Señor, guárdanos en todas partes

29 de junio

Spurgeon Charles H.

«Mas en lo referente a los mensajeros de los príncipes de Babilonia, que enviaron a él para saber del prodigio que había acontecido en el país, Dios lo dejó para probarle, para hacer conocer todo lo que estaba en su corazón «.

2 Crónicas 32:31

Ezequías se estaba enorgulleciendo de tal forma y jactándose tanto del favor de Dios que la justicia propia se insinuaba en su ánimo; y por causa de su seguridad carnal, la gracia de Dios (en sus acciones más enérgicas) se le retiró por un tiempo. Aquí tenemos una amplia explicación de la insensatez que cometió con los babilonios; pues si la gracia de Dios abandona al mejor cristiano, queda en el corazón de este suficiente pecado como para hacer de él el peor de los transgresores. Sin la ayuda divina, tú que eres muy celoso por Cristo te enfriarías hasta caer en una tibieza enfermiza; tú que eres sano en la fe te pondrías blanco aquejado con la lepra de la falsa doctrina; tú que ahora andas delante del Señor en bondad e integridad, te tambalearías de un lado a otro embriagado de malas pasiones. Tenemos, como la luna, una luz prestada: cuando la gracia nos alumbra, brillamos; cuando el sol de Justicia se oculta, quedamos en tinieblas. Clamemos, pues, a Dios para que nunca nos desampare: «Señor, no quites de nosotros tu santo Espíritu; no nos prives de la presencia de tu gracia. Tú has dicho: ‘Yo, el Señor, soy su guardador; a cada momento la riego. Para que nadie la dañe, la guardo noche y día’ (Is. 27:3, LBLA). Señor, guárdanos en todas partes. Guárdanos cuando estemos en el valle, para que no murmuremos contra tu mano que nos humilla; guárdanos cuando estemos sobre la montaña, para que no nos envanezcamos por haber sido elevados; guárdanos en la juventud, cuando nuestras pasiones son fuertes; guárdanos en la vejez, cuando engreídos de nuestro saber demostramos ser más necios que el joven o el vanidoso; guárdanos cuando estemos a punto de morir, ¡no sea que en los últimos momentos te neguemos! Guárdanos mientras vivimos, guárdanos al morir, guárdanos al trabajar; guárdanos mientras sufrimos; guárdanos mientras luchamos, guárdanos cuando reposamos, guárdanos en todas partes, ¡porque en todas partes te necesitamos, oh Dios nuestro!».

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 190). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.


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