La voz potente de Dios

DÍA 47

Salmo 29

Dosis: Omnipotencia y Soberanía

La voz potente de Dios

“Tributen al SEÑOR, seres celestiales, tributen al SEÑOR la gloria y el poder. Tributen al SEÑOR la gloria que merece su nombre; póstrense ante el SEÑOR en su santuario majestuoso. La voz del SEÑOR está sobre las aguas; resuena el trueno del Dios de la gloria; el SEÑOR está sobre las aguas impetuosas.” (Salmo 29:1–3) (NVI)

Recuerdo la primera vez que presencié una tempestad. Sentí temor a pesar que sabía que tormentas tropicales eran habituales en el país que visitaba. La lluvia no cesaba, los relámpagos encendían el cielo y los truenos ensordecían. Parece ser que David compuso este salmo en medio de truenos, relámpagos y lluvia. Así hace notar de forma poética, el poder que Dios tiene sobre la naturaleza y cualquier tempestad de nuestra vida, su Señorío sobre el universo: “El SEÑOR tiene su trono sobre las lluvias; el SEÑOR reina por siempre.”

Lo primero que hace David es enfatizar que la gloria y el poder le pertenecen a este Dios majestuoso y poderoso. Y así como los seres celestiales le tributan la gloria y la honra que merece su nombre, nosotras también debemos aprender a adorarle “en la hermosura de su santidad” ¿Cómo adoras a ese Dios majestuoso que tiene poder sobre el universo y tu vida?

David escuchaba la voz de Dios en el trueno, por eso utiliza hermosas metáforas para describir el poder y la eficacia de esa voz que debemos aprender a escuchar, honrar y temer:

“La voz del SEÑOR resuena potente; la voz del SEÑOR resuena majestuosa. La voz del SEÑOR desgaja los cedros, desgaja el SEÑOR los cedros del Líbano; hace que el Líbano salte como becerro, y que el Hermón salte cual toro salvaje. La voz del SEÑOR lanza ráfagas de fuego; la voz del SEÑOR sacude al desierto; el SEÑOR sacude al desierto de Cades. La voz del SEÑOR retuerce los robles y deja desnudos los bosques; en su templo todos gritan: «¡Gloria!»

¡Hermosas figuras que ilustran la actuación extraordinaria del poder de Dios! La voz de Dios en el trueno es tan potente que desgaja los bosques de cedros del Líbano, que eran considerados ejemplos de robustez y alturas entre todos los otros. David reconocía la voz de Dios en los relámpagos y rayos, pues la describe “como llamas o ráfagas de fuego”. ¡Qué belleza al describir a un Dios soberano y majestuoso!

Confirma así, que nada de lo que suceda en este mundo escapa a la soberanía de este Señor que es Rey del universo. Pero este Dios todopoderoso, que “sacude y hace saltar a la naturaleza” es a la vez un Dios personal, por eso concluye describiendo las bendiciones especiales que Él otorga a su pueblo: “El SEÑOR fortalece a su pueblo; el SEÑOR bendice a su pueblo con la paz.”

Oración: Señor que jamás olvide que eres soberano sobre toda tormenta de mi vida y que puedo experimentar siempre tu paz. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 62). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Alza tus manos

DÍA 46

Salmo 28

Dosis: Alabanza y Consolación

Alza tus manos

“A ti clamo, SEÑOR, roca mía; no te desentiendas de mí; porque si guardas silencio, ya puedo contarme entre los muertos. Oye mi voz suplicante cuando a ti acudo en busca de ayuda, cuando tiendo los brazos hacia tu lugar santísimo.” (Salmo 28:1–2) (NVI)

Nuevamente la amenaza, el peligro y la adversidad es el origen del clamor del salmista. El cual eleva una oración de ayuda reclamando el juicio divino frente a las personas malvadas, para finalmente concluir alabando intensamente al Señor.

Es una súplica intensa y humilde. Al leer estos versos me pregunto: ¿Qué circunstancia tan difícil podía estar atravesando el salmista que suplica no ser abandonado, pues eso sería como morir? Aunque todas atravesamos circunstancias difíciles he conocido a algunas mujeres que han sufrido más que otras. ¡Y qué gran lección me han dado algunas de ellas! Cuando frente a dolores tan intensos como la pérdida de un hijo o un esposo, o frente a una enfermedad terminal, no han sucumbido en la desesperación ni en la incredulidad. ¡Se han aferrado a su Dios! ¡Han clamado con lágrimas, abriendo sus corazones con sinceridad para ser divinamente consoladas!

El salmista dice que “alza sus manos hacia el templo”, en humildad y respeto, según la costumbre judía. Aunque alzar las manos para muchos pudiera haber sido una conducta aprendida, hay quienes alzamos las manos en adoración porque hay una fuerza superior a nosotras mismas que nos las levanta. Es la fuerza del amor, cuando estamos adorándole y somos tan conscientes de su santa presencia, no hacemos sino levantar nuestras manos. Amada, alza tus manos a Él cuando sientas que tu corazón se desgarra porque sólo de su trono puede provenir el consuelo. El salmista las alzaba esperando también recibir la respuesta de su Dios.

Luego de elevar su súplica para que lo defienda de los malvados, el poeta declara: “Bendito sea el SEÑOR, que ha oído mi voz suplicante. El SEÑOR es mi fuerza y mi escudo; mi corazón en él confía; de él recibo ayuda. Mi corazón salta de alegría, y con cánticos le daré gracias.”103

¡Qué interesante que un Salmo que inicia como una súplica, en una situación de angustia, pueda terminar en adoración y alabanza. Aunque no se hubieran solucionado todos los problemas, aunque las amenazas pudieran estar aún presentes, el salmista se aferra a la oración y en fe declara: “El SEÑOR es la fortaleza de su pueblo, y un baluarte de salvación para su ungido. Salva a tu pueblo, bendice a tu heredad, y cual pastor guíalos por siempre.”

Oración: Señor enséñame a confiar en ti en tiempos de oscuridad y alzar mis manos en fe, con amor, reverencia y gratitud.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 61). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

Una Verdadera Adoradora

DÍA 45

Salmo 27

Dosis: Confianza

Una Verdadera Adoradora

“Una sola cosa le pido al SEÑOR, y es lo único que persigo: habitar en la casa del SEÑOR todos los días de mi vida; para contemplar la hermosura del SEÑOR y recrearme en su templo.” (Salmo 27:4) (NVI)

¡Qué ternura encierran estas palabras! Brotan de un alma que reconoce que su protección y fortaleza provienen de su Salvador! Entonces sólo espera llegar al templo para adorarle, presentarle sus ofrendas y expresarle su gratitud. ¡Y quiere hacerlo todos los días de su vida! Porque ama estar en su presencia. ¿Amas de esta forma a Dios? ¿Anhelas estar en su presencia?

El salmista busca a Dios con todo su corazón y en él encuentra la seguridad: “Porque en el día de la aflicción él me resguardará en su morada; al amparo de su tabernáculo me protegerá, y me pondrá en alto, sobre una roca.” Expresiones de confianza y seguridad en medio de la crisis. Él está seguro que Dios lo hará prevalecer frente a sus enemigos, que escuchará su voz y le responderá y no lo desamparará.100

Hace una declaración que nos deja atónitas: “Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el SEÑOR me recibirá en sus brazos.” Porque está seguro que no hay amor más grande que el de su Dios. Los seres humanos pueden fallarnos, pero jamás nuestro Padre celestial.

Él nos deja una guía clara de cómo orar cuando estamos en dificultades, si lees todo el salmo encontrarás los siguientes verbos: “oye, ten misericordia, respóndeme, no escondas, no apartes, no me dejes, no me desampares, enséñame, guíame, y no me entregues.” Luego vuelve a reiterar su seguridad en la bondad de su Señor y nos anima a poner nuestra confianza nuevamente en él: “Pero de una cosa estoy seguro: he de ver la bondad del SEÑOR en esta tierra de los vivientes. Pon tu esperanza en el SEÑOR; ten valor, cobra ánimo; ¡pon tu esperanza en el SEÑOR!

Sea lo que sea que estemos viviendo, ¿cómo no superar el temor si confiamos en un Dios así? Pero esa seguridad debe llevarnos a la adoración y la alabanza. En una época que el temor, el afán y la ansiedad nos domina, que corremos de un lado a otro, ¡qué paz nos infunden estas palabras! Él quiere ponernos en alto, sobre una roca, Él es nuestro refugio, seamos agradecidas y aprendamos a adorarle.

Oración: Señor enséñame a confiar plenamente en tu amor y a contemplar tu hermosura adorándote. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 60). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Seguridad en Dios

DÍA 44

Salmo 27

Dosis: Confianza

Seguridad en Dios

“El SEÑOR es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré? El SEÑOR es el baluarte de mi vida; ¿quién podrá amedrentarme? Cuando los malvados avanzan contra mí para devorar mis carnes, cuando mis enemigos y adversarios me atacan, son ellos los que tropiezan y caen. Aun cuando un ejército me asedie, no temerá mi corazón; aun cuando una guerra estalle contra mí, yo mantendré la confianza.” (Salmo 27:1–3) (NVI)

¿Te es difícil superar el temor y la ansiedad en estos tiempos? ¿Cuál es la mayor amenaza que has enfrentado en tu vida? ¿Qué palabras brotaron entonces de tus labios? Este Salmo es un mensaje de aliento y esperanza para enfrentar las crisis de la vida confiando en Dios. El salmista dice: “El SEÑOR es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré?”

Confieso que para mí ha sido muchas veces difícil superar el temor y la ansiedad. Depositar la confianza en un Dios que sabemos nos ama, pero no vemos, es un reto de fe. En momentos de adversidad debemos recordar sus atributos para animarnos a confiar y a asirnos de Él con esperanza. Las bases de nuestra confianza deben ser: su amor, omnipotencia, soberanía, sabiduría, misericordia, gracia, bondad, justicia.

Mientras algunas personas caen en la desesperación y le increpan a Dios su supuesto olvido o indiferencia, el salmista dice: “Él es mi luz, mi salvación, y fortaleza”. Examinemos estas hermosas figuras: la luz disipa las tinieblas y es especialmente importante cuando la adversidad o el sufrimiento es nuestra oscuridad. Sólo Dios tiene poder para eliminar cualquier tipo de tinieblas de nuestra vida.

La palabra “salvación” habla de liberación, rescate y victoria. Dios es quien nos da los triunfos en nuestras batallas personales. Sólo Él es nuestra salvación. Resulta interesante el lenguaje militar del salmista, él enfrentaba verdaderas batallas bélicas y sabía reconocer que el triunfo en la guerra provenía de Dios.

Y la palabra “baluarte” también traducida como “fortaleza” transmite la idea de refugio, seguridad, confianza. Los enemigos del salmista, sus adversarios eran grandes ejércitos, que querían destruirlo “devorar sus carnes” sin embargo él enfatiza “no temerá mi corazón”. El cree, y confiesa la seguridad que tiene en Dios frente a las crisis que puedan presentarse, él afirma su fe con convicción y por eso puede alabarle y adorarle.

Oración: Señor enséñame a confiar plenamente en tus atributos y a expresarte mi confianza con convicción. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 59). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

En la Intimidad

DÍA 43

Salmo 26

Dosis: Consagración

En la Intimidad

“Hazme justicia, SEÑOR, pues he llevado una vida intachable; ¡en el SEÑOR confío sin titubear! Examíname, SEÑOR; ¡ponme a prueba! purifica mis entrañas y mi corazón.” (Salmo 26:1–2) (NVI)

¿Cuántas de nosotras nos atreveríamos a decir estas palabras? El salmista declara su integridad e inocencia apelando a la justicia de Dios, tal vez como muy pocas de nosotras podríamos hacerlo. Aunque a simple vista las palabras del Salmo podrían sonar arrogantes, la verdadera actitud del poeta es la humildad y su meta es suplicar la misericordia divina.

Sólo Dios nos conoce íntimamente. Sólo él lee nuestros pensamientos y escudriña nuestros corazones.

El salmista no tiene temor de solicitarle a Dios el reconocimiento de su integridad, testimonio y buenas acciones. Se trata de un adorador que no teme porque ha vivido confiado en el Señor: “Tu gran amor lo tengo presente y siempre ando en tu verdad.” Parece ser que no tiene de qué avergonzarse y que su anhelo es la adoración: “Con manos limpias e inocentes camino, SEÑOR, en torno a tu altar, proclamando en voz alta tu alabanza y contando todas tus maravillas. SEÑOR, yo amo la casa donde vives, el lugar donde reside tu gloria.96 ¿Amas con la misma intensidad la casa de Dios? ¿Eres consciente de la santidad que se requiere para adorarle?

En este poema el salmista nos traza la ruta de la verdadera adoración. Nos dice que ésta debe hacerse con integridad y verdad, con un corazón limpio que se cultiva a lo largo de la vida. Recordemos las palabras que Jesús le dijo a una mujer samaritana: “Pero se acerca la hora, y ha llegado ya, en que los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.

Esta mañana estuve en el Templo, entoné las alabanzas, participé de la Santa Cena y fui ¡tan consciente de mi indignidad! Examiné mis pensamientos, revisé mis motivaciones, y sencillamente no podría repetir las palabras del salmista. Aunque mi estilo de vida intenta honrarlo, aunque mi corazón está en su casa, aunque lo amo con todo mi corazón, reconozco que debo limpiar aún más mi vida y que sólo por su misericordia aprenderé a caminar en integridad. Para finalmente confesar como el salmista: “Tengo los pies en terreno firme, y en la gran asamblea bendeciré al SEÑOR.

Oración: Señor confío en tu misericordia, en que harás de mí una mujer conforme a tu corazón. Amén

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 58). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

En sintonía con Dios

DÍA 42

Salmo 25

Dosis: Gracia y Perdón

En sintonía con Dios

“SEÑOR, hazme conocer tus caminos; muéstrame tus sendas. Encamíname en tu verdad, ¡enséñame! Tú eres mi Dios y Salvador; ¡en ti pongo mi esperanza todo el día! Acuérdate, SEÑOR, de tu ternura y gran amor, que siempre me has mostrado; olvida los pecados y transgresiones que cometí en mi juventud. Acuérdate de mí según tu gran amor, porque tú, SEÑOR, eres bueno.” (Salmo 25:4–7) (NVI)

¡Qué oración más hermosa para hacerla nuestra! Pedirle a Dios que nos muestre sus caminos, que nos enseñe y nos guíe en su verdad. Que tenga presente su gran amor por nosotras y que olvide nuestros pecados.

Dios nos salva y nos instruye. Pero es necesario que como expresa el salmista nosotras lo anhelemos y también le digamos: “muéstrame, enséñame, guíame, encamíname” para estar en sintonía con él. Podemos haberle entregado nuestro corazón, pero el afán y la ansiedad, el trajín, las preocupaciones, los problemas pueden distanciarnos de él y hasta conducirnos a tomar decisiones erradas lejos y fuera de su voluntad.

Esta oración expresa el deseo de una vida justa, recta y honesta. Por eso el salmista pide además el perdón de los pecados de su juventud confiando siempre en su misericordia. Cuando ora así, lo hace confiado en los atributos de Dios: “Bueno y justo es el SEÑOR; por eso les muestra a los pecadores el camino. Él dirige en la justicia a los humildes y les enseña su camino. Todas las sendas del SEÑOR son amor y verdad para quienes cumplen los preceptos de su pacto.”

Y está seguro que le extenderá una vez más su misericordia: “Por amor a tu nombre, SEÑOR, perdona mi gran iniquidad.” “Por amor a su nombre quiere decir: por su fidelidad, por su pacto, por su naturaleza santa, por su compromiso con los que se arrepienten y humillan.

Todas, como la rebelde Israel, tenemos un corazón pecaminoso, que va a necesitar arrepentirse y humillarse delante de Dios. En más de una ocasión he tomado para mí estas palabras: “Desde ahora te haré conocer cosas nuevas; cosas que te son ocultas y desconocidas. Son cosas creadas ahora, y no hace tiempo; hasta hoy no habías oído hablar de ellas; para que no dijeras: “¡Sí, ya las sabía!” Nunca habías oído ni entendido; nunca antes se te había abierto el oído. Yo sé bien que eres muy traicionera, y que desde tu nacimiento te llaman rebelde. Por amor a mi nombre contengo mi ira; por causa de mi alabanza me refreno, para no aniquilarte. ¡Mira! Te he refinado pero no como a la plata; te he probado en el horno de la aflicción. Y lo he hecho por mí, por mí mismo. ¿Cómo puedo permitir que se me profane? ¡No cederé mi gloria a ningún otro!”

¡Dios nos perdona,¡ y nos da las evidencias de su gracia. Por lo cual puedo ahora escribir esto.

Oración: Señor ayúdame a buscar tu dirección, a confiar en tu misericordia y perdona mis pecados. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 57). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Libres de la Vergüenza

DÍA 41

Salmo 25

Dosis: Libertad

Libres de la Vergüenza

“A ti, SEÑOR, elevo mi alma, mi Dios, en ti confío; no permitas que sea yo humillado, no dejes que mis enemigos se burlen de mí. Quien en ti pone su esperanza jamás será avergonzado; pero quedarán en vergüenza los que traicionan sin razón.” (Salmo 25:1–3) (NVI)

Este salmo se inicia con una hermosa frase: “A ti, Señor elevo mi alma”, y significa levantar el corazón a Dios, dirigirse a él en oración (literalmente en el hebreo: “arriba los corazones”). El salmista tiene un corazón humilde, y con esta actitud es que ora y pide siempre la intervención divina para toda circunstancia ya sea de su vida o de su pueblo reiterándole su confianza: “Dios mío en ti confío”.

Uno de sus deseos es no ser avergonzado. La vergüenza es un sentimiento penoso que puede arraigarse en el corazón de hombres y mujeres. Y nos sucede a muchas, un acto que rebaja ante la vista propia o ajena que nos hace sentir muy mal con nosotras mismas. De pronto creemos que no somos lo suficientemente buenas, que nos falta algo, que no somos como las otras, o nos sentimos incompletas, inadecuadas e incapaces y nos aislamos o escondemos. Cualquier mujer puede ser presa de la vergüenza. Y cualquier persona podría avergonzarnos. Lo malo es que la vergüenza puede llegar a impregnar nuestra identidad aunque viva escondida dentro de nosotras.

En el antiguo testamento Dios se dirige a la nación del pueblo de Israel como si fuera una mujer, le dice que él es su Hacedor, Su Salvador y su esposo. Esta nación Israel había sido afrentada y avergonzada por su rebelión y desobediencia, sin embargo, Dios no quiere que siga viviendo en esta condición y le dice: “No temas, porque no serás avergonzada. No te turbes, porque no serás humillada. Olvidarás la vergüenza de tu juventud, y no recordarás más el oprobio de tu viudez. Porque el que te hizo es tu esposo; su nombre es el SEÑOR Todopoderoso. Tu Redentor es el Santo de Israel; ¡Dios de toda la tierra es su nombre!

Amada ¿hay algo que te avergüenza de tu pasado? ¿Te avergonzaron tus padres, tu esposo o tus hijos? Eleva tu alma al Señor y pídele que te libere de la vergüenza. Él no quiere que camines por la vida con la cabeza gacha. Él dice que es “tu esposo y tu Hacedor”. Créele. Permite que te libere de la vergüenza y como el salmista confía en su bondad divina.

Oración: Señor enséñame a elevar mi corazón a ti y a liberarme de la vergüenza. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 56). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Recibiendo al Rey de Gloria

DÍA 40

Salmo 24

Dosis: Adoración

Recibiendo al Rey de Gloria

“Eleven, puertas, sus dinteles; levántense, puertas antiguas, que va a entrar el Rey de la gloria. ¿Quién es este Rey de la gloria? El SEÑOR, el fuerte y valiente, el SEÑOR, el valiente guerrero. Eleven, puertas, sus dinteles; levántense, puertas antiguas, que va a entrar el Rey de la gloria. ¿Quién es este Rey de la gloria? Es el SEÑOR Todopoderoso; ¡él es el Rey de la gloria!” (Salmo 24:7–10) (NVI)

¡Qué hermoso contraste hace este Salmo con las puertas de la ciudad de Jerusalén, el monte de Sión que tipifica el cielo y las puertas eternas que se abrieron de par en par cuando Jesús resucitó y ascendió a los cielos!

El salmista ya había preguntado: “¿Quién puede subir al monte del SEÑOR? ¿Quién puede estar en su lugar santo? Sólo el de manos limpias y corazón puro, el que no adora ídolos vanos ni jura por dioses falsos.”

Preguntas que debían hacerse los verdaderos adoradores antes de subir al monte de Dios. Posiblemente este salmo se usaba como parte de las ceremonias de entrada al templo de Jerusalén. ¿Quiénes podían entrar? Los que eran conscientes de las demandas éticas y morales de este Rey. ¿Nos hacemos las mismas preguntas cuando nos disponemos a entrar al templo a adorarle?

Pero en la última sección, el Salmista insiste que las puertas sean abiertas para “el Rey de gloria” para “el Señor fuerte y valiente.” Esta espléndida entrada puede referirse en principio históricamente al traslado del Arca de Dios desde la casa de Obed-edom al tabernáculo en Jerusalén. Toda la grandeza, esplendor y majestad de esta ciudad no eran suficientes para dar paso al Arca de Dios. Por eso el salmista enfatiza: “Eleven, puertas, sus dinteles; levántense, puertas antiguas, que va a entrar el Rey de la gloria.”89

¡Pero qué son estas puertas terrenales, comparadas con las puertas eternas, que se abrieron de par en par para Cristo, para el Rey de gloria! Cuando luego de haber ofrendado su vida en expiación por los pecados de la humanidad entró en el santuario celestial.

Lastimosamente hay un tipo de puerta que no es muy fácil de abrir. Las puertas de los corazones incrédulos que no le permiten la entrada al Rey de Gloria.

Oración: Señor, enséñame a examinar mi corazón y a mantener abierta la puerta de mi vida para ti. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 55). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

El Dios de la creación

DÍA 39

Salmo 24

Dosis: Señorío y Autoridad

El Dios de la creación

“Del SEÑOR es la tierra y todo cuanto hay en ella, el mundo y cuantos lo habitan; porque él la afirmó sobre los mares, la estableció sobre los ríos.” (Salmo 24:1–2) (NVI)

No sé si alguna vez te avergonzaste al confesar que eres una mujer de fe y la gente te miró como a una extraterrestre. Mencionaste la palabra “Dios” y añadiste algo acerca de tu relación personal con Él y fuiste catalogada como dogmática. A mí me ha sucedido. En un tiempo de pluralismo, con un mercado religioso variado y atractivo, no siempre será bien comprendida una confesión de fe radical en un único Dios Creador y personal que tiene injerencia en nuestra vida.

Sin embargo, este salmo en un tono triunfal, nos anima a reconocer y seguir confesando a un Dios Creador, que tiene dominio sobre la naturaleza y la humanidad: “Del SEÑOR es la tierra y todo cuanto hay en ella, el mundo y cuantos lo habitan” dice el salmista reconociendo a Dios como el dueño y Señor del mundo y sus habitantes. Me bendice pensar que creo en un Dios que tiene: dominio, señorío, autoridad y poder. Que es mi Creador y Señor.

Pero teológicamente, el salmista da un paso más, e indirectamente va a contrastar la grandeza de nuestro Dios con la finitud e ineficacia de los dioses paganos. En el tiempo en que se escribió este salmo, en la antigua mitología cananea, el mar y los ríos eran considerados dioses: Yam (mar), y Nahar (ríos). Ambos representaban una amenaza en el cosmos, y estaban en constante lucha con el dios Baal. La cosmología suponía también inestabilidad ya que se creía que la tierra estaba sobre las aguas, sostenida por pilares que eran las montañas. Sólo Baal al vencer a los dioses de las aguas y establecer su reino les daba cierta seguridad.

El salmista nos asegura: que nuestro Dios Creador fue quien “afirmó la tierra sobre los mares, la estableció sobre los ríos”. Así el poeta rebaja el carácter mítico de las divinidades cananeas y las pone en el plano de la naturaleza que ha sido creada por Dios. Y nos recuerda que tenemos un mundo seguro que Dios creó para nosotros con sabiduría e inteligencia.

¿Es lógico avergonzarnos de un Dios con tremenda capacidad creadora? Al examinarnos reconocemos nuestra finitud y pequeñez y al mismo tiempo nuestro asombro y perplejidad frente a un Dios todopoderoso que sigue teniendo el dominio sobre el mundo y la humanidad que él creó.

Oración: Señor enséñame a darte siempre la alabanza y la gloria que mereces y que jamás me avergüence de ti. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 54). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Nada nos faltará

DÍA 38

Salmo 23

Dosis: Provisión

Nada nos faltará

“El SEÑOR es mi pastor, nada me falta; en verdes pastos me hace descansar. Junto a tranquilas aguas me conduce; me infunde nuevas fuerzas.” (Salmo 23:1–2) (NVI)

En estos tiempos de escasez, de desempleo, de temores, dudas y desconciertos; en que las grandes potencias mundiales enfrentan crisis económicas, ¡qué consolador resulta pensar que tenemos un Dios proveedor! El único pastor que puede proveer lo inmaterial y lo material. El que sacia el alma, el espíritu y el cuerpo. El que suple todo tipo de necesidad. David nos asegura que tenemos un Dios proveedor y protector en quien podemos tener toda confianza y seguridad. En él podemos apoyarnos en cualquier circunstancia porque su fidelidad es grande.

David dice que al lado de este pastor “nada le falta” y “nada le faltará” pues Dios todo lo suple. No le faltará el descanso y el reposo, “en verdes pastos me hace descansar”. No le faltará el alimento, no le faltará el agua, y la misma metáfora comunica la idea que no le faltará la seguridad.

Dios quiere también para nosotras esa relación íntima y particular que tiene el salmista. Ya que él no solamente ha cuidado a su pueblo como nación, ni tampoco tiene este cuidado especial solamente con David. Dios nos mira como personas individualmente, con nuestras necesidades particulares. ¡Este buen pastor conoce nuestros nombres! Sabe nuestras necesidades, conoce nuestros temores y quiere que aprendamos a confiar y descansar en su presencia.

Él es el único que puede “confortar nuestra alma”, revitalizarnos, fortalecernos, acrecentar el vigor espiritual cuando nuestro espíritu decae. Cuando nos cercan las sombras, el desaliento o la tristeza, “su vara y su cayado” nos defienden y nos infunde aliento, su mano amorosa nos rescata, sana nuestras heridas y nos acaricia.

Hace más de treinta años que saboreo el amor y la bondad de este pastor. Él ha estado conmigo en las dificultades, me ha ayudado a superar mis crisis, preparó un gran banquete para mí y yo no hago más que disfrutar de su gracia y su misericordia cuando cada día me siento con Él a la mesa que me ha preparado.

Oración: Señor enséñame a reconocer cada evidencia de tu amor y de tu gracia. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 53). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.