“Gracia y Verdad”

“Gracia y Verdad”

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23 MARZO

Éxodo 34 | Juan 13 | Proverbios 10 | Efesios 3

Cuando Moisés pide ver la gloria de Dios al final del capítulo anterior, se le promete (como hemos constatado) una manifestación de su bondad (33:19). Pero no hay nadie, ni siquiera Moisés, que pueda ver el rostro de Dios y vivir (33:20). Por lo tanto, Dios hace posible que Moisés entrevea los últimos rayos del resplandor de su gloria, por así decirlo – y esta experiencia extraordinaria se describe en Éxodo 34.
Mientras el Señor pasa por delante de la hendidura en la roca donde Moisés está bien escondido, entona las palabras: “El Señor, el Señor,…” (34:6). Las palabras hebreas que aquí se traducen por “amor y fidelidad” constituyen una pareja léxica en el Antiguo Testamento. La primera se asocia regularmente con la misericordia y la gracia de Dios según la alianza; la segunda está anclada en su fiabilidad, su compromiso, según la alianza, a mantenerse fiel a su palabra, cumplir con sus promesas, ser fiel, ser verdad.
Cuando Juan presenta a Jesús como el Verbo de Dios (Juan 1:1–18), dice a sus lectores que el Verbo se hizo carne (1:14), “habitó” (plantó su tienda) entre nosotros, y hemos visto su gloria, la gloria de Aquel que vino del Padre, lleno de “gracia” y “verdad”. Hay buenos motivos para pensar que Juan escogió estas palabras para hacer eco de la pareja léxica “amor y fidelidad” del Antiguo Testamento. Es evidente que estaba pensando en estos capítulos: Éxodo 32–34. Teniendo como fondo Éxodo 33, Juan nos recuerda que “A Dios nadie lo ha visto nunca” (1:18). Pero ahora que Jesucristo ha venido, este Verbo-hecho-carne ha revelado al Padre, manifestando “gracia y verdad” por excelencia. La Ley fue entregada por Moisés – lo cual ya es maravilloso, un don de gracia de parte de Dios. Pero “gracia y verdad” en todo su esplendor, sin barrera alguna, llegaron con Jesucristo (1:17).
Aun esta pequeña revelación, manifestada por Gracia a través de Moisés, trae unos resultados maravillosos. Precipita la renovación de la alianza. El Señor responde así a la oración de Moisés: “—Mira el pacto que hago contigo —respondió el SEÑOR—. A la vista de todo tu pueblo haré maravillas que ante ninguna nación del mundo han sido realizadas. El pueblo en medio del cual vives verá las imponentes obras que yo, el SEÑOR, haré por ti” (34:10). Desde la perspectiva de Dios, esto garantiza su entrada en la Tierra Prometida (34:11); desde la perspectiva de la comunidad del pacto, lo que se requiere es la obediencia, lo cual implicaba separarse del paganismo y de los paganos que les rodeaban. “No adores a otros dioses, porque el SEÑOR es muy celoso. Su nombre es Dios celoso” (34:14).
¿Cómo podría ser de otra manera? Este Dios es un Dios de gracia, pero también es el Dios verdadero.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 82). Barcelona: Publicaciones Andamio.


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