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David como rey

24 AGOSTO

1 Samuel 16 | Romanos 14 | Lamentaciones 1 | Salmo 32

Es interesante el episodio en el que se unge a David como rey de Israel a pesar de que su ascenso al trono tardaría muchos años más en llegar (1 Samuel 16:1–13).

(1) A veces, a los profetas y predicadores les cuesta más despedir a un mal líder que el Dios Todopoderoso (16:1). No es porque somos más compasivos que Dios, sino porque la inercia, la nostalgia o los lazos personales de afecto nos impiden percibir el terrible daño que el líder está haciendo. Aun con toda su compasión, Dios nunca se deja cegar.

(2) Saúl subió al trono mediante una decisión de Dios. ¿Sería tan tonto como para pensar que podía engañar a Dios para mantenerse en el trono? Es muy triste ver que Samuel tenía miedo de ungir al próximo rey porque Saúl mataría a cualquiera- aunque fuera profeta de Dios- que amenazara una dinastía que Dios mismo había declarado que nunca se establecería.

(3) Saúl se las prometía muy felices al principio, cuando subió al trono. Ahora Samuel cree que puede detectar un linaje monárquico en los hijos de Isaí: Eliab el primogénito, por ejemplo. Pero Dios dice: “No te dejes impresionar por su apariencia ni por su estatura, pues yo lo he rechazado. La gente se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón.” (16:7).

Esta es una lección que debemos volver a aprender, sobre todo en nuestra época en la que se valora más la imagen que la realidad. Incluso algunos predicadores piensan más en cómo vestirse para triunfar y en cómo desarrollar una voz convincente y llena de autoridad, que en mantener un corazón puro.

(4) El factor más importante en la vida y servicio de David es que el Espíritu del Señor vino sobre él “con poder” (16:13). Esta es la experiencia normal de esos profetas, sacerdotes, reyes y algunos otros líderes a quienes se les otorgó un papel especial bajo los términos del antiguo pacto. Si bien es difícil discernir estos asuntos, debemos repetir a menudo, y en voz muy alta, que lo que la iglesia necesita es líderes con unción, una palabra que les gusta a los puritanos. Sencillamente significa ser ungidos por el Espíritu. ¿Será esto mucho pedir en una época en la que, bajo los términos del nuevo pacto, todo el pueblo de Dios recibe el Espíritu derramado en Pentecostés?

(5) Los que conocen bien sus Biblias no pueden evitar sentir una fuerte emoción ante las palabras sencillas del versículo 12. Ahí, el Señor le dice a Samuel, refiriéndose a David: “Levántate y úngelo, porque este es”. En efecto, era David. Aquí están los inicios discretos de un enorme paso adelante en la historia de la redención, la cual llega directamente al descendiente más eminente de David: su Señor.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 236). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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