelona: Publicaciones Andamio.

1 Samuel 19 | 1 Corintios 1 | Lamentaciones 4 | Salmo 35

27 AGOSTO

1 Samuel 19 | 1 Corintios 1 | Lamentaciones 4 | Salmo 35

La cuarta endecha (Lamentaciones 4) aporta diversas imágenes mentales para describir el sufrimiento del asedio final de Jerusalén y más allá. También expone algunas de las razones por las que se impuso el juicio, y acaba con un susurro de esperanza.

El poema comienza comparando a los habitantes de Jerusalén con oro que ha perdido su lustre (4:1). Como este, eran preciados, pero ahora son como los tiestos de arcilla más baratos (4:2). Bajo condiciones de asedio y deportación, la comida es tan escasa que las madres ya no pueden alimentar más a sus hijos; incluso los cachorros de chacal reciben un trato mejor (4:3–4). Dios destruyó Sodoma, conocida por su maldad, con un rápido holocausto, “en un instante” (4:6). Sin embargo, el castigo del pueblo del poeta es mayor que el de Sodoma (4:6); un asedio es algo espantoso y prolongado, y el exilio que le sigue es continuo. El supuesto teológico, desde luego, es que existen grados de culpa: los más conocedores de los caminos de Dios pueden tener menos excusa, y por tanto esperar un juicio más severo (p. ej., Mateo 11:20–24). En cuanto a los miembros de la nobleza, están tan consumidos, degradados y sucios como el resto, por lo que no se les puede distinguir (4:8–9); otra forma de decir que los líderes de la pequeña nación han sido destruidos. Son tan miserables que son inmundos, física y ceremonialmente, como los leprosos que deben sobrevivir a duras penas donde nadie quiere tener contacto con ellos (4:14–15). “El ungido del Señor” (4:20), una referencia al rey Sedequías en este caso, demuestra no servir para nada: “Era él de quien decíamos: ¡Viviremos bajo su sombra entre las naciones!” (4:20), es decir, seguros en el conocimiento de que pertenecía al linaje de David, el ungido del Señor. Sin embargo, al haber destruido la ciudad y el templo, Dios también echó del trono a los descendientes davídicos.

¿Por qué lo hizo? “Por los pecados de sus profetas. Por las iniquidades de sus sacerdotes” (4:13). El escritor no está queriendo decir que los líderes religiosos eran los únicos pecadores, sino que ellos, los que tendrían que haber hecho más para mantener la fidelidad al pacto en la nación, la llevaron a la corrupción y la infidelidad en su lugar. Debido a la posición que ostentaban, lejos de evitar el declive nacional, lo incitaron y aceleraron. ¿Dónde ocurre esto también actualmente?

La historia no acaba aquí. El escritor se mofa de sus vecinos paganos diciéndoles que pueden disfrutar también del momento, porque les llegará el turno. Dios los castigará, al igual que a Israel, y un día la comunidad del pacto, aunque afligida ahora, dejará tras de sí toda huella del exilio (4:21–22). El Ungido del Señor les dará descanso.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 239). Barcelona: Publicaciones Andamio.

1 Samuel 18 | Romanos 16 | Lamentaciones 3 | Salmo 34

26 AGOSTO

1 Samuel 18 | Romanos 16 | Lamentaciones 3 | Salmo 34

Es difícil determinar si la primera parte de Lamentaciones 3 describe la experiencia personal de un individuo (quizás Jeremías), o si este es una figura representativa de toda la nación, después de sufrir una derrota catastrófica, verse sumida en la pobreza y acabar en el exilio. Varios expertos se decantan por la primera opción (p. ej., 3:14, donde esta persona se ha convertido en el hazmerreír “de todo mi pueblo” en lugar de las naciones vecinas). El libro como un todo, y la primera persona del plural que domina en la mayor parte de la segunda mitad de este capítulo, refuerzan ligeramente la otra opinión.

Otro asunto importante es la sorprendente forma en que la esperanza o la confianza irrumpen en dos ocasiones en medio de la angustia más terrible. El primer ejemplo lo encontramos en 3:22–27. A pesar de la horrible devastación, el escritor dice: “El gran amor del Señor nunca se acaba, y su compasión jamás se agota” (3:22). Sus pecados merecen más juicio del que están padeciendo. Dios podía haberlo eliminado completamente. Solo su misericordia evitó que ocurriese. Por muy grandes que fuesen sus sufrimientos, el hecho de que siguiesen existiendo da testimonio de la gracia del Señor hacia ellos. Las misericordias de Dios se renuevan cada día en nuestra experiencia (3:23). Además, los fieles insistirán seguramente en que lo que más quieren no son las bendiciones del Señor, sino a él mismo: “Por tanto, digo: ‘El Señor es todo lo que tengo. ¡En él esperaré’ ” (3:24). Se trata de una postura moral: señala el final de la autosuficiencia y el egoísmo que pensaban que podían burlarse de Dios. Para este escritor, el castigo está teniendo el efecto deseado: está llevando al pueblo de vuelta a Dios.

El segundo bloque de esperanza es una retrospectiva de las maneras como Dios ya ha contestado anteriormente (3:55–57), las cuales pasan a ser entonces una súplica pidiendo vindicación (3:58–64). La simplicidad absoluta del primero de estos dos pasajes es profundamente convincente, la herencia de muchos creyentes que han pasado por las aguas oscuras: “Desde lo más profundo de la fosa invoqué, Señor, tu nombre, y tú escuchaste mi plegaria; no cerraste tus oídos a mi clamor. Te invoqué, y viniste a mí; ‘No temas’, me dijiste” (3:55–57). La oración que sigue, en la que pide vindicación, no debe reducirse a una venganza implacable. Si Dios es justo, al igual que ha castigado al pueblo de su pacto, debe impartir justicia sobre aquellos que han atacado cruelmente a los demás, incluso si lo han hecho porque él lo había preparado así en su providencia para castigar a los suyos. Dios mismo insiste en este concepto en otros pasajes (p. ej., Isaías 10:5ss.).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 238). Barcelona: Publicaciones Andamio.

1 Samuel 17 | Romanos 15 | Lamentaciones 2 | Salmo 33

25 AGOSTO

1 Samuel 17 | Romanos 15 | Lamentaciones 2 | Salmo 33

Este delicioso himno de alabanza (Salmo 33) se centra en lo que Dios es y en lo que hace. Es tan maravillosamente fecundo, que aquí no podemos hacer más que llamar la atención sobre algunos de sus evocadores temas.

(1) El Señor es justo y “es propio de los íntegros” alabarle (33:1). La adoración fiel y reflexiva es, en parte, una adoración a Dios por su carácter. Aquellos que reflejan el mismo carácter, aunque de forma tenue, le adorarán fervientemente por su perfección. Así pues, este acto tiene relación con la transformación moral del adorador.

(2) El salmista imagina una creatividad musical, habilidades instrumentales consumadas y fervor (33:3), una combinación bastante poco frecuente en la adoración colectiva evangélica.

(3) El carácter de Dios y su obra no pueden separarse de su palabra (33:4–9), lo cual no sólo se debe a que esta sea tan justa, verdadera, fiable (“fiel”) y amorosa como él, sino a que es eficaz, algo que vemos claramente en la creación: “Por la palabra del Señor fueron creados los cielos, y por el soplo de su boca, las estrellas” (33:6).

(4) Dios es totalmente soberano. Desbarata los planes de las naciones, pero nadie puede frustrar los suyos (33:10–11): “Los planes del Señor permanecen firmes para siempre; los designios de su mente son eternos”.

(5) Aunque Dios es soberano sobre toda la raza humana y es el juez de todos, es particularmente el Dios del pueblo de su propio pacto (33:12–15).

(6) El simple poder, lejos de la bendición y la aprobación de Dios, no salva a las naciones. Por supuesto, él bien puede utilizar toda su fuerza y su soberana providencia opera incluso en la preparación de los grandes imperios que castigaron a su propio pueblo. Sin embargo, limitarse a confiar en el poder es olvidarse de quien concede la fuerza, la riqueza y la bendición. Además, el Señor es perfectamente capaz de destruir cualquier nación, de hundir al más poderoso. “Vana esperanza de victoria es el caballo [o un tanque]; a pesar de su mucha fuerza no puede salvar” (33:17). La única esperanza se encuentra en Dios: “Pero el Señor cuida de los que le temen, de los que esperan en su gran amor” (33:18).

(7) Dado que él es el tipo de Dios que realmente está ahí, que él es el Dios que adoramos, los tres versículos finales están inevitablemente llenos de júbilo. En ellos encontramos una base adecuada para esperar en él: “Esperamos confiados en el Señor; él es nuestro socorro y nuestro escudo. En él se regocija nuestro corazón, porque confiamos en su santo nombre. Que tu gran amor, Señor, nos acompañe, tal como lo esperamos de ti” (33:20–22).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 237). Barcelona: Publicaciones Andamio.

1 Samuel 16 | Romanos 14 | Lamentaciones 1 | Salmo 32

24 AGOSTO

1 Samuel 16 | Romanos 14 | Lamentaciones 1 | Salmo 32

Antes de comentar Lamentaciones 1, haremos algunas observaciones acerca del libro como un todo.

(1) En hebreo, la primera palabra del libro significa “Ay, cuán [desolada de encuentra la ciudad]” y es el título en la Biblia hebrea. Más adelante, los escritores hebreos se referían al libro utilizando esta palabra u otra que significa “lamentaciones”.

(2) Las primeras traducciones griegas y latinas de este pequeño libro lo atribuyen al profeta Jeremías. Es muy posible que así sea, pero, estrictamente hablando, la obra es anónima.

(3) Lamentaciones se compone de cinco poemas, cinco endechas, cada uno de los cuales ocupa un capítulo. Los primeros cuatro son acrósticos: es decir, las veintidós consonantes del alfabeto hebreo introducen respectivamente cada una de las veintidós estrofas de cada poema (aunque existen pequeñas irregularidades en los capítulos 2; 3 y 4). En los tres primeros poemas, cada estrofa consta normalmente de tres líneas con cierto tipo de paralelismo (excepto 1:7 y 2:19, que tienen cuatro líneas). En el tercer poema, cada línea de cada estrofa comienza con la misma consonante hebrea que introduce esa endecha. El cuarto poema sólo tiene dos líneas por estrofa. El quinto, aunque sigue siendo poético, no es un acróstico. Se compone de veintidós líneas que se asemejan a algunos salmos de lamento colectivo (p. ej., Salmos 44, 80).

(4) No existe una línea de pensamiento definida dentro de cada capítulo o del libro en conjunto. Ciertos temas siguen apareciendo, por supuesto, pero en general el libro es impresionista, lleno de imágenes poderosas que refuerzan una serie de verdades candentes.

Si Job trataba acerca de las calamidades que cayeron sobre un hombre justo y, por tanto, del problema del sufrimiento inocente, Lamentaciones habla del desastre sufrido por una nación culpable. Los que siembran vientos recogen tempestades. Estos poemas vindican a Dios mientras describen, de forma honesta y poderosa, el sufrimiento de la nación. El Señor controla la historia, los seres humanos no. Nadie puede burlarse del Todopoderoso. La justicia prevalecerá definitivamente en ella, porque Dios es justo.

Dos desafíos finales: (a) leamos este primer capítulo e identifiquemos cada una de las imágenes que el escritor menciona, preguntándonos qué aportan al capítulo y cómo están relacionadas con otros pasajes bíblicos (si es que lo están). Por ejemplo, el versículo 10 recuerda que únicamente el sumo sacerdote podía entrar en el lugar santo, y ahora los paganos no solo lo han hecho, sino que han destruido el templo. Teológicamente hablando, este acontecimiento está vinculado al hecho de que la gloria de Dios abandonó el templo (cp. Ezequiel 8–11), demostrando, entre otras cosas, que la presencia de Dios es mucho más importante que el edificio; (b) ¿Qué hay de piadoso en 1:21–22?

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 236). Barcelona: Publicaciones Andamio.

1 Samuel 15 | Romanos 13 | Jeremías 52 | Salmo 31

23 AGOSTO

1 Samuel 15 | Romanos 13 | Jeremías 52 | Salmo 31

El apéndice histórico a la profecía de Jeremías (Jeremías 52) impone un “giro” sobre el libro como un todo. Sin él, ciertos puntos quedarían colgando, es decir, seguirían formando parte del cuerpo del mismo, pero no se podrían destacar de forma tan poderosa como lo hace este apéndice.

En primer lugar, puede resultar útil comentar varios detalles históricos de este informe. Sorprende bastante que no se haga mención de las instrucciones de Nabucodonosor para la protección de Jeremías. Sin embargo, el interés reside realmente en el movimiento histórico general, no en las circunstancias personales del profeta. Algunos de los detalles complementan el relato de 2 Reyes 25. Este libro, por ejemplo, no habla del encarcelamiento de Sedequías (Jeremías 52:11). Seraías, el sacerdote principal (52:24), uno de los líderes ejecutados, era nieto de Hilcías, sumo sacerdote durante el reinado de Josías, cuyo linaje procedía de Aarón (cp. 1 Crónicas 6:13–15). Las cifras de deportados (52:28–30) son mucho menores que las mencionadas en 2 Reyes 24. Probablemente, en Reyes se habla de totales, mientras que aquí se hace referencia a varones adultos o a varones adultos de cierto rango. La variación de datos entre 2 Reyes 25:8 y Jeremías 52 es el reflejo, respectivamente, de los métodos judío y babilónico de datación de reinados. El hijo de Nabucodonosor, Evil Merodac (52:31, Amel Marduk en las fuentes babilónicas) reinó únicamente un año (561–560 a.C.). Los archivos babilónicos confirman que Jeconías se encontraba entre los que disfrutaron de la generosidad de este emperador.

En segundo lugar, deberíamos aislar los efectos teológicos de leer este capítulo al final del libro. Destacan dos elementos: (a) los detalles históricos recuerdan al lector que todo lo que Jeremías predijo se cumplió. Como no se nombra al profeta, estas palabras adquieren más intensidad aún: Dios hizo todo lo que dijo que haría. El pecado del pueblo persistió. Era corrosivo, perverso. No había arrepentimiento por su parte. Lejos de ablandar a los israelitas, la promesa de juicio, que Dios retrasó una y otra vez, simplemente endureció su corazón. El juicio prometido cayó finalmente sobre ellos. Nos viene a la mente el razonamiento de 2 Pedro 3; (b) Los versículos finales del capítulo (52:31–34) indican que el rey davídico legítimo quedó libre de su encarcelamiento y recibió un trato de honor durante sus últimos años de vida. Por supuesto, nunca regresó a Jerusalén ni a ninguna otra parte de la tierra de Israel. No obstante, los lectores concienzudos no pueden evitar reflexionar sobre el hecho de que el libro no termina en juicio. Sigue habiendo un hilo de esperanza. Dios no ha acabado aún con la dinastía de David. El primer bosquejo de las promesas de la profecía de Jeremías se atisba sobre el horizonte.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 235). Barcelona: Publicaciones Andamio.

1 Samuel 14 | Romanos 12 | Jeremías 51 | Salmo 30

22 AGOSTO

1 Samuel 14 | Romanos 12 | Jeremías 51 | Salmo 30

El cristiano experimenta en muchas ocasiones la liberación casi inefable de ser llevado de la desesperación, la enfermedad, una derrota catastrófica o un sentimiento de distanciamiento de Dios, a un estado de seguridad, salud, victoria o intimidad espiritual con nuestro Hacedor y Redentor. Ciertamente, David vivió estas experiencias. El Salmo 30 recoge cómo se deleita durante uno de esos agradables trayectos.

El salmo se divide en tres partes. En la primera (30:1–5), David describe la maravillosa transformación. En la segunda (30:6–10), habla de la autocomplacencia que lo hizo caer primeramente, antes de los primeros cinco versículos o en otro ciclo de lo mismo. En la última parte (30:11–12), concluye con el mismo gozo eufórico que expone en los primeros cinco versículos, mientras traspasa los límites del lenguaje para describir la gloriosa transformación del lamento en danza, y del cilicio en vestiduras de alegría.

La lista de contrastes del salmo captura al corazón y a la imaginación. Podemos reflexionar aquí sobre un par de ellos: “Porque solo un instante dura su enojo, pero toda una vida su bondad. Si por la noche hay llanto, por la mañana habrá gritos de alegría” (30:5).

David está escribiendo desde su perspectiva como miembro de la comunidad del pacto. Dios todopoderoso está vinculado con ellos por medio de un juramento y un pacto solemnes. Si pecan, él no los elimina: “Solo un instante dura su enojo”; sus castigos, aunque severos, son temporales. Su postura básica con ellos es de gracia: su bondad dura “toda una vida”. Los primeros versículos ponen de manifiesto que David no está pensando en la nación, sino en su experiencia individual. Por tanto, lo que es cierto para el pueblo de Dios como colectivo lo es para él en particular: el Señor puede castigarle por diversas razones, pero fundamentalmente le brinda su misericordia y gracia, durante toda la vida. Disfrutando en la presencia y bendición de Dios, David considera su reciente experiencia y se alegra porque el “llanto” de la noche se convertirá en “gritos de alegría” por la mañana.

Existen muchos contrastes de este tipo en la Escritura, y no pocos vinculados al nuevo pacto. El apóstol Pablo puede hablar de nuestros “sufrimientos ligeros y efímeros” (¡aunque, según nuestro cómodo modelo occidental, estos no eran ni ligeros ni efímeros!). Ellos logran para nosotros una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento (2 Corintios 4:17) y en una escala en que son verdaderamente livianos y momentáneos. Pablo está simplemente siguiendo a Jesús, “quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios” (Hebreos 12:2).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 234). Barcelona: Publicaciones Andamio.

1 Samuel 13 | Romanos 11 | Jeremías 50 | Salmos 28–29

21 AGOSTO

1 Samuel 13 | Romanos 11 | Jeremías 50 | Salmos 28–29

Los últimos versículos del Salmo 28 tratan varios temas prominentes en teología bíblica:

(1) El primero y más obvio es la alabanza incontenible de 28:7: “El Señor es mi fuerza y mi escudo; mi corazón en él confía; de él recibo ayuda. Mi corazón salta de alegría, y con cánticos le daré gracias”. Aquí no vemos una fe resignada, sino más bien una fe que surge de (o produce) un corazón que salta de alegría” y se expresa en un cántico agradecido. No podemos leer el libro de Salmos sin reconocer que la auténtica fe no produce una respuesta emocional estereotipada. Dadas diferentes series de circunstancias, la fe genuina puede vincularse con una confianza casi desesperada y una petición angustiosa, con una confianza y constancia tranquilas, con una alabanza que sobrepasa los límites de la euforia dentro de una espontaneidad espectacular. En este pasaje, la fe tiene que ver más con esta última opción, porque el Señor ya ha oído el clamor de David pidiendo misericordia (28:6).

(2) A lo largo de los siete primeros versículos del salmo, las peticiones y alabanzas de David aparecen en primera persona del singular; surgen de su posición individual. Los dos últimos versículos se centran en el “pueblo” de Dios (28:8–9), su “heredad” colectiva (28:9). En lo que respecta al lenguaje utilizado, este es la consecuencia de la meditación de David en el “ungido” de Dios (28:8), la palabra que acaba generando finalmente el término “mesías”. Como rey, el propio David es el “ungido” real, el “mesías” real. No obstante, como Dios ha escuchado sus oraciones, le ha mostrado su misericordia y ha dado lugar a su gozosa adoración, su experiencia individual debería ser un paradigma para la comunidad del pacto en toda su extensión. Él representa a sus miembros y existe un profundo sentido en el cual ellos son colectivamente el “ungido” de Dios, su “hijo” (cp. Éxodo 4:22, otro título aplicado tanto a Israel por completo como a su rey de forma distintiva). La expresión “ungido” en un salmo davídico nos empuja a pensar inevitablemente en el rey; el paralelismo del versículo 8 muestra que la expresión se refiere aquí a Israel: “El Señor es la fortaleza de su pueblo, y un baluarte de salvación para su ungido” (cursivas añadidas). El lector concienzudo reflexiona sobre la manera como están vinculados David y el pueblo, y en que Jesús el Mesías (esto es, Jesús el Ungido) no sólo brota del linaje davídico, sino que se manifiesta tanto como rey davídico y personificación de Israel definitivos.

(3) La última línea trae a la mente una agradable verdad. David escribe: “Salva a tu pueblo, bendice a tu heredad, y cual pastor guíalos por siempre” (28:9, cursivas añadidas). Reflexionemos sobre pasajes como Salmos 23; Ezequiel 34; Lucas 15:1–7; Juan 10; 1 Pedro 5:1–4.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 233). Barcelona: Publicaciones Andamio.