22 MARZO

Éxodo 33 | Juan 12 | Proverbios 9 | Efesios 2
Es imposible comprender Éxodo 33 si no tenemos en cuenta dos circunstancias: (1) El tabernáculo aún no se había construido. “La Tienda de reunión” que se montaba fuera del campamento (33:7) debía ser, por tanto, un arreglo provisional. (2) El tema del juicio que brota del desgraciado episodio del becerro de oro sigue vivo. Dios dice que no será él quien acompañe a su pueblo, sino que enviará a un ángel que les ayude (33:1–3).
Por tanto, Moisés sigue intercediendo (32:12–13). Insistiendo en el hecho de que la nación pertenece a Dios, Moisés quiere saber ahora quién irá con él. (Aarón ha quedado tremendamente comprometido.) Moisés, por su parte, quiere conocer y seguir en los caminos de Dios. Dios contesta: “Yo mismo iré contigo y te daré descanso” (33:14). Pero ¿cómo encaja esto con la amenaza de parte de Dios de no hacer más que enviar a su ángel, y de mantenerse lejos del pueblo para no destruirlo por completo? Por lo que Moisés sigue: “O vas con todos nosotros —replicó Moisés—, o mejor no nos hagas salir de aquí” (33:15). ¿Finalmente qué es lo que más distingue a esta nación naciente de todas las demás, sino la presencia del Dios viviente? (33:16).
Y el Señor le promete, “Está bien, haré lo que me pides —le dijo el SEÑOR a Moisés—, pues cuentas con mi favor y te considero mi amigo” (33:17).
Aunque Moisés continúa orando en los mismos términos en el capítulo siguiente (34:9), lo glorioso aquí es que Dios ya no habla de abandonar a su pueblo. Tras su construcción, el tabernáculo estaría situado en medio de las doce tribus.
Tres breves reflexiones: (1) Estos capítulos ejemplifican la verdad de que Dios es un Dios celoso (Éx 20:5; 34:1–4). Que un ser humano sea celoso de otro ser humano es pecado; somos finitos, y somos llamados a ser administradores de lo que hemos recibido, no celosos por lo que los demás tengan o sean. Pero que Dios no fuese celoso de su propia gloria soberana sería un fallo muy importante: sería dejar de reivindicar su significado único como Dios, implícitamente asintiendo que las criaturas creadas a su imagen tienen derecho a la independencia. (2) Se dice unas cuarenta veces en el Antiguo Testamento que “Dios se arrepintió” de algo, o que cambia de opinión. Tales pasajes reflejan su interacción con otras personas. Cuando los cuarenta se leen juntos, aparecen ciertos patrones – incluida una integración de este “cambio de opinión” con su voluntad soberana. (3) Maravillosamente, cuando Moisés suplica ver la gloria de Dios, Dios promete manifestar su bondad (33:18–19). No es ningún accidente que la manifestación por excelencia de la gloria de Dios en el evangelio de Juan sea la cruz.
Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 81). Barcelona: Publicaciones Andamio.