COSAS QUE EL PADRE NO DEBE HACER
No conmine a su hijo si no tiene intenciones de cumplir su amenaza. Tal falta de palabra socavará su autoridad. Si ha prometido castigarle si repite alguna maldad, hágalo sin vacilación alguna. Probablemente él quería probar si usted hablaba en serio.
No le ofrezca premios a cambio de su obediencia. Esos caramelos o juguetes cada vez serán más costosos. La obediencia no se obtiene con propinas; viene como resultado de una actitud tan razonable como firme.
No se enfade por sus travesuras. Si pierde el control de sus emociones, lo pierde también sobre su hijo. Puede ser que, atemorizado por su enojo, le obedezca; pero tal obediencia es forzada, no producto del respeto y el amor. Su enfado lo disminuye a los ojos de su hijo.
No descuide las explicaciones. Los niños pequeños tienen siempre mil preguntas. Apenas están descubriendo el mundo y su curiosidad es natural. Si no tiene respuestas para su hijo, él las buscará en otra parte. En este caso, existe el peligro de que obtenga información errónea o inadecuada que deforme sus procesos mentales. Protéjalo de ese peligro siendo usted el que le explique los misterios de la naturaleza y de la vida.
Evite destruir sus sueños dorados. Es cierto que debe ayudarlo a ir enfrentándose a la realidad. Pero ello no implica que ridiculice sus ilusiones infantiles. Soñar no le hará daño. Deje que el tránsito de la ilusión a la realidad lleve su tiempo. Recuerde a José, el hijo de Jacob; soñaba tanto con grandezas que sus hermanos lo apodaron «el soñador». Y mire hasta dónde llegó José.
No descuide su educación espiritual. Con frecuencia los padres piensan equivocadamente que esto es responsabilidad exclusiva de la madre o de la iglesia. Por el contrario, es principalmente del padre. La fe en Cristo es un concepto masculino y varonil. Dios es el Padre eterno; Jesús la más elevada expresión de hombre que el mundo haya conocido. Enseñe a su hijo a andar en los caminos de Cristo y a respetar la iglesia.
¿Qué más le podré decir? Dios fue quien le hizo esposo y padre. Gloríese en este privilegio y esta vocación. Consciente de la responsabilidad que descansa en usted, cumpla su deber como conviene. Con la ayuda de Dios, tendrá una familia feliz en un hogar de armonía y de paz.
Taylor, G. D. (2003). Y ¿QUÉ DE LA RECREACIÓN?: GOCÉMONOS EN LA RECREACIÓN FAMILIAR. En La familia desde una perspectiva bíblica (pp. 115–116). Miami, FL: Editorial Unilit.
