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Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

“Día del juicio”

29 AGOSTO

1 Samuel 21–22 | 1 Corintios 3 | Ezequiel 1 | Salmo 37

Las dos metáforas que Pablo utiliza en 1 Corintios 3:5–15 logran más o menos lo mismo, aunque cada una tiene un matiz especial del que la otra carece.

En la metáfora agrícola (3:5–9), el Señor es el agricultor, Pablo prepara la tierra y siembra la semilla, Apolos riega las plantas nacientes y los corintios son “el campo de cultivo de Dios” (5:9); en efecto, “colaboradores de Dios” (es decir, son colaboradores que le pertenecen a Dios, no obreros a la par con Dios). No sólo esto, sino que ni Pablo ni Apolos pueden garantizar que haya fruto: sólo Dios hace crecer la semilla (3:6–7). Entonces, ¿por qué adoptar una postura reverente hacia Pablo o Apolos?

La metáfora arquitectónica llega inicialmente a la misma conclusión: todos los edificadores contribuyen a un edificio y por ello, no se debe idolatrar a ninguno. Ahora los corintios ya no son el campo, sino el edificio mismo (3:9–10). Pablo echó los cimientos del edificio; en otras palabras, fundó la iglesia de Corinto. El fundamento que Pablo puso fue Jesucristo mismo (3:11). Desde su partida de este proyecto de construcción, otros han venido y han edificado sobre estos cimientos. Por lo tanto, hasta este punto la metáfora arquitectónica lleva implícitamente el mismo mensaje que la metáfora agrícola presentó de manera explícita.

Pero, ahora, la metáfora de la arquitectura toma una dirección un tanto diferente. Pablo insiste en que los edificadores posteriores tienen la responsabilidad de elegir cuidadosamente los materiales que usarán en esta construcción (3:12–15). Viene un “día del juicio” (3:13) en el que el fuego consumirá todo lo que no sea precioso a los ojos de Dios. Es posible que un edificador use materiales tan cutres que, al final, todo lo que haya construido quede destruido, aunque él mismo logra escapar del fuego.

Dos observaciones: (1) La persona acerca de la que Pablo afirma que “será salvo, pero como quien pasa por el fuego” (3:15) no se trata de un cristiano meramente nominal cuya conducta es imposible de distinguir de la de cualquier pagano. Estos no entrarán al reino (6:9–10). Esta persona es un “edificador”, no es de la masa de cristianos que forman parte del “edificio” (3:10). La pregunta es si estos evangelistas y pastores están usando los materiales correctos. (2) En 3:16–17, el edificio—la iglesia de Dios—se convierte en un templo. Más adelante, el templo de Dios es el cuerpo de cada cristiano individual (6:19–20), pero aquí se refiere a la iglesia local. Dios ama tanto a este edificio, que amenaza abiertamente con destruir a aquellos que derriben el templo de Dios. Si dañas a la iglesia, profanas el templo de Dios y él te destruirá.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 241). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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