Escudriñad las Escrituras

9 de junio

«Escudriñad las Escrituras».

Juan 5:39

La palabra griega traducida aquí por escudriñad significa una escrupulosa, minuciosa, diligente y cuidadosa investigación, como la que efectúan los hombres cuando buscan oro, o los cazadores cuando van inquietos tras la caza. No debemos descansar satisfechos por haber leído uno o dos capítulos de la Biblia, sino que hemos de buscar expresamente, con la vela del Espíritu en la mano, el significado oculto de la palabra. La Sagrada Escritura requiere examen; gran parte de ella solo se puede comprender mediante un estudio cuidadoso. En ella hay leche para los niños, pero hay también carne para los hombres vigorosos. Los rabinos dicen, sabiamente, que hay una montaña de enseñanza en cada palabra; sí, en cada nombre de las Escrituras. Tertuliano exclama: «Adoro la plenitud de las Escrituras». Ninguno que meramente hojee el libro de Dios puede sacar provecho de él; tenemos que cavar y excavar hasta que encontremos el tesoro escondido. La puerta de la Palabra solo se abre con la llave de la diligencia. Las Escrituras demandan investigación: son las Escrituras divinas que llevan el sello y la autorización de Dios. ¿Quién se atreverá a tratarlas con ligereza? El que las menosprecia, menosprecia a Dios que las escribió. No permita Dios que alguno de nosotros deje que su Biblia se convierta en un testigo contra él en el Juicio del gran día. La Palabra de Dios recompensará al que la investigue. Dios no nos ordena zarandear un montón de paja que contiene un grano de trigo aquí y allá, sino la Biblia, que es trigo aventado. Solo tenemos que abrir la puerta del granero y encontrarlo. La Biblia se agranda ante el que la estudia, pues está llena de sorpresas. La Biblia, a semejanza de un amplio templo pavimentado con oro y techado con rubíes, esmeraldas y toda suerte de gemas, brilla bajo la instrucción del Espíritu Santo con esplendor de revelación. No hay mercancía igual a la verdad de las Escrituras. Finalmente, las Escrituras revelan a Jesús. «Ellas dan testimonio de mí». Ningún estímulo más poderoso que este puede presentarse a los lectores de la Biblia: el que halla a Jesús halla la vida, el Cielo y todas las cosas. Feliz el que, escudriñando su Biblia, encuentra a su Salvador.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 169). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.


Deja un comentario