“Día del juicio”

29 AGOSTO

1 Samuel 21–22 | 1 Corintios 3 | Ezequiel 1 | Salmo 37

Las dos metáforas que Pablo utiliza en 1 Corintios 3:5–15 logran más o menos lo mismo, aunque cada una tiene un matiz especial del que la otra carece.

En la metáfora agrícola (3:5–9), el Señor es el agricultor, Pablo prepara la tierra y siembra la semilla, Apolos riega las plantas nacientes y los corintios son “el campo de cultivo de Dios” (5:9); en efecto, “colaboradores de Dios” (es decir, son colaboradores que le pertenecen a Dios, no obreros a la par con Dios). No sólo esto, sino que ni Pablo ni Apolos pueden garantizar que haya fruto: sólo Dios hace crecer la semilla (3:6–7). Entonces, ¿por qué adoptar una postura reverente hacia Pablo o Apolos?

La metáfora arquitectónica llega inicialmente a la misma conclusión: todos los edificadores contribuyen a un edificio y por ello, no se debe idolatrar a ninguno. Ahora los corintios ya no son el campo, sino el edificio mismo (3:9–10). Pablo echó los cimientos del edificio; en otras palabras, fundó la iglesia de Corinto. El fundamento que Pablo puso fue Jesucristo mismo (3:11). Desde su partida de este proyecto de construcción, otros han venido y han edificado sobre estos cimientos. Por lo tanto, hasta este punto la metáfora arquitectónica lleva implícitamente el mismo mensaje que la metáfora agrícola presentó de manera explícita.

Pero, ahora, la metáfora de la arquitectura toma una dirección un tanto diferente. Pablo insiste en que los edificadores posteriores tienen la responsabilidad de elegir cuidadosamente los materiales que usarán en esta construcción (3:12–15). Viene un “día del juicio” (3:13) en el que el fuego consumirá todo lo que no sea precioso a los ojos de Dios. Es posible que un edificador use materiales tan cutres que, al final, todo lo que haya construido quede destruido, aunque él mismo logra escapar del fuego.

Dos observaciones: (1) La persona acerca de la que Pablo afirma que “será salvo, pero como quien pasa por el fuego” (3:15) no se trata de un cristiano meramente nominal cuya conducta es imposible de distinguir de la de cualquier pagano. Estos no entrarán al reino (6:9–10). Esta persona es un “edificador”, no es de la masa de cristianos que forman parte del “edificio” (3:10). La pregunta es si estos evangelistas y pastores están usando los materiales correctos. (2) En 3:16–17, el edificio—la iglesia de Dios—se convierte en un templo. Más adelante, el templo de Dios es el cuerpo de cada cristiano individual (6:19–20), pero aquí se refiere a la iglesia local. Dios ama tanto a este edificio, que amenaza abiertamente con destruir a aquellos que derriben el templo de Dios. Si dañas a la iglesia, profanas el templo de Dios y él te destruirá.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 241). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Jonatán y David

28 AGOSTO

1 Samuel 20 | 1 Corintios 2 | Lamentaciones 5 | Salmo 36

No hay muchos capítulos en la Biblia que le dediquen bastante espacio al tema de la amistad, pero 1 Samuel 20 es uno de ellos.

Hablando estrictamente, 1 Samuel 20 no trata sobre la amistad per se, de la manera en que un novelista dotado exploraría el tema. El relato se encuentra dentro de la extensa narración de la decadencia de Saúl y el ascenso de David, un momento importante de cambio en la historia de la redención. No obstante, la manera como se desarrolla el relato le da un énfasis importante en la relación entre Jonatán y David.

Jonatán resultó ser un joven sumamente admirable. Con anterioridad, había demostrado considerable valentía física cuando él y su escudero derrotaron a un contingente de filisteos (1 Samuel 14). Cuando David vino a formar parte de la corte real, uno podría esperar que Jonatán demostrara muchas emociones malignas: celos ante la popularidad de David y su competencia militar, e incluso temor de que algún día le usurpara su derecho al trono. Pero “el alma de Jonatán quedó ligada con la de David, y lo amó Jonatán como a sí mismo” (18:1). Hizo un “pacto” con David que le convirtió, efectivamente, en su propio hermano (18:3–4); es impresionante que un miembro de la realeza tome semejante paso con un plebeyo. Al llegar al capítulo 20, Jonatán es consciente de que algún día David será rey. No podemos estar seguros de cómo adquirió este conocimiento. Debido a su amistad, puede que David le contara a Jonatán el ungimiento que Samuel le hizo.

Jonatán no sólo no comparte la maldad de su padre, sino que, habiendo efectuado anteriormente una reconciliación entre Saúl y David (19:4–7), le cuesta creer que su padre esté tan implacablemente determinado a matar a David, como piensa David (20:1–3). Así, entra en vigor el plan elaborado de este capítulo. Jonatán descubre que su propio padre está decidido a matar a su mejor amigo. De hecho, su padre está tan furioso, que el mismo Jonatán está en peligro de muerte (20:33).

David y Jonatán se encontraron. Renovaron su pacto, algo que volverán a hacer más adelante (23:17–18). David, por su parte, promete cuidar a la familia de Jonatán cuando ya no esté, un presagio de lo que vendrá y muy distinto de la acostumbrada masacre que por lo general acontecía cuando un rey buscaba eliminar todos los potenciales herederos de una dinastía previa.

Pero tal vez lo más chocante es que Jonatán se queda en la ciudad con su padre. La realidad es que elegimos a nuestros amigos, pero no a nuestra familia; sin embargo, nuestra responsabilidad hacia nuestra familia ocupa un lugar primordial. De otra manera, la amistad misma se convierte en una excusa para un nuevo tipo de egoísmo.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 240). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Justificación y la Santificación

27 AGOSTO

1 Samuel 19 | 1 Corintios 1 | Lamentaciones 4 | Salmo 45

Los evangélicos suelen crear una línea divisoria entre la justificación y la santificación. La justificación es la declaración por parte de Dios de que un pecador individual es justo, una declaración que no se fundamenta en que la persona sea justa, sino en que Dios acepta la muerte de Cristo en lugar de la del pecador, al que Dios le imputa la justicia de Cristo. Marca el inicio del peregrinaje del creyente. Desde el punto de vista de este, ser justificado es una experiencia vinculada a los buenos propósitos de Dios en la muerte de Cristo, de una vez y por todas.

Por otro lado, en la tradición protestante, la santificación se ha entendido normalmente como el proceso mediante el cual los creyentes se van tornando progresivamente más santos. (En griego, como en español, las palabras santo, santificado y santificación tienen la misma raíz.) Esto no es una experiencia de una sola vez, sino que refleja un peregrinaje de toda la vida, un proceso que no se completará hasta llegar el nuevo cielo y la nueva tierra. No es algo a lo cual Dios nos invita, sino que es lo que debemos ser, por el poder que él nos da para serlo.

No distinguir entre la justificación y la santificación suele provocar que se desdibuje la idea de la justificación. Si esta toma un matiz de crecimiento personal en justicia, fácilmente se pierde la naturaleza forense y declarativa de la justificación, y empezamos a dejar que se cuele por la puerta de atrás una especie de justicia por obras.

Históricamente, por supuesto, queda justificada la advertencia. Uno siempre debe estar vigilante para preservar el énfasis de Pablo en la justificación. Pero este análisis no siempre ha favorecido a la familia léxica de la palabra SANTIFICACIÓN. Los estudiosos de Pablo se han dado cuenta de que a veces se habla de ser “santificados” en un sentido POSICIONAL o por DEFINICIÓN; es decir, estas personas están separadas para Dios (POSICIONAL) y por ello ya son santificadas (por DEFINICIÓN). En dichos pasajes, no se habla de un proceso de volverse progresivamente más santo.

La mayoría de las ocasiones en las que Pablo habla de ser “santos” o “santificados” queda dentro de este campo de la teoría POSICIONAL o por DEFINICIÓN. Ciertamente es así en 1 Corintios 1:2: Pablo escribe “a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús y llamados a ser su santo pueblo”. Los corintios ya son santificados; han sido separados para Dios. Por lo tanto, han sido llamados a ser santos; es decir, a vivir su vida de acuerdo con su llamado (en lo cual, a nivel general, han fracasado olímpicamente, a juzgar por el resto del libro).

Por supuesto que hay muchos pasajes que hablan de crecimiento y mejoría que no usan la palabra SANTIFICACIÓN; para empezar, medita en Filipenses 3:12–16. Si decidimos tomar prestado de la teología sistemática el término SANTIFICACIÓN para describir este crecimiento, no está mal. Pero entonces, no debemos darle este significado al uso de Pablo cuando se trata de otra cosa.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 239). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¡Celos!

26 AGOSTO

1 Samuel 18 | Romanos 16 | Lamentaciones 3 | Salmo 34

Los celos que se describen en 1 Samuel 18 son algo terrible.

(1) Se fundamenta en un enfoque en uno mismo que es feo y sin restricción. En su mundo, Saúl necesitaba ser el número uno. Esto significa que nadie podía superarle en nada porque le provocarían celos. Ni por un instante ve las cosas desde la perspectiva de los demás: la de David, por ejemplo, o la de Jonatán. Decididamente tampoco puede ver nada desde la perspectiva divina. Su autoenfoque parte del egocentrismo que se encuentra en el corazón de toda la pecaminosidad humana, pero, por su intensidad y magnitud, cobra tal dimensión que, a la vez, pierde contacto con la realidad y adopta la idolatría más elemental.

(2) Se ve impulsado por innumerables comparaciones, eternas evaluaciones de quién está arriba y quién abajo. Por lo tanto, si los éxitos de David redundan a favor de Saúl, este se complace; pero si alguien hace alguna comparación entre Saúl y David que de alguna manera desacredita a Saúl, se pone celoso (18:7–8). Mientras los logros de David fueran un indicador de que “el Señor estaba con David” (18:12–28), Saúl siente celos porque sabe que el Señor no está con él. La tragedia es que reconocer esto no le lleva al arrepentimiento, sino a los celos, intensificados incluso por el amor de Mical, la hija de Saúl, hacia David (18:28–29). Actuar así está inevitablemente encadenado al temor; una y otra vez se nos dice que Saúl sentía temor hacia David (18:12, 15, 29). David se había convertido en una amenaza insoportable. Unos celos así no pueden tolerar las habilidades de los demás.

Hay que decir que muchos líderes, incluso cristianos, aunque no sucumben a este grado de maldad, gustan rodearse de personas menos competentes, pensando que de esa manera podrán preservar su propia imagen o autoridad. No lo logran, por supuesto; sencillamente, se convierten en jefes de individuos incompetentes. A la larga, su propia reputación se deteriora. Pero los celos son un pecado tan ciego, que estas realidades por obvias que sean, no se pueden admitir.

(3) En los peores casos, este tipo de celos va progresivamente devorando. Trastoca la mente a Saúl y se multiplica como un cáncer. Explota con una violencia descontrolada (18:10–11) y le da forma a conspiraciones perversas que atrapan a la propia familia de Saúl (18:20–27). En los capítulos siguientes, se convierte en algo más allá de la rabia: un odio implacable que envía a los soldados contra un hombre inocente que hace que Saúl se sienta inseguro.

Un creyente que quiere exaltar el nombre del Señor sobre todo lo demás, que desea genuinamente el bien del pueblo de Dios y que está perfectamente satisfecho con confiarle su reputación a Dios, jamás sucumbirá al pecado de los celos.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 238). Barcelona: Publicaciones Andamio.

David y Goliat

25 AGOSTO

1 Samuel 17 | Romanos 15 | Lamentaciones 2 | Salmo 33

Los nombres de David y Goliat (1 Samuel 17) evocan una historia que muchos conocen desde su niñez. A veces, se pinta a David como un niño muy pequeño, aunque en realidad es al menos un joven que ya ha luchado contra un león y un oso. Pero hoy, estos nombres representan a las pequeñas personas y organizaciones que luchan contra los “Goliat”. Desde luego, hay lecciones que aprender sobre la valentía y el denuedo, pero las enseñanzas más importantes van por otra parte.

(1) Tal vez deberíamos reflexionar primero sobre la cronología un tanto confusa. Al final de 1 Samuel 16, David ya aparece en la corte de Saúl para tocar música tranquilizadora; sin embargo, después de la pelea de David con Goliat, Saúl pide saber más sobre quién es el joven (17:55–58). Los académicos escépticos entienden que no se puede resolver este problema y, por ello, se infiere que hay bastante material no histórico aquí. No obstante: (a) No hay ninguna razón particular por la cual Saúl debería haber preguntado sobre el trasfondo de uno más de los músicos de la corte real, no importa cuán tranquilizadora fuera su música. Puede que Saúl no se haya visto motivado a averiguarlo hasta pasados los hechos del capítulo 17. (b) Más probable aún es que los eventos del capítulo 17 hayan ocurrido antes del 15:14–23. Los verbos hebreos no expresan las distinciones de tiempo de la misma manera que los verbos en nuestra lengua y se ha demostrado que podríamos traducir el 17:1 de la siguiente manera, por ejemplo: “Los filisteos reunieron sus…”. De esta manera se establece un trasfondo importante en la relación entre Saúl y David, en la cual se centran los siguientes capítulos.

(2) Aunque las palabras de David a los hombres del ejército (17:26) se podrían considerar como la arrogancia impetuosa de un joven sin experiencia (y, ciertamente, eso pensó Eliab, el hermano de David, 17:28), detrás del atrevimiento vemos una preocupación transparente por la gloria de Dios, una inquietud que le impulsa a responder a Goliat sin pizca de bravuconería personal, sino con una fe abundante (17:45–47). Claro, los manipuladores a veces se esconden tras verborrea religiosa, pero David no es de esa calaña. En esta etapa de su vida, se le podría criticar por no tener pulido el dominio propio, pero al menos su corazón está donde debe estar.

(3) Sobre todo, uno no debe leer este capítulo sin recordar el momento en que Samuel ungió a David: “el Espíritu del Señor vino con poder sobre David, y desde ese día estuvo con él” (16:13). He ahí la razón por la cual estaba centrado en Dios, la fuente de su valentía, de su certera puntería, de la gran victoria y de la exaltación del nombre y de la gloria de Dios.

El texto no nos llama a admirar a David el hombre y nada más, sino a reflexionar sobre lo que el Espíritu de Dios puede hacer con una persona.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 237). Barcelona: Publicaciones Andamio.

David como rey

24 AGOSTO

1 Samuel 16 | Romanos 14 | Lamentaciones 1 | Salmo 32

Es interesante el episodio en el que se unge a David como rey de Israel a pesar de que su ascenso al trono tardaría muchos años más en llegar (1 Samuel 16:1–13).

(1) A veces, a los profetas y predicadores les cuesta más despedir a un mal líder que el Dios Todopoderoso (16:1). No es porque somos más compasivos que Dios, sino porque la inercia, la nostalgia o los lazos personales de afecto nos impiden percibir el terrible daño que el líder está haciendo. Aun con toda su compasión, Dios nunca se deja cegar.

(2) Saúl subió al trono mediante una decisión de Dios. ¿Sería tan tonto como para pensar que podía engañar a Dios para mantenerse en el trono? Es muy triste ver que Samuel tenía miedo de ungir al próximo rey porque Saúl mataría a cualquiera- aunque fuera profeta de Dios- que amenazara una dinastía que Dios mismo había declarado que nunca se establecería.

(3) Saúl se las prometía muy felices al principio, cuando subió al trono. Ahora Samuel cree que puede detectar un linaje monárquico en los hijos de Isaí: Eliab el primogénito, por ejemplo. Pero Dios dice: “No te dejes impresionar por su apariencia ni por su estatura, pues yo lo he rechazado. La gente se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón.” (16:7).

Esta es una lección que debemos volver a aprender, sobre todo en nuestra época en la que se valora más la imagen que la realidad. Incluso algunos predicadores piensan más en cómo vestirse para triunfar y en cómo desarrollar una voz convincente y llena de autoridad, que en mantener un corazón puro.

(4) El factor más importante en la vida y servicio de David es que el Espíritu del Señor vino sobre él “con poder” (16:13). Esta es la experiencia normal de esos profetas, sacerdotes, reyes y algunos otros líderes a quienes se les otorgó un papel especial bajo los términos del antiguo pacto. Si bien es difícil discernir estos asuntos, debemos repetir a menudo, y en voz muy alta, que lo que la iglesia necesita es líderes con unción, una palabra que les gusta a los puritanos. Sencillamente significa ser ungidos por el Espíritu. ¿Será esto mucho pedir en una época en la que, bajo los términos del nuevo pacto, todo el pueblo de Dios recibe el Espíritu derramado en Pentecostés?

(5) Los que conocen bien sus Biblias no pueden evitar sentir una fuerte emoción ante las palabras sencillas del versículo 12. Ahí, el Señor le dice a Samuel, refiriéndose a David: “Levántate y úngelo, porque este es”. En efecto, era David. Aquí están los inicios discretos de un enorme paso adelante en la historia de la redención, la cual llega directamente al descendiente más eminente de David: su Señor.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 236). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Saúl tiene un historial de altibajos

23 AGOSTO

1 Samuel 15 | Romanos 13 | Jeremías 52 | Salmo 31

Saúl tiene un historial de altibajos. Por un lado, rescató valientemente la ciudad de Jabes de los amonitas y demostró al principio gran dominio en el uso de su poder real (1 Samuel 11). No obstante, poco tiempo después, comenzó a tratar a Dios el Señor como si consistiera en un talismán y a su palabra como si fuera el equivalente de una bola mágica o astrológica de lo que debía hacer, y no como algo que es necesario reverenciar y obedecer antes que todo lo demás (1 Samuel 13). Ya en el capítulo 14, lo único que le impide matar a su hijo Jonatán—a causa de una promesa que nunca se debió haber hecho ni haber cumplido (comparar con la meditación del 28 de julio)— fue la intervención de sus propios hombres. Aquí en 1 Samuel 15, varios rasgos de carácter aseguran que Saúl no iba a encabezar una dinastía. Otro rey lo reemplazará.

(1) A pesar de recibir instrucciones específicas del Señor sobre los amalecitas, Saúl y su ejército no destruyeron las mejores ovejas y ganado, ni incluso a Agag, rey de Amalec, tal vez como una especie de trofeo. Peor aún, Saúl luego le mintió a Samuel acerca de esto, como si pudiera engañar a Dios. Esa mentira nos revela que, ya en este momento, Saúl pensaba sin tener presente a un Dios omnisciente; estaba pensando como un mero político, pagano o secular.

(2) Samuel entendió que la raíz del problema estaba en el cambio de la percepción que Saúl tenía de sí mismo (15:17): en cierto momento, había sido pequeño a sus propios ojos y difícilmente se imaginaba como rey. Ahora está dispuesto a mentirle al profeta de Dios y no arrepentirse jamás de verdad.

(3) Saúl cambió su estrategia y afirmó que había preservado las mejores ovejas y el ganado, pero para ofrecerle un gran sacrificio al Señor. Basta un poco de simulación religiosa para engañar a algunas personas, pero no a Samuel. “¿Qué le agrada más al Señor: que se le ofrezcan holocaustos y sacrificios, o que se obedezca lo que él dice?”, le preguntó. “El obedecer vale más que el sacrificio, y el prestar atención, más que la grasa de carneros. La rebeldía es tan grave como la adivinación, y la arrogancia, como el pecado de la idolatría” (15:22–23). Estos recordatorios deberían ser sagrados en el ámbito evangélico moderno.

(4) De manera que Saúl ofrece un arrepentimiento formal, pero dice como excusa que le tenía miedo al pueblo. Sencillamente, no asume su propia responsabilidad y esto lo ve Samuel con toda claridad (15:24–26).

(5) Saúl intenta de nuevo arrepentirse formalmente; pero una vez más se revela su corazón al demostrar que considera más importante ser honrado por los ancianos de Israel que por el Dios de Israel (15:30–31). Cuando la opinión humana significa más para nosotros que la de Dios, estamos perdidos.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 235). Barcelona: Publicaciones Andamio.

“Adoración espiritual”

22 AGOSTO

1 Samuel 14 | Romanos 12 | Jeremías 51 | Salmo 30

Entre los temas principales de Pablo en su carta a los romanos se encuentra la absoluta gratuidad de la gracia, la asombrosa abundancia de misericordia que ha embargado a judíos y gentiles por igual. Somos igualmente culpables; de la misma manera, somos justificados, perdonados y renovados, debido a la insondable misericordia de Dios.

A la luz de tal misericordia, Pablo exhorta a sus lectores a ofrecer “su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios” (Romanos 12:1). Estamos tan acostumbrados a escuchar este versículo, que ya no nos choca lo raro que es. En el mundo antiguo, un sacrificio tenía que estar vivo, desde luego, pero lo que lo convierte en sacrificio es su muerte. Pero Pablo quiere que ofrezcamos nuestros cuerpos como sacrificios vivos, es decir, como “sacrificios” continuos que responden a la misericordia de Dios dedicándole a él, no sólo el cuerpo, sino todo nuestro ser. Tales sacrificios son “santos y agradables” a él. La idea es que, a la luz de la incomparable misericordia que hemos recibido, debemos querer, como mínimo, agradarle.

Estos sacrificios constituyen nuestra “adoración espiritual”. El adjetivo que se traduce como “espiritual” abarca tanto lo espiritual como lo “razonable” o tal vez, “racional”. Estos no son los sacrificios ofrecidos en un templo, que comienzan con un derramamiento de sangre, continúan con la quema del cuerpo y concluyen con la comida selectiva de la carne. La adoración del nuevo pacto ya no está atada al templo ni a las exigencias rituales del pacto del Sinaí. La manera como vivimos, en respuesta a la misericordia de Dios, es el corazón de la adoración cristiana.

Si queremos saber cómo se plasma en la vida cotidiana, el segundo versículo nos presenta los aspectos prácticos en principio y los siguientes versículos le dan una forma concreta. Ofrecer nuestro cuerpo como sacrificio vivo a Dios significa dejar de conformarnos al patrón de este mundo y renovar nuestra mente (12:2). En otras palabras, lo que está en juego no es meramente el comportamiento externo, mientras por dentro permanecemos atados por el odio, la lujuria, el engaño, la envidia, la avaricia, el temor, la amargura y la arrogancia; todos ellos, pecados que podemos esconder cuidadosamente. Lo que está en juego es la transformación de nuestra manera de pensar, alinear nuestra mente con los caminos y con la Palabra de Dios. Esto provocará el cambio de conducta que es necesario y sabio, y dicho cambio será radical. Mediante esta transformación fundamental, seremos capaces de comprobar en nuestra experiencia cuál es la voluntad de Dios y descubriremos que es “buena, agradable y perfecta” (12:2). A la luz de Romanos 8:9, sin duda el poder motivador para esta transformación es el Espíritu de Dios. Pero esa verdad magnífica no nos libra de tomar la determinación, sino que nos da el poder para hacerlo.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 234). Barcelona: Publicaciones Andamio.

 

“ Escogido por gracia”

21 AGOSTO

1 Samuel 13 | Romanos 11 | Jeremías 50 | Salmos 28–29

Romanos 11 se ha interpretado de maneras que son contradictorias. Aquí no hay espacio para mencionarlas, y mucho menos para evaluarlas, así que sencillamente expondré el fluir del argumento de Pablo, tal como lo veo.

(1) El argumento de Pablo en Romanos 9–10, ¿significa que Dios ha abandonado totalmente a “su pueblo”, es decir, a los israelitas? Pablo escribe rotundo: “¡De ninguna manera!” (11:1). La primera evidencia en contra de este pensamiento (11:1–6) es que Pablo mismo es judío, y benjamita además (una de las tribus que no se separó de la dinastía davídica tras la muerte de Salomón). En otras palabras, uno no puede decir que Dios había desechado a los israelitas si todavía los está salvando. Más aún, nunca se había tratado de que todos los israelitas mostraran la gracia transformadora. Por ejemplo, cuando Elías, en una profunda depresión, pensó que era el único que quedaba, el Señor le informó que había reservado a siete mil israelitas fieles que jamás habían sucumbido a la adoración de Baal (1 Reyes 19:4, 10, 18; ver también la meditación de 16 de octubre). Era igual en la época de Pablo que en la nuestra: Dios ha preservado un “remanente” de judíos que han mostrado ser fieles a su revelación continua. Desde la perspectiva de Dios, es un remanente “escogido por gracia” y por lo tanto no se fundamenta en algo tan débil como las obras (11:5–6).

(2) Pero si la nación entera, conforme a las profecías de la Escritura, tropezó de manera tan grande (11:7–10), ¿significa que ya no hay esperanza para ellos, que han perdido la posibilidad de recuperarse? “¡De ninguna manera!” (11:11). Pues en los propósitos redentores de Dios, el endurecimiento importante de los judíos había sido el móvil que impulsó el evangelio hacia los gentiles: y “si su transgresión ha enriquecido al mundo, es decir, si su fracaso ha enriquecido a los gentiles” y “si el haberlos rechazado dio como resultado la reconciliación entre Dios y el mundo”, “¡cuánto mayor será la riqueza que su plena restauración producirá” y “¿no será su restitución una vuelta a la vida?” (11:12, 15). Suena claramente como si Pablo visualizara un giro importante en el futuro. En la providencia de Dios, el “rechazo” de muchos en Israel ha redundado en abundante gracia para los gentiles; la “aceptación” de muchos en Israel redundará en más gracia para el mundo. Pablo imagina una importante vuelta a Jesús por parte de sus compatriotas judíos, un giro que generará un aún mayor alcance evangelístico a escala mundial.

(3) Pablo extrapola algunas lecciones prácticas para sus lectores cristianos gentiles y usa la analogía de un árbol con ramas que se desgajan y otras que se injertan (11:17–25). Pero la culminación de su argumento es su exaltación de la insondable sabiduría y el conocimiento del Dios que genera este resultado espectacular (11:33–36).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 233). Barcelona: Publicaciones Andamio.

“Todo el que invoque el nombre del Señor será salvo”

20 AGOSTO

1 Samuel 12 | Romanos 10 | Jeremías 49 | Salmos 26–27

Aquí quisiera reflexionar sobre una pequeña parte de Romanos 10.

Como parte de su insistencia en que tanto los judíos como los gentiles pueden ser salvos únicamente por la fe, el apóstol Pablo repasa la “palabra de fe” cristiana fundamental: “que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo” (10:9). Luego lo amplía un poco: “Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo” (10:10). El versículo adicional no nos presenta la salvación en dos pasos concretos: primer paso, cree en tu corazón y serás justificado; segundo paso, confiesa con tu boca y serás salvo. Esto casi implicaría que la justificación podría suceder separada de la salvación y que la fe es un medio inadecuado que debe ser complementado con la confesión. Más cercano al pensamiento del apóstol sería decir que ambas líneas son paralelas, no porque cada una dice lo mismo que la otra (no es así), sino porque cada una arroja luz sobre la otra, la clarifica, la explica un poco. Fe en el corazón sin confesión con la boca se vuelve inverosímil; por otro lado, una confesión con la boca que es meramente formal y no generada por fe en el corazón tampoco es lo que el apóstol tenía en mente. Él propone una fe que genera confesión; esta confesión nace junto con la fe. Y de esta fe/confesión surge la justificación/salvación. Una vez más, las categorías coinciden, de manera que para Pablo, no se puede tener la una sin la otra.

Así, Pablo redondea su planteamiento: en este sentido, no hay diferencia entre judío y gentil, pues el mismo Señor es Señor de todos y bendice a todos los que claman a él, como dice la Escritura: “Todo el que invoque el nombre del Señor será salvo” (10:13; Joel 2:32). Esto significa que los cristianos necesitan enviar personas con las buenas noticias, porque de otra manera, ¿cómo invocará la gente a aquel de quien no han oído (10:14–15)?

Debe observarse que el mismo Pablo que afirma con tanta contundencia en Romanos 8 y 9 que Dios es incondicionalmente soberano insiste con la misma fuerza en Romanos 10 que las personas deben creer en sus corazones y confesar la verdad del evangelio con sus bocas si es que van a ser salvos, y encomienda a la conciencia de los creyentes el mandato de llevar estas buenas noticias a aquellos que no las han oído. Toda teología que intente disminuir la soberanía de Dios al apelar a la libertad humana es tan profundamente no-paulina como cualquiera que de alguna manera disminuya la responsabilidad humana al apelar a un burdo fatalismo divino.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 232). Barcelona: Publicaciones Andamio.