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1 Samuel 14 | Romanos 12 | Jeremías 51 | Salmo 30

22 AGOSTO

1 Samuel 14 | Romanos 12 | Jeremías 51 | Salmo 30

El cristiano experimenta en muchas ocasiones la liberación casi inefable de ser llevado de la desesperación, la enfermedad, una derrota catastrófica o un sentimiento de distanciamiento de Dios, a un estado de seguridad, salud, victoria o intimidad espiritual con nuestro Hacedor y Redentor. Ciertamente, David vivió estas experiencias. El Salmo 30 recoge cómo se deleita durante uno de esos agradables trayectos.

El salmo se divide en tres partes. En la primera (30:1–5), David describe la maravillosa transformación. En la segunda (30:6–10), habla de la autocomplacencia que lo hizo caer primeramente, antes de los primeros cinco versículos o en otro ciclo de lo mismo. En la última parte (30:11–12), concluye con el mismo gozo eufórico que expone en los primeros cinco versículos, mientras traspasa los límites del lenguaje para describir la gloriosa transformación del lamento en danza, y del cilicio en vestiduras de alegría.

La lista de contrastes del salmo captura al corazón y a la imaginación. Podemos reflexionar aquí sobre un par de ellos: “Porque solo un instante dura su enojo, pero toda una vida su bondad. Si por la noche hay llanto, por la mañana habrá gritos de alegría” (30:5).

David está escribiendo desde su perspectiva como miembro de la comunidad del pacto. Dios todopoderoso está vinculado con ellos por medio de un juramento y un pacto solemnes. Si pecan, él no los elimina: “Solo un instante dura su enojo”; sus castigos, aunque severos, son temporales. Su postura básica con ellos es de gracia: su bondad dura “toda una vida”. Los primeros versículos ponen de manifiesto que David no está pensando en la nación, sino en su experiencia individual. Por tanto, lo que es cierto para el pueblo de Dios como colectivo lo es para él en particular: el Señor puede castigarle por diversas razones, pero fundamentalmente le brinda su misericordia y gracia, durante toda la vida. Disfrutando en la presencia y bendición de Dios, David considera su reciente experiencia y se alegra porque el “llanto” de la noche se convertirá en “gritos de alegría” por la mañana.

Existen muchos contrastes de este tipo en la Escritura, y no pocos vinculados al nuevo pacto. El apóstol Pablo puede hablar de nuestros “sufrimientos ligeros y efímeros” (¡aunque, según nuestro cómodo modelo occidental, estos no eran ni ligeros ni efímeros!). Ellos logran para nosotros una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento (2 Corintios 4:17) y en una escala en que son verdaderamente livianos y momentáneos. Pablo está simplemente siguiendo a Jesús, “quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios” (Hebreos 12:2).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 234). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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