20 de junio

«Y dejando luego sus redes, le siguieron».
Marcos 1:18
Cuando oyeron la llamada de Jesús, Simón y Andrés obedecieron enseguida, sin demorarse. Si con puntualidad y ardiente celo pusiésemos siempre en práctica lo que oímos, haciéndolo de inmediato o en la primera ocasión propicia, nuestra asistencia a los cultos y la lectura de libros buenos no dejarían de enriquecernos espiritualmente. No perderá su pan el que procure comerlo enseguida, ni puede privársele del beneficio de la doctrina a aquel que ha sido influido por ella. Muchos lectores y oyentes se sienten persuadidos por la palabra hasta el punto de proponer enmendarse; pero, ¡ay!, ese propósito es como una flor arrancada que no lleva fruto alguno. Los tales postergan, fluctúan y se olvidan hasta parecerse a esos estanques helados durante la noche que, por un momento, se deshielan ante el sol diurno para helarse de nuevo por la noche. Ese fatal mañana se halla enrojecido con la sangre del asesinato de las buenas resoluciones. Es la matanza de los inocentes. Estoy muy preocupado por la posibilidad de que mi libro Lecturas vespertinas no vaya a ser fructífero y, por eso, ruego a los lectores que no sean solamente lectores, sino también hacedores de la Palabra. La forma más provechosa de leer este libro es practicando la verdad. Si mientras lees estas páginas, te sientes impulsado a cumplir con algún deber, date prisa en hacerlo antes de que ese santo impulso desaparezca de tu alma; deja tus redes y todo lo que tienes para que no seas hallado rebelde a la llamada del Maestro. ¡No des lugar al diablo a causa de la demora! Apresúrate mientras la oportunidad y el fervor se encuentran felizmente unidos. No caigas en tus propias redes, sino rompe las mallas de la mundanidad y ve adonde la gloria te llama. Feliz el autor que se encuentra con lectores resueltos a llevar a cabo sus enseñanzas; su cosecha será de ciento por uno, y su Maestro obtendrá toda la gloria. Quiera Dios que tal sea nuestra recompensa en relación con estas breves meditaciones y sugerencias. ¡Oh Señor, concédele esto a tu siervo!
Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 181). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.